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    Nubia Aparicio Saucedo

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Carlos Iván Zúñiga

by: Nubia Aparicio Saucedo

En ese contexto político, social y económico, vino al mundo, el 1 de enero de 1926, en la ciudad de Penonomé, provincia de Coclé, en el sector conocido como barrio de los Forasteros, Carlos Iván Zúñiga, quien después se convirtió en el abogado, periodista, educador y patriota.

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Inició su carrera profesional en la Autoridad del Canal de Panamá en el año 2007 y desde entonces funge como gerente de Comunicación. La Universidad de Panamá le otorgó las licenciaturas en Periodismo y en Derecho y Ciencias Políticas, así como los títulos de posgrado en Alta Gerencia y maestría en Administración de Empresas con énfasis en Recursos Humanos. Laboró como periodista y editora en el diario La Prensa durante casi 25 años, donde se hizo acreedora a una veintena de premios de prensa en los ámbitos nacional e internacional. Ha completado sus estudios con seminarios y cursos profesionales en diferentes campos del área gerencial, periodística y legal, recibidos en Panamá y en Estados Unidos.
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Carlos Iván Zúñiga: El Patriota

Luego de que Panamá fue poniendo su casa en orden, tras el triunfo del movimiento separatista que logró finalmente consolidar la real independencia de la nación, el 3 de noviembre de 1903, los primeros veinte años de república fueron del predominio del Partido Liberal. Ellos, los liberales, fueron los impulsores y protagonistas de las luchas políticas de la incipiente república, dado su mejor manejo con las mayorías populares, tanto de la ciudad como del campo, y quienes tuvieron mayor visión para trazar las instituciones que permitirían gobernar el país. Fue así que pudieron mantener la hegemonía en el panorama político del nuevo Panamá hasta la década de 1930. Desde que Panamá se separó de Colombia, con el manto protector de Estados Unidos, el sector empresarial comercial, que controlaba las importaciones, mantuvo como una de sus mayores fuentes de ingreso el arrendamiento de viviendas para los obreros del canal. Sin embargo esta fuente de divisas se agotó e hizo estallar la huelga inquilinaria de 1925, con la solicitada intervención estadounidense y su saldo de víctimas entre quienes exigían justicia. Sin embargo, en 1929 se suscitó la crisis económica que sacudió a Estados Unidos y al mundo, de la cual no escapó Panamá. Ello generó una gran inestabilidad social que se reflejó en los gobiernos liberales de entonces, ya que se enfrentaron las facciones adeptas a Rodolfo Chiari y a Belisario Porras. Frente a ello, movimientos como el naciente Acción Comunal exigieron reformas para sacar de tan calamitosa condición al paupérrimo país. En ese contexto político, social y económico, vino al mundo, el 1 de enero de 1926, en la ciudad de Penonomé, provincia de Coclé, en el sector conocido como barrio de los Forasteros, Carlos Iván Zúñiga, quien después se convirtió en el abogado, periodista, educador y patriota.

De progenie docente

Federico Zúñiga Feliú y María Olivia Guardia de Zúñiga, padres de Carlos Iván, fueron gente honrada y trabajadora que les enseñaron valores a las siguientes generaciones, con las que se codeó. El maestro Zúñiga Feliú había nacido en Trujillo, Honduras, en 1876, hijo de Pablo Zúñiga y Josefa Feliú, de origen catalán. Estudió jurisprudencia en la Universidad de San Salvador, donde fue discípulo del doctor Belisario Porras. Su ideario y convicciones liberales le trajeron obstáculos y persecuciones en su país, por lo que emigró a Panamá a comienzos de 1900. Ya en Panamá, el doctor Porras lo nombró tutor de su hijo Demetrio Porras, quien luego descollaría en la política. Zúñiga Feliú fue educador en las provincias centrales, y en 1912 fue designado inspector de educación para la provincia de Coclé. También fue docente y entre sus discípulos figuró quien sería luego político y presidente de la república, Arnulfo Arias Madrid. En 1912 se casó con la educadora penonomeña, María Olivia Guardia Ruiz, con quien tuvo ocho hijos: Federico, Delio, Zaida, Rodrigo, Alonso, Gerardo, Carlos Iván y Rafael José.

Un discurso singular

La niñez de Carlos Iván, el séptimo hijo del matrimonio Zúñiga Guardia, transcurrió en el tranquilo ambiente pueblerino de Penonomé, rodeado del cariño de una numerosa familia. Un momento que marcó su vida ocurrió a los diez años, en su pueblo natal. Fue la vez en 1936, cuando participó en el recibimiento del expresidente y caudillo liberal Belisario Porras, quien realizaba su última campaña. Llegó ante el expresidente y se le presentó como el hijo de Federico Zúñiga Feliú, quien había sido su discípulo y amigo. Porras lo abrazó y lo besó en la frente. Pero eso no conmovió tanto al chico como el discurso que pronunció Porras, mensaje que guardó en su memoria y que fue una inspiración oratoria que le sirvió en adelante, en su rol de líder estudiantil, y luego como político. Recordaba que cuando habló por primera vez en el parque de Santa Ana, en 1945, siendo dirigente estudiantil, trajo a la memoria la arenga que había escuchado a los diez años y aseguraba que ello le había dado la firmeza necesaria, pues en su intimidad aspiraba a tener la elocuencia del caudillo liberal.

Estudios

De pequeño cursó sus estudios primarios en la escuela Simeón Conte de Penonomé, donde descolló por su inteligencia y elocuencia. Su admiración por la ejecutoria del libertador Simón Bolívar en favor de la independencia latinoamericana lo hicieron presidir en sexto grado la Sociedad Bolivariana del plantel. Siempre exaltó el arrojo y la profundidad de pensamiento del Libertador; sus convicciones por ese don divino que es la libertad persignaron su vida y sus luchas en adelante. Ello influyó posteriormente en que lo invitaran ya de adulto a ser miembro de la Sociedad Bolivariana de Panamá. Aunque poco o casi nada se habla de la parte religiosa y espiritual de los personajes históricos en las biografías, Carlos Iván Zúñiga profesaba la fe católica imbuida por sus padres y familiares. Participó en la liturgia de la iglesia penonomeña en calidad de monaguillo, lo que le ayudó a cultivar la solidaridad cristiana y un espíritu humanitario para con el necesitado.

