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    Aristides Royo Sánchez

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Aquilino Boyd

by: Aristides Royo Sánchez

Es difícil escribir una biografía sobre alguien por quien uno ha sentido admiración y afecto entrañable. Como ser humano cometió errores e incurrió en equivocaciones, pero sobre éstas prevalece el ejemplo de una vida consagrada a la lucha por la soberanía de su país. Lo hizo con todas sus fuerzas, su preparación y su enorme capacidad de trabajo.

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Socio de la firma Morgan y Morgan desde 1968. Profesor de Derecho Penal General y Especial en la Universidad de Panamá (1968-1975); ministro de Educación (1973-1978); miembro del equipo negociador de los Tratados Torrijos-Carter presidente de la República de Panamá (1978- 1982); embajador de Panamá en España, Francia, Suiza y la OEA; miembro numerario de la Academia Panameña de la Lengua; presidente del Consejo Directivo de la Universidad para La Paz de las Naciones Unidas. Obras: Mensajes del Presidente a su Pueblo (1981); Laberinto de Ausencias (2000); La frustrada derogatoria de la ley 96-70 (2002); El Instituto Nacional de Panamá. Recuerdos y vivencias de una época (2009).
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Aquilino Boyd: El nacionalismo hecho bandera

En la historia de los pueblos, seres que parecían predestinados a forjar su destino en tranquilas actividades del quehacer humano, abrazaron una causa a la que entregaron la mayor parte de sus energías y por la que lucharon sin descanso. George Washington, quien se dedicaba a la medición de tierras en Virginia, participó en combates contra los franceses que sostenían disputas territoriales con los ingleses y con esa experiencia se presentó uniformado ante los independistas reunidos en Filadelfia, quienes al verlo tan dispuesto lo nombraron jefe de las milicias que se transformarían en ejército victorioso.

Simón Bolívar, en lugar de dedicarse a sus tareas de rico hacendado y propietario de minas, lo abandonó todo por la independencia lo que le hizo ganar para la posteridad el título de Libertador. Aquilino Boyd fue en Panamá uno de esos hombres que por sus relaciones familiares, entrelazadas con fundadores de nuestra república, sus conocimientos jurídicos y políticos, adquiridos en Panamá y en el extranjero, así como su natural simpatía y caballerosidad, estaba destinado a ocupar importantes cargos privados o públicos. Y en efecto, fue diputado de la Asamblea Nacional en varias ocasiones, dos veces ministro de Relaciones Exteriores y embajador ante la ONU y el gobierno de Estados Unidos. Estos cargos, si bien destacados, no hubiesen bastado para hacerlo entrar en la historia; lo que hizo de Aquilino Boyd un hombre excepcional fue que transformó el amor por su país en un acto de fe, en una causa trascendental por la que hizo votos que mantuvo inalterables durante su larga trayectoria como servidor del Estado.

Un día después de la muerte de Aquilino, ocurrida el 4 de septiembre de 2004, recibí llamada telefónica de uno de sus yernos, Eloy Alfaro, quien me informó que cuando su suegro sintió que se aproximaba su fin, le expresó su deseo de que yo pronunciase unas palabras en su sepelio. En el Santuario Nacional del Corazón de María rendí homenaje a su memoria, resaltando su irreductible nacionalismo. Como en el acto de despedida del gran patricio y buen amigo se imponía la brevedad, al finalizar el mismo prometí a la familia que escribiría su biografía de manera sucinta y objetiva. Por razones inexcusables debidas más a la tristeza que a la falta de tiempo que siempre se consigue, no es sino hasta ahora, más de una década después de su desaparición física, que hago un recuento interpolado con comentarios, de los hechos más relevantes de su vida. Cuando biógrafos e historiadores se ocupan de la trayectoria de personas sobresalientes, suelen mencionar sus triunfos y derrotas, sus logros políticos y sociales y sus relaciones con la sociedad de la época en la que les correspondió vivir. En el caso de Aquilino Boyd, lo primero que deseo destacar es el éxito más importante de su vida, como fue el mantener una familia unida y feliz que le ayudó en su dilatada carrera como funcionario.

Aquilino Edgardo Boyd de la Guardia nació en la ciudad de Panamá el 30 de marzo de 1921. Hijo de Alberto Santiago Boyd Briceño y Victoria de la Guardia Méndez, la casa donde creció todavía está en pie, al inicio de la calle primera del casco histórico; un costado da hacia el paseo Esteban Huertas en las Bóvedas y al frente se encuentra el esqueleto del edificio donde funcionó el antiguo Club Unión. Hizo sus primeros años escolares en la escuela Simón Bolívar, situada frente a la plaza homónima. Allí conoció a Jorge Illueca, tres años mayor que Aquilino. Luego pasó al colegio La Salle de los hermanos cristianos. Sus padres lo enviaron a terminar la secundaria a la Holy Cross School ubicada en Nueva Orleans. En los primeros años de la década de los cuarenta fue designado como secretario de la Embajada de Panamá en Cuba, donde inició sus estudios de Derecho en la Universidad de La Habana, en la cual se matriculó como estudiante “por la libre”, lo que le permitía no tener que asistir a clases, tal como unos años después hizo Fidel Castro en la misma carrera.

Aquilino regresó a Panamá, donde concluyó su carrera. En la administración de Enrique A. Jiménez, fue nombrado como primer secretario de la Embajada de Panamá en Washington. Durante el desempeño de este cargo, solicitó y obtuvo licencia en agosto de 1947 para regresar a su país y contraer matrimonio con Dora Brin, hija de Carlos Nicolás Brin Remón, médico, y de Dora Arias de Brin. Aquilino y Dorita establecieron su residencia en Washington donde él trabajaba. Tuvieron cinco hijos: Aida, Liz, Aquilino, Patricia y Linda. En 1948, Alberto Boyd, que era político, le propuso a su hermano Aquilino que aceptase ser candidato a diputado por el Partido Liberal, dirigido por Domingo Díaz Arosemena, al cual se le unió el Partido Revolucionario Auténtico (PRA) liderado por Arnulfo Arias Madrid, de manera que Aquilino figuró en la lista de ambos partidos.

