• img-book

    Darma L. Zambrana

SKU: 0356d3f7eb5e Categoría: Etiquetas: ,

Guillermo Endara Galimany

by: Darma L. Zambrana

Endara dejó en su país una estela de honestidad, de sinceridad y de ingenua bondad, aunque para otros será el mandatario más sumiso a Estados Unidos y los organismos internacionales de crédito.

Tags: ,
Meet the Author
avatar-author
Nacida en Bolivia y naturalizada panameña, ejerce el periodismo hace más de tres décadas, primero en su país de origen en medios escritos, radiales, televisivos, agencias de noticias y relaciones públicas, y después en Panamá desde que llegó como diplomática en el año 1985, tanto en periódicos, como revistas, radios y comunicación corporativa. Estudió en Argentina, en la Escuela Superior de Periodismo de la Universidad de La Plata, en la ciudad del mismo nombre, completando su formación profesional en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Católica Boliviana de la ciudad de La Paz. En el año 2011 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo del Fórum de Periodistas por las Libertades de Expresión e Información con un reportaje sobre menores con VIH publicado en el matutino La Estrella.  
Books of Darma L. Zambrana
About This Book
Overview

Esa noche el boliviano René Panca, intérprete del folclore de su país, estaba preocupado a causa de la cancelación, sin mayores explicaciones, de las últimas presentaciones que tenía contratadas en las bases militares. Su novia Sheryl, militar estadounidense, le había aconsejado que, de ser posible, se fuera de Panamá porque algo grave estaba a punto de suceder. Sin embargo, al no poder ella darle más detalles, René no le creyó mucho, hasta ese día de diciembre de 1989 cuando le dieron la noticia de que ya no podría deleitar a los gringos con la música sudamericana y sintió amenazados sus ingresos. Sheryl, que esperaba un hijo suyo, le dijo que se fuera de la base donde dormía cuando actuaba allí y él, a regañadientes, empezó a recoger sus pocas pertenencias y sus instrumentos musicales.

A poca distancia, en la misma base militar de Clayton, hoy Ciudad del Saber, tres hombres preocupados también por lo que ya sabían sucedería en su país, se aprestaban a jurar ante las máximas autoridades castrenses de Estados Unidos acantonadas en Panamá, a los cargos de presidente, y primero y segundo vicepresidentes. Se trataba de Guillermo Endara Galimany, Ricardo Arias Calderón y Guillermo Ford Boyd, la tripleta que había ganado las elecciones de mayo de 1989, cuyos resultados fueron desconocidos por los militares panameños que mediante manipulación intentaron volcarlos, sin conseguirlo, en favor de su candidato, Carlos Duque Jaén, ante la repulsa generalizada de los panameños cansados de los desmanes cometidos en 21 años de dictadura. Finalmente decidieron anular aquellas elecciones y nombrar a dedo a un nuevo presidente.

Los tres personajes habían sido citados en el fuerte Clayton por el alto mando del Comando Sur de Estados Unidos con el fin de transmitirles la decisión del presidente George Bush padre, de invadir Panamá esa misma noche activando la denominada Operación Causa Justa, para sacar del poder de una vez por todas, a Noriega y a sus seguidores. Si Endara, Arias y Ford no aceptaban tomar posesión en estas circunstancias tan poco constitucionales, los estadounidenses tenían previsto establecer un gobierno de ocupación escogido y controlado por ellos mismos. La alternativa no era la mejor para el país, y ante la presión por un lado y la decisión del pueblo panameño que les había dado el triunfo por otro, aceptaron.

Entretanto los panameños se preparaban a celebrar una Navidad más. A pesar de los rumores de una invasión estadounidense y confiando en que se quedarían en solo eso, los panameños estaban haciendo sus compras para las fiestas pero sin el aire festivo de otros años ni el movimiento económico normal de la época. Panamá atravesaba quizás la peor recesión económica y social de su historia. Mientras los tres integrantes del nuevo gobierno esperaban en una sala de reuniones de la base a que todo estuviera listo para la juramentación, por la mente de Guillermo Endara pasó a toda velocidad su vida entera y las circunstancias que lo habían llevado hasta ese momento.

Niñez y juventud

Nacido el 12 de mayo de 1936 en el seno de una familia de clase media acomodada, Guillermo Endara vivía en el otrora exclusivo barrio residencial de El Cangrejo en la ciudad de Panamá. El hogar estaba constituido por Guillermo Endara Paniza, de origen ecuatoriano, Elsa Galimany, panameña descendiente de españoles, el pequeño Guillermo David y su hermana Elsa María. Endara padre formaba parte de un grupo de amigos y seguidores del líder nacionalista Arnulfo Arias Madrid, quienes resultaron exiliados en Buenos Aires, Argentina a raíz del golpe militar contra Ricardo Adolfo de la Guardia en 1941.

En ese entonces Arias también permanecía exiliado en la misma ciudad y reanudó la amistad con los Endara. Guillermo David tendría cinco años cuando se mudó a la capital argentina y, como refirió a sus amigos, siempre recordaría la ocasión en que fuera atendido por Arnulfo, médico de profesión, cuando se sintió indispuesto después de un baño de piscina. Endara Galimany inició sus estudios primarios en Buenos Aires, en el colegio La Salle de los Hermanos Cristianos, y de vuelta a Panamá continuó en el Colegio Miramar. Como él mismo lo confesó alguna vez, en esta primera etapa no fue un alumno muy aplicado. La secundaria la hizo en el Black-Foxe Military Institute de California, de donde egresó con el grado de capitán.

