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    Gerardo Maloney

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Armando Fortune

by: Gerardo Maloney

Probablemente, el hecho de que Fortune no haya sido objeto del reconocimiento que se merece demuestra, una vez más, sus planteamientos fundamentales. Más de uno de nuestros laureados historiadores panameños no ha realizado la mitad de los esfuerzos de este hombre negro, que hoy prácticamente está al borde del anonimato.

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Sociólogo, escritor, cineasta y poeta. Figura destacada en el Movimiento Social Afropanameño por sus aportes cívicos, académicos y culturales. Ha sido director de la Escuela de Sociología en la Universidad Santa María la Antigua (USMA) y la Universidad de Panamá (UP). Fundador de la Revista Panameña de Sociología. Ha publicado ensayos y artículos sociológicos sobre los afropanameños en libros y revistas especializadas en diversos países, y dictado conferencias en universidades de América Latina y el Caribe. Fue embajador de Panamá en Trinidad y Tobago (2005), y presidente del II Congreso de Cultura Negra de las Américas (Panamá 1980). Actualmente es profesor titular de Sociología en la UP,  director del Centro de Estudios Afropanameños (CEDEAP), coordinador general del Foro Afropanameño y miembro del comité directivo del Programa de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) Panamá.  
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Armando Fortune: Consagración a una causa

Del 31 de agosto al 8 de septiembre de 2001, Sudáfrica (país que llenó de vergüenza a la especie humana por haber implantado el régimen segregacionista del apartheid) se vistió de gala para suscribir la “Declaración final de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia” y hacer suyo el compromiso del Plan de Acción de Durban para eliminar, de una vez por todas, las diferentes formas opresión. Representantes oficiales y movimientos sociales de 171 países de todos los continentes, así como corporaciones de la banca internacional, Organizaciones No Gubernamentales, comunidades económicas y políticas estuvieron representados.

El Comité Olímpico Internacional, así como los diferentes organismos, programas y mecanismos de Naciones Unidas, también acudieron a la cita. Casi la totalidad de las instituciones nacionales de derechos humanos estuvieron presentes. Los participantes acordaron:

[…] que al comenzar el tercer milenio, la lucha contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia, y las formas conexas de intolerancia, en todas sus formas y manifestaciones odiosas y en constante evolución, es un asunto prioritario para la comunidad internacional… con vistas a lograr su eliminación total. [Fundamentamos estas acciones prioritarias, con el hecho de reconocer] que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y están dotados de la posibilidad de contribuir constructivamente al desarrollo y al bienestar de sus sociedades. (Declaración de Durban).

Asimismo afirman en el documento que:

[…] todos los pueblos e individuos constituyen una única familia humana rica en su diversidad. Han contribuido al progreso de las civilizaciones y las culturas que constituyen el patrimonio común de la humanidad. La preservación y el fomento de la tolerancia, el pluralismo y el respeto de la diversidad pueden producir sociedades más abiertas…

Situadas las preocupaciones por la discriminación, el racismo y sus efectos en el mundo contemporáneo, la Declaración señala:

[…] observamos que el proceso de globalización es una fuerza potente y dinámica que deberá ser aprovechada para el beneficio, desarrollo y prosperidad de todos los países, sin exclusión […], aunque brinda grandes oportunidades, en la actualidad sus beneficios se distribuyen de forma muy desigual, lo mismo que sus costos. Así, expresamos nuestra determinación de prevenir y mitigar los efectos negativos de la globalización. Esos efectos pueden agravar, en particular, la pobreza, el subdesarrollo, la marginación,la exclusión social, la homogeneización cultural y las desigualdades económicas que pueden producirse conforme a criterio raciales… (Declaración Durban).

Los afrodescendientes

Los países firmantes de la Declaración de Durban sostienen:

[…] reconocemos que los afrodescendientes han sido durante siglos víctimas del racismo, la discriminación racial y la esclavización, y de la denegación histórica de muchos de sus derechos, y afirmamos que deben ser tratados con equidad y respeto de su dignidad, y que no deben sufrir discriminación de ningún tipo. Por lo tanto, se deben reconocer sus derechos a la cultura y a la propia identidad; a participar libremente y en igualdad de condiciones en la vida política, social, económica y cultural; al desarrollo en el marco de sus propias aspiraciones y costumbres; a tener, mantener y fomentar sus propias formas de organización, su modo de vida, cultura, tradiciones y manifestaciones religiosas; a mantener y usar sus propios idiomas; a la protección de sus conocimientos tradicionales y su patrimonio cultural y artístico; al uso, disfrute y conservación de los recursos naturales renovables de su hábitat y a participar activamente en el diseño, la aplicación y el desarrollo de sistemas y programas de educación, incluidos los de carácter específico y propio; y, cuando proceda, a las tierras que han habitado desde tiempos ancestrales…

Es en cumplimiento de estos acuerdos mundiales oficiales para la creación de un mundo más justo e igualitario que las naciones y sus organismos internacionales representativos vienen diseñando estrategias, planes y programas de inclusión que hagan efectivos los Compromisos de Durban. Los movimientos sociales de afrodescendientes en América Latina y el Caribe, desde diferentes ángulos y áreas de acción, han venido realizando esfuerzos y efectuando las presiones necesarias para que los organismos internacionales y los gobiernos cumplan el Plan de Acción de Durban, para eliminar la exclusión por razones de raza.

