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    Edilcia Xiomara Agudo Atencio

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Harmodio Arias Madrid

by: Edilcia Xiomara Agudo Atencio

Desde el inicio de su mandato el presidente electo desarrolló un plan económico y financiero para la recuperación de la economía nacional, profundamente afectada por la crisis nacional e internacional desde los años finales de la década del veinte, asegurando al mismo tiempo la estabilidad política y social en el país. En las condiciones bajo las cuales fue electo Harmodio Arias, con un amplio respaldo político, manejó con prudencia, moderación y firmeza, los poderes conferidos por la Asamblea Nacional.

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Natural de Santiago de Veraguas (1957) ha ejercido la docencia desde 1983. En la actualidad ocupa el cargo de profesora titular del Departamento de Historia de la Universidad de Panamá. Es doctora en Historia de la Universidad Central del Ecuador, y ha recibido los títulos de Maestría en Política Educativa de la Universidad de Panamá–ICASE, así como en Ciencias Históricas de la Universidad de los Pueblos Patricio Lumumba, URSS. Es autora de Las luchas sociales y políticas en Panamá en la segunda mitad del siglo xix . De las rebeliones campesinas de Azuero a la guerra de los Mil Días (en prensa); “Pensadores y forjadores de la Universidad de Panamá”, en Carmen García Guadilla (ed.); Pensadores y forjadores de la Universidad Latinoamericana.  
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Harmodio Arias Madrid :  Político y hombre de acción

Vida y estudios

Harmodio Arias Madrid, jurista, político, periodista y escritor panameño, nació en Río Grande, provincia de Coclé, el 3 de julio de 1886. Fue uno de los ocho hijos del hogar formado por don Antonio Arias Castillo, oriundo de Costa Rica, y María del Carmen Madrid de Arias, de nacionalidad panameña.

Los esposos AriasMadrid se dedicaron al mediano comercio, la ganadería y las labores agrícolas. Doña Carmen diría de su hijo, lo siguiente: “De Harmodio puedo decir que era muy calladito siempre, que jugaba poco, que era obediente, sumiso, resignado, trabajador. Ha sido siempre muy trabajador.” (Murillo citado por Sepúlveda, 1983, p. 10).

En 1894 se fundó la escuela pública de Río Grande bajo la dirección de Belermina Ocaña de Aguilera. Harmodio Arias inició sus estudios primarios en este centro educativo rural a la edad de ocho años; luego su familia se trasladó a la ciudad de Penonomé, capital provincial, y el niño Harmodio ingresó a la escuela privada del maestro Jerónimo Rodríguez, posteriormente pasó a una escuela pública.

A raíz de la guerra de los Mil Días (1899-1902) que enfrentó a conservadores y liberales y uno de cuyos escenarios de mayor beligerancia en el istmo fue la región de Coclé, se dio el cierre de escuelas de la provincia. En el marco de semejante conflicto socio-político y militar, la familia Arias Madrid perdió gran parte de su patrimonio, particularmente su hato ganadero y cultivos agrícolas.

En aquella coyuntura, al culminar los estudios primarios, el adolescente se trasladó a la ciudad de Panamá donde ingresó al Colegio del Istmo, en 1902. En la capital Harmodio Arias trabaja como cajero en la casa comercial de Mauricio Lindo, oficio éste que abandona para realizar estudios en Londres (Inglaterra), en usufructo de una de las becas creadas por la Convención Nacional Constituyente mediante la Ley 11 Orgánica de Instrucción Pública, del 23 de marzo de 1904.

En 1904 el joven Arias realizó estudios preuniversitarios en la University School Southport y dos años después ingresa al Saint John College, institución de educación superior donde, tras un año de estudios, resulta ganador de una beca para continuar en la prestigiosa Universidad de Cambridge, en la cual se gradúa con honores como bachiller en leyes en 1909 y, luego, en 1911, como doctor en leyes, y su tesis es publicada por la London School of Economics and Political Science como “The Panama Canal: a Study in International Law and Diplomacy”.

Aquellos años marcaron la formación personal, académica y profesional del doctor Harmodio Arias Madrid. Su experiencia en la sociedad londinense, en particular con su comunidad académica, le permitió codearse con estudiantes poseedores de una inteligencia y cultura cultivadas a través del estudio riguroso. Sobre su vida como estudiante el doctor Harmodio Arias Madrid, con sencillez y modestia, rememoraba muchos años después:

 

Yo no sé que en mi vida haya habido nada de particular. Trabajé con constancia y consagración para conseguir terminar cuanto antes mi carrera. Al final de mi primer año de estudios serios en Saint John’s College, presenté unos exámenes que me valieron una beca para continuar los estudios por cuenta de la misma Universidad”. (ibíd.).

 

En el año de 1917 el doctor Harmodio Arias Madrid contrajo matrimonio con doña Rosario Guardia. El doctor Arias Madrid falleció el 23 de diciembre de 1962.

Servidor público

Tras su regreso al país, muy pronto, en septiembre de 1912, Harmodio Arias abrió un bufete de abogado en la ciudad de Panamá. Dos años más tarde, en 1914, co-organizó la firma Fábrega y Arias, hoy conocida como Arias, Fábrega y Fábrega, una de las firmas forenses de mayor prestigio en el ámbito nacional.