Inició la universidad en Tulane en premedicina y en el Soule Business College en contabilidad, ambas en Nueva Orleans, pero terminó obteniendo la licenciatura en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Panamá, donde se graduó con honores con un trabajo de tesis titulado “La función de la sociedad anónima”. Poco después volvería a Estados Unidos a estudiar un posgrado de Derecho Anglonorteamericano en la Universidad de Nueva York, regresando finalmente a Panamá en 1963 donde, gracias a la amistad entre su padre y el abogado Galileo Solís, tío de Menalco Solís, uno de los grandes amigos que tuvo —el mejor “mejor” según su hija Marcela— formó en sociedad con este último el bufete Solís-Endara, instalando sus oficinas en el parque Porras, en el primer piso del mismo edificio del Banco General.

Incursión política

Admirador apasionado de Arnulfo Arias Madrid, el tres veces presidente y otras tantas derrocado líder nacionalista, Endara incursionó en política vinculándose a la creación del Partido Panameñista (PP), “última expresión partidaria de la tradición política caudillista encarnada por Arias, el panameñismo, de credenciales nacionalistas y derechistas, y en origen enfrentado a los intereses oligárquicos, antes de pasar a sustentarlos. Desde los años treinta del siglo xx, el panameñismo había dado lugar sucesivamente al Partido Nacionalista Revolucionario (PNR), al Partido Revolucionario Auténtico (PRA) y ahora al PP”. De la mano de Arnulfo Arias, en las elecciones de mayo de 1964, en las que ganó la Presidencia de la República el liberal Marco Aurelio Robles, Endara resultó elegido diputado suplente, aunque luego obtuvo la nulidad de sus credenciales como legislador electo en protesta por el fraude del que había sido víctima el PP. Cuenta Menalco Solís que, el día de las elecciones, Endara se acostó convencido de no haber sido elegido y cuando lo llamaron para entregarle sus credenciales decidió no aceptarlas porque estaba consciente del fraude. En 1968, cuando Arnulfo Arias ganó las elecciones, fue designado director general de Planificación y Política Económica, cargo en el que apenas estuvo por once días, los mismos que duró el gobierno que fue depuesto por un golpe militar encabezado por Omar Torrijos Herrera.

A partir de entonces, Endara, vivió en la clandestinidad hasta que en 1971 fue detenido y exiliado a Estados Unidos. Rememorando esos difíciles momentos para su familia, su hija Marcela nos cuenta:

Recuerdo que era el mediodía y yo estaba en la planta baja del edificio esperando el bus de la escuela para la tanda de la tarde. En esos momentos era un grave delito ser arnulfista. Llegó la policía y se estacionó detrás del carro de mi papá, subieron al edificio y al rato mi papá bajó esposado, lo llevaban agarrado de los brazos. Mi papá, con una gran sonrisa, me dijo que tenía que ir con ellos pero que no me preocupara porque eran sus amigos. Definitivamente era para que yo no me diera cuenta de lo que estaba pasando.

Ya para entonces Endara era uno de los hombres de confianza de Arias Madrid, a quien admiraba por “su gran sabiduría”, según recuerda su hija. Guillermo Endara sentía un absoluto desprecio por los militares que controlaban el poder en Panamá. Así lo certifican su nieto, sus amistades y su propio actuar. Referida en sus propias palabras en entrevistas periodísticas, Endara recordaba que cansado de estar lejos de su país, su casa, sus amigos y su mundo, decidió un buen día —a pesar de haber sido advertido de que si pisaba suelo panameño lo volverían a detener— regresar a Panamá. Llegó al aeropuerto y pasó los controles migratorios sin que nada sucediera, llegó a su hogar sin tener tampoco ningún tropiezo y así transcurrieron un par de días. Finalmente, cansado de la incertidumbre, en una muestra de ingenuidad para algunos y de valentía para otros, decidió llamar por teléfono al G-2, el servicio de inteligencia de las Fuerzas de Defensa panameñas, para decirles quién era y dónde se encontraba. Por supuesto fueron a buscarlo y se lo llevaron detenido para enviarlo de nuevo al exilio.

El exilio terminaría en 1977 cuando vuelve a Panamá. El 7 de septiembre de ese mismo año se firman los tratados Torrijos-Carter entre Estados Unidos y Panamá en la sede de la OEA en Washington, mediante los cuales se transfiere progresivamente la soberanía de la Zona del Canal —que había permanecido bajo control estadounidense desde 1903— del país del norte al istmo y que comprometían a ambos países a proveer amistosa y cooperativamente una buena administración, operación y mantenimiento adecuado a la vía interoceánica. Este trascendental acontecimiento para la historia panameña tuvo como testigos a presidentes de varios países latinoamericanos. Una vez en Panamá, Endara empezó a trabajar como integrante del Comité Político Nacional del Partido Panameñista y posteriormente participó en la organización del regreso de Arnulfo Arias del exilio, hecho que tuvo lugar en junio de 1978.

A su regreso, Arias se refugió en su finca cafetalera de las tierras altas de Panamá. Su primera esposa, Ana Matilde Linares había fallecido años antes y él, se había vuelto a casar con Mireya Moscoso casi cuarenta años más joven. Ella más tarde lideraría el partido panameñista y ocuparía también la Presidencia de la República. El retorno del líder nacionalista a Panamá fue una demostración de fuerza popular de la oposición, en momentos en que se trataba de culminar las negociaciones para la firma de los tratados sobre el Canal de Panamá. Precisamente en ese mismo mes, en un enfrentamiento entre estudiantes de facciones opuestas en el campus de la Universidad de Panamá, ante la próxima llegada al país del expresidente estadounidense Jimmy Carter para el canje de instrumentos de ratificación del tratado Torrijos-Carter, fueron asesinados con armas de grueso calibre dos estudiantes universitarios: Jorge Camacho y Demóstenes Rodríguez. Según sus familiares y la oposición, dichos crímenes fueron fríamente planeados por el gobierno militar para tener un pretexto que le permitiera controlar a los medios de comunicación y evitar manifestaciones —que podrían tener eco a escala internacional gracias a la presencia de mandatarios extranjeros— en contra de los tratados. La situación del país era cada vez más delicada y mientras la oposición radicalizaba su postura el régimen incrementaba la represión. En 1979 varios comentaristas de radio convocaron a una marcha de protesta en contra de la llegada al país del sah de Irán, medio millar de personas reunidas en los alrededores de la iglesia de Don Bosco fueron gasificadas, golpeadas y algunas detenidas por participar en las protestas. Entre ellos el abogado y dirigente político, Miguel Antonio Bernal, uno de los más recalcitrantes opositores de los militares, que fue detenido y posteriormente exiliado.

