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    Jorge Kam Ríos

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Arnulfo Arias Madrid

by: Jorge Kam Ríos

La historia política republicana panameña está marcada por personajes únicos e inigualables, y Arnulfo Arias Madrid fue sin duda uno de ellos.

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Egresado de la Universidad de Panamá y de la Universidad Santa María la Antigua. Catedrático de Historia en la USMA. Dirigió la Biblioteca Monseñor Marcos G. McGrath, los Estudios Generales de la USMA. Profesor Investigador del Centro de Investigaciones Históricas de las Relaciones entre Panamá y EE.UU. de la U. de P. Premio Universidad de Panamá 1975. Miembro de las academias panameña y colombiana de Historia, de la Sociedad Bolivariana de Panamá, de la Academia de Genealogía e Historia de Panamá. Autor de Los habitantes del istmo de Panamá; El 28 de noviembre de 1821; Historia de las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos, Siglo xIx; El Casco Antiguo de Panamá; La Pollera; Así es Panamá; El Tratado Obarrio–Carrillo de 1841; Notas sobre el 18 de noviembre de 1840.
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Arnulfo Arias Madrid: El Político

 

La historia política republicana panameña está marcada por personajes únicos e inigualables, y Arnulfo Arias Madrid fue sin duda uno de ellos. Natural del barrio de Los Forasteros del pueblo de San Juan Bautista en Coclé, Arias nació en las postrimerías del período colombiano, en plena guerra de los Mil Días, y fue el segundo panameño en cruzar sobre su pecho, en tres ocasiones, la banda presidencial, si bien sus contemporáneos y los hechos aseveran que pudo ostentarla unas cinco veces más. Siempre será recordado como un caudillo. Arnulfo Arias Madrid es de esa clase de individuos de los cuales se puede obtener mucha información de su vida pública, pero casi nada acerca de su vida privada. Poco se sabe de su vida laboral fuera de la política y, sólo gracias al historiador Jorge Conte Porras, en su libro Réquiem por la revolución (1990), se reconstruye parte de su vida familiar. Hijo del matrimonio de Antonio Arias Castillo y Carmen Madrid, hermanos de Arnulfo fueron Josefa, Gerardo, Eudocia, Harmodio y Carmen. Antes de su unión con Carmen, Antonio tuvo cuatro hijos: Estanislao, Dominga, Fernando y Nazaria. Arnulfo, o el Fufo, como lo recuerdan quienes lo conocieron, entra a la vida política con un evento que, la historiografía nacional, constantemente, corrige: su participación en los eventos que llevaron al derrocamiento del presidente Florencio Harmodio Arosemena, apenas transcurrido la mitad de su periodo presidencial.

Se afirma que el Movimiento Cívico del 2 de enero de 1931 de Acción Comunal fue encabezado por el doctor Arnulfo Arias Madrid. Pero la realidad es otra. El jefe inicial del movimiento de 1931 debió ser Víctor Florencio Goytía; y digo que debió ser porque, a último momento, éste creyó que la empresa “revolucionaria” no tendría éxito y renunció, temeroso de que los estadounidenses intervinieran en favor del presidente Florencio Harmodio (como lo permitía la Constitución de 1904), pese a que se enteró vía cablegrama fechado el 8 de diciembre de 1931, de que —según sus fuentes, encabezadas por Manuel María Valdés—, tal intromisión no se haría efectiva. En el seno de los miembros de Acción Comunal, agrupación política formada en la clínica odontológica del doctor Ramón E. Mora el 19 de agosto de 1923, se produjeron una serie de objeciones por la actitud de Goytía y entre las voces que en la oposición se levantaron para oponerse a seguir adelante con el movimiento, se encontraba el miembro inscrito el 19 de noviembre de 1930, n°. 157: Arnulfo Arias Madrid. Víctor Florencio Goytía renunció a la presidencia de Acción Comunal y, por consiguiente, a dirigir las acciones del 2 de enero. La responsabilidad quedó en manos del licenciado José Manuel “Nen” Quirós y Quirós. Decididos a no fallar y comandados ahora por Quirós, procedieron a tomar las siguientes acciones, que llevaron a la caída del presidente Florencio Harmodio Arosemena: Primero: cortar las comunicaciones de la capital para impedir que el presidente recurriera al auxilio de las autoridades canaleras. Para ello se ideó un plan que anulara la única central telefónica ubicada en la calle 10. Esta tarea se encomendó a un grupo liderado por Berardo Quintín Gallol, Lino A. Boza, Virgilio Tejada Luna, Carlos Terrientes, Telésforo Gordoy, Pablo Ossa y Víctor M. Wilson; el corte de las comunicaciones telegráficas se encargó a José Ángel Cornejo, Jorge I. Carles y José A. Herazo.

 

Segundo: una vez logrado ese objetivo, según dice Isidro Beluche Mora:

[Nen Quirós] ordenó que encabezados por sus respectivos jefes, partieran los comandos que deberían tomarse los cuarteles de Policía, así: Roberto Clement, el de Las Sabanas (escuadrón de caballería); Homero Ayala P., el Central y el Dr. Arnulfo Arias, el de la Guardia Presidencial. (Beluche, 1979, pp.105-232).

Pero la historia le reservaba un lugar especial a Arnulfo Arias, quien estaba en el lugar y el momento precisos; al quedar descartado por quebrantos de salud Germán Gil Guardia como responsable de la toma de la Presidencia, y secundando a Max Arosemena desde el hospital Santo Tomás, proponen a Arias en su reemplazo. Conte Porras, citando a Bey Mario Arosemena, en su ya mencionado libro, nos dice que los hermanos de Acción Comunal:

[…] aceptaron sin reservas la postulación de Arnulfo, por su determinación en el actuar, y porque al igual que Germán Gil, era una figura que despertaba simpatía en todos los sectores. Como a Germán desde un principio se le había asignado el asalto a la Presidencia, hubo discusiones. [Ramón] Mora quería ser quien dirigiera ese asalto, pero se le eximió de su espontáneo ofrecimiento pues era miope y el asalto se daría en la madrugada. (Conte Porras, 1990).

