Introducción

Estas son las vidas de algunos de los hombres y mujeres que fueron protagonistas del siglo xx panameño y relatos o análisis críticos de los acontecimientos que estremecieron, para bien o para mal, al Panamá de la centuria pasada. De algunos han corrido ríos de tinta (o miles de archivos digitales) y otros, mereciéndola, no han contado con igual suerte, pues son poco conocidos por la generación actual y lo serán mucho menos si no hacemos un esfuerzo por rescatarlos de las cuevas del olvido donde hoy se encuentran.

Aquí están reseñadas las vidas de unos cuantos panameños que por sus ejecutorias en el gobierno, por sus destrezas en el arte, por el nombre que se forjaron en las letras, por sus aportes a la ciencia o la economía, por sus liderazgos militares o religiosos, o por sus habilidades y proezas deportivas no deben ser ignorados si queremos comprender la nación que hoy somos para forjar el país que queremos ser.

Mensaje del Administrador de la Autoridad del Canal de Panamá

La historia de Panamá se identifica en gran medida con la historia de la ruta interoceánica, desde el momento mismo en que, hace 500 años, un europeo divisó, por primera vez el océano Pacífico, o mar del Sur como entonces se le llamó. La búsqueda de la ruta marítima que acortara la distancia entre Cádiz y Cathay, la posterior construcción de un ferrocarril que atravesara el istmo, el colosal fracaso del Canal francés, la independencia de Panamá en 1903, la firma de un tratado a perpetuidad, la gesta heroica del 9 de enero de 1964, 75 años de negociaciones para obtener plena soberanía sobre el Canal y su zona adyacente, y finalmente la transferencia a manos panameñas el último día del siglo pasado, todo tiene como telón de fondo la ruta interoceánica y, en el siglo xx, el canal de Panamá. Por ello la Autoridad del Canal de Panamá se ha erigido en un celoso guardián de documentos históricos y de registros fotográficos únicos. Y participa de los esfuerzos que se realizan para preservar la memoria histórica de la Nación. En 1999, con motivo de la transferencia del Canal a la jurisdicción panameña, publicó la Biblioteca de la nacionalidad, una antología de la producción literaria y artística de Panamá desde nuestra independencia de España en 1821. Hoy, a pocos meses de la inauguración del tercer juego de esclusas, o del Canal ampliado, es parte del esfuerzo de documentar la vida de los protagonistas de nuestra historia por la razón tan sencilla como incontrovertible que el canal de Panamá está presente en muchas biografías y acontecimientos históricos, o dicho de otra manera, el Canal es uno de esos protagonistas que moldearon el siglo xx panameño.

 

