• img-book

    Carlos Sucre Camarano

Categoría: Etiquetas: ,

Eusebio A. Morales

by: Carlos Sucre Camarano

Un hombre así, perfeccionista por temperamento hasta el punto de sentirse superior, despertó envidias, desafectos y malquerencias. Pero fue afortunado para Panamá que su visión, carácter y personalidad sobresalieran en la etapa de la formación de la República para que sus ideas y realizaciones superiores se concretaran sobre los intereses mezquinos que hubieran mediatizado las bases sociales y económicas del país.

Tags: ,
Meet the Author
avatar-author
Nació en la ciudad de Panamá, el 23 de abril de 1941. Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá, fundó con su padre la firma de abogados Sucre, Arias & Reyes en 1969, de la cual fue socio administrador. Fue magistrado suplente de la Corte Suprema de Justicia y como miembro del Colegio Nacional de Abogados, presidió su Comité de ética. Presidente del Club Rotario de Panamá, su “proyecto del año”: la promoción de los valores cívicos y morales, fue adoptado en 1985 como proyecto del año por todos los clubes cívicos de la República. También fue presidente de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa por dos períodos consecutivos, concretando un Acuerdo Nacional contra la Pobreza, así como también del Consejo Nacional de la Empresa Privada, donde logró diálogos nacionales para la recuperación económica y de propuestas sobre reformas estructurales a la economía nacional. Parcialmente retirado del ejercicio de la abogacía, tiene entre sus planes dedicarse a investigar y escribir sobre la historia panameña.  
Books of Carlos Sucre Camarano
About This Book
Overview

Eusebio A. Morales – Arquitecto del progreso social  y económico de Panamá

Sobre las ideas de Eusebio A. Morales se ha escrito y comentado extensamente, evidencia de la amplia repercusión e influencia que su vigoroso pensamiento tuvo en su generación y las siguientes de nuestra República. Sin embargo, hace falta conjugar las ideas con la historia de su vida para contar con una perspectiva integral y cabal de este hombre. Solo así se podrá apreciar la dimensión de su personalidad y la importancia abarcadora de su obra. El presente ensayo biográfico pretende dicho propósito. Aclaramos que una biografía completa de Morales requiere de mayor tiempo, investigación y análisis que el disponible para la presentación de este trabajo. Esperamos que en el futuro uno u otros puedan hacerlo. El ejemplo que nos lega Morales, y los hechos históricos alrededor de su vida, son frutos que debemos cosechar y lecciones que no debemos olvidar para el bien futuro de la República. Es costumbre dedicar estos trabajos y se me ocurre que lo apropiado es ofrecerlo a mis hijos y su generación: que siempre estén orientados hacia el progreso inteligente.

Juventud

Sincelejo

En las extensas sabanas del noroeste colombiano se encuentra Sincelejo, próxima al Mar Caribe y ubicada entre la ciudad de Cartagena, a unos 180 kilómetros al norte, y la frontera con Panamá, apenas a unos 240 kilómetros al suroeste.

Allí nació Eusebio Antonio Morales Mogollón el 5 de febrero de 1865, hijo de Juan José Morales, de origen español y de Ramona Mogollón.(1) Sincelejo formaba, entonces, parte del departamento de Bolívar cuya capital es Cartagena.

1.Hay divergencias sobre el apellido materno de Eusebio A. Morales, tanto en la literatura consultada como entre su familia. Hemos utilizado el apellido Mogollón en lugar de Magallón, ya que es el que vívidamente recuerda su más próximo pariente viviente, Nelly Morgan Morales, como también porque es un apellido común en el área de Cartagena de la época, mientras que el de Magallón no aparece.

La dispersa población de Sincelejo, a la fecha del nacimiento de Morales, era de apenas unos 11 000 habitantes, ocupando 28 134 hectáreas. Su principal actividad era y sigue siendo la ganadería. Pero el 83 % de la población se dedicaba a la agricultura, y la élite económica no pasaba de 150 personas. No contamos con información concreta sobre su entorno familiar, pobre o acomodado, y asumimos, por sus estudios posteriores y capacidad intelectual, que de alguna manera tuvo acceso a una buena educación básica.

Ante la falta de escuelas, solo la educación recibida en el hogar o la procurada por la familia pudieron darle a Morales la orientación y formación con las cuales cursar luego estudios superiores. Persona o personas que le enseñaran las primeras letras y le facilitaran libros en los que su curiosidad lo llevara a aprender. En todo caso, adquirir una educación básica, elevándose sobre su entorno social, debió requerir un esfuerzo personal mayor al usual, ya de por sí un logro extraordinario para un niño.

Deducimos, entonces, que es en su juventud cuando adquiere los hábitos de toda la vida de estudio, responsabilidad y análisis intelectual. Lo que me dices, de mi aislamiento espiritual, es cierto; pero él es el resultado de un largo proceso de educación, de concentración intelectual y de meditación fructífera, le manifiesta a su hijo Ricardo. A lo que agrega su otro hijo, Ernesto: La disciplina de su espíritu era estricta.

El entrenamiento de sus facultades era una norma de su vida. Y completa su hija Enriqueta: Mi padre repetía a sus hijos y subalternos que lo más importante para alcanzar el éxito era cumplir la responsabilidad que nos encomendaba, y por ello exigía siempre el cumplimiento del deber. La soledad en la magnitud de semejantes praderas y su paisaje ondulado de relieves de 50 a 260 metros sobre el nivel del mar, debe haber influido en su carácter “eminentemente reflexivo”.

También alimentaron su amor por la naturaleza. Cuando joven, llevado por el temperamento contemplativo, yo escribí versos, le confiesa a Ricardo Miró. Mucho después, con vista al volcán Barú en Chiriquí, Morales da testimonio de su veneración casi religiosa:

Esas cumbres que el sol poniente ilumina y que el viento Norte azota con violencia, han visto el mismo sol y sentido el constante golpear de este mismo viento por más de doce millones de años, y han presenciado también la aparición y las infinitas transformaciones de la vida orgánica. ¡Cuán inmenso, armonioso y sublime es el poder de las leyes naturales a cuyo influjo surgen los mundos y se originan y desarrollan y transforman los seres vivos! ¡Cuán inmensa es la escala viviente que principia en el plasma de las cromáceas y termina en el hombre! Y cuán pequeño es el ser que se atribuye el papel de rey de la creación y no ha podido aún pasar de los umbrales del templo en que la naturaleza guarda sus misterios.

Por otra parte, la formación física musculosa, su cuerpo esbelto, la excelente salud de la que gozó durante su vida y el hábito de ejercicios gimnásticos diarios, combinados con la natación, la equitación y el excursionismo, deben haberse originado en una niñez transcurrida en la campiña, la cual hace imperativa la actividad física. No es de sorprender que Morales siempre haya demostrado valentía: sus primeros años de vida transcurrieron en el ambiente de Sincelejo, de tradiciones corajudas campesinas, adonde, por la ausencia de una sociedad debidamente organizada, y además, producto de una época y lugar en que las luchas civiles y sociales eran constantes, el individuo desde niño debía aprender a defenderse por sí mismo.

Rumbos

Siendo adolescente Morales se traslada a Cartagena, la cual ofrecía las mejores oportunidades de estudio en la región. No sabemos si se desplazó solo o con familia. La doctora Concha Peña afirma que Morales cursaba estudios en la Escuela Normal del Estado de Bolívar a la fecha del centenario de Bolívar, o sea, en 1883, cuando contaba con 18 años.

Los estudios eran intensos, de un solo año, conforme al programa liberal de contar con maestros para expandir rápidamente la educación primaria (Peña, 1957). Escogido por el rector de la Normal, ofrece el homenaje al centenario de Bolívar con un dramático discurso:

La historia de la humanidad se resume en estas palabras: lucha, sangre, exterminio. …Díganlo, o no, la sangre que a raudales ha corrido de uno a otro polo y los osarios que han alfombrado al suelo en todos los siglos. ¡Interrogad al mar, al valle, al desierto, al abismo, a la montaña y todos os responderán: sangre!

Debió ingresar inmediatamente a la Universidad de Cartagena. El plan de estudios de Derecho era de tres años, y se gradúa a finales de 1886, no obstante las interrupciones causadas por la guerra civil de 1885.

Morales se formó dentro de un plan educativo aún influenciado por el liberalismo radical colombiano, basado en la corriente filosófica del positivismo en la enseñanza y método, tolerancia religiosa y el fortalecimiento de la democracia mediante la educación popular. Los conservadores, en cambio, contaban con su propio plan educativo centrado en el Colegio La Esperanza y cuyo modelo pedagógico promovía una férrea disciplina y la enseñanza del dogma católico, rechazando el racionalismo.

La élite de Cartagena se empeñaba por encontrar los medios para la recuperación económica de la ciudad, que desde la independencia, había perdido su importancia como puerto. Su mayor esperanza era el político cartagenero Rafael Núñez. Para la fecha en que Morales se gradúa como abogado, la alianza integrada por la facción liberal nuñista y los conservadores había triunfado en Colombia y controlaba Cartagena.

Se iniciaba la época de la Regeneración colombiana. Sincelejo fue siempre un bastión liberal. Así, no es de extrañar que a su llegada a Cartagena ya estuviera influenciado por el liberalismo, doctrina que debió quedar reforzada en él con la educación recibida tanto en la Normal como en la Universidad, acentuada con las rivalidades que debieron existir entre los centros educativos liberales y conservadores. Finalmente, la guerra civil de 1885, parte de la cual se libró en Cartagena, debe haber hecho inevitable volcar sus simpatías a la causa liberal.

Por otra parte, adquirió una base sólida en sus estudios de Derecho. La Universidad de Cartagena fue fundada en 1827, en los albores de la Gran Colombia, conjuntamente por Francisco de Paula Santander y Simón Bolívar. Su primer nombre fue el de Universidad del Magdalena y del Istmo, queriendo comprender dentro de su ámbito de influencia a Panamá, así como al Caribe colombiano. Respecto a sus hábitos, era puntual y vestía de forma impecable. Mantenía una disciplina de entrenamiento intelectual y físico.

Proyectaba matemáticamente la distribución del trabajo, estudio, reposo y de todas las actividades y placeres diarios. Las tareas que emprendía eran preparadas con cuidado, para luego ejecutarse con un vigoroso dinamismo y con el optimismo de quien ha calculado de forma minuciosa el éxito. Este es, pues, el joven Eusebio Morales que decide dejar Cartagena para embarcarse hacia Colón. No parece haber un imperativo que lo obligara a dejar el Estado de Bolívar ya que, años después, al comentar su primera impresión negativa de la ciudad de Colón, nos dice que “al cabo de unos pocos días de residencia resolví el regreso a Cartagena”; es decir, el retorno era viable.

Colón. Encuentro con Panamá

En una tarde lluviosa, a fines de 1886, arriba Morales a Colón con 21 años de edad, aún discurriendo entre sus “sentimientos” ideológicos y la “razón” que predominaba, dada las “realidades de la vida”. Tanteaba por un ambiente de tolerancia a sus ideas liberales y a la vez propicio para sus anhelos profesionales. Colón tenía una población de quince mil habitantes. Era una ciudad relativamente nueva, fundada en 1852 como terminal en el Atlántico de la Compañía del Ferrocarril de Panamá.

Un año antes había sido quemada en su mayor parte como consecuencia de la guerra civil de 1885, atribuyéndose el hecho al abogado liberal Pedro Prestán. La llegada había sido proyectada con tiempo, y lo esperaba su primo Víctor Manuel Paternina, hijo de una hermana de la madre de Morales. Su primer encuentro con Colón lo impresionó tan desfavorablemente, que muchos años después hace un vívido y elocuente relato en donde describe las lamentables condiciones urbanísticas y sanitarias en que se encontraba la ciudad, los índices de criminalidad y la deficiencia de su administración pública.