Las elecciones presidenciales fueron muy reñidas y cargadas de violencia. En el local del PRA, ubicado en la calle 32, entre las avenidas Central y Cuba, se había suscitado una riña armada en la que participaron miembros del Partido Liberal y del Revolucionario Auténtico, dos noches antes de las elecciones. (A la mañana siguiente, todavía se veían sobre la acera las manchas de sangre mezcladas con excrementos de los caballos de la Policía Nacional). Domingo Díaz Arosemena fue proclamado ganador de las elecciones de 1948 pero muchas personas no creyeron en ese triunfo. En julio de 1949 falleció el presidente Díaz y le correspondió asumir la primera magistratura de la nación al primer vicepresidente, doctor Daniel Chanis. Uno de sus primeros actos de gobierno consistió en solicitarle la renuncia al comandante José Antonio Remón Cantera, quien dirigía la Policía Nacional. Éste no sólo no renunció sino que le dio un ultimátum al presidente para que saliera del Palacio. Chanis decidió renunciar, lo que causó la indignación de los diputados que mayoritariamente aprobaron la convocatoria del presidente para conocer si su renuncia obedecía a una coacción. Aquilino Boyd, a sus veintiocho años de edad, había sido elegido por unanimidad como presidente de la Asamblea Nacional.

Tal como él mismo lo dijo muchos años después, lo escogieron porque nadie más deseaba ese puesto debido a los acontecimientos que estaban ocurriendo. Chanis lanzó su carta de renuncia al suelo y reconoció que había sido coaccionado por el comandante Remón. El presidente del órgano legislativo, Aquilino Boyd, consultó a la Asamblea si ésta deseaba que Chanis continuase como presidente de la república, lo que fue aprobado por los diputados quienes golpearon con la palma de la mano sus escritorios, como era la costumbre. El pueblo acudió a la Asamblea y junto con los diputados decidieron dirigirse a la Presidencia de la República para reinstalar al jefe del órgano ejecutivo en su cargo. La Policía Nacional disolvió con disparos la marcha en la que un niño resultó muerto y dos diputados, Arcadio Aguilera y Alejandro González Revilla, quedaron lesionados. Roberto F. Chiari, segundo vicepresidente, quien se había encargado de la presidencia con motivo de la renuncia del titular, tomó su sombrero y salió del Palacio de las Garzas al enterarse de que la Corte Suprema de Justicia había declarado que el presidente era el doctor Chanis. Ante el vacío de poder producido por la negativa a reconocer a Chanis, Remón decidió que lo mejor era ordenar un recuento electoral, a pesar de que habían pasado dieciocho meses desde la celebración de las elecciones. El resultado fue favorable al doctor Arnulfo Arias quien, al asumir la presidencia del país, declaró que tenía en su bolsillo la renuncia de los tres comandantes. Tal jactancia le costó cara: año y medio después de su posesión fue derrocado por segunda vez.

De manera que en 1949 Panamá tuvo cuatro presidentes en tres días. Del palacio presidencial le solicitaron al presidente de la Asamblea Nacional que le colocara la banda presidencial a Arnulfo Arias, pero Aquilino Boyd se negó ya que hacía apenas un par de días se la había cruzado en el pecho a Daniel Chanis como presidente constitucional. El sentido de la dignidad y de lo justo le proporcionó fuerzas para las diversas luchas por el rescate de nuestra plena soberanía, en las que participaría años después. Al anochecer del día dos de enero de 1955 fue asesinado en el hipódromo de Juan Franco el presidente José Antonio Remón Cantera. Asumió la presidencia José Ramón Guizado, quien fue acusado por el imputado principal del crimen, Rubén Miró, de haber sido el autor intelectual del magnicidio. Esta imputación influyó para que en la Asamblea Nacional de Diputados se juzgase al presidente Guizado y se le condenase en un juicio jurídica y procesalmente absurdo. Sin pruebas, con fundamento en las declaraciones del acusado Miró, quien las modificó y de las que se retractó varias veces, se condenó primero al cómplice como autor intelectual sin haberse juzgado previamente al imputado como autor material. Varios diputados, apenas unos ocho de un total de cuarenta y dos, se atrevieron a desafiar las instrucciones emanadas de los poderosos enemigos de Guizado y salvaron su voto negándose a favorecer esta disparatada decisión, obviamente política en lugar de jurídica.

Aquilino Boyd figuró entre los diputados que votaron en contra de la condena. Aquilino fue reelegido en tres períodos más, de 1952 a 1956, de 1956 a 1960 y de 1960 a 1964, y en ellos ejerció sus funciones como diputado, salvo en un par de intervalos en los que sirvió como canciller y embajador. En la arena internacional, contaba ya con alguna experiencia por haber presidido varias veces la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional. Al designar su primer gabinete en 1956, el presidente Ernesto de la Guardia tomó en cuenta la experiencia de Aquilino Boyd y lo nombró ministro de Relaciones Exteriores. Fue en este cargo donde definió con precisión la trayectoria histórica que trazaría como nacionalista y defensor apasionado de los derechos y de la soberanía panameña en la Zona del Canal. Contaba solamente con treinta y cinco años y desde entonces, Aquilino consagró casi todas sus energías a las relaciones entre Panamá y Estados Unidos.

El 23 de noviembre de 1956, el canciller Boyd pronunció un discurso en las Naciones Unidas en el cual expresó el apoyo de Panamá a la soberanía de Egipto sobre el canal de Suez que había sido nacionalizado por el presidente Gamal Abdel Nasser, quien lo arrancó de las manos de Francia, país que reaccionó de manera cruenta. El canal había sido construido en el último tercio del siglo xix por Ferdinand de Lesseps, quien luego fracasó en Panamá. Los panameños se identificaron con las aspiraciones del pueblo egipcio y con la decisión de su gobernante. Aquilino Boyd expresó que Panamá también debía ser soberano en el Canal y su zona adyacente. Analizó las analogías existentes entre ambos canales y precisó el contenido de las reclamaciones panameñas para obtener mayor equidad en las relaciones y la necesidad de un tratado más justo para Panamá. En el ministerio a su cargo contó con funcionarios muy preparados, como el profesor Ernesto Castillero Pimentel como viceministro, y Manuel Méndez Guardia. El ministro y diputado Boyd logró la aprobación de la carrera diplomática en 1957. Asimismo logró que Panamá, en 1958, fuera elegida por segunda vez como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Protector a ultranza de los intereses nacionales, se opuso a la instalación de radares nucleares que el ejército de Estados Unidos deseaba ubicar fuera de los límites del canal. Otra conquista del canciller Boyd, importante aunque poco conocida, fue la de gestionar ante el gobierno de Estados Unidos la aprobación de las normas que debían desarrollar el tratado Remón-Eisenhower de 1955. El año de 1958 resultó muy conflictivo para el presidente Ernesto de la Guardia por los problemas estudiantiles de mayo en los que se produjeron muertos y heridos, los cuales se apaciguaron con el llamado Pacto de la Colina. Todo ello motivó la formación de un nuevo gabinete. Aquilino dejó de la cancillería y fue nombrado embajador de Panamá en México. Presentó credenciales ante el presidente Adolfo Ruiz Cortines el 21 de julio de 1958. En conferencia de prensa efectuada al concluir el acto protocolar, el embajador Boyd declaró que Panamá era soberana en el Canal, en el territorio adyacente panameño y que nuestro país no recibía un trato equitativo de los Estados Unidos. En 1959 fundó con Gilberto Arias Guardia el Tercer Partido Nacionalista que se conoció más con las siglas “3PN”. Arias fue escogido como presidente y Aquilino como vicepresidente. En la campaña de 1960, Aquilino Boyd distribuyó miles de hojas volantes en las que casi todos los puntos versaban sobre el Canal, verbigracia que la mitad de sus beneficios fuesen para la República de Panamá. También abogó para que el salario mínimo de los panameños que trabajaban en el canal se equiparase al de los estadounidenses. Aquilino envolvió su nacionalismo en nuestra bandera y con ella en su corazón inspiró a muchos panameños que siguieron de diversos modos y maneras su patriótico ejemplo.