La declaración del 2011 como Año Internacional de los Afrodescendientes, contenida en la Resolución no. 64/169 del 2010 de Naciones Unidas, fue un importante mecanismo para recordar al mundo entero su compromiso de erradicar de las relaciones entre las personas y entre los Estados, los juicios y acciones fundamentados en el racismo. Adicionalmente, permitió realizar un diagnóstico y una evaluación del desarrollo de los derechos de la población afrodescendiente en los diferentes Estados del mundo, así como los niveles de incorporación real a los procesos de desarrollo sostenible. En Panamá, también se han realizado esfuerzos de los afrodescendientes para eliminar toda forma de racismo y discriminación, antes y después de Durban, que coinciden con el Plan de Acción. El Encuentro Nacional Afropanameño llevado a cabo en el año 2001, la conformación del Foro Afropanameño en el 2003, la creación por derecho del Consejo Nacional de la Etnia Negra (2005), con su Secretaría Ejecutiva, con la misión de diseñar y poner en ejecución un plan nacional de inclusión de los afropanameños al desarrollo nacional, ubican sus luchas en un nivel cualitativamente más avanzado.

Así como en la práctica ha resultado significativo que el Gobierno nacional aprobara en el año 2000 una ley que reconoce los aportes de los afropanameños a la vida nacional, designando el 30 de mayo como el día de la etnia negra, también es oportuno que en las próximas reformas constitucionales el tema de los afrodescendientes tenga las consideraciones pertinentes, para que el Estado también pueda adecuar constitucionalmente sus instituciones a los compromisos que asumió al suscribir la Declaración final y el Plan de Acción de Durban y cumplir a cabalidad con sus esfuerzos de búsqueda de una sociedad más justa e igualitaria. A partir de Durban, el movimiento negro en Panamá, igual que en el resto del mundo, entró en una nueva etapa de lucha, en la que cobraron mayor sentido los esfuerzos anteriores de personalidades y organizaciones afropanameñas que consagraron su vida a una lucha justa, aunque históricamente incomprendida y desvirtuada en sus propósitos sociales y humanos.

Dentro de la lucha generacional de los afropanameños por la igualdad en nuestro país, el nombre de Armando Fortune adquiere proporciones y valor significativos, por ser el principal pionero de los estudios afropanameños, en un claro afán de representar la historia desde la otra visión: la de los vencidos, la de los excluidos, la opuesta a la “versión oficial”.

Este compromiso de Fortune con los afropanameños, articulado desde el mundo académico, su inserción política y experiencia pública en el ejercicio de diferentes funciones, lo orientó a ir más allá del mundo conceptual, para ensayar un programa de acciones concretas de inclusión debida del negro en la sociedad panameña. El legado de Fortune está presente en este recorrido gen racional de lucha afropanameña, que en el Panamá moderno se revitaliza a partir de los años setenta.

Legado a las luchas cívicas

Cómo descubrí a Fortune

Fue por el año de 1967, cuando empezaron a hacer efecto sobre mi conciencia las lecturas de Frantz Fanon, Malcolm X, Renate Zahar, Richard Wright, George Balandier, Stokely Carmichael, Eldridge Cleaver, Aimé Césaire, Marcus Garvey, LeRoi Jones, E.U. EssienUdom, Eric Williams, entre otros. En ese año, las acciones de luchas por el poder negro revelaban una dimensión a veces olvidada en nuestra vida, y a mí me obligaban a rememorar situaciones y hechos experimentados en el país donde ocurrieron; fue entonces cuando entré en contacto con los trabajos de Armando Fortune. Siendo estudiante de Sociología en la UNAM, la realidad particular del hombre negro, sus luchas, su condición histórica y su situación actual, expresados por los diferentes autores arriba mencionados, se constituyeron en estímulos suficientes para comprometerme con los acontecimientos en el caso del negro panameño. Al poco tiempo de iniciar la búsqueda llegamos al museo de Chapultepec, en la ciudad de México. Allí, consternado ante los rasgos negroides de la inmensa cabeza de piedra del dios Tláloc,(1) empezamos a revisar minuciosamente la colección completa de la Revista Lotería, con los ensayos y estudios históricos de Armando Fortune.

1. Los estudios arqueológicos del doctor Iván Van Sertima (1976) me sacarían de la duda con respecto a la presencia de negros en América antes de la llegada de Colón.

La consistencia y la fundamentación de sus planteamientos nos hicieron pensar que se trataba de alguien, de alguna manera, movido por una gran preocupación, alguien que llevaba dentro una “causa noble y justa”, alguien que deseaba ver interrumpida la larga cadena de opresión y sufrimiento que caracterizaba la experiencia del hombre negro desde que se “descubrió el Nuevo Mundo”. Como no conocía personalmente a Fortune, la castellanización de su apellido me hizo plantearme ciertas interrogantes. Un día, mientras conversaba con David Turner, intelectual y economista panameño radicado en México, salió a relucir el nombre de Fortune. Supe entonces que era negro, y que desde muy joven había hecho suya la suerte histórica de los afropanameños. Turner explicó esto con mucha propiedad por haber sido amigo y compañero de clase de Armando Fortune. Cuando varios años después regresé a Panamá, en 1974, inmediatamente busqué a Fortune.

