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Amelia Denis de Icaza

by: Anais Ileana Morán Rovi

Amelia Denis de Icaza inició la participación de la mujer en el quehacer poético panameño; su obra literaria destaca por la valiosa producción de temas patrióticos y sociales, que serán el hilo conductor de nuestra poética del siglo xx.

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Profesora, actriz y promotora cultural, licenciada en Humanidades con especialización en Español, profesora de segunda enseñanza y posgrados en docencia superior y Literatura panameña, estudios de postgrado en Didáctica de la Lengua y la Literatura en IPLAC, Cuba, y maestría en Literatura hispanoamericana. Fundadora del Grupo Teatral Laberinto de la Universidad de Panamá. Ha participado como actriz, directora asistente y productora en diversos montajes. Docente en la Universidad de Panamá desde 1986, preside la Fundación Pro Instituto Nacional y actualmente es directora nacional de Coordinación de Educación Superior (tercer nivel de enseñanza) en el ministerio de Educación.
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“Alondra del vergel panameño”, llamó Guillermo Andreve a la primera voz literaria femenina istmeña, tanto en el tiempo como por la calidad del estro poético. Nació en el barrio de Santa Ana, en la ciudad de Panamá, cerca del Cerro Ancón. Fue bautizada en la iglesia de Santa Ana. Si bien no hay acuerdo entre quienes se han ocupado de la biografía de doña Amelia Denis de Icaza en torno al día y mes en que nació (1 de abril, 1 de mayo y 28 de noviembre), todos coinciden en el año: 1836. Murió en Managua, Nicaragua, el 16 de julio de 1911.

Fueron sus padres don Saturnino Denis —de ascendencia española, nacido en el Istmo—, distinguido periodista, redactor de varios diarios locales y de un semanario, y doña Carmen Durán, honorable dama panameña. Tiene dos hermanas menores, Matilde y Mercedes, esta última madre del poeta nacional Ricardo Miró.

Alcanzó a recibir los beneficios de una educación formal en la primera escuela elemental de niñas que se abrió en el barrio de Santa Ana, en donde aprendió las primeras letras. Completó su educación como autodidacta mediante lecturas en el seno hogareño: en las difíciles condiciones de su época, no se consideraba apropiado ni conveniente que las doncellas se dedicaran en serio al estudio de las disciplinas intelectuales.

No obstante, en su formación humanística y cultural influyeron escritores europeos como Gustavo Adolfo Bécquer, José de Espronceda, José Zorrilla de San Martín, Alfonso de Lamartine, Paul Verlaine, Víctor Hugo; entre los hispanoamericanos, leyó a Rubén Darío, José María Torres Caicedo, Amado Nervo y José Martí, entre otros.

Era una mujer de gran inteligencia natural y simpatía personal, capaz de amar con intensidad y dejarse amar apasionadamente. Le correspondió desenvolverse, cual prisionera, en un mundo de prejuicios y costumbres vetustas. Aún imperaban en nuestro medio los valores de una sociedad patriarcal, ligada a tradiciones que tendían a reducir el mundo femenino al ámbito de lo familiar. Fue formada por sus padres en el rigor de la educación tradicional española, en una época en la que las mujeres sólo debían saber amar: a los padres, primero; al esposo, después; a los hijos, luego; y, por último, a las flores, a los pájaros, a todo lo que fuera música, perfume, luz y color. Su padre le permitió que le ayudara en su labor periodística, ya fuese como amanuense o como correctora de pruebas.

Amelia Denis, como pionera de la poesía femenina panameña, forma parte por derecho propio de la primera generación romántica del Istmo, al decir de Rodrigo Miró, al lado de José María Alemán, Tomás Martín Feuillet, Manuel Toribio Gamboa, Gil Colunje y José Dolores Urriola, entre otros.

En 1854, a los 18 años de edad, padece el primer gran dolor de su vida: la pérdida de su padre. Las penurias embargan a su familia: doña Carmen, Amelia, Matilde y Mercedes tendrán que dedicarse a confeccionar trajes y prendas femeninas para sobrevivir.

