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    Haydée Méndez Illueca

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Jorge Illueca

by: Haydée Méndez Illueca

Su funeral de Estado fue como su vida, que transcurrió y concluyó con honores solemnes bien merecidos. A sus honras fúnebres asistieron el presidente, sus ministros de Estado, casi todos los expresidentes de la república, dirigentes políticos y sindicales, amigos de la familia y su familia en pleno. A pesar de la lluvia, el pueblo se volcó, con orgullo y agradecimiento, a despedir a un latinoamericanista, un patriota y un hombre valiente, que siempre dijo sin miedo lo que pensaba y sentía.

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Abogada, doctora en Derecho con maestrías en Derecho Penal, Derecho Administrativo y Desarrollo del Sector Marítimo. Docente universitaria, feminista, articulista, capacitadora, conferencista y consultora nacional e internacional en derechos humanos de las mujeres. Distinguida en varias ocasiones como mujer destacada en la defensa de los Derechos Humanos, por la Defensoría del Pueblo y por la Red de Defensores de los Derechos Humanos de Panamá. Autora de varias obras, entre ellas: Agenda Mujeres, Acoso Sexual: un problema laboral (coautora), Mujer, justicia y perspectiva de género, el documento base de la Ley 82 de 2013 contra la violencia y el femicidio y el proyecto de ley 177 contra el hostigamiento, así como de una Recopilación de todas las leyes referentes a la mujer (inédita).
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Jorge Illueca: Guardián de la soberanía

En el muro de la casa de un patriota panameño en nuestra capital, se halla grabada la frase de Joaquín Beleño que dice: “Quien siembra banderas, cosecha soberanía”. Con esta frase comenzó su discurso el doctor Jorge Illueca el 1 de abril de 1983, en la ceremonia de reversión de la estación de la Policía de Balboa en la antigua Zona del Canal. Los sueños patrióticos de Illueca se convirtieron en realidad cuando por fin, el 31 de diciembre de 1999, a las doce del día, logramos nuestra tercera independencia y todo el territorio de nuestra nación pasó a ser panameño. El apellido Illueca, según el Archivo Heráldico de Zaragoza, “es oriundo de la villa de su nombre”, muy cercana a Zaragoza. Los nombres Juan y Pedro Illueca se repiten de generación en generación.

El primer Juan conocido fue bautizado el 21 de septiembre de 1587, según consta en los archivos de la iglesia local. Seguramente descendientes de árabes conversos (alguna vez escuché decir que si a Jorge Illueca le pusieran un turbante, sería un árabe perfecto), los hermanos Pedro, Aníbal y Osmín Illueca salieron de la villa de Illueca hacia Cartagena, Colombia, alrededor de 1822; podría haber sido por persecución político-religiosa, pero pareciera que más bien iban en busca de una mejor vida. Al llegar a Cartagena, los tres hermanos Illueca remontaron el río Magdalena y fundaron el pueblo de Calamar, en pleno mundo de Macondo. Tiempo después, Ignacia Illueca, nieta de Osmín, contrajo matrimonio con un nieto de Pedro y a finales del siglo xix, enviuda y emigra a Panamá con sus hijos, uno de los cuales era Pedro Manuel Illueca Illueca. Jorge Illueca es hijo de Pedro Manuel Illueca Illueca y de Venus María Sibauste Guillén.

El teniente Pedro Manuel Illueca Illueca, tuvo muchas mujeres y muchos hijos, a la vieja usanza macondiana. Jorge Illueca tuvo numerosos hermanos, tanto de doble vínculo como de padre y de madre: Arturo Manuel, Aníbal, Pedro, Gladys, Héctor, Aida, Blanca, Aura Esperanza, Esther María, Aurora y Ramón. Según sus propias palabras, Jorge Illueca tuvo una infancia feliz, que transcurrió en el barrio de San Felipe, aunque nació fuera del barrio “de los de adentro”, en avenida Ancón (hoy calle 17 oeste). Sus estudios primarios los hizo en la Escuela Simón Bolívar. A inicios de los años treinta ingresó al “Nido de Águilas”,(1) cuyo rector era Octavio Méndez Pereira, donde recibió el título de perito comercial.