Bajo la gestión del gobierno de Rodolfo Chiari (1924-1928), la firma de los doctores Fábrega y Arias logró la anulación del contrato de préstamo solicitado a la Panamá Brewing & Refrigeration Company, por ochocientos mil balboas; dicho contrato se consideró inconstitucional, puesto que “restringía la libertad de comercio e industria”, garantizada por el artículo Nº 29 de la Constitución Nacional”. (Quintero, 2011, p. 30).

Muy temprano Harmodio Arias se incorporó al servicio público. Ya en marzo de 1912 llegó a ocupar la Subsecretaría de Relaciones Exteriores, donde se desempeñó hasta agosto de ese año. Bajo la administración del doctor Belisario Porras, fue miembro de la Comisión Codificadora de la República de Panamá presidida por Carlos A. Mendoza y en la que se redactó el Código Fiscal de 1914 a 1916; por aquel entonces también se desempeñó como profesor de Derecho Romano en la Escuela Nacional de Derecho de 1918 a 1919 y representó a Panamá en la primera Asamblea de la Sociedad de la Liga de las Naciones, en 1920. Su trayectoria de vida y sus ejecutorias como servidor público colocan al doctor Harmodio Arias Madrid como promotor de los valores nacionales.

Al respecto, decía:

 

Entiendo por patriotismo ese alto afecto que domina al hombre en su doble carácter, como individuo y como ser social, y que le hace reconocer, proteger y favorecer su propia dignidad, la de las demás personas dentro del sistema social y del organismo político en que vive y la de todos los pueblos que forman la gran familia de las naciones.

Todo lo que lo cercene o vulnere necesariamente entraña la supresión de la comunidad como nación, porque no puede concebirse el patriotismo a medias y una colectividad sin patriotismo carece de integridad y de cohesión; no puede ni debe ser soberana e independiente. (Arias Madrid, 1991, p. 11A).

 

Marchó junto a miles de panameños hasta el palacio presidencial exigiendo la desocupación del territorio de Coto invadido por Costa Rica, en 1921, en el marco del conflicto limítrofe con aquél país. Electo diputado de la república por la provincia de Panamá, para el período 1924-1928, le correspondió participar activamente en los debates en torno al proyecto de tratado Alfaro-Kellogg de 1926, negociado con Estados Unidos bajo las administraciones de los presidentes Belisario Porras y Rodolfo Chiari.

En aquella coyuntura, marcada por grandes movilizaciones de diversos sectores de la sociedad panameña contra la ratificación de aquel tratado, Harmodio Arias se mostró en contra de su aprobación, argumentando que atentaba contra la dignidad nacional.

De su puño y letra el doctor Arias redactó una resolución que suspendía la consideración del tratado y cuyos adherentes concluían que esperaban que una nueva negociación tuviera en cuenta los intereses de la nación panameña; los firmantes de aquella resolución fueron Eduardo Chiari y Ricardo J. Alfaro por el gobierno, y los diputados opositores Harmodio Arias Madrid y Domingo H. Turner.

Harmodio Arias formó parte de una generación de panameños que tempranamente dejó muy claro su compromiso con los ideales de la nacionalidad panameña y como figura pública defendió los intereses de la nación en foros nacionales e internacionales; Arias supo interpretar y defender los interés de Panamá en la larga e incesante lucha por el perfeccionamiento de la independencia y la soberanía.

 

Internacionalista y latinoamericanista

En 1926 el doctor Arias fue nombrado por la República Oriental del Uruguay como su delegado al Congreso Panamericano celebrado en Panamá, conmemorativo del centenario del Congreso Anfictiónico convocado por Bolívar en 1826 fue enviado como ministro Plenipotenciario en Misión Oficial ante el gobierno de la República Argentina en 1921; en 1930 fue nombrado consultor de la Secretaría de Relaciones Exteriores y también secretario de Gobierno y Justicia; ministro Plenipotenciario y enviado extraordinario de Panamá ante la Casa Blanca entre 1931 y 1932, por designación del presidente Ricardo J. Alfaro en el año 1936, Harmodio Arias Madrid presidió la delegación panameña que concurrió a la Conferencia Panamericana de Consolidación de la Paz, convocada por el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, cuya sede fue Buenos Aires, Argentina; magistrado de la Corte Internacional de Justicia de La Haya; presidente de la delegación panameña a la Primera Asamblea General de la ONU en San Francisco, en la que propuso una Carta de Derechos Fundamentales; presidió el comité que revisó la traducción al español de la Carta de las Naciones Unidas.

El tratado Arias-Roosevelt Harmodio Arias fue electo como presidente de la república en los comicios realizados el 5 de junio de 1932, tras ser postulado en noviembre del año anterior en la convención del Partido Liberal Doctrinario, presidida por José Domingo Díaz Arosemena que contaba con un importante contingente de activistas y dirigentes de Acción Comunal.