Guías inolvidables

Además de sus padres, que le transmitieron los primeros principios cívicos y morales que le sirvieron para proseguir por la senda del trabajo y el esfuerzo ciudadano. Otro personaje que influyó en su personalidad para no flaquear en los estudios fue el sacerdote José Antonio Rabanal Castrillo, un cura español que servía en la diócesis de Penonomé, y quien le transmitió su gusto por los clásicos de la literatura, y por los acontecimientos históricos que se suscitaban en España con la guerra civil que ensangrentaba la península.

En la capital

Prosiguió sus estudios secundarios en la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena de Santiago de Veraguas, los que continuó en el Instituto Nacional, donde obtuvo su diploma de bachiller en letras. Allí tuvo el privilegio de ser alumno de grandes docentes: entre otros Rafael Moscote, Ismael García, Luisita Aguilera de Patiño, Augusta Ayala, Cirilo J. Martínez, Ángel Lope Casís, Pedro Campana, Pedro Valero.

Las crisis de los cuarenta

La Segunda Guerra Mundial, causada por el deseo expansionista de Alemania, y que se extendió de 1939 a 1945, tuvo sus efectos en la sociedad panameña, y causó agitaciones políticas en la vida nacional. Hubo racionamiento de productos de primera necesidad y luego un sentimiento de temor que se cernió sobre el país, a raíz del ataque japonés a Pearl Harbor, en diciembre de 1941. Antes del ataque, el Gobierno de Washington había entrado en confrontación con el de Panamá, a la sazón presidido por el doctor Arnulfo Arias Madrid, ya que no se ponían de acuerdo en el tema de la defensa del Canal. Estados Unidos exigía a Panamá que se le concedieran terrenos para instalar bases militares fuera de la Zona del Canal, por 999 años, lo que se consideraba inaceptable, pues chocaba con el mandato del Tratado del Canal de 1936. Este pacto permitía la instalación de bases cuando se dieran emergencias transitorias, como en caso de guerra. A ello se le sumó la oposición del Ejecutivo a la solicitud estadounidense de artillar los barcos mercantes de bandera panameña. Al suscitarse el golpe de Estado contra el presidente Arias Madrid, y convocarse la Asamblea Constituyente, hubo un paréntesis de paz frente a esas convulsiones políticas.

Entre tanto, la juventud latinoamericana, y dentro de ella, la panameña, se organizaba para intervenir en la democratización de sus respectivos países, la mayoría de los cuales estaban bajo la férula de regímenes dictatoriales. Fue en la Ciudad de México donde se celebró un congreso de juventudes, y en el que participó una delegación panameña, donde se acordó crear en cada país un “frente patriótico de la juventud” para enfrentar los desafíos que dejaba la posguerra. Fue en este contexto que se agitaron gremios estudiantiles como la Federación de Estudiantes de Panamá (1943) y la Unión de Estudiantes Universitarios, los cuales vinieron a encabezar las luchas nacionalistas por la soberanía nacional, y en el cual se agitó el futuro dirigente estudiantil y fogoso orador Carlos Iván Zúñiga.

Dirigente estudiantil

Como militante de grupos estudiantiles, Zúñiga Guardia se afilió primero a la Sociedad Mateo Iturralde, luego a la Asociación Federada del Instituto Nacional (AFIN), de la cual fue presidente en 1946. Su calidad innata de dirigente lo llevó también a presidir, en 1947, la que sería después la “gloriosa” Federación de Estudiantes de Panamá (FEP) y la Unión de Estudiantes Universitarios (UEU), siendo ya estudiante de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá.

Durante sus estudios universitarios fue miembro del Consejo General Universitario y enérgico defensor de la autonomía universitaria y de una mayor participación estudiantil.

El rescate de la patria

Fue en el transcurso de esta fase estudiantil que participó activamente en la gesta nacionalista de diciembre de 1947. En esta jornada patriótica, con el apoyo de las masas populares, se logró el rechazo del Convenio de Bases Filós-Hines, que pretendía prolongar la presencia de bases militares estadounidenses en suelo patrio. Cuando se rechazó el Convenio, dirigió la palabra en el parque de Santa Ana ante una multitud delirante: “Ha nacido la segunda república. Una república con dignidad”. Un año después de esta gesta patriótica, se manifestó en el periódico Voz Universitaria:

Hace hoy exactamente doce meses que la masa estudiantil, en un cívico consorcio con los obreros y demás fuerzas vivas del país, se lanzó por todas las calles y plazas a enfrentar al rudo tropel de los caballos y sables, pero con una bandera de resurrección en cada mano y un anhelo de patria en cada espíritu.

La gesta patriótica consolidó el prestigio de Panamá la joven, pues América entera respaldó el civismo panameño, la Asamblea Nacional rechazó por unanimidad el Convenio de Bases Filós-Hines, se distinguió a la juventud panameña en un Congreso de Juventudes Latinoamericanas, declarándola “digna de ejemplo”; se declaró al estudiante Sebastián Tapia, “héroe de la juventud democrática de la América Latina”, y se erigió a la Federación de Estudiantes a la altura propicia para coronarla con los laureles simbólicos.

Periodista y radiocomentarista

Una de sus facetas personales fue su talento por el quehacer mediático. Convencido del poder de los medios de comunicación social, dirigió inicialmente las revistas estudiantiles Cariátides, Esfinge y el semanario Federación, en su alma mater el Instituto Nacional. Combinó sus estudios de Derecho con el quehacer periodístico en el Panamá América, La Hora, donde ejerció inicialmente la reportería bajo la dirección del doctor Harmodio Arias Madrid. Luego escribiría su propia columna bajo el seudónimo de Juan Cristóbal en el diario La Hora; Camino abierto, en el diario El Tiempo; en Crítica, y, ya en tiempos más recientes mantuvo una columna en el diario La Prensa. Luego, fue fogoso comentarista de radio en emisoras de la ciudad. Otra trinchera de lucha fue el periódico Voz Universitaria, órgano de la UEU, del cual fue su director.

