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    Mario Lewis Morgan

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Carlos Endara Andrade

by: Mario Lewis Morgan

Este pionero de la fotografía regional realizó un vasto testimonio de la historia de Panamá de fines del siglo xix y la primera mitad del siglo xx. Con laborioso empeño, Endara retrató lo que veía como una sociedad venturosa, a pesar de sus tensiones e injusticias.

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Llevó a cabo estudios en Bentley College, Waltham, Massachusetts (B. A. Gobierno y Economía), y en la Universidad Santa María la Antigua (licenciado en Derecho y Ciencias Políticas). Es miembro de las juntas directivas de Patronato de Panamá Viejo, Patronato Museo del Canal Interoceánico de Panamá, Museo de Arte Contemporáneo, Fundación Ricardo J. Alfaro, Fundación de Becas de Petroterminal de Panamá. Asimismo es miembro de la Comisión para la restauración de las cinco iglesias del Casco Antiguo y del Colegio de Abogados de Panamá. Es el actual director del suplemento mensual Épocas . Es autor, entre otras obras, de “Las averías comunes en el Derecho Marítimo” y “100 años Panamá, 100 portadas de Épocas: vida y obra de Carlos Endara Andrade (1865-1954)".
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Carlos Endara Andrade nació en la ciudad de Ibarra, capital de la provincia de Imbabura, Ecuador, el 13 de abril de 1865. Hijo de Carlos Manuel Endara López y Leonor Andrade, de prominentes familias imbabureñas.

Su educación primaria la recibió en la escuela de Ibarra. De su padre aprendió lecciones prácticas de agrimensura. Luego fue a la Escuela Politécnica de Quito y posteriormente estudió dibujo y pintura en la Academia de Bellas Artes y en la Escuela de Pintura, ambas dirigidas por el reconocido pintor quiteño Juan Manosalvas.

De sus años en la academia se conservan una docena de dibujos enumerados que demuestran su excepcional dominio de esta técnica, el primero de los cuales está fechado en Quito, el 19 de septiembre de 1882.

Llegó a Panamá el 17 de marzo de 1886, cautivado por los trabajos del Canal francés. El día de su arribo la prensa informaba, entre otras noticias, acerca de la prohibición de las casas de juego en el centro de las poblaciones; la Compañía Universal del Canal publicaba un anuncio para la adquisición pública al mejor postor de quinientos mil pies de pinotea; las importantes casas comerciales Maduro e Hijos, S. B. Delvalle y Samuel Piza & Co. anunciaban sus mercancías; la empresa Duque Hermanos, propietaria de la Lotería de Panamá, ponía en conocimiento de la población que el Sorteo Ordinario no. 50 de la lotería se jugaría el domingo 4 de abril.

Venía a reunirse con su padre, topógrafo de profesión, llegado dos años antes por motivos políticos y empleado en la Compañía Universal del Canal Interoceánico. De su llegada recuerda su esposa, doña Clementina Peñaherrera de Endara:

Llegó a Panamá en Semana de Pascua Florida. Un sol ardiente por fin descansaría. Indicó al que lo conducía la dirección de su padre. Llamó y nadie contestaba. Al fin soñoliento salió un hombre. Los inquilinos no están, ya se fueron. ¿Cómo, a dónde?, preguntó con ansiedad Carlos. No lo sabía, tal vez los hermanos Alfaro le darían la razón, andaba con ellos. Pidió la dirección, no la sabía, pero el cochero se las arregló y dio con la casa. Que decepción tan grande tenía. Aún había que sufrir más. Uno de los señores estaba y le hicieron pasar. Se presentó y dijo: “Soy el hijo de Carlos Manuel Endara que trabaja en la Compañía del Canal Francés”. “Sí, sí, dijo, lo conozco y soy su amigo. Su padre está ausente en Venezuela, fue a ver a su hijo que está enfermo, tuve aviso de que estaba mejor y tal vez no regresaría acá. Él no me había dicho nada de que usted venía. Su carta debe estar en el correo si ha venido”. Fue tan amable el Sr. Alfaro que le acompañó al correo y se interesó por él. Los dos hermanos (Luis Ramón Alfaro, padre del Dr. Ricardo J. Alfaro y Vicente Alfaro) le hospedaron en un cuarto de alquiler que tenían y le proporcionaron inestimables servicios que toda la vida agradeció. Después de mucho esperar recibió la carta de su padre que lamentaba no estar allí. Quedaba, pues, solo en Panamá, en la ciudad que, para poder venir, le había costado tanto sacrificio y trabajos. Pero tenía el consuelo de dos buenos amigos que, de manera providencial los había encontrado en su camino. Repuesto de su salud y cansancio del viaje tan largo y fatigoso ya sólo pensó en conseguir trabajo y enfrentarse a su nueva vida. Le presentaron y recomendaron al jefe de la oficina del Canal Francés, lo admitieron y probaron que podía servirles este joven que les fue simpático a primera vista. Le pusieron a copiar un plano; como él ya tenía algún conocimiento de la materia no le fue difícil lo hizo bien y satisfizo el trabajo, sabía manejar instrumentos y conocía algo de francés.(1)

1. Recuerdos de doña Clementina Peñaherrera de Endara.

Eran los años prósperos del canal francés. El vizconde Ferdinand de Lesseps realizaba su segunda y última visita al Istmo. El 15 de junio de 1886 Endara es contratado como dibujante en la Oficina Técnica del Canal. De esta época recuerda el artista:

Los días de pago nos era preciso un saco para llevar a casa nuestros sueldos. Figúrense que nos pagaban en soles peruanos y en pesos chilenos. Los salarios eran buenos y como usted comprenderá, el bulto que formaban los soles y los pesos era muy grande. (Mundo Gráfico, 1942, pp 10, 11).

 

El cronista de su tiempo:

Una vida dedicada a la fotografía

En la empresa del Canal francés laboró hasta el 28 de febrero de 1889. Con la quiebra de la Compañía Universal del Canal fueron muchos los que abandonaron el Istmo. Era frecuente oír la frase “Panamá se acabó”. Carlos Endara decide quedarse y labora por breve tiempo con F. Blanc, fotógrafo francés, domiciliado frente a la Plaza Catedral y quien nos legara valiosas vistas de los trabajos del canal en sus primeros años y de personajes y familias de la época. La influencia francesa en el Istmo quedó registrada por el lente del joven Endara: casas de estilo parisino como la Folie Dingler, la residencia de Lesseps en Colón, de la familia Zubieta, y los edificios del Hospital Francés para mencionar algunos. Al ausentarse Blanc del país, Endara se va a trabajar con don Epifanio Garay, afamado pintor y retratista, llegado a Panamá en 1870 procedente de Bogotá. Fundan la firma Garay y Endara, situada en la carrera de Córdoba, 12 (hoy Avenida Norte), entre las calles 7 y 8, en un inmueble que pertenecía a la familia de don Manuel José Hurtado, demolido a principios de 1998.

Al juzgar por las fotografías que se conservan fue un estudio con todos los avances de la época y lujosamente decorado. En su cielo raso estaba pintada una hermosa alegoría, obra seguramente de ambos artistas. Si bien la sociedad con Garay fue breve, este ejerció gran influencia en Endara.

El Cronista, periódico fundado por M. R. de La Torre, en su edición de 19 de noviembre de 1889, publicó: “La fotografía conocida en esta ciudad con la razón social de Garay y Endara, en adelante llevará sólo el nombre de Endara, de acuerdo con arreglos definitivos habidos entre los dos”.

Ese año Garay siguió hacia Cartagena de Indias “para pintar del natural un retrato de cuerpo entero del Presidente Núñez por encargo del Banco Nacional de Bogotá. Pero en vez de dos meses de residencia que al principio calculábamos, nuestra familia vivió dos años largos en la ciudad heroica”. (Garay, 1930)

En 1893 Epifanio Garay se trasladó a Bogotá donde murió en 1903. En la década de 1890 Endara se dedicó más a la fotografía, sin abandonar la pintura. De estos años se conservan varios óleos, entre ellos una naturaleza muerta fechada en 1893, una vista de La Marina y un desnudo posiblemente de fines del siglo xix o principios del xx.

En 1893, en la publicación quincenal de política y variedades El Deber (4 de octubre), apareció el siguiente anuncio:

FOTOGRAFÍA ARTÍSTICA C. ENDARA (CARRERA DE CÓRDOBA, 12) SE HACEN RETRATOS FOTOGRÁFICOS DE TODOS TAMAÑOS Y CLASES ILUMINADAS, A LA ACUARELA, ESMALTADOS, FOTOCROMOS, ETC., ETC. TAMBIÉN RETRATOS AL CRAYÓN Y AL ÓLEO EN ELEGANTES MARCOS. SE VENDEN COLECCIONES DE VISTAS DE PANAMÁ, DE COLÓN Y DEL CANAL. SURTIDO COMPLETO DE MOLDURAS ORNAMENTADAS, DE PRECIOSOS ESTILOS, ADECUADAS PARA HACER TODA CLASE DE MARCOS.