En el espíritu de la Resolución que en 1926 suspendió la consideración del tratado Alfaro-Kellogg, con miras a gestionar la satisfacción de las aspiraciones de la nación, el presidente Harmodio Arias retomó ante el gobierno de Washington el planteamiento de nuevas negociaciones de un nuevo tratado. Invitado por el presidente Franklin D. Roosevelt, Harmodio Arias logró un acuerdo para el inicio de dichas negociaciones.

Es innegable que en aquella decisión fue clave la inauguración de la llamada “Política del buen vecino”, postulada por el presidente estadounidense en sus relaciones con América Latina frente a la “política de las cañoneras” que hasta entonces había presidido aquellas relaciones.

Pero también es innegable que en el acuerdo para desarrollar nuevas negociaciones de un tratado, un factor clave fue el reconocimiento implícito del nivel de conciencia y de organización alcanzado por la población panameña en la defensa de sus derechos soberanos, evidenciados en el movimiento de rechazo al tratado Alfaro-Kellogg en 1926. Los negociadores del Tratado General de Amistad y Cooperación, también conocido como Arias-Roosevelt o Hull-Alfaro, fueron: Ricardo J. Alfaro, Carlos Laureano López y Narciso Garay, por Panamá, y por Estados Unidos Cordell Hull, secretario de Estado y Sumner Welles, subsecretario del mismo Departamento.

Las negociaciones partieron de cuatro consideraciones fundamentales, a saber: que el canal de Panamá está construido; que el tratado de 1903 tiene como finalidad el uso, ocupación y control de la Zona del Canal por los Estados Unidos para los fines de mantenimiento, funcionamiento y protección del Canal; sobre todo, se reconoce que la República de Panamá tiene derecho como nación soberana a aprovechar las ventajas comerciales inherentes a su posición geográfica; y, que Estados Unidos y Panamá están a favor del arbitraje como medio para la solución de los problemas entre los dos países.

El tratado de Amistad y Cooperación suscrito entre Estados Unidos y la República de Panamá en 1936 incorporó las consideraciones anotadas y reconoció el acceso de Panamá al mercado de consumo del área canalera y del tránsito por el canal interoceánico. De trascendencia fue la eliminación del derecho que se atribuyó Estados Unidos para intervenir en los asuntos internos de Panamá so pretexto de la seguridad y defensa del Canal y que se consignó en el tratado Hay–Bunau-Varilla de 1903.

Ricardo J. Alfaro expresó sobre el tratado de 1936:

 

Eliminado el espectro de la intervención, que en el pasado afectó a los gobiernos, a los partidos, a la patria misma, corresponde al pueblo velar con más celo que nunca por el libre funcionamiento de las instituciones democráticas que nos rigen, a cuyo amparo únicamente podrá asegurar su libertad y su felicidad. Estamos obligados a demostrar que somos dignos y capaces del gobierno propio, en toda su plenitud, sin trabas y sin conminaciones implícitas y que sabremos usar de ese beneficio no para fomentar la oligarquía, el continuismo, la arbitrariedad y la coacción electoral, sino para consolidar en nuestra patria una verdadera República, una democracia genuina. (Enciclopedia EnCaribe.com).

 

El golpe de Estado del 2 de enero de 1931

La corrupción que corroía los cimientos mismos del Estado, sustentada en el clientelismo y el caudillismo. En efecto, las fracturas dentro del liberalismo que se hicieron evidentes al menos desde la segunda década de la república, en los años veinte asumieron las características de una profunda confrontación entre Belisario Porras y Rodolfo Chiari, representantes ambos de los sectores agrario-ganaderos del interior del país; la expulsión en 1927 de Belisario Porras y Enrique A. Jiménez, miembros principales del directorio nacional del Partido Liberal, de Rodolfo Estripeaut y Luis R. Solanilla, miembros suplentes, y de Juan Antonio Jiménez, miembro de la Junta Consultiva del Partido, acusados de tomar parte activa en las labores disociadoras iniciadas por la corporación política denominada “Liga Nacional Porrista” con el apoyo del diario El Heraldo.

El Directorio Liberal declaró, igualmente, que “quienes se adhieran, afilien y sostengan el título Partido de Coalición Nacional Porrista, rompen de hecho la tradición del Partido Liberal, cuya dirección suprema corresponde al Directorio Nacional legítimamente constituido por la novena conferencia nacional del partido” (Quintero, 2011, pp. 34-35). En la tercera década de la centuria se desencadenó, además, la crisis económica y financiera internacional, la cual repercutió de forma severa en Panamá y amenazó con el colapso de la propia gestión del Estado.

La quiebra de la Bolsa de Valores de Nueva York, el 24 de octubre de 1929, marcó el inicio de la gran depresión de los años treinta. Ello tuvo sus efectos en toda América Latina, particularmente, a través de la caída profunda de los precios de los productos de exportación de origen mineral y agrícola. En Panamá se debieron establecer gravámenes especiales para la importación de zapatos, sombreros, pastas alimenticias, hierro acanalado, lociones, pastillas o confites, queso, leche, mantequilla, carnes preparadas y aceites, entre otros productos.