Jorge Luis Quijano
Administrador

Prólogo

No se puede entender un país sin conocer a los hombres y mujeres que lo moldearon. Panamá es una república muy joven: contrario a la mayoría de las naciones del continente, su independencia se produce no en el siglo xix sino a principios de la centuria pasada: el 3 de noviembre de 1903. Por razones que no es del caso escudriñar, el género biográfico ha echado pocas raíces en nuestro medio. Hemos cultivado más la poesía y la novela que la biografía o el ensayo. A ello hay que añadir que tampoco nuestros estadistas —con excepciones, por supuesto— han sido dados, como es costumbre en otras latitudes, a dejar testimonio de sus pasos por el poder. Con escasas excepciones también, queda muy poco de los intercambios epistolares, fuentes de información valiosísima para adentrarse en la personalidad de los personajes, así como para conocer las circunstancias en las que les correspondió vivir. A pesar de ello —o quizás por eso mismo— estimamos impostergable la tarea de documentar esa parte tan rica de la historia de un país como es la vida de quienes influyeron en su devenir. Protagonistas del siglo xx panameño no constituye un error de concordancia ni una inversión caprichosa del orden de las palabras, pues no se trata de los protagonistas panameños del siglo xx —que habría muy pocos— sino de aquellos que protagonizaron nuestro siglo xx. Algunos historiadores han optado por no medir los siglos en periodos exactos de cien años sino por acontecimientos más o menos coincidentes con el principio y final de las centurias. Así, se habla de un largo siglo xix que comienza en 1789 (siglo xViii), con la Revolución Francesa, y termina ya adentrado en el xx, con el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914. E igualmente se habla de un corto siglo xx, que se inicia en 1914 y termina en 1990 con la caída del muro de Berlín, o el final del experimento comunista. Pues bien, para efectos de esta obra nuestro siglo xx comienza cuando Panamá se independiza de Colombia el 3 de noviembre de 1903, y termina cuando la administración del Canal pasa a manos panameñas y culmina la presencia militar norteamericana en nuestro país, fecha que algunos han convenido en señalar como la de nuestra verdadera independencia. Para poder delimitar en el tiempo la selección de las biografías y hechos históricos, consideramos que ese es nuestro siglo xx. No con ello queremos demeritar, mucho menos desconocer, a panameños del siglo xix —Justo Arosemena, Tomás Herrera, Gil Colunje, Victoriano Lorenzo, para mencionar sólo algunos— ni los que ya han hecho historia en el siglo xxi —como Irving Saladino y Mariano Rivera—, más bien la intención fue circunscribirnos al siglo casi completo que vivimos como Estado independiente. Nunca supusimos que iba a ser una tarea fácil, y dimos por sentado que la escogencia de los personajes no podía gozar de unanimidad. Pero nos propusimos la tarea colosal de documentar las vidas de los panameños nacidos en Panamá o venidos de afuera, que, de una manera u otra, dejaron huella en el siglo xx. Pretendimos incluir la mayor cantidad de áreas para que, a través de las biografías, contáramos con una radiografía del Panamá del siglo pasado. Estadistas, científicos, escritores, empresarios, músicos, líderes religiosos, profesionales, educadores, deportistas. Además, para que fuera lo más abarcadora posible, debimos considerar las distintas etnias, religiones, épocas, regiones geográficas, migraciones, ya que todas contribuyeron a sentar las bases de lo que hoy somos. No se trataba de una distribución milimétrica, que además hubiera sido imposible. Sólo tengamos presente, a la hora de juzgar la desproporción entre hombres y mujeres que durante la primera mitad del siglo las mujeres ni siquiera votaban, de manera que su presencia es mucho más acentuada en la segunda mitad del siglo. Por supuesto, el criterio de selección dependía de la actividad del personaje. A título de ejemplo, en el caso del deporte el criterio tenía que ser la universalidad, criterio que no era aplicable a la hora de escoger a los políticos o intelectuales, cuyas ejecutorias pertenecen más al ámbito local. Se ha procurado incluir a la par de las muy conocidas, aquellas personas, algunas ya olvidadas, otras ni siquiera conocidas por las nuevas generaciones, que quizás le digan mucho menos a los panameños de hoy que los personajes de la farándula o los deportistas de mayor renombre. Valgan entonces algunas precisiones: No es la fecha de nacimiento sino la época de sus ejecutorias la que determinó la inclusión de los personajes. Algunos, especialmente los que dejaron su impronta en los primeros años del siglo xx, nacieron en el siglo xix: los primeros gestores de la República, Ricardo Miró, Amelia Denis de Icaza, Manuel Amador Guerrero. El hecho de contar ya con una biografía, no fue óbice para entrar en la lista. Se pretendió, con éxito limitado, que fueran homogéneas en su extensión y en la forma de presentación. No son biografías para estudiosos ni para historiadores. Están dirigidas al gran público, a adultos y jóvenes, para que conozcan la vida y las ejecutorias de sus compatriotas. A partir de ellas, quienes tengan mayor interés podrán acometer la tarea de estudiar y ojalá escribir obras más extensas.

Algunas biografías, por muy diversas razones, no fueron terminadas por quienes habían asumido la tarea de escribirlas. Como era un acto de desprendimiento, no era una tarea exigible. En unos pocos casos hubo tiempo para darle ese encargo a otro, pero en otros ello no fue posible. De allí que, para evitar ausencias notorias, se reemplazaran las biografías por las entradas respectivas de la Enciclopedia de historia y cultura del Caribe-EnCaribe.1 Como en toda antología, resulta inevitable que surjan discrepancias —quizás hasta disgustos— sobre los criterios utilizados para el escogimiento de los biografiados. Sabíamos desde el inicio que ello sería así, pero conseguir unanimidad en ese propósito habría sido más dificultoso y arduo de lo que ha resultado la publicación, que ahora tiene en sus manos de Protagonistas del siglo xx panameño. El lector encontrará que algunos hechos históricos tienen, para autores diferentes, distintas interpretaciones. Es natural que así sea, pues se trata de la visión particular de cada escritor. La aclaración puede lucir innecesaria tratándose de tantos autores de tan disímiles formaciones profesionales o de tan encontradas posturas ideológicas, pero no parece estar de más advertir por adelantado que el lector podrá encontrar versiones contradictorias sobre acontecimientos históricos, lo cual, lejos de colocar al lector en una pejiguera intelectual, debe servirle —¡ojalá sea así!— para escudriñar por cuenta propia los entresijos de nuestra historia.    Una obra de esta magnitud resulta de la conjunción de voluntades de muchas personas a las que sólo les animó el deseo de que se conocieran las vidas y ejecutorias de los hombres y mujeres que de alguna forma moldearon la nación que hoy somos. Una de ellas solía repetir que, al final, esta antología iba a terminar por demostrarnos que alguna vez fuimos mejores. La comparación entre pasado y presente nunca acaba ni va a producir jamás una conclusión por todos aceptada. Pero sin conocer el pasado no podemos siquiera contrastar: este esfuerzo es un aporte para el debate.