Muy joven se casó con José Antonio Ramírez, en la iglesia de Santa Ana, y establecen su residencia en el mismo barrio. De este amor nacieron Ernesto, Julia y Florencio. Tanta felicidad fue truncada por otra desgracia: la muerte de su esposo, en 1867, cuando Amelia contaba con 31 años. En esa época de tanto dolor, nuestra joven poetisa le dedica a su amiga y confidente, Leonor, un extenso poema erótico —el más largo que escribió—, para complacerla y contarle de los insospechados placeres de su “Noche de Bodas”, en la que virgen se entrega a su amado:

 

Hálleme por encanto ceñida entre sus brazos,
desapareció al punto aquel temor pueril,
pues diome tales besos, tan férvidos abrazos
que ardió en el acto mismo mi sangre juvenil…

[…]

Su cálido contacto con lánguido embeleso,
rindió en mi pecho el germen de núbil impresión
y al recibir ardiente su prolongado beso,
el más perfecto goce me dio la sensación.

En sus poemas, además de cantar al amor en sus diversas formas, exalta la misión de los padres, de los nietos, de los hermanos y de los amigos. Expresa su profundo amor a su madre y a sus hijos en: “Amor de madre” (1879), “El llanto de una hija. A mi Madre”, “Ensueño (A mi Madre)” (1898); “¿Por qué lloras?”.

A Ernesto Ramírez Denis, su primogénito, le dedicó dos poemas, uno con motivo de una visita que éste le hace, ya que por esos años se encuentra viviendo en Guatemala con su segundo marido, mientras Ernesto estudia en Panamá: “La vuelta de mi hijo”. Uno de sus cuartetos dice:

Déjame, Ernesto, vida de mi vida
que una vez y otra vez vuelva abrazarte
y déjame orgulloso contemplarte,
tipo completo de mi propio ser.

El otro es el doloroso poema “A mi Ernesto. Después de cuatro años”, escrito en 1879 con motivo del fallecimiento de su hijo. La última estrofa dice así:

¿A dónde estás mi vida, que ni escuchar me es dado,
el eco tan querido de tu obediente voz?
con tu recuerdo vive mi pecho lacerado
dime si eres dichoso mi Ernesto idolatrado
si te acompaña siempre la bendición de Dios.

Julia del Carmen Ramírez Denis fue la segunda hija de su primer matrimonio. A ella le dedica los poemas “A mi hija Julia” (cuando la niña estudiaba en el Colegio de Señoritas en Guatemala, en 1878); “A mi hija Julia. En su matrimonio” (1880); “En el matrimonio de mi hija” (Guatemala, 1880); “El recuerdo de mi madre. En el matrimonio de mi hija” (1880):

Madre de mi alma, madre, en esta hora
vienes de nuevo a la memoria mía,
hoy como ayer mi corazón te llora,
sintiendo yo lo que sentiste un día.

Estoy sola con la hija de mi vida
y en ti pensando con el alma triste:
ya esta (sic) de blanco virginal vestida,
la que en tu seno acariciaste un día.

Florencio Antonio Ramírez Denis, hijo menor de su primer matrimonio, nació en 1866. Dolido con su madre porque nunca le había escrito un poema, se queja con su hermana Mercedes (cuarta hija de Amelia y única de su segundo matrimonio). Y Amelia, amorosa, le responde en versos:

Yo sé que muchas veces te has quejado
y a tu hermana Mercedes le has contado
que jamás una estrofa te escribí,
y con tu tierno corazón de niño
has pensado quizá que mi cariño
acaso es menos grande para ti.

Pronto una nueva tragedia ensombrecería la vida de nuestra escritora: la muerte temprana de Florencio, a quien le dedicará el poema “La noche”:

El hijo de mi amor no está a mi lado,
no sé dónde estará;
es hora de llegar y no ha llegado,
él sabe que lo aguardo con cuidado
nunca me hace esperar.