También en el mismo año Endara alcanzó la subsecretaría general del Partido Panameñista. Tres años más tarde, en 1982, representó al partido en la Comisión Revisora de la Constitución Política y en 1983 asistió al octogenario caudillo en la puesta en marcha del Partido Panameñista Auténtico (PPA), nuevo proyecto partidario que sustituyó a un PP hostigado desde el poder y que ofreció al electorado contrario al régimen unas garantías de genuina alternativa política. En la Convención Nacional Constitutiva del PPA, celebrada el 14 de agosto de aquel año en Penonomé, provincia de Coclé, Guillermo Endara fue elegido subsecretario general del partido. Debido a las presiones nacionales e internacionales el régimen militar instalado desde 1968 convocó a elecciones presidenciales para el 6 de mayo de 1984. Arnulfo Arias y su recién formado PPA participaron en dicha contienda, la primera con carácter democrático desde que los uniformados se hicieran con el poder 16 años atrás, formando parte de la Alianza Democrática de Oposición (ADO), integrada también por el Partido Demócrata Cristiano (PDC) y el Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (MOLIRENA).

La victoria se adjudicó fraudulentamente a la coalición oficialista Unión Nacional Democrática (UNADE), encabezada por el Partido Revolucionario Democrático (PRD) fundado por Omar Torrijos, fallecido en un accidente de aviación en 1981, y su candidato presidencial, Nicolás Ardito Barletta, designado por los militares. Para entonces y ya desde 1983, el coronel Manuel Antonio Noriega se había hecho cargo de la comandancia de las Fuerzas de Defensa y era de hecho quien gobernaba en Panamá. Antes de las elecciones de 1984 se habían sucedido varios presidentes nombrados a dedo por los militares y removido de acuerdo con sus propias conveniencias: Demetrio Basilio Lakas, Aristides Royo, Ricardo de la Espriella y Jorge Illueca. A medida que la movilización contra el régimen crecía, la represión también se endurecía. Más persecuciones, detenciones y asesinatos. El más escandaloso por sus características y por el perfil de la víctima fue el del médico guerrillero Hugo Spadafora, quien había denunciado públicamente las vinculaciones de Noriega con el narcotráfico. El médico apareció decapitado cerca de la frontera con Costa Rica y su cabeza nunca fue encontrada.

La represión se agudizó aún más en 1987 tras las denuncias de corrupción, fraude, asesinato y narcotráfico formuladas por el coronel Roberto Melanio Díaz Herrera, quien formaba parte hasta entonces de la cúpula militar adepta a Noriega. En esas circunstancias y en oposición a un régimen cada vez más resquebrajado nace la Cruzada Civilista, desde cuyo seno el PPA lidera el movimiento conformado por más de cien gremios entre asociaciones cívicas, políticas, gremiales y profesionales. En agosto de 1988 fallece Arnulfo Arias, y la consecuencia política inmediata fue la división interna en el panameñismo. Antes de morir, Arias había designado a Endara, a la sazón secretario general del colectivo y su portavoz ante la opinión pública. Así que, ese mismo año, la facción legataria de la memoria de Arias que encabezaba Endara, antimilitarista convencido y hostil a cualquier componenda con el gobierno autoritario del PRD, abandonó una formación desnaturalizada y se echó al ruedo político sin el apoyo de un partido político, aunque en marzo de 1989 empezó a organizar su propia formación, el Partido Arnulfista (PA), que no recibió carta de legalidad.

Ante la proximidad de las elecciones convocadas para el 7 de mayo de 1989, las cuales encontraron al régimen militar en su peor fase de deterioro, los partidos Demócrata Cristiano de Ricardo Arias Calderón, el Movimiento Liberal Republicano Nacionalista de Guillermo Ford y el Liberal Auténtico de Arnulfo Escalona Ríos que conformaban la Alianza Democrática de Oposición Civilista (ADOC) con el apoyo del Partido Acción Popular (PAPO), postularon a Guillermo Endara Galimany a la presidencia. El nombre de Endara había sido propuesto en una reunión de los partidos de oposición por Joaquín Franco, del Partido Liberal y aprobado por consenso general. Entretanto los militares designaron para enfrentarlo a Carlos Duque Jaén, como candidato por la Coalición de Liberación Nacional (COLINA), progubernamental integrada por siete partidos políticos, entre ellos el PRD.

Como era de esperarse, a pesar del intento de fraude y de la férrea vigilancia que tenía el gobierno en los centros de votación y su control del Tribunal Electoral, Endara ganó con más del 60% de los votos. “Los panameños, como una alternativa al régimen de Noriega, votaron en forma apabullante por Endara”, informó el corresponsal de prensa John Dinges. Pero el régimen militar estaba decidido a no ceder. Los organismos internacionales fueron testigos del asalto y robo de urnas en todo el país, perpetrado incluso por miembros de las Fuerzas de Defensa. El proceso electoral culminó con tres personas asesinadas, decenas de heridos y más de mil detenidos. Los resultados fueron anulados por el régimen arguyendo errores procedimentales y desatando paralelamente una desesperada represión contra la oposición. Por su parte el candidato ganador convocó a una huelga general y a una marcha de protesta para el día 10 de mayo. Ese día en la plaza de Santa Ana la manifestación fue atacada por los llamados “batallones de la dignidad”, que portaban armas de fuego, barras de hierro, maderas con clavos en los extremos y tubos de metal, ante la mirada pasiva de los miembros de las FF. DD.