El citado anuncio nos da una clara idea de lo avanzado de la “Fotografía Endara”. En 1895, en vista del incremento en el negocio de la fotografía, Carlos envía por su hermano Victoriano, residente en Ibarra, Ecuador:

 

Allá por la Navidad llegó Victoriano a Panamá a reunirse con Carlos, su hermano, cumpliendo así la voluntad de su madre; fue un gran día aquel en que volvía a abrazar a su hermano y saber en detalle de sus hermanas y demás familiares. Fue Carlos como un padre para él, vivían juntos, lo puso en el colegio, estudió comercio, inglés. Concluyendo así el aprendizaje empezado en el Colegio Nacional de Ibarra. Como él, también era aficionado a la fotografía y al arte unidos a sus conocimientos comerciales adquiridos aquí por sus estudios, fácilmente llegó a ser su colaborador principal en el negocio de la fotografía que tenía establecido y más tarde manejando todo con pericia, cumplimiento y honradez. (Recuerdos de doña Clementina)

 

Tres años más tarde, la firma Endara importó las primeras cámaras Kodak a Panamá, tal como se desprende del anuncio publicado en La Estrella de Panamá, edición de 8 de febrero de 1898:

 

FOTOGRAFÍA ARTÍSTICA DE C. ENDARA OFRECE UN VARIADO SURTIDO DE LAS NUEVAS CÁMARAS DE MANO DE EASTMAN KODAK CO., CUYA PERFECCIÓN HACE QUE CUALQUIERA PERSONA PUEDA TOMAR RETRATOS, VISTAS, ETC., Y QUE NO NECESITAN CUARTO OSCURO NI OPERACIÓN FASTIDIOSA.

 

En 1899 don Carlos viaja a París, Francia, para matricularse en la Academia de Bellas Artes con el fin de profundizar sus conocimientos de pintura y fotografía.

En octubre de ese año se inicia la guerra de los Mil Días. Victoriano, ahora al frente del estudio, le escribe el 8 de julio de 1901:

 

[…] te manifestaré que lo que tienes resuelto está muy bien y para conseguirlo cual es necesario no desmayar y tener fe en el éxito, me he contentado mucho que no dejes de estudiar la parte de Fotografía porque al fin y al cabo es lo principal para contar con el éxito. Te remito un retrato que trajo Saens (Contador del vapor “Chile”, amigo de doña Isabel) para que hagas dos retratos a la brocha de aire en blanco y negro; quiere que hagas una cosa buena. El retrato que te mando es reproducción de uno que trajo Saens pero que tiene que llevarse para el Perú a su regreso de Centro América. Así es que por eso no va el original. Los dos retratos traté por $50.oo de los cuales pagó $25.oo. Ordenó poner a uno de ellos un buen marco.

 

Durante su estadía en la capital francesa siempre estuvo pendiente de todas las noticias provenientes de Panamá que su hermano Victoriano le enviaba. El 24 de marzo de 1902 le escribe: “La situación monetaria del gobierno es crítica. El impuesto comercial lo han subido al 30%. El porte de correo y timbres al doble del valor, así pues una carta para el exterior vale 20 centavos.” En agosto de ese año le informa:

 

La situación política insoportable ya, pues no se puede prever un fin próximo. En el correo pasado no pude escribirte porque lo pasé ocupado haciendo un catafalco para un militar; la ganancia mía sacando los gastos fue de unos $100.oo, algo es algo. El acontecimiento de sensación es que mañana debe llegar el cadáver del Sr. José Guillermo Lewis que lo traen de Nueva York en donde murió de resultas de una operación que le hicieron. Por periódicos te habrás informado de los acontecimientos de la política y de la intervención directa de los yanquis. Hasta el otro vapor me despido con un abrazo, tu hermano.

 

Victoriano seguía muy activo en la fotografía. Las vistas del hundimiento de El Lautaro, donde perdió la vida el general Albán; la firma, el 21 de noviembre de 1902, del Tratado del Wisconsin que puso fin a la guerra de los Mil Días y el proceso y fusilamiento de Victoriano Lorenzo, el 15 de mayo de 1903, entre otras históricas gráficas, se deben seguramente a Victoriano. Carlos continuaba en París.

El 3 de noviembre de 1903 se verifica la secesión de Panamá  de Colombia. Victoriano diseña el “primer botón que usaron los  patriotas”. En París, Carlos hacía intentos varios —sin éxito— de comprar el inmueble de la carrera de Córdoba, donde tenía instalado el estudio. Si bien no llegó a un acuerdo con su propietaria, la señora de Hurtado, también residente en la capital francesa, aprovechó para adquirir mobiliario, equipos y materiales para mejorar la galería en Panamá. De fines de 1903 tenemos noticias.

Estuvo muy activo en la fotografía y la pintura. El 1° de diciembre le escribe Victoriano. “Tuve el gusto de leer tu carta del 18 del mes pasado. La intención que tienes de intentar mandar al Salón el cuadro de la Sevillana me parece bien y no sentiría que esto fuera motivo para que demoraras más tu regreso”. En febrero de 1904 obtiene, del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes de París, permiso para fotografiar las galerías de los museos Louvre, Luxemburgo, Versalles y Saint Germain.

 

Visitó museos, galerías de arte, también se interesó y estudió Artes Gráficas e imprenta y muchas cosas más. Visitó algunas ciudades de Francia, París y sus alrededores, que tenían especial encanto para él y siempre lo recordaba, especialmente el valle del Meundon que lo recorrió en compañía de su inteligente amigo Eudófilo Álvarez, gran escritor ecuatoriano muy conocido. En España pintó cuadros con éxito. Se conserva uno que pintó en la misma Alhambra o la Giralda de Sevilla, teniendo por modelo a una gran artista de allí. Se llamaba Anita. Victoriano los conservaba. Como siempre sus obras las vendía u obsequiaba […]. (Recuerdos…).

 

A mediados de 1904, regresa a Panamá. Hizo escala en Guayaquil y Quito. La prensa de Guayaquil informó:

 

De paso para Panamá, lugar de su residencia, ha llegado de Quito al hotel París, el ecuatoriano señor don Carlos Endara, verdadero artista en fotografía, fotograbado y pintura. Ha permanecido en Europa largos períodos, haciendo estudios sobre el arte en general. Fue discípulo aprovechado de la Escuela de Bellas Artes en París. Su deseo es fundar en Quito una sucursal del establecimiento de fotografía y fotograbado que tiene en Panamá y que es el principal de ese género en esa ciudad. Ojalá que se realizaran sus proyectos con lo cual tanto ganaría el refinado gusto quiteño.

 

De su regreso comentó El Heraldo del Istmo, en su edición de 25 de junio de 1904:

 

Procedente de París está próximo a llegar a esta capital Don Carlos Endara, artista bien conocido de nuestro público. El señor Endara ha permanecido algunos años en la capital del mundo civilizado, dedicado con tesón al perfeccionamiento de sus conocimientos sobre pintura, fotografía etc., y a un tiempo ha podido estudiar a fondo el procedimiento del fotograbado en cobre y en zinc. Creemos pues posible que Endara establezca, anexo a su fotografía artística, un buen taller de fotograbado, en cuyo caso podremos ofrecer a nuestros numerosos lectores, mayor número de buenos grabados en cada número, todos ellos de actualidad.

 

De su estadía en París hay un hermoso óleo —tarea de curso, copia de un famoso cuadro— de dos niñas tocando una el tambor y la otra una pandereta. La expresión de las caras, la iluminación, así como el movimiento de manos y piernas revelan su dominio de la composición. De acuerdo con sus hijas Gema y Paulina, este cuadro se lo obsequió el artista a su madre y viajó en todos los medios de transporte entonces conocidos. De París a Panamá en vapor. De aquí a Colombia en barco, de Colombia a Ecuador por tierra (canoa, mula). De Quito a Ibarra en ferrocarril. Cuando falleció su madre, Carlos lo trajo a nuestro país en avión.

 

Regresó a Panamá con el bagaje repleto de sus conocimientos con un gran entusiasmo de poner a su servicio su grano de arena y contribuir a su engrandecimiento. Sus ahorros y créditos fueron invertidos en traer varias y nuevas cosas que acreditarían su fotografía. A su paso por New York tomó vistas de sus adelantos y también invirtió dinero. En fin, trajo muchas cosas que sería largo enumerar… Empezaron a funcionar el taller de tipografía y fotograbado junto a la fotografía C. Endara – Carrera de Córdoba 12. Esta empresa fue vendida después a Don Samuel Ramos. (Recuerdos…).

 

Carlos Endara editó una serie enumerada de cinco postales, basadas en sus propias fotografías, a saber: Lavanderas al aire libre, Ruinas de Panamá La Vieja, Mercado de frutos de los campesinos, Catedral y Parque e iglesia de Santa Ana.

Instalado nuevamente en Panamá, continúa con el registro fotográfico de personajes, familias y sucesos de interés. Colaboró con El Heraldo del Istmo, el cual, publicó en la edición de 30 de agosto de 1905:

 

Los grabados todos que en este número publicamos han sido trabajados por el artista señor don Carlos Endara, de la firma de C. Endara & Co. Artes Gráficas de esta ciudad. Como podrán ver nuestros lectores, son de lo mejor, e implican un progreso para el país. La Dirección del Heraldo del Istmo espera formalizar un arreglo con la casa mencionada, y de conseguirlo, podrá ofrecer constantemente a los numerosos lectores de esta Revista grabados de actualidad.

 

Para ilustrar la edición del 28 de noviembre de 1905, se escogió una hermosa portada, acompañada del siguiente comentario:

 

La portada del presente número, obra artística notable, ha sido trabajada con todo gusto por el señor don Carlos Endara quien ha querido demostrar con ello todas las simpatías que le merece nuestra tierra en la cual radica desde hace largos años.

 

En el número correspondiente al 15 de mayo de 1906, se publicó la aclaración que sigue:

 

A causa de enfermedad que lo obliga a guardar cama, no ha sido posible a nuestro grabador don Carlos Endara terminarnos los grabados que para este número teníamos pedidos. Conste, pues, que esta razón, poderosa al extremo, es la que nos asiste para no publicar el número hoy con más ilustraciones.