En 1869 Amelia contrae segundas nupcias con José María Icaza, relación de la que nace su hija Amelia de las Mercedes Icaza Denis. Por asuntos de negocios, se trasladan a Guatemala en 1875. En el poema “Carta a mi querida hermana Matilde Denis”, hace referencia a su periplo marítimo, de su paso por Costa Rica, Honduras y Nicaragua hasta llegar a Guatemala. Establecidos en Retalhuleu, Amelia reparte su tiempo entre sus versos, tertulias y recitales, y la modistería. Colabora con varios periódicos importantes: El Bien Público, El Trabajo y El Día bajo el seudónimo de Elena. Fue nombrada como “Socio Honorario” de la “Sociedad Literaria El Porvenir”, honor que agradeció por carta: “Feliz la República que abriendo campo a las ideas y al progreso le tiende una mano generosa al porvenir. Mil gracias; de vez en cuando la pobre colombiana les enviará un pensamiento, una idea que les lleve envuelta su gratitud.”

Le rinde homenaje al trabajo del indígena guatemalteco, a sus telares, a sus textiles tejidos a mano, a sus diseños que recrean la gloria del antiguo pueblo maya en los poemas “El trabajo”, “El tejedor y su esposa”, “Los tejedores”, “Fábula” (contestación a “El tejedor y su esposa”).

De esta época llama especialmente la atención el poema “La joven madre. A los pies de María” (1878), por su temática y el tratamiento que a este ofrece: una joven que es engañada por un hombre y queda embarazada, época difícil en la que la madre soltera era socialmente marginada:

Yo nada espero, el mundo no perdona,
[…]
Mi hijo, Señora, mi hijo, mi esperanza,
cuánto la mente a comprender no alcanza
otro tanto por él te pido aquí;
yo soy culpable, padecer espero,
es inocente, Madre, y yo no quiero,
que pague lo que incauta cometí.

En la antología Poetisas americanas. Ramillete poético del sexo bello (París, 1875), del escritor colombiano José Domingo Cortés, aparecen publicadas dos composiciones de Amelia: “A un caracol vacío” (1856) y “En las montañas de mi Patria. A un Torrente”. Como era de esperarse, es incluida en la sección dedicada a Colombia.

También le preocupa la guerra del Pacífico, y deja consignada su posición frente a este conflicto entre Chile, Bolivia y Perú que iniciado en 1879 por asuntos limítrofes, la explotación del salitre en el desierto de Atacama y los depósitos de guano, llega a su fin en 1883 con la pérdida para Bolivia de su salida al mar. Amelia Denis les pide “A Chile y Perú” que hagan las paces, en este poema de 1880:

Qué cruel es de acá lejos mirar entristecida
la guerra de esos pueblos con rango de nación,
pensar en esa lucha terrible y fratricida
en que uno y otro hermano se arranca el corazón.

En 1885, cuando se iniciaban los trabajos de construcción del Canal francés al mando del ingeniero Ferdinand de Lesseps, quien había dirigido con éxito la construcción del Canal de Suez, los panameños cifraban sus expectativas de bienestar en esa magna empresa. Amelia Denis escribía un poema dedicado a tan ilustre personalidad de la época, “Al inteligente Ingeniero Ferdinand de Lesseps”:

Obrero infatigable, ¡quién pudiera
seguir contigo tu gigante vuelo,
y contigo pisar mi patrio suelo
cuando tu planta poses en “Colón!”

Con el estrepitoso fracaso del Canal francés dejó testimonio del hecho en el poema “Moribundo Canal”, que aparece publicado, décadas después de su muerte, en El Panamá América, el 8 de diciembre de 1948. En su última estrofa expresa:

Del Istmo la sagrada vestidura
suyos y extraños rasgan en jirones;
muere el Canal en hórrida tortura
al paso abrumador de los millones.