Con un mercado cerrado a las exportaciones y la reducción del poder adquisitivo de los ciudadanos afectados por las restricciones en materia de salarios, producción y comercio, la crisis económica en Panamá condujo a la agudización del conflicto social que explotaría en 1932 bajo la presidencia de Harmodio Arias, con la “Huelga de Inquilinos” de ese año y que puso en evidencia otros problemas que se sumaban al alza del canon de arrendamiento, la falta de viviendas para los más pobres, y el desempleo que azotaba a la mayoría de la población.

La salida política y jurídica a dichas demandas del movimiento social panameño fue recogida en la Ley 18 del 15 de noviembre de 1932 y se declaró una moratoria en el pago de una parte del canon de arrendamiento y la conformación de una Junta de Inquilinato integrada por los representantes de los caseros, de los arrendatarios y del gobierno. La Junta concedió 695 cuartos para alojar a las personas más urgidas; para septiembre de 1934 esas habitaciones eran ocupadas por 700 familias.

En la matriz social panameña se gestaron de manera simultánea movimientos y organizaciones que, de una u otra forma, directa o indirectamente, impugnaban aquel estado de cosas y reivindicaban soluciones profundas. En la dimensión social se fue conformando un movimiento de trabajadores asalariados, de desempleados y de vecinos barriales, campesinos sin tierras y precaristas, pequeños y medianos propietarios, así como de algunos núcleos de profesionales e intelectuales que nutrirían a las organizaciones sindicales como el Sindicato General de Trabajadores creado a principios de los años veinte, la Liga de Inquilinos y de Subsistencia y los partidos Comunista y Socialista.

De igual modo, se fue gestando un sector de capas medias profesionales e intelectuales, muchos de ellos formados en el Instituto Nacional o en universidades del exterior, algunos de los cuales tenían vínculos orgánicos y políticos con los sectores dominantes, que asumieron y desarrollaron principios nacionalistas y que compartieron definidos propósitos por la modernización del Estado y el desarrollo nacional.

Serían esos movimientos, sectores y grupos emergentes los que abanderaron las luchas nacionales y sociales a lo largo de todo el siglo XX. El 2 de enero de 1931, Acción Comunal llevó a cabo un golpe de Estado al presidente Florencio Harmodio Arosemena, a quien se le exigió la renuncia. Los hechos suscitados evidenciaron el agotamiento del proyecto político liberal como producto de la agudización de los intereses oligárquicos y el afán de renovación de nuevas fuerzas políticas emergentes que levantaban la bandera de la dignidad, en el sentido de acabar con la corrupción del liberalismo en el poder y prometían un mejor Panamá, con la recuperación de valores centrados en el pasado hispánico, la vuelta al campo y la lucha contra el intervencionismo norteamericano.

Harmodio Arias simpatizaba con el grupo de Acción Comunal y era consultado por los miembros de esta agrupación, por lo que es de suponer que conocía del plan y organización del golpe de Estado armado contra el presidente Florencio Harmodio Arosemena planificado por su hermano, Arnulfo Arias Madrid, Roberto Clement y Homero Ayala, quienes se encargaron de la toma de los cuarteles de la Policía Nacional en la ciudad de Panamá y del palacio presidencial, el Palacio de las Garzas.

La toma de la presidencia y de los cuarteles dio como resultado once muertos y cinco heridos. En aquella ocasión Estados Unidos no intervino de la manera ostensible como lo hicieron en muchas otras circunstancias, si bien no hay evidencias de que tuvieran conocimiento previo de los planes golpistas como sería de suponer, si se hicieron presentes desde la madrugada del 2 de enero instando al presidente Florencio Harmodio Arosemena a firmar la renuncia que le inquirían los conjurados y articulando las fórmulas que, al final, le dieron una salida pretendidamente constitucional a la crisis política.

En efecto, con la mediación estadounidense, el presidente saliente Florencio Harmodio Arosemena designó a Harmodio Arias Madrid, ministro de Gobierno y Justicia, y luego presenta su renuncia ante la Corte Suprema de Justicia. Al doctor Harmodio Arias Madrid se le designó presidente encargado hasta tanto regresara al país el doctor Ricardo J. Alfaro, ministro Plenipotenciario en Washington, investido como primer designado, por una decisión atrabiliaria de la Corte Suprema, que se encargaría de la primera magistratura.

Harmodio Arias Madrid se desempeñó como presidente encargado del 2 al 15 de enero de 1931. El gabinete de transición nombrado por el presidente encargado, lo integraron Enrique A. Jiménez, secretario de Hacienda y Tesoro; Ramón E. Mora, secretario de Agricultura y Obras Públicas; Francisco Arias Paredes, secretario de Relaciones Exteriores; José Manuel Quirós y Quirós, secretario de Instrucción Pública; J. J. Vallarino, subsecretario encargado del despacho de Gobierno y Justicia; Víctor Florencio Goytía, secretario general de la Presidencia y Homero Ayala, comandante en jefe del cuerpo de Policía. Como se puede apreciar, en el gabinete de transición se entremezclan miembros y simpatizantes del movimiento de Acción Comunal, junto a destacadas figuras de los partidos Liberal Doctrinario y Liberal Renovador, continuadores, hasta cierto punto de los caudillismos porrista y chiarista.