Morales decidió a los pocos días regresar a Cartagena, lo que no hizo por haber contraído fuertes fiebres que lo obligaron a guardar cama. Felizmente, la contrariedad le permitió informarse que las desventajas de la ciudad se compensaban con la calidad de sus habitantes y que muchos se quedaban por considerar a Colón un conveniente refugio o “asilo tranquilo y seguro contra las persecuciones y las intolerancias políticas” del resto de Colombia. Así mismo, en el curso del tiempo, forjó nuevas amistades que luego recordaría con afecto. Entre ellas se destacan Justo Arosemena, Bolívar J. Franco, Porfirio Meléndez, su futuro cuñado Ricardo Bermúdez y Jacobo L. Salas.

En Colón inicia Morales el ejercicio de la abogacía, con éxito. Se distinguió como abogado de varias empresas entre ellas la Compañía del Ferrocarril de Panamá. También fue juez municipal. Para 1892 ya era un abogado de fama reconocida, tanto así que Justo Arosemena, abogado también del ferrocarril, le encomienda un estudio sobre la viabilidad de rescindir o resolver un contrato de compraventa simulado, tema de importancia jurídica referido por el abogado más reconocido en el Panamá de esa época.

Personalidad

Entre los valores de Morales cabe destacar especialmente la honradez e integridad, en lo material, así como en sus actos y convicciones. A lo largo de toda su vida profesional como abogado, durante la guerra civil y luego en sus numerosos desempeños como servidor público, su honestidad nunca fue cuestionada. Su prestigio en este sentido era tal que cuando se cuestionaba la honradez de otros, como en el caso de Porras, acudían a Morales para que diera el testimonio reivindicador.

Así se resumió su honestidad: “no le dejó fortuna a sus herederos, cuando habría podido recoger muchas prebendas…, fue un hombre pulcro, incontaminado, poseía un gran valor físico y moral”. Su temperamento no era fácil. Por lo general de buen humor, podía ser intempestivo y brusco cuando se le interrumpía en el trabajo o meditaciones. Mostraba su desagrado ante imprudencias y faltas de cortesía. Morales confiesa, al comparar sus propios esfuerzos intelectuales: “produce en mí la más profunda irritación contra los que pretenden saber y no saben y algo de desdén por los que pueden aprender y no quieren”. Empero, ese desprecio que lo apartaba de muchos lo compensaba con un propósito de mayor alcance humano, un formidable sentido de justicia social:

Al mismo tiempo veo claro que tengo el deber de aplicar lo que he aprendido en beneficio del pueblo, que debe ser conducido a una mejor y más noble existencia, y de ahí han nacido mis luchas internas por una vida intelectual serena y aislada, que es la tendencia del filósofo, y mi deber de servir a los que no tienen culpa alguna si no saben nada o si no pueden volar alto.

Sin embargo, Morales ejercía un formidable control intelectual, así como gran poder psicológico y penetración sobre las personas que trataba. Sus amistades no se limitaban a su propio círculo político y aun en momentos álgidos prevalecía el respeto y la cordialidad mutua en las relaciones con sus adversarios.

Consolidación ideológica

El liberalismo de Morales se origina en el radicalismo colombiano, pero sin sus posturas extremas. En Panamá se une a la corriente nacionalista liberal de Buenaventura Correoso a través de sus seguidores, Carlos Mendoza y Belisario Porras, identificándose con sus programas sociales a favor de la educación y salud popular, así como del desarrollo de la producción nacional.

La influencia positivista se nota en la cuidadosa y soslayada crítica que hace al programa original de los liberales radicales:

Las obras políticas no deben ser por eso, materia de imitaciones serviles, sino de observación y de experiencia; y quienes tales principios no tienen en cuenta, construyen sobre el viento sus vistosos edificios para que sirvan luego de juguetes al elemento falaz que los arrastra, los disloca y los aniquila.

Se diferencia de la corriente positivista individualista, opuesta al intervencionismo del Estado. Comenta Isaías García: “Sin llegar a una concepción socializante del Estado, (se) adhiere resueltamente a la idea de la necesidad de un creciente intervencionismo del Estado en la vida social y económica” (García, 1961).

Así mismo, se caracteriza por la importancia que prestaba al problema económico: “…un pueblo políticamente independiente puede ser profundamente infeliz si carece del elemento esencial de su independencia económica”. Al mismo tiempo, al analizar la experiencia soviética, rechaza todas las ideologías que denomina “maximalistas”. La hostilidad entre diversas clases sociales, la “destrucción de los capitalistas” por el “predominio de los proletarios” es la sustitución de una tiranía por otra.

Intimidad

Morales se casa con María Enriqueta Bermúdez Arosemena el 26 de enero de 1888, a los dos años de haber llegado al país. Queta, como la llamaba, tenía apenas 17 años, seis menos que él. Tuvieron seis hijos: Eusebio, Enriqueta, Ricardo, Josefina, Juan y Elena, que han prolongado una descendencia numerosa y distinguida en el país. Antes de la guerra de los Mil Días, la familia Morales se muda definitivamente de Colón a un edificio llamado “Chiriquí” en el casco viejo de la ciudad de Panamá.

Morales tuvo otro hijo, Ernesto, concebido en el interior del país, mientras permanecía escondido por persecuciones políticas. También se trasladaron de Colombia a Panamá sus hermanos Ramón del Cristo, dentista, que primero radicó en Panamá, para luego vivir en Chiriquí; y, Alejandro, que desde un principio se estableció en la misma provincia. En la misma época, ya vinculado en forma definitiva al istmo panameño, hizo amistad con tres abogados y periodistas, quienes quedaran siempre ligados a su vida pública y privada.

Los tres fueron presidentes de Panamá. Morales no. Su amigo más íntimo fue Carlos Mendoza, prominente masón, también dirigente liberal y quien llegaría a ser el primer presidente afrodescendiente de América. Juntos ejercieron la abogacía, el periodismo y la política.

Mendoza era un fogoso orador, enérgico y emocional, producto de los arrabales de Santa Ana. Morales era el compañero reflexivo ante los entusiasmos y exaltaciones del otro. Sus personalidades se complementaban porque no eran egoístas y anteponían sus ideales a los intereses personales. En cambio, con Belisario Porras mantuvo una amistad íntima, pero agitada. Se atraían por las ideas políticas que compartían, pero tenían caracteres difíciles de conllevar. Ramón Valdés era el único de estos tres amigos de Morales de origen acomodado. Ambos fueron socios en el ejercicio de la abogacía por muchos años en Colón.

El proceso de independencia

La guerra como preámbulo de la independencia

La guerra de los Mil Días y la independencia de Panamá constituyen hechos históricos que se suceden y están articulados, por lo que deben estudiarse de manera integral. No hacerlo sería como explicar la independencia como una obra de teatro en la que solo se representa el acto final, sin escenas previas; escuchar el glorioso desenlace, sin desarrollar la trama de la obra con todos sus detalles sobre ideales, sacrificios, limitaciones, errores y aciertos que explican el resultado final.

Aunque la guerra en Panamá no tuvo como objetivo la independencia, los liberales istmeños la iniciaron como un proyecto propio para liberarse de la hegemonía centralista de Bogotá. Las banderas liberales tuvieron el apoyo generalizado porque favorecían la autonomía política y la liberación económica, temas fundamentales para el panameño. En este sentido, era una guerra de liberación contra las políticas imperantes en el resto de Colombia. Para Morales, también, guerra e independencia marcan su destino. Al concluir la revolución en Panamá, Eusebio A. Morales ya era una de las personas importantes a tomar en cuenta respecto al destino del Istmo. Además, como la poesía “Patria” de Miró que tanto le impresionó, Panamá ya era el lugar de sus recuerdos vitales, “…Pedazos de la vida envueltos en jirones de amor o de dolor”.

En un artículo publicado en 1902, Morales hace un análisis razonado de las causas de la crisis colombiana conducente a la guerra civil de 1898 a 1902. Los crecientes gastos militares, combinados con el despilfarro, produjeron el desorden en la administración de los fondos públicos, hasta el punto de que mientras algunos gastos importantes para el gobierno se pagaban oportunamente, otros, como los del departamento de Panamá, llegaron a tener una morosidad de dos años.

Tal situación fiscal dio por resultado la contracción del crédito ante las fluctuaciones del cambio, ocasionando graves consecuencias económicas que afectaron profundamente la economía del país. La otra cara de la moneda eran los excluidos por el sistema. La educación pública fue entregada a la Iglesia católica, conducida con intolerancia en la Colombia de esa época y quedó vedada a quienes no profesaban esa religión. La prensa fue suprimida y los escritores presos o desterrados. Apoyados por los gobiernos afines de Venezuela, Ecuador y Nicaragua, los liberales inician la guerra en Colombia, obteniendo algunas victorias iniciales.

Sin embargo, los conservadores triunfan en las batallas decisivas, debiendo los liberales optar por la guerra de guerrillas. Las principales debilidades de los liberales fueron la ausencia de un mando militar centralizado, el caudillismo y protagonismo de sus dirigentes, combinado con la falta de disciplina de las tropas. En cambio el gobierno conservador contaba con un ejército organizado y numeroso, el cual trasladaba, según las necesidades de la guerra, incluso a Panamá.

La guerra en Panamá

La guerra civil en el territorio panameño tuvo dos etapas: la dirigida por los liberales panameños y la comandada por los colombianos. La población de Panamá en esa época era de unos 275 000 habitantes. Al inicio de la contienda el gobierno sólo contaba con 580 soldados, concentrados todos en las ciudades de Panamá y Colón. Las restantes provincias eran custodiadas por voluntarios.

Los liberales panameños decidieron emprender la revolución en el Istmo y pedirle a Belisario Porras, radicado en Nicaragua, que asumiera la dirección. Morales, entonces de 34 años, fue comisionado para coordinar la empresa con Porras. Mendoza se une a Morales y Porras en Nicaragua. Luego de algunas dificultades en negociar la ayuda del presidente nicaragüense, José Santos Zelaya, la expedición sale del puerto de Corinto, en el Pacífico de Nicaragua, el 26 de marzo, con 110 hombres, 600 rifles Remington, pertrechos y dos cañones, siendo desembarcados en Punta Burica, al extremo oeste de Chiriquí, el 31 del mismo mes. Para nosotros, dice Morales, “igual a la destrucción de las naves de Cortés”. Al llegar, Porras designa al general Emiliano Herrera como director de operaciones militares.

Mendoza y Morales son nombrados, respectivamente, como secretarios de Gobierno y de Hacienda. Reforzados con sus copartidarios locales los liberales avanzaron hasta David, donde Morales tiene su bautizo de guerra, mereciendo mención especial tanto de Porras, como del general Herrera. En Azuero se incorporan más adeptos al ejército liberal, continuando el avance para unirse a la fuerza dirigida por Herrera en Coclé.

Misión de Morales a Ecuador y Nicaragua

Morales se separó de la expedición en Chitré con la misión de obtener armamento adicional. Con los reclutas incorporados en Azuero se completó la colocación de armas obtenidas en Nicaragua.

Lo complicado era salir de Panamá sin ser apresado. El 11 de mayo de 1899 se embarca en un bote abierto hasta Taboga, a cuyas playas llega nadando. Su amigo Navarrete lo protege en la isla y logra los contactos para introducirlo de polizón en un barco que salía de Flamenco hacia el Ecuador. Para pasar desapercibido se vistió como trabajador y se confundió entre los estibadores.

El general Eloy Alfaro, liberal y presidente de Ecuador, además de darle ayuda económica personal, le ofreció mil rifles Mannlicher, 200 000 tiros y dos cañones Krupp con sus dotaciones. Morales confrontaba dos problemas: embarcar las armas desde Ecuador, donde no había facilidades de transporte marítimo efectivo, y la diferencia del armamento ya suministrado por Nicaragua con el ecuatoriano.