La historia de Acción Comunal cuenta que cada misión fue exitosa y que en la toma de Las Sabanas no se dio combate, pero sí en la del Cuartel Central y en la Presidencia. Sin embargo, al final del día, el éxito fue para los comandos “comunistas”. La toma de la Presidencia de la República y la rendición del grupo de Arosemena fue un hecho más notorio para la posteridad que las acciones en La Sabana y en el Cuartel Central, con lo cual la figura del médico Arias alcanzó notoriedad con apenas 29 años. Aquí nace el Arnulfo Arias político… y la creencia popular que lo convirtió en adalid del movimiento. Pocos años después, el tiempo disipa el movimiento y sólo queda el recuerdo del acto heroico y osado de Acción Comunal ligado a la figura de Arias. Los años que siguieron permitieron a Arnulfo abrirse camino hacia su primer mandato presidencial. Asociado al año de 1931, pero en un episodio ajeno a la política, el doctor Arias y su esposa Ana Matilde Linares Herbruger de Arias (con quien contrajo nupcias en 1927), adoptan a su sobrino Gerardo de tres años, huérfano de madre. Luego de los sucesos del 2 de enero de 1931, Harmodio Arias Madrid es electo presidente de la república para el período 1932-1936 y nombra a su hermano Arnulfo en el Departamento de Salud Pública; en 1935, lo designa secretario de Agricultura y Obras Públicas. Muchos eventos ocurren en la vida de Arnulfo Arias en la década del treinta. El jurista y escritor Carlos Cuestas (1993), al hacer referencia a ese momento apunta:

El presidente [Juan Demóstenes] Arosemena le distinguió como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario ante el Gobierno de Francia, donde se encontraba el 23 de octubre de 1939, cuando la Convención del Partido Nacional Revolucionario lo proclamó candidato a la Presidencia de la República para el período 1940-1944. El 16 de diciembre de 1939 falleció repentinamente el presidente Arosemena. Dos días después se encargó de la Presidencia de la República, el Primer Designado Augusto Samuel Boyd, quien al momento de morir el titular representaba a Panamá ante el Gobierno de los Estados Unidos de América. A Boyd le toca presidir uno de los períodos electorales más traumáticos de nuestra historia republicana.

 

En efecto, Arnulfo fue el candidato oficialista, apoyado por los partidos Nacional Revolucionario, Conservador, Liberal Nacional, Liberal Demócrata y Liberal Unido; mientras que su opositor, Ricardo J. Alfaro, fue secundado por los partidos Liberal Doctrinario, Liberal Renovador y el Socialista. Por presiones y agresiones Alfaro retira su candidatura y Arnulfo llega a las urnas sin oposición el 2 de junio de 1940. Según Jorge Conte Porras, cuando Arnulfo aceptó su postulación en 1939 y ocupó el solio en 1940, se presentó la estructura de lo que sería la doctrina panameñista: nacionalista y reformadora de las instituciones nacionales; renovadora de las instituciones jurídicas con un órgano ejecutivo fuerte; selectiva ante los problemas generados por las minorías raciales, específicamente, los antillanos de habla inglesa. Se inicia el periplo hacia la conflictiva Constitución de 1941. Otro aspecto de la vida política de Arnulfo Arias, objeto de especulaciones, fue su supuesta vinculación con el hitlerismo de la época (argumento que emplearía más adelante Ricardo Adolfo de la Guardia cuando derrocó a Arias) y la autoría del folleto “Mejoramiento de la raza”, publicado en 1935, que a decir de sus detractores, fue introducido en la Constitución del 41, como razas de inmigración prohibida. La verdad es que no se ha demostrado que dicho texto fuera producto de la pluma del doctor Arias. En su calidad de director del Departamento de Sanidad y Beneficencia, Arnulfo Arias publicó en el Boletín Sanitario un editorial, suscrito con su nombre, titulado “Eugenesia: El mejoramiento de la raza” (agosto de 1934, año I, no. 3) que resume no sólo el racismo en boga en la época sino el adelanto de lo que vendría después en la Constitución de 1941:

[…] es un hecho que desde 1903 hasta la fecha la poca inmigración que hemos tenido ha sido casi en su totalidad constituida por razas indeseables que han obligado a nuestras Asambleas Nacionales a sancionar leyes como la Ley 13 de 1926, Ley 16 de 1927 y la Ley 6ª de 1928 donde quedan prohibidas las inmigraciones de chinos, japoneses, sirios, turcos, índico-orientales, indio-arios, dravidianos y negros de las Antillas y de las Guayanas cuyo idioma original no sea el Castellano. […] Pero lo hecho no es suficiente para confrontar en debida forma el vital problema de la protección de nuestra raza indo-española, problema que cada día se hace más arduo y de más difícil solución por la inercia tanto de nuestras autoridades, que en muchas ocasiones han apadrinado secretamente unas veces y abiertamente otras, la entrada al país de razas indeseables, como la ignorancia de nuestro pueblo que aún no ha desarrollado suficiente orgullo nacional para no mezclarse con elementos que la inferiorizan. Por eso vemos con espanto una nube negra de habla inglesa ocupar nuevos barrios de nuestra principal ciudad y extenderse por sus suburbios en Las Sabanas, Pueblo Nuevo, Río Abajo y en cada esquina de nuestras aldeas, pueblos y ciudades una mancha amarilla que ha arrebatado con sus métodos comerciales de cuartillo y su dieta de arroz y “chop suey” los negocios de las manos de los panameños. […] Ya es tiempo de que se tomen medidas drásticas al respecto. Es nuestro criterio profesional que como medida de defensa social con miras al mejoramiento de la raza, hay que hacer un esfuerzo en pro de la eugenesia que por lo arriba expuesto imperativa a nuestra nacionalidad.

Lo cierto es que la Constitución de 1941 fue aprobada por la Asamblea mediante Acto Legislativo de 2 de noviembre de 1940, y sustituyó a la de 1904. Asimismo, mediante plebiscito, convocado por Arnulfo Arias el 15 de diciembre de 1940, el pueblo la aceptó masivamente.

 

Rafael Pérez Jaramillo y Alexis Sánchez, en lo que llaman “avinagrado tema”, entrevistaron a algunos arnulfistas sobre el tema de las razas:

[…] expuestas en un supuesto Boletín donde se hablaba de “tomar medidas” contra “razas” como la china, japonesa, sirias, turcas, índico-oriental, indo-aria, dravidiana y negra de las Antillas y de las Guayanas. Uno de ellos pidió reserva, sustentó que cuando se habla de esto, deliberadamente se omite mencionar que la práctica de prohibir esas razas inició en gobiernos anteriores al de 1931. (Pérez & Sánchez, 2011).

Debemos entender que la acción de Arnulfo Arias Madrid, en lo relativo a las migraciones a suelo panameño, asunto contemplado en el Artículo 23, obedecía a un rosario de disposiciones legales previas a 1941. El artículo reza:

La inmigración de extranjeros será reglamentada por la Ley, de acuerdo con esta Constitución y con los Tratados Públicos. El Estado velará porque inmigren elementos sanos, trabajadores, adaptables a las condiciones de la vida nacional y capaces de contribuir al mejoramiento étnico, económico y demográfico del país. Son de inmigración prohibida: la raza negra cuyo idioma originario no sea el castellano, la raza amarilla y las razas originarias de la India, el Asia Menor y el Norte de África.

Hay que tomar en consideración que, desde la construcción del Ferrocarril de Panamá, en el siglo xix, la repatriación de la mano de obra no fue eficiente en un ciento por ciento; el fracaso de las obras del canal francés dejó muchos inmigrantes de oriente y del Caribe en territorio panameño, compitiendo con los comerciantes locales; los constructores de las obras del canal por parte de los Estados Unidos de América, tanto al inicio como posterior a la finalización del mismo, propiciaron el nacimiento de barrios como El Chorrillo, Calidonia, El Marañón, San Miguel, Malambo y otros en las ciudades de Panamá y Colón, aumentando los problemas habitacionales. De igual forma, entre 1904 y 1953, lograron repatriar, los estadounidenses, 22 901 personas, de las cuales 22 320 fueron antillanos, a decir de George Westerman. Arnulfo Arias no podía escapar, a nuestro parecer, de lo que el legislador venía intentando, desde muy temprana data republicana: proteger económica y socialmente al nacional. En definitiva, como escribe Ramón Mon (1999) sobre la migración china en Panamá: “No sabemos si el pueblo en general era adverso a los chinos, turcos y sirios como grupo étnico, pero era obvio que en la mente de algunos legisladores anidaban groseros prejuicios étnicos”.