El ingeniero Florencio Harmodio Arosemena, abrumado por las dificultades que encontró a su paso por la Presidencia, decía, a Benjamín Muse, encargado de negocios de los Estados Unidos, lo siguiente:

Este país está enfermo, señor Muse… Sé que hay malos elementos en mi gobierno que están haciendo mucho daño, pero le aseguro que es imposible para mí frenar esto en virtud de la ley […] A la larga o a la corta, el país necesita un dictador […] Si Panamá quiere curar su enfermedad necesita una dictadura absoluta. Es imposible curar la enfermedad de este país a menos que se deroguen la Constitución y las leyes. […] Esto solo puede ser realizado con el respaldo de Estados Unidos. (ibíd. p. 184).

Tal era la situación caótica en que se encontraba el país que el doctor Ricardo J. Alfaro, como presidente, así la caracterizaba: “falta de capital, falta de confianza, falta de crédito, decaimiento en el comercio, languidez en las industrias, miseria en las masas, inquietud en los espíritus, desasosiego general ante el malestar general, tales son los factores que amontonan ante la patria los problemas, los obstáculos, las complicaciones y las dificultades” (ibíd., p. 207).

 

Gestión de gobierno

Candidato a la Presidencia de la República por el Partido Liberal Doctrinario durante los comicios de 1932, el doctor Harmodio Arias obtuvo unos diez mil votos por encima de su oponente, Francisco Arias Paredes, hijo del prócer de la independencia Ricardo Arias, postulado por el Partido Liberal Renovador, quien hizo público reconocimiento del triunfo del doctor Arias Madrid.

El presidente Arias puso en vigencia principios nuevos sobre el papel del Estado cercanos a las propuestas teóricas y políticas que formulaba J. Maynard Keynes en Inglaterra y que F. D. Roosevelt pondría en ejecución en los Estados Unidos para enfrentar la gran crisis económica que se inició a finales de la década del veinte. Arias Madrid dejó de lado el concepto clásico del liberalismo, que ponía en las “manos invisibles” del mercado exclusivamente el desarrollo de la economía y que propugnaba la reducción del Estado y se inclinó por un moderado intervencionismo estatal a través de la inversión y el gasto público.

La política económica del gobierno apuntó a la producción de café, carne y azúcar y a lograr el equilibrio en el mercado y el posicionamiento en el mercado de estos rubros que se vieron afectados en los primeros años del gobierno y que ya mostraban cierta recuperación hacia el año de 1934.

No obstante, producto de la política económica aplicada por el Ejecutivo, si bien se trató de equilibrar el sector agropecuario con la mediación del gobierno de turno, los beneficiarios principales y directos de la política económica fueron los grandes ingenios del azúcar y los grandes ganaderos que lograron asegurar la venta de su carne al mercado de la Zona del Canal.

Ante los conflictos que se suscitaron entre pequeños cultivadores de caña de azúcar y los grandes ingenios, el gobierno tuvo la necesidad de mediar, puesto que, producto de la crisis económica por la que atravesaba el país, peligraba la existencia de los pequeños cultivadores de la caña de azúcar. Se acordó que los dueños de ingenios recibieran la caña de todos los productores en proporción a la extensión de sus cultivos y que de esa manera se usase la cantidad necesaria para la zafra que tenían en proyecto. (Mensaje…, 1931, pp. 70-71).

Para evitar la caída del precio del café, el gobierno de Harmodio Arias ejerció el papel de mediador entre los productores —algunos de ellos extranjeros— y el Banco Nacional. Así, para evitar la pérdida de las fincas en el distrito de Boquete, el gobierno logró que el Banco Nacional conviniese en adelantar fondos necesarios para efectuar la cosecha; que los dueños de fincas conviniesen en recibir solo lo indispensable para ese fin, y que tanto deudores como acreedores se aviniesen a consignar todo el producto al Banco para que éste lo vendiese gradualmente y después de pagarse los avances hechos y los gastos de administración, pusiese el precio de venta a disposición de unos y otros. Esta intervención del gobierno hizo posible mantener un precio equitativo por el café, sin perjuicio para las clases consumidoras, y salvar de la ruina inminente a los cafetaleros.

 

La reactivación de un país

Al momento de asumir Harmodio Arias la Presidencia de la República, don Domingo Díaz Arosemena, presidente de la Asamblea Nacional, expresaba:

En vuestra elección no han mediado el favor oficial ni compromisos desdorosos. Vais al poder con una conciencia limpia y tranquila, animado de los mejores propósitos por ennoblecer esta patria, y si en vuestro carácter de simple ciudadano habéis velado y luchado siempre por su bien, no hay duda de que en el ejercicio de los amplios poderes que os confieren vuestros compatriotas, os mostraréis como ejemplo a las administraciones futuras.

El gabinete de gobierno del doctor Harmodio Arias Madrid, presidente de la república para el período 1932-1936, quedó constituido de la manera siguiente: En la Secretaría de Gobierno y Justicia, coronel Juan Antonio Jiménez; en Hacienda y Tesoro, Enrique A. Jiménez; en Agricultura y Obras Públicas, Alejandro Tapia; en Instrucción Pública, Dámaso Cervera; en Relaciones Exteriores, Juan Demóstenes Arosemena.