Al final, con el propio Alfaro encuentra la solución: remitir a Nicaragua los rifles Mannlicher para Zelaya y que éste suministrara a los panameños la misma cantidad de rifles Remington, así como el transporte a Panamá, nuevamente en la nave nicaragüense La Momotombo. Llegó a Corinto los primeros días de junio e hizo el intercambio del cargamento de armas. También organizó a 40 o 50 colombianos, panameños en su mayoría, detenidos en Managua desde abril en espera de poder unirse a la revolución, un cuadro de 18 oficiales extranjeros y reclutó a un experimentado militar guatemalteco, experto en artillería.

El 4 de julio hace declaraciones al diario El Comercio, repletas de optimismo: “La revolución en Panamá está pujante y la considero invencible”. Armas y tropas salieron de Nicaragua y llegaron el 14 de julio a San Carlos, con tiempo para completar el armamento necesario para el ataque a la ciudad de Panamá.

La batalla de Calidonia

Entre tanto, los liberales habían avanzado desde Chiriquí y Azuero hasta Coclé; y luego de cruzar sus montañas llegaron a la provincia de Panamá, donde obtuvieron un triunfo importante sobre los conservadores en Bejuco, que les permitía avanzar hacia la capital.

Para la toma de la ciudad de Panamá, Porras propuso atacar por dos frentes: uno desde el oeste, comandado por Herrera, y otro a partir del este, dirigido por él mismo. Herrera insistió en un solo frente bajo su mando. Porras se negaba a entregar sus fuerzas a Herrera.

Pero el emisario de éste lo presionó, haciéndolo responsable del fracaso de la batalla, de no contar Herrera con esas fuerzas. Porras le respondió:

Señor general no creo ser infalible, ni único poseedor de la verdad, y por eso cederé a la exigencia de usted, siempre y cuando que los amigos presentes, que son mis consejeros, lo resuelvan así. […] son ustedes los que andan conmigo, y a ustedes me dirijo: ¿Creen que voy errado y quieren que cambie de camino? Lo haré de tal modo sacrificando mi opinión, pero repitiendo ¡que vamos al desastre! De estos amigos presentes, Eusebio A. Morales estuvo siempre identificado conmigo, de manera que creía contar con su opinión de antemano. ¡Cuál, pues, no sería mi pena y consternación cuando le oí decir: —Sí, yo creo que usted debe poner las fuerzas a las órdenes del general Chaux para que se las lleve a Herrera! Reprimiendo cierta contrariedad, enojo o violencia, Mendoza dirigiéndose a mí, agregó: ¡Mándalas, pues!

Los resultados confirmaron, en todo caso, que el plan de Porras era superior al de Herrera. El valiente ejército liberal fue sacrificado en un improbable ataque frontal al puente de Calidonia, donde la mitad de sus fuerzas, de 1200 efectivos, fueron bajas; mientras que el gobierno conservador con 415 soldados sólo tuvo 98 víctimas.

Como consecuencia de la derrota, los liberales firmaron un armisticio que dejaba en libertad a sus combatientes. Porras sale para Centroamérica, mientras que Morales y Mendoza afrontan los agravios de los conservadores. El general conservador Carlos Albán aprovecha como excusa un pleito que atendía Morales a favor de trabajadores que le reclamaban salarios a la Compañía Nueva del Canal de Panamá, para arrestarlo.

Mendoza también fue apresado alegando motivos semejantes. Lo que pretendían era confinarlos en el Cauca. Sin embargo, Albán los hizo llamar. Había llegado a la conclusión, les dijo, luego de estudiar la documentación relacionada con la guerra, que ellos habían hecho una revolución con guantes blancos y con una honradez que se complacía en proclamar con orgullo. “Yo me consideraría como un hombre injusto y muy poco noble si después de haber adquirido esta convicción les dejara a ustedes presos un solo día más”.

Fase dirigida por el liberalismo colombiano

Derrotados los liberales panameños en Calidonia, continuaron operando como guerrillas, unas dirigidas por Manuel Patiño y Manuel A. Noriega en las regiones de Panamá y Colón, y otras, las de Victoriano Lorenzo, en Coclé. Porras, Morales y Mendoza se incorporan a las guerrillas de Lorenzo bajo el liderazgo de Porras. Además, el general Domingo Díaz encabeza otra invasión que intenta unirse a las guerrillas de Panamá y Colón, pero fue derrotado por los conservadores al mando de Albán. Mientras, el veterano general liberal Benjamín Herrera proyecta un escenario bélico en el Pacífico colombiano, o sea, en su nativo Cauca, y en Panamá.

Con una fuerza de 1200 hombres bien armados y el apoyo de una nave artillada para la guerra, desembarca en Tonosí. Las fuerzas de Porras y de Lorenzo se le unen. No obstante los importantes triunfos que logra Benjamín Herrera a lo largo del interior del Istmo, las circunstancias no le favorecían. Los liberales habían sido derrotados en el territorio colombiano, el gobierno había reforzado la ciudad de Panamá con sus ejércitos liberados de la guerra y además, había recurrido a la intervención norteamericana para detener la guerra.

Notificado Herrera de que no se permitirían acciones bélicas a lo largo del ferrocarril interoceánico e invitado a negociar la paz, se traslada al acorazado Wisconsin, con su jefe de estado, Lucas Caballero, y Morales. Luego de tres días de intensas negociaciones se firma el tratado de paz, garantizando la amnistía por los hechos de la guerra y la exclusiva competencia del poder judicial respecto a delitos comunes.

Sin embargo, poco tiempo después Victoriano Lorenzo es juzgado y condenado por un consejo de guerra por supuestos crímenes comunes. A Morales, Benjamín Herrera y Caballero se les responsabilizó por el fusilamiento de Lorenzo. Incluso se dijo que en el tratado firmado en el Wisconsin había cláusulas secretas en las que se convenía la entrega de Porras y Lorenzo.

Morales públicamente defendió la inocencia de Lorenzo e hizo saber su inconformidad con su fusilamiento. Al enterarse de que Lorenzo sería fusilado, se dirige al negociador y ya ministro de Guerra, Alfredo Vásquez Cobo, y relata el siguiente intercambio de comunicaciones:

 

ANUNCIÁNDOSE JUZGAMIENTO MILITAR VICTORIANO LORENZO. RECUÉRDOLE CLÁUSULA TRATADO DE PAZ CONTRARIA TAL ACTO. CONFÍO INTERPONDRÁ UD. SU INFLUENCIA PARA IMPEDIRLO.

Respuesta:

IGNORABA JUZGAMIENTO. RECUÉRDOLE LORENZO PROTESTÓ CONTRA TRATADOS EN SAN CARLOS, LUEGO FUGÓSE BOGOTÁ.

Y el cáustico comentario de Morales:

Ese cablegrama contiene dos partes, una que parece ser la condenación del acto y así lo interpreto yo para honra del Gral. Vásquez Cobo y otra que parece anticipar una excusa o una justificación del procedimiento. Corresponde al Gral. Alfredo Vásquez Cobo explicar cuál es la interpretación que el país debe darle a su respuesta, le cedo la palabra.

Independencia

José Agustín Arango, conservador y principal promotor de la independencia, informa a Eusebio A. Morales del movimiento separatista en el mes de octubre de 1903. La iniciativa de los conservadores es digna de mención, ya que mostraron gran sagacidad política al controlar los hechos, en lugar de dejarse arrastrar por estos. A los principales dirigentes liberales, Morales, Mendoza y los hermanos Domingo y Pedro Díaz, entre otros, se les encomendó gestionar el apoyo popular a la causa.

Estos últimos reclutaron más de mil hombres dispuestos a defender la independencia. Mientras tanto, los colombianos procedieron a rechazar el Tratado Herrán-Hay, y Theodore Roosevelt, ya decidido por la ruta de Panamá sobre la de Nicaragua, recibía el informe de los espías militares enviados a Panamá, capitán Chauncey B. Humphrey y teniente Grayson Murphy.

Estos le confirman que la revolución panameña ocurriría a fines de octubre o principios de noviembre, por lo que dio órdenes a los barcos de guerra norteamericanos de prevenir el desembarco de cualquier fuerza que pudiera iniciar conflictos en la vía transístmica. Morales sostuvo que Estados Unidos no participó, directa ni indirectamente, en la preparación de la independencia y que no había entendimiento alguno o la creencia que dicho país ayudaría a Panamá.

Los próceres, agrega, actuaron convencidos de que Estados Unidos se encontraba ante una situación que no podía ser resuelta sino de un solo modo: evitar que el Istmo se convirtiera en el teatro de una larga guerra, afectando sus intereses y la construcción del canal. La dirección del Estado fue puesta bajo la Junta de Gobierno Provisional integrada por los conservadores José Agustín Arango y Tomás Arias y el liberal Federico Boyd. Como ministro de Gobierno y Justicia quedó designado Eusebio A. Morales. Desde el inicio, a Morales se le asigna el rol de rector intelectual de la nueva república.

La Junta de Gobierno Provisional le encomienda la preparación del Manifiesto expresando las causas de la separación y luego su Mensaje a la Convención Constituyente. En el Mensaje se exponen los hechos históricos que precedieron a la independencia: nuestra unión voluntaria a Colombia, la reacción contra el centralismo que nos llevó a intentar independizarnos en 1841, la creación del Estado de Panamá autónomo en 1855 seguido del régimen federal colombiano en 1858.

El Manifiesto se refiere a los agravios sufridos por los panameños de parte de Colombia. El Istmo fue gobernado con el estrecho criterio colonialista, siendo sólo fuente de recursos fiscales. Las cuantiosas sumas recibidas por Colombia de los contratos del Ferrocarril y del proyecto del Canal, así como las rentas recaudadas no se enumeran para no parecer impulsados por espíritu mercantil, pero el Istmo no ha recibido el beneficio de un puente, camino, edificio público, colegio. En vista de semejantes causas tan notorias, Panamá

ha decidido recobrar su soberanía, entrar a formar parte de la sociedad de las naciones independientes y libres, para labrar su propia suerte, asegurar su porvenir de modo estable y desempeñar el papel a que está llamado por la situación de su territorio y por sus inmensas riquezas. Pero, al separarnos, lo hacemos sin rencor y sin alegría sino “en cumplimiento de supremos e imperiosos deberes; el de la propia conservación y de trabajar por su propio bienestar”.

Se logró la separación de Colombia y la independencia, se evitaron los derramamientos de sangre de la recién terminada guerra civil, se impuso la vía de Panamá sobre la de Nicaragua; pero hubo un costo: El Tratado Hay–Bunau-Varilla.

La Junta de Gobierno, representada por Morales, asume la responsabilidad por la ratificación del tratado en el Mensaje, manifestando que para hacerlo “tuvo en cuenta razones poderosas especiales que os serán comunicadas por el ministerio del ramo, en caso de que juzguéis indispensable conocerlas”. Morales en el Mensaje no da hechos concretos que confirmen las razones poderosas para firmar el tratado, quizá por ser en ese momento confidenciales, pero sí los motivos:

Es condición esencial del convenio la obligación perpetua que los Estados Unidos han aceptado de garantizar la independencia de nuestro país. Ese acuerdo es un punto de tan vital importancia puesto que se relaciona con la existencia misma de la Nación, que a falta de tal garantía se vería expuesta a agresiones externas cuyo tenor nos mantendría obligados a permanecer en constante estado de defensa […].

Ante la disyuntiva garantizar la independencia con el gravamen del tratado de 1903 o la supeditación a la problemática colombiana, Morales y su generación asumieron el riesgo de consolidar la nación, con menor grado de dependencia y mayores opciones de progreso.