Guillermo Endara, quien presidía la caravana, fue herido en la cabeza y Guillermo Ford también fue golpeado y arrestado mientras cerca de él caía asesinado uno de sus escoltas. Hacia fines de septiembre, Endara a pesar del recrudecimiento de la represión se declaró en huelga de hambre en la sede de su partido, pero el 5 de octubre fue desalojado de forma violenta por las fuerzas militares y se vio obligado a refugiarse en la Nunciatura Apostólica en Panamá, a cargo de monseñor Sebastián Laboa, quien pocos meses más tarde también alojaría a Noriega. Dos días antes el jefe militar había sido víctima de una intentona golpista fallida encabezada por el mayor Moisés Giroldi, lo que evidenciaba la descomposición interna del régimen. A raíz de este golpe frustrado once militares fueron torturados y luego fusilados.

Tras asumir personalmente el gobierno el 15 de diciembre, con “poderes extraordinarios e indefinidos” la suerte del dictador quedó echada: al amanecer del 20 de diciembre cuando 24 mil soldados estadounidenses invadieron Panamá con el propósito de salvaguardar las vidas y las propiedades estadounidenses, y de proteger la democracia panameña, según la justificación oficial que el gobierno de Estados Unidos dio a la Operación Causa Justa. Este drástico ejercicio de injerencia, al viejo estilo de la política de las cañoneras en América Central, ordenado por el presidente George Bush sin asomo de legalidad internacional persiguió el doble objetivo de capturar a Noriega, un antiguo servidor de los intereses de Washington caído en desgracia por sus tendencias erráticas y autoritarias, su implicación en las tramas del narcotráfico sudamericano y sus coqueteos con Cuba y Nicaragua, y de preservar la integridad del área del Canal, altamente sensible por su valor estratégico, a pesar de que, según los tratados de 1977, Estados Unidos debía devolverla a la soberanía panameña el último día de 1999. A pesar de que hay quienes todavía tienen dudas sobre el lugar y las circunstancias de la juramentación de los integrantes del nuevo gobierno, Guillermo Endara Galimany, presidente; Ricardo Arias Calderón, primer vicepresidente y Guillermo Ford Boyd, segundo vicepresidente, documentos oficiales y personas muy allegadas al expresidente dan cuenta de que dicho acto se dio en la base militar de Clayton y bajo custodia —y presión— del ejército de Estados Unidos, pocas horas antes de la inminente invasión.

Personalidad del nuevo mandatario

Así Endara, a quien sus familiares y amigos llamaban cariñosamente Cuchungo y lo recuerdan como un hombre estudioso, inteligente, amante de la buena lectura y de la música clásica, llegó al Palacio de las Garzas como el trigésimo noveno presidente de Panamá. La casa en la cual vivía con su primera esposa, Marcela Cambra y su hija en Vía Argentina, estaba llena de libros y discos (los de acetato) de óperas y sinfonías. Se encerraba largas horas a solas en su estudio a leer y oír música. Según su nieto Javier Yap, “era el presidente más intelectual de Panamá”. A juicio de su colega y ministro de Hacienda y Tesoro, Mario Galindo, Endara era un gran abogado, estudioso, reposado, analítico, conciliador, honrado, con carácter y con una memoria impresionante que, “a ratos se hacía el tonto no siéndolo en absoluto”. Sin embargo, para otros pasará a la historia como un hombre de pocas luces, ingenuo en extremo y auténtico en demasía. Menalco Solís, socio y amigo, aclara que era muy retraído y reservado, un hombre que hacía amistades con dificultad, quizás de ahí la imagen que de él guarda el imaginario popular. “Navegaba con bandera de pendejo”, dicen de él muchos panameños, tanto los que lo aprecian como los que no. Queda la duda de si esa era parte de su estrategia. Para su hija Marcela era un hombre bondadoso que creía en Dios y con quien la gente se confundía pues simulaba no entender nada para obtener más información.

En cierta forma se identificaba con el héroe de Cervantes, don Quijote de la Mancha, del que admiraba sus ideas libertarias, su valentía, su generosidad, su honorabilidad, su fidelidad y su compromiso. Tenía una relación muy especial con su padre, don Guillermo Endara Paniza, quien fue el que lo envió a formarse a la mejor academia militar de Estados Unidos. Su nieto Javier recuerda de él su cercanía y la complicidad que los unía cuando vivían en el palacio presidencial. “Era muy comelón, me mandaba a buscar una cajita que solo él y yo sabíamos dónde estaba y que llenaba siempre con dulces y chocolates que compartíamos”, rememora. También recuerda aquella vez en la cual los medios panameños de la época cuestionaron al presidente “por jugar Nintendo en vez de gobernar” y aclara que se trató de un malentendido, pues estando cerca la Navidad el presidente quiso buscar personalmente el regalo para su nieto y, ni corto ni perezoso se dirigió a uno de los almacenes más grandes de la ciudad donde naturalmente mucha gente lo vio probando el aparato. Si bien Endara no era un hombre muy medido con la comida, en especial con los dulces —cuentan que cuando preguntaba qué postre había para el almuerzo y le mencionaban la lista pedía “denme los tres”— en cambio no bebía y en las recepciones, mientras todos brindaban con champán, él pedía que le llenaran la copa con Ginger Ale, que también tiene color dorado y burbujas.

