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    Luis Pulido Ritter

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George Westerman

by: Luis Pulido Ritter

A través de su trayectoria, que está marcada por la construcción del Canal, la inmigración del Caribe, la segregación, la presencia estadounidense y la lucha de Panamá por rescatar su soberanía en todo el territorio nacional, se lee un aspecto fundamental de la historia del país, cuya población antillana —sobre todo de Jamaica— arribó al Istmo en el siglo XIX para la construcción del ferrocarril con los estadounidenses (1850-1855).

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Nació en 1961 en la ciudad de Panamá. Doctor en Filosofía y Sociología por la Universidad Libre de Berlín (Magna Cum Laude). Ha publicado tres novelas, Recuerdo Panamá (Madrid, 1998; Panamá, 2007), Sueño americano (Barcelona: 2000) y ¿De qué mundo vienes? (Colombia, 2008). También ha publicado poesía con Matamoscas (Berlín, 1999) y El mar (París, 2011). Su tesis de doctorado Los dioses del Caribe abandonan el museo (Panamá, 1999) fue un estudio comparativo de la literatura haitiana y cubana en los años veinte y treinta del siglo xx. Fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró con el ensayo Filosofía de la nación romántica (Panamá, 2007). Fue agregado académico de la embajada de Panamá en Alemania. Es redactor asociado de La Estrella de Panamá y docente de culturas y literaturas latinoamericanas tanto en universidades panameñas como alemanas. Es investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos Justo Arosemena (CELA), Panamá, y miembro del comité editorial de la revista Intercambio del Centro de Investigación en Identidad y Cultura Latinomericanas de la Universidad de Costa Rica.
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Introducción

En la historia política, social e intelectual de Panamá, hay un panameño que es clave para comprender el devenir y las contradicciones de la nación en el siglo xx: George W. Westerman. A través de su trayectoria, que está marcada por la construcción del Canal, la inmigración del Caribe, la segregación, la presencia estadounidense y la lucha de Panamá por rescatar su soberanía en todo el territorio nacional, se lee un aspecto fundamental de la historia del país, cuya población antillana —sobre todo de Jamaica— arribó al Istmo en el siglo xix para la construcción del ferrocarril con los estadounidenses (1850-1855). Después de la fallida construcción del canal por los franceses (1881-1886), cuando Panamá era un departamento de Colombia, el bloque de trabajadores para la construcción del canal estadounidense (1904-1914) provinieron igualmente del Caribe, pero ya no de Jamaica, sino de la isla de Barbados, una población de jóvenes inmigrantes que arribaron al Istmo trayendo consigo su cultura, su lengua y su fuerza de trabajo.

El comienzo de la obras del canal estadounidense coincide con el nacimiento de la república (con el estatus de cuasiprotectorado contemplado en la Constitución de la república de 1904) y con la creación del enclave de la Zona del Canal, que formaba parte del territorio panameño, pero bajo administración estadounidense, un territorio de quinientas millas cuadradas del Atlántico al Pacífico, que separaba al país en dos: la región este y las provincias del interior de la república.

Situación existencial de los antillanos  en la Zona del Canal y la república:  nacionalidad, lenguaje y ‘asimilación’

George Washington Westerman nació en Coolie Town, en la ciudad atlántica de Colón el 22 de febrero de 1910, cuatro años antes de la finalización de la construcción del canal de Panamá por los estadouni- denses en 1914. Este hijo de inmigrantes caribeños, cuyo padre provenía de Barbados y la madre de Saint-Lucia, se trasladó con su familia a La Boca, sector segregado de los negros en la Zona del Canal en la salida pacífica del Canal. Según Michael Conniff, quien entrevistó personalmente a Westerman, este visitó la escuela primaria hasta el tercer grado en La Boca y, posteriormente, en la Innis School, una escuela privada, en la ciudad de Panamá.