El 3 de noviembre de 1959 fue un día muy importante y significativo en la vida de Aquilino Boyd. El día en que los panameños celebrábamos un año más nuestra independencia con bomberos madrugadores que interpretaban dianas, con estudiantes que a las siete de la mañana cantaban el himno nacional en sus planteles antes de acudir a un desfile casi interminable, Aquilino Boyd acudió con un grupo no numeroso pero lleno de entusiasmo, a la Zona del Canal. En lugar de pronunciar discursos, él y sus acompañantes plantaron banderas panameñas en uno de los sitios principales de la comunidad de Balboa, la más importante del área canalera. En el Paseo del Prado, ornado de palmeras colocadas en perfecta simetría, los panameños fueron dejando banderas desde la Casa Club y el Comisariato, como ellos llamaban a sus tiendas de comida y ropa, hasta el inicio de las escalinatas que ascendían al edificio de Administración del Canal, mole que parecía construida para la eternidad. En esta ocasión los policías disolvieron pacíficamente la simbólica manifestación pero no tuvieron la misma suerte los estudiantes cuando emularon más tarde la iniciativa. El 9 de noviembre de 1959, Aquilino Boyd presentó ante la Asamblea Nacional, de la que formaba parte, un proyecto de ley que fue aprobado por unanimidad. Consistía en que la bandera panameña ondease en la Zona del Canal, que era nuestro territorio. En su discurso de sustentación del proyecto, Boyd solicitó el retiro del gobernador de la Zona del Canal, William E. Potter y señaló que Panamá tenía que actuar con tácticas más dinámicas.

El gobierno de Estados Unidos se había quejado de que en una manifestación de protesta, los panameños habían destruido la bandera de Estados Unidos. La respuesta del gobierno panameño fue digna y enérgica. Una interesante faceta de Aquilino fue la defensa conceptual de los ideales por los que luchaba. El ministro Galileo Solís, en el informe anual que le correspondió presentar en 1961 ante la Asamblea Nacional, sostuvo que el concepto de soberanía había perdido valor. El diputado Boyd consideró que tal actitud era derrotista y sustentó su acusación en los principios sobre soberanía contenidos en las cartas institucionales de la ONU y de la OEA. El 3PN, como era de esperarse por ser una entidad pequeña, pactó una alianza con el Partido Liberal Nacional y en consecuencia formó parte de la Unión Nacional de Oposición que llevó a Roberto F. Chiari a la Presidencia de la República en 1960. Las divergencias entre Gilberto Arias Guardia y Aquilino Boyd, dirigentes principales del 3PN, se fueron agravando hasta que produjeron su disolución y la partida de sus miembros hacia otras toldas políticas.

En el año 1962, con cuarenta y un años de edad, Aquilino fue designado por el presidente Chiari, a cuyo triunfo había contribuido, embajador de Panamá ante la Organización de Naciones Unidas. En los catorce años que ocupó esta posición le correspondió atender dos hechos fundamentales para la historia de nuestra nación. El primero fue la agresión de Estados Unidos a Panamá el 9 de enero de 1964. El segundo, la celebración del Consejo de Seguridad de la ONU en marzo de 1973. Dado que las causas de conflicto entre Panamá y Estados Unidos disminuyeron gracias a la ratificación de los tratados Torrijos-Carter y cesaron con la entrega del canal el 31 de diciembre de 1999, es muy difícil que hechos históricos con la trascendencia de los vividos por Aquilino Boyd —y en los que participó activamente como embajador ante la ONU—, vuelvan a presentarse. Aunque los sucesos del 9 de enero de 1964 son suficientemente conocidos, nos interesa destacar cómo presentó Panamá su caso ante el Consejo de Seguridad de la ONU. El presidente Roberto F. Chiari, luego de declarar la ruptura de relaciones entre Panamá y Estados Unidos, retiró a Augusto G. Arango, embajador en Washington y le ordenó al embajador ante la ONU, Aquilino Boyd, que presentara los hechos constitutivos de la agresión ante el Consejo de Seguridad de la organización internacional.

El 10 de enero de 1964, a las nueve y media de la noche, el presidente del Consejo de Seguridad, el boliviano Renán Castrillo Justiniano, declaró abierta la sesión. La ciudad de Nueva York estaba cubierta por un grueso manto de nieve, pero dada la gravedad del asunto a tratar, el quórum se logró con facilidad. La reunión terminó en la madrugada del día siguiente. El embajador panameño era consciente del derecho de veto que sin duda ejercería Estados Unidos, lo que impediría una resolución de condena en su contra. Lo importante, sin embargo, era que el mundo conociese la injusta agresión estadounidense contra Panamá. La delegación estadounidense estaba integrada por tres altas personalidades: el embajador Adlai Stevenson, dos veces candidato a la presidencia de Estados Unidos; Francis T. P. Plimpton, quien presidió The New York City Bar Association y Charles Woodruff Yust, quien fue nombrado en 1969 embajador de Estados Unidos ante la ONU.