Matrimonio y familia

El inquieto dirigente también tenía una vida social que cumplir. Mientras cursaba estudios en el Instituto Nacional conoció a la que sería su esposa, compañera de toda la vida por 61 años. Sydia Candanedo, oriunda de Chiriquí, estudiaba en el entonces Liceo de Señoritas, donde se conocieron y enamoraron durante una actividad estudiantil, relación que concluyó el 1 de marzo de 1947, en matrimonio que perduraría hasta el final de su vida. Ambos procrearon cinco hijos. Como todo varón responsable de sus deberes familiares, ingresó a la carrera judicial para sostener su hogar, en calidad de oficial mayor y luego como secretario de un juzgado de circuito, ramo civil.

Estudios universitarios

Vale indicar que mientras mantenía sus estudios de derecho, Carlos Iván Zúñiga participaba paralelamente en la política. Fue en 1949 cuando se suscitó el golpe de Estado contra el entonces presidente Daniel Chanis, promovido por el jefe de la Policía Nacional, coronel José Antonio Remón, árbitro de la política panameña. Allí se le vio dirigiendo una protesta estudiantil contra la injerencia militarista en el gobierno. En 1952 se graduó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá. Allí obtuvo su licenciatura de Derecho y Ciencias Políticas. Su tesina de graduación sobre el régimen municipal fue realizada bajo la dirección del maestro José Dolores Moscote.

Visión política

Pero los años de estudio y la participación en las luchas nacionalistas y democráticas fueron acrisolando el pensamiento de un Carlos Iván Zúñiga hasta moldearlo en la ideología del verdadero político, del que busca ejercer el oficio por el bien común.  Ello le mereció participar en la fundación de agrupaciones cívicas como Vanguardia Coclesana y el recordado Frente Patriótico de la Juventud, el cual posteriormente se consolidó como partido político. En los comicios de 1952 participó como candidato a diputado suplente, posición que ganó con gran amplitud. En 1951, y meses antes de que el coronel Remón Cantera derrocara al presidente Arnulfo Arias Madrid, el jefe de la Policía Nacional ordenó su arresto molesto por los comentarios y denuncias que hacía a través del radioperiódico Libertad, que dirigía junto al escritor y periodista Ramón H. Jurado. Bajo el gobierno de Arnulfo Arias Madrid, fue detenido por la policía secreta y permaneció aproximadamente una semana, en una celda, acompañado de otras figuras destacadas de la vida política nacional como César Quintero, José Isaac Fábrega, Roberto Arias Guardia y Rogelio Sinán. No obstante, Zúñiga se mantuvo fiel a sus principios democráticos y civilistas. Sus críticas se centraban en las prácticas antidemocráticas, el atraso y la corrupción en que vivía la república, al igual que contra el militarismo. Se pronunció contra la arbitrariedad del entonces presidente Arnulfo Arias Madrid, por haber derogado la Constitución de 1946 y contra las amenazas del coronel Remón de militarizar el país.

Viceministro de Educación

Tras la caída del presidente Arias Madrid y el ascenso de Alcibíades Arosemena, a quien apoyó el Frente Patriótico de la Juventud en un gobierno de concertación, Zúñiga fue designado viceministro de Educación. Contaba con 25 años cuando, por una ausencia temporal del titular, Ricardo J. Bermúdez, ejerció la titularidad, la cual fue breve por cuanto este partido se retiró de la gestión gubernamental. Al asumir la posición Zúñiga prometió ser consecuente con la tradición de estudiante y militante del Frente Patriótico que fundamenta su razón de ser en el estímulo de la cultura popular. “La educación tiene que ser democrática y dinámica y en ese sentido laboraré”. Durante esa época su ideal giró sobre la necesidad de un Estado en función pedagógica para alcanzar esa educación necesaria e integral para todos sus habitantes.

Mudanza a David

En 1953 y por razones económicas se mudó con su esposa e hijos al pueblo de Boquete. Posteriormente ejerció su profesión de abogado en David y cuando debía actuar como diputado de la Asamblea Nacional viajaba a la capital. Combatió al candidato militar, el coronel José Antonio Remón Cantera, desde su posición de secretario de la Alianza Civilista, unión electoral de partidos opositores que defendió la candidatura presidencial de Roberto Francisco Chiari. Sin embargo, la candidatura presidencial del excomandante Remón Cantera resultó vencedora con el apoyo de la Coalición Patriótica Nacional. Zúñiga fue elegido diputado a la Asamblea Nacional para el periodo 1952-1956, junto a su copartidario Jorge Illueca.

Para 1955, cuando se produjo el magnicidio del presidente José Antonio Remón Cantera, Carlos Iván Zúñiga asumió funciones como diputado magistrado del juicio iniciado contra el presidente José Ramón Guizado, quien sucedió al extinto mandatario, y al que se responsabilizó del magnicidio. Una mayoría de diputados lo encontró culpable, pero Carlos Iván y otros ocho colegas votaron por su absolución al no encontrarle responsabilidad alguna.

Doctorado y docencia

Deseoso de ampliar conocimientos y especializarse en materia penal, en 1956 viajó a Suramérica a continuar estudios en compañía de su esposa. Mientras él iniciaba estudios de posgrado en Derecho Penal y de Criminología en la Universidad de Chile, ella se especializaba en Castellano y Literatura. Una vez logrado el posgrado se trasladó a Lima, Perú, donde obtuvo el doctorado en Derecho Público con especialización en Derecho Penal, en la Universidad Mayor de San Marcos. Allí sustentó su tesis doctoral “Teoría jurídica del homicidio en el Código Penal peruano”, en 1958, la cual incluyó la separata El proceso Guizado. Un alegato para la historia. Dada la solidez de este trabajo, fue recomendado como material de consulta obligatoria para los estudiantes de Derecho en Perú. En 1958, y de regreso a la patria, ingresó como profesor de Derecho Penal a la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá. Además, impartió clases en la Extensión Universitaria de Colón, tras haber ganado en concurso la cátedra de Derecho Penal, en 1961. En la lucha nacionalista, a través de los medios de comunicación promovió desde 1958 la nacionalización del Canal a través de los medios de comunicación. Al desintegrarse el partido Frente Patriótico, en 1961, Zúñiga ingresó al Partido Socialista, que presidía el abogado Demetrio Porras. Fue designado secretario general y candidato a diputado por Chiriquí, por este colectivo político para los comicios de 1964. Zúñiga logró la curul respaldado por los trabajadores de las bananeras. Sin embargo, retornó a la provincia de Chiriquí, donde no solo continuó la docencia universitaria, sino que ejerció la abogacía privada a la vez que atendía la finca familiar, que había dejado descuidada por los estudios.