Según Julio Linares, posteriormente la cartera de Gobierno y Justicia la ocuparían Galileo Solís y Héctor Valdés; la de Relaciones Exteriores, José Isaac Fábrega y Narciso Garay; la de Hacienda y Tesoro, Horacio F. Alfaro y Leopoldo Arosemena; la de Instrucción Pública, Narciso Garay y Agricultura y Obras Públicas, Arnulfo Arias Madrid y José Lefevre.

Desde el inicio de su mandato el presidente electo desarrolló un plan económico y financiero para la recuperación de la economía nacional, profundamente afectada por la crisis nacional e internacional desde los años finales de la década del veinte, asegurando al mismo tiempo la estabilidad política y social en el país.

En las condiciones bajo las cuales fue electo Harmodio Arias, con un amplio respaldo político, manejó con prudencia, moderación y firmeza, los poderes conferidos por la Asamblea Nacional. Entre las medidas fiscales que se pusieron en ejecución se emprendió la reorganización de la hacienda pública, lo que comprendía la consolidación de la deuda flotante, el pago de sueldos atrasados y de las deudas pequeñas y el restablecimiento del crédito de la nación por medio del pago puntual de las cuentas al comercio.

En el mensaje presidencial al término de su mandato, en 1936, el presidente Harmodio Arias Madrid reconocía como un logro el equilibrio entre gastos e ingresos, logrando un excedente a pesar de la crisis. Con respecto a los estímulos para aumentar las rentas, el plan de gobierno consideraba la rebaja del arancel en artículos de lujo, rebaja del impuesto de licores, aumento del impuesto sobre cigarrillos y tabaco; gestiones para la restricción de ciertos servicios que se ofertaban en la Zona del Canal, tales como cines, restaurantes, hospitales, comisariatos, ventas a los buques; eliminación de formalidades para las ventas a la Zona del Canal; economía de Sueldos Públicos, supresión de empleos innecesarios y rebaja de sueldos.

La construcción de escuelas y mercados fue notoria por parte del gobierno de turno. En el año de 1934 se dio impulso a las actividades de construcción en Panamá y Colón. En el año de 1935 se dio una mayor inversión en la ciudad de Panamá, 747 763 balboas, y en Colón fue en el año de 1936 que se dio una mayor inversión de 366 922 balboas. (García, 2003, p. 58).

El gobierno dio un importante impulso a la agricultura, la ganadería y el comercio. En el caso de la agricultura se avanzó en la reorganización del Departamento de Agricultura, la creación de una Junta Asesora del sector, el aumento de las partidas requeridas y el establecimiento de colonias agrícolas. Más específicamente se establecieron granjas experimentales en las provincias de Coclé, Chiriquí, Los Santos y Veraguas.

De igual manera se generó un programa de adquisición de tierras por el Estado y su distribución a pequeños agricultores; en esa línea, la Asamblea Nacional autorizó comprar más de 250 000 acres de tierra que fueron distribuidas por el Departamento de Agricultura. Se desarrolló un programa de estímulo a la producción de arroz y con tal fin se repartieron semillas selectas para el cultivo e igualmente para la experimentación; también se promovió la introducción y aplicación de maquinaria agrícola y la compra de las cosechas por el Estado con la finalidad de estabilizar los precios y evitar la especulación.

Con respecto a la ganadería, se adoptaron acciones de protección y estímulo, particularmente la creación de gravámenes especiales a la importación de carnes de todas clases; el desarrollo de gestiones para el acceso y ampliación de participación en el mercado de la Zona del Canal y el reembolso del impuesto de degüello en proporción a la carne allí vendida; y medidas para elevar el precio de venta del ganado en pie, así como medidas para impedir el alza inmoderada del precio venta de la carne al consumidor final.

Es innegable que aquellas políticas beneficiaban primordialmente a los grandes ganaderos del país, que producían para el mercado. En cuanto a las débiles e incipientes actividades industriales, el plan económico del gobierno creó gravámenes especiales. Las leyes 42 y 69 de 1934 se encaminaron a dar protección al comercio y a la industria en los marcos de una estrategia que apuntaba a la sustitución de importaciones.

 

Fundación de la Universidad Nacional

Una de las dos mayores realizaciones del doctor Harmodio Arias Madrid durante su gestión gubernamental, junto al tratado Arias -Roosevelt que ya vimos, fue la creación de la Universidad Nacional mediante Decreto Ejecutivo no. 29 del 29 de mayo de 1935, suscrito junto al doctor José Pezet Arosemena, secretario encargado de la Secretaría de Instrucción Pública.