El arquitecto

Para Eusebio A. Morales, la oportunidad de ser parte relevante en la formación de la nueva República debió excitar en sus íntimos pensamientos emociones similares a la complacencia y retos que siente un talentoso arquitecto cuando tiene la oportunidad de diseñar y construir su magna obra. Sus convicciones positivistas lo estimulaban a utilizar su creatividad en la construcción del país. Ya antes de la guerra civil, al hablar sobre las tareas necesarias para reconstruirlo de la ruina y desolación, había dicho que se contaba

con un elemento cuyo poder no tiene límites ni medida, y es la fuerza propulsora de las ideas con las cuales se puede acometer la empresa de fundar un monumento ya que esas ideas son vínculo que no se rompe y argamasa que produce estructuras inmortales.

En 1903, seguramente abrigó en su intimidad pensamientos e ideales semejantes a los que luego expuso ante los egresados como abogados en 1922: dedicar todas sus capacidades y energías a “actualizar el porvenir”, adelantarse a los tiempos creando “lo que habría de existir probablemente en el curso de una centuria” y “anticipar el progreso”, brindándole a los hombres de su época la felicidad que soñaban para sus descendientes.

Ministro de Gobierno

Como secretario de ese despacho durante los dos meses y medio de duración de la Junta de Gobierno, Morales participó en las deliberaciones de la nueva República. La Secretaría de Gobierno tenía a su cargo los preparativos iniciales relacionados con la organización interior del país y las primeras elecciones para constituyentes y municipales. Ya en esa época hace las primeras denuncias por fraudes electorales. Parte importante de sus funciones eran los temas políticos relacionados con el acuerdo entre conservadores y liberales.

Como representantes de estos recibió los primeros ataques políticos, especialmente de los constituyentes conservadores. En el citado Mensaje Morales les pide a los constituyentes darle forma al nuevo gobierno como una República, exhortándolos a evitar luchas sobre sistemas filosóficos y creencias religiosas opuestas. La Constitución no es, no puede ser, la obra exclusiva de un partido: la traducción, en preceptos obligatorios, del modo de ser, de las costumbres, de las aspiraciones y de los ideales políticos de un pueblo. Pretender moldear los pueblos a la obra caprichosa de los ensayadores de sistemas causa siempre graves y profundas perturbaciones que a veces no se reparan sino después de crueles y terribles pruebas.

Y, concluye pidiéndoles a los constituyentes:

la formación de una República que permita la expansión libre del derecho individual en todas sus manifestaciones hasta el límite del derecho ajeno, pero no a proscribir ninguna idea. Dejad a las ideas el campo libre para que iluminen si son buenas, y si son malas para que perezcan a la luz del día.

En el Mensaje, Morales también indica la conveniencia de limitar en la Constitución, a determinados fines de utilidad pública, las sumas recibidas producto de las negociaciones del Canal. El ingreso de una suma desproporcionada, afirma, “daría lugar a despilfarros inevitables: nacería el deseo inmoderado de construir obras públicas sin la meditación y el estudio que recomienda su utilidad, y sobrevendría una fiebre de especulaciones que produciría consecuencias perniciosas en todas las capas sociales”.

Más aún, “una generación sola no es dueña de los bienes del país”, ese patrimonio es “la herencia de generaciones futuras” y dichas generaciones “tienen derecho a los mismos bienes que nosotros, tienen derecho a que no las desposeamos de su parte del sol, de calor y de luz”. Finalmente, luego de intensos debates, la Constituyente se limitó a establecer una reserva de seis millones de dólares.

Participación en la Constitución de 1904

Morales interviene con frecuencia en los debates, en algunos casos para presentar propuestas propias y la mayoría de las veces para revisar el texto de las normas en discusión, sea por motivos jurídicos o para corregir su redacción. Por ejemplo, intervino para mejorar la dicción de los textos propuestos en el caso de la pena de muerte por delitos atroces, la privacidad de la correspondencia y documentos privados, el derecho ciudadano a presentar peticiones, limitar la transferencias de créditos entre partidas presupuestarias, la forma de juzgar al presidente de la república y magistrados de la Corte Suprema de Justicia y sobre la prohibición de confiscación de bienes.

A Morales se debe la redacción de los artículos 65, 66 y 67 de la Constitución de 1904 referentes a las funciones legislativas, judiciales y administrativas de la Asamblea Nacional, los cuales han servido de base para la redacción de sus modificaciones en las constituciones posteriores. También, a propuesta suya, se aprobó por primera vez en el contexto del artículo 105, el control de la constitucionalidad de las leyes por parte de la Corte Suprema de Justicia, respecto a los proyectos de leyes objetados por el Órgano Ejecutivo.

Con posterioridad propuso la adopción de reformas constitucionales, otorgándole a la Corte Suprema de Justicia el pleno control de la constitucionalidad, idea que luego ha sido incorporada a nuestra Constitución. El tema realmente controversial, discutido en la Constituyente de 1904, fue la propuesta de Amador Guerrero, en ese momento diputado, para incluir, como artículo 136 de la Constitución, el derecho de los Estados Unidos de América de intervenir en los asuntos internos del país.

En una sesión borrascosa, según Tomás Arias, autor de la idea, los liberales se opusieron bajo la vocería de Mendoza, pero fue aprobada por 17 votos a favor contra 14 negativos, casi todos estos liberales. Pablo Arosemena estuvo entre los liberales que votaron a favor del artículo 136. Finalmente, Morales resultó perjudicado personalmente al editarse la Constitución. El texto publicado adicionó la palabra “primer” dentro del contexto del artículo 141 dentro de la frase: “Podrá ser elegido primer Presidente constitucional de la República de Panamá, cualquier ciudadano que sin ser panameño de nacimiento hubiere tomado parte activa en la independencia de ella”.

La introducción de dicha palabra fue un equívoco ya que los constituyentes aprobaron el texto de la norma sin ese término. El cambio perjudicó a Morales y su único beneficiario fue Amador Guerrero, siendo ambos los únicos protagonistas principales de la independencia nacidos en Colombia.

Ascenso político

Durante los primeros años de la administración del presidente Manuel Amador Guerrero, Morales ocupa el cargo de consejero jurídico bajo el embajador o ministro José Domingo de Obaldía. Eran los años iniciales de la nueva república y de sus relaciones con los Estados Unidos de América respecto al área canalera, los inicios de la construcción del Canal y la creciente influencia norteamericana en el país. En Washington, Morales maneja tres temas fundamentales para el futuro de Panamá:

La soberanía. Entre las extralimitaciones de Bunau-Varilla al negociar el Tratado del Canal está la Cláusula III, otorgando en la Zona del Canal “todos los derechos, poder y autoridad que los Estados Unidos poseerían y ejercerían si ellos fueran soberanos del territorio con entera exclusión del ejercicio de tales derechos, poder y autoridad por la República de Panamá”. Los Estados Unidos interpretaron dicha Cláusula III como si los poderes que les fueron concedidos estuvieran sujetos a su discreción absoluta, por lo que Panamá retenía una soberanía apenas titular. Unilateralmente, por medio del gobernador de la Zona del Canal, decidieron abrirla al comercio, asumieron la jurisdicción exclusiva sobre los puertos de Cristóbal y La Boca, entonces llamado Ancón, establecieron aduanas, pusieron en vigor un arancel proteccionista norteamericano y crearon su propio sistema postal, incluso internacional.

O sea, actuaron como si tuvieran la plena soberanía. En la nota fechada 11 de agosto de 1904, preparada por Morales y presentada por De Obaldía, se desarrolla lo que sería la posición panameña sobre el tratado de 1903, hasta las negociaciones que permitieron su abrogación total, en 1977. El tratado, dice, tiene por objeto principal facilitar a Estados Unidos la construcción del canal, pero las partes no tuvieron la intención de ceder territorio ni la renuncia absoluta de la soberanía. La relación jurídica se asemeja a la que existe entre un arrendador y un arrendatario. De no ser así, hubiera bastado especificar la cosa vendida y su precio.

El artículo III establecía que los Estados Unidos poseerían y ejercerían los derechos concedidos sobre la Zona “como si ellos fueran soberanos en el territorio”, pero “esa expresión lleva implícita la idea de que no lo son” y aunque al final del referido artículo se agrega: “con entera exclusión del ejercicio por la República de Panamá de tales derechos soberanos, poder y autoridad”, tal frase no solo contradice lo que precede sino que debe interpretarse acorde con las disposiciones posteriores del mismo tratado que demuestran la intención real de las partes.

Esta es, que Panamá solo cede los poderes específicamente señalados en el tratado, reteniendo los restantes. Por separado, insiste que el tratado solo puede interpretarse armónicamente en el conjunto de sus cláusulas y amplía el argumento manifestando que la concesión otorgada por Panamá a los Estados Unidos era solo con un fin determinado: la “construcción, conservación, servicio, sanidad y protección del canal”.

Todas las concesiones hechas por Panamá son con esos propósitos y hasta allí, quedan limitados los derechos de Panamá. Colocación de los “millones de la posteridad”. Por decreto 19 de 16 de mayo de 1904 se comisionó a Morales y a Ricardo Arias para recibir la compensación de diez millones de dólares por el Tratado del Canal e invertir nueve millones de conformidad con lo dispuesto en la ley 43 de 1904 (de 10 de mayo). De esa suma, seis millones de dólares constituían la reserva denominada “millones de la posteridad” establecida por el artículo 138 de la Constitución.

La misma fue depositada en varias entidades, con seguridad de primera hipoteca, a fin de utilizar solo sus réditos, y se mantuvo hasta 1950, cuando se autorizó aplicarla al pago de la deuda pública. Los comisionados también colocaron los otros tres millones de dólares en cuentas o depósitos a la orden que devengaran intereses. Finalmente, Morales también le informa a Amador Guerrero sobre los arreglos que hace para la primera acuñación de monedas de Panamá, luego de haber recibido el busto de Balboa.

El convenio monetario. El rechazo por el papel moneda de curso forzoso colombiano devaluado durante la guerra civil y la preferencia por el dólar norteamericano, que circulaba en el Istmo desde la fiebre de oro de California, era un sentimiento generalizado en el país. El artículo 117 de la Constitución de 1904 prohibió establecer papel moneda de curso forzoso, lo cual se ha interpretado en el sentido de que las autoridades no podían emitir moneda sin que esta tuviera respaldo.

Morales y Ricardo Arias también negociaron con el secretario Taft, el acuerdo que en efecto establece el sistema monetario panameño, al instituir lo siguiente:

  • La paridad de la moneda panameña con la de los Estados Unidos de Ámerica.
  • La autorización del dólar como moneda de curso legal en el territorio de Panamá.
  • La igualdad de denominaciones y especificaciones de las monedas metálicas panameñas.
  • La emisión de moneda panameña para retirar la moneda colombiana.

 

Las campañas de 1906 y 1908

En las cercanías de las próximas elecciones legislativas de 1906, Morales regresa al país en abierta oposición al gobierno conservador de Amador. La independencia se logró, declara, gracias a hombres patriotas que se despojaron de sus intereses personales. El liberalismo, siendo mayoría, renunció a dirigir el gobierno. No entendió la separación como un negocio, sino que su objeto era la aspiración por la renovación y el mejoramiento político y social. Esto fue lo que animó el apoyo del liberalismo, no obstante la resistencia “de los interesados en perpetrar el antiguo régimen que eran los que veían en la nueva situación el fin de su poder y el aniquilamiento de sus sistemas”. Y, el dilema que tenían los políticos y gobernantes iniciadores del movimiento de separación y sus sucesores, era cumplir o no con las promesas que hicieron al país.

De conformidad con la primera Constitución de Panamá, los presidentes eran electos cada cuatro años, pero las elecciones municipales y legislativas eran cada dos. Con la elección de 1906 se inician dos cuestionables prácticas políticas: la de los abusos y fraudes electorales y su contrapartida, la de solicitar ayuda extranjera, especialmente de los Estados Unidos, para evitarlos. El directorio nacional del Partido Liberal decidió enviar una comisión a ese país para asegurar la pureza de las elecciones mediante la intervención norteamericana. Morales participó en dicha delegación conjuntamente con Pablo Arosemena, Porras y el general Domingo Díaz. Sin embargo, los secretarios de Estado, Elihu Root, y de Guerra, William H. Taft, se manifestaron opuestos a intervenir en los asuntos internos de Panamá.