Él me recibió en su residencia de calle séptima Río Abajo, con la molestia propia de una fuerte gripe, pero en la medida en que conversábamos sobre los negros en América parecía cobrar gran energía y complacencia, que lo llevaba a mencionar citas, textos, autores, hechos, y a mostrarme una enorme cantidad de documentos, que era lo que abundaba de pared a pared en su estudio. Dialogué durante horas con este hombre erudito, de razonamiento claro, pero de una gran sencillez y amabilidad. Cuando le pregunté por el legendario Peter Williams, sonrió complacido y llamó a su padre, que vivía en la misma casa. Supe entonces detalles interesantes sobre este popular personaje afroantillano, de boca del detective de la policía secreta de Panamá, que tuvo bajo su responsabilidad el caso del famoso Robin Hood panameño, quien anunciaba a las autoridades de la antigua Zona del Canal que estaría en las instalaciones administrativas y, sin que pudieran evitarlo, al día siguiente se hacía público otro robo de Peter Williams, que la comunidad ya conocía porque se encontraron con que “Pita” Williams había pasado un sobre con dinero por debajo de alguna puerta.

La fantasía de la leyenda le atribuyó poderes mágicos, que se volvía invisible para entrar y salir de la Zona del Canal sin que lo capturaran, a pesar de la recompensa que existía por su cabeza. En los barrios populares de ciudad de Panamá y Colón se decía que la única manera de acabar con él era disparándole con una “bala de plata […] lavada en agua bendita”; cuentan que fue la perdición del hombre negro lo que acabó con su vida ya que una “amiga” europea de ojos azules y cabello rubio le reveló el secreto a la policía. Un artículo publicado en la prensa local, hace algunos años, titulado “Una dama de buena familia”, sostenía que Peter Williams no podía ser un vulgar ladrón, porque ningún bandido llegaría a tocar la armónica como él lo hacía. El padre de Armando me mostró una foto de Peter Williams, mientras afirmaba con algo de nostalgia que era un “hombre sumamente inteligente”. En 1975 se celebró en Panamá el primer Congreso Latinoamericano de Minoría Afro-asiática. En el evento fueron notorios el prestigio y reconocimiento que toma Fortune entre los especialistas de la región, quienes unánimemente lo eligieron presidente del Congreso, aunque su estado de salud no le permitió dirigir las deliberaciones.

Este evento académico hizo visible el hecho de que a nivel internacional Fortune sí gozaba de un reconocimiento que no dejaba dudas; en cambio, en el país, este hombre humilde y sencillo de gran erudición no había sido valorado en justa medida. Con el propósito de ir eliminando ese vacío, en el primer Congreso Nacional de Sociología (1975) se presentó un trabajo sobre Armando Fortune y George Westerman, pioneros de los estudios y comprensión del negro en Panamá. Armando Fortune por sus estudios sobre los primeros negros llegados al istmo y sus condiciones y aportes desde la Colonia hasta nuestros días; y Westerman por sus estudios sobre los emigrantes antillanos.

El esfuerzo por rescatar la contribución de Fortune continuó, y en 1977 su experiencia y aporte fueron dados a conocer en el primer Congreso de Cultura Negra de las Américas realizado en Cali, Colombia, bajo el liderazgo y la presidencia del doctor Manuel Zapata Olivella. Fortune encabezó la delegación panameña, integrada por destacadas figuras afropanameñas y nacionalistas de la época, de un movimiento continental de afrodescendientes que incluía a los más prestigiosos pensadores, académicos, escritores, hombres y mujeres del arte y la cultura de los Estados Unidos, América Latina y el Caribe, como Armando Entralgo, Nina S. de Friedemann, Manuel Zapata Olivella, Edward Kamau Brathwaite, Rex Nettleford, Nelson Estupiñán Bass, Abdias do Nascimento, Armando Crisanto Meléndez y Eulalia Bernard. El momento también es época de lucha por los ideales latinoamericanistas y las luchas populares en la región. En la delegación panameña conformada por Rogelio Sinán, Roy Simón BryceLaporte, Walter Chandler, Alberto Smith, Aminta Núñez, Coralia Llorente, Faulkner Watts y Gerardo Maloney, se vio conjugada la preocupación nacional de los afropanameños con su compromiso con la lucha panameña por la soberanía sobre el canal de Panamá.

La resolución aprobada por el congreso así lo deja claramente consignado. Al año siguiente, en 1980, Panamá fue el escenario del segundo Congreso de Cultura Negra de las Américas. En este evento se dio a conocer la labor pionera de Armando Fortune en la fundamentación y las tareas liberadoras del negro en la región. Fortune fue, sin dudas, el gran ausente, ya que había fallecido un año atrás, el 26 de marzo de 1979.

Contexto histórico social

Armando Fortune, Nene, como afectuosamente fue conocido por familiares y amigos, nació en Panamá el 16 de febrero de 1921, realizó estudios primarios en el Instituto Justo Arosemena y secundarios en el Instituto Nacional (llamado Nido de Águilas). En realidad, nos comentaba Fortune, estuvo dieciocho años en el mismo local, puesto que en él funcionaban los programas de educación primaria, secundaria y superior. En 1950, recibió el título de licenciado en Economía, y cuatro años más tarde (1954) es nombrado profesor de Economía de la Facultad de Humanidades. Su carrera como profesor comenzó en el colegio Abel Bravo de la provincia de Colón, centro educativo famoso por su presencia crítica en la vida nacional y la formación de grandes líderes populares.