En reunión con el embajador Boyd y su alterno César A. Quintero, Stevenson informó que Estados Unidos propondría en la OEA que se integrase una comisión que viajara a Panamá. En consecuencia, solicitó al embajador Boyd que se abstuviese de acusar de agresión a su país, lo cual contribuiría a la búsqueda de una solución amistosa. Panamá aceptó que se suspendiese la sesión pero mantuvo en la agenda del Consejo de Seguridad la acusación contra Estados Unidos por las agresiones de los días 9 y 10 de enero de 1964. Aquilino Boyd, en una mesa redonda celebrada en el salón azul de la Asamblea Nacional el 7 de febrero de 2003, siete semanas antes de cumplir 82 años, explicó así el significado y los efectos que los sucesos del 9 de enero de 1964 tuvieron para Panamá:

Yo diría que ha tenido más efecto que todos los esfuerzos diplomáticos que se habían hecho hasta el momento, para conseguir el objetivo final, que era lograr una patria libre, independiente y soberana de frontera a frontera. Creo que el significado de ese 9 de enero fue decirle al pueblo panameño que había momentos duros y difíciles de la vida, por lo que era preciso pelear y los panameños pelearon valientemente. Después de esa reunión del Consejo de Seguridad, el presidente Chiari, en un gesto especial, invitó a personalidades como Miguel J. Moreno, al doctor Jorge Illueca y otros distinguidos panameños para que ayudaran a consolidar eso que nosotros llamamos lo más importante de nuestra política exterior: tener una política internacional que tenga continuidad y consistencia, que sea independiente y que no se deje guiar por otro interés que no sea el interés nacional de la República de Panamá.

En efecto, los graves y dolorosos sucesos de enero de 1964, produjeron un cambio notorio en la política exterior de Panamá. Las relaciones no fueron restablecidas hasta que hubo una promesa firme del presidente Lyndon B. Johnson de que Estados Unidos negociaría un nuevo tratado del canal que eliminaría las causas de conflicto entre los dos países. Se negociaron los tratados entre 1964 y 1967 que se conocieron como los “Tres en uno” por los temas que cada uno atendía. Aquilino Boyd narraba en la mesa redonda citada, que al preguntarle en una ocasión al exsecretario de Estado Dean Rusk la razón por la que los tratados de 1967 no tuvieron éxito, éste le respondió que “no tenían opinión pública ni en Estados Unidos ni en Panamá”. En otras palabras, que estuvieron huérfanos de respaldo en ambos países.

La vida de cualquier ser humano está sembrada de éxitos y derrotas, que por supuesto implican buenos y malos momentos. Así conceptúo el que tuvo Aquilino Boyd en el tenso ambiente de las elecciones de 1964. Un trabajador de la prensa, que en ese momento era presidente del sindicato de periodistas, Escolástico Calvo, circulaba por la ciudad cuando se le aproximó un vehículo del cual descendieron varios hombres que lo sujetaron por los brazos y luego de que Escolástico golpease a uno de ellos, le propinaron un golpe con objeto contundente en la cabeza, posiblemente la cacha de una pistola. Aquilino tomó entonces un arma en sus manos y la descargó en el cuerpo del periodista, el cual resultó herido de cinco balazos. La irritación del político se debía a una columna periodística titulada Así dijo Aquilino en la que se afirmaba que él había hecho unas declaraciones que eran completamente falsas. Escolástico no era el autor del escrito pero éste apareció con su nombre por imposición de otra persona. Nada justifica que por falsa, injuriante y calumniosa que sea una noticia, columna, crónica o ensayo, la persona ofendida se tome la justicia por su mano, menos aún si esa mano está armada. Es difícil, sin conocer de cerca lo sucedido, dar una opinión jurídica, pero es posible que la acción emprendida por Aquilino hubiese quedado enmarcada, a la luz del derecho penal, en la categoría de estado de enajenación mental transitoria, en el cual la persona no razona y no es consciente ni dueño de sus actos.

Escolástico Calvo se restableció de sus heridas, no le siguió proceso judicial y pasado un tiempo él y Aquilino fueron amigos, pero el hecho le hizo daño al eminente político y diplomático, un hombre considerado en nuestro medio como un caballero que desplegaba hidalguía y buenos modales por doquier. A Boyd se le aplicó la conocida popularmente como “ley del hielo”, de conformidad con la cual los periodistas evitaron mencionar su nombre por un tiempo en los medios de comunicación. Fueron ellos quienes lo condenaron, no los tribunales de justicia. No me atrevería a expresar que la acción cometida por Aquilino Boyd lo privó de ser más adelante presidente de la república. No obstante, con la carrera que llevaba, cuatro veces diputado, ministro y embajador, con una edad de apenas cuarenta y tres años, bien relacionado en todos los sectores sociales del país, tal vez hubiese podido alcanzar el solio presidencial si hubiese logrado controlar el impulso momentáneo que lo llevó a cometer un hecho tan reprobable.

El once de octubre de 1968 se produjo en nuestro país un golpe de Estado liderado por Omar Torrijos y otros militares pertenecientes a la Guardia Nacional, único instituto armado de Panamá permitido por la Constitución política. El doctor Arnulfo Arias fue depuesto y se nombró una Junta Provisional de Gobierno, representada por dos militares con un gabinete integrado por civiles. Aquilino Boyd fue de los primeros políticos que hicieron las paces con el nuevo régimen que logró, luego de nueve años de lucha, la firma de los tratados del Canal, conocidos como Torrijos-Carter por los apellidos de sus firmantes. Aquilino Boyd fue confirmado como embajador de Panamá ante la ONU. Llevaba seis años en esta organización en la que permanecería ocho años más para completar un total de catorce años seguidos, con lo cual ha sido el panameño que por más tiempo ha desempeñado este cargo y además de manera continua; conocía a fondo los entresijos de la complicada entidad.

Además de su experiencia en documentación y en los debates, Boyd desplegó una intensa actividad para dar a conocer mundialmente el problema del canal y los deseos de Panamá de que se lograse una solución definitiva, dialogada desde luego, con Estados Unidos. Aquilino desarrolló a plenitud la idea de Omar Torrijos de internacionalizar un problema que durante décadas había sido tratado como bilateral, siendo la ONU el sitio más idóneo para convertirlo en mundial. Al embajador Boyd no lo arredró el hecho de que Panamá no tuviese relaciones diplomáticas con algunos países importantes como Rusia y China. Entabló amistad con los embajadores de todos los Estados. Cuando Cuba quiso transformar la agresión del 9 de enero de 1964 en una causa de acusación frontal contra Estados Unidos, el embajador Boyd replicó diciendo que el pueblo panameño, aunque deseaba el apoyo internacional, no era rencoroso y por ello esperaba un restablecimiento de las relaciones cuando se prometiese un nuevo tratado más justo y equitativo para su país. Añadió que Panamá deseaba una relación amistosa con el pueblo y el gobierno de Estados Unidos. A este discurso de Aquilino lo bautizaron los periodistas como No me defiendas compadre.