 

El artículo “Empresa y Arte”, nos informa:

 

[…] el primer fotograbador en Panamá y aunque era una afición a la que apenas le daba tiempo su prestigioso renombre de fotógrafo, pronto trascendió la noticia de su nueva habilidad hasta Guayaquil donde el diario El Telégrafo le hacía tan ventajosa proposición, que siendo Endara quien debiera señalar las condiciones del trato, prefirió declinar. Se asoció a una empresa tipográfica como conocedor de la tipografía y le dotó de buena maquinaria que él mismo compró en París.

 

Don Carlos tenía varios años de estar enamorado de Clementina Peñaherrera, culta dama ecuatoriana, residente en Ibarra. A través de una extensa correspondencia, Clementina estaba al tanto de lo que sucedía en Panamá. Hay una serie de hechos narrados en estas cartas de gran contenido histórico que son de interés mencionar:

El 12 de mayo de 1912, Clarence A. de Giers, pilotando un monoplano Bleriot surcó nuestro cielo. Era el primer avión que llegaba a Panamá. Sobre este acontecimiento una sobrina de Clementina, quien residía con Endara, le escribe:

 

Querida Clemen: Yo tuve el placer de ver el aeroplano, una mañana antes de las seis, figúrese que todavía ninguno se levantaba todavía. La víspera anunciaron en los periódicos que el aviador norteamericano Mr. Graves (Giers) efectuaría un vuelo sobre la ciudad de Panamá, así es que todos estábamos preparados para madrugar; yo en efecto a eso de las cinco y media, y desperté con el grito de las gentes en la calle “¡el aeroplano! ¡El aeroplano!”. Y qué emocionante sentir el ruido de esa ingeniosa máquina, apenas me asomé al balcón lo vi pasar casi por encima de mi cabeza porque el aeroplano iba a muy poca altura y pasó por encima de nuestra casa e iba con tanta velocidad, que me parecía un sueño haberlo visto —qué admirable es, qué bello, qué poético, me ha dejado una gratísima impresión. Dio vuelta por toda la ciudad, de aquí lo volvimos a ver cuando cruzaba por Peña Prieta, se le veía completamente de perfil y como estaba lejos parecía un cortapelo negro […] En la fotografía se quedó muy dormido Tomás y don Carlos no vieron nada porque pasaron mala noche, habían dejado abierta una de las llaves del agua y se mojó toda la casa y ellos se la pasaron secando y remediando el mal […]

 

En la colección de fotos de Endara hay una de Giers en su avión y varias del aeroplano, seguramente tomadas por don Carlos en los días siguientes. En la misma carta le informa:

 

La política en Panamá está en efervescencia, es una verdadera lucha en la campaña electoral; son candidatos Porras y Díaz. En la fotografía se venden muchos botones de los dos; un día hice escondida de los tíos un alfiler de corbata de Díaz y se lo regalé a un muchacho y al poco rato ya no cabía la fotografía de gentes solicitando de esa clase de alfileres y lo hice de intento para probarles a los tíos que esa clase se vendería más pero ellos no querían y soltaban borrega y ahora ese don Carlos contentísimo apenas se acaban ordena a Pitt que haga más, son chiquititos y lo compran a 0,50 cts. cada uno […]

 

En 1909 Victoriano viajó a Quito e Ibarra, en compañía de su esposa —Virginia Paniza, de distinguida familia panameña de origen cartagenero— y de sus hijas María Inés y Victoria. Nacieron después: Guillermo, Rodolfo, Luis Carlos, Natalia, Claudio, Rafael, Teresa y Jorge. El 18 de agosto de 1909 le escribe a don Carlos desde Quito.

 

[…] el tío por precaución ha escrito que manden ocho indios para que carguen a Virginia en los lugares difíciles del camino, en vista de todo esto espero no habrá ninguna novedad en el viaje […] Te incluyo una postal del Chimborazo que tomé cuando nos dejaron dos horas admirándolo. En ninguna de las postales lo he visto tan detallado y tomado por este lado. El vidrio despulido de la cámara de madera ha llegado roto y, como me olvidé de traer uno de repuesto, mándame por correo a Ibarra, teniendo el cuidado de mandarlo en una caja de placas de 5×7 y esta metida en una caja de las de lata del mismo tamaño y también no olvides de mandar las cuatro esquinas cortadas.

 

En 1909, inició la construcción de un lujoso edificio, sobre un terreno localizado en calle “A” y arrendado a la Compañía del Ferrocarril de Panamá, lote que adquirió unos años más tarde.

El historiador y hombre de letras, Juan Antonio Susto, refiriéndose al inmueble, afirma:

 

Los frisos y los planos fueron confeccionados en París por la firma Poulenc Frères. Puestos de acuerdo con los señores Ernesto Tisdel Lefevre (1876-1922) y Carlos William Müller (1871-1942), sus convecinos, los hermanos Endara convinieron en adoptar un estilo común para los tres edificios que se construyeron simultáneamente. (Susto, 1967).

 

Sobre el nuevo estudio le escriben a Clementina:

 

La nueva que tengo que darle hoy es que Carlos se pasó ya a su nueva casa. Está muy feliz de encontrarse allá, tiene todo muy bien arreglado. Todo lo mejor que tenía la fotografía vieja le han quitado para la otra […] Don Carlos está solo pensando en su casa y suelta unas borregas formidables pero le pasan como un relámpago. El Año Nuevo lo esperaré allá en la azotea que está llena de flores, que allí tomaremos la copa de champaña y después su respectiva cena, helados, té y tantas cosas, está muy entusiasta. Desde el 1ro. de enero quedará abierta la nueva casa, así está ya en los anuncios, pero muchas personas se han anticipado y el domingo tomó algunas fotografías. Yo estuve abajo recibiendo el dinero que se recogió, le dimos a Nanito quien estaba más contento que todos —corrió a revelar las placas— Carlos se reía y le decía que es un novelero… Ud. me contó que festejaban las bodas de plata de las Hermanas de la Caridad, pues sabe que aquí vamos a festejar las bodas de plata de la llegada de Don Calo en Panamá que es en marzo.

 

El 14 de febrero de 1910 le escriben a Clementina:

 

La fotografía vieja ya la entregaron a Garay, pero tuvo don Calo el trabajo de desarmar toda esa parte de la Galería y aquel en donde estaba el automóvil para que nadie pusiera fotografía. Con los materiales que sacaron de allí van hacer unos bodegones para alquilar allá en Barraza. Si Usted hubiera visto cómo quedó la Fotografía, parecía esos bellos maniquíes que llevan puesto todo un lujoso traje y se hallan despojados de todo y no se ve más que la armazón de alambre […]

 

A comienzos de 1910 ya estaba funcionando el nuevo estudio. En la planta baja quedó ubicado el almacén de ventas de equipos fotográficos. En el primer alto se instaló el consulado del Ecuador a cargo de Victoriano. El segundo se acondicionó para residencia de Carlos y familia y se instalaron el taller de enmarcado y ampliaciones. En el tercero se ubicaron el lujoso estudio, el salón de descanso y la oficina de Endara y en una especie de altillo quedó el cuarto oscuro.

Para esta época laboraba en la fotografía, iluminando retratos, Teresa Peñaherrera de Newman. Había estudiado dibujo y pintura en Quito. En este atractivo edificio se instaló el primer ascensor eléctrico en Panamá. Fueron unas largas negociaciones que se iniciaron el 29 de septiembre de 1909, cuando don Carlos le escribe a la Otis Elevator Company de Nueva York explorando la posibilidad de dotar al nuevo establecimiento de un ascensor eléctrico para pasajeros.

“Por felicidad —le informan a Clementina— el ascensor se inaugurará muy pronto pues dio la feliz casualidad que llegó aquí un famoso ingeniero que trabaja en las esclusas del canal y él se ha encargado de instalarlo; yo doy gracias a Dios, porque el Tío Carlos se ha ahorrado semejante trabajo y también porque temía le sucediera una desgracia […].” Tres años más tarde se inauguró el ascensor. Como recuerdo del acontecimiento se colocó una placa en bronce con la siguiente leyenda:

 

Este ascensor, el primero en el Istmo de Panamá, lo inauguraron los ecuatorianos Endara, en su propio edificio el 10 de agosto de 1912. Recuerdo del padrino J. Cueva García, Ministro del Ecuador.

 

Para decorar el estudio y el salón de descanso ubicados en el cuarto nivel, don Carlos pintó al óleo dos grandes telas, un desnudo y un cupido. Del estudio se hace referencia en el Libro Azul, publicado en 1917.

 

Las salas de espera dan acceso al extenso y elevado estudio, el cual es una lección práctica en la distribución de la luz, de modo que se consignan buenos resultados, y su abundante colección para hacer diferentes posiciones y para fondos, llena los más diversos requisitos. Para la gran cámara “Century”, que él usa, tiene varios lentes de la marca Dallmeyer. Una de ellas cuesta por lo menos $400.oo oro. Retratos hechos en este estudio excepcional son obras maestras de la reproducción artística, porque nadie sabe mejor que el señor Endara, cómo evitar este ensimismamiento que es la causa de la perdición de tantos retratos.

 

En la década del 10 se dieron acontecimientos que afortunadamente fueron fotografiados por Endara.

En 1910 se celebraron los primeros carnavales oficiales. Carlos Endara fue, salvo contadas excepciones, el fotógrafo oficial de las fiestas carnestolendas. Por su estudio desfilaron desde Manuelita Vallarino (de Morrice), nuestra primera soberana, hasta las reinas de finales de los años 30.

Don Carlos, además, poseía uno de los pocos automóviles que circulaban por nuestras calles.