En ese año de 1885 doña Amelia dejó Guatemala luego de vivir por nueve años en ese país. Fue muy sentida su partida, por lo que ella publica en el periódico El Día, su despedida “A mi Guatemala”: “Nueve años dormí bajo tu protectora sombra; tus colegios ofrecieron a mis hijos la luz a su mente; vida a su corazón. Nueve años se ha escuchado sin cesar en tus hogares, leído por las madres y repetido por el pueblo, el voto de mi gratitud; más allá de estos mares se ha repetido muchas veces ese voto sagrado”.

Junto con su esposo y su hija, Amelia de las Mercedes Icaza Denis, quien tenía 16 años, regresaron a su patria. Una vez en ciudad de Panamá se llevaron una sorpresa desagradable: mediante una insólita disposición del entonces gobernador —el general Ramón Santodomingo Vila, designado por el presidente Rafael Núñez— se prohibía a las “mesalinas” vivir dentro del enmurallado barrio de San Felipe, donde residían las familias adineradas, pero se les autorizaba permanecer en el arrabal de Santa Ana, el viejo barrio de Amelia. En su “Altivo memorial en verso”, responde y denuncia la infame prohibición del gobernador; se siente lastimada, ofendida y discriminada:

Ante Usted General y justiciero,
Con el respeto ante la ley debido,
Por mi voz se presenta un pueblo entero,
Pidiendo al gobernante, al caballero
Justicia de un insulto inmerecido.
[…]
Aquí un gobierno déspota y tirano,
Formó una valla y colocó una puerta,
Y trató de separar con férrea mano
Al mestizo y al negro de su hermano
Por medio de una guardia y de una alerta.

Tiempo después, Amelia Denis y su esposo don José María emprenden viaje a Nicaragua para asistir al matrimonio de su hija menor, Mercedes, con el nicaragüense Ponciano Espinosa. Allá reciben la noticia de la muerte de su nieta Hortencia, en cuya memoria escribió el poema, “En la muerte de mi querida nietecita Hortencia Cárdenas”; pocos años después fallece otra de sus nietas, Amelita, ambas niñas hijas de Julia. En el dolor de la distancia le escribió la elegía, “Adiós ángel mío. El dolor sólo encuentra eco en los corazones nobles”. Amelia Denis decide entonces regresar a Panamá para ayudar a su hija Julia, mientras que con Mercedes permanece José María en Nicaragua, en donde al poco tiempo enferma y muere.

Amelia, viuda de nuevo, se trasladó en 1894 a León, Nicaragua, donde vivió gran parte de su vida al lado de su hija y nietas. Allí también fue muy apreciada por la sociedad, y de hecho compuso varias poesías dedicadas casi todas a personas de su especial simpatía. En León conoció a Rubén Darío, con quien llegó a sostener amables diálogos, tanto en Nicaragua, donde residía, como ocasionalmente en Panamá. Testimonio del quehacer poético de aquellos años es el poema escrito en su honor “Al inspirado poeta Rubén Darío a su paso por Panamá”, una de cuyas estrofas expresa:

Amo tu Patria porque en ella se mece la cuna de mis nietos; porque guarda los restos queridos de mi esposo; porque ella es la segunda patria de mi hija como esposa, mi hija! Por qué no decir mi ángel, si en el amor de las madres es justificable hasta el orgullo.

Al enterarse del estallido de la guerra de los Mil Días (1899), escribe desde Nicaragua el poema “Patria”. En una de sus estrofas, dolida, manifiesta:

Desesperada lucha, Colombia, y tú tan fuerte
contra el pequeño pueblo, la perla de tus mares,
contra ese pueblo libre, y heroico hasta la muerte,
¿qué hiciste de tus hijos? ¡Hay luto en sus hogares!