La cadena de leyes y decretos discriminantes comienzan en fecha tan temprana como 1904, con la ley 6 de 25 de abril, en la cual se ponen cortapisas a los nacidos en Asia, las Antillas, chinos, mongoles, semíticos turcos y sirios porque “son desde el punto de vista económico y de salubridad pública los más perjudiciales a los países donde inmigran”. Mediante Decreto n°. 42 de 24 de junio de 1909, se estableció, en su artículo único, la suspensión de la “inscripción en las Municipalidades de la República, y el otorgamiento de Cartas de ciudadanía a favor de los chinos, sirios y turcos residentes en el país de que trata la Ley 6a. de 1904”. Igualmente, en 1912, se emitieron una serie de decretos que desarrollan e implementan los actos jurídicos antes mencionados. Igualmente, en 1913 se dicta la Ley 50 de 24 de marzo. Según Amelia de Pérez, Angeli Gandhi y Rosita Shahani (1976) la “[…] Ley 13 de 1926 prohibió expresamente la inmigración de los chinos, japoneses, sirios, turcos, índico-orientales, indo-arios, dravinianos, negros de las Antillas y negros de las Guayanas, aun en el caso de que hubiesen adoptado otras nacionalidades no prohibidas”.

Quizás por presiones comunitarias se dicta la Ley 6 de 1928 que, siguen diciendo las investigadoras citadas, “[…] fue, a nuestro juicio, bastante indulgente con las inmigraciones no prohibidas. No obstante, abrió un poco el compás, al aceptar, al menos un cupo de 10 personas por año para las migraciones prohibidas”. El Decreto n°. 43 del 27 de mayo de 1931, se le consideró como tolerante para los europeos, pero no así para los provenientes de África. Al año siguiente, el 26 de diciembre de 1932, se aprobó una ley que insistía en la prohibición de ingreso al país de chinos, libaneses, palestinos, sirios, turcos y negros, que no tuvieran como idioma materno el castellano. Empero, la Ley 46 del 24 de diciembre de 1934, corrigió la ley anterior e incluyó a los indostanos. Con estos antecedentes, algunos muy próximos y otros lejanos, ¿cómo podría el legislador y el Ejecutivo, encabezado por Arnulfo Arias, no incluir el aspecto de las inmigraciones prohibidas en la Constitución del 41? La respuesta puede estar en su discurso de posesión del cargo de presidente de Panamá, el 1 de octubre de 1940, de donde entresacamos, sin dejar el contexto, las siguientes líneas:

Por extraño que parezca, en nuestro propio suelo y amparado por nuestras propias leyes, el empleado y el obrero panameño sufren una discriminación inicua e infame por parte de ciertas entidades, desmanes éstos que ya es tiempo de corregir […]. […] Para realizar su destino en toda plenitud, Panamá necesita imperativamente mejorar sus actuales condiciones biológicas. […], tendremos que admitir todo, que existe en nuestro país un problema étnico grave, que se inició con la apertura del Canal de Panamá, cuando el Gobierno norteamericano trajo grandes contingentes de elementos de color, extraños a nuestra cultura […]. […] Toda afluencia migratoria, que se dedique exclusiva o principalmente al comercio menor, es un tanto parasitaria y por consiguiente poco beneficiosa a la economía general del organismo que la recibe en su seno. Y esto puede aplicarse también a los comerciantes de otras nacionalidades, radicados en Panamá, quienes, a pesar de la prosperidad lograda entre nosotros, no han mostrado jamás el menor deseo de obtener carta de naturalización panameña, lo que sería un gesto de gratitud y rasgo de genuino reconocimiento.

De todas formas el peso histórico recayó en la figura de Arias Madrid, quien no pudo estar del todo exento, en materia migratoria, como lo revela su discurso del 1° de octubre. Asociado a este mandato de Arnulfo Arias se menciona un incidente en la provincia de Chiriquí, específicamente en Cotito, que alguien llamó, para impresionar a sus jefes, el holocausto de Panamá, regando información tendenciosa contra la imagen del doctor Arias acusándolo de haber perpetrado una masacre de alemanes en las tierras altas chiricanas. Sin embargo, la concienzuda investigación realizada por Carlos Cuestas (1993), que ya hemos citado, reveló cosas muy diferentes acerca de este hecho mal investigado:

Un jefe policial autoritario, una tropa indisciplinada y afecta a los excesos alcohólicos, la intolerancia gubernamental, el fanatismo religioso de los colonos y los rumores, quién sabe cómo iniciados, de que los suizos estaban armados y que eran peligrosos agentes nazis; todo esto determinó fatalmente la mañana del 7 de julio de 1941.

Tal vez parte de la ignorancia histórica estribe en que los eventos se producen cuando Arias estaba en pleno plan de reorganización y profesionalización de la Policía Nacional, debido, en gran parte, a que los Estados Unidos de América ya no eran garantes, vía Constitución, del orden público a solicitud presidencial; asimismo, porque las sectas u otras denominaciones religiosas, para la fecha, no eran bienvistas, por ser el catolicismo la religión oficial del Estado y, sumado a todo lo anterior, el carácter autoritario, intolerante y nacionalista del señor presidente. Pero resulta cierto que, al pretender Arias reelegirse en 1984, puso en aprietos a la cúpula militar, lo que generó la investigación amañada sobre la muerte de judíos alemanes en Chiriquí ordenada por él. Carlos Cuestas deja bien establecido que no se puede precisar la participación de Arias, pero ve como un elemento “integrador de la tragedia”, la actitud del Gobierno, en ese momento “muy poco tolerante” y suficientemente “hostil con quienes se les resistían de alguna manera”.