A los 41 años, Morales es electo diputado para el período 1906 a 1908 y luego reelecto para el período bienal siguiente. En 1908 también fue presidente del órgano legislativo. En el período 1906 – 1908 era miembro de las comisiones de reformas constitucionales y de hacienda, la cual presidía. Su labor legislativa fue importante en la creación de muchas de las instituciones fundamentales del país. A Morales se debe la iniciativa de importantes leyes como las primeras normas sobre los censos nacionales, garantías a la libertad individual, incluyendo el recurso de hábeas corpus, la reglamentación de tierras baldías y las indultadas, de los juegos de suerte y azar, sobre la emisión de moneda fraccionaria, así como el fomento a las industrias.

También se destaca su participación principal en la redacción de la autorización al Ejecutivo para gestionar el sistema de acueductos de las ciudades de Panamá y Colón, la ley de sueldos de los funcionarios públicos, la creación del Registro de la Propiedad, del Tribunal de Cuentas, la organización de las estadísticas nacionales, del régimen fiscal y del catastro.

En las elecciones de 1908 obtiene la presidencia José Domingo de Obaldía, conservador, respaldado por los principales liberales, incluyendo a Morales, Mendoza y Porras en la denominada Coalición Republicana. Inicialmente Morales, como presidente de la Asamblea Nacional, da posesión a De Obaldía con un discurso que marca la línea divisoria con el pasado conservador. Quienes le precedieron, dijo, se aferraron a los mismos hombres y prácticas, careciendo de visión real de las cosas. Ha llegado el momento de la renovación, y de “interpretar con sabiduría los signos de los tiempos”.

Secretario de Instrucción Pública

Morales asume la Secretaría de Instrucción Pública desde febrero de 1909 contando 43 años de edad. Consecuente con sus ideas liberales sociales, Morales concibe una educación abierta a todas las ideas, científica, universal, respeto a la dignidad de las personas, con disciplina académica y promotora de valores sociales. Su gestión se caracteriza por dejar a un lado la educación conservadora, dominada por la Iglesia católica. Al inaugurar el Instituto Nacional, resumió sus ideas:

El Gobierno de la República no ha tenido en miras la creación del Instituto Nacional con fines sectarios. Esta no es una institución de combate sino un centro docente. […] Las escuelas que se fundan para enseñarle al niño o al joven sólo un aspecto de las cosas, sólo una faz de las doctrinas, sólo un sistema de ideas sin discusión ni examen, son profundamente peligrosas porque estimulan las tendencias antisociales que el hombre lleva latentes en su organismo, como restos del tránsito de la animalidad a la humanidad y porque en definitiva esas escuelas no producen sino perseguidores. El gobierno, por el contrario, aspira a que el Instituto Nacional sea un campo abierto a las ideas grandes, generosas y nobles; para que así puedan surgir de entre ellos los observadores asiduos, los investigadores pacientes y sagaces y los pensadores valerosos y desapasionados.

La organización de la educación pública Mediante los decretos 14 de 1909 y 2 de 1910 acomete la tarea de organizar la educación primaria, bajo el principio que la obligatoriedad de la enseñanza solo es efectiva cuando hay la certeza de adquirir un mínimo de conocimientos. El plan de estudios que organiza contempla, además de las materias y conocimientos básicos que debían adquirir los estudiantes, el censo y matrícula escolar, la administración educativa y docente, la inspección escolar, exámenes y reglamenta la educación particular. La enseñanza obligatoria se fija en tres grados, como medida transitoria por razones económicas.

Pero, como solo se contaba con 81 de los 515 maestros requeridos, se aprovechan los graduados extranjeros y

como por otra parte sería contrario a los intereses sociales y a la conveniencia del país dejar en absoluta ignorancia a la niñez que se levanta, el Gobierno, […] ha considerado preferible abrir escuelas con maestros que siquiera sean capaces de enseñar a leer y escribir y algunos rudimentos de aritmética, a no hacer nada por esos niños que dentro de pocos años figurarán en la lista de nuestros conciudadanos.

En 1910 puede anunciar un incremento del 32 % de escuelas, 53 % de alumnos y del 30 % de maestros en el país. En el bienio 1908 a 1910, el gasto en educación fue de más de un millón de balboas, es decir, alrededor del 25 % del presupuesto nacional. Limita a cuatro los centros de enseñanza secundaria por la dificultad de brindar una educación de calidad, dedicando especial atención al Instituto Nacional.

Corona su obra de planificación educativa en un símbolo de la importancia que el nuevo país daba a la educación y que fuese precursor de las futuras escuelas. Ese emblema fue el Instituto Nacional. Adquiere el terreno de más de una hectárea, determina las especificaciones con las más modernas facilidades educativas de la época, selecciona el arquitecto y provee para su construcción.

Presidencias de Mendoza y Arosemena.  Ascensión de Porras

El 1º de marzo de 1910 muere De Obaldía y, con él, para los efectos prácticos, el sueño de cogobierno liberal y conservador. Mendoza asume la presidencia como designado hasta el 30 de septiembre siguiente y luego Pablo Arosemena. Morales se separa del cargo de secretario de Instrucción Pública. Arosemena, un liberal manchesteriano, se distancia de las reformas que Morales y Mendoza habían introducido en la educación y en la hacienda pública. Además, Arosemena le incumple a Porras la promesa, reiterada por medio de Morales, de apoyarlo para la presidencia. Se formó una alianza entre el grupo liberal arosemenista y los conservadores, la cual termina por apoyar a Pedro A. Díaz a la presidencia.

Los liberales escogieron a Porras como candidato con el cual triunfan en las elecciones de 1912. El liberalismo social de Morales, Porras y Mendoza asume el poder, en esta ocasión sin los conservadores. Inicialmente Morales ocupa la posición de secretario de Hacienda por seis meses, luego de lo cual pasa a dirigir la embajada ante los Estados Unidos. Como legislador, había tropezado con muchas dificultades para reglamentar la administración de tierras nacionales.

Durante su gestión en Hacienda se logró una reforma integral y se establecieron las bases jurídicas que han servido para la reglamentación de los bienes estatales. Mediante la ley 20 de 1913 se reguló sobre las tierras baldías e indultadas como propiedad de la nación, la expedición de títulos a ocupantes y poseedores de las tierras indultadas por el Gobierno español, la adjudicación y concesiones de tierras nacionales.

Estas normas se complementan con la ley 24 de 1913 que dispone sobre la conservación de las riquezas nacionales, entre ellas los bosques, animales, minas y aguas de los ríos utilizables para fuerza motriz e irrigación. Mientras Morales era embajador, ocurrió el rompimiento de la amistad entre Mendoza y Porras, lo que llevó a la división del liberalismo en las campañas de 1914 y 1916. Morales, no obstante su amistad con Mendoza, continuó apoyando a Porras. El Tratado Urrutia-Thomson puso fin a las diferencias entre Estados Unidos y Colombia por la separación de Panamá y, además, reconoció su independencia.

No obstante, le correspondió a Morales presentar las protestas y reservas de Panamá, ya que se negociaron sin nuestra intervención los límites con Colombia y se violaron acuerdos internacionales que establecen la igualdad de condiciones para el uso del canal, otorgándole privilegios especiales a Colombia. También, Morales le notificó formalmente al presidente de la Corte Suprema de Estados Unidos, magistrado Edward D. White, y al secretario de Estado el 17 de octubre de 1914 que Panamá consideraba el fallo de White respecto a los límites con Costa Rica como nulo e ineficaz. La cuestión sometida a arbitraje era cuál de los límites de la vertiente atlántica se ajustaba mejor al fallo arbitral previo, emitido por el presidente francés.

En cambio, el fallo fijó una línea limítrofe distinta que incluía el valle del Sixaola como parte de Costa Rica. Las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos se acercaban a un momento crucial con la terminación de los trabajos del Canal y la consiguiente disminución de empleos, el desarrollo de la Primera Guerra Mundial y el provecho que Panamá pudiera derivar de la economía de tránsito. Desde principios de 1915 Morales, a petición de Porras, adelanta gestiones con los norteamericanos para negociar un nuevo tratado respecto al Canal. Se trata, por lo tanto, del primer intento revisionista integral del tratado de 1904.

Conviene con el Secretario de Estado la concertación de tres pactos cuyos borradores preparó el propio Morales. Uno que reemplazaría totalmente el de 1903, otro de amistad y comercio y el tercero sobre medidas conjuntas de defensa del Canal. Lo más controvertido de los proyectos era la obligación de Panamá de contribuir a la defensa del canal si fuera atacado, para lo cual se establecía un sistema de enseñanza militar obligatoria, y Panamá concedería la tierra para edificar fortificaciones.

El efecto real era que Panamá asumía las funciones de policía del Canal de Panamá. Panamá, dijo en 1927, no se ha desprendido ni transferido a los Estados Unidos la totalidad de los derechos soberanos sobre la Zona del Canal, “y, por consiguiente, si el Canal de Panamá es objeto de agresión por parte de cualquiera otro país de la tierra, Panamá tiene el derecho y el deber de defenderlo”.

Por otra parte, se limitaban las intervenciones de los Estados Unidos en los asuntos internos de Panamá, concluían los derechos norteamericanos a expropiar u obtener concesiones adicionales sobre el territorio nacional; y, algunos casos se revertían. También se establecía un tribunal de arbitraje para dirimir las diferencias entre ambos países, la construcción conjunta de obras públicas e importantes derechos comerciales y fiscales para Panamá. Lamentablemente, las pasiones políticas impidieron que las negociaciones progresaran y Porras se vio obligado a pedir a Morales que suspendiera las negociaciones en Washington.

Entre los principales críticos del proyecto estaba Mendoza, quien además de criticarlos con ardor, sostenía que dichos proyectos no eran de Morales. No obstante, hay correspondencia del propio Morales indicativa de que los proyectos fueron de su autoría.

“La conciencia crítica de la República”

Diógenes De la Rosa apunta que un rasgo común de los escritos de Morales es su percepción de los síntomas y factores negativos del sistema político panameño. En efecto, el propio Morales dijo que los hombres responsables de la conducción del país “tenemos el deber… de expresar con sinceridad y con franqueza los resultados de nuestra experiencia”.

Él mismo no se releva de culpa, aceptando que influido por pasiones partidistas olvidó su responsabilidad nacionalista, y “en los días serenos en que el hombre repasa los actos ejecutados” se ha convencido de la necesidad de no volver a pedir o tolerar intervenciones foráneas en Panamá. Señala que nuestra sociedad requiere una transformación de los valores humanos y la rectificación de las costumbres para corregir sus elementos dañinos: En primer lugar, el falso concepto sobre la democracia que relaja los “valores sociales al nivel de lo que muy poco o nada vale”, donde nada crea, sino que “destruye toda tendencia a la elevación espiritual y todo estímulo para realizar esa elevación”. En segundo lugar, el falso concepto de lo que es la política, cultivando el principio de que toda actividad debe girar alrededor de los empleos públicos, cuando en una sociedad civilizada el gobierno ocupa un campo muy restringido.

Morales siempre criticó y combatió los vicios electorales, por lo que aprovechó un viaje a Argentina para estudiar su sistema electoral. De regreso, le presenta a Porras una propuesta adaptando el sistema argentino, y éste le pidió a la comisión codificadora su incorporación al Código Administrativo.