Primeras acciones

El nuevo Gobierno recibía “un país quebrado, saqueado y en anarquía. Los bancos estaban cerrados, la deuda pública era una bomba de tiempo, a los empleados se les pagaba con papelitos y la economía estaba en caída libre” (“La economía en democracia”, 2004). No había seguridad alguna, ni policía que la resguardara, de modo que los primeros días Endara junto a su gabinete —que poco a poco se iba congregando, a medida que los recién designados ministros podían llegar— despachaba desde el Ministerio de Relaciones Exteriores. A la debacle económica se sumó la pérdida de vidas humanas causada por los bombardeos indiscriminados que, según análisis posteriores, deberían contarse por millares, la destrucción del barrio de El Chorrillo casi en su totalidad y las pérdidas económicas valoradas por la Cámara de Comercio en más de dos mil millones de dólares. En su primer gabinete Guillermo Endara tuvo a respetados personajes como Rubén Darío Carles, considerado el “contralor de hierro” por el estricto control que ejerció sobre las finanzas panameñas en ese crítico periodo para el país. También lo acompañó el cofundador del partido Molirena, Jorge Rubén Rosas en la cartera de Trabajo y Desarrollo Laboral, un hombre probo y con excelentes relaciones con sindicatos y gremios. Ricardo Arias Calderón, primer vicepresidente, asimismo ocupaba el Ministerio de Gobierno y Justicia, vital para la recuperación de la seguridad nacional; Guillermo Ford, segundo vicepresidente, fue nombrado en Planificación y Política Económica, y Mario Galindo, un abogado de clase alta, muy bien relacionado y amigo personal de Endara, en el Ministerio de Hacienda y Tesoro. Ya instalado en el Palacio de las Garzas, Endara, acometió la reconstrucción.

El énfasis de su Gobierno fue tratar de resucitar las cuentas públicas y recuperar la confianza de los organismos internacionales de crédito y para el efecto diseñó desde el Ministerio de Planificación un “Programa de desarrollo y modernización de la economía”, el cual fue negociado, aceptado y avalado por las entidades internacionales FMI, BM y BID. Según algunos analistas, dicho programa estaba orientado a beneficiar “al capital externo y a algunos sectores internos, principalmente los vinculados con las actividades comerciales y financieras que operan en función de las relaciones con el exterior”. Después de la invasión el gobierno suspendió las convenciones colectivas, a lo que se sumó una nueva ola de despidos en la empresa privada. En el sector público, el primer decreto del nuevo Gobierno derogó la estabilidad de los empleados públicos, despidiendo a trece mil de ellos. Como consecuencia de esta medida el Gobierno tuvo que enfrentar una de las movilizaciones obreras más importantes desde el nacimiento de Panamá a la vida republicana. Por el contrario, según el ministro de Hacienda y Tesoro de entonces, Mario Galindo, para el Gobierno las exigencias de las instituciones financieras de crédito eran exageradas: “Querían obligarnos a despedir a veinticinco mil funcionarios públicos, se oponían al aumento del salario mínimo, no se podía llegar a ningún acuerdo sobre la base de dichas imposiciones”. Galindo había sido enviado a Washington a negociar con las IFI junto al ministro de Planificación, Guillermo Ford y otros funcionarios técnicos del Gobierno.

En coincidencia con Galindo, el ministro de Planificación, Guillermo Ford, aseguró que durante la negociación con las IFI, el gobierno de Endara se negó a las exigencias de rebajar los aranceles y despedir empleados públicos y, por el contrario, se mantuvieron adecuadas protecciones arancelarias para rubros más sensibles y, en vez de despedir empleados, se creó el Plan de Retiro Voluntario, para bajar gradualmente la planilla estatal. La misión, en lo económico, del Gobierno Endara fue enderezar al país y lo logró. Fue un Gobierno de reconstrucción y estabilización, que preparó el camino para que su sucesor, Ernesto Pérez Balladares, realizara una primera generación de reformas estructurales, que incluían la privatización de los servicios públicos, la entrada de Panamá a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la modificación del Código de Trabajo, por citar algunas.

Endara explicó ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que su Gobierno se había visto obligado a atacar simultáneamente la desocupación, la recesión en las inversiones, un incomprensible acoso político y el pago de la deuda heredada del régimen anterior. Dijo también que los “esfuerzos ordenados han producido algunos resultados concretos, porque la economía interna se está restableciendo, la situación fiscal se va normalizando, hemos logrado ya acuerdos aceptables con los organismos financieros internacionales y con el Club de París. Finalmente, hemos preparado un programa de ajuste económico para liberalizar nuestra economía dentro del plan de cooperación internacional”. Otro de los objetivos de Endara era la desmilitarización del Estado, controlado por los uniformados por más de veinte años, lo cual se concretó el 10 de febrero de 1990 por medio de un decreto que reorganizaba la Fuerza Pública panameña, cuyo primer y efímero director, el coronel Roberto Armijo, había sido destituido sin explicaciones por Endara, aunque se mencionó que Armijo estaba descontento con la gran influencia del ejército de Estados Unidos en la formación de las nuevas fuerzas de seguridad. De acuerdo con el decreto ejecutivo, las FF. DD. quedaban abolidas con efecto retroactivo al 22 de diciembre de 1989 y en su lugar se creaban una Policía Nacional (PN), un Servicio Marítimo Nacional (SMN), un Servicio Aéreo Nacional (SAN) y un Servicio de Protección Institucional (SPI), con mandos y escalafones separados y colocados bajo la autoridad del poder ejecutivo. (CIDOB). Como con muchas de sus actuaciones, Endara sorprendió a los panameños el 1 de marzo de 1990 cuando se declaró en huelga de hambre con el fin de presionar al gobierno estadounidense para que desembolsara la ayuda económica prometida.

Poco después, en el mes de abril, el mismo George Bush le daría la respuesta del Congreso de su país: no autorizaba la emisión de dicha ayuda consistente en quinientos millones de dólares. Ese primer año los grupos afectados por la invasión, junto a organizaciones estudiantiles, familiares de los fallecidos y desaparecidos, sindicatos de trabajadores vinculados a la izquierda y parte del PRD, conformaron el Comité pro rescate de la soberanía que todos los días 20 de cada mes organizaban protestas exigiendo la expulsión de las tropas estadounidenses. Es así que el 20 de diciembre de ese año, en el primer aniversario de la invasión, más de noventa mil personas recorrieron las calles de la ciudad hasta el destruido barrio de El Chorrillo, uniendo en la protesta la oposición a los planes de reestructuración económica y la lucha por la soberanía. Unos días antes el ejército estadounidense había sofocado una confusa sublevación encabezada por el coronel Eduardo Herrera Hassan, director de la FPP hasta agosto, cuando fue destituido bajo cargos de conspiración y subversión. Su sustituto, el teniente coronel Fernando Quezada, había sido despedido en octubre después de una discusión pública con el director de un diario. El cambio de mandos en la policía cuando todavía no tenía un año de creación —y que hasta el final del período presidencial tuvo dos mudanzas más— puso en evidencia las dificultades del Gobierno democrático para subordinar los mandos policiales a la institucionalidad civil. Y no sería el único complot en su contra: dos años después se develó a tiempo otro plan denominado “matar al gordito”, atribuido también al coronel Hassan.