En el prólogo al libro Cotito, escribí, sobre el particular: Carlos Cuestas logra desentrañar de las fuentes publicadas, inéditas y orales los motivos y los culpables de tan lamentable crimen colectivo; igualmente, relata la irracional conducta del capitán Antonio Huff quien, “más allá del deber”, irrumpió con furia contra los “hospitalarios” colonos suizos-germanos, quienes, dirigidos por Karl Lehner, hombre muy afincado en sus principios religiosos, opusieron resistencia pacífica, tal vez extremando su fanatismo e ideales, provocándose el encuentro entre la insensatez y la intransigencia, con los resultados que describe la obra: doce muertos, de los cuales nueve eran hombres y tres mujeres (ocho suizos y cuatro alemanes). Queda claro que el tal holocausto sucedido en Cotito no fue organizado por Arnulfo Arias. Un evento muy extraño sucedió el día 7 de octubre de 1941. Sin que mediara ninguna explicación, Arnulfo Arias Madrid no apareció por su despacho de la Presidencia. Se dijo que estaba de gira por San Blas y su esposa, que estaba de pesca. Sin embargo, Arias había salido hacia Cuba desde la base aérea estadounidense de France Field, en Colón, para recibir atención médica, aunque se afirmó que el propósito era entrevistarse con una dama local. Con esta información de los servicios secretos estadounidenses, la Asamblea Nacional, el 9 de octubre de 1941, a solo un año y ocho días de estar dirigiendo la República de Panamá, destituye o derroca al doctor Arias. Algunos aseveran que se debió a su carácter autoritario y a su naturaleza impulsiva, otros a causa de su actitud discriminatoria, pero lo que parece ser más acertado fue su rechazo a las pretensiones del país del norte de erigir más de cien sitios de defensa fuera del territorio de la Zona del Canal y otras solicitudes de carácter preventivo por motivos de seguridad del Canal, ya que se estaba en plena Segunda Guerra Mundial. De Los forjadores de nuestra nación (Conte Porras, 1999), rescatamos el siguiente párrafo:

Extendió su nacionalismo a nuestras relaciones con los Estados Unidos quienes, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, querían establecer bases militares en el territorio nacional, fuera de la Zona del Canal, y artillar los barcos bajo bandera panameña. Su resistencia a aceptar estas demandas, si Panamá no era justamente compensado, fue la principal causa de su desplazamiento del poder […].

La sustitución de Arnulfo Arias se fundó en una “interpretación arbitraria” del artículo 116 de la Constitución del 41:

Cuando, por cualquier motivo, las faltas del Presidente no pudieren ser llenadas por los Designados, ejercerá la Presidencia de la República uno de los Ministros de Estado elegido por éstos por mayoría de votos.

Como afirmamos, la interpretación de dicho artículo no permitió que ninguno de los tres designados ocupara la silla presidencial arrebatada a Arias, por lo que José Pezet (primer designado), Ernesto Jaén Guardia (segundo) y Aníbal Ríos (tercero) no fueron llamados, hecho que puso de relieve que todo lo actuado contra el doctor Arias obedecía a una estratagema de algunos de sus allegados y adversarios (incluidos los estadounidenses).

 

Así, por elección de ministro, lo sucede el de Gobierno y Justicia, Ricardo Adolfo de la Guardia quien, casi de inmediato, se ajusta a las exigencias de Estados Unidos. Arnulfo Arias marcha hacia el exilio: primero a Nicaragua, donde el presidente Somoza no le permite una estadía larga por ser “un visitante no grato”. Por gestión del Gobierno de Costa Rica logró dirigirse a México y de allí a Brasil. Finalmente, se refugia en la Argentina, donde permanece hasta 1945. Si con Acción Comunal nace el político que logra grandes transformaciones hasta 1941, de vuelta de su exilio nace el líder, el Fufo, el populista, el hombre, como lo conocieron sus “compañeros de lucha”.

El año de 1945 va a resultar mayúsculo para la historia nacional panameña: el 2 de febrero, mediante Decreto n°. 12, el presidente De la Guardia convocó para el mes de mayo la elección de una Convención Nacional Constituyente; el 15 de junio la Convención Constituyente deroga la Constitución de 1941; y, el mismo día, la Convención elige como presidente provisional de la República a Enrique A. Jiménez; en septiembre el presidente Jiménez dice a un periodista que “nadie impide a panameño alguno retornar a su patria”; el 13 de octubre, Arnulfo Arias, vía Perú, llega al aeropuerto de Albrook Field acompañado de su esposa Ana Matilde Linares de Arias. El Fufo retornaba a Panamá. En definitiva el ambiente debió ser muy pesado para todos los políticos y miembros de los organismos públicos de seguridad del Estado. Grandes masas, para la época, se movilizaron para recibir al Líder quien, en la plaza de Santa Ana, pronunció un discurso nacionalista, apasionado y dejando ver, abiertamente, sus intenciones para los próximos años. Conte Porras recoge este discurso, del que extractamos lo siguiente:

Regreso como manifesté en “la declaración de Lezama” [su Hacienda en Argentina] “sin rencores bastardos” a ocupar mi puesto a la vanguardia, del brazo de los veteranos revolucionarios y de la juventud que anhela también tomar parte de la lucha cívica constante contra fuerzas negativas que pretenden hundir al país, inconscientes de que están cavando también sus propias tumbas y las de los suyos. Vengo sin ambiciones. ¡Ya mi pueblo me lo ha dado todo! Vengo como servidor de este pueblo a ocupar el puesto que me asigne como es mi deber de panameño.

A partir de ese octubre hasta diciembre de 1945, se produjeron una serie de altercados, cruces de palabras, acciones violentas, como el asalto al cuartel de policía de Colón donde se involucraron a Arnulfo Arias y algunos de sus seguidores. Este incidente colonense fue interpretado, históricamente, como un frustrado golpe de Estado, por lo que todos, incluyendo al doctor Arias, fueron apresados y encarcelados. En marzo, mientras se encontraba detenido, se proclama la nueva Constitución de 1946 y se prorroga el mandato temporal de Enrique A. Jiménez. En mayo, todavía preso, se declaró en huelga de hambre y dijo que su huelga era “un acto emocional para las masas”. Y crece su popularidad, contrario a lo que pensaron sus enemigos que sucedería. En agosto de ese mismo año, el Líder, es puesto en libertad tras siete meses y quince días de estar en prisión. Se incuba el populismo de Arias y la próxima elección lo consolida.

Funda, en 1947, una nueva organización política, el Partido Revolucionario Auténtico y participa en los comicios electorales de 1948, enfrentándose a Domingo Díaz Arosemena (Partido Liberal), José Isaac Fábrega (favorecido por los medios de comunicación y de los partidos Renovador y Nacional Revolucionario), Demetrio Augusto Porras y Sergio González Ruiz. La elección se dio el 9 de mayo con desórdenes, robos de urnas, paquetazos, votos sin firmas del jurado, actas alteradas, votos nulos, votantes adicionados, votantes falsos, impugnación de mesas, aparición de grupos paramilitares conocidos como “pie de guerra”, ataques a los centros políticos del PRA, disturbios con propósitos golpistas, todo a favor de Domingo Díaz.

Todo indicaba que Arias había ganado las elecciones; sin embargo, el 31 de julio, el Jurado Nacional de Elecciones dictaminó que Domingo Díaz Arosemena alcanzaba la Presidencia de la República, y fuera de manera fraudulenta o no, las credenciales que lo acreditaban como presidente se le entregaron el 3 de agosto. Arnulfo Arias se estableció en la Zona del Canal, previendo alguna reacción en su contra y de allí partió a Costa Rica y luego a Guatemala. Poco después retornó al istmo, presumiéndose que gestaba una revolución. El 1 de octubre de 1948 Díaz se cruzó la banda presidencial, en medio de un ambiente de hostilidad, de intranquilidad, en una ceremonia deslucida y colmada de protestas por la ilegitimidad de su gobierno. Nueve meses después de tomar posesión, el 28 de julio, Domingo Díaz pidió licencia para separarse del cargo por seis meses. Su salud era tan lamentable que la solicitud fue firmada por su esposa. El médico Daniel Chanis, primer vicepresidente, se ocupó del cargo casi inmediatamente. Leyendo un estudio de Fernando Berguido Guizado (1987), nos enteramos de que el 23 de agosto de 1949, “murió el Presidente Díaz, hecho que convirtió a Chanis en el vigésimo primer Presidente de Panamá. Su paso por la Presidencia, sin embargo, fue breve […]”.