Jorge Eduardo Ritter

 

1. Se le solicitó a Margarita Vásquez, coordinadora del comité científico técnico de EnCaribe Panamá, autorización para utilizar textualmente algunas de sus entradas. EnCaribe es un proyecto en construcción con el auspicio de la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE), de la República Dominicana, y la colaboración de cátedras e instituciones que elaboran los materiales referentes a sus países o de su dominio.

Agradecimiento

Los autores, sin excepción y sin titubear, donaron su trabajo al enterarse de que se trataba de una obra concebida como proyecto educativo y sin asomo de lucro. Todos hicieron largos y costosos paréntesis en sus obligaciones cotidianas para dedicarse a escribir las biografías y todos han donado, para esta edición, los derechos de autor de sus obras. El país tiene para con ellos una impagable deuda de gratitud. Son muchas las personas a las que se les debe reconocimiento, sea porque participaron en la concepción misma del proyecto, sea porque ayudaron a su financiamiento, sea porque leyeron, revisaron y sugirieron cambios que lo enriquecieron. Omitir sus nombres entrañaría un grave acto de injusticia.

En Panamá: Nicolás González Revilla, Roberto Pascual, Mario Galindo, Ricardo Alberto Arias A., Aristides Royo, Samuel Lewis Navarro, Jaime Arias Calderón, Juan David Morgan, Álvaro A. Arias A. y Francisco Salerno creyeron desde el inicio en el proyecto y sufragaron los gastos que demandó una larga investigación. Fernando Martínez dirigió el equipo de investigadores que recopiló toda la información que requirieron los biógrafos. El personal de la Biblioteca Nacional fue especialmente diligente: los investigadores que levantaron la información encontraron allí, más que colaboradores, amigos con deseos de ayudar. Asimismo, el personal de Archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores y de la biblioteca Roberto F. Chiari de la Autoridad del Canal de Panamá, y los encargados del archivo histórico en los diarios La Prensa y La Estrella de Panamá, fueron particularmente acuciosos y brindaron su ayuda para la utilización de documentos y fotografías. Ricardo López Arias y Mario Lewis Morgan pusieron a disposición de biógrafos y editores sus valiosas colecciones de fotografías, y César Del Vasto acudió en auxilio cada vez que surgió la necesidad de esclarecer dudas sobre acontecimientos históricos o los personajes que los protagonizaron.

El historiador Carlos A. Mendoza leyó, con una paciencia infinita, numerosas biografías para limpiarlas de gazapos históricos y agregarles citas y anécdotas de su memoria también infinita. Alfredo Figueroa Navarro coadyuvó en esa ingrata pero importantísima tarea. Adolfo Ahumada e Iván Robles estuvieron siempre prestos a colaborar en la selección de las biografías y en la forma como debían ser presentadas. Gitta Marie Crastz actuó como policía implacable para que las biografías fueran entregadas a tiempo, y se encargó de recoger las fotografías que acompañan los escritos. Marelissa de Pedroza, Edwin Miranda y César López dedicaron muchas mañanas y tardes a servir de comunicación entre los escritores y los editores, y se convirtieron en garantes de que aquellos recibieran a tiempo toda la información que requerían.

En Bogotá: Elena Gómez se erigió en una entusiasta del proyecto y le inyectó su energía inagotable. Alberto Santos Ramírez leyó más de una vez todo el material con la acuciosidad de un monje medieval e hizo un sinnúmero de observaciones irrefutables que los autores  —algunos bajo protesta pero la mayoría con gratitud— terminaron por aceptar. El personal de Penguin Random House hizo gala de una tolerancia infinita soportando la impaciencia y el acoso de los panameños que emprendimos esta aventura.

 

Si hubo omisiones en la escogencia de las biografías, son muchas más las personas que han quedado olvidadas en estas menciones. Solo confío en que sean tan indulgentes para disculparme, como generosas fueron en hacer posible la culminación de este esfuerzo colosal y quijotesco de registrar las vidas y los acontecimientos que moldearon el siglo xx panameño.

Lorena Roquebert V.
Panamá, septiembre de 2015.