Su Iglesia era la anglicana y, como el inglés era la lengua franca de la comunidad antillana y de la Zona del Canal, Westerman aprendió poco español (Conniff, 1987). Este dato sobre la infancia de Westerman es importante porque ilustra la situación de muchos jóvenes antillanos de la primera generación nacidos en Panamá. Y a partir de su propia experiencia de vida, cuando su familia fue expulsada por la fuerza de La Boca (aunque retornaron un tiempo después), porque se sospechaba que su padre había participado en la fracasada huelga de los trabajadores antillanos del “rol de plata” en 1920,(1) es posible comprender en toda su dimensión la siguiente frase: “la existencia en la Zona del Canal es temporal; la vida en la república es permanente” (Westerman, 1946, p. 18). Pero, ¿cómo era la vida en la república? El mismo Westerman responde, así:

  1. En la Zona del Canal existía el sistema de segración y pago que se llamaba “rol de oro” (gold roll) y “rol de plata” (silver roll) , que consistía en que el personal administrativo-burocrático de la Zona, predominantemente blanco-estadounidense, recibía mucho mejores salarios, viviendas y subsidios de alimentos que los negros caribeños y latinos del “rol de plata”. Con respecto a esta huelga, ver Gerardo Maloney, El canal de Panamá y los trabajadores antillanos. Panamá 1920. Cronología de una lucha , pp. 323 a 367.

 

En consecuencia, nos encontramos en la desgraciada posición de tener que preguntar: ¿cuál es nuestro destino en este país? La extinción natural es muy improbable. Un éxodo total es también quimérico. No hay probabilidad de que un gran número de nuestro grupo pueda irse del país aun cuando lo desee, y apenas si hay la posibilidad de que la nación pueda darse el lujo de deportar al grupo entero, pues, ¿a dónde los enviaría? ¿Bajo qué nacionalidad podrían viajar? No hay duda de que si no llegáramos a ser aniquilados, continuaríamos viviendo, pero, ¿bajo qué condiciones? Como una clase social de parias, sin el derecho a aspirar a una vida completa, viviríamos marcados como los “empleados del rol de plata con salarios bajos” del Canal de Panamá, o como una clase social inferior en el nuevo orden social de Panamá. El origen de nuestros hijos determinaría su lugar en la escala social y económica del país aún antes de haber nacido (ibíd.,  p. 15). (Subrayados por fuera del texto).

En esta cita es remarcable la utilización de términos como ‘extinción natural’, ‘éxodo’, ‘deportación’, ‘clase social de parias’ y ‘viviríamos marcados como…’. Todos estos términos denotan la situación existencial de amenaza, inestabilidad, de no-pertenencia y de exclusión, tanto de Westerman, como de la comunidad antillana en general, a pesar de que él —como muy pocos jóvenes de la comunidad antillana de su época— había sido tenista y triunfador en 1938 del campeonato nacional de tenis, “un logro que le permitió ingresar a los círculos de la élite panameña” (Priestley, 2003, p. 95).

Pero, en efecto, cuando Westerman publica su texto Hacia una mejor comprensión, Panamá ya había tenido la Constitución de 1941 que, bajo la administración del presidente Arnulfo Arias Madrid, quien fuera derrocado de su cargo en aquel mismo año, establecía en su artículo doce las razas de ‘inmigración prohibida’, entre ellas, ‘a la raza negra cuyo idioma originario no sea el castellano’ (1941, p. 5).(2)

  1. En esta misma situación quedaron aquellos como ‘la raza amarilla y las razas originarias de India, Asia Menor y el Norte de África’. Aquí vale la pena observar qué familias fueron expropiadas de sus negocios.