 

Les contaré —le escriben a Clementina— que ya está en servicio el automóvil, todos los días hacemos los viajes en él para ir a la casa, almorzar y por la tarde también, algunas veces paseamos por la noche, como es tan chico el automóvil, no cabemos más que dos personas así es que Don Calo primero va a dejarme a mí y después lleva a Nanito. A los muchachos los saca a pasear por turno, una tarde a uno y otra a otro. ¡Ay! Pero Ud. no sabe cuánto ha sudado ese tío Carlitos, él mismo le fabricó una capota de cuero, y para cortarla hizo moldes, después mandó traer la máquina, aquella que Ud. compró y la arregló muy bien para que cosiera semejante grosura, pero mil veces se le arrancaba el hilo y se ponía furioso y regañaba a cualquiera que se encontrara a su lado, por espacio de una semana no se ocupó más que de componer el automóvil y cosía y trabajaba hasta las dos de la mañana; forró de nuevo el asiento y eso es muy difícil porque va acolchonado, pero él lo hizo tan bien que estaba mejor que el extranjero […]

 

En 1912 lo encontramos colaborando con el periódico El Eco Ecuatoriano, editado en Panamá y cuyo administrador fue Rolando Mundo. En la edición de 22 de abril de 1912, se publicó un escrito de Endara sobre la muerte del general Julio Andrade, ocurrida en Quito el 5 de marzo de ese año.

El 1º de octubre de 1912 ascendió a la Presidencia de la República el doctor Belisario Porras. Endara lo acompañaría en todas sus administraciones (1912-1916), (1918-1920) y (1920-1924), dejando un registro fotográfico pormenorizado de sus grandes obras.

Tuvo una destacada participación en la Exposición Nacional de Panamá, creada en virtud de la ley 42, de 13 de diciembre de 1912 y ampliada por la ley 30, de 1914, para conmemorar el 400 aniversario del descubrimiento del mar del Sur por Vasco Núñez de Balboa. Se uniría a esta celebración la apertura del Canal de Panamá.

Mediante el decreto 17, del 11 de marzo de 1914, fue designado miembro vocal de la Junta Directiva de la Exposición Nacional junto a Narciso Garay, Roberto Lewis, Isidoro Hazera y Everardo Velarde.

Dejó una secuencia fotográfica de la construcción de los pabellones y de los productos expuestos. Sobre los palacios de Gobierno y Artes, dice Narciso Garay en el informe que presentó al secretario de Estado en el Despacho de Fomento a la Asamblea: “Habiendo aprobado el Gobierno en todas sus partes nuestro proyecto procedimos sin demora a seleccionar los modelos de muebles que mejor armonizaran con el estilo arquitectónico y ornamental del edificio. El trabajo quedó a cargo de mis honorables colegas, los Vocales Lewis y Endara.”

La prensa de esos días informó:

 

Después de veintiséis días de estancia en la provincia de Bocas del Toro, ha regresado a esta ciudad el señor Alejandro Bermúdez, Director General de la Exposición Nacional, acompañado del señor Carlos Endara, fotógrafo oficial. Dice el señor Bermúdez que trae consigo de 100 a 120 vistas de los principales lugares de esa región, muchas colecciones de plantas gomosas, resinosas y medicinales, maderas de tinte y de construcción de diversas clases, una colección de orquídeas, palmas silvestres, helechos, lirios de pantano, musgos y numerosas creaciones de la selva, pieles de venado, de reptiles y vistas salvajes, dos ídolos de piedra extraídos de la calle de La Zapatilla, donde según la leyenda fueron sepultados muchos objetos antiguos valiosos. Para la exhibición ha traído también el señor Bermúdez una cantidad de armas antiguas.

 

El 5 de mayo de 1914, tuvo lugar la “Explosión del Polvorín” en el que perdieron la vida seis miembros del cuerpo de bomberos, así como particulares que residían cerca del lugar. Don Carlos le relata a Clementina su experiencia del trágico suceso:

 

Ya sabrán ustedes por los periódicos de la catástrofe que hubo en Panamá, a consecuencia de un depósito de dinamita que tenían muy cerca de la ciudad, no se sabe por qué se incendió, cuando vieron aparecer las primeras llamas dieron aviso al cuerpo de bomberos y ellos fueron allí y cuando empezaban ellos a combatir el fuego estalló la explosión. Pero qué cosa más espantosa; figúrese que fue a las 3 de la mañana del día 5 de mayo, todos los habitantes se encontraban durmiendo. ¡Ay! Cuando yo sentí eso, no puedo explicarle la impresión tan extraordinaria que sentí era un estruendo que uno se aturdía, no podía explicarme lo que pasaba, parecía que el mundo entero se hundía, todo el mundo creyó esto, yo estaba bien dormido y soñando en la guerra de los mejicanos porque toda esa noche había leído mucho sobre eso, así cuando desperté, yo decía ¿son los mejicanos? Pero en seguida pensé que se hundía Panamá por causa del Canal y me parecía que ese ruido espantoso era el mar que se precipitaba sobre la ciudad. La puerta de mi cuarto se abrió con tal estrépito como un cañonazo y vi la inmensa claridad, como de relámpagos, pensé que era el último momento […] Las víctimas de esa explosión fueron 6 bomberos, pobrecitos uno de ellos voló por los aires y se encontraban pedazos de su carne por diferentes lugares, en el próximo le enviaré los periódicos.

 

En homenaje a estos héroes Endara diseñó una alegoría en la que aparecen los retratos de los bomberos fallecidos, obra donada al benemérito Cuerpo de Bomberos de Panamá en sus bodas de oro. En la actualidad el cuadro “Explosión del Polvorín” se encuentra en el cuartel Darío Vallarino con sede en el barrio de Carrasquilla.

Desde los años del Canal francés, registró con su cámara las obras que culminaron con el viaje inaugural del vapor Ancón, el 15 de agosto de 1914. Al día siguiente le escriben a Clementina:

 

Ayer se inauguró prácticamente el Canal, oficialmente lo será en marzo de 1915; fui ayer con el tío Carlitos a las esclusas de Pedro Miguel y tomamos muchas vistas; el coronel Goethals que es el “Rey del Canal” invitó al Presidente y a todo el cuerpo diplomático. El primer vapor que atravesó el canal es el vapor Ancón de Nueva York, estaba adornado con todas las banderas de las naciones en el mástil de adelante llevaba la panameña y en el de atrás la americana. Qué contenta estuve de haber presenciado esto, me parecía un sueño; vi cómo vino el vapor en medio de aclamaciones, venía lentamente y cuando estaba cerca de las esclusas se paró y entonces estaban listas unas máquinas eléctricas, los americanos las llaman mulas eléctricas, éstas llevan unos cables y van jalando a remolque al vapor, y mientras enganchaban al vapor esas máquinas; abrieron un desaguadero por debajo de las compuertas, y el agua empezaba a irse rápidamente sin que una se aperciba, solamente se notaba que iba mermando el agua y a la par iba bajando el vapor, hasta que el agua se puso a nivel, entonces abrieron esas inmensas compuertas, con una suavidad. Parece que ellas solitas se abrieran, porque las manejan por debajo con poderosas máquinas eléctricas. Esas enormes puertas de hierro se abren suavemente hasta quedar pegaditas al margen del Canal. Se abren por el medio, una a un lado y otra al otro. Después, cuando ya se alejó el vapor, volvimos a la estación para tomar el tren y regresar a Panamá y empezó a llover mucho, y me olvidaba contarle, que el tío Carlitos llevó una cámara muy pesada y una maleta grande con placas y otra cámara más pequeña y cuando estábamos viendo pasar el vapor yo tenía que andar detrás de don Calo con todas las maletas que pesaban un mundo, y con todas esas maletas íbamos en el tren.

 

En carta enviada a Clementina el 4 de septiembre de 1914 y que lleva la firma de Tequito le comentan de los efectos de la Primera Guerra Mundial en nuestro país:

 

La Guerra Europea está poniendo en apuros a todo el mundo, todas las cosas están cambiando. Pues ya verá que en Panamá, también se deja sentir sus efectos, casi todos los comestibles han subido de precios, ya no circula el dinero como antes pues hasta el Canal ya está terminado, ya no hay el oro americano que con tanta facilidad circulaba aquí. Por esto el Gobierno de Panamá ha tomado medidas… ha suspendido temporalmente la Exposición y por consiguiente la Junta Directiva, todos renunciaron ya y don Carlos fue el primero; pero sin embargo de haber renunciado ya a su cargo el Presidente (Porras) le pidió a don Carlos de cumplir con la comisión que antes le habían hecho, de su gira por el interior de la República y el Gobierno le ha pagado todos los gastos de viaje y además su respectivo sueldo hasta que termine la excursión. Después todo quedará terminado y Don Calito volverá a sus antiguas tareas en la fotografía. […] lo único que extrañaré aquí [Tequito se refiere a Panamá] es la fotografía, es muy linda la casa y tan cómodo el ascensor, quisiera esta casa ponerla en Quito.

 

Carlos y Clementina se casaron civil y eclesiásticamente el 20 de mayo de 1915, representado Carlos por el doctor Víctor Manuel Peñaherrera, tío de la novia e insigne jurisconsulto y hombre público.

A los pocos días Clementina viaja a Panamá a encontrarse con su esposo. De su llegada a Panamá recuerda Clementina:

 

La mañana del día 6 de junio de 1915, día domingo, estaba espléndida. Se despidió del capitán, acompañada de Román Checa, bajó las escaleras del vaporcito que conducía los pasajeros al muelle. Allí estaba Carlos y la saludaba con el pañuelo. Se despidió de su compañero de viaje agradeciéndoles sus finezas y servicios, ofreciéndoles volver a saludarles antes de seguir viaje. Ya Carlos se dirigía hacia donde estaba Clementina y allí solos se abrazaron y besaron con toda el alma y lució la felicidad con todos sus fulgores. La emoción no les permitía hablar, sólo se dijeron sus nombres. Teresa fue la segunda en abrazarla; estaba tan feliz. Después abrazó a los demás familiares que la saludaban cariñosos. Los chicos habían crecido y aumentado en número.