El penalista y el político

Su sólida preparación jurídica lo llevó a cosechar el éxito en los tribunales, y logró reconocimiento general en la provincia. Pero la pasión por la política, que se mantenía aún despierta, volvió a aflorar y lo llevó a fundar el Movimiento Agrario Nacionalista (MAN), de raigambre municipal, en 1960. La imagen de honestidad, lucha y civismo que irradiaba Zúñiga Guardia convenció a muchas personalidades de la provincia chiricana de inscribirse en este partido que, al participar en los comicios de 1960, logró triunfos a nivel de concejalías en el oriente (San Félix, Remedios, San Lorenzo, Tolé), en Boquete, Puerto Armuelles, Alanje y David.

El sindicalista

Ese año, la zona bananera de Barú fue sacudida por una huelga de trabajadores. Protestaban por las duras condiciones laborales, los abusos de la transnacional frutera, las injusticias salariales y porque no eran realmente representados en las negociaciones ante la empresa. El abogado y profesor se solidarizó con los miles de trabajadores y sus reclamaciones. Dejando a un lado las audiencias penales, Zúñiga se hizo uno con la lucha obrera. Para esa época publicó El manual del trabajador, obra de consulta para los trabajadores de la república. En ese tiempo, los obreros de la frutera denunciaban a la dirigencia gremial por “amarilla” (identificada con la empresa), y por no responder a las necesidades gremiales. Carlos Iván Zúñiga trabajó como asesor hasta crear un verdadero sindicato, que respondiera a las aspiraciones de sus afiliados. Durante catorce años laboró hasta consolidar una agrupación que luchara por un mejor trato para los trabajadores frente a la transnacional frutera, al grado de que el gremio sindical llegó a contar con cinco mil miembros, asambleas de representantes y comités de damas para la defensa laboral. Nunca sopesó los costos económicos y riesgos que para su seguridad implicaba apoyar a la masa trabajadora y enfrentar a los poderosos. Su aporte a la consolidación de un nuevo Sindicato de Trabajadores de la Chiriquí Land Company (Sitrachilco) logró que se negociaran varias convenciones colectivas con positivas conquistas para la masa obrera, como fue la inclusión de la empresa en la Caja de Seguro Social, la entrega de becas para los hijos de los empleados y mejor remuneración de la jornada laboral.

De vuelta a la Asamblea

Pero la batalla sindical no estaba ganada. Si bien los campesinos estaban mejor organizados para defender sus tierras de la voracidad de la empresa frutera, en la Cámara Legislativa la poderosa transnacional bananera tenía sus defensores. Asumiendo los trabajadores que se requería una voz auténtica de sus aspiraciones en el órgano político por excelencia, decidieron apoyarlo como candidato a diputado para que los representara. Esa fue una decisión basada en la confianza que ganó Zúñiga, quien había sido su guía en los momentos difíciles. Fue así como en las elecciones de 1964 fue elegido para ocupar una curul en la Asamblea Nacional, desde la cual representa las ansias de justicia de los trabajadores y campesinos. Durante esa jornada, trabajó con dirigentes sindicales de la talla de Prudencio González, Efigenio Araúz, Héctor Requena, Afranio Acosta, Basilio Montezuma y Tomás Palacios Salinas, mártir de la lucha obrera, asesinado luego por los militares.

Socialdemócrata

Es importante aclarar que fue el Partido Socialista, fundado por su amigo Demetrio Porras, el colectivo que lo postuló en los comicios de 1964. Zúñiga siempre fue simpatizante de la ideología socialdemócrata, enfocada en la defensa de los humildes y desposeídos, lo que le valió que lo acusaran de “comunista”, atribuciones que luego se disiparían con su vertical actuación en la cámara legislativa.

Rechazo a los “Tres en uno”

Convertido en líder de la oposición parlamentaria, Carlos Iván Zúñiga fue uno de los líderes de la lucha por el rechazo de los conocidos “Tres en uno”, un nuevo convenio canalero que negociaba el gobierno del entonces presidente Marco A. Robles. Al igual que con los tratados Filós-Hines, Zúñiga complementó su lucha con el apoyo penetrante de los medios de comunicación social. Desde su radioemisora analizaba los efectos adversos de esos pactos para la soberanía y los intereses de Panamá. También La Hora se hacía eco de sus planteamientos, que resultaron demoledores, pese a la defensa que luego hacía de ellos el negociador Diógenes De la Rosa. Valga indicar que fue miembro de la Comisión Legislativa Permanente que finalmente rechazó los tratados “Tres en uno”.

Proyectos históricos

Durante su ejercicio legislativo, el doctor Zúñiga promovió proyectos de ley de trascendencia, tales como elevar a día de duelo nacional el 9 de enero de cada año, en recordación de la gesta patriótica del 9 de enero de 1964; el reconocimiento de las 200 millas de mar territorial de la república y la ley que creó la partida para la construcción de la nueva sede de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá, en 1966.

Como diputado presentó múltiples proyectos de ley y resoluciones. Desde la Asamblea respaldó las aspiraciones de los trabajadores y los educadores panameños. Logró el aumento salarial de los trabajadores del campo y propuso la creación de escuelas y centros de salud en áreas apartadas. Por su oratoria se dio a conocer en todas las regiones del país donde se transmitía radialmente las sesiones de la Asamblea Nacional.

Juicio al presidente Robles

En su calidad de diputado, le tocó nuevamente participar en un juicio a un presidente de la república. Esta vez fue a Marco Aurelio Robles, acusado de coacción electoral y de otros actos inconstitucionales. Corría el año de 1968. En aquella histórica ocasión, una fuerza de policía, al mando del entonces teniente coronel Omar Torrijos H., se presentó a la Asamblea y les impidió el paso a los diputados. Entonces Zúñiga, viendo vulnerado el derecho de los legisladores por unos militares cada vez más arrogantes, levantó en su mano la Constitución y expresó a los presentes: “Señores, la Constitución ha muerto”. Durante el juicio a que fue sometido el mandatario liberal, salvó su voto y denunció la situación que reinaba en el país, en donde la casta militar se había arrogado poderes cada vez más amplios.