Acusado de nepotismo en el primer año de su gestión por el nombramiento de un familiar suyo a la cabeza de la Caja de Seguro Social, Guillermo Endara zanjó la cuestión en los siguientes términos: “Yo puedo decir que en el caso que se me ha señalado a mí y lo digo con toda claridad, es el que se haya nombrado como director de la Caja de Seguro Social a un tío mío. Este nombramiento lo hice con toda la intención porque quiero dar el mensaje de que tengo un interés muy especial en la Caja de Seguro Social. Si hubiera sido posible para el presidente haber asumido esta posición además de ser presidente, yo lo hubiera hecho. Jorge Endara Paniza tiene sus propios méritos”.

Situaciones de conflicto

Durante 1991 se generó tensión con el gobierno de Estados Unidos por la resistencia a las presiones ejercidas por ese país para cambiar las leyes bancarias panameñas y combatir el lavado de dinero procedente del narcotráfico. Por otra parte, pese a que el Gobierno panameño aumentó la cooperación con Estados Unidos en la lucha contra las drogas, las autoridades norteamericanas denunciaron un supuesto aumento del trasiego de cocaína y del blanqueo de dólares en los principales centros financieros y comerciales del país.

El propio presidente Endara se vio envuelto en el escándalo cuando se descubrió que el narcotraficante colombiano Gonzalo Rodríguez Gacha utilizaba el Interbanco de Panamá, del que Endara era directivo, para operaciones de lavado de dólares, aunque el mandatario negó enfáticamente estar vinculado a esta actividad ilícita. También desde principios de 1991 sectores interesados en prolongar la presencia estadounidense en Panamá desataron una campaña basada en la opinión de que los panameños no estarían preparados para asumir el manejo de la vía interoceánica. Supuestas encuestas respaldaban dicha posición señalando que dos de cada tres panameños estaban de acuerdo con renegociar los tratados y permitirdicha presencia hasta más allá del año 2000.

El Gobierno, en la voz de su primer vicepresidente Ricardo Arias Calderón, salió al paso reafirmando que dichos acuerdos debían ser cumplidos plenamente por ambas partes y que “cualquier cambio que altere la situación contractual requerirá un plebiscito”. Al respecto, en su intervención ante el XLVI Periodo de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente Endara afirmó de manera categórica que Panamá se preparaba responsablemente para la administración de este bien nacional, que constituye también un bien de la humanidad. Un año después el gobierno Endara sometió a consulta popular 57 enmiendas a la constitución que habían sido aprobadas por la Asamblea Legislativa en junio de ese año, que incluían la proscripción del ejército.

Aunque un 60% de los electores se abstuvieron de emitir su voto, la costosa campaña desplegada por el Gobierno en favor de las reformas no tuvo eco y la propuesta fue un estrepitoso fracaso, casi el 60% del voto emitido fue negativo y los partidarios tanto del presidente Endara como los de Arias Calderón, ya distanciados entonces, se echaron la culpa del fracaso, mientras los partidos de izquierda en la oposición festejaban los resultados como una victoria contra un Gobierno al que consideraban ineficaz y nepotista. “[…] Más que un rechazo a cualquier forma de militarismo, inexistente en el país desde que en diciembre de 1989 el Ejército norteamericano aniquilara a la Guardia Nacional del general Manuel Antonio Noriega, lo que se decidió ayer en Panamá fue un voto de castigo al Gobierno del abogado Endara, tildado de corrupto, sumiso a Estados Unidos y vengativo con quienes en su día apoyaron al régimen anterior, algunos de ellos inconscientemente”, decía una información publicada en el diario español El País en noviembre de 1992. En 1993 se conoció un informe del Departamento Antidrogas de Estados Unidos, según el cual Endara y su firma de abogados inscribieron, entre 1980 y 1988, unas 32 sociedades anónimas para los narcotraficantes estadounidenses Guillermo Falcon y Salvador Magluta, las cuales habrían servido para lavar unos dos mil millones de dólares.

Endara negó en todo momento tener vínculos con Falcon y Magluta, explicando que su actuación se había limitado a brindar un servicio profesional y que no conocía las actividades de sus clientes; igualmente negó haber participado directa o indirectamente en el lavado de dinero o tráfico de drogas.

Peleas intestinas

A poco más de un año de mandato las diferencias entre los partidos que formaban la coalición de Gobierno, en especial y fundamentalmente con el Partido Demócrata Cristiano, cuyo principal dirigente era el primer vicepresidente, trascendieron a la esfera pública. La primera dama, Ana Mae Díaz de Endara, acusó a dicho partido de preparar un golpe de Estado contra su esposo. Entre dimes y diretes de ambos bandos, el 8 de abril de 1991 el PDC anunció su salida de la coalición después de que Endara decidiera prescindir de Arias Calderón, que además de primer vicepresidente venía ejerciendo como ministro de Justicia e Interior; los ministros demócratacristianos renunciaron y Arias rompió con el presidente, aunque sin abandonar de inmediato el Ejecutivo, donde se mantuvo por un tiempo como vicepresidente. La situación se había precipitado gracias a las denuncias de la primera dama. El presidente aseguró que se mantendría en su cargo y que defendería su mandato a sangre y fuego. “Solo saldré de la presidencia en un pijama de madera”, dijo aquella vez aunque más tarde negó tener evidencia de un posible atentado contra la institucionalidad democrática y aclaró que no tenía problemas con su vicepresidente Arias Calderón, sino con algunos “elementos extraviados” de ese partido.