También fue docente en el colegio secundario Richard Neumann, labor que realizó hasta su fallecimiento. Aunque Armando Fortune era afroantillano descendiente de trabajadores que llegaron al Istmo para la construcción del canal, su experiencia de vida lo alejó de los patrones culturales netamente antillanos, para vincularlo más a los sectores mestizos de la ciudad de Panamá. Por ejemplo, Fortune creció en el barrio Santa Ana, históricamente conocido como “el arrabal”, para diferenciarlo en términos sociales, económicos y culturales de la sociedad propiamente dicha. El Casco Viejo era habitado por la élite dominante mientras que el arrabal santanero era el barrio de negros mulatos y mestizos, protagonistas de episodios políticos liberales significativos en el proceso de formación de la república. Fortune no residió, como el grueso de los afroantillanos, en los barrios El Chorrillo, Calidonia, San Miguel, o Guachapalí, centros ejes de emigrantes que habían de convertirse en foco de la política xenofóbica y racista desarrollada en Panamá en el periodo entre las guerras mundiales, época de grandes contradicciones en torno a la cuestión de la identidad nacional, precisamente cuando Fortune estaba en pleno proceso de formación académica e ideológica.

La reivindicación de lo nacional

La vida de Fortune se desarrolló en un periodo de profundas implicaciones políticas e ideológicas para los diferentes sectores y componentes étnicos y culturales del país. Algunas conclusiones de la doctora Patricia Pizzurno expuestas en su ensayo Memorias e imaginarios de identidad y raza en Panamá (2011), nos ayudan a situar a Fortune en sus circunstancias:

A nivel regional en el periodo entre guerras se realizan importantes esfuerzos por retornar a las raíces hispanoamericanas conformando una comunidad de intereses basados en un pasado, una lengua, una cultura, una religión y una raza común. Junto a esta corriente eurocéntrica también apareció la corriente del Pacífico que buscó elaborar la identidad de las naciones latinoamericanas a partir de los legados y tradiciones culturales autóctonas, como fue el caso del indigenismo representado en el pensamiento de José Carlos Mariátegui y de José Vasconcelos y Gabriela Mistral entre otros. (p. 159). En Panamá, el proceso de construcción de la identidad nacional, estaría mediatizado por la presencia norteamericana. En un primer momento la construcción del canal de Panamá, está asociada al progreso y la modernidad de la nación en construcción. Sin embargo terminada la obra, el sueño del siglo de las elites del país, empezó a percibirse como “una pesada carga que obstaculizaba el surgimiento de la identidad necesaria para impulsar el desarrollo integral del país. Esta realidad generó una actitud de frustración-agresión, contra los Estados Unidos y otros componentes poblacionales extranjeros ligados a la construcción y operación del canal de Panamá. Estados Unidos aparece como el único responsable de las desastrosas condiciones económicas, morales y culturales de la República… La ciudad ennegrecida por los obreros antillanos, de costumbres ajenas a las tradiciones culturales hispanoamericanas, de lenguaje extranjero, bulliciosa y agresiva, de colores vivos y olores desagradables, de cuerpos de fuego y sexo como estandartes… poco a poco se ha convertido en la vergüenza de los panameños, que buscan en el interior, en lo rural un modelo menos contaminado racial y culturalmente.
No resulta tarea fácil en la diversidad de razas, lenguas y culturas imponer lo genuinamente panameño. “Se buscó en lo rural, en el campesinado… sano, sin vicios, de habla castellana, blanco o levemente mestizo, con un elevado porcentaje de sangre humana, y libre de sangre negra, el modelo de la identidad, presente en las provincias centrales y la provincia de Azuero. Este modelo del tipo nacional ideal, era excluyente geográfica y racialmente, dejaba fuera a indígenas, negros y habitantes de la ciudad, al igual que las áreas geográficas por estas poblaciones”. (p.165). A partir de 1925 los diferentes gobiernos adoptaron una lógica racista que los llevó a promulgar leyes en contra de negros que no hablaban español: (Ley 13 de 1926); sin embargo es con la llegada de Arnulfo Arias al poder en 1940, cuando el mensaje oficial se volvió agresivamente pro panameño y xenofóbico, haciendo que el vínculo entre nacionalismo y nazismo se convirtiera en política de Estado. Para ser auténticamente panameño y amar a Panamá, había que rechazar a los extranjeros, en general y a los antillanos en particular. (p. 174). Este principio era en el caso norteamericano sin lugar a dudas más tolerante en el caso de las élites del poder económico que nunca dejaron de mostrar su admiración y afecto hacia los norteamericanos en los actos y eventos sociales del Club Unión. El desprecio hacia los antillanos y otras minorías como la hindú y china, en el caso de estos últimos, más que por razones étnicas, por económicas y comerciales, fue siempre sistemático tanto en lo público como en lo privado. No fue casual que en la famosa gesta de los trabajadores de Plata, la huelga de los obreros del Canal en 1920, el presidente Ernesto T. Lefevre y el gobernador de la provincia de Panamá, Rodolfo Estripeaut, se aliaran con el gobernador de la Zona del Canal Chester Harding, para hacer fracasar, la lucha de los obreros en contra del régimen segregacionista del Gold Roll y Silver Roll. En su búsqueda de la homogeneidad racial destinada a perfeccionar la nacionalidad, por medio del blanqueamiento de la raza, el doctor Arnulfo Arias, ensayó fórmulas para la creación de un tipo panameño superior. Esto explica la Ley 48 del 13 de mayo de 1941 de esterilización y eugenesia, cuyo propósito era “no dar aliento a generaciones enfermizas, y hacer ciudadanos pobres y desnutridos”. (p. 179).