El golpe, su lucha y prisión

Zúñiga concluyó su gestión como diputado ese aciago año. Continuó su labor docente como profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá, que sería el epicentro de la lucha contra los golpistas, motivando al Consejo General Universitario a emitir resoluciones de condena a la acción castrense que eliminaba de raíz la democracia.

En diciembre de 1968, la Universidad de Panamá se abocó a un ejercicio electoral para renovar la rectoría, y Zúñiga se lanzó como candidato indiscutible a la contienda. Tras el conteo de votos se concluyó que había ganado el cargo en buena lid, pero grupos opuestos a su candidatura, coludidos con los militares, mediaron para sembrar dudas y afirmar que no se habían contado correctamente los votos. Zúñiga, actuando de buena fe consintió en que se hiciera un nuevo escrutinio para que su triunfo no arrojara sombra alguna de duda. Fue entonces que grupos extraños y con intereses oscuros irrumpieron para romper las urnas y esparcir los votos, lo que creó el caos y dejó en entredicho el proceso electoral. El epílogo del suceso llegó el 13 de diciembre, cuando la Guardia Nacional intervino y al no poder controlar la casa de Méndez Pereira optaron por cerrarla. Zúñiga, quien a la sazón se hallaba en David para viajar a Puerto Armuelles, donde participaría de la discusión de una nueva convención colectiva del Sindicato de Trabajadores Bananeros, fue arrestado por efectivos militares.

Su detención, según el entonces coronel Boris Martínez, fue por “razones de seguridad del Estado”, ya que su liderazgo político y laboral lo hacían un individuo de riesgo, tanto a nivel de la Universidad de Panamá como entre las masas de trabajadores bananeros. Cuando fue detenido en Chiriquí el 13 de diciembre de 1969, fue trasladado esposado por vía terrestre hasta la ciudad de Panamá. Una vez llegó al cuartel central en horas de la noche, la fuerza militar ocupó la Universidad de Panamá. Esa fue una Navidad muy amarga para la familia Zúñiga Candanedo, ya que pasó tres meses en un calabozo de la desaparecida Cárcel Modelo. Pasar confinado 90 días en las mazmorras de la Modelo no lo acobardó y con la mística que lo caracterizó siempre continuó su lucha de denuncia del régimen, las violaciones a la Ley y a la Constitución, y los derechos humanos. Rechazó ofrecimientos de cargos públicos, y el retorno a la cátedra de Derecho Penal en una universidad intervenida por el gobierno de facto. Esta decisión, que tuvo sus consecuencias económicas familiares, fue secundada por su esposa Sydia Candanedo, quien también abandonó su labor como profesora de Metodología del Español.

Lucha contra la dictadura

Dado que los golpistas se mantenían por la fuerza de las armas, la lucha del pueblo debió ser clandestina, pero firme y sostenida. El doctor Zúñiga y los patriotas que empeñaron su seguridad para denunciar los abusos del régimen se reunían a escondidas, en tanto redactaba artículos de denuncia, aunque siempre mantuvo la convicción de que no debía darse una intervención extranjera para liberarnos del yugo. Por el contrario, sostenía que la liberación debía surgir de una ciudadanía convencida de sus valores y derechos, conocedora de su historia y de su nacionalismo. Por tanto, siempre se apegó a sus ideales demócratas, civilistas y antimilitaristas, defendiendo la libertad de expresión y el libre curso de las ideas. El año de 1970 nunca lo olvidó. Los militares mantendrían su poder a costa de abusos y desapariciones para con aquellos que expresaran rebeldía. Uno que pagó tan alto precio fue su amigo, el dirigente sindical bananero Tomás Palacios Salinas.

Lucha gremial

Al arribar 1976, Zúñiga arreció en sus denuncias. Ese año, el régimen condenó al amargo pan del exilio a muchos ciudadanos decentes y respetables por su vocación civilista. Fue entonces que surgió la lucha gremial clandestina, como la protagonizada por el Movimiento de Abogados Independientes (MAI), en la que participó con ahínco. Una de las banderas de lucha del MAI fue el rechazo a los tratados Torrijos-Carter, al considerar que en sus cláusulas se legalizaba la presencia de las bases militares y los Estados Unidos mantenían el control del Canal hasta el año 2000, fuera de condenar a los panameños a tolerar un tratado de neutralidad a perpetuidad. Pese a que los militares flexibilizaron el poder después de la firma de los tratados del Canal de 1977, mediante lo que se denominó “veranillo democrático”, la lucha del Movimiento de Abogados Independientes, fundado en 1975, se reactivó. Este grupo —integrado, además de Zúñiga, por Fabián Echevers, Carlos Bolívar Pedreschi, Miguel J. Moreno, Julio Linares y Diógenes Arosemena, entre otros— remitió al secretario de Estado Cyrus Vance un resumen de los perjuicios y violaciones a la soberanía nacional que causaba el nuevo pacto canalero. El MAI derivó luego en el Movimiento Independiente Democrático (MID), agrupación que amplió la participación social en la lucha por la democracia y la libertad nacional. Bastión de lucha fueron las emisoras Radio Mundial y Radio 10, de propiedad familiar, desde donde promovió en la conciencia popular la necesidad de una nueva Constitución.

El MID tomó como bandera de lucha el retorno de exiliados y el respaldo a los médicos y educadores panameños. En el periodo 1978-1979, Radio 10 recibió reconocimiento de los educadores que utilizaron ese medio como centro de sus luchas. Siempre soñó con la integración de un partido político que sumara a todos los civilistas y promoviera la tesis de que era imprescindible reemplazar la carta política militarista de 1972 para llegar a una verdadera democracia. Con esa perspectiva, en 1981 creó el Partido Acción Popular (PAPO) para impulsar la Asamblea Constituyente. La lucha de los civilistas, y con ella la del PAPO, fue tan persistente que el gobierno militar se vio obligado a convocar a un referendo para someter a la voluntad popular unas reformas constitucionales que, a juicio de Zúñiga, mantenían vigente el espíritu militarista de la Carta Política de 1972. Una honda decepción en su ánimo causó el apoyo que dieron los partidos de la llamada oposición a estas reformas, decisión que avaló su vigencia. Luego, los militares convocaron para mayo de 1984 a las primeras elecciones generales desde el golpe de 1968, y en ellas los otros dos partidos de oposición, Molirena y Demócrata Cristiano, postularon de forma unilateral al tres veces presidente Arnulfo Arias Madrid.