Es evidente el vínculo orgánico existente entre la creación de la Universidad de Panamá y la firma de aquel tratado, en los marcos de un proyecto político que tuvo como objetivo fundamental la consolidación de la independencia y el perfeccionamiento y modernización del Estado nacional. José Pezet, miembro activo del Movimiento de Acción Comunal, firmante junto al presidente Arias del decreto fundacional de la Universidad Nacional, resentía la ostensible injerencia de los Estados Unidos en los aparatos de gobierno:

Sorprende, en verdad, comprobar las dimensiones de esa presencia en los más distintos pilares y resortes de la administración pública: Es Adison T. Ryan quien como interventor fiscal, cuida los caudales del Estado; es Albert Lamb quien instruye, dirige e inspira el civismo de la policía nacional; es R. K. West el que descuaja montes, une ciudades y abre caminos a voluntad, porque es el árbitro en esa sección en el Departamento de Obras Públicas Nacionales; es Frederick E. Libby, Inspector General de Enseñanza, quien orienta el espíritu nacionalista de los maestros […]; es Edwin G. Dexter, rector del Instituto Nacional, entonces el primer centro docente del país, el sembrador en el espíritu público de los futuros intelectuales de la nación; es Charles Stockelberg, director de la Escuela de Artes y Oficios, a quien le toca velar la casa cuna del obrero panameño; es la señorita Agnes Brown, directora de la Escuela Nacional de Institutoras, a quien le toca inspirar los sentimientos patrios en el alma de las futuras madres de los ciudadanos del porvenir […] y son el general Edgar A. Bockoc, superintendente del hospital Santo Tomás y la señorita Elizabeth Brakemayers, jefa de la Escuela de Enfermeras del primer hospital del país, quienes se informan y conocen a propiedad las miserias físicas y morales de nuestro pueblo. (Soler, 1983).

 

No eran pocos los que, hacia 1935, se oponían a la creación de una universidad. Algunos aducían problemas presupuestarios en el contexto de la aguda crisis económica que había azotado al país desde la década del veinte. Otros, la escasa población con formación de nivel medio disponible para realizar estudios superiores y, además, la falta de profesores con antecedentes y estudios para prestar servicios docentes en la universidad.

Como si aquello fuera poco, surgieron diferentes concepciones entre los sectores que favorecían la creación de la universidad. Esa situación dio lugar a un profundo debate que revelaba severas contradicciones de carácter ideológico. Participaron en la polémica abierta destacados pensadores panameños que tendrían ulteriormente resaltante papel en el desarrollo de la universidad, tales como Octavio Méndez Pereira, concuñado de Harmodio Arias, Baltasar Isaza Calderón, Rafael Moscote, Miguel Amado y Publio A. Vásquez. Unos, como era el caso de Méndez Pereira, concebían el desarrollo de la universidad en dos etapas: La primera, se concentraría en estudios preuniversitarios como los de premedical, predental, prelaw y artes liberales, con una duración de dos años, tales como los que ofrecía el Junior College de Balboa, en la Zona del Canal, que prepararían para la segunda etapa, también de dos años, en universidades de Estados Unidos.

Todo esto con miras a generar gradualmente bases académicas sólidas para el funcionamiento de la universidad. Otros, con Baltasar Isaza Calderón a la cabeza, argumentaban que la adopción del modelo del Junior College norteamericano y la prosecución de estudios en Estados Unidos, conduciría a un “coloniaje intelectual” y al afianzamiento de una actitud de deslumbramiento y adoración incondicional “hacia las instituciones y modas del norte, que minan las resistencias para defender la identidad del país”; más que un problema meramente organizativo, pragmático, se trataba de un problema de orden político e ideológico que apuntaba a la naturaleza y misión cultural de la universidad en un país pobre, pequeño y débil como Panamá, sometido a la avasalladora presencia social, política, económica, cultural y moral de Estados Unidos.

La universidad debería caracterizarse por su independencia, en su espíritu y organización, distante de los arquetipos estadounidenses, con fundamento en razones de afirmación hispanoamericana. Esta postura, no caben dudas, hundía sus raíces en las luchas de todo orden que antecedieron a la creación de la universidad por lo menos a lo largo de más de treinta años, que condujeron a Ricardo J. Alfaro a propugnar por la creación de la Academia Panameña de la Lengua para la conservación de la pureza del español amenazado por influencias extranjerizantes, particularmente, de procedencia sajona, que condujeron a Narciso Garay a recorrer los senderos interioranos para recoger las tradiciones y cantares del Panamá profundo y que llevaron al Movimiento de Acción Comunal a postular “Hable y cuente en español” y, en general, a la recuperación de la cultura, los valores, el pasado hispánico, aun desde posturas nacionalistas conservadoras del pasado.

Ante el dilema de crear el Junior College en Panamá o la Universidad Nacional, Harmodio Arias tomó la inclaudicable decisión de crear esta última, que se inauguró el 7 de octubre de 1935. (Morales, et al., 2008, pp. 699-727). En el discurso pronunciado con motivo de la inauguración de tan alta casa de estudios, Harmodio Arias decía:

Para el bienestar de un país es indispensable conseguir el afianzamiento de su personalidad internacional, su independencia económica y una gran fuerza moral que le sirva de estímulo para el bien y de coraza invulnerable contra el mal. Pero es imposible en las intrincadísimas complejidades de la vida moderna amparar la nacionalidad, provocar su desarrollo material y gozar en su fecunda amplitud si no existe la base de todas las bases que se llama cultura. […] Yo estoy plenamente convencido de que la Universidad de Panamá que estamos inaugurando con la sencillísima modestia que las estrecheces fiscales hoy permiten, ha de hacer un largo y provechoso recorrido por el camino que brevemente he bosquejado.