No era, entonces, para Westerman, ningún hecho aislado o capricho la anterior frase citada, porque, efectivamente, la Constitución de 1941 los despojó de todo derecho ciudadano y ciudadanía (stateless), de toda protección estatal, creando así la extrema situación de declarar la raza negra, cuyo idioma no sea el castellano, el objeto de un Estado que, incluso, podría contemplar en su seno la creación de un campo de concentración o, en caso extremo, la liquidación.(3)

3. Para Giorgio Agamben, quien ha re-formulado las tesis de Foucault sobre el ‘biopoder’ y la ‘biopolítica’, considera que el campo de concentración, resultado del estado de excepción y del derecho de guerra, es la matriz oculta del poder, el “nomus del espacio político en el que todavía vivimos” (Constitución de la República de Panamá, 1996, p. 37).

 

A Westerman no le era ajena esta observación, después de haber sido testigo de su época del nacional-socialismo, de los campos de concentración, donde los judíos fueron ‘liquidados’ masivamente (término que él mismo utiliza en propio texto).(4)

4. Seguramente Westerman supo de la captura y deportación de los japoneses en Panamá que realizó la Policía Nacional con el Ejército estadounidense para ser llevados a campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.

En efecto, ante esta situación existencial de los antillanos, que se caracterizaba por ser frágil e incierta, George Priestley llegó a la conclusión de que “Para la década de 1940 y con poco más de treinta años, Westerman estaba convencido de que, dada la improbabilidad de obtener la ciudadanía estadounidense para los afroantillanos así como su regreso en masa a las islas, la ciudadanía, cultura e identidad nacional panameñas era la solución deseada para terminar la marginalización de que eran objeto en Panamá” (1996, p. 93).

En este sentido, pues, el cabildeo de Westerman para lograr una mejor posición y estabilidad para su ‘grupo’ es completamente comprensible. Su texto de 1946 lo atestigua de esa manera, porque es escrito tanto en español como en inglés, es prologado por el periodista, político y diplomático Gil Blas Tejeira, y está dedicado a la maestra y profesora Otilia Arosemena de Tejeira, quien para aquellos años impulsaba reivindicaciones feministas, defendía a las “minorías” étnicas y participaba en la organización electoral de la Asamblea Nacional Constituyente de 1945. Él mismo pertenecía al Partido Renovador, donde encontró importantes aliados a su causa, lográndose así en la Constitución de 1946, expedida por la Asamblea Nacional Constituyente, la restitución de los derechos ciudadanos a los antillanos.

Esta restitución de la ciudadanía y los derechos para los antillanos, del cual Westerman fue uno de su forjadores más importantes, consolidó su trayectoria intelectual y política como representante legítimo de la comunidad antillana del país que, además, se había preocupado por elevar y consolidar la promoción y la educación de su ‘grupo‘ en los cuarenta como, por ejemplo, participar en la fundación de una biblioteca y una escuela para antillanos en La Boca que ofreciera el bachillerato, y que así les permitiera realizar estudios superiores. Si por un lado Westerman, se hacía portavoz de los antillanos en la Zona del Canal para mejorar sus condiciones sociales, educativas y económicas, por otro lado, no dejaba de mencionar que la ‘asimilación’ de los antillanos en Panamá era un paso importante en la aceptación del ‘grupo’ por parte de los panameños, porque aquí habían nacido. En efecto, contrario a lo que se pueda pensar que la ‘asimilación’ en Westerman significaba sin más que los antillanos dejaran de ser antillanos con sus características propias, religión, lengua o cultura, lo que entendía él como la ‘asimilación’ era que en Panamá dejaran de existir barreras institucionales que impidieran que los hijos de los antillanos entraran en las escuelas públicas, que pudieran aprender el español, y que se familiarizaran con la cultura del país de acogimiento. Pedía de ambas partes el ‘esfuerzo’ para realizar con éxito esta ‘asimilación’, es decir, por un lado, el respeto a los antillanos de sus tradiciones, lengua y cultura, y, por otro lado, la aceptación y aprendizaje por parte de los antillanos de la cultura del país, como lo manifiesta la siguiente cita: “Nuestros jóvenes deben desarrollar habilidades bilingües y deben ser sensibles a los problemas y aspiraciones nacionales” (1946, p. 17).