Virginia y Victoriano estaban felices rodeados de sus hijos. Partieron todos a la Fotografía, allí nos esperaba la demás familia. Qué linda le parecía la casa que había hecho Carlos, por todas partes distinción y arte. Había fotografías lindas, toda la sociedad de Panamá está allí para verles pasar, cuadritos, óleos, estatuas, en fin era un primor la escalera, subimos en el elevador que parecía de oro, muy limpio, otro esfuerzo de Carlos, pues él solo lo había instalado, el ingeniero lo vio después si estaba bien. Subía con él, su esposo adorado. Cuántas cosas había hecho en su ausencia, le parecía un sueño tanta felicidad. La salita estaba arreglada con primor; él la había arreglado, plantas vivas, toquillas, helechos, violetas, la plantita que ella le dejó chica había crecido, tenía flores. El desnudo que había hecho, “El Eco”, una mujer oyendo el eco de una llamada distante pero que repercute en su corazón. Tomaron la copa de champagne por su felicidad. Luego le prendió en el pecho un hermoso prendedor con una bella perla rematando una herradura de brillantes cruzada por una rama de laurel, era significativa, valiosa… luego le puso los aretes que hacían juego con el prendedor; fue al tocador para verse en el espejo. Qué linda estaba la alcoba.

Sobre el espejo había un ramillete de pájaros disecados traídos de las selvas que él había visitado, variedad de bellísimas flores vivas que habían sido muertas en obsequio de un amor. Un hermoso quetzal sostenía al grupo de pájaros de brillante color. Le parecía tan interesante este ramillete de flores, tan exótico, tan genial como el alma de su adorado artista. Teresa había adornado la alcoba, un primor de lilas y encajes blancos, colgando en el estante la clásica Kimona Oriental de rosados crisantemos sobre fondo blanco. Abrió Carlos la puerta del escritorio y sacó un álbum cuya primera página él la había escrito, quería anotara allí los momentos más felices que el porvenir les depare. Terminó aquel inolvidable día en casa de Victoriano que estaba de fiesta, ricas viandas, langosta, el plato predilecto de Carlos, la sopa borracha y lindos regalos entre muchas flores. (Recuerdos…).

 

De esta unión nacieron Paulina y Gema. Paulina heredó las dotes artísticas de su padre. Estudió arte en el Ecuador y se desempeñó como profesora de arte en Panamá. Gema Endara de Quintero se dedicó a las letras y a la enseñanza. Fue profesora de Español en el Instituto Nacional, Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena y en el Instituto Bolívar. Contrajo matrimonio con Eulogio Quintero, destacado educador, que fue director por muchos años del Colegio José Dolores Moscote. Gema fue autora de Lecciones de Español, texto para el primer año de secundaria y que vio varias ediciones. Sus versos “Romancero de los meses del año” son considerados positivamente dentro de las letras del Istmo.

 

Estos primeros años fueron muy felices. La fotografía manejada por los dos hermanos Endara tenía renombre dentro y fuera del país. Aun pecuniariamente les iba bien. Habían comprado la finca de Río Abajo. Carlos estaba novelero, instalándola, sembrándola, tenía tantos proyectos. Gozaba de buena salud y se sentía feliz. Los hijos de Victoriano ya eran diez y tres de Carlos, había pues muchos muchachos que jugaban y alegraban la finca con sus risas y juegos. (Recuerdos…).

 

En marzo de 1922, Carlos, su esposa Clementina y sus hijas, Paulina y Gema, viajan a Ibarra llevando a Raquel Peñaherrera, hermana de Clementina, quien se encontraba delicada de salud. “La navegación, el paso de los Andes y la altura de Quito agravó malamente a Raquel que, a pesar de los esfuerzos de los médicos y la familia, no pudo llegar a Ibarra como deseaba donde su madre la esperaba; falleció en Quito a los pocos días de haber llegado.” Carlos regresa a Panamá y su familia permanece por un tiempo en Ibarra.

En octubre de 1922 don Carlos les escribe: “En estos días estoy muy ocupado pues tengo que pintar unos retratos para la Presidencia, además no faltan otros trabajos que me quitan todo el tiempo”.

Endara seguía documentando con su cámara las grandes obras del presidente Porras: los Archivos Nacionales, el ferrocarril de Chiriquí, el monumento a Vasco Núñez de Balboa, el monumento a los franceses zapadores del Canal de Panamá; del mismo dejó un álbum sobre la historia gráfica de la obra, partiendo de la colocación de la primera piedra por el general C. M. Mangin, el 13 de julio de 1921, su inauguración el 4 de diciembre de 1923 y detalles del monumento, incluyendo las diez placas grabadas en mármol que narran la historia del Canal de Panamá, escrita por el doctor Octavio Méndez Pereira.

También dejó una secuencia gráfica de la construcción e inauguración, el 1º de septiembre de 1924, de los edificios del Hospital Santo Tomás. En su estudio lo ayudaba su hija Nydia, quien llegó a destacarse como fotógrafa. Endara incursionó en el teatro como decorador y director. En la revista Alma Panameña, bajo la dirección de la poetisa y educadora Nicole Garay, aparece publicada en diciembre de 1927 una fotografía de la obra “Fantasía Morisca”, estrenada el 30 de noviembre de ese año en el Teatro Nacional. Hay informes en cuanto a que la obra la dirigió y arregló Endara. Durante la administración del presidente Rodolfo Chiari, Endara documentó la construcción de las carreteras nacionales; el registro abarcó cada tramo de la vía, puentes y equipos utilizados.

El gobierno de Chiari coincidió con la celebración del centenario del Congreso Bolivariano de 1826; como recuerdo del mismo, Endara dejó un álbum con doce fotografías de los diferentes actos que se llevaron a cabo: la inauguración del monumento al Libertador Simón Bolívar; la colocación de la primera piedra de la Casa del Maestro (nunca se construyó); visita a las ruinas de Panamá la Vieja, y las conferencias celebradas en el Instituto Nacional y en el Salón Bolívar. El 9 de enero de 1928 arribó a Panamá a bordo del Espíritu de San Luis, Charles A. Lindbergh, héroe de la aviación, quien cruzó por primera vez el Atlántico (Nueva York – París).

Endara fotografió la llegada y estadía del ilustre huésped. El 18 de julio de 1929, con ocasión de la llegada del tren a Ibarra, Ecuador, tuvo lugar la Exposición Interprovincial de Letras, Bellas Artes, Agricultura e Industrias, promovida y organizada por la Junta Provincial Imbabureña del ferrocarril Quito-Ibarra-Esmeraldas.

En una postal con el sello de “Foto H. E. Madera”, puesta en circulación para conmemorar el acontecimiento, se observan el desnudo al óleo El Eco y varias fotografías de Carlos Endara, quien recibió durante este certamen una medalla de oro. Ese año otro acontecimiento de relevancia se celebró en Sevilla, España: la Exposición iberoamericana.

El comité que organizó la participación de la República de Panamá preparó un excelente folleto editado en inglés y español en Hamburgo, Alemania, por la casa Kieh & Biermann. La redacción estuvo a cargo del recordado periodista Guillermo Colunje Vallarino (Lino Tipo), hijo del doctor Gil Colunje, célebre jurisconsulto panameño del siglo xix, ministro de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos de Colombia, rector del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y presidente del Estado Soberano de Panamá, y la parte fotográfica se debió a don Carlos Endara. Además de contar con abundante material informativo sobre Panamá, contiene una colección de 85 fotografías de edificios, residencias, parques, monumentos y atracciones turísticas.

Es importante destacar la vista panorámica de la ciudad de Panamá tomada desde el cerro Ancón y que abarca desde la isla de Perico hasta Punta Paitilla. De la publicación dice el historiador Juan Antonio Susto: “Nos consta la gran acogida que tuvo entre los visitantes de la instalación de Panamá, el folleto citado, el cual nos tocó repartir en todo el tiempo que duró el certamen.

Lo que atrajo enormemente la atención del público fueron las fotografías, en gran tamaño, con motivos netamente panameños, hechos por don Carlos Endara”. Del informe que don Enrique Linares, jefe de la delegación de Panamá a las Exposiciones de Sevilla y Barcelona, presentó a la Secretaría de Relaciones Exteriores el 28 de agosto de 1929, tomamos lo siguiente: “De los trabajos enviados por particulares, además del escudo de los hermanos Noriega, merecen especial mención las artísticas fotografías elaboradas por el estudio fotográfico del Maestro Endara […].” De acuerdo con el informe enviado por Juan Antonio Susto, delegado general de la República de Panamá, a la Secretaría de Agricultura y Obras Públicas, Carlos Endara obtuvo medalla de oro y diploma por sus ampliaciones fotográficas.

Llegada la década de los treinta Panamá no escapó a los devastadores efectos de la gran depresión. A comienzos de 1930 Carlos resolvió enviar a su familia a Ibarra, donde sus hijas continuarían sus estudios, y luego lo harían en Quito.

Paulina tenía catorce años y Gema diez. “Se matricularon ambas en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús regentado por las madres bethlemitas, en el antiguo colegio de la plaza de San Francisco; diez cuadras tenían que caminar cuatro veces al día ida y vuelta y más cuando iban a comulgar pues no había transporte ni público ni privado entonces”, recuerda Clementina. “La crisis mundial que afecta a Panamá se acentúa de manera alarmante, todos los negocios están casi paralizados…”, le escribió a Clementina el 13 de febrero de 1930.