Las medidas y acciones institucionales en contra de los antillanos fueron múltiples; entre otras, la doctora Pizzurno (ibíd.) menciona las siguientes:

La pérdida de la nacionalidad panameña a los hijos de negros que no hablaran español. Esto estimuló la diferenciación entre negros antillanos y negros coloniales, sustentada por intelectuales como Felipe Juan Escobar. También influyó en la aparición de movimientos como la Sociedad de Afirmación Nacional integrada por intelectuales como Baltasar Isaza Calderón. Demetrio Korsi propuso expulsar a setenta mil afroantillanos que infestaban nuestras ciudades, según Peter Szok.
Mientras se refrendaba la política de raza indeseable se estimulaba la inmigración europea. Ya en años anteriores el propio Harmodio Arias, quien en las elecciones de 1932 había recibido más de diez mil votos antillanos, presiona a los Estados Unidos e Inglaterra para que repatriasen a los antillanos. En 1933 se fundó la organización ultranacionalista “Panamá, para los panameños”, dirigidos por el exjefe de la policía Nicolás Ardito Barletta, e inspirado en el odio racial. A mediados de ese año una manifestación grande exigió al gobierno la repatriación. Esta movilización derivó en la formación del Movimiento Nacional por la Repatriación de Extranjeros Cesantes. En 1936 la Asamblea Nacional discute la promulgación de una ley que prohibiera las uniones de hombres antillanos con mujeres pana meñas. En 1934 la Asamblea promulga la Ley 70 nacionalizando el comercio en manos de chinos e indostanos.
El estereotipo afirmaba que en las razas negras… todo giraba en torno a la sexualidad… que eran lascivos y dominados por la lujuria (y eso que no se alimentaban con trufas ni tartufos: los alimentos del diablo que estimulaban la lujuria, y que por tal razón fueron prohibidos en Italia en la Edad Media). Por eso cobró fuerza afrodisiaca el consumo de la sopa de pata, el Sea Mass y Icing Glass, la aleta y los huevos de tortuga. Otras manifestaciones xenofóbicas y racistas contra el negro antillano aparecen en obras literarias, creaciones culturales populares y en los documentos oficiales del Estado panameño. “Todos los ‘chombos’ deben ser largados y aquí, a todos estos chombos hay que mandarlos a donde han venido… al Infierno” (Gamboa Road Gang de Joaquín Beleño). “Porque si por natura el santero cuida su raza, su paisana hoy se casa con un hombre de piel oscura. Porque esta linda criatura tan blanca y tan bonita, dejó sola su casita, desposada con un chombo, se nos va la tableñita” (Toñito Vargas, “Se nos va la tableñita”). El 26 de noviembre la Asamblea Nacional consideró que la nueva Constitución de 1941 debía ser aprobada en un plebiscito nacional. El 15 de diciembre el plebiscito dio su aprobación a la nueva Constitución por 144 313 votos afirmativos contra 1865 en contra. El 2 de enero de 1941 fue juramentada la nueva Constitución Política que institucionalizaba una legislación racista: la “inmigración prohibida”… chinos, indostanes y afroantillanos. “¡Carajo!… Esos chombos son una vaina. Palabra que yo los hubiera acabado, le hubiera pegado fuego a Calidonia, ellos son los que tienen la culpa de que las cosas se hayan puesto tan caras, viven cincuenta en un mismo cuarto y entonces les sale baratísimo el arriendo. Deben embarcarlos a todos en un buque de esos que los yanquis utilizaban para sus ejercicios de tiro…” (Aguilera, 1935).
Lo paradójico del texto es que el fuego fue una constante en la vida de los barrios antillanos, por ello en su lenguaje rítmico popular los calipsonias expresaban la pregunta que siempre hacían los damnificados: “Fuego… y hasta ahora todo mundo se pregunta quién empezó el fuego en San Miguel…”. (Maloney, 2012). Hemos querido mostrar parte de las evidencias que explican con claridad el momento histórico en el que Fortune crece y se forma intelectual y profesionalmente, y que en definitiva explican el reto y compromiso asumido frente al tema de los afropanameños como persona y como estudioso.

 

Las obras: su principal legado

En uno de sus trabajos Armando Fortune (1976) sostiene:

[…] Desde hace muchos años comenzamos a escudriñar la vida panameña y enseguida nos salió al paso el negro. Era natural que así fuera, puesto que sin el negro Panamá no sería Panamá. Como elemento humano de gran consideración en la población total del Istmo, el negro panameño no podría seguir siendo ignorado. Era necesario estudiar ese factor integrante de la nacionalidad. Hasta entonces parecía que nadie lo quería estudiar, más bien se quería ocultar. Hasta hablar del tema negro en público parecía molestar a muchos panameños, quienes siempre han querido y aun insisten en hacer de Panamá una nación indo europea.

Los trabajos de Fortune recogen una doble preocupación: por un lado, la del investigador que busca las evidencias para reconstruir el pasado y presente del negro en el país; por el otro, el compromiso cívico de buscar justicia e igualdad para los afropanameños. En este sentido, Fortune nos relata en una entrevista:

[…] Mi primera reacción como negro fue cuando cursaba estudios en el Instituto Nacional. El primer día de clases el profesor me vio a mí y otros dos compañeros negros y delante de todo el grupo dijo “este centro educativo debe ponerle frenos, antes que se convierta en un arca de africanos”, al día siguiente nuestros padres protestaron enérgicos a la dirección de la escuela y nos cambiaron de grupo. A partir de ese momento surgió en mí, una inquietud que con el tiempo se hizo necesidad. (Fortune, 1994).