Pero, en contra de esta expectativa de Westerman, los jóvenes descendientes de antillanos (o los que así puedan designarse) no solo han aprendido el español (punto fundamental de las élites criollas para definir la pertenencia a la nación),(5) sino que lamentablemente han olvidado el inglés, y están hoy día muy lejos de ser bilingües.(6)

  1. Al respecto ver los textos de fundación de la Academia Panameña de la Lengua de 1927, el folleto de Olmedo Alfaro sobre el ‘peligro antillano’, y los posteriores análisis y críticas de Carlos Guillermo Wilson y Luis Pulido Ritter, entre otros.
  2. Es una verdadera vergüenza para un país con la historia de Panamá constatar que en todos los índices internacionales sobre el domino y aprendizaje del inglés el país figure siempre entre los últimos lugares.

Aquí, en este sentido, es interesante recordar un estudio sociológico de los setenta, porque, si se partía del criterio de que el aprendizaje del español era el indicador fundamental de la ‘integración’ o la ‘asimilación’ del antillano a la sociedad panameña, lo que revela este estudio es que parece que no había realmente base para semejante exigencia o reproche:

Si analizamos los datos del censo de 1950, con la cautela que imponen estos datos, advertiremos que —si nos atenemos a que el dominio del idioma es un índice “confiable” de integración— el “problema antillano”, hace casi un cuarto de siglo, se concentraba en toda su magnitud en la provincia de Bocas del Toro; ya que, mientras en la zona de tránsito el porcentaje de descendientes de antillanos (que constituyen la mayoría de esa población) que hablaba el inglés en forma casi habitual era de solo 17,5%, en Bocas del Toro era de 47%. (Castro, 1972, p. 23).(7)

7. Y si partimos de esta tesis, es decir, de la pérdida de presencia cultural y peso de la comunidad antillana en Panamá, es posible comprender en toda su dimensión al profesor y escritor Carlos E. Russell cuando preguntaba en 1995 si los panameños de ancestros caribeños era una especie en peligro de ‘extinción’ (en el lenguaje de Westerman), y, en este sentido, su conferencia fue sostenida en inglés en el Museo Afroantillano.

En la segunda mitad de los cincuenta, como afirma Michael Conniff, Westerman alcanza el punto más álgido de su carrera política al ser parte del gobierno de Ernesto de la Guardia como embajador alterno de Panamá ante las Naciones Unidas entre 1956 y 1960. No obstante, con respecto al conjunto de la comunidad antillana, se observa un declive de la comunidad al re-emigrar esta masivamente a Estados Unidos, como resultado de los tratados Remón-Eisenhower, en los que, según George Priestley, “Westerman jugó un papel crucial e importante” (p. 97), porque actuó como asesor y consultor en dicho tratado. Sin embargo, aquí hubo muchas familias de la comunidad antillana que no lograron comprender o aceptar los términos del tratado, porque sintieron que, efectivamente, habían perdido los privilegios u oportunidades que ofrecía la Zona del Canal (comisariatos, trabajo, impuestos, etc.), sin que en Panamá se les ofreciera un mayor espacio social y económico para poder vivir en mejores condiciones.

Westerman y la prensa escrita: el frágil equilibrio

Un capítulo importante en la vida de George Westerman es su relación con la prensa escrita. En su libro Los inmigrantes antillanos en Panamá (1980), en el cual se hace una recapitulación de esta presencia desde el siglo xix, es plenamente consciente del papel de la prensa como articuladora de las aspiraciones, necesidades y proyectos de la comunidad:

En una sociedad cosmopolita como lo es Panamá, los sectores de la prensa dedicados específicamente a los asuntos relacionados con la población negra han cumplido de manera efectiva su cometido con respecto a la comunidad […]. Clifford Bynoe llegó al Istmo procedente de Barbados en 1899. Él estableció la primera imprenta en la ciudad de Colón en 1904 y publicó The Independent, uno de los primeros periódicos de la ciudad de Colón […]. Sidney A. Young, quien se hizo acreedor a la condecoración de Vasco Núñez de Balboa, y a quien se ha erigido un busto en el sector de Río Abajo, fundó The Panama Tribune en 1928, periódico que llegó a ser voz de la colonia antillana en el Istmo […]. H. N. Walron, de Santa Lucía, editó The Workman, en el que luchó en forma titánica, en varias ocasiones, en favor de los trabajadores del rol de plata, muy especialmente durante los días difíciles, cuando los inmigrantes antillanos fueron a la huelga en contra del gobierno de la Zona del Canal con el fin de obtener salarios más altos y mejorar su condición social (Westerman, 1980, pp. 123, 124).

En efecto, si bien la prensa escrita en inglés ya existía en Panamá desde la segunda mitad del siglo XIX con la fundación del Panama Star en 1849 (Miró, 1972, p. 23) en el marco de la construcción del ferrocarril por el Istmo, sólo a partir de principios del siglo xx los antillanos fundan sus periódicos en lengua inglesa. Y George Westerman, quien era un autodidacta, como otros intelectuales panameños, ensayistas y periodistas, de la categoría de un Diógenes De la Rosa y de un Roque Javier Laurenza, entró en el Panama Tribune, un periódico fundado por el oriundo de Jamaica Sidney A. Young, quien había trabajado en la sección inglesa del Panamá América.(8)

  1. Sidney renunció a este periódico, porque al pedir un aumento salarial el propietario se lo negó en los siguientes términos: “Sidney, there is no doubt that you are a good worker and deserve a lot, but I don’t think I could ever pay a Negro as much as a white man” (Conniff, 1987, p. 143).

Westerman comenzó como redactor de deportes, un ejercicio periodístico clave, teniendo en cuenta que para la comunidad los deportes (béisbol, boxeo, baloncesto) y, especialmente, el cricket era el ‘juego preferido’ (Priestley, 2003, p. 94) de los antillanos, juego que hoy día ya no lo practican los descendientes de estos, sino los  descendientes de la comunidad india y pakistaní que han representado a Panamá en clasificaciones internacionales: el mismo Westerman jugaba tenis, ganó el campeonato nacional de tenis, y representó al país en los Juegos Centroamericanos del Caribe que se realizaron en Panamá en 1938.

Westerman, además, escribía artículos de música, eventos generales y literarios para el Panama Tribune. En el medio periodístico era conocido como el griego, y pasó de redactor de deportes a editor asociado, y, como había crecido en la Zona del Canal, estaba familiarizado con la situación y la problemática de los antillanos allí. Como redactor se concentró en esta problemática, sin olvidar otros temas, que lo llevaron igual a tener una columna en el Panamá América, “The Passing Review”, con el cual adquirió una amplio y heterogéneo círculo de lectores como muy bien lo apunta Conniff, y se convirtió de esta manera en puente y en interlocutor legítimo de los intereses antillanos tanto en la Zona del Canal como en el resto del país.

En efecto, Westerman, con y a través de su actividad periodística, de gestionador y de político, interactuaba con varios círculos en el país, los panameños de origen no antillano, los estadounidenses de la Zona del Canal, y la comunidad antillana y, como afirma muy bien Priestley, no era un equilibrio fácil de negociar, porque había intereses disímiles y francamente opuestos como se reveló en los tratados Remón-Eisenhower. En su actividad periodística, Westerman también escribió artículos abiertamente anticomunistas, especialmente con respecto a algunos sindicatos obreros de la Zona del Canal (Priestley, 2003, p. 110).(9)

9.  Para un análisis en detalle de los sindicatos en la Zona del Canal ver Sinclair, “Sindicatos de trabajadores de las fuerzas armadas de los Estados Unidos”, http://diadelaetnia.homestead.com/local907.html consultado el 24 de febrero del 2015.