En “A la muerte de Victoriano Lorenzo”, la autora hace apología del primer guerrillero de América, y exalta su intrepidez, su valor, y su ética, el darse a sus ideales de liberar a sectores indígenas y campesinos históricamente marginados. Es el primer testimonio sobre este personaje histórico, sobre el que luego se tejería una leyenda negra. Amelia Denis de Icaza es testigo de su época y denuncia en este poema el crimen cometido por las clases dominantes, quienes no tienen reparo cuando de defender sus intereses políticos y económicos se trata. No importa sacrificar a este humilde y honesto panameño que soñó con la libertad de su gente: “[…] lo lleva hasta el banquillo la república […]”. Cuatro décadas antes de que escritor alguno se ocupara de la figura del cholo guerrillero, ella lo inmortaliza.

Amelia Denis manifiesta su punto de vista frente a nuestra separación de Colombia, con el poema “Patria”, en sus primeras estrofas:

Oh, Patria idolatrada, mi pueblo generoso,
al fin ¡ay! te obligaron a levantar la frente
y en un supremo grito te alzaste valerosa,
llevando entre tus manos la enseña independiente.

¡Oh Patria! yo he sufrido contigo en tus dolores,
tus luchas amargaron mis noches y mis días,
de lejos he escuchado tus hórridos clamores
enviándote mi espíritu sus hondas simpatías.

Al igual que otros ilustres panameños, rechaza el Tratado Hay– Bunau-Varilla, firmado entre Estados Unidos y Colombia el 18 de noviembre de 1903. En “Ecce Homo”, expresa en diez estrofas su denuncia:

¡Quieren sangre las hienas!
Y aún tienen los istmeños en sus venas
A pesar de sus penas, mucha sangre que dar.
Riega con ella el suelo en que han nacido
Y enloda más el pabellón querido
Que nuestros padres nos supieron dar.

En la última estrofa de este poema, advierte las consecuencias de tan terrible situación política, a la que se ha sometido a nuestro Istmo:

Por ti desesperado,
En el tapete verde como un dado
El Istmo hoy ha jugado su suerte en una acción;
Si pierde, con la historia te entenderás un día
Y el Dios de la Justicia, mirando su agonía
Te enviará como réprobo su eterna maldición.

Después de muchos años de ausencia, Amelia regresó al terruño por última vez en 1906. Para entonces todo había cambiado, se vivía una nueva época, la del inicio del Panamá Republicano. Panamá se había separado de Colombia y el gobierno del doctor Manuel Amador Guerrero daba los primeros y vacilantes pasos en el proceso de consolidación del Estado nacional. Por otra parte, Estados Unidos había iniciado los trabajos del canal interoceánico, mientras que se apoderaban de una importante franja del territorio nacional y conformaban en el corazón de nuestra patria el enclave colonial conocido como “Zona del Canal”.

A su llegada a suelo patrio recorrió las viejas calles de la ciudad evocando los pasajes de su infancia: frente al Cerro Ancón recordó aquellos años en los que las aguas de su arroyo constituían el más importante medio de aprovisionamiento de la ciudad de Panamá y el cual, además, era una especie de gran parque a donde las familias acostumbraban ir de paseo campestre. Ahora este sitio estaba vedado a los istmeños, por haber sido incorporado al territorio sobre el cual una potencia extranjera demandaba jurisdicción y hasta soberanía.

Dos años antes, en 1904 (informa Rosa —nieta de Amelia Denis de Icaza—, en entrevista a Crítica del 10 de septiembre de 1979) que Julia Ramírez de García, hija mayor de la poetisa, viajó a Nicaragua para ver a su madre. Estaba muy reciente nuestra separación de Colombia, el 3 de noviembre de 1903, y la firma del Tratado Hay– Bunau-Varilla quince días después… Julia le contó a su madre lo de la línea divisoria a las faldas del Ancón, la apabullante presencia de los norteamericanos, el acueducto, las calles pavimentadas.