Ese pasaje de la vida del joven Armando Fortune nutrió el sentido de su obra. Casi todos sus escritos fueron publicados por la Revista Lotería, y conocidos en las principales bibliotecas de la región:

“Los negros en Panamá” (1967, octubre). Lotería, 2ª. época, no. 143.

“Los primeros negros en el istmo de Panamá” (1967, noviembre). Lotería, 2ª. época, no. 144.

“El esclavo negro en el desenvolvimiento económico del istmo de Panamá, durante el Descubrimiento y la Conquista (15011532)” (1975, febrero). Lotería, no. 228. Fray Bartolomé de las Casas y la esclavitud del negro, mimeografiado (original).

“Los negros cimarrones en Tierra Firme y su lucha por la libertad” (1975, enero a marzo). Boletín de Academia Panameña de la Historia, 3ª. época, No. 2.

Bayano: precursor de la libertad de los esclavos. Mimeografiado (original).

Los orígenes africanos y mestizaje étnico del panameño negro a comienzos del siglo xvii, mimeografiado (original).

Orígenes extra africanos y mestizaje étnico del panameño negro a comienzos del siglo xvii, mimeografiado (original).

“Mestizaje en el istmo de Panamá a comienzos del siglo xvii” (1977, marzo). Lotería, no. 263.

“El negro en la vida y cultura colonial de Panamá” (1970, enero). Lotería, no. 170.

“La Sociedad de Estudios Afro Panameños” (1965, diciembre). Lotería, 2ª. época, nos. 120-121.

“Los elementos humanos de Panamá y su aporte a la panameñidad” (1973, abril-mayo). Lotería, no. 208.

“El prejuicio y la discriminación como causas de disturbios y conflictos de la personalidad” (1966, julio y agosto). Lotería, nos. 126 y 129.

“Presencia africana en la música panameña” (1973, octubre). Lotería, no. 213.

“Bolívar y la fraternidad étnica americana”. Boletín Presencia de Bolívar Sesquicentenario del Congreso Anfictiónico.

Bolívar y la abolición de la esclavitud, mimeografiado (original).

Desde un contexto histórico, Fortune va respondiendo con una referencia bibliográfica extensa, que incluye documentos y archivos de la época, a una serie de preguntas claves que, a la postre, coinciden con las inquietudes que desde su vida estudiantil había sentido. ¿Quiénes eran los negros del istmo de Panamá, de dónde provenían? ¿Cómo y en qué lugar fueron reclutados? ¿Cómo fueron transportados a América? ¿Qué sucedió cuando llegaron a la Colonia? ¿Cuáles fueron sus condiciones de vida, sus formas de organización, su lugar en el “nuevo mundo”? ¿Qué tipo de relaciones formales e informales establecieron con el resto de la población? ¿Cuáles fueron los triunfos y las derrotas que conocieron? Y cuando finalmente fueron hombres libres, ¿desapareció el prejuicio? ¿Siguió siendo un factor que determinara su situación en el resto de la sociedad? ¿Qué contribuciones sustanciales lograron imprimirle al mundo que hoy conocemos? ¿Qué reconocimiento de esto existe? ¿Cuáles son las cosas que aún se les adeudan a estos descendientes del África?… Sin embargo las respuestas precisas y bien documentadas de estas preguntas que Fortune logró articular no fueron suficientes, puesto que cuando más evidentes resultaban la opresión y el menosprecio del negro en el transcurso de la historia, mayor era la necesidad de ir forjando en la realidad y en su momento, cambios cualitativos de su situación.

Esto llevó a Fortune a ensayar acciones concretas, como la creación de la Sociedad de Estudios Afro-Panameños, y un periodo de activación política dirigido a la reivindicación y justicia al negro panameño. El marco de análisis que utiliza Fortune en sus trabajos es fundamentalmente histórico, sin que eso signifique historicista. Se trata de un análisis y contextualización de los diferentes hechos ocurridos; no de una mera descripción o enumeración de acontecimientos, personajes y circunstancias. Esto permite afirmar que al análisis de Fortune le subyace un significativo marco antropológico y sociológico. Algunos de sus trabajos penetran el ámbito del problema de la cultura, hasta llegar a consideraciones de carácter psicológico. Varios son los autores que tuvieron gran influencia en el pensamiento de Armando Fortune, entre los que se destacan José Antonio Saco, Fernando Romero, Paulo de Carvalho Neto, los poetas cubanos Nicolás Guillén y Emilio Ballagas, J. G. Frazer, W. E. Burghardt Du Bois, Melville Herskovits.

Un aspecto fundamental de los trabajos de Fortune lo constituyen los documentos de los cronistas, como se puede apreciar cuando se revisan analíticamente algunos de sus trabajos. No es posible examinar en detalle en estas páginas, los contenidos y aportes que Armando Fortune realiza en sus diferentes estudios y ensayos. Para ello, lo invitamos a consultar sus Obras escogidas, publicadas por el Instituto Nacional de Cultura (INAC) en 1993. Sin embargo, sí consideramos pertinente detenernos en los siguientes escritos del autor, por su vigencia actual:

  • “El negro en la vida y cultura colonial de Panamá”. La presencia del negro en Panamá desde el periodo colonial fue básica, ya que sobre él recayó una serie de actividades en las cuales descansaba la Colonia misma. Afirma Fortune que el negro reemplazó al indio en los trabajos manuales, indispensables en las minas, pesquerías de perlas y aserraderos; tenía a su cargo los servicios de recuas y transporte entre los puertos terminales de Panamá y Nombre de Dios, y más tarde Portobelo. Tenía que arreglar y rozar los caminos, cuidar las huertas, los hatos de ganado, el cultivo de las tierras, la construcción de casas y edificios, cortar y acarrear la madera para la construcción de naves en el mar del Sur. Realizaban así mismo las difíciles labores de los ingenios azucareros. Con el tiempo, los negros llegaron a ser artesanos y trabajadores principales en las comunidades urbanas (panaderos, peluqueros, zapateros, albañiles, ladrilleros, cargadores, carpinteros, hojalateros, peones, etc.).