Uno de los eventos que más resaltan del mandato de Chanis fue la destitución del comandante de la Policía Nacional, José Antonio Remón Cantera, despido que nos hace recordar el de Manuel Antonio Noriega por parte del presidente Eric Arturo Delvalle; en ambos casos, los presidentes fueron sacados del poder. Chanis dimitió el 20 de noviembre de 1949. Se nombró en su reemplazo a Roberto Chiari Remón, pero por pocos días, ya que la Corte Suprema de Justicia le comunicó que el presidente Chanis había retirado su renuncia. Sin embargo la presión ejercida en contra de Chanis por parte de los cuarteles se incrementó y de nuevo renunció. Frente a un clima de inestabilidad política y social, Remón y Arnulfo pactan reconocer el triunfo del último.

Jorge Illueca afirma que él previno a Arnulfo contra Remón. Le recordó que Remón “estaba manchado con sangre de la gente del PRA”, que “había sido su carcelero”, que fue el que con las armas rubricó el fraude, que “van a jugar con usted”. Illueca sostiene que Arnulfo sólo se limitó a comentar que: “Yo no le debo nada a mi partido, el destino ha querido que yo suba a la presidencia en hombros de Remón”. En la noche del 24 de noviembre de 1949, la Junta Nacional de Elecciones realizó un nuevo conteo de votos que arrojó como resultado el triunfo de Arnulfo Arias Madrid. Sin embargo, este segundo mandato no excedería los 18 meses. Arnulfo Arias, al momento de ser destituido, contaba 49 años.

De acuerdo con Jorge Conte Porras (1990), esos 18 meses se podrían resumir de la siguiente manera: De noviembre de 1949 a mayo de 1950 Arnulfo vive con el pueblo una euforia nacional. La Asamblea trata de posesionarse políticamente. Remón y Henrique de Obarrio toman control del órgano legislativo. De junio de 1950 a noviembre de ese mismo año Arnulfo siente que pierde poder. El órgano legislativo se crece. Los medios de comunicación lo adversan. Enfrenta a las izquierdas del país. Choca con el Partido Liberal. Pierde el respaldo popular. Le surge la posibilidad de disolver la Asamblea Nacional y la Constitución y promulgar la de 1941, cosa que hace el 7 de mayo, para poder tener control del Legislativo y de la oposición. Pero la presión fue tan extrema que, ese mismo día, mediante decreto volvió a restablecer la de 1946. Fue una acción tardía. De diciembre de 1950 al 25 de mayo de 1951 Arnulfo Arias carece de apoyo de la Asamblea y del órgano judicial y comienza a ser desprestigiado. Al derogar la Constitución de 1946 pierde credibilidad.

La Asamblea decreta su destitución por el delito de extralimitación de funciones constitucionales y a la fuerza es sacado de la Presidencia. Surge el grito de ¡Volveremos! Arias pierde de manera perpetua sus derechos políticos. Hacemos énfasis que lo sucedido a Arnulfo Arias, con respecto a la Asamblea Nacional, fue un acto único: la Asamblea se constituyó en tribunal de justicia. Olmedo Beluche (2012) considera que los eventos acaecidos el 7 de mayo fueron, en realidad, un intento frustrado de golpe de Estado por parte de Arnulfo: emitió un decreto que suspendió la Constitución de 1946 y restableció la de 1941; disolvió la Asamblea; dejó en interinidad a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia; “suspendió las garantías constitucionales”; mandó a arrestar a “prominentes políticos y diputados opositores”. Beluche (ibíd.) nos explica que esta acción tuvo consecuencias:

Un golpe de esa naturaleza no fue recibido de manera impasible: entre el 8 y el 9 de mayo, múltiples sectores profesionales y laborales se declararon en huelga. Paralizaron sus labores educadores, médicos, algunas instituciones públicas, todo el comercio de la avenida Central, las tiendas de abastos, hasta el transporte público se paralizó. La Corte Suprema de Justicia repudió el decreto considerándolo carente de base jurídica, el órgano legislativo se negó a acatar su disolución y declaró al presidente Arias como usurpador. En una inusual declaración la Iglesia católica dispuso “ponerse en pie de guerra” hasta que la Constitución del 46 fuera restituida. El ministro Ricardo Arias E. y el contralor Henrique de Obarrio renunciaron.

Se nombra a Alcibíades Arosemena en reemplazo de Arias. Fue, a decir de muchos testigos de la época, un cuatrienio bochornoso. Arnulfo Arias Madrid es encarcelado en La Modelo y desde allí dio vida al hoy histórico Partido Panameñista. La inscripción se inició el 20 de septiembre de 1951 y se distinguió a Ana Matilde Linares de Arias para que firmara como la primera seguidora inscrita.

 

Enrique de Obaldía (2008) dice sobre la doctrina panameñista:

La doctrina panameñista la definía el doctor Arnulfo Arias en los siguientes términos: “Panameñismo sano, sereno, basado en la investigación y en el estudio de nuestra geografía, nuestra flora, nuestra fauna, nuestra historia y nuestros componentes étnicos. Sólo así, podremos lograr la excelencia de instituciones bien equilibradas y el gobierno perfecto que produzca la mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad y estabilidad social y política”. Esta declaración la podemos estructurar en tres principios básicos: 1. El nacionalismo de Acción Comunal, encaminado a defender, desarrollar y dignificar la nacionalidad panameña. 2. La plena democracia, la efectiva participación del pueblo en el poder público para forjar su destino y desarrollo socioeconómico, y 3. La soberanía nacional bajo el lema: “Panamá para los panameños”, con el objetivo de fortalecer y elevar nuestra imagen como nación soberana e independiente.

Alcibíades Arosemena, presidente de la República, ordenó, a inicios de 1952, su liberación. Pérez Jaramillo y Sánchez (2011) relatan que:

El regocijo popular estalló de sobra evidente. Arias había purgado casi un año en la cárcel y ya afuera, se percata directamente de la situación política que vive el país, abocado a un nuevo proceso electoral, carente de garantías mínimas para correr en buena lid. Por ello  —después de analizar y sopesar los factores en pugna— se dirige a la nación, en un memorable discurso, para anunciar la abstención total del Partido Panameñista en las elecciones de ese año, 1952.

Arias, en ese entonces, acuña la frase “Somos la reserva moral de la patria”, que será empleada en procesos electorales posteriores.