A la erosión del Gobierno de Endara no solo contribuyeron las acusaciones de narcotráfico sino también los excesos verbales, la informalidad y el comportamiento caprichoso de la joven primera dama, Ana Mae Díaz Chen de Endara, una estudiante de Derecho de ascendencia china y 31 años más joven con quien el presidente —viudo desde el año anterior de su primera esposa, Marcela Cambra, madre de su única hija, Marcela María— contrajo nupcias el 10 de junio de 1990 para luego conferirle un activo rol en las obras sociales y caritativas promovidas por el Gobierno. Pero la atomización de la coalición gobernante era imparable. Ya antes del referéndum constitucional, en agosto de 1992, dimitió el vicepresidente Ford, también ministro de Planificación y Política Económica con el objeto de preparar su candidatura presidencial en 1994 y para que no se le ligara a Endara.

Luego de conocer el resultado del referéndum, el 17 de diciembre, fue Arias quien dio el portazo definitivo al Ejecutivo, entre críticas al presidente por su incapacidad para reducir sensiblemente el paro y la pobreza, a pesar de la Estrategia Nacional para la reducción de la pobreza, vigente desde 1991. Pero los conflictos en la vida de Guillermo Endara no se limitaban a las facciones políticas. Endara tuvo muchas dificultades de carácter personal que trascendieron al escenario público. En una ocasión el presidente fue visto en televisión con un golpe en la cabeza que le había propinado su propia esposa Ana Mae, según dijo el mismo en forma jocosa, “con un cuadro”.  Marcela dice que las dos esposas de su padre fueron mujeres con un carácter muy fuerte. Para algunos de sus amigos los problemas de pareja se generaron debido a la intervención de la madre de la primera dama con quien el expresidente no tenía buenas relaciones.

Política internacional

En su intervención ante el Cuadragésimo Sexto Periodo de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas en octubre de 1991, el presidente Endara expuso la posición de su Gobierno respecto a algunos de los más importantes temas de interés internacional:

Los cambios en la Unión Soviética, en Europa del Este y en Asia fueron motivo de optimismo e invitan a la cooperación y para Panamá el establecimiento de relaciones diplomáticas y consulares con aquel país es la puerta para una relación novedosa y significativa en el umbral XXI. La paz en el Medio Oriente requiere una tolerancia nueva entre Israel y los países árabes y es urgente la formación de una conferencia que examine la situación actual y ayude a derrumbar décadas de enemistad. El camino más seguro para una paz duradera es una solución negociada que satisfaga las aspiraciones particulares de todos los pueblos interesados. Respecto al apartheid en África del Sur, se debe encontrar una solución más acorde con la situación internacional. También consideraba que los proyectos regionales de la ONU para reducir la pobreza en nuestro subcontinente no son suficientes y deben ser complementados con otras medidas de cooperación internacional.

Respecto a la situación del medio ambiente, el presidente aseguraba que a Panamá la preocupación crecía el doble que al resto de los países, debido a “nuestra situación, por la naturaleza de nuestros recursos naturales y por el impacto que su degradación tendría no solo para el planeta sino especialmente para Panamá. […] La ruptura del balance ecológico en esta área afectaría la pesca en los dos mares, el funcionamiento del Canal y el comercio interoceánico”.

Final de la era Endara Con la salida de los ministros del Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (MOLIRENA) en febrero de 1994, la debilidad del Gobierno de Endara se hizo más profunda, culminando varias semanas de trifulcas entre los integrantes de la coalición gobernante sobre la designación del candidato único para las elecciones presidenciales del 8 de mayo del mismo año. Endara apoyó la postulación de Mireya Moscoso, viuda de Arnulfo Arias, que articuló una Alianza Democrática con el PA.

En los votantes pesó la insatisfacción por el balance del ejecutivo saliente y la victoria fue para Ernesto Pérez Balladares, candidato de la coalición Pueblo Unido, encabezada por el PRD. Poco antes Endara había afirmado que estaba deseoso de entregar el poder a su sucesor, agobiado por las dificultades de su gestión, los escándalos y las presiones. Paralelamente en los comicios municipales, Ana Mae Díaz de Endara se postuló para alcaldesa capitalina, pero perdió ante Mayín Correa, quien logró reelegirse en el cargo. Endara se despidió de sus colaboradores con un acto simbólico en la presidencia el 30 de agosto, un día antes de la toma de posesión del nuevo mandatario. Así recibió en el que fuera su despacho durante casi cuatro años a ministros, viceministros, directores, subdirectores y funcionarios en general. En noviembre de 1994 Endara se reincorporó al ejercicio de su profesión en la firma de abogados Solís, Endara, Delgado y Guevara.

Legado

Con la transferencia de poderes a Pérez Balladares, el 1 de septiembre de 1994, Endara pudo vindicar como indiscutibles realizaciones políticas en su mandato la recuperación de las instituciones democráticas, la organización de las elecciones más limpias y libres en la historia del país, que habían permitido ejercer una alternancia democrática, y el haber encarrilado a Panamá en el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), expresamente invocado en la XIII Cumbre de presidentes centroamericanos que tuvo como anfitrión a Endara en Panamá el 11 de diciembre de 1992. Durante su gobierno mejoró la situación económica del país, ya que si bien en 1990 el Producto Interno Bruto cayó a menos 7,5% debido a la crisis económica que dejó la dictadura militar, durante 1992 el PIB creció a 8%. También restableció las instituciones democráticas, impulsó la reforma constitucional que creó la Autoridad del Canal de Panamá y creó la Autoridad de la Región Interoceánica. También fue el único presidente que se rebajó el salario correspondiente al cargo y que hizo lo mismo para los integrantes de su gabinete ministerial.