En muchas ocasiones, los negros tuvieron que formar parte de los ejércitos en las luchas internas, o en las conquistas de nuevas posiciones, siempre vigilando que no volvieran el arma en contra de su opresor blanco. Todo esto marca la decisiva importancia del negro en la estructura socioeconómica del período colonial en Panamá. Y que naturalmente no termina allí sino que alcanza la vida cultural, para incluir sobre el mismo sistema de pensamiento, recreación y reproducción simbólica de la realidad. Y nuestros historiadores silenciosos. Ese silencio deliberado, roto por las investigaciones de Fortune, se convierte en posiciones claras y acciones bien definidas. En lo personal, el autor propone:

Ante la actitud de recíproca ignorancia que hemos venido notando entre los diversos elementos étnicos que integran nuestra nacionalidad, y la posición racista y su tendencia disociadora que observamos entre muchos panameños, creemos ha llegado el momento de que se instituya en nuestra república un órgano de trabajo intelectual que trate, objetivamente, el proceso de transculturación y el aporte extraeuropeo, en especial el afroide, a nuestra pauta cultural y organización social. (Fortune, 1994).

En efecto, la etnofobia que hemos podido encontrar entre muchos connacionales ha sido una de las causas que ha resquebrajado ese sentimiento patrio —tan necesario entre nosotros—, que ha pronunciado la discordia entre la familia panameña. Este nacionalismo malsano ha servido para perpetuar un estado de cosas en franca rebeldía con nuestra realidad nacional; ha permitido que aún subsistan en nuestro medio las falsas pretensiones de algunos pseudocientíficos que creen en la superioridad e inferioridad de algunos grupos humanos.

Esta ha sido la causa de que el afropanameño —ante la tremenda presión anímica que representa para él la epidermis más pigmentada en una sociedad “blanca”, hostil y parcial— se sienta psicológicamente enfermo, y trate de reaccionar de acuerdo con su mundo circundante y su fuerza psíquica. Esto ha hecho posible que todavía se continúe manteniendo general indiferencia hacia el estudio profundo, inteligente e imparcial de uno de los elementos étnicos que integran nuestra nacionalidad y cuyo aporte a la cultura panameña ha sido tan grande y tan mal apreciado por el nacional en general. Es necesario un trabajo interdisciplinario con el concurso de historiadores, sociólogos, antropólogos, etnólogos, poetas, biógrafos, folcloristas, economistas, lexicógrafos y todos los panameños que con honesta responsabilidad puedan cooperar en un frente común para esclarecer muchos puntos oscuros de nuestra historia… Para poner en práctica todo esto se hace necesaria la Sociedad de Estudios Afro-Panameños. Estas son las bases del ensayo con este mismo nombre en el que Fortune formula los anteriores planteamientos. Vale la pena destacar que hoy en día algunos de estos planteamientos conservan su vigencia, tanto así que un grupo de científicos sociales han visto la imperiosa necesidad —para cristalizar la idea de Fortune— de crear el Centro de Estudios Afro-Panameños (Cedeap). En el caso de la Sociedad de Estudios Afro-Panameños, nos dice el mismo Fortune “no tuvo la acogida porque las autoridades no le dieron el respaldo efectivo que esperábamos”.

  • “Los elementos humanos de Panamá y su aporte a la panameñidad”. Dentro del mismo marco de preocupación continúan las investigaciones de Fortune, en las que el autor insiste en esclarecer los efectos de la naturaleza conflictiva del alto grado de mestizaje que caracteriza a la población panameña. Destaca, por un lado, las contribuciones más significativas de cada uno de estos grupos étnicos a nuestra cultura, señalando, por otro lado, la resistencia a la aceptación de los aportes afropanameños.
  • Presencia africana en la música panameña”. En la misma dirección podríamos situar el análisis que hace Fortune del problema de la cultura nacional. Aunque en todo lo panameño, afirma Fortune, pervive el atavismo africano (una multitud de prejuicios emocionales, intelectuales y étnicos que no son otra cosa que la supervivencia de los métodos y costumbres de la época colonial), la carencia de todo espíritu democrático y de un sentido humano de nuestra realidad, nos ha mantenido a todos en un estado de ignorancia perfecta sobre la capacidad del hombre de color, de sus aportes y posibilidades, y todo lo que puede su prodigiosa constitución física y moral, tanto cuantas veces en nuestra historia ha tenido oportunidad y medios para poder demostrarlo. Este hecho, igualmente, no ha permitido al panameño en general estudiar con la objetividad y minuciosidad que el caso requiere su formación social y sus antecedentes históricos, desfigurando totalmente el valioso contenido de la contribución del negro a la creación de la cultura nacional. En nuestros días basta observar nuestras fiestas, danzas y bailes populares, como el Festival de Guararé, el bunde, los carnavales, las congadas, el Día de Reyes, para damos cuenta de cuán definitiva ha sido la influencia afronegra en la cultura panameña, cómo ha impregnado las tradiciones populares y cómo ha enriquecido el folclore.
  • “El prejuicio y la discriminación como causas de disturbios y conflictos de la personalidad: efectos del prejuicio y la discriminación sobre los individuos discriminados”. Un poco diferente es este ensayo, en el cual Fortune deja a un lado el análisis histórico para intentar entender el problema mismo del prejuicio y la discriminación, la manera como este afecta las relaciones entre discriminados y racistas, y las alteraciones que individualmente puede ocasionar. Por la misma esencia del problema, este trabajo tiene más que nada un marco interpretativo más cercano a la psicología social.