En 1972 el embajador Boyd se encontraba en Adís Abeba, capital de Etiopía, con motivo de la primera reunión del Consejo de Seguridad fuera de su sede en el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York. Estimó que si había una primera podía darse una segunda y propuso que el Consejo de Seguridad se reuniese en Panamá para discutir el espinoso problema del Canal. El embajador de Estados Unidos, George Bush, quien después sería presidente, se opuso con el argumento de que el canal de Panamá no representaba problema alguno de seguridad, lo que hacía innecesaria una reunión sobre este tema. Aquilino replicó que muchos países del mundo consideraban que si no se atendían las aspiraciones del pueblo panameño, se originarían serios conflictos que afectarían la seguridad de la ruta interoceánica. La propuesta de Panamá fue ampliamente aprobada. La reunión del Consejo de Seguridad de la ONU se inició el 15 de marzo de 1973 en la ciudad de Panamá, presidida por Aquilino Boyd como embajador del país al que ese mes le correspondía la presidencia rotativa del Consejo. El jefe de gobierno, Omar Torrijos inauguró la histórica sesión:

se nos hace muy difícil comprender cómo un país que se ha caracterizado por no ser colonia insista en mantener una colonia en el corazón de nuestra patria. Para ese pueblo esto debe ser una ofensa, porque ellos fueron colonia y sintieron lo denigrante de serlo y lucharon heroicamente por su libertad. Altos mandatarios de Norteamérica: es más noble enmendar una injusticia que perpetuar un error.

Luego de solicitar apoyo moral a los Estados del mundo, finalizó con un mensaje muy específico en el que manifestó con claridad “que nunca hemos sido, que no somos, ni nunca seremos Estado asociado, colonia o protectorado, ni queremos agregar una estrella más a la bandera de los Estados Unidos”. Aquilino Boyd, como presidente del Consejo, trabajó arduamente en el proyecto de resolución que presentaron ocho de sus miembros. Ese proyecto se limitaba a “tomar nota de que los Gobiernos de Panamá y Estados Unidos habían acordado llegar a un convenio justo y equitativo para resolver prontamente las causas de conflicto entre ellos y exhortaba a los dos gobiernos a que prosiguiesen sus negociaciones y a que concertasen a la mayor brevedad un nuevo tratado con el fin de eliminar prontamente las causas de conflicto”. El miércoles 21 de marzo de 1973, Boyd pronunció un discurso en apoyo al proyecto mencionado en el cual hizo un recuento histórico de la formación de la nacionalidad panameña, que comenzó a germinar desde los tiempos de nuestro primer Cabildo y de la Audiencia y continuó con la independencia de 1821 luego de la cual hubo varios procesos de separación de Colombia. Relató las razones que llevaron a Bolívar a tomar la determinación de convocar el Congreso Anfictiónico de Panamá en 1826 que tuvo resonancias anticolonialistas y antiimperialistas, en ese entonces con la preocupación centrada en los países europeos. Con su experiencia en el campo de la diplomacia mundial, hizo una acertada comparación entre el Congreso de 1826 y los postulados de liberación de las naciones africanas y asiáticas “que junto con los pueblos latinoamericanos y de otras regiones, forman el tercer mundo”.

Luego de alusiones a la distensión, a la desnuclearización, a la cooperación internacional, centró la parte final de su discurso en la historia panameña vinculada al canal, a la intervención de Estados Unidos autorizada en la Constitución de 1904, a las cláusulas lesivas del Tratado de 1903, a las manifestaciones colonialistas persistentes en el Istmo, al control de los puertos, del ferrocarril, del espacio aéreo panameño, a la discriminación en materia laboral, a la jurisdicción judicial extranjera en la Zona del Canal y a los deseos de los panameños, expresados por Torrijos, de que la estructura colonial que mantenía Estados Unidos en Panamá finalizase. Expresó la confianza en la capacidad de las Naciones Unidas para coadyuvar con la paz y la seguridad internacionales así como con la justicia en las relaciones entre los Estados. El 21 de marzo de 1973, en la noche, fue aprobada la resolución propuesta, favorable al pronto entendimiento entre Panamá y Estados Unidos. El embajador John Scali, representante del país norteño, la vetó señalando que dicha resolución era incompleta y desequilibrada, que no había tomado en consideración los intereses de su país aunque hizo auspicios para que se lograse un tratado conveniente para ambos Estados.

El canciller Juan Antonio Tack expresó en la parte final de su discurso de clausura que, si bien Estados Unidos había vetado la resolución presentada, el mundo había vetado a Estados Unidos. Entre el inicio y el final de la reunión del Consejo de Seguridad, el embajador Boyd realizó una actividad incesante para que los países miembros del Consejo, tanto los permanentes como los no permanentes, aprobasen la resolución presentada por siete países y Panamá. Acompañado por el canciller Tack, el del Perú, Miguel Ángel de la Flor Valle y el ingeniero Juan Antonio Stagg, Aquilino Boyd visitó a Omar Torrijos para explicarle que un proyecto de resolución presentado por el representante de Estados Unidos ante el Consejo de Seguridad era inconveniente para nuestro país. Torrijos expresó la plena confianza que tenía en ellos y les dio la razón respecto a sus planteamientos. Panamá, además de su éxito al haber conseguido el apoyo del Consejo de Seguridad de la ONU, siguió impetrando la solidaridad internacional como eficaz instrumento de presión ante el gobierno de Estados Unidos.

Torrijos viajó con su equipo, que no siempre era el mismo pues creía en la diversificación, a muchos lugares, desde Israel en el Medio Oriente, luego Libia en el norte de África, hasta varios países europeos, donde obtuvo francas expresiones de apoyo. Visitó al presidente Perón en Argentina y a casi todos los mandatarios de Norte, Centro y Sur América. Restableció las relaciones con Cuba, a donde viajó con un grupo heterogéneo dentro del cual iban connotados empresarios panameños, y logró el irrestricto apoyo de México. Estableció además una relación especial con los presidentes de países vecinos como Colombia, Costa Rica, y Venezuela, semilla de lo que después sería el grupo de Contadora que desarrolló una gran tarea en las gestiones por la paz en Centroamérica, específicamente en Nicaragua y El Salvador. Obtuvo el respaldo de Daniel Oduber, presidente de Costa Rica, de Alfonso López Michelsen de Colombia y de Carlos Andrés Pérez de Venezuela. Henry Kissinger, secretario de Estado de Estados Unidos, visitó Panamá el 7 de febrero de 1974.