En agosto 27 de ese año le informa: “Ha coincidido con tu viaje una depresión muy grave en los negocios en Panamá, hay una crisis económica alarmante, la está sintiendo todo el mundo, en la casa casi no tenemos trabajo productivo.” En 1932 don Carlos inició trabajos de reparación en su residencia y estudio fotográfico. El 9 de mayo le escribe a Clementina: “La obra de las reparaciones de la casa es una cosa muy complicada y esta avanza pero con muchas dificultades; han principiado las lluvias […]”. El 13 de junio le dice: “Sigo con los trabajos de la casa, cada día se complican más; requieren toda mi atención y trabajo pero, en fin, van avanzando y tengo toda las esperanzas de que llegue a concluirlos como deseo […]”.

La crisis económica se prolongó por varios años. El 26 de octubre de 1932 le escribe a Clementina: “Acá estamos pasando una época de lo más precaria e incierta. La crisis económica se acentúa día a día y estamos sospechando llegue un momento verdaderamente angustioso”.

El 12 de diciembre le informa: “La depresión económica sigue en aumento, no hay trabajo, a dónde llegaremos, no se sabe”. Febrero 23 de 1933:

 

Aquí las cosas no han cambiado y, lo que es peor, han empeorado, tantos sacrificios que ha costado la reforma de la casa, yo creo que va ser difícil alquilarla, la señora Lefevre tampoco ha podido alquilar la suya. Aún no he terminado tanto detalle pequeño y me angustia porque me está faltando con qué terminar.

 

Mayo 7 de 1934:

 

He pasado estos días muy atareado, terminando un cuadro para los Bomberos que le había ofrecido […] El Dr. Guaña, que tenía alquilado un piso de la casa, se fue para el Perú y los alemanes, que tienen el otro piso, también lo van a dejar, así pues el problema todavía por resolverse. La situación en Panamá empeora y todo se hace difícil.

 

En 1934 viaja a Quito. Su familia se encontraba en Ibarra donde sus hijas continuaban sus estudios, Paulina en la Escuela de Bellas Artes y Gema en el Colegio 24 de Mayo. Carlos Endara regresa a Panamá y debido a la situación económica reinante, la familia permanece en Ecuador.

El 2 de septiembre de 1934 le escribe a Clementina:

 

Ayer estuve con Marianito Peñaherrera para que conociera la casita y le gustó mucho, también estuvo a verlo el artista Mideros (famoso pintor ecuatoriano) y volví a hablarle de Paulina, me dijo que desde el 15 del mes próximo quedan abiertas las matrículas, así pues cuando vengas tienes suficiente tiempo, Marianito se ofreció mucho si necesitas su ayuda.

 

A fines de la década de los 30 la crisis económica por fin comienza a ceder y Endara planea viajar a Nueva York en compañía de su hija Nydia:

 

Estoy pensando si puedo hacer un pequeño viaje a Nueva York para visitar la Feria Mundial, estoy viendo cómo conseguir un pasaje que no sea muy caro. La Casa Kodak de Rochester está experimentando un procedimiento de fotografía en colores y yo puedo tener la oportunidad de poder ponerme al corriente de algo nuevo, si puede facilitarse este viaje te comunicaré.

 

Y en efecto, el 12 de junio de 1939 arriban a Nueva York.

 

La Exposición o Feria Mundial es algo digno de visitarse, estupendamente grandiosa y muy bien organizada. Estoy informándome de todo lo que se refiere a la cultura artística en este país, he visitado varios museos y colecciones […] El arte de la pintura ha progresado mucho. Hasta hoy en los pabellones que he visitado en la feria en el de Rusia es donde he visto las mejores obras de su cultura artística, en muchos figuran manifestaciones de arte que han dado en llamarse de vanguardia, para mí no tienen valor, son manifestaciones en decadencia.

 

Visitaron Rochester donde estuvieron muy bien atendidos por la Eastman Kodak. También fueron huéspedes distinguidos de la empresa de los ascensores Otis, compañías ambas con las que Carlos mantenía desde hacía años estrechos vínculos. Luego de conocer varias ciudades de los Estados Unidos, regresan a Panamá el 21 de agosto, pocos días antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

El 22 de diciembre de 1941, Endara le describe a Clementina la situación reinante:

 

Como puedes imaginarte los primeros días de la entrada en la Guerra cundió la alarma y se proyectaron muchas medidas de emergencia; la nerviosidad va pasando y la gente se va acostumbrando a los oscurecimientos (blackouts) que todas las noches se hacen para cuando los bombarderos japoneses vengan. Según ha informado el jefe militar de la Zona no hay peligro, la vigilancia militar está muy bien organizada.

 

En abril de 1942 le cuenta: “Aquí el estado de emergencia ha traído gran movimiento de trabajo con motivo de las obras de defensa que se realizan […] yo tengo confianza de que las naciones democráticas acabarán con los opresores”.

 

El editor gráfico

El aporte de Carlos Endara a la bibliografía nacional es invaluable. Sus fotografías e ilustraciones enaltecieron importantes libros, revistas, boletines, anuarios escolares y periódicos del país. Además de su participación en El Heraldo del Istmo colaboró con otros medios impresos:

Para conmemorar la inauguración del Canal de Panamá y la apertura de la Exposición Nacional, la empresa del Diario de Panamá, editó, bajo la dirección de Juan Demóstenes Arosemena, Panamá en 1915, documento gráfico de la vida nacional de aquellos años. Además de los excelentes artículos, cuenta con una rica colección de fotografías, un gran número debidas al lente de Endara, destacándose la galería de señoras y señoritas de la capital y de provincias, las reinas de nuestros primeros carnavales, edificios públicos y las más importantes casas comerciales de la época.

La empresa Bureau de Publicidad de la América Latina, publicó en 1917, el ya mencionado Libro Azul de Panamá 1916-1917, editado por William T. Scoullar. De acuerdo con su autor, el propósito de la obra era “dar a conocer a Panamá en el extranjero”. Gran parte de su material fotográfico pertenece a la colección Endara.

En 1919, con motivo del cuarto centenario de la fundación de Panamá la Vieja, el insigne historiador panameño, don Juan B. Sosa, publicó Panamá La Vieja, 1519-1919, de obligatoria consulta para los interesados en la historia patria. Se deben a Endara el dibujo de la portada así como las 35 o más vistas que ilustran el libro.

El ejemplar que el autor obsequió al fotógrafo lleva la siguiente dedicatoria: “Al Sr. Carlos Endara, compañero de excusión y colaborador artístico de esta obra, como un recuerdo de los fructíferos y amenos días pasados en el solar de la vieja Panamá, en intensa y patriótica labor de espíritu. Pmá., agosto 15/1919”. En el libro Impresiones de Viaje, de Juana Raquel Oller, publicado en 1919, encontramos una buena selección de sus fotografías.

En la obra Nicole Garay – Versos y Prosas 1873-1928, tributo de Narciso Garay a la memoria de su hermana, la consagrada poetisa y educadora, hay cuatro fotografías de Carlos Endara fechadas en 1888: la familia Garay-Díaz, la poetisa con su amiga Mercedes Aycardi y un hermoso grupo compuesto por las señoritas Garay, Aycardi, Teodolinda Boyd, Raquel Arango y Dolores Arosemena Leconte. Estas fotografías son algunas de las primeras que se conocen de Endara. Lady Matilde de Obarrio de Mallet, en su libro Bosquejo de la vida colonial, en carta enviada a Juan Antonio Susto le informa: “Todas las fotografías fueron tomadas en mi propia casa por el señor Endara, arreglando los objetos de mi madre, a la usanza antigua”.

De Endara encontramos importante material gráfico en la obra El Instituto Nacional en sus bodas de plata, de Clara González de Behringer y editado por Ricardo Zozaya. Este valioso documento sobre la historia del plantel fue impreso en los talleres de The Star & Herald Co. en julio de 1934. Colaborador importante de la Revista Lotería. “Nos tocó —dice Juan Antonio Susto—, colaborar con don Carlos en la escogencia de las fotografías que aparecieron en la revista Lotería de 1944 a 1953 y en la revista Épocas, de don Samuel Lewis, de 1946 a 1953”.

En 1946, la revista Épocas, fundada y dirigida por Samuel Lewis Arango, adquirió parte de los valiosos archivos fotográficos de Carlos Endara. Desde su aparición en agosto de 1946, hasta su última edición en julio de 1954, las fotografías de Endara fueron el deleite de sus lectores. En la edición no. 2, de septiembre de 1946, hay una fotografía en la que aparece Endara entregando parte de su archivo al personal de Épocas.

En el diario El País, en la revista Panama Mirror y en el semanario Estampas, fundados también por Samuel Lewis Arango, encontramos abundante material fotográfico de Endara. La gran mayoría de las fotografías de archivo reproducidas en el suplemento Épocas, Segunda Era se deben igualmente a Endara, así como un número importante de las que ilustraban la página dominical “Raíces”, del diario La Prensa, que escribía Harry Castro Stanziola, con fotos de la colección de Ricardo López Arias. Y aún queda mucho material gráfico del maestro Endara por inventariar.