Finalmente, es necesario mencionar también el importante trabajo “Bolívar y la abolición de la esclavitud”, en el que Fortune analiza algunos de los factores que motivaron a las declaraciones de abolición de la esclavitud, simplemente como una medida que garantizara más hombres, de uno u otro bando, en las luchas de independencia que durante ese periodo se libraban.

Los otros roles de Nene Fortune

El carácter sencillo de Armando Fortune y su consagración al estudio parecen no haber dejado espacio para otros pasajes reveladores de la vida del historiador. Dispongo de poca información relacionada con su vida personal, sus afectos, su vida familiar, al igual que sus gustos e inclinaciones culturales. El poeta Luis Carlos Phillips, primo de Fortune, ha compartido algunas anécdotas familiares en las que destaca su personalidad, amable y solidaria, como hermano, hijo y miembro de una familia, dentro de la tradición antillana. El profesor Jaime Turner dice haber compartido algunas experiencias bohemias con Fortune, y en una de ellas descubrió que Nene tenía manos diestras para tocar calipso en el yukalele. En el campo del periodismo, Fortune ocupó la jefatura de la página económica del periódico La Nación.

De su actividad periodística han quedado artículos como: La oligarquía y el pueblo panameño, El prejuicio racial, cimiento de la oligarquía, El Día de las Razas, En el 54° aniversario de la muerte de Nietzsche, Loor a la República de Haití, Una respuesta necesaria y Armando Cruz Cobo. Armando Fortune, a pesar de todos los obstáculos, llegó a ser miembro de número de la Academia de la Historia, y correspondiente de la Real Academia de la Historia de España. Un aspecto de la vida de Fortune que habría de influir enormemente en la calidad de su trabajo académico y político fue su relación con el doctor Ricardo J. Alfaro. Fortune ocupó el cargo de secretario privado del doctor Alfaro, que nuestra historia política registra como un hombre de excelente formación, de amplio reconocimiento internacional, y una enorme educación. Fortune depositó en él respeto y admiración profundos, lo que seguramente influyó en la reciprocidad y dedicación en sus estudios y escritos. Ha despertado en mí cierta curiosidad el hecho de que fuera el doctor Alfaro quien, en la Conferencia de la ONU en San Francisco, presentó y sustentó ante ese organismo internacional en nombre de la República de Panamá los proyectos de declaración de los derechos humanos y lo concerniente a los derechos de los Estados.

Posteriormente Alfaro integró la comisión, presidida por Eleanor Roosevelt, que redactó la Declaración de los Derechos Humanos en París (1948) y fue designado por la ONU para redactar el documento en español. En ese momento Fortune tenía 27 años y aún no había terminado sus estudios universitarios, por lo que, seguramente, la experiencia junto a su jefe fue una fuente importante de orientación en la producción histórica y social de la obra de Fortune. En un artículo publicado el 25 de febrero de 1979 en el periódico La Prensa, a raíz del octavo aniversario del fallecimiento del doctor Alfaro, el profesor Armando Fortune dejó constancia de su respeto y admiración hacia su mentor y maestro.

Epílogo

No hay duda de que Armando Fortune fue el iniciador y el mayor productor de trabajos sobre la situación del negro en Panamá. Esto, además de resultar importante por el valor académico y científico que tuvo, por la rigurosidad con que abordó un fenómeno intencionalmente olvidado, o para reinterpretarlo y situarlo en su ubicación correcta, también resulta importante en la medida en que se trata de un autor negro que desde su propia condición revisó la historia, verificó los datos y arrojó luz sobre un tema que, en su época, producía tensiones y conflictos. Fortune no se quedó en el frío nivel del conocimiento, sino que buscó por diferentes vías que ese conocimiento fuera un factor que influyera en nuestra sociedad, con el fin de lograr para el negro el fin de las injusticias, la opresión y la discriminación de que es objeto.

Su lucha trascendió, entonces, la pluma, las bibliotecas y las aulas de clase. Hoy día, cuando los niveles de conciencia han madurado y las nuevas generaciones han empezado también a redefinir su realidad, muchos de los planteamientos y las tesis de Fortune cobran extraordinaria vigencia. Creemos que en cada voz que se alza para luchar en contra de la discriminación racial y por la igualdad y la justicia se rinde un tributo al esfuerzo realizado por Fortune. Consideramos que en cada acción que se tome por la defensa de los derechos humanos se reconoce la tremenda labor realizada por Fortune, en reconquistarlos para un sector de este país pequeño. Es irrefutable también el hecho de que cualquier intento de argumentación científica o vulgar que no haya tenido en sus manos trabajos del autor es casi sin equivocación una línea directa al perogrullo. Probablemente, el hecho de que Fortune no haya sido objeto del reconocimiento que se merece demuestra, una vez más, sus planteamientos fundamentales. Más de uno de nuestros laureados historiadores panameños no ha realizado la mitad de los esfuerzos de este hombre negro, que hoy prácticamente está al borde del anonimato.

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