Estando al margen de la actividad política, al menos de manera directa, en su retiro de Boquete, sucede el 2 de enero de 1955 el magnicidio de Remón Cantera y, por supuesto, Arnulfo fue incriminado, pero no por mucho tiempo ya que el vicepresidente José Ramón Guizado y Rubén Miró fueron señalados como culpables. Sobre este suceso en particular, José Vicente Romeu (2000) presenta una gran cantidad de fuentes que no sólo excluyen y exculpan al doctor Arias, sino a Guizado, del asesinato del presidente Remón. En 1955 otro evento nefasto ensombrece la vida de Arias: la pérdida, el 28 de agosto, de su esposa y compañera de lucha Ana Matilde Linares de Arias. El período presidencial de Remón fue terminado por Ricardo Arias Espinosa quien apoyó en la contienda de 1956 a 1960 a Ernesto de la Guardia Jr.; su oponente, Víctor Florencio Goytía no pudo superar a Ernestito, como popularmente se le conoció. Arnulfo Arias seguía restringido en la actividad política, pese a que su partido se hacía cada vez más fuerte.

Para las elecciones de 1960, Ernestito de la Guardia, como devolviendo un favor, apoyó la candidatura de Ricardo Arias Espinosa frente a la de Roberto Francisco Chiari y la de Víctor Florencio Goytía. Chiari, en un casi desconocido clima de paz política, para la época, y con el favor de los panameñistas, ganó las elecciones el 8 de mayo de 1960. La Asamblea Nacional, electa en 1960, con el apoyo del presidente Chiari, rehabilita los derechos políticos conculcados a Arnulfo Arias en 1951. Lo que lo pone en dirección hacia la campaña política de 1964. El ministro de Gobierno y Justicia de Roberto Chiari, Marco Aurelio Robles, fue el candidato oficialista para esas elecciones. Arnulfo Arias encabeza la oposición más fuerte al candidato Robles, pese a que estaban otros en alianzas, como fue el caso de Juan de Arco Galindo. Esto llevó a Chiari y a Bolívar Vallarino, comandante de la Guardia Nacional, a apoyar, decididamente, a Robles.

 

Robles se hace con la Presidencia de la República por un margen dudoso y por segunda vez las malas artes políticas del fraude le arrebatan el triunfo al doctor Arias que contaba ya con 63 años. Robles gobierna en un período lleno de desatinos y corrupción que casi provocan un golpe militar dirigido por Boris Martínez, y aunque la crisis política se agudiza, el golpe no se lleva a cabo. Se acercan las elecciones de 1968. Arnulfo Arias aglutinó una gran alianza opositora que incluyó hasta sus opositores tradicionales. David Samudio, que cuenta con el apoyo de la comandancia de la Guardia Nacional, es el candidato a vencer; la Democracia Cristiana emerge como partido de oposición y el panameñismo y sus aliados se ven como fuerza arrolladora. Arias cuenta con el apoyo masivo del pueblo y no puede perder.

Pese a una gran inversión de recursos públicos, Samudio pierde. Meses antes, Robles había sido enjuiciado y destituido por la Asamblea Nacional, pero por poseer el visto bueno de los cuarteles logró terminar su mandato y Max del Valle, nombrado presidente en sustitución de Robles, no llegó a ocupar la silla. La campaña desarrollada en 1968, según testigos, puede tildarse de negativa y sucia: los medios de comunicación, en especial la radio y los periódicos, se desbocaron en improperios, daños a la vida privada, calumnias, vejaciones e incidentes que terminaron en muerte de activistas políticos.

En su camino al triunfo, Arias deja ver en sus intervenciones de campaña dos facetas de su nuevo discurso: su vena mística, que lo hizo famoso en un sector nacional, al hacer referencia a la historia que se repite en espiral; pero una espiral que se proyectaba hacia el anhelo de mejoramiento, perfección, que se fundía en un punto de unión. Y también su vena civilista al decir que el voto era “más poderoso que las bayonetas y las granadas”. En las elecciones de mayo de 1968, pese a las irregularidades, Arias gana sin ningún tipo de dudas. Luis I. Fitzgerald N. (2007), así lo describe:

 

Los días siguientes al 12 de mayo, cuando el fraude no era posible debido al triunfo arrollador del Dr. Arias, el Comandante de la Guardia Nacional, Bolívar Vallarino, se reunió con el Dr. Arias y acordaron que la Guardia Nacional aceptaría el triunfo del Dr. Arias a cambio de que el presidente no tomara represalias contra la oficialidad de la Guardia Nacional y su Comandante; además, respetaría el escalafón militar del Instituto Armado. El 17 de mayo, mediante un comunicado, la Guardia Nacional se declaró neutral en el proceso electoral y su disposición de aceptar el triunfo del candidato que la Junta Nacional de Escrutinio proclamara como Presidente Electo por el voto popular. Es importante destacar que el Comandante Vallarino tenía vínculos económicos, sociales y políticos con el sector de la oligarquía que apoyaba al Dr. Arnulfo Arias.

Arnulfo Arias es proclamado presidente por tercera vez el 30 de mayo de 1968. Los meses que siguieron, previos a la toma de posesión, fueron de “negociaciones, presiones, renuncias obligadas y nombramientos de seguidores y simpatizantes”. A este respecto, agregamos las observaciones de Samuel Lewis Galindo, testigo de la época, quien acotó que el Dr. Arnulfo Arias “pocos días antes de la toma de posesión escogió directamente a los miembros de la Cámara de Diputados y a los concejales”. Lewis sostiene que el pueblo conoció el resultado de las elecciones, para concejales y otros puestos, a escasas horas de la toma de posesión. Quiere decir que Arias violentó la “legitimidad de las urnas” y decepcionó a “muchos de sus simpatizantes”, que lucharon “porque prevaleciera la verdad del voto”.

El 1 de octubre de 1968, en su toma de posesión, Arnulfo prometió un gobierno donde la voz del pueblo sería escuchada y que se haría su voluntad, así como “un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”; su sueño, de acuerdo con sus palabras, consistía en un Panamá mejor. Lo pactado con Vallarino no es honrado por el doctor Arias: el 8 de octubre, a través del Ministerio de Gobierno y Justicia, da a conocer el movimiento de tres capitanes y el traslado de diez mayores, entre los cuales estaban Florencio “Chito” Flores, Federico “Fred” Boyd, Amado Sanjur, Boris Martínez Salazar, Juan José H. Ramos, Juan B. Bernal, Víctor Mata, Carlos Martínez, Bolívar Rodríguez; al secretario general de la Comandancia, teniente coronel Omar Torrijos Herrera, se le nombró agregado militar ante los gobiernos de El Salvador y Guatemala, además de observador de Panamá ante el Consejo de Defensa Centroamericana (CONDECA). El teniente coronel Luis Carlos Díaz pasó a comandar la Guardia Presidencial. Los cambios militares no se detuvieron: el 10 de octubre se anunció la baja por jubilación del comandante de la Guardia Nacional, Bolívar Vallarino, y de José María Pinilla.