La propuesta de Morales consistía, primero, en el voto universal garantizado por listas electorales accesibles a todos los partidos, emanadas de cédulas de los ciudadanos; segundo, el voto secreto garantizado por papeletas controladas ubicadas en cuartos cerrados donde cada votante debía escoger la de su preferencia, ponerla en un sobre y cerrarlo; así como, la obligatoriedad del voto, con sanciones para los que no votaban.

Como secretario de Gobierno de de Ramón Maximiliano Valdés, insiste en la aprobación de su proyecto en vísperas de entrar en vigencia el Código Administrativo. El presidente Valdés decide posponerlo hasta transcurridas las elecciones de 1918, por la dificultad de implementar la cedulación en tan corto tiempo. Nuevamente presidente de la Asamblea en 1916, en el discurso de toma de posesión de Valdés señala que el país “necesita ante todo y sobre todo el cultivo del sentimiento de la nacionalidad”, promoviendo el país “como una entidad moral superior a toda idea o concepción partidarista y muy por encima de las luchas de los hombres y de las agrupaciones políticas”. El mayor mal del país, dice, era la casi total ausencia del sentimiento de nacionalidad. Y se pregunta:

¿Existe aquí un verdadero espíritu nacional digno de ser admirado por los historiadores, cantado por los poetas y transformado en leyenda inspiradora en el hogar y en la escuela? ¿Poseemos como colectividad la decisión enérgica capaz del heroísmo y la resolución suprema capaz del martirio?

Luego se contesta a sí mismo que sí: “Nuestra alma nacional existe con elementos de grandeza, nobleza y patriotismo”, no se ha revelado porque no ha sido sometida a la adversidad, pero “posee la capacidad requerida para transformar nuestra humilde nacionalidad de hoy en un Estado vigoroso, próspero, civilizado y feliz”. Concluye: “Cuando el sentimiento de la nacionalidad se ha arraigado en un país; cuando ese país marcha hacia un ideal visible, comprendido claramente por todos sus elementos sociales, el progreso viene como un hecho necesario”.

“Yo soy hombre de selección, no de elección”

En las elecciones de 1916, Porras y Morales apoyaron a Ramón Maximiliano Valdés, quien triunfa sobre Rodolfo Chiari, el candidato de Mendoza, postulado a los pocos días de la muerte de éste.

La muerte de Mendoza, el 13 de febrero de 1916, fue una de las grandes tragedias en la vida de Morales: “En dos ocasiones observé a mi padre en un estado de incontrolable tristeza, cuando murió Eusebio, mi hermano, y cuando falleció Carlos Antonio Mendoza”, nos cuenta su hija Enriqueta. En el aniversario de su muerte declararía:

Siempre estuvimos juntos en la desgracia y en la fortuna; en la lucha, en la derrota y en el triunfo. Juntos sufrimos prisiones, persecuciones y ostracismos; juntos vimos la muerte cara a cara en horas solemnes y juntos llegamos a ocupar posiciones de responsabilidad en nuestra nación recién creada.

A sus 51 años, Morales quería separarse de la política activa y regresar a su profesión de abogado. Era su intención ocupar la curul durante la primera sesión legislativa y luego el cargo de secretario de Gobierno por seis meses, solo por consideración a Valdés. No obstante, la siguiente campaña política de 1918 dividió el país entre reformistas y antirreformistas. Esto es, entre moralistas y antimoralistas. A favor de Morales estaban sus amigos y los del presidente Valdés.

En contra, los de Porras, que aspiraba a reelegirse, y los conservadores. La legislatura del período 1916-1918 aprobó en una primera instancia reformas a la Constitución de 1904, entre ellas, la del artículo 70. La modificación permitía la elección a presidente de los nacidos en Colombia que participaron en el movimiento de independencia. La legislatura a ser electa en 1918 debía ratificar la reforma a fin de que Morales pudiera ser electo en 1920.

El 3 de junio muere Valdés y asume temporalmente la presidencia Ciro Urriola, quien opuesto a la reforma del artículo 70, sustituyó a Morales como secretario de Gobierno e intervino para que los resultados de las elecciones de 1918 fueran contrarios a la reforma. El gobierno triunfó en cinco de las ocho provincias y con ello concluyeron las posibilidades de Morales de ser presidente.

Durante las elecciones fue atacado con los motes de el Cartagenero y el Colombiano. La siguiente legislatura procedió a elegir a Porras como primer designado, con lo cual pasó a ser presidente por segunda vez. Además, rechazó la modificación del artículo 70 de la Constitución aprobado en la legislatura anterior. Diógenes De la Rosa ofrece el veredicto sobre este bochornoso proceso:

Un precepto constitucional, desprevenidamente redactado o deliberadamente deformado, le cerraba el acceso a la rectoría del Estado al hombre que le había prestado voz en su hazaña inicial. Cuando, catorce años después, se trató de suprimir la exclusión odiosa, lo que debía ser acto nacional de justicia quedó reducido a menuda pugna banderiza. Se apostrofó con un gentilicio cargado de intención peyorativa a quien, no obstante el accidente geográfico de su nacimiento se había consustanciado de tal modo con nuestra historia, nuestro espíritu y nuestras angustias.

Morales reacciona conformándose con la siguiente frase que se hizo famosa: “Yo soy hombre de selección, no de elección popular”.

Relaciones de Morales y Porras

Al iniciar su segundo mandato, de 1918 a 1920, Porras encuentra el gobierno con serios problemas financieros y el país afectado por la crisis mundial subsiguiente a la Primera Guerra Mundial. Declara que necesita de todos los panameños y designa un gabinete compuesto por todas las tendencias. O sea, llega a un arreglo con los sectores opuestos al liberalismo social que habían encabezado Morales, Mendoza y el propio Porras. Sin embargo, a pesar de haber intrigado para impedir la elección de Morales, no tiene reparos en pedirle su ayuda para solucionar el problema financiero del gobierno.

Este le aconseja ahorros prudentes, la organización de las finanzas y le obtiene préstamos por 4,5 millones de dólares a intereses y condiciones muy favorables con banqueros de Nueva York. Estos préstamos permitieron a Porras y Chiari llevar a cabo un extenso programa de obras públicas. En 1921, en su tercer período presidencial, Porras designa a Morales como secretario de Hacienda y Tesoro, convirtiéndose en su asesor de confianza. Las relaciones de amistad continuaron pero no eran fáciles.

Porras tenía el defecto del personalismo o del “protagonismo” como lo calificaba Morales. Las disputas entre ambos eran fuertes y frecuentes. Exponían sus criterios con rudeza, pero con respeto y admiración mutua. Enriqueta Morales cuenta que, en 1922, Morales llegó un mediodía a la casa y le dijo:

Queta, he renunciado, no puedo continuar en el Gabinete. Luego, durante la cena, alguien tocó la puerta, mi madre se puso de pie y fue a abrir la puerta, y para su sorpresa era el propio presidente de la república, que sin compañía había venido hasta nuestra casa. Yo vi lágrimas en los ojos del doctor Belisario Porras, se acercó hasta la cabecera, y entonces Eusebio A. Morales se puso de pie, se abrazaron como dos hermanos. “Eusebio, tú tenías razón… Tú no renuncias. Sin ti no hay Gabinete”.

La planificación de la economía nacional

Eusebio Morales es el primer hombre público que estudia con seriedad la economía política y sus aplicaciones a Panamá. Sus planteamientos son innovadores y versados, considerando que en su época la economía aún se encontraba en la evolución inicial. En 1919, Morales hace un estudio sociológico de la población panameña. Concluye que los españoles de la conquista no se consideran vinculados al suelo istmeño, solo desean lograr fortuna y regresar a España.

La población del Istmo, entonces, se fue formando por aquellos pocos que quedaron inmersos en la economía de tránsito, y de allí nació la actividad ganadera abastecedora que se fue extendiendo por el país mediante haciendas, base de varias poblaciones del interior. Mediante un estudio de la información censal llega a la conclusión de que la población del país apenas creció menos del 1 %. ¿Por qué? Los motivos no estaban en la natalidad meramente, sino en la emigración, dada la ausencia de facilidades para una vida mejor.

Pero el país se hallaba en estado de miseria “porque su población no produce, no crea, no capitaliza”. El factor deficiente no es la naturaleza, es el factor humano. Ya desde 1907, en estudio que hiciera de Chiriquí, considerando la posibilidad de dedicarse a la agricultura, manifiesta que las causas de su retardo, semejante al resto del país, son:

  • La mala organización del sistema de propiedad, o la ausencia de la misma.
  • La ignorancia sobre el análisis y usos de la tierra.
  • La falta de comunicaciones que no le otorgaban garantías al productor para la salida de sus cosechas.
  • La falta de trabajadores, ya que el hombre de nuestros campos carece de aspiraciones, resignándose a la mera subsistencia. Con posterioridad, en 1919, agrega como factor importante la falta de condiciones higiénicas y sanitarias, que mantienen la energía física en un nivel muy bajo.

Lo que requerían nuestras tierras era un cambio de método, en lugar de las lluvias irregulares: la irrigación. Su propuesta es revolucionaria para la época. Un cambio de estructuras, favoreciendo la agricultura sobre la ganadería. Hay una lucha silenciosa y trágica, dice, entre el ganadero y el agricultor y la ley ha beneficiado al primero, dejando al segundo en la inseguridad y el abandono.

Grave error económico, afirma, es destinar una hectárea de tierra a una sola vaca que dedicada a la agricultura intensiva podría mantener 44 personas. Es preciso cambiar la situación sin demora. “De lo contrario, acontecerá en grande escala, lo que ya viene aconteciendo hoy en pequeñas proporciones. Se despoblará casi por completo el interior del país: todo el mundo querrá venir a habitar en las ciudades de Panamá y Colón […] Tendremos un problema trasplantado del campo a las ciudades…”. En 1922 amplía el panorama. La independencia de un país debe estar en armonía con el bienestar económico de su pueblo. Un país debe producir, es decir, crear riquezas suficientes para satisfacer las necesidades de su existencia, y excedentes por medio del comercio exterior, para acumular capitales utilizables con el propósito de incrementar su desarrollo. Desde 1919 introduce el tema de la planificación económica.

El país no puede progresar, tener “una población numerosa, trabajadora y feliz […] si no adoptamos un plan definido y prudentemente preparado para seguirlo por varios años consecutivos…”, en lugar de seguir “atacando los síntomas transitorios del mal…”. Hay que cambiar el rumbo y fomentar, promover, favorecer y apoyar a la agricultura mediante un vasto plan, incluyendo la adjudicación de tierras, establecer un sistema de riegos, estimular el cultivo de por lo menos el arroz, maíz, frijoles y papas garantizando el gobierno la compra por un precio justo, un impuesto de introducción limitado de protección, para favorecer los mencionados productos, así como facilidades de crédito.

La propuesta incluía la continuación de la construcción de los caminos nacionales y como base fundamental la construcción de un ferrocarril que atravesara todo el país, complementado con el establecimiento de acueductos y alcantarillados, pavimentación y servicios públicos en cada población en que hubiere una estación. Respecto al área interoceánica, fue el primero en vislumbrar la potencialidad económica de la posición geográfica de Panamá, mucho más allá de los beneficios directos del Canal.

En 1913 razona: “aunque el suelo del Istmo fuera pobre e infecundo, todavía Panamá gozaría de las inmensas ventajas de su posición geográfica […]. Nuestro país tiene el Canal dentro de su propio territorio, y consecuentemente, goza de las más grandes ventajas por su mayor proximidad a la zona del tráfico interoceánico”. Fiel a estas ideas, era partidario de eliminar el impuesto de importación de tal manera que se favoreciera el comercio transnacional. En Colón fue más allá: “Panamá debe volver cuanto antes al régimen de los puertos libres sin restricciones de ningún género”.