Frente a esta decisión, la convención del PAPO postuló a la candidatura presidencial al doctor Zúñiga Guardia. Sus compañeros de fórmula fueron Manuel Baloy García Almengor y la educadora Doris Rosas de Mata, con quienes recorrió el país, denunciando a la dictadura y afirmando que la campaña política era una farsa. Tras unas elecciones amañadas se consumó el fraude contra el caudillo panameñista. Haciendo valer sus convicciones civilistas y democráticas, Zúñiga Guardia denunció a la faz de la república esta nueva arbitrariedad del Estado Mayor de la Guardia Nacional.

La lucha civilista

La lucha contra la dictadura se prolongaba. Los abusos se hicieron más intensos, mientras que la resistencia civilista se acentuaba. Zúñiga luchaba con las ideas y su trinchera era Radio Mundial, desde donde transmitía La Voz del PAPO. Corría 1985 cuando por insistencia de grupos mayoritarios de la Universidad de Panamá lo hicieron decidir su retorno a la cátedra de Derecho Penal como profesor extraordinario. Fue en esa Facultad de Derecho donde volvió a promover la esperanza de un mañana libre y de respeto a las garantías fundamentales. Cuando en 1986 el coronel Roberto Díaz Herrera, jubilado a la fuerza por Noriega, confesó que la Guardia Nacional ordenó el fraude electoral contra Arias Madrid, Zúñiga convocó al pueblo a iniciar una resistencia civilista que se manifestaría a las 12 mediodía y a las 6 de la tarde, todos los días, enarbolando un pañuelo blanco, y haciendo sonar pitos o pailas.

Fue un modelo de lucha pacífica, sin nada de violencia, al estilo del patriota hindú Mahatma Gandhi. Pese a que los militares poseían las armas y las balas, y el pueblo con sus líderes solo portaban un pañuelo blanco, su impacto en la conciencia de los golpistas les hacía perder la cordura y arremeter con violencia contra un pueblo indefenso. El día que hizo el llamado ciudadano, en las inmediaciones de la calle 50, pudo constatar su poder de convocatoria. La gente comenzó a llegar, a reunirse, a sacar sus pañuelos blancos, y a sonar pitos y pailas. Los vehículos que desfilaban por la vía tocaban incesantemente el claxon y las sirenas, en apoyo a la lucha por el rescate de la soberanía del país. Desde el claustro universitario y a través de los medios de comunicación radiales y escritos, no dio tregua a su condena a los gobiernos de Arístides Royo, Ricardo de la Espriella, Rubén Darío Paredes, Nicolás Ardito Barletta, Eric A. Delvalle, Manuel Solís Palma, y del general Manuel Antonio Noriega. Haciendo causa común con los sectores que rechazaban el régimen militar y al general Noriega, fue uno de los gestores de la Cruzada Civilista Nacional, en 1987, integrada por conocidos empresarios y políticos tradicionales que organizaron movilizaciones públicas. Con los dirigentes de la Cruzada Civilista, Zúñiga mantuvo la lucha y la denuncia perenne.

Vio y sufrió cómo los paramilitares destrozaron su emisora Radio Mundial, después enfrentó la privación de su libertad, las vejaciones y golpes que pusieron en peligro su vida y la de su hijo Carlos Iván. El día en que la compañía de orden público “Doberman” irrumpió en los estudios de Radio Mundial, Zúñiga cuestionaba al general Noriega y al reemplazo del expresidente Eric Arturo Delvalle, Manuel Solís Palma, al que tildó de “hipócrita” y “títere” de Noriega. Los uniformados destruyeron muebles y equipos y se llevaron a la fuerza a Zúñiga y a sus hijos. Posteriormente, lo dejaron en libertad en los predios del sector de Curundú, no sin antes golpearlo, hacerle trizas la ropas y advertirle que de continuar criticando al “hombre fuerte” de Panamá pondría en riesgo su vida y la de su familia.

A finales de 1987 se crea la Junta Patriótica con la participación de Carlos Iván Zúñiga del Partido Acción Popular, Arnulfo Arias Madrid por el Partido Panameñista, Alfredo Ramírez por el Molirena, Ricardo Arias Calderón por el partido Demócrata Cristiano y Julio Harris por el Partido Liberal Auténtico. El objetivo era demostrar a todos los panameños que existía una oposición política unida, que le brindaba respaldo a la Cruzada Civilista Nacional.

Denuncia falsa oposición

Si bien Zúñiga fue un demócrata y civilista convencido, nunca dudó en denunciar, a través de los medios de comunicación, las maniobras de una falsa oposición política, en la que algunos miembros de los partidos políticos obtenían beneficios de los militares. En 1986 también condenó un posible arreglo entre las fuerzas de defensa y esa llamada oposición, que solo le daría oxígeno al gobierno de facto. Esa actitud cáustica de Zúñiga no era del agrado de los políticos que “adversaban” al Gobierno, pues Zúñiga sostenía que existía una crisis de corrupción que había, incluso, llevado al desprestigio a la Asamblea y no había más remedio que crear una Constituyente para poner orden en el Gobierno y la sociedad panameños. Así las cosas, la dictadura se debatió en una crisis de desgaste hasta 1989, cuando volvió a convocar a elecciones generales, comicios que volvió a perder el candidato del régimen de facto, al grado que a la dictadura no le quedó otro camino que anular las votaciones, y apretar su puño asfixiante alrededor del cuello de la democracia.

La invasión estadounidense

A fines de diciembre de 1989, Washington decidió que el tiempo de Noriega había expirado e invadió a Panamá. La llamada Operación Causa Justa ganó la censura de los verdaderos demócratas, y su responsabilidad la atribuyeron a los militares, tanto Zúñiga como los sectores civilistas.