Eran los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el período durísimo de la Guerra Fría. Los artículos y folletos de Westerman dan testimonio de su fidelidad a los valores liberales y democráticos que defendía con ahínco. Pero, aparte del cálculo político que podía existir en estos artículos, es decir, de demostrar que dentro de la atmósfera altamente contaminada y maniqueísta propia de la Guerra Fría él estaba en el campo correcto de Estados Unidos y de sus aliados en Panamá, hay que observar que Westerman asumió y comprendió que el mismo discurso liberal y democrático le daba los instrumentos necesarios, es decir, que le brindaban el aparato conceptual para plantear los derechos, la libertad y la igualdad de oportunidades para la comunidad antillana, tanto en la Zona del Canal como en todo el país.

Y, en este sentido, no dejó nunca de escribir contra la segregación en la Zona del Canal, que era una reproducción del sistema Jim Crow(10) en tierra tropical, y, mucho menos, dejó de bregar como articulista y político para que los antillanos fueran parte de la nación panameña con todos sus derechos respectivos como ciudadanos. Westerman asumió la dirección y la propiedad del Panama Tribune tras la muerte de Sidney E. Young en 1959.

 

  1. El sistema Jim Crow era un conjunto de reglas, normas y leyes —pero, además, de convenciones sociales— que estipulaban la segregación racial de los negros en el sur de los Estados Unidos, aunque no era exclusivo para esta región, como lo muestra el caso de Panamá. Es un sistema en Estados Unidos que se extiende desde la segunda mitad del siglo xix hasta los sesenta, punto de inflexión con la aparición del movimiento de los derechos civiles.

 

Este fue su mentor y maestro en el ejercicio de escritor, editor y publicista, y a quien Westerman le dedica unas palabras de respeto y aprecio: “Fue un escritor que no conocía el miedo y un campeón incansable de los derechos del negro en este país” (Westerman, 1980, p. 150). Como afirma el propio Westerman, el Panama Tribune cerró oficinas en 1973 como resultado “de la crisis que entonces afectaba el negocio de la impresión de periódicos en todas partes del mundo” (p. 124). Pero, además, hubo otros factores, como la caída del número de lectores en lengua inglesa en Panamá, y la lenta e inexorable dispersión y pérdida de identificación de los miembros de la comunidad con el periódico que había representado por muchos años sus intereses.