1. Así llamado el Instituto Nacional, centro educativo con profundo sentido nacionalista.

Desde niño decía querer convertirse en abogado “para defender a los pobres, para proteger a los que no tenían recursos”. Y así lo hizo una vez obtuvo el título de abogado, el 7 de marzo de 1942, de la Universidad Nacional (que entonces funcionaba en el edificio del Instituto Nacional). El presidente de la república, Ricardo Adolfo de la Guardia, entregó los diplomas y la clausura la hizo el entonces ministro de Educación, Víctor Florencio Goytía. Su temple y voluntad se forjaron desde muy temprano en las calles y en los movimientos juveniles de la década de 1940 con el Frente Patriótico. Fue un líder estudiantil de primera línea, parte de la briosa generación de universitarios nacionalistas de la generación del 47, que también nos legó figuras como Carlos Iván Zúñiga y parejas históricas como Humberto Ricord y Elsie Alvarado, Ramón H. Jurado y Jilma Noriega, Carlos Calzadilla y Diamantina de Calzadilla, entre tantos otros.

Comenzar a trabajar apenas graduado de secundaria, desde abajo y antes de graduarse de abogado, le dio experiencia y conocimientos invaluables para su posterior ejercicio profesional. Primero se desempeñó como “escribiente supernumerario” del doctor Darío Vallarino, entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia; ascendió a escribiente del Juzgado Primero del Circuito, Ramo de lo Civil; luego fue oficial mayor del Juzgado Cuarto de Circuito, Ramo Penal; oficial mayor de la Fiscalía Superior del Tribunal Segundo Superior del Primer Distrito Judicial, hasta 1941; y terminó trabajando en la firma de abogados de Roberto y Harmodio Arias Guardia. Siempre defensor de libertades y luchador permanente contra la opresión de los pueblos y los totalitarismos, para lo cual se servía de todos los medios legales y de otra índole, Illueca participó tanto en la fundación como en las actividades de la organización jurídica nacionalista Acción Democrática Internacional (ADI), fungió como su secretario general y luego, en 1943, como su secretario contador.

Illueca participó activamente en el Primer Congreso de la Juventud y formó parte del grupo que fundó el Frente Patriótico de la Juventud, que en 1950 se convirtió en el Partido Frente Patriótico, del que fue electo secretario general de su primera convención. Uno de los pocos partidos que tenía clara su ideología, desde junio de 1945 había dado a conocer su síntesis doctrinal, que comprendía un criterio político, económico, social, educativo y de política exterior. El Frente Patriótico de la Juventud se opuso al gobierno de Ricardo Adolfo de la Guardia, lo que le valió fuertes persecuciones e incluso encarcelamientos a sus dirigentes. Aunque los objetivos del Primer Congreso Nacional de la Juventud no eran políticos, era virtualmente imposible evadir la crisis política de la época y los dramáticos momentos que se vivían, con el gobierno transitorio de Ricardo Adolfo de la Guardia, la instalación de una Convención Constituyente encargada de redactar una nueva Constitución, la designación de un gobierno provisional presidido por Enrique A. Jiménez y el retorno del exilio del expresidente Arnulfo Arias.