El Banco Nacional

Como legislador en 1906, y luego como secretario de Hacienda y Tesoro, mostró particular interés en el Banco Nacional. La ley 22 de 1913, impulsada por él, facultó al Banco para capitalizar todas sus ganancias, menos el 4,5 % que se pagarían al Tesoro Nacional, lo que permitió al Banco aumentar a lo largo de los años su capacidad financiera. En 1921 toma la medida de trasladar los depósitos del Gobierno al Banco Nacional, no por insatisfacción con el banco privado depositario, sino porque “teniendo la Nación un Banco propio era natural que prefiriera a éste”.

En las memorias de 1922 propone a los legisladores nuevos cambios a la legislación normativa del Banco dirigidos a establecer operaciones comerciales en adición a las hipotecarias. Resultado de esa iniciativa fue la ley 3 de 1923, en la cual, además, la nación se declaró garante de las operaciones del Banco. Por su recomendación, se aprobó la ley 4 de 1927, agilizando las operaciones de la banca comercial, haciendo extensivas las disposiciones sobre cédulas hipotecarias a las transacciones de la banca hipotecaria y fijando un tope del 9 % a los intereses sobre préstamos, aun cuando prefería que el Banco quedara en libertad de fijar sus intereses.

La Hacienda Pública

Morales ocupa la cartera de Hacienda y Tesoro sucesivamente durante el tercer gobierno de Porras y el subsiguiente de Chiari, o sea, de 1920 a 1928. Aprovecha la abrogación del Convenio Taft, que restringía las tarifas de importación para proponer tarifas más justas que aumenten las recaudaciones, pero sin llegar a extremo de convertirlas en proteccionistas, lo cual, siempre sostuvo, causaría un grave daño a los ciudadanos. Las tarifas que propone oscilan entre el 5 % y el 20 %.

La profundidad de su análisis se aprecia, primero, al fundamentar la política fiscal con la productividad económica del país, y, segundo, por su perspectiva al evaluar que de haber un acuerdo internacional que desarrollara el “libre e irrestricto comercio y de toda clase de relaciones económicas, políticas y culturales”, no vacilaría en apoyar que Panamá contribuyera a suprimir todas las trabas artificiales al comercio y a la industria. Para ayudar a las industrias, pueden usarse otros medios distintos a los impuestos, como las vías de comunicación.

La política a seguir es la de estimular las industrias adecuadas a nuestros mares y tierras, así como proteger a los productores nacionales de lo que ahora llamamos dumping. Finalmente, propone eliminar de forma paulatina el impuesto de introducción, sustituyéndolo por el de ventas. Suprimido el impuesto de introducción, las ventas e ingresos fiscales aumentarán por un mayor consumo interno y, además, vendrán “gentes de otros países a proveerse de artículos que no podrán obtener en otra parte en mejores condiciones”. La reforma fiscal aprobada mediante la ley 29 de 1925 adopta su plan, excepto por el impuesto sustitutivo de ventas.

Se establecieron las tasas de impuesto de introducción, distinguiendo entre los artículos sujetos a la tarifa general del 15 %, los exonerados y aquellos con un gravamen especial. También se gravaron mercancías específicas para la exportación, se estableció el impuesto de sucesión y donaciones, así como el polémico impuesto de inmuebles, origen del movimiento inquilinario de ese mismo año.

Interludios

Docencia jurídica

Morales fue presidente y profesor de Economía Política de la Escuela Nacional de Derecho fundada en 1918, primer esfuerzo universitario de la república. En el acto de graduación de abogados de 1922 aconseja a los graduandos que sean profesionales “de honor, de rectitud y de generosidad”, así como “un freno para los abusos del poderoso, un baluarte para el inocente y para el débil, un defensor celoso del derecho y de la justicia”. Les apremia que no sean meramente abogados, sino también estadistas, aprovechando las capacidades y aptitudes aprendidas de “estudiar y de resolver nuestras cuestiones sociales, políticas y económicas”.

Aprovecha la ocasión para hacer otro polémico llamado a reformar sustancialmente la Constitución y una “reorganización completa del Poder encargado de impartir justicia”. Los magistrados no deben ser nombrados por cortos períodos sino de por vida, deben ser bien remunerados y pensionados, así como seleccionados entre los más sobresalientes del foro por su honorabilidad y capacidad. “Una administración de justicia incierta o nula es el veneno que más profundamente afecta y perturba el organismo social”.

El 4 de enero de 1924 se dio inicio a una nueva ronda de negociaciones con los Estados Unidos con el propósito de revisar el tratado de 1903. La comisión negociadora por parte de Panamá estuvo presidida por el doctor Ricardo J. Alfaro e integrada con Morales y Eduardo Chiari. Luego de dos años de difíciles negociaciones, los comisionados panameños sometieron al gobierno las mejores condiciones que habían podido obtener: el cierre de la Zona del Canal al comercio internacional, la exclusión de dicho territorio de personas y empresas extrañas a su funcionamiento, así como facilidades de comunicación a través de la Zona del Canal con el resto del país.

A cambio, Panamá sacrificaba aspectos importantes de su soberanía aceptando ser parte beligerante en las guerras de Estados Unidos, quedar militarmente bajo su dirección y control, cediendo parte de la ciudad de Colón, también se sometía a controles radiográficos, así como sobre su espacio aéreo.

El presidente Chiari sometió el tratado a la aprobación de la Asamblea, pero la opinión pública, encabezada por Acción Comunal, rechazó abrumadoramente el proyecto de tratado. Morales, que junto a los restantes negociadores había luchado contra la intransigencia estadounidense entendía los motivos de la protesta y hasta se alegraba de que el pueblo panameño despertara de su letargo frente a la prepotencia norteamericana. Pero, con su característica valentía, defendió el proyecto alegando que era preferible a la situación existente.

Finalmente, mediante una transacción, la Asamblea Nacional resolvió por unanimidad suspender la consideración del tratado hasta tanto el Gobierno gestionara soluciones para satisfacer las aspiraciones nacionales. En esta ocasión la actuación de Morales constituyó su mayor error como negociador y como político. Aunque era bueno eliminar por tratado el comercio internacional en la Zona del Canal, ya él, en 1924, había analizado las consecuencias de la abrogación del Convenio Taft, llegando a la conclusión de que, con ello, difícilmente se derivarían consecuencias negativas para Panamá. Por tanto, no se justificaba dar nuevas concesiones territoriales, militares y beligerantes tan graves, a cambio de dudosas renuncias comerciales norteamericanas. También, desde el punto de vista político su adhesión al Proyecto de 1926 fue otro grave error.

Permitió a Acción Comunal asumir la bandera nacionalista y una preponderancia en la vida nacional sobre su propia corriente política liberal. El hombre que mejor había comprendido las corrientes sociales prevalecientes en el país no previó la intensidad de los nuevos sentimientos patrióticos respecto al Canal de Panamá.

Reminiscencias

Morales conservó sus costumbres de juventud. Comenzaba a trabajar a las siete de la mañana, muchas veces invitando a la única secretaria que tuvo, Hortensia Remón, a desayunar a la casa. Trabajaba después, fuera como funcionario público o en su despacho como abogado. Finalmente dictaba sus clases y cerraba el día caminando después de la cena, en tertulias o en el cine. Compensaba su laboriosidad con el deporte, ajedrez, la música, el cine y la tertulia.

En 1910 se disgustó tanto con un artículo escrito por el político Julio Arjona que lo retó a duelo, el cual se llevó a cabo en las bóvedas con floretes y padrinos, hasta que hubiere sangre. Morales hirió a su contrincante en una mano. En oposición, nuevamente, publicaba polémicos escritos que concentraban la opinión pública por sus enérgicos, pero equilibrados, razonamientos.

También escribió penetrantes artículos sobre temas internacionales. Antes de que terminara la Primera Guerra Mundial, previó los cambios que, como consecuencia de la misma, se producirían en el orden internacional y sobre el individualismo europeo y norteamericano. Analizó la propuesta del presidente Woo- drow Wilson sobre la Liga de las Naciones y la importancia que tendría para los países pequeños y débiles.

Le gustaba viajar, recorrió Estados Unidos varias veces, visitó casi toda Europa, América Central y Suramérica, siempre observador de la idiosincrasia de cada país y ciudad. También había en él cierto grado de vanidad. No era ajeno al halago y a la complacencia al recibir distinciones. Le agradaba frecuentar los círculos aristocráticos y de poder, así como tratar personas de fama. Su avidez por el conocimiento lo llevó a pertenecer a las principales organizaciones nacionales e internacionales científicas, artísticas, así como de la lengua española y de estudios políticos internacionales.

Epílogo

En 1925, a los 60 años de edad, le confió a Turner sus planes de fundar un nuevo partido una vez concluyeran las negociaciones con los Estados Unidos, que acogiera las nuevas doctrinas sociales y se alejara del protagonismo de Porras. Morales entendió que el Partido Liberal había quedado estancado en el caudillismo; sus programas renovadores amortiguados entre las alianzas con los conservadores y las posiciones de los liberales “de adentro”. Pero, sobre todo, le preocupaba que prevalecieran en el país los intereses particulares disociadores, como consecuencia de la ausencia de un arraigado sentimiento de nacionalidad. La crisis inquilinaria de 1925 le confirmó la necesidad de su proyecto. Los arrendadores decidieron trasladar un impuesto a la propiedad, introducido por él mismo, a los inquilinos.

La Liga de Inquilinos, integrada por personas de diversas ideas de izquierda y sociales, capitalizó el descontento popular. Se produjo una huelga general de no pago de alquileres, las manifestaciones ocasionaron choques con la policía con saldo de muertos, heridos, extranjeros expulsados y panameños encarcelados. La incapacidad del gobierno produjo la intervención armada norteamericana.

Ahora bien, los dirigentes del movimiento habían sido alumnos y eran amigos de Morales, quien no solo los frecuentaba, sino que también, aclarando que no comulgaba con todas sus ideas, había colaborado con la revista Cuasimodo, publicación que llevaba la vocería de dicho movimiento. Llegó a la conclusión de que era mejor capitalizar las inquietudes de este grupo con una coalición política más amplia y equilibrada.

En 1928 lleva a cabo su última batalla dentro del liberalismo, frustrando la propuesta de encargar, por el resto del período, a Tomás Gabriel Duque a fin de posibilitar la reelección de Chiari. Su posición fue decisiva para impedir la reelección, pero le trajo nuevos enemigos. Tenía 63 años cuando, en agosto de ese año, anuncia su separación de la Secretaría de Hacienda y Tesoro y su alejamiento de la vida oficial, aunque no de la “vida política” del país. La política ya no le entusiasma pero hay panameños sensatos y patriotas que están cansados de la situación y saben que “le deben a sus familias y a su país el esfuerzo de empeñarse en reparar los errores cometidos, que han venido acumulándose por años, como resultado de una política desorientada y funesta.” Para concluir:

Esa será en Panamá una nueva faz de la política: el no prestar mi concurso en ese patriótico empeño sería un crimen. Creo que el país está preparado para la organización de un partido nuevo que deberá llamarse “nacional” en el cual se agrupen los hombres de carácter independiente, cualesquiera que sea su matiz político anterior, unidos por ciertos principios doctrinarios y resueltos a trabajar por un programa práctico de Gobierno que satisfaga los anhelos de una verdadera democracia. La ocasión es propicia ahora que se inaugura una nueva Administración Nacional, pues no será posible atribuirle a la nueva organización política una tendencia personalista con fines simplemente electorales. Cuando regrese a Panamá, dentro de dos o tres meses, estaré preparado para hacer públicas mis ideas sobre este interesante asunto.

A los pocos días parte para los Estados Unidos para luego hacer su último viaje a Bogotá y Sincelejo. A su regreso organiza la firma de abogados Morales, Sucre y Morales, con su hijo Juan y su alumno Carlos Sucre Calvo. Pero, al poco tiempo, todos los proyectos se desvanecieron en tragedias. Su hija Josefina muere dando a luz el 15 de enero de 1929. Abrumado por la tristeza decide alejarse de los carnavales.