Firmó con el ministro de Relaciones Exteriores de nuestro país, Juan Antonio Tack, la declaración que lleva sus apellidos, la cual consta de ocho puntos. De los compromisos establecidos en dicho documento, el primero es fundamental pues prescribe que “El tratado de 1903 y sus enmiendas serán abrogados al concertarse un tratado enteramente nuevo sobre el Canal Interoceánico”. Además, se dispone la eliminación del concepto de perpetuidad y el fin de la jurisdicción de los Estados Unidos en territorio panameño, la cual será devuelta a Panamá, así como una participación equitativa en los beneficios del canal, aspecto por el cual Aquilino venía luchando desde 1959. El 7 de febrero de 2003, en la mesa redonda que tuvo lugar en el Palacio Legislativo y a la cual se ha hecho referencia anteriormente, Aquilino Boyd recordó que siendo embajador en la ONU, acompañó al canciller Tack, quien había sido invitado por el secretario de Estado Henry Kissinger, a una reunión en su despacho.

Después de los saludos protocolarios, el canciller panameño reiteró las aspiraciones de su país de concluir las negociaciones sobre el canal de Panamá con un tratado justo y equitativo. Kissinger se volteó hacia Aquilino y le dijo: “Embajador Boyd, usted nos ha dado momentos muy difíciles” a lo que éste replicó lo siguiente: “Vea, secretario Kissinger, a mí me dijo su antecesor Dean Rusk que nosotros no teníamos opinión pública nacional ni internacional, ni en Estados Unidos ni en Panamá y yo a lo que me he dedicado es a cumplir instrucciones de mi gobierno: a fomentar opinión pública a favor de la causa panameña”.

La respuesta del embajador Boyd le produjo risa a Kissinger quien procedió a presentarles al nuevo negociador, Ellsworth Bunker. Aquilino agregó que en el libro de memorias de Kissinger, éste reconoció que los ocho puntos de la Declaración Tack-Kissinger fueron consecuencia de la reunión del Consejo de Seguridad reunido en Panamá en 1973. Kissinger finalizó el encuentro con unas palabras en las que predijo que con Bunker se alcanzaría un entendimiento. En efecto, con Bunker y Sol Linowitz se lograron los tratados del Canal que firmaron los respectivos jefes de Estado, Jimmy Carter y Omar Torrijos. El primero de abril de 1976, al día siguiente de cumplir cincuenta y cinco años, Aquilino Boyd fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores. En el corto tiempo que estuvo a cargo de esa cartera realizó múltiples actividades, generalmente imbricadas en las relaciones canaleras entre Panamá y Estados Unidos. A las pocas semanas de haber sido nombrado canciller, Boyd acusó al expresidente Arnulfo Arias y a varios de sus adláteres, de haber sostenido reuniones con el candidato presidencial Ronald Reagan en las que los panameños prometieron “un tratado más suave sobre el canal” si volvían al poder.

En mayo de 1976, el canciller Boyd acudió al Primer Congreso Nacional de Ingeniería Civil, en el cual expuso que “si los ingenieros panameños no tienen el nivel de participación que les corresponde en la operación del canal, ello no se debe a su falta de capacitación, sino a las políticas de discriminación en la vía interoceánica, un veto colonialista al talento panameño”. Sus palabras resultaron acertadas, pues al momento de la firma de los tratados Torrijos-Carter en 1977, Panamá contaba con personal debidamente preparado y dado que el período de transición fue de veintidós años, en la fecha de la entrega del Canal a Panamá, el 31 de diciembre de 1999, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) disponía del personal capacitado para operar y administrar esa importante obra de ingeniería que había sido terminada ochenta y cinco años atrás.

Si bien el lenguaje de Aquilino correspondía al que se espera de un diplomático avezado, en algunas ocasiones expresaba ásperamente sus críticas. Al salir de un encuentro en Bogotá con el presidente Alfonso López Michelsen, se refirió al precandidato norteamericano Ronald Reagan como un cowboy del oeste que no sabía nada de política internacional y no entendía las aspiraciones de los gobiernos de América Latina, que habían advertido en conjunto y por separado que el canal de Panamá era el problema internacional número uno de la región. Tal señalamiento, que reiteró en entrevista que le hizo la cadena de televisión ABC, respondía a expresiones vertidas por Reagan en el sentido de que Estados Unidos había construido el canal, lo había pagado y por lo tanto le pertenecía y que además ellos eran soberanos en la Zona del Canal. Reagan llegó a extremos inusitados cuando señaló que la Zona del Canal no era una posesión colonial, sino un territorio de Estados Unidos, lo mismo que Alaska y los territorios de Luisiana vendidos en 1804 por Napoleón al gobierno dirigido por el presidente Jefferson.

En junio de 1976, en la asamblea general de la OEA reunida en Santiago de Chile, el ministro Boyd señaló que Panamá deseaba que Estados Unidos saliese totalmente del Canal para el inicio del año 2000. La entidad aprobó una resolución de respaldo a la plena soberanía de nuestro país. Al año siguiente, al acto de firma de los tratados Torrijos-Carter en la sede de la OEA en Washington, acudieron numerosos mandatarios latinoamericanos. Ante la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP), declaró enérgicamente que Panamá no aceptaría ni treinta ni cincuenta años de presencia norteamericana en el Canal sino un plazo que no pasara de finales del año 1999. En septiembre de 1976, el canciller Boyd expresó que Panamá se sentía “frustrada e impaciente” pues la política interna de Estados Unidos, ocupada en campañas electorales, no permitía la apertura de espacios ni se daba el clima de serenidad necesario para adelantar el proceso negociador. Acusó a Estados Unidos de alentar las manifestaciones estudiantiles en Panamá en las que habían sido arrestados cuatro empleados de la Zona del Canal que no eran estudiantes.

Los estadounidenses negaron los hechos expuestos. A su vez, Panamá rechazó las acusaciones que presentó el embajador William Jorden por instrucciones de su secretario de Estado, en el sentido de que el gobierno panameño había patrocinado la explosión de varias bombas que afectaron algunos vehículos y un par de edificios ubicados en la Zona del Canal. En agosto de 1976 tuvo lugar en Sri Lanka la conferencia cumbre de los Países No Alineados, movimiento en el que había ingresado Panamá por decisión de Omar Torrijos, inspirado por dirigentes como Jawaharlal Nehru de la India y el mariscal Josip Broz, Tito, de Yugoslavia. En ese cónclave Panamá recibió el apoyo unánime de los países miembros, que reafirmaron su apoyo al control panameño de la Zona del Canal. El conocimiento de la situación internacional de muchos embajadores y dirigentes políticos de distintos países, fue factor que ayudó a Panamá para el cabildeo a favor de sus intereses.