Una vez asumió el poder el presidente Guillermo Endara Galimany, Zúñiga se mantuvo apartado del mismo y rechazó cargos públicos que le ofrecieron, como el de magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Al no ser partidario de la intervención estadounidense, prefirió mantenerse en su cabina de radio orientando al pueblo. Ya en 1991 le llegó una segunda oportunidad de aspirar a la rectoría de la casa de Méndez Pereira. Grupos académicos y estudiantiles lo animaron a participar, logrando nuevamente alzarse con el triunfo y administrar el centro superior de estudios hasta 1994, oportunidad que le habían negado los aliados del militarismo en 1968. Al presentarse como candidato a la rectoría, dirigió una carta abierta a los estudiantes en la que les expresaba sus intenciones e ideales al aspirar al cargo. Hablaba de su lucha nacionalista por recuperar la soberanía del país y de la necesidad de rescatar a la Universidad, la cual atravesaba una fase de decadencia académica y administrativa.

Legado universitario

Siendo diputado de la Asamblea Nacional, en 1966, gestionó ante la Comisión de Presupuesto la obtención de una partida para la construcción de un nuevo edificio para la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, en la Universidad de Panamá. Una vez concluido el edificio(1), con un diseño moderno para su época, la facultad decidió designar con el nombre del diputado y docente la nueva sede, en gesto de gratitud, reconocimiento que se hizo en una placa colocada en el vestíbulo.

  1. En el año 2007 el Consejo Académico de la Universidad de Panamá decidió darle su nombre al edificio principal de la Facultad de Derecho y no fue hasta octubre de 2008 cuando por colecta de los profesores se colocó la placa conmemorativa, a pocos días de su fallecimiento.

 

Durante su gestión al frente de la rectoría de la Universidad de Panamá elevó a Centro Regional Universitario la Extensión de La Chorrera, y creó el Centro Universitario de San Miguelito, así como la Extensión Universitaria de Barú. Otro aporte fue la creación de la Facultad de Bellas Artes, el Instituto de Estudios del Canal, la Orquesta de Cámara de la Universidad de Panamá y el Premio Literario Universidad. Inauguró el servicio de internet en la Casa de Méndez Pereira y gestionó la construcción de la nueva sede de la Universidad Popular de Coclé y de Herrera, y gestionó la construcción de la sede de la Universidad del Trabajo y de la Tercera Edad. Promovió la publicación de numerosos libros de autoría universitaria, abrió a concurso 500 cátedras, lo que le mereció que el Consejo General Universitario lo declarara “Rector magnífico”. Casi al finalizar su gestión, convirtió el Centro Regional Universitario de David en la Universidad Autónoma de Chiriquí, una propuesta suya que databa de la década de 1960. Culminada su gestión al frente de la Casa de Méndez Pereira anunció su retiro y decisión de dedicarse a atender la finca familiar en Boquete y cultivar café. El último día del Gobierno del presidente Endara, le solicitó que sancionara la ley que creaba la Unachi (Universidad Autónoma de Chiriquí) y así lo hizo.

Defensa de Lorenzo

En 1953, siendo diputado a la Asamblea Nacional, y al celebrarse el cincuentenario de la muerte del general Victoriano Lorenzo, pronunció un discurso en que hacía justicia a la vilipendiada figura del cholo guerrillero. Su defensa de Lorenzo la basó en los nobles y justicieros ideales que movieron a este campesino a luchar por justicia y por tierras para sus hijos. Por ello fustigó a quienes se atrevieron a llamarle “bandolero”, pues sostuvo que la historia casi nunca o nunca la escriben los vencidos y son estos, los opresores, los que relatan una versión distinta, parcializada y sin equilibrio.

Antimilitarista

Zúñiga Guardia fue un defensor a carta cabal de la democracia pura. Ello involucró su rechazo a la injerencia militar en el gobierno de la república y calificó al ejército como una amenaza perenne de la libertad y de los derechos civiles. Por ello propugnó por la eliminación de los ejércitos y planteó la necesidad de que el resto de los países latinoamericanos siguieran el ejemplo de Costa Rica y Panamá, y si bien admitía que era una misión enormemente difícil, la tarea debía constituir un ideal y un compromiso de los demócratas de América Latina.

Sus obras

Entre los libros y discursos que dejó para la posteridad figuran: El proceso Guizado. Un alegato para la historia; El manual del trabajador; El desarme de la Policía Nacional de 1916; Dos tratados: consideraciones histórico-políticas sobre el Tratado Urrutia-Thomson: el Tratado General de 1936, la neutralidad y sus proyecciones; El panameño, su vocación de libertad y las negociaciones, y otros que han sido rescatados de la dispersión y el olvido.

La corrupción al desnudo

En 2002, el doctor Carlos Iván Zúñiga fue designado presidente de la Comisión Anticorrupción, que preparó un pormenorizado informe sobre ese flagelo administrativo en Panamá. Consciente de su responsabilidad, dejó 51 recomendaciones al Gobierno para aplicar y evitar que los funcionarios incurrieran en el delito. Además, fue el orador principal en la presentación de la obra del centenario del Órgano Judicial, y en ese mismo año fue orador invitado en la Asamblea Legislativa para desarrollar el tema de la consolidación histórica de la nación panameña.

Abanderado del Centenario

Luego de una trayectoria ejemplar, democrática y patriótica, la presidenta de la República, Mireya Moscoso, lo designó “Abanderado del Centenario de la República” para presidir el desfile cívico del 3 de noviembre de 2003. Fue una forma de reconocer la constante exaltación de los valores nacionalistas y la defensa de la democracia de este panameño.

Deceso del patriota

Zúñiga descansó de su agitada vida, a la cual no dio reposo por sus inquietudes políticas, cívicas, democráticas y académicas, el 14 de noviembre de 2008, a los 82 años. Fue velado en la iglesia catedral metropolitana, donde fue despedido por una multitud de amigos, estudiantes, simpatizantes, familiares y pueblo en general que expresaron su tristeza por la irreparable pérdida. Tres expresidentes de la república —Mireya Elisa Moscoso, Guillermo Endara Galimany y Ernesto Pérez Balladares— suscribieron en la fecha una declaración conjunta en que calificaron su deceso como “una hora triste para la Nación panameña” y expresaron su pesar como el más elevado homenaje a la vida del doctor Carlos Iván Zúñiga Guardia. Finalmente, destacaron que “su vocación de servicio ciudadano llevada al extremo hasta cuando las fuerzas físicas ya no le acompañaban, dejan un legado imperecedero en la historia de las causas nacionales”.