También ese día Arias nombra como comandante en jefe a Bolívar Urrutia y a Aristides Hassán, segundo comandante. Todos estos cambios se realizaron con la intención de lograr la neutralización de los cuarteles. Pero al afectar la jerarquía castrense provocó que los ánimos de los uniformados, encabezados por Boris Martínez y Omar Torrijos Herrera, el 11 de octubre lo derrocaran, obligándolo a refugiarse en la Zona del Canal, de donde salió para su último exilio. Los golpistas intentaron que Raúl Arango Navarro y José Dominador Bazán aceptaran la Presidencia, pero ambos declinaron. Ante la posibilidad de que ningún civil cohonestara el derrocamiento de Arnulfo Arias, los oficiales Boris Martínez y Omar Torrijos, apoyados por jóvenes militares como Ramiro Silvera, Amado Sanjur, Juan B. Bernal, Federico Boyd, Rodrigo García, Roberto Díaz Herrera y los hermanos Araúz, instalaron una Junta Provisional de Gobierno encabezada por José Pinilla y Bolívar Urrutia. Respetando el escalafón de las fuerzas armadas, pese a saber quiénes eran los verdaderos cabecillas, se mantuvo al coronel Aristides Hassán, simbólicamente encargado de la comandancia. A raíz del golpe, se abolieron:

 

[…] la Asamblea Legislativa, los consejos municipales, el Tribunal Electoral, los partidos políticos y todo vestigio de autoridad institucional. Los magistrados de la Corte Suprema fueron obligados a renunciar y fueron reemplazados por otros nombrados por la Junta Provisional de Gobierno. La Constitución fue dejada vigente a excepción de los artículos que tienen que ver con los derechos individuales y la seguridad nacional. (Cardona Mas, 1994).

Al momento del golpe Arias se encontraba en el Teatro Lux. Al enterarse trató de encaminarse a la Presidencia pero no lo logró, por lo que tuvo que transformarse en “huésped de la policía zoneíta, en las oficinas de la estación de Balboa”. Allí se fueron congregando sus allegados y ministros, para luego ser conducidos a un edificio en la calle Ridge en Balboa Heights. Cuenta Rubén Carles G., que se le ofreció que llenara los papeles de asilo en la Zona del Canal, cosa que disgustó a Arias, que siempre consideró la Zona como territorio nacional panameño. Su condición de presidente se mantuvo y no la de asilado. El 12 de octubre Arnulfo lanzó una proclama al país pero resultó del todo infructuosa, debido al control que los militares impusieron a los medios de comunicación. Tampoco le resultó su solicitud de que las autoridades estadounidenses, vía su oficialidad, lograsen que el sentido de “responsabilidad y respeto a la Constitución y a la ley prevaleciera entre los militares gestores del cuartelazo”, porque, las fuerzas armadas fueron “entrenadas, organizadas, armadas y financiadas por el gobierno de EE. UU.”

Luego Arias solicitó armas para que el pueblo panameño defendiera la institucionalidad, pero las autoridades de la Zona del Canal se negaron. En su mente no se contemplaba ningún tipo de intervención militar de Estados Unidos, según sus más allegados. Mientras todo transcurría en la Zona, los golpistas afianzaron su posición en los dos días que siguieron al cuartelazo y la tensión se agravaba lentamente en la Zona del Canal. Arias fue conducido a la residencia de la familia Montaner en La Boca, cerca de las instalaciones de la Compañía Gulf Petroleum. El 13 de octubre, Arnulfo Arias era considerado huésped del gobernador Walter P. Leber. Finalmente, luego de la posibilidad de asilarse en Costa Rica, Francia y España, parte para los Estados Unidos vía Howard Field. Sus seguidores que quedaron en la Zona fueron obligados a abandonarla. Arnulfo se trasladó a Miami desde donde apoyó movimientos guerrilleros, tanto en Chiriquí como en Veraguas y Coclé, intentos todos estériles. Arnulfo Arias Madrid contaba 67 años. Fernando Berguido (1987) opina:

La nota característica de este derrocamiento fue que el orden constitucional fue completamente desconocido; ni siquiera se tomaron los golpistas la molestia de dar una apariencia de legalidad a la sucesión. El golpe castrense forzó la transmisión del poder de un gobierno civil a una junta militar provisional. Con este golpe se marca el inicio de una nueva era en la República de Panamá caracterizada por la acumulación de poder público por los militares en un grado nunca antes visto en Panamá.

Después de este exilio Arias no gobernaría más la República de Panamá, pero si haría un último intento que lo llevaría a experimentar un tercer fraude electoral, luego de una victoria clara. El gobierno de los militares se va consolidando y sus protagonistas van reafirmando su estado de legitimidad. Pese a que el poder real estaba en los cuarteles y no en la Presidencia, de 1968 a 1984, el gobierno de Torrijos y de sus sucesores, nombraron como presidentes de la república a José María Pinilla (1968-1969), Demetrio Basilio Lakas (1969-1978), Aristides Royo S. (1978-1982), Ricardo de la Espriella (1982-1984), Jorge Illueca Sibauste (1984). Panamá negocia con los Estados Unidos de América la devolución del Canal a mano de los panameños. Se firmaron los tratados Torrijos-Carter, ratificados el 23 de octubre de 1977.

Se dictó la Ley 7 del 10 de febrero de 1978 que derogó el Decreto de Gabinete 343 de 31 de octubre de 1969 que restringía el ejercicio de la libertad de expresión. Los Estados Unidos aprobaron los tratados el 18 de abril de 1978. Torrijos, en un discurso nacional, anunció que los exilados podían retornar al país “sin precondiciones” y permitió la creación y participación de los partidos políticos. Arnulfo Arias, el Hombre, el caudillo, el grande, próximo a cumplir 77 años, preparaba maletas para retornar a la patria. El 10 de junio de 1978, en horas de la tarde, llegó al aeropuerto de Paitilla junto con Mireya Moscoso, su esposa desde el año de 1969; de allí se dirigió a un improvisado mitin en el parque de Santa Ana. Pese a sus casi 77 años no tuvo descanso desde su llegada y no disimuló su interés en reanudar la marcha hacia la Presidencia y su ataque frontal contra los personeros de turno: militares y civiles. Su meta a la primera magistratura estaba trazada.

La Alianza Democrática de Oposición (ADO), se comenzó a incubar. En julio de 1979 Arias fue hospitalizado en el Centro Médico de Paitilla y de allí conducido a Houston, Texas, donde se le practicó una operación de corazón. Retornó a Panamá y continuó en la agitación política pero en junio de 1980 sufre una recaída y de nuevo es conducido a los Estados Unidos para someterse a otra intervención quirúrgica. El Hombre no se daba por vencido. Retornó a Panamá y siguió marcando el paso hacia las elecciones de 1984. En 1983, en un tiempo récord, inscribió el Partido Panameñista Auténtico que los panameños recordarán como el de “las culebritas” por llevar el símbolo del signo Acuario en la parte central de la bandera. Ese año, al introducir reformas a la Constitución de 1972 que hacían viable el convocar a elecciones directas el 6 de mayo de 1984, los militares permitirían dieciséis años después del golpe de Estado, votaciones directas. Recordemos que en 1979 se habían dado los primeros pasos para crear un Frente Nacional de Oposición.