Aquilino Boyd fue clave en la obtención de esos apoyos y la personalidad atrayente de Torrijos consolidó las simpatías solidarias a la causa panameña. A pesar de sus errores, como cuando dijo refiriéndose a Ronald Reagan, de “muerto y enterrado como líder político” (luego sería elegido presidente de Estados Unidos), Aquilino Boyd siempre fue una persona optimista y confiada en que aquello que emprendiera tendría buenos resultados. El canciller Boyd había advertido que Panamá acudiría a la Asamblea General de la ONU en caso de que no hubiese avances notorios en las negociaciones con Estados Unidos. Así lo hizo el 8 de octubre de 1976 al pronunciar un discurso ante la trigésima primera Asamblea Ordinaria de las Naciones Unidas. Fue la segunda vez que acudía como ministro de Relaciones Exteriores de Panamá, habiendo tenido lugar la primera veinte años antes, en 1956. En el inicio de su presentación, expresó que Estados Unidos seguía equivocándose:

[…] al insistir en perpetuar su presencia en el enclave colonial conocido como Zona del Canal de Panamá. Estados Unidos sigue dándole largas a la solución del problema del Canal de Panamá. No creemos que sea justo que la nación más poderosa del mundo, siga explotando este recurso a plenitud, mientras nuestro pueblo sufre las necesidades más elementales que le impide a la mayoría llevar una vida decorosa.

La preocupación que exteriorizaba el canciller Boyd en esta intervención, era que habían pasado más de dos años desde la firma de la declaración Tack-Kissinger sin que se hubiesen producido resultados positivos. Es decir que las negociaciones permanecían estancadas. Y adelantó que de no haber progresos, Panamá presentaría otra vez al año siguiente ante la Asamblea General de la ONU “La cuestión del Canal de Panamá”. Como es sabido, no fue necesario presentar esta advertencia puesto que los tratados se firmaron el 7 de septiembre del año señalado en tal emplazamiento. En la parte final de su discurso, Boyd citó al general George S. Brown, jefe del estado mayor del ejército de Estados Unidos, quien había instado públicamente al presidente Gerald Ford para que continuase las negociaciones con Panamá, pues de lo contrario podrían surgir problemas de inseguridad que afectarían la operación ininterrumpida del Canal y su buen funcionamiento. El párrafo final del discurso de Aquilino ante la ONU pone de manifiesto de manera contundente su hondo sentimiento nacionalista:

Esta negociación es indispensable para poner fin pacíficamente a la lacerante situación colonial que existe en el corazón del territorio panameño, antes de que el sentimiento nacionalista de nuestro pueblo arranque la solución del problema de las manos de los diplomáticos.

Tal como había prometido el secretario de Estado Kissinger en la reunión sostenida con Juan Antonio Tack cuando era ministro de Relaciones Exteriores de Panamá y con Aquilino Boyd como embajador ante la ONU, a pesar de la campaña electoral norteamericana en la cual todos los candidatos se comprometían a no entregar el canal a los panameños, las negociaciones se reanudaron con una nueva ronda de conversaciones que tuvieron lugar entre el 21 y el 26 de octubre de 1976. A finales de ese año, después de las elecciones presidenciales celebradas en noviembre, en las que el candidato Jimmy Carter se alzó con el triunfo, el canciller Boyd viajó a Estados Unidos para entrevistarse con el secretario de Estado saliente, Henry Kissinger, con el entrante Cyrus Vance y con algunos asesores en política internacional del presidente electo. Como resultado de las reuniones sostenidas, Ellsworth Bunker volvió a Panamá. Vance le aseguró al ministro Boyd que el canal de Panamá estaría entre los asuntos prioritarios del gobierno de Carter. Hizo alusión a un editorial del New York Times que consideró que el canal de Panamá sería el asunto más crítico que tendría que solucionar el gobierno que se instalaría en enero de 1977 porque ese era un problema que recordaba las políticas del gran garrote y del destino manifiesto.

Aquilino Boyd fue uno de los diplomáticos más capaces con que ha contado la República de Panamá. Fue diputado de la Asamblea Nacional en cuya Comisión de Relaciones Exteriores participó. En 1976 contaba con la experiencia de haber sido además, ministro de Relaciones Exteriores, embajador en México, embajador en la ONU durante catorce años seguidos y volvía a ocupar la cartera de exteriores. Poseía conocimientos profundos de la historia de las relaciones entre Panamá y Estados Unidos y aunque los profesores Ernesto Castillero Pimentel y Manuel Méndez Guardia habían sido subalternos suyos, se convirtieron en sus maestros de historia y diplomacia. Si a lo anterior unimos su acendrado nacionalismo y una conducta patriótica intachable, no es de extrañar que desease luchar como canciller para lograr la solución del problema relacionado con el canal de Panamá.

Era como el rayo que no cesa pues en el corto espacio de diez meses y diez días en los que fue ministro, expuso la causa de Panamá en tres foros internacionales: la OEA en junio, el Movimiento de Países No Alineados donde acompañó a Torrijos en agosto y la ONU en octubre. Tuvo tiempo además para reunirse con Kissinger, Vance y Bunker, con militares del Pentágono, con presidentes, cancilleres y embajadores de muchos países. Omar Torrijos consideraba que del canal de Panamá se derivaban múltiples aristas: políticas, jurídicas, de seguridad, geográficas, administrativas, tecnológicas, laborales, históricas y de otra índole. En consecuencia, creía que las negociaciones correspondían a un equipo interdisciplinario que, luego de las discusiones pertinentes, tomaría las decisiones apropiadas. Torrijos pensaba que el canciller, por las funciones inherentes a su cargo sobre el cual gravitaban las normas de la diplomacia, no debía asumir funciones y tareas que lo asimilasen a un negociador, ni tampoco era conveniente que apareciese como el único vocero de las aspiraciones de los panameños. Cualquier declaración suya comprometía al país y restaba parte de la flexibilidad necesaria para un proceso de negociación. En consecuencia lo adecuado era cuidar la figura del canciller para que se dedicase a las declaraciones formales. El fogueo de expresiones duras era tarea de los demás. No se trataba, a mi entender, de impedir sino de compartir responsabilidades. A modo de ejemplo, recuerdo unas declaraciones de Rómulo Escobar Bethancourt, quien además de rector de la Universidad de Panamá fungía como asesor personal de Omar Torrijos. A principios del año 1977 le expresó a un periodista del New York Times que “en el año 2000, Panamá administrará su canal y defenderá su territorio sin interferencia de nadie”.