Amelia tenía la costumbre de escribir de noche; de día, cuando mucho, tomaba un apunte. Jamás rompía sus escritos sino que los estrujaba en caso de no preocuparse por su conservación. Tampoco corregía. Leía y los guardaba en un baúl: así escribió “Al Cerro Ancón”. Sus dos hijas, Julia y Mercedes, recogieron los papeles de esa mañana y descubrieron el poema. Julia lo trajo a Panamá, se lo mostró a su esposo Gervasio García, quien gestionó su publicación en El Heraldo del Istmo, de Guillermo Andreve. La desolación y la pena que llenaron su corazón al arrancar de nuestra jurisdicción el Cerro Ancón la llevaron a escribir su poema sencillo, sin mayores pretensiones, pero que en doce estrofas recogió el sentir de todo un pueblo. Desde su publicación, en 1906, “Al Cerro Ancón” se convirtió en un segundo himno nacional.

Amelia Denis de Icaza fue una mujer dotada de una gran inteligencia y de un sentimiento exquisito. Su vida estuvo marcada por el dolor de muchas pérdidas, que se verá reflejado en sus versos: “En la Tumba de mi Padre” (febrero 17 de 1888); “El llanto de una hija – A mi madre”; “A Mi Ernesto, después de cuatro años” (1879); “Florencio ¡Hijo de mi alma, Adiós!”; “La noche” (1870); “Adiós, Angel (sic) Mío”, (a su nieta Amelia, 1900); “A mi querido nieto Rafael Espinosa en su entrada al Colegio” (1902); “En la muerte de mi querida nietecita Hortencia Cárdenas” (hija de Julia).

Escribe varios poemas exaltando el tema de la maternidad: “Amor de madre”, “La joven madre a los pies de María”, “Ensueño (A mi Madre)”.

En su obra póstuma Hojas Secas, edición de los Talleres Gráficos Robelo, publicada en León, Nicaragua, en 1927, su nieta Hortencia Espinosa (hija de Mercedes) recogió gran parte de su producción poética.

Poeta de la tercera generación romántica, su obra evidencia una gran preocupación por el futuro del Istmo. Hojas Secas puede dividirse temáticamente en tres partes: 1. Poemas de denuncia social, patrióticos y feministas; 2. Poemas dedicados a personajes históricos  (Victoriano Lorenzo y doctor Rafael Núñez) y amistades (en su mayoría, nicaragüenses); 3. Poemas familiares: dedicados a sus padres, hijos y nietos.

Su musa inspiradora la hace ser una mujer comprometida con su tiempo, social e ideológicamente. Expresa una profunda preocupación por los problemas sociales: en “El Crimen Social” denuncia con voz masculina el crimen de ser pobre, en 1879; en “Por fin fui rico” (continuación de “El Crimen Social”), denuncia la depravación que produce el dinero, cómo se compra y cómo se vende la dignidad:

No soy el mismo, nó (sic), ya nunca lloro,
porque mi llanto lo ha secado el oro,
ese poder omnipotente y cruel;
yo era bueno sensible y virtuoso,
me han hecho malo al par que poderoso
y me han llenado el corazón de hiel!

En “A Panamá”, hace un llamado optimista en torno a la construcción de la Patria. Manifiesta profundo amor por su suelo en “Patria”. Muestra su dolor ante los sufrimientos de la tierra que la vio nacer; condena la lucha fratricida que la ensangrienta por la guerra de los Mil Días, y le pide al Señor que conserve la libertad del Istmo, que éste viva del trabajo y la virtud, en paz y libertad.

En el poema “El Trabajo”, propone una ruptura con nuestro pasado colonial:

Jóvenes entusiastas, seguid, nada os detenga,
romped los viejos títulos del siglo que pasó:
gloria a la inteligencia, la idea, el heroísmo
formemos del trabajo nuestro eternal blasón.

En “¡Bienaventurados los que lloran!”, Amelia Denis de Icaza caracteriza y cuestiona a la sociedad injusta, decimonónica, que juzga a la mujer en su condición de madre que está sola:

Silencio sociedad, no sabes nada,
tu nunca has visto padecer la madre,
que sola, débil, de sufrir cansada
vive para los huérfanos sin padre.