El Primer Congreso de la Juventud abogaba por el establecimiento de una Junta de Gobierno compuesta por tres miembros que representaran “la verdadera voluntad nacional”. Sin embargo, Ricardo Adolfo de la Guardia se sostenía en el poder con el apoyo de siete partidos y el país se sumió en un caos político. El Primer Congreso de la Juventud, en su sesión del 6 de enero de 1945, anunció que se crearía el Frente Patriótico de la Juventud “formado por todos aquellos hombres y mujeres que aspiran a la reafirmación de los postulados democráticos y a la elevación política, social, económica y cultural del pueblo”. Indicaba: “la intransigencia y la terquedad de Ricardo Adolfo de la Guardia llevan al país hacia la catástrofe” y afirmaba que el presidente, con su actuación nefasta, “continúa en el poder, pisotea los principios democráticos e impide una vida decorosa para la ciudadanía”.

Jorge Illueca se pronunció en duros términos contra el gobierno de De la Guardia cuando fue el orador oficial en un banquete-homenaje a Eduardo Morgan en el hotel Colombia, que se le ofrecía porque había renunciado a su cargo como ministro de Educación, por no estar conforme con el nombramiento inconsulto de algunos gobernadores. Illueca pronunció el discurso el 22 de febrero de 1945 y en la madrugada del día siguiente fue detenido por agentes de la Policía Nacional, la misma suerte que corrieron numerosos dirigentes políticos.

En vísperas de declinar su mandato ante la Convención Nacional Constituyente y para aminorar la tensión política reinante, el presidente De la Guardia otorgó la amnistía a todos los presos políticos. Ya convertido en partido, el Frente participó coyunturalmente en la denominada Alianza Civilista en contra de Remón y a favor de Roberto F. Chiari en las elecciones de 1952. Arnulfo Arias no pudo postularse porque estaba proscrito políticamente y dio la orden a sus copartidarios de no presentarse a votar. Aunque Remón y Chiari eran primos y se consideraba que ambos pertenecían a la oligarquía contra la cual luchaba, el Frente Patriótico se vio obligado a escoger a Chiari, porque Remón Cantera constituía el peligro más grave de los dos, ya que representaba la ascensión del militarismo. Roberto Chiari nombró como su representante personal en el desglose de los votos a Jorge Illueca; Remón Cantera designó para esta tarea al mayor Alfredo Alemán, quien era su jefe de campaña.

Después de la derrota de Chiari, el Frente Patriótico cayó en el estancamiento, la paralización, las rencillas y los descontentos personales. Por el sisma interno del Frente Patriótico y las intrigas, Illueca fue expulsado del partido y separado de las funciones de presidente del mismo el 31 de mayo de 1953. Nunca más perteneció a un partido político, aunque siguió participando intensamente en política. Jorge Illueca fue diputado a la Asamblea Nacional en dos periodos consecutivos, de 1948 a 1952 y de 1952 a 1956, como representante del Frente Patriótico. Durante su primer periodo, el Frente Patriótico colaboró con el gobierno que sucedió al de Arnulfo Arias, e Illueca fue nombrado embajador de Panamá ante la vi Conferencia General de la Unesco. Durante este periodo de su diputación y bajo el predominio de Remón, ocuparon la presidencia Domingo Díaz, Daniel Chanis, Roberto F. Chiari, Arnulfo Arias y Alcibíades Arosemena. Fue un periodo caracterizado por pugnas, corrupción administrativa institucionalizada y una profunda crisis económica y fiscal.

Illueca tuvo una activa participación y su voz y su actuación se hicieron sentir conforme a las directrices de su partido, en defensa de los derechos soberanos de Panamá, apoyo a la Universidad de Panamá, crítico de las medidas administrativas del gobierno de Domingo Díaz, presentación de leyes a favor de las clases populares, amnistía a favor de los presos políticos, fuertes críticas a la administración de Enrique Jiménez, ley sobre enfermeras y otras profesiones, defensa de los derechos individuales y la inmunidad parlamentaria y defensa de la autonomía universitaria, erigiéndose en tribuno del pueblo. Sus intervenciones estremecieron las paredes del hemiciclo legislativo, dando un ejemplo de lo que debe ser la independencia e integridad de un diputado de la república. Favoreció la creación de leyes tales como el fuero maternal, jornadas laborales justas, jubilaciones especiales, salario mínimo y alzó la voz contra la discriminación étnica tanto en Panamá como en la entonces Zona del Canal. A su reelección como diputado para el periodo 1952-1956, Illueca se opuso desde la Asamblea al gobierno de la Coalición Patriótica Nacional de Remón, hasta el 2 de enero de 1955, cuando Remón fue asesinado. Integró la Comisión de Relaciones Internacionales de la Asamblea Nacional, donde defendió los intereses nacionales en las negociaciones de un nuevo convenio con Estados Unidos.