Esta declaración, añadió, “responde a la línea trazada por el general Torrijos, inspirada en su actitud de que los panameños no queremos perpetuidad disfrazada ni queremos tampoco ninguna cláusula que permita la primera intervención de Estados Unidos en Panamá en el siglo xxi”. Torrijos preveía los efectos que podrían derivarse de una actitud intervencionista como la que presentó el congresista Dennis De Concini para que fuese introducida en los tratados Torrijos-Carter y así lo expresó por conducto de Rómulo Escobar Bethancourt. Es obvio que Aquilino Boyd también hubiese podido hacer declaraciones de ese talante, pero lo que se pretendía evitar era que lo hiciese como canciller. La decisión que se adoptó de integrar un equipo múltiple no fue del gusto de Aquilino, quien consideró que como canciller le correspondía la tarea de dirigir las negociaciones y que con la participación de tal equipo, una parte para consultar, otra para negociar y otra para declarar, se afectaban sus facultades. En consecuencia, presentó renuncia de su cargo de ministro de Relaciones Exteriores el 10 de marzo de 1977, apenas tres días después de la primera reunión informal de los negociadores panameños en Washington con el equipo designado por el recién elegido presidente Carter.

Este equipo estaba dirigido por el negociador Ellsworth Bunker ya conocido en Panamá y Sol Linowitz, abogado de Nueva York. Entre el 7 de marzo y el 13 de agosto de 1977, se alcanzaron los acuerdos que se firmaron el 7 de septiembre del mismo año en la OEA y que recibieron el nombre de tratados Torrijos-Carter. Quedaron atrás setenta y tres años de conflictos entre Panamá y Estados Unidos. Veintitrés años más tarde, el 31 de diciembre de 1999, el canal fue transferido a Panamá y ese día salió del Istmo el último soldado norteamericano. Aquilino siguió sirviéndole a su país. En 1982 me correspondió el gusto y el honor de nombrarlo embajador de Panamá ante el Gobierno de Estados Unidos. Como persona que había dedicado toda su vida laboral al servicio de su nación, aceptó complacido. Ello le ocasionó no solamente las críticas de los dirigentes del Partido Liberal, al que pertenecía, sino la expedición de dos resoluciones en su contra —una afirmando que no debió aceptar el cargo y otra expulsándolo del partido— las cuales fueron impugnadas con éxito ante el Tribunal Electoral. En Washington, protestó contra la Ley 96-70 que infringía disposiciones de los tratados TorrijosCarter y colaboró en el proceso de transición instaurado desde la firma de los acuerdos.

Permaneció en esta posición hasta que, en 1985, el presidente Nicolás Ardito Barletta designó otro embajador y nombró a Boyd embajador en la ONU. Antes de que transcurriese un mes en su nueva asignación el presidente le informó que tenía compromiso para ese cargo pero que lo destinaría a cualquier otra embajada. Aquilino rechazó dicho ofrecimiento al considerar que por encima de todo estaba su dignidad. Después de su regreso a Panamá se hizo miembro del Partido Revolucionario Democrático (PRD) donde fue acogido con respeto, admiración y simpatía y en el cual permaneció el resto de su vida. En 1987 estalló una crisis en Panamá con motivo de disputas surgidas entre los militares, las que se reflejaron en la sociedad civil que clamaba el fin de su intromisión en la vida política del país.

Aquilino criticó las intervenciones de los estadounidenses en los asuntos internos de Panamá, especialmente la resolución del Congreso de Estados Unidos fechada el 26 de junio de 1987. Boyd viajó a Washington varias veces, unas para conversar con funcionarios y políticos norteamericanos, otras para comparecer ante la OEA. En las elecciones de 1989 fue escogido por el PRD como candidato a la segunda vicepresidencia en la nómina que encabezaba Carlos Duque como candidato a presidente junto con Ramón Sieiro para primer vicepresidente. El gobierno cometió el error de anular las elecciones, hecho que contribuyó decisivamente a desencadenar la invasión que pudo y debió evitarse y que merece la condena de todos los que creemos que ningún país tiene el derecho ni la facultad de invadir a otro. Después de la invasión del 20 de diciembre de 1989, Aquilino Boyd contribuyó a la reconstrucción del PRD.

Cuando Ernesto Pérez Balladares, candidato a la presidencia por ese partido, triunfó en las elecciones de 1994, nombró a Boyd embajador ante el Reino Unido y después en la ONU. Fue la última posición que ocupó en su larga y brillante carrera como funcionario. En un artículo escrito por Eduardo Ritter Aislán que fue publicado el 26 de abril de 1994, el académico de la lengua, periodista, poeta y diplomático, definió a Aquilino Boyd como “la panameñidad hecha latido, proyección y destino, el ejemplo más vivo de lo que se puede hacer por la patria cuando hay inteligencia, decisión y sobre todo, desprendimiento”. Es difícil escribir una biografía sobre alguien por quien uno ha sentido admiración y afecto entrañable. Como ser humano cometió errores e incurrió en equivocaciones, pero sobre éstas prevalece el ejemplo de una vida consagrada a la lucha por la soberanía de su país. Lo hizo con todas sus fuerzas, su preparación y su enorme capacidad de trabajo. Ejerció cargos políticos en diputaciones y ministerios sin que nadie haya podido nunca acusarlo de haberse valido de los cargos para su provecho personal. Dedicó su vida a la nación amada, a su familia, a sus amistades y a sus distracciones, pero su mayor gloria la alcanzó como prócer de la nacionalidad. Cada vez que se recuerde a quienes lograron que todo el territorio nacional fuese plenamente soberano, libre e independiente, el nombre de Aquilino Boyd, su vida y su obra, brillarán con luz propia e imperecedera en el firmamento de la patria.

Nota bibliográfica

Aquilino Boyd dejó para la posteridad un extenso y ordenado archivo de documentos, recortes de periódicos y anotaciones personales, al cual tuvo acceso ilimitado el doctor Aristides Royo para escribir la presente biografía. Las fechas que se mencionan y las citas de las palabras de Aquilino Boyd están documentadas en ese archivo, que fue complementado con entrevistas personales que realizó el autor. La familia Boyd-Brin facilitó, además, una amplia colección de fotografías, algunas de las cuales fueron seleccionadas para este volumen.