 

El pintor

A fines de la década del treinta y principios del cuarenta, encontramos a un Endara más activo en la pintura. Sus retratos al óleo ya eran conocidos y admirados:

 

De la galería que adorna el Salón de la Presidencia de la República se deben al pincel de Endara los siguientes: general José María Campo Serrano, gobernador 1900; general Carlos Albán, jefe Civil y Militar 1900-1902; don Aristides Arjona, secretario de Gobierno 1902; general Víctor M. Salazar, jefe Civil y Militar 1902-1903; don José Domingo de Obaldía, gobernador, 1903; y los de los cuatro caballeros que en 1903 fueron miembros de la Junta de Gobierno de la República de Panamá, a saber: don Federico Boyd, don José Agustín Arango, don Tomás Arias y don Manuel Espinosa Batista. (Castillero R., s.f.).

 

En la Exposición de Arte de 1938, la Universidad de Panamá le otorgó Mención Honorífica por su retrato al óleo del doctor Alfred Herrick. El diploma lleva la firma de Octavio Méndez Pereira. En 1940 pintó una serie de retratos de personajes ilustres. El 31 de enero, el Liceo de Señoritas rindió homenaje a la memoria del expresidente doctor Juan Demóstenes Arosemena, fundador del plantel. Se develó un retrato al óleo ejecutado por don Carlos y obsequiado a la institución por su personal docente, administrativo y educando. En junio regaló al Ecuador el retrato de su maestro Juan Manosalvas. En carta dirigida al ministro de Educación, doctor J. M. Estrada Coello, le dice, entre otras, lo siguiente:

 

En el Ecuador adquirí mis primeros conocimientos de pintura, a la sombra y protección del ilustre maestro, D. Juan Manosalvas. Su memoria ha vivido cariñosamente en el calor de mi corazón, no sólo en forma individualista y personal, sino y principalmente como la encarnación del Arte Ecuatoriano de su siglo, pues lo considero como una de las supremas expresiones de la emoción del alma ecuatoriana de la última parte del siglo xix […] Pongo pues en sus manos esta modesta obra. Ud. ha de decidir dónde ha de conservarse, no tanto por ser obra mía, sino como inspiración y un tributo. Inspiración para la juventud y para las generaciones que han de sucedernos, tributo al genio modesto que honra la nación ecuatoriana.

 

El doctor Estrada Coello agradeció el donativo mediante carta fechada el 7 de junio de 1940: “Su contribución  —que la consideramos bajo todo punto valiosa— está demostrando, con sobra de razón, su cariño entrañable a las glorias del arte nacional y también su patriotismo, mantenido latente a pesar de los largos años de ausencia de la tierra que le vio nacer”.

El arquitecto Alfonso Ortiz Crespo, subdirector de Centros Culturales de Quito y director de Patrimonio Cultural del Municipio de Quito, Ecuador, consultor de la UNESCO y quien ha dictado importantes conferencias en Panamá, localizó el retrato de Manosalvas y envió una fotografía del mismo. En junio de 1940 obsequió a la Biblioteca de la Universidad de Panamá un retrato al óleo de Juan Montalvo (1833-1889), destacado escritor y político ecuatoriano, a quien se deben importantes obras como Las Catilinarias, escrita y publicada en Panamá cuando estuvo aquí refugiado.

El 11 de julio de 1941 le escribe a Clementina:

 

Te incluyo unos recortes de periódicos, estos te informarán el resultado que ha tenido el que yo haya pintado un retrato del presidente Roosevelt como un homenaje a este gran hombre y lo he ofrecido a la YMCA de Balboa donde fue todo un acontecimiento el 4 de julio.

 

Tres años después la esposa del presidente estadounidense, visitó el Istmo y con ese motivo le escribe Carlos a Clementina el 31 de marzo de 1944:

 

Durante la visita de tres días que la señora Eleanor Roosevelt hizo a la Zona del Canal y Panamá, tuvo lugar una recepción en el Club U.S.O. de Balboa a la que yo fui invitado, allí fui presentado a tan distinguida señora, felizmente la señora habla francés y pude conversar con ella, tuvo unas palabras de elogio por mi cuadro que había pintado para el club, hizo que tomaran la fotografía para llevarse el recuerdo del retrato y el artista que lo había pintado.

 

El 28 de noviembre de 1942, en el Aula Máxima de la Escuela Profesional, fue colocado un cuadro al óleo del doctor Belisario Porras. Refiriéndose a esta pintura, el 2 de diciembre de ese año le escribe a Clementina:

 

Como te informarás por adjuntos recortes el 28 se develó el retrato que pinté del Dr. Porras, este acto fue muy emocionante al descubrirse a los acordes del Himno Nacional quedó bien lucido y la concurrencia al ponerse de pie acogió con un aplauso general, la velada fue muy interesante y muchas personas me felicitaron particularmente con cálidas frases, en resumen la obra ha gustado. Por ordinario te envío unos periódicos, en uno de ellos está el discurso de uno de los oradores y en el otro Mundo Gráfico contiene la fotografía del retrato.(2)

2. El óleo se conserva hoy en la Presidencia de la República. En el taller de restauración del Instituto Nacional de Cultura, localizado en el edificio del Museo de Ciencias, pude ver en el mes de octubre de 1993, en deplorables condiciones, tres óleos de Endara: José Agustín Arango, Nicanor de Obarrio y Federico Boyd, pertenecientes a la Casa del Soldado de la Independencia.

Otros retratos de los que tenemos noticia son: arzobispo Juan José Máiztegui, Libertador Simón Bolívar, George Washington, Justo Arosemena, Ester Neira de Calvo, Lady Matilde de Obarrio de Mallet (que se conserva en el salón de reuniones de la Cruz Roja Nacional). También pintó un retrato de su madre, doña Leonor Andrade, y un carboncillo de su suegro, Rafael Peñaherrera Espine, así como un retrato del general Alfaro.

Hizo numerosos retratos de chinos al lápiz. Pintó varios cuadros con motivos religiosos. Pintó una copia al óleo de La última cena de Leonardo da Vinci, muy bien lograda (ver el semanario Mundo Gráfico, de 24 de abril de 1934), y una imagen del Corazón de María que estuvo en las oficinas de la iglesia de Cristo Rey. El 26 de abril de 1943, Carlos le escribe a Clementina:

 

He aprovechado estos tres días de la Semana Santa para darle forma a una idea que tenía sobre el tema del concurso que propone el Comité Central de la Coronación Canónica de la Santísima Virgen del Quinche, no creo que haya podido interpretar las condiciones exigidas, pero de todos modos te remito este boceto que he compuesto para que hagas el uso que creas conveniente, creo que tú comprenderás fácilmente las ideas que me han guiado para componerlo. He pensado que el momento actual en el mundo es el deseo de la paz, todas la ambicionan, todos claman por ella, la Santísima Virgen del Quinche con motivo de su coronación canónica puede conseguirla esta paz tan deseada.

 

El 28 de abril le escribe: “El boceto va enrollado junto con una copia fotográfica del boceto, también van dos copias del cuadro de La última cena.” Carlos Endara Andrade también cultivó el paisaje. Pintó entre otros: La ciudad de Panamá vista desde el Cerro Ancón al final del siglo xix, 1899, testimonio visual de nuestra ciudad. Este cuadro, de 86 x 285 cm, fue exhibido en la exposición “Panamá de lado a lado.

La historia del Istmo a través de su arte”, organizada por el Centro Cultural del Banco Interamericano de Desarrollo y que tuvo lugar en la ciudad de Washington, del 13 de diciembre de 1995 al 2 de febrero de 1996. De la exhibición quedó un catálogo hermosamente ilustrado con piezas de arte precolombino, colonial y pinturas de finales del siglo xix y principios del xx, entre estos los retratos de don José Vallarino Jiménez y José de Fábrega. También ilustran el catálogo los óleos Colombia Asesinada, de Sebastián Villalaz, Cabeza de mujer, de Manuel E. Amador y Retrato de dama, de Roberto Lewis.

El cuadro de Endara ilustró la portada del mismo. Conocemos de otros paisajes suyos: una vista de la ciudad de Cuzco en el Perú; una tormenta marina, así como una pesca de perlas en formato pequeño. En el Heraldo del Istmo se reprodujo, por primera vez, su cuadro Incendio de La Concordia, hecho ocurrido el 11 de febrero de 1906. El óleo volvió a reproducirse en la revista Épocas del 25 de noviembre de 1948. De acuerdo con un artículo impreso en la revista El Bombero, órgano del Club de Oficiales del Cuerpo de Bomberos de Panamá (año xVi – no. 24 de mayo de 1954), este cuadro fue donado a la institución con motivo de sus bodas de oro.

También nos da cuenta dicha publicación de otros presentes de Endara a los bomberos panameños: “que en el año de 1913 le obsequia al Cuerpo de Bomberos un cuadro de toda la oficialidad, con motivo de celebrar sus bodas de plata. En el año de 1914, dona a la institución los retratos al semicrayón de los excomandantes para que fueran colocados en el salón de actos.” En el año de 1937, permitió al Gobierno nacional la reproducción del cuadro Incendio de La Concordia para que fuera uno de los motivos de las estampillas conmemorativas del jubileo de oro del Cuerpo de Bomberos de Panamá.

En 1945, Carlos Endara Andrade expuso en los salones de la Kodak en ciudad de Panamá, tres cuadros: La ciudad de Panamá vista desde el Cerro Ancón al final del siglo xix, ya mencionado; La ciudad de Panamá en 1852, copia del cuadro de Ernesto Charton cuyo original según se afirma está en el Museo de Chile y La ciudad de Panamá en 1857, copia del cuadro del artista William Leblanc, llegado al Istmo a mediados del siglo xix y quien nos legara hermosos paisajes.

 

El documentalista

La filmación de películas documentales fue otra pasión en la vida del artista. Dejó para la historia del cine documental de Panamá y del Ecuador valiosas cintas. El 3 de julio de 1934, en el Teatro Municipal de Ibarra, Ecuador, se proyectó la película “Las fiestas de Ibarra con ocasión de la llegada del ferrocarril”, filmada por don Carlos Endara en julio de 1929.