Benemérito de la Patria

El 28 de octubre de 2009, unos diputados presentaron a consideración del pleno de la Asamblea Nacional un anteproyecto de ley que tenía como objetivo rendir un homenaje póstumo al doctor Carlos Iván Zúñiga Guardia, insigne patriota y demócrata, cuya vida ejemplar dedicada a la consolidación de la nacionalidad panameña y los valores fundamentales de la humanidad, debe ser modelo para las generaciones presentes y futuras. Dicha iniciativa legislativa declaraba al doctor Carlos Iván Zúñiga Guardia “Benemérito de la Patria” e instituía el 14 de noviembre de cada año, fecha de su fallecimiento, como Día del Patriota(2), con el propósito de que en ese día se celebraran actividades cívicas orientadas a resaltar los valores morales, cívicos, democráticos y patrióticos, que deben prevalecer en todos los ciudadanos y que fueron parte de su conducta. A la vez, decretaba erigir un monumento a la memoria del ilustre penonomeño y colocar un cuadro con su efigie en el hemiciclo legislativo.

 

  1. La alcaldía de Panamá mediante decreto nº. 1908 del 19 de octubre de 2010, decreta conmemorar el 14 de noviembre como el Día del Patriota, Dr. Carlos Iván Zúñiga Guardia, destacando sus valores cívicos, democráticos y patrióticos y crea una comisión para que todos los años conmemoren dicha fecha. También el Acuerdo Municipal del Distrito de San Miguelito expedido en el año 2012 dispuso conmemorar el Día del Patriota en honor a Carlos Iván Zúñiga.

Mezquindades legislativas

Sin embargo, este anteproyecto casi naufraga por mezquindades partidaristas y político-ideológicas, al grado de que solo se aprobó el 14 de abril de 2010, y se promulgó el 21 de abril del mismo año. Lo más triste de estas maniobras legislativas fue que recortaron la honrosa finalidad del proyecto original en el texto promulgado en la Gaceta Oficial y no declararon a Zúñiga Guardia “Benemérito de la Patria”, ni mucho menos instituyeron el 14 de noviembre, día de su muerte, como Día del Patriota. El mandato legislativo quedó reducido a que se le erigiera un monumento en el corregimiento de Ancón, se colocara un retrato del jurista en el hemiciclo de la Asamblea Nacional y cada 14 de noviembre se celebraran actividades cívicas orientadas a resaltar los valores morales, democráticos y patrióticos que deben prevalecer en todos los panameños.

No obstante, para el pueblo panameño que conoció de sus ejecutorias, la calidad de “patriota” se la había ganado desde los gloriosos días estudiantiles de diciembre de 1947 y por todos sus desvelos, inquebrantable norte nacionalista, democrático y civilista era de justicia reconocerlo como “benemérito de la Patria”. El Día del Patriota, a pesar de la mezquindad legislativa se convirtió en un hecho de repercusión nacional por la resolución expedida por la Defensoría del Pueblo en el año 2014. Ya en los distritos de Panamá y San Miguelito había sido reconocido dicho homenaje.

Otra mezquindad

Otro acto que reflejó las controversias en torno a la figura y trayectoria del doctor Zúñiga Guardia, de algunos sectores universitarios, fue la remoción del monolito erigido en su honor e instalado en la parte frontal del edificio de la Facultad de Derecho, por órdenes del decano del momento, el 1 de noviembre de 2011. El hecho generó el malestar de familiares, estudiantes, profesores y público en general, al grado de que el Consejo Académico se reunió para tratar la queja y finalmente ordenó al decano restituirlo en su sitio.

Penonomé honra a su hijo

El 14 de abril de 2010, el Consejo Municipal de Penonomé, provincia de Coclé, honró la trayectoria nacionalista, política y democrática del doctor Carlos Iván Zúñiga, quien había fallecido dos años antes, con un acuerdo municipal mediante el cual designó con el nombre del ilustre nacionalista la vía anexa a la avenida Juan Demóstenes Arosemena hasta su intersección con la calle Novena Norte, y que va hasta la avenida Juan Demóstenes Arosemena con la calle Sexta Norte.

 

También le rindieron homenaje la Universidad Latina, la Universidad del Trabajo de Coclé, y el Tribunal Superior de Justicia de Chiriquí, donde realizó sus más importantes defensas penales, colocó una placa en su honor. Además, la Sala de Lectura de la Biblioteca Eusebio Morales del Instituto Nacional y el Salón Taller de Derechos Humanos de la Defensoría del Pueblo llevan su nombre. Para concluir, hago mías las palabras de I. Roberto Eisenmann, aparecidas en el prólogo de Testimonio de una época: “Carlos Iván Zúñiga pudo irse tranquilo. Cumplió con su familia, cumplió con los excluidos de la sociedad, cumplió con la institucionalidad democrática, cumplió con la demilitarización de nuestra sociedad, cumplió con el perfeccionamiento de nuestra nacionalidad; en fin, cumplió con la Patria”.

Referencias bibliográficas

Asamblea Legislativa. Legispan. Ley 17 de 21 de abril de 2010, por la cual se reconocen los aportes a la nacionalidad panameña brindados por el Dr. Carlos Iván Zúñiga Guardia. Gaceta Oficial Digital 26.516.

Candanedo de Zúñiga, Sydia. Semblanza. La mística en la trayectoria cívica y moral de Carlos Iván Zúñiga Guardia. Artículo aparecido en la obra Carlos Iván Zúñiga. Testimonio de una época. Tomo I, Editorial Libertad Ciudadana. Panamá, 2009. 350 páginas.

Eisenmann. I. Roberto. Prólogo de la obra Testimonio de una época. Tomo I, Editorial Libertad Ciudadana, Panamá, 2009. 350 páginas.

Juan Cristóbal Zúñiga. Obras seleccionadas sobre pensamiento y estudios jurídicos de Carlos Iván Zúñiga. Tomo I. Imprenta Articsa. Panamá, 2014. 348 páginas.

Fallece Carlos Iván Zúñiga. Un patriota de lujo (2008, 15 de noviembre). La Estrella de Panamá.

Vivimos una crisis de corrupción: Zúñiga (1986, 30 de enero). La Prensa.

Zúñiga, C. I. (2006). El Frente Patriótico y las crisis del cuarenta. Panamá: Asamblea Nacional de Panamá.