Actividad política posterior y fallecimiento

Una vez fuera de la presidencia Endara continuó su actividad política, renunció al cargo que como expresidente le correspondía en el seno del Parlamento Centroamericano y en el año 2000 en el Gobierno de Mireya Moscoso regresó a la actividad pública, al ser nombrado como asesor de la Dirección General de la Autoridad de la Región Interoceánica, entidad creada durante su cuatrenio, encargada de administrar los bienes de la antigua Zona del Canal. Poco a poco, sin embargo, fue alejándose de la presidenta y el año 2001 fue apartado del directorio nacional del Partido Arnulfista. Durante el año 2002 y siempre como militante del PA, preparó su candidatura presidencial para las elecciones de mayo de 2004, aunque aún no tenía definido el apoyo de ninguna fuerza política, en las cuales el candidato del PRD, Martín Torrijos, hijo de Omar, era el favorito.

Endara confirmó su postulación en los primeros días de 2003 mediante comunicado de prensa y el 26 de febrero de 2003 la Comisión Política Nacional del Partido Solidaridad (PS), fuerza de centro-derecha liberal fundada y liderada por el banquero e industrial Samuel Lewis Galindo, que había participado en las elecciones de 1999 aliado con el PRD, apoyó oficialmente la candidatura del expresidente. En abril siguiente, el PA expulsó a Endara de su seno acusándolo de “traidor”, pero Endara siguió considerándose miembro del PA. Los resultados de las elecciones presidenciales del 2 de mayo de 2004 demostraron que Endara seguía presente en la memoria de los panameños. Con su campaña crítica a los grandes partidos y de un estilo excéntrico, tal como su propia personalidad, el candidato del PS alcanzó un número asombrosamente alto de votos, el 30,9% del total, lo cual lo colocaba 16,6% atrás del ganador, Torrijos, y el doble de los conseguidos por el candidato oficialista, del PA, José Miguel Alemán Healy, de orientación conservadora.

Posteriormente y entusiasmado con estos resultados, con un mínimo capital humano y pocos recursos económicos, Endara registró su propio colectivo, Vanguardia Moral de la Patria en diciembre de 2007, después de recolectar las firmas exigidas por ley para ser considerado un partido político, con él como presidente y Ana Mae como secretaria general, con el cual esperaba reagrupar al sector civilista del arnulfismo. Para las elecciones generales de 2009, Endara arremetió contra la “plutocracia” en la que según él estaba convertida la democracia panameña y una de sus promesas de campaña fue la de volver a la regulación de los precios, practicada durante su presidencia, para “ofrecer comida barata y controlar el costo de la vida”. Sin embargo, el aislamiento político, el declive físico —ya tenía 73 años— y su oposición a la ampliación de la vía interoceánica, claramente expresada en el referéndum del 22 de octubre de 2006 con el argumento de que dicha obra, tal como la había proyectado la Autoridad del Canal de Panamá, sobrepasaría con creces lo presupuestado, cubriría al país de deudas y beneficiaría solo a unos pocos, condenaron a Endara a la marginación electoral.

El rechazo de Endara a la ampliación del Canal, que había sido aceptada por una mayoría abrumadora en el país, fue el error político que lo llevó al fracaso. Adicionalmente el arnulfismo se plegó a la coalición que apoyaba a Ricardo Martinelli. A pesar de las presiones tanto del candidato a vicepresidente, Juan Carlos Varela, como del candidato a presidente, para desistir en su propia postulación y apoyarlos en las elecciones, Guillermo Endara mantuvo su posición de independencia. Las elecciones del 3 de mayo de 2009, serían las últimas que viviría Guillermo Endara. Su candidatura solo recibió el 2,3% de los votos y no obtuvo representación alguna en la Asamblea Nacional; VMP no alcanzó los mínimos porcentajes requeridos por el Código Electoral para su supervivencia como partido y el 14 de mayo su fundador lo declaraba extinto. Ese mismo año, el 27 de junio, Endara fue ingresado de urgencia en una clínica de la ciudad de Panamá por una insuficiencia renal, relacionada con la diabetes y la afección cardíaca que padecía. Conectado a la máquina de diálisis, respondió bien al tratamiento y el 12 de julio fue dado de alta. Finalmente el 28 de septiembre debido a un paro cardíaco mientras preparaba la cena en su domicilio, Guillermo Endara Galimany, falleció de forma instantánea.

El cuerpo del expresidente fue trasladado a la Catedral Metropolitana, donde permaneció en capilla ardiente y donde familiares, amigos y ciudadanía en general acudieron a despedirlo. Los funerales de Estado se realizaron el 30 de septiembre, día declarado de duelo nacional por el Gobierno, y el presidente Ricardo Martinelli le otorgó la condecoración Arnulfo Arias Madrid a título póstumo. “Es un hombre que se va directamente al cielo”, dijo su viuda en sus primeras declaraciones públicas tras la muerte de Guillermo Endara Galimany, y para muchos panameños será así. Endara dejó en su país una estela de honestidad, de sinceridad y de ingenua bondad, aunque para otros será el mandatario más sumiso a Estados Unidos y los organismos internacionales de crédito.

Referencias bibliográficas

Cambra, José, (1994, marzo). “Panamá: la búsqueda de una propuesta económica alternativa en un país ocupado”. Revista de Ciencias Sociales, no. 63, Universidad de Costa Rica.

Centro de Información y Biblioteca (CIDOB-Barcelona).

Dinges, John, (1991). “Nuestro hombre en Panamá”, (s.e.).

Entrevistas a Marcela Endara, Javier Yap Endara, Menalco Solís y Mario Galindo.

“La economía en democracia”, (2004, abril). Martes Financiero.

Periódicos varios de la época (1991-2003).

“Recordemos… para que no vuelva a suceder”, (1992, abril). Suplementos de La Prensa