Amelia Denis tiene fe y esperanza en el porvenir de su patria. Su grito: “Álzate Panamá”, es la voz de la nacionalidad. La poesía de doña Amelia, caracterizada por la emoción cívica, inició lo que hoy se conoce como “poesía de lucha y protesta.”

En El Heraldo del Istmo 76, revista literaria editada por Guillermo Andreve, en 1905, Amelia Denis de Icaza define su poética:

La Poesía es en mí cosa ingénita: produzco mis versos con una facilidad increíble. Basta solamente con que algún suceso me toque al corazón y despierte mis sentimientos, para que ellos fluyan como el agua de una fuente. Eso sí, no me pidan versos pensados, versos en que todo lo haya puesto el cerebro y nada el corazón, porque no podría complacer. Yo soy poetisa por el sentimiento.

Amelia Denis murió el 16 de julio de 1911. Sus restos fueron sepultados en el Cementerio Central de Managua. Allí estuvieron hasta que fueron exhumados y repatriados a Panamá, el 24 de noviembre de 1936, con motivo del centenario de su natalicio. Al respecto dice doña Rosa, su nieta:

Los restos llegaron por barco a Balboa. Venían en una caja que iban a depositar en el cementerio Amador. Y entonces surgió el dilema. Si ella no había querido poner el pie más allá de la línea demarcadora, ¿cómo iban a desembarcar sus restos en la Zona? Algo verdaderamente emotivo y romántico. Resolvieron envolverlos en la bandera panameña y trasladarlos a la ciudad de Panamá.

En su centenario se erigió el monumento del parque de Santa Ana, en la ciudad de Panamá. Tanto para su traslado como para levantar el monumento fue decisiva la participación de don Gervasio García, amoroso yerno de nuestra poetisa.

Amelia Denis de Icaza inició la participación de la mujer en el quehacer poético panameño; su obra literaria destaca por la valiosa producción de temas patrióticos y sociales, que serán el hilo conductor de nuestra poética del siglo xx. Amelia se abrió paso en la literatura en un mundo tradicionalmente masculino y sigue siendo reconocida, en especial por su poema “Al Cerro Ancón”, el cual la inmortalizó.

Amelia dejó testimonio de su plena condición de hija, madre, hermana, abuela y amiga; con su voz protestataria opina, plantea, discurre; no calla ante las injusticias. Amelia Denis de Icaza es una escritora por redescubrir.


Referencias bibliográficas

Carr, José Perfiles (1997, 1 de dic.). “Amelia Denis o la fidelidad de un credo”, El Universal, p. C-4.

Diario Crítica (1979, 10 de sept.). “Entrevista a Rosa García Ramírez de Landa, nieta de Amelia Denis”.

El Heraldo del Istmo 76 (1905, 30 de mayo). “Amelia de Icaza”, Revista Nacional de Cultura, año II, no. 34.

La Estrella de Panamá (1999, 22 de sept.). “Amelia Denis”.

La Prensa (2006, 23 de abril). “Raíces de nuestra poesía”.

Martínez Ortega, Aristides (2003, 1 de octubre). Amelia Denis Icaza, poeta de la tercera generación romántica, Panamá América, p. D-4.

_________________(2008, 19 de julio). “Doña Amelia Denis de Icaza”, Panamá América.

Oller de Mulford, Juana (1963, diciembre). “Amelia Denis de Icaza”, Revista Lotería, no. 97.

Revista El Mundo (1926, noviembre). “Sobre la repatriación de los restos de Amelia Denis de Icaza”, año V, no. 53.

Revista Lotería (1964, enero). 1ª época, vol. 1, no. 3, nota editorial y rasgos biográficos.

Richa de Torrijos, Susana (1987, marzo-abril). “Amelia Denis de Icaza”, Revista Lotería, no. 365.

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