Conclusión: el legado de Westerman

Westerman fue deportista, organizador comunitario, político, diplomático y periodista. No tuvo hijos y tampoco contrajo matrimonio. Sus años de mayor influencia y actividad están entre las décadas de 1940 y 1950. No dejó de seguir activo en las siguientes dos décadas en todos los órdenes, tanto en el mejoramiento de la situación de la comunidad en la Zona del Canal como su participación en la política criolla, pero ya a principios de los ochenta se observa con claridad la presencia de una nueva generación de líderes de la comunidad antillana en Panamá que, en cierta manera, proyecta los cambios ocurridos en el país. Por ejemplo, en el Primer Congreso del Negro Panameño realizado en septiembre de 1981, el comité directivo estuvo conformado por estos nuevos líderes. Y solo aparece una foto de Westerman en las Memorias del evento con la siguiente leyenda: “El acto inaugural del congreso sirvió de marco para testimoniar un tributo en vida a ese incansable investigador doctor George Westerman…” (p. 107). Además, no hay que dejar de mencionar que en la resolución se plantea la reactivación del semanario Panama Tribune “el cual jugó un papel de extraordinaria relevancia en la información, comunicación y vinculación del panameño de ascendencia antillana manteniéndolo al día frente a la problemática nacional” (p. 26). Este proyecto no se hizo realidad. En efecto, a pesar de este cambio de generación, la nueva no dejó de reconocer este legado, pues sabía de la importancia de su trayectoria. El discurso de esta nueva generación, por cierto, era más radical, tercermundista, antioligárquico y antiimperialista, como lo muestra la siguiente cita: “Y, efectivamente, generación tras generación nos hemos defendido contra la alianza del gobierno norteamericano y la oligarquía panameña” (p. 23). En efecto, este no era el discurso de Westerman, quien tuvo que defender los intereses antillanos en el equilibro frágil entre una nación que los había dejado apátridas en una ocasión, un imperio que los segregaba en su en clave, y unas islas que se habían desatendido de ellos. No fue fácil la posición de Westerman y él debió negociar y encontrar aliados para su causa en todos los sectores sociales y políticos del país. Tenía un discurso moderado, conciliador (a ratos anticomunista) como en los cincuenta, pero, sin duda alguna, no menos comprometido con la causa antillana en Panamá y tampoco menos crítico con respecto a Estados Unidos y Panamá. Este legado de Westerman no deja, incluso, de sentirse en los textos que replican el concepto de asimilación, como el hecho por el doctor Carlos E. Russell, quien rechaza este concepto completamente,(11) aunque este no menciona a Westerman, quien promovió por años la asimilación de la comunidad antillana en Panamá. Debe señalarse una vez más que para Westerman la asimilación no significaba la pérdida de los valores ni la cultura antillana, y hoy día —con toda seguridad— él habría sido el primero en lamentar la pérdida del inglés y de las instituciones antillanas (escuelas, iglesias, y periódicos, etc.) en el país. De hecho, no puede tampoco dejarse de mencionar el tenaz trabajo del doctor George Priestley, quien logró organizar el archivo Westerman en el Schomburg Center for Research in Black Culture de la ciudad de Nueva York. Esperamos que el Estado panameño recupere dicho archivo para nuestro país, porque George Washington Lionel Westerman, quien falleciera en el año 1988, fue partícipe y testigo de uno de los capítulos cruciales de la historia de la República de Panamá en el siglo XX.

  1. “What I am suggesting is not assimilation but the strengthening of Panamanian culture by retaining within it a strong and visible Caribbean presence that adds to the social, political, and economic vitality of Panama. It is the concept of “inclusion” at its best (p. 46).

 

 

Referencias bibliográficas

Agamben, G. (2006 [1996]). Mittel ohne Zweck. Zürich-Berlin: Diaphanes.

Castro, Carlos (1972). “Notas para una sociología del negro antillano”, Lotería, no. 200, pp. 6-23.

Conniff, M. (1987). “A Barbadian Descendent in Panama”. En W. H. Beezley y J. E. Wilmington, The Human Tradition in Latin America. (eds.), Delaware: Scholarly Resources, pp. 141-150.

Maloney, G. (s.f.). El canal de Panamá y los trabajadores antillanos. Panamá 1920. Cronología de una lucha, Colección Biblioteca de la Nacionalidad. Panamá: Biblioteca de la Nacionalidad / Autoridad del Canal de Panamá.

Miró, R. (1972). “Una década crítica del periodismo nacional: (del Estado del Istmo al Estado Federal)”. Lotería, no. 201, pp. 9-25.

Priestley, G. (2003). “Raza y Nacionalismo en Panamá: George Westerman y la cuestión antillana, 1940-1960”. En A. Barrow y G. Priestley (Eds.), Piel Oscura Panamá. Panamá: Editorial Carlos Manuel Gasteazoro, pp. 93-131.

Russel, C. E. (2003). The Last Buffalo “Are Panamanians of Caribbean Ancestry an Endangered Species?”, U.S.A.: Conquering Books.

Westerman, G. (1946). Hacia una mejor comprensión. Panamá: (s.e.). ___________ Los inmigrantes antillanos en Panamá. (1980). Panamá: Talleres de la Impresora de la Nación S.A.

Documentos

(1981). Memorias. Primer Congreso del Negro Panameño. Panamá: Centro de Convenciones Atlapa, Panamá. (1941). Constitución de la República de Panamá. Panamá: Imprenta Nacional.