De acuerdo al programa, la película fue “ofrecida al público de esta ciudad por la gentileza del Sr. don Carlos Endara, eximio artista, coterráneo nuestro, residente en Panamá, muy recomendable por el cariño con que recuerda siempre a su lugar natal, y le acompaña, en persona o desde allá en todo acontecimiento de importancia entre nosotros”. Esa noche se proyectaron otras tres cintas: “El Canal de Panamá”, “La vida del mosquito propagador de la fiebre amarilla” y “El carnaval en Panamá”.

Ese año filmó “De Guayaquil a Quito”, por la que recibió elogiosos comentarios de la prensa ecuatoriana. El Comercio de Quito, en su entrega del día 17 de agosto de 1934, informa:

 

El señor Carlos Endara, conocido ciudadano ibarreño, el cual reside, desde hace muchos años en Panamá, en donde mantiene sus negocios y el que ha demostrado, en todo momento, el interés patriótico que le merece nuestro país, obtuvo, en uno de sus viajes anteriores al Ecuador, una película completa de Guayaquil a Quito y quienes la pudieron ver en exhibiciones privadas, así en esta ciudad como en la de Panamá, estuvieron acordes en dar su opinión acerca del valor del film, de la nitidez de la fotografía y del acierto selectivo de vistas y paisajes. Sin quitar mérito a empresas que antes o después se hubiesen preocupado en igual trabajo, hemos de consignar aquí, sincera y claramente, que en la película que pudiera llamarse “De Guayaquil a Quito”, tomada por el señor Carlos Endara, hay, sobre todo, un criterio patriótico para captar en el lente aquellas visiones que pueden ser significativas de nuestras ciudades, del progreso de nuestras industrias, de la hermosura de nuestros panoramas […] Además de esta película que se la pudiera pasar con efectivos resultados para la propaganda ecuatoriana exceptuando desde ciertas escenas de carácter circunstancial, el señor Endara posee una serie de películas educativas, de enseñanza, de las que se preparan en los Laboratorios Eastman de Rochester en New York y que, dedicándose especialmente a la escuela, sirven igualmente para la instrucción general. Esas películas tratan acerca de: La historia de la vida del mosquito de la fiebre amarilla; El cuidado de la dentadura; Manuales de las montañas rocosas; La bacteria; La tuberculosis y cómo puede ser evitada; Del árbol al periódico (la fabricación del papel); La plantación y cuidado de los árboles; el Continente de Sud América; el cultivo del algodón; el Canal de Panamá; El parque Nacional Glacier; el automóvil; el parque nacional de Yellowstone, América Central; La buena posición del cuerpo.

 

En un artículo firmado por Mary Carlyle, publicado en El Día, de Quito, en su edición de 23 de agosto de 1934, refiriéndose a la película comenta: “Invitados por ‘El Comercio’ asistimos a la exhibición de la película “De Guayaquil a Quito” en la que dentro de una nitidez apreciable, pudimos admirar algunas ciudades, poblaciones y paisajes ecuatorianos. […] De “Guayaquil a Quito” es una película en la que su productor, el señor Carlos Endara, ha puesto grande empeño en presentar a su país vestido con todas las galas naturales y artificiales. Felicitamos al señor Endara por su hermoso gesto filial y altamente patriótico”.

A su vez, el periódico El Nuevo Diario, de Caracas, Venezuela, del 14 de septiembre de 1934, exalta el valioso documento fílmico. Sobre Panamá dejó un número importante de filmaciones.

 

“¡Por fin reunidos!”

El 6 de marzo de 1945, Clementina y sus hijas, Gema y Paulina, regresan a Panamá. De su llegada recuerda Clementina:

 

¡Por fin reunidos! Después de quince años de ausencia. Toda la familia había salido a recibirles, estaban también allí, la familia Andrade Borja, que pocos meses antes había ido a pasar con la familia. Todo estaba cambiado en la familia de Victoriano, muchos matrimonios, nuevos bebés y los niños que estaban muy crecidos. Panamá había adelantado y crecido, era ya una gran ciudad, llena de gente, muchos americanos que estaban de paso al frente de guerra. Otros ya establecidos, soldados y más soldados.

La fotografía estaba distinta, la dejaron en todo su auge cuando se fueron, ahora estaba distinta, un poco oscura y silenciosa, ya no tenía el aire elegante y alegre de antes. Subimos al primer piso que habían preparado para ellas. El piso donde antes vivían estaba arrendado. La galería estaba más o menos lo mismo. Arriba había cuartos nuevos y oscuros donde Carlos trabajaba. Recién venidas de Quito, el calor de Panamá les agobiaba y así sólo querían estar afuera. Teresa y sus dos hijos, ya estaban jovencitos, les acompañaban. Ya Nydia sabía manejar auto y se entendía en todo en la fotografía, había remplazado en todo a Victoriano, que ahora sólo trabajaba de Cónsul del Ecuador en Panamá. Su oficina estaba en otra parte, antes funcionaba en la fotografía. (Recuerdos…).

 

A finales de la década del 40, Carlos Endara, más dedicado a la pintura, encarga a su hija Nydia Endara del estudio. Don Carlos Endara Andrade murió en la ciudad de Panamá el 27 de enero de 1954. Su cámara captó más de medio siglo de nuestra historia y su gente, dejándonos para la posteridad un valioso testimonio gráfico. La mayor parte de su vida —68 de sus 87 años— los vivió en Panamá, y su obra, tanto fotográfica como pictórica, la realizó en nuestro país, son razones más que sobradas para considerarlo panameño.

En 1998 se iniciaron los trabajos de restauración del inmueble donde operó el histórico estudio, hoy convertido en la Casa Museo Endara. En el ensayo La obra y los tiempos de Carlos Endara, sostienen sus autoras, la destacada fotógrafa Iraida Icaza y la reconocida curadora y crítica de arte Adrienne Samos “Puede afirmarse, sin lugar a error, que no hay en las Américas otro estudio fotográfico histórico de esta magnitud que se conserve en el presente”. Reconocimiento importante para la obra de Endara tuvo lugar durante el prestigioso festival PHotoEspaña en su xiV edición, evento donde se reúnen los amantes del arte y la fotografía del mundo entero.

Las actividades se iniciaron el 30 de mayo de 2011, siendo inaugurado oficialmente el 1ro. de junio por la reina Sofía en el Real Jardín Botánico de Madrid. La organización de PHotoEspaña nombró comisario general al prestigioso historiador, crítico de arte y asesor de museos Gerardo Mosquera, y a Adrienne Samos como curadora de la exhibición “Un mundo feliz. Panamá en ojos de Carlos Endara”. Un nuevo homenaje al maestro Endara se realizaría con parte de su obra exhibida en PHotoEspaña 2011: la exposición colgada en el Museo de Arte Contemporáneo de Panamá, en Fotoseptiembre 2012.

La curaduría y el escrito del catálogo fueron también obra de Adrienne Samos. La afamada Casa de América fue seleccionada para exhibir las fotografías de Endara. Se expusieron 118 retratos originales de época; tres negativos en vidrio; 20 ampliaciones digitales en gran formato; cuatro retratos iluminados y se instaló una pantalla de televisión donde los asistentes podían observar un número considerable de retratos.

De PHotoEspaña 2011 quedó el valioso libro Interfaces. Retrato y comunicación, con ensayos de varios autores sobre fotografía y artes visuales, editado por PHEBooks (lA fábricA Editorial, Madrid, 2011). En el ensayo “Interfaces. Retrato y comunicación”, de Gerardo Mosquera, al referirse a las fotografías de Carlos Endara, se puede leer:

 

Adrienne Samos ha comisariado una primicia en la Casa de América: Un mundo feliz. Panamá en ojos de Carlos Endara. Por primera vez, la singular obra de Endara (1865-1954), un fotógrafo de estudio ecuatoriano asentado en Panamá, sale de este país. Hasta ahora virtualmente desconocido, este pionero de la fotografía regional realizó un vasto testimonio de la historia de Panamá de fines del siglo xix y la primera mitad del siglo xx. Con laborioso empeño, Endara retrató lo que veía como una sociedad venturosa, a pesar de sus tensiones e injusticias. Según indica Samos, Endara sobresale de la mayoría de los fotógrafos de la época por el amplísimo espectro de su registro humano y ambiental; su polifacética maestría se hizo evidente en todos los estratos, ámbitos y géneros, incluyendo el fotograbado y el cine. El resultado es un extraordinario documento humano.

 

Referencias bibliográficas

“Breve bosquejo de la obra de progreso realizada en Panamá por los hermanos Carlos y Victoriano Endara” (1932, febrero). Revista Alas, Órgano de la Escuela Profesional de Panamá. Año iii, no. 23

Castillero R., Ernesto J. (s.f.). El Palacio de las Garzas – Historia del Palacio Presidencial de Panamá.

Entrevista con don Carlos Endara (1942, 24 de octubre). Panamá: Mundo Gráfico.

Garay, Narciso (1930). Nicole Garay – Versos y Prosas, 1873-1928, Bruselas, p. xVi del prefacio.

Lewis Morgan, Mario (2003). “Panamá 100 años portadas de Epocas: vida y obra de Carlos Endara Andrade (1865-1954)”, Bogotá: Panamericana Formas e Impresos.

Méndez Pereira, Octavio (1936, 27 de abril). “Motivos Efímeros”, La Estrella de Panamá.

Susto, Juan Antonio (1967). Carlos Endara Andrade y la fotografía en Panamá. Panamá: Impresora Panamá, S. A.

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