Las consideraciones en que me he detenido se deben no al mero deseo de hacer frases, que es ajeno a mi temperamento y a mi educación, sino a la firme convicción que tengo de que se trata de algo grande, realmente trascendental. Hay razón para que mi gobierno sienta legítimo orgullo por haber ordenado la fundación de la Universidad, y yo no hago más que obedecer, con profunda emoción, el decreto del destino que a mí me ha deparado la suerte —que la posteridad juzgará envidiable— de estar colocando junto a vosotros esta noche una verdadera piedra miliar en la senda por donde se deslizará nuestra historia nacional.(1)

  1. Discurso pronunciado con motivo de la fundación de la Universidad Nacional de Panamá, el 7 de octubre de 1935 (El Panamá América , domingo 24 de julio de 2005, p. B5).

 

Otros logros

La organización de la Contraloría General de la República, el Banco Nacional y creación de la Caja de Ahorros. Se introdujo la cédula de identidad personal. Se expidió la Ley 28 del 27 de noviembre de 1934 de fomento al turismo interno. Se promovió que los recursos recibidos de la Lotería Nacional se invirtieran en actividades de beneficencia. Se redujeron las tarifas de la electricidad y los cánones de arrendamiento.

Se creó la Junta de Inquilinato con representación de caseros, inquilinos y el gobierno; y la Junta Asesora del Presidente, en aplicación de la Ley 34 de 1932 que autorizaba al presidente a tomar cualquier medida necesaria para mejorar la hacienda pública. Mediante la Ley 12 de 1934 se creó la primera reglamentación de radio en Panamá, puesto que hasta 1933 las frecuencias de radio estaban bajo el control del gobierno de los Estados Unidos por disposición del tratado de 1903.

Como presidente de la República de Panamá, y a pesar de la crisis económica por la que atravesaba el país, el presidente Arias logró impulsar un plan de desarrollo nacional atendiendo las necesidades más sentidas y urgentes en todas las provincias del país. Decenas de escuelas se construyeron a lo largo y ancho de la geografía social del país. Otro tanto ocurrió en el sector salud, construyéndose y remodelándose hospitales, dispensarios y centros de salud, así como acueductos y pozos artesianos en todas las provincias. Se abrieron caminos, se construyeron y repararon carreteras y otras vías de comunicación, se abrieron nuevos ramales del ferrocarril de Chiriquí y se instalaron y reconstruyeron estaciones de telegrafía, radiotelegrafía y telefonía en toda la república.

 

Labor periodística

Harmodio Arias se vinculó muy tempranamente a las labores periodísticas y literarias; fruto de aquellas labores son sus escritos en el Diario de Panamá, en 1913 y, luego, su vinculación a la revista nacional Nuevos Ritos, del poeta Ricardo Miró.

En la década de los años veinte, se vinculó a The Panama American y fue su primer director de la sección en español en el año 1928; diez años más tarde, en 1938, Harmodio Arias Madrid adquirió dicho periódico. En ese mismo año adquirió el paquete mayoritario de acciones de The Panama America Publishing Co., Editora Panamá América, S.A. (EPASA), en cuyas instalaciones se publicaban los diarios Crítica y La Hora. Así se fue configurando el llamado “Imperio de la calle H”, en referencia al poder que ostentaba sobre medios de comunicación de masas, tales como periódicos, radio e incluso hubo un intento de crear una televisora.

Harmodio Arias promovió activamente la creación de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que se fundó en octubre de 1950 en la ciudad de Nueva York y que reúne a propietarios y directores de diarios de la región. El doctor Arias fue miembro de la junta directiva de la SIP hasta su muerte en 1962 y presidente de su Comisión de Asuntos Legales.

A partir de los años cincuenta Harmodio Arias se encargó personalmente de escribir “El Pulso de Panamá”, espacio periodístico crítico a manera de editorial de El Panamá América sobre la situación imperante en el país y de los gobiernos de turno. En esa década de los cincuenta Arias fue asesor, primero, y luego, miembro del equipo negociador del tratado Remón-Eisenhower, por designación del presidente de la república José Antonio Remón Cantera.

 

Biobibliografía

El doctor Arias fue autor de numerosas obras, entre otras: Nationality and Naturalisation in Latin America from the Point of View of International Law (1910); The Doctrine of Continuous Voyages in the Eighteenth Century (1910); Contribution of Latin America to the Development of International Law (1911); The Panama Canal, A Study in International Law and Diplomacy (1911); “The Non – responsibility of States for Damages Suffered by foreigners in the course of a riot man insurrection or civil war”, reprinted from The American Journal International Law (October, 1913); “The Doctrine on continuous voyages in the Eightheenth Century”, reprinted from The American Journal International Law (July, 1915); “Código Fiscal de la República de Panamá” (Barcelona, España, 1917); “Estudio sobre la soberanía de Panamá en la Zona del Canal”, en La Estrella de Panamá (4 de marzo de 1926) y El Heraldo de Panamá, (6 de marzo de 1926).

 

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