Surgió la Alianza Democrática de Oposición (ADO), el primer gran acuerdo para la “democratización de los partidos de oposición”, frente a la Unión Nacional Democrática (UNADE), alianza oficialista y brazo político de los militares. Pese a que la historia nacional solamente menciona las dos grandes alianzas, ADO y UNADE, otros partidos entran en la contienda. Igualmente, era la primera vez que las izquierdas del país presentaban más de un candidato para el solio presidencial. El 6 de mayo de 1984, muy temprano se abrieron las urnas. Se presentaron las alianzas y los candidatos postulados: Arnulfo Arias Madrid, Nicolás Ardito Barletta, Carlos Iván Zúñiga, José Renán Esquivel, Ricardo Barría, Carlos del Cid y Rubén Darío Paredes. Desde un principio se supo que la lucha por el voto estaría concentrada en las dos alianzas más importantes. Y a pesar de contar con un partido muy poderoso, Arnulfo Arias perdería de nuevo por fraude, por tercera vez en su vida, ahora por unos 1713 votos (en junio de 1987, el militar Roberto Díaz Herrera admitiría que el fraude se gestó en su propia residencia).

Gracias a la magia de los cuarteles y en especial por cuenta de los deseos del militar Manuel Antonio Noriega, el vencedor fue Nicolás Ardito Barletta. Carlos Bolívar Pedreschi, analizando el escrutinio de 1984, en una conferencia dictada en el Hotel Ejecutivo el 28 de agosto de 1984, planteaba que con el voto pretendíamos quitarnos de encima el gobierno corrupto y de fuerza de los militares; que la “soberanía residiera en las urnas y no en las armas”; lograr un “gobierno de leyes y no de generales”; darnos un gobierno de “unidad nacional” con visión nacional; un gobierno “realmente civil, realmente eficiente y realmente honesto”.

Pero Arias, pese a su avanzada edad, no desmayó. Pensó que el poder le sería entregado y desde 1984 hasta su partida hacia los Estados Unidos en 1987, no dejó de protestar, de asistir y apoyar todos los eventos tendientes a sacar a los militares de sus torres de poder. Su último pronunciamiento político se produjo el 29 de abril de 1988. El 10 de agosto de 1988, Arnulfo Arias Madrid, a pocos días de cumplir 87 años, muere en la ciudad de Miami, Florida. Arnulfo muere y a pesar de que pueden ser muchos los factores que llevaron a la caída de los militares, consideramos que Arnulfo Arias debe contar como uno de los más importantes. José Salvador Muñoz, considerado por muchos políticos de la época como el “delfín” de Arnulfo Arias, cuenta que:

El 13 de agosto de este año de 1988, me tocó recibir, en nuestro principal aeropuerto internacional, en compañía de amigos y copartidarios, el féretro del Dr. Arnulfo Arias Madrid. Y se inició el cortejo fúnebre hacia nuestra Catedral Metropolitana. Yo sabía que las muestras de dolor serían grandes; pero nunca imaginé que presenciaría lo que ocurrió esa noche. Desde el aeropuerto, una muchedumbre caminó delante de la carroza. A ambos lados de la carretera y calles, en la ruta de la procesión, velas encendidas. En la oscuridad de la noche, no se me ocurre nada que pudiese infundir tanto respeto. Seis horas tomó hacer el recorrido. A las dos de la madrugada entramos a la Catedral. Desde entonces y hasta el momento de la misa, el día 15, no dejó el templo de estar lleno de gente rindiéndole el último tributo a su conductor. Ese 15, el pueblo de Panamá, asistió y participó en las honras funerales. No creo necesario describir las exequias. Pero debo apuntar que es la manifestación más grande de amor por su guía, que pueblo alguno ha ofrecido.

El doctor Arias fue enterrado en el Jardín de Paz. Veintitrés años después, el presidente Ricardo Martinelli ordenó un funeral de Estado, ya que al momento de su entierro en 1988, no se le concedió ese derecho, por su actitud contraria a la dictadura.

 

Arnulfo Arias fue exhumado y conducido a la Catedral Metropolitana de Panamá, donde fue recibido por dos calles de honor: los Bomberos y la Guardia de Honor Presidencial. Los restos permanecieron en capilla ardiente hasta que se movilizaron hacia la provincia de Coclé. La historia nacional no termina de contar todo lo que queda por decir del doctor Arias Madrid, si tomamos en cuenta que su viuda, la expresidenta Mireya Moscoso, afirma tener los diarios, escritos de puño y letra, del doctor Arias. ¿Por qué se va a recordar al doctor Arnulfo Arias Madrid? Como dijo el profesor Sebastián Aguilar, “Arnulfo nació para ganar elecciones, pero no para gobernar”.

Ganó las cinco contiendas electorales en las que participó, pero sólo le reconocieron tres. Fue el único político inscrito en cuatro partidos: Nacional Revolucionario, Revolucionario Auténtico, Panameñista y Panameñista Auténtico. Fue el único político postulado para presidente cinco veces en elecciones directas y, al igual que Belisario Porras, se cruzó tres veces la banda presidencial. Fue el único presidente derrocado tres veces. Fue el político con más situaciones de exilio que cualesquiera otro hasta el presente. Fue el político con más carisma de la historia nacional, querido y odiado. Es recordado por estar en su oficina primero que los demás funcionarios del Estado. Fue el primer político en lanzar una doctrina populista-nacionalista, fundada en la panameñidad. Fue de los primeros en asistir a eventos formales vestido de montuno, haciendo honor al traje típico nacional masculino. En sus tres períodos presidenciales no sumó más de dos años, dos meses y unos cuantos días.

Empero, su primer período presidencial fue muy fecundo: se legisló sobre el patrimonio familiar; se creó la Caja de Seguro Social; se estableció, en materia laboral, un mes de vacaciones pagadas, el pago del preaviso por despido y el pago quincenal para los empleados del Estado; se creó el Banco Agropecuario e Industrial y el Instituto Nacional de Agricultura (INA); se creó el Banco Central y la emisión de moneda nacional; se estableció el voto, en forma limitada, para la mujer; el período presidencial se extendió de cuatro a seis años sin posibilidades de reelección; se reconoció que todos los hijos eran iguales ante la ley; se nacionalizó el comercio al por menor; se estableció el trato de ministro de Estado para los secretarios de Estado; resolvió el problema de límites con Costa Rica que provocó una guerra limítrofe entre dos países que, al día de hoy, son los únicos Estados americanos que no cuentan con ejércitos; creó la primera autoridad electoral a nivel constitucional; vinculó la identidad nacional con el arte, costumbres y cultura popular. Finalmente, no sólo reguló la Asamblea Nacional y la Corte Suprema de Justicia, sino que la dejó consignada en la segunda Constitución Política de la República de Panamá, donde, además, se introdujeron nuevas garantías individuales, protección a la familia, la regulación entre el capital y el trabajo, el amparo de las garantías individuales, la jurisdicción contencioso administrativa, el ayuntamiento provincial, y otras novedades más que permanecen en la actual Constitución.

Se dice que no puede existir arnulfismo sin Arnulfo, pero en todas las elecciones que se efectuaron después de su muerte, el nombre de Arnulfo Arias no dejó de ser un elemento de la política y la campaña de los arnulfistas-panameñistas. Arnulfo sigue vivo en las contiendas electorales y tal parece que continuará un poco más allá de los actuales gobernantes.

 

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