El automóvil que lo conducía al interior sufre un accidente que no hubiera sido significativo, salvo porque su bastón se le entierra, causándole heridas fatales. Con el mismo estoicismo que afrontó las luchas y derrotas políticas, esperó con calma y sin quejas la muerte, la cual apareció el 8 de febrero de 1929, recién cumplidos los 64 años. La muerte lo sorprendió en plena salud mental y física.

Su viuda, Queta, le sobreviviría once años, hasta el 4 de septiembre de 1940. El proyecto político también sobrevivió, pero sin el impulso intelectual y político que le hubiera podido imprimir su prestigio. En 1932 se formó el Partido Liberal Renovador, integrado por muchos de sus seguidores, que recogía parte de su doctrina inspirada en combinar las tradiciones provechosas con ideas renovadoras. Bajo el liderazgo de Francisco Arias Paredes se integraron “los profesores Moscote, Crespo y Céspedes; los parlamentarios Patiño y Arjona Quintero, y los políticos nuevos: Goytía, Sucre, Vallarino, los Alemán, los Arosemena Forte, de la Guardia Jr. (Ernesto), Tejada U., Ayala P., Filós, Escobar, Mendoza, Morales (Juan R.), Zubieta, Batalla, Clement, Silvera, Oller y Turner”.

El nuevo partido incorporaría muchas de sus ideas en la Constitución Política de 1945 y en el ejercicio del gobierno de otro liberal, Enrique A. Jiménez, en cuya administración se realizaron grandes proyectos nacionalistas. Ideas inspiradas en Morales llegarían a tener influencia hasta el gobierno de Ernesto de la Guardia Jr., especialmente en lo atinente a la política de desarrollo social y a la reorganización del proceso electoral.

Al despedir a su amigo Mendoza, manifestó Morales que quienes llegan a poseer influencia eficaz en la dirección de los destinos de un país pueden clasificarse en tres grandes categorías: los pensadores políticos, los políticos emocionales y los políticos de acción.

Cuando un solo hombre reúne en sí esas tres formas de la actividad política o siquiera dos de las tres más esenciales, ese hombre escala las alturas del genio y sus obras son grandiosas e imperecederas. Utilizando, pues, su propia medición del éxito político había triunfado en dos: tanto como pensador como en la acción, renunciando a la política de las emociones del tribuno popular. Merecía y merece la calificación que había buscado tener: su pensamiento alcanzaría las alturas del genio y sus obras fueron grandiosas e imperecederas. Como dijo Méndez Pereira, Morales le brindó a Panamá el servicio “genésico: contribuyó a su formación, nutrió su pensamiento y señaló su camino y destino”.

Como pensador, fue el ideólogo de la independencia por delegación de toda su generación, incluso de sus adversarios conservadores, contribuyó a darle al liberalismo panameño un cariz social y humano que lo haría sostenerse como principal corriente ideológica nacional a través del tiempo, del embate de las nuevas doctrinas y no obstante su disgregación como partido político, además orientó los mecanismos prácticos por los que Panamá obtendría prosperidad de su posición geográfica.

Aunque no alcanzó la presidencia por mezquindad política, su carrera política fue exitosa con la realización de grandes obras, cada una de las cuales hubiera sido suficiente para consagrarlo: iniciador y estratega de la lucha reivindicadora de Panamá frente a los Estados Unidos, la moneda, legislador consumado, la organización científica de la educación nacional, forjador de la planificación económica, así como estructurador de los tributos, hacienda y finanzas públicas. Un hombre así, perfeccionista por temperamento hasta el punto de sentirse superior, despertó envidias, desafectos y malquerencias.

Pero fue afortunado para Panamá que su visión, carácter y personalidad sobresalieran en la etapa de la formación de la República para que sus ideas y realizaciones superiores se concretaran sobre los intereses mezquinos que hubieran mediatizado las bases sociales y económicas del país.

Nota del autor: Agradezco a los organizadores de Historia siglo xx por la oportunidad de haberme ocupado en tan valiosa experiencia, así como a las personas que me han ayudado con información, revisión y comentarios, cada una de las cuales cuenta con mi gratitud y comprende que las fallas que hubiere en el trabajo me corresponde asumirlas por entero. No obstante, sin duda, todos ellos han enriquecido la obra.

Referencias bibliográficas

Artículos y discursos:

Alzamora, Jacobo (s.f.). “Reminiscencias de la guerra de los Mil Días”. Revista Lotería, edición especial: La guerra de los Mil Días”.

Arias Calderón, Ricardo (2011, 26 de noviembre). “Los 11 días de presidencia de Pedro Antonio Díaz”. Estrella de Panamá.

Conte Porras, Jorge. “Meditaciones en torno a Victoriano”. Revista Lotería, edición especial: La guerra de los Mil Días.

_____________(2004). Panameños Ilustres. Editorial Mariano Arosemena.

Crespo, José Daniel (1957, noviembre). Discurso ante la tumba de Eusebio A. Morales, Revista Lotería (no. 24).

De la Rosa, Diógenes (1998). “Eusebio A. Morales, conciencia crítica de la república”, Revista Lotería, Edición Revista Universidad.

De la Rosa, Domingo (s.f.). “Combate de Chame y el Puente de Calidonia”. Revista Lotería, edición especial: La guerra de los Mil Días.

Figueroa Navarro, Alfredo. (s.f.). “El siglo xix, Prefacio Republicano”. En Dimensiones de la Historia de Panamá. Club Unión.

Galindo H., Mario J. (s.f.). “La nación panameña en víspera y en la aurora de la república”. En Dimensiones de la Historia de Panamá, Club Unión.

García, Isaías (1961). “Proyección y Vigencia del Pensamiento del Dr. Eusebio A. Morales”. Tareas (no. 3, marzo-abril).

Méndez Pereira, Octavio (1932, mayo). Elogio del doctor Eusebio A.

Morales. Boletín de la Academia Panameña de la Lengua (no. VI). Morales, Enriqueta (1983, 14 de agosto). “Mi Recuerdo de Eusebio A. Morales”. La Estrella de Panamá.

Peña, Concha (1957, 21 de octubre). El Dr. Eusebio A. Morales. Estrella de Panamá.

Ricord Humberto (s.f.). “Notas sobre la guerra de los Mil Días en Panamá”. En Dimensiones de la Historia de Panamá, Club Unión.

Turner, Domingo Henrique. (1965, febrero). “Origen y memoria de mi amistad con el doctor Eusebio A. Morales”, Revista Lotería (no. iii).

Zúñiga, Carlos Iván. (s.f.). Pensamiento del Dr. Eusebio A. Morales, testimonios de una época. Editorial Libertad Ciudadana (vol. iV).

Libros

Araúz, Celestino Andrés y Pizzurno, Patricia (s.f.). Un siglo de relaciones entre Panamá y los Estados Unidos, 1903-2003. Editorial Libertad Ciudadana (t. ii).

Caballero, Lucas (2006). Memorias de la guerra de los Mil Días. Bogotá: Punto de lectura.

Castillero R., Ernesto J. y Arce, Enrique J. (1962). Historia de Panamá. Panamá: Impresora Panamá S.A.

Conte Porras, Jorge (1978). Panameños Ilustres.

Linares, Julio (s.f.). Enrique Linares en la historia política de Panamá. Litografía e Imprenta Lil, S.A.

____________(s.f.). Introducción, ensayos, documentos y discursos, Colección Kiwanis.

Loizillon, Gabriel J. (s.f.). The Bunau – Varilla Brothers and the Panama Canal.

Memorias de don Tomás Arias. Fundador de la República y Triunviro (1971). Panamá: Editorial Panamá América.

Morales, Eusebio A. (s.f.) Ensayos, documentos y discursos, Colección Kiwanis.

Morales, Ernesto A. (1929). El Dr. Eusebio A. Morales ante la Historia. Imprenta El Heraldo.

Morris, Edmund (s.f.). Theodore Rex. The Modern Library (traducción).

Moscote, José Dolores (s.f.). Prólogo, ensayos, documentos y discursos, Colección Kiwanis.

Pizzurno Gelós, Patricia y Araúz, Celestino Andrés (1996). Estudios sobre el Panamá Republicano (1903-1989). Manfer, S.A.

Porras, Belisario (1931). Trozos de una Vida. Imprenta Alsina. (s.e.).

Sisnett, Manuel Octavio. (s.f.). Belisario Porras o la Vocación de la Nacionalidad, 2da. ed. Fundación Biblioteca Nacional.

Fuentes digitales

Castillejo, William M. (2010). La Reforma Educativa de 1870 en el Estado Soberano de Bolívar. Barranquilla: Amauta (15). Universidad del Atlántico. Recuperado de http://investigaciones.uniatlantico.edu.co/revistas/index.php/Amauta/article/view/667/403

Fernández, Marco A.: ¿Cómo funciona la dolarización de Panamá? Recuperado de www.flar.net/documentos.

Flórez B., Roicer A. (2009). Caña de azúcar y aguardiente en el Estado soberano de Bolívar, 1857-1886. Cuadernos de Desarrollo Rural, 6 (63). Recuperado de http://revistas.javeriana.edu.co/index. php/desarrolloRural/article/view/1182

___________Región y Autonomía en el Caribe Colombiano. El caso del Estado Soberano de Bolívar, 1857-1886. Becas de Investigación Cultural Héctor Rojas Herazo, p. 31.

Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (1996). Mujeres que cambiaron nuestra historia. Panamá Unicef. Biblioteca Nacional de Panamá, Biblioteca Digital Panameña: Biografías Panameñas: Enriqueta Morales. Recuperado de http://www.binal.ac.pa/binal/ pindex.php?option=com_content&view=article&id=100&catid= 78&Itemid=556

Lozano, Sergio Paolo, Flórez Bolívar, Roicer, & Malkun, William. (2010). Ganaderos y comerciantes: el manejo del poder político en el Estado soberano de Bolívar. Medellín: Historia y Sociedad (18), 15-42, Universidad Nacional. Recuperado de http://www.revistas.unal.edu.co/index.php/hisysoc/article/view/23582/24272

Pertuz, Aylín P. (2006) Historia Empresarial de Sincelejo, 19201935. Barranquilla: Pensamiento & Gestión (21), 26-48, Universidad de Norte. Recuperado de http://rcientificas.uninorte.edu.co/index. php/pensamiento/article/viewFile/3553/2280.

Porras, Belisario Memorias de las Campañas del Istmo, Tomo I. Anexos: Mi Misión al Ecuador, explicación de Eusebio A. Morales. Imprenta Nacional. Recuperado de http://www.salacela.net/dautores/26/5/

Solano, Sergio Paolo (1999). Intelectuales y política a finales del siglo xix en la región caribe colombiana. Barranquilla: iV Seminario Internacional de Estudios del Caribe. Memorias, 167-180. Universidad del Atlántico. Recuperado de http://www.academia.edu/311471

Soto Arango, Diana (2006). Aproximación histórica a la universidad colombiana en el siglo xix. Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Recuperado de http://www.monografias.com/ trabajos26/universidad-colombia/universidad-colombia.shtml

Umaña Luna, Eduardo (2004) La reforma de los estudios de derecho propuesta por el profesor Edmond Champeau. En La Universidad Nacional en el siglo xix, 9-33. Recuperado de http://www.bdigital. unal.edu.co/1447/4/02CAPI01.pdf

Sánchez hijo, Salvador. Antecedentes de la formación jurídica en Panamá: Reflexiones Constitucionales. Recuperado de salvasanchez.blogspot. com

Entrevistas:

Nelly Morgan Morales y Ramón Morales

Fuentes no publicadas

Archivos Nacionales

Actas de la Asamblea Nacional de Panamá

Registro Civil

Only logged in customers who have purchased this product may leave a review.

There are no reviews yet.