En agosto de 1953 viajó a ese país para realizar estudios de doctorado en Derecho Internacional en la Universidad de Chicago y obtuvo el doctorado en Jurisprudencia Internacional. Retornó en septiembre de 1954 y, al frente otra vez de su curul de diputado, desarrolló una política a favor de los trabajadores bananeros de Chiriquí y Bocas del Toro. En agosto de 1946 fue merecedor de una beca de posgrado para especializarse en Derecho Internacional y Organización Internacional, en la Universidad de Harvard, y no volvió a la patria hasta diciembre de 1947. No obstante, aunque lejos, Illueca se mantuvo siempre activo en defensa de los derechos humanos. Durante esos años fue nombrado Consejero de la delegación de Panamá en el Comité Político de la Segunda Asamblea General de las Naciones Unidas, donde denunció el problema de la discriminación racial en la Zona del Canal, con el respaldo de la Federación Sindical de Trabajadores de la República. Al mes siguiente, Illueca fue nombrado delegado de Panamá en la Subcomisión sobre Libertad de Información y Prensa de las Naciones Unidas, que se reunió en Lake Success, Nueva York, el 19 de enero de 1948, y miembro del Comité pro Ayuda a la Infancia Desvalida, de la ONU. En las elecciones fraudulentas del 9 de mayo de 1948 participaron cinco candidatos: Demetrio Porras, por el Partido Socialista; Sergio González Ruiz, por la Unión Popular; José Isaac Fábrega, por los Partidos Nacional Revolucionario y Renovador; Arnulfo Arias por el Partido Revolucionario Auténtico (PRA) y Domingo Díaz, del oficialismo, por el Partido Unificación Nacional.

Que el doctor Arnulfo Arias obtuvo la mayoría de los votos, era un hecho reconocido y una realidad que no pudieron negar ni sus adversarios; no obstante, la Policía Nacional, bajo el mando del coronel José Antonio Remón Cantera, desempeñó un papel protagónico y preponderante, que le ganó al coronel el mote seudo japonés de Yosikito-Yosipongo en alusión a que quitaba y ponía presidentes a su antojo. No permitió que Arnulfo Arias asumiera la Presidencia y esto desató un caos institucional y varios golpes de Estado. En octubre de 1948, Illueca y otros colegas diputados presentaron un proyecto de resolución, que fue aprobado, indicando que era público y notorio el hecho de que el fiscal de la Zona del Canal, el estadounidense Daniel McGrath, había pretendido obtener en tribunales zoneítas el enjuiciamiento de ciudadanos panameños por haber emitido por radio y por otros medios conceptos que tenían todo el derecho y la libertad de expresar. Los diputados manifestaron que esta actitud del fiscal McGrath contravenía todo propósito de buen entendimiento entre Panamá y los Estados Unidos y significaba un atentado contra los más altos atributos de la soberanía nacional. Luego de la muerte de Domingo Díaz, un año después de ser elegido presidente, el país vivió una crisis política generada por intereses económicos entre los dirigentes del país, con renuncia de presidentes, golpe de Estado disfrazado, intervención de la Corte Suprema de Justicia y un malestar general que pronto tuvo su expresión en las calles. En palabras del doctor Illueca:

La indignación era general y creciente. La Policía, temerosa, se había replegado a sus cuarteles. Los servicios públicos estaban paralizados. La ira popular era incontenible y la fuerza pública había renunciado a mantener el orden, al extremo de que no se veían uniformes en las calles. Los comandantes estaban extenuados. Tenían días sin dormir, sus familiares les pedían que renunciaran. Era palpable el triunfo de la civilidad. No obstante, en un desesperado intento de salvarse, los comandantes buscaron al doctor Arnulfo Arias. Fue entonces cuando se comenzaron a frustrar las aspiraciones democráticas de un pueblo, y cuando algunos hombres se apartaron del cometido de su misión histórica.(2)

2. Araúz M., Celestino Andrés, Jorge E. Illueca y el acontecer republicano, t. 1, p. 219.

Ante el ofrecimiento de Remón, el doctor Arnulfo Arias, por intermedio de un emisario, le solicitó a Illueca que fuera a su residencia y le informó que Remón le había ofrecido ese día entregarle la Presidencia de la República. Illueca le contestó:

Doctor, yo no quiero que usted, ni sus diputados, ni yo, seamos instrumentos de Remón. No olvide que fue Remón quien rubricó con la fuerza de las armas el fraude electoral y que fueron los comandantes quienes impidieron que usted subiera a la Presidencia el 1º de octubre de 1948. Van a jugar con usted, doctor Arias, fíjese que hasta la propuesta es insultante, pues Remón le ofrece a usted algo en segundo término: sólo para el caso de que Nino [Roberto F.] Chiari no acepte continuar en la Presidencia. No acepte, que usted gana las [próximas] elecciones.

Sin embargo, Arias no quiso aceptar el consejo e Illueca le advirtió: “Usted se va a arrepentir”. Estando ya en el poder, Arnulfo lo llamó y le dijo “Todavía no me he arrepentido, me mantengo en lo dicho”. El 9 de mayo de 1951 Arias fue desalojado violentamente de la Presidencia y fue sucedido por su vicepresidente, Alcibíades Arosemena. La relación de Jorge Illueca con Arnulfo Arias fue pendular. Primero, a su regreso de los Estados Unidos, siendo diputado, fue uno de sus abogados, defendiéndolo con éxito en la demanda de impugnación de su candidatura presidencial, presentada ante la Corte Suprema de Justicia por el exdiputado liberal Generoso Simmons en 1948. Luego lo censuró acremente cuando Arias resolvió dar un golpe de Estado desde el poder, a consecuencia del cual fue derrocado por un movimiento popular. Irónicamente, la opinión nacional reclamaba en esta ocasión que Illueca fuera el fiscal que acusara al expresidente Arias cuando fue juzgado por la Asamblea (no obstante, para entonces Illueca se recuperaba de una herida de bala causada por la policía secreta de Arnulfo Arias y no pudo actuar como fiscal). Finalmente, fue simpatizante de la Unión Patriótica en 1967, cuyo candidato presidencial era Arnulfo Arias. Creyó en las promesas de este último, poniendo de lado el recuerdo de los desmanes cometidos por Arias en sus dos administraciones anteriores. Jorge Illueca era ya, a la sazón, un referente de la política panameña, polemista y controvertido, y diputado respetado por los intelectuales más conspicuos de la época, Eduardo Ritter Aislán y Gil Blas Tejeira. El primero escribía:

En la Asamblea Nacional no hay la menor duda de que Jorge Illueca [como diputado del Frente Patriótico] representa la más sana rebeldía patriótica, de que no se ha antepuesto jamás los intereses de la Patria a las apetencias personales. Cuando otros han poseído una pasmosa ductilidad para las reversiones, Illueca ha estado allí firme, inmutable ante el asedio de las tentaciones.

Gil BlasTejeira, por su parte, afirmó: “La primera cualidad que hay que reconocer en Illueca es coraje para decir abiertamente lo que piensa. Nosotros no siempre hemos estado con él, pero en todos los casos hemos admirado su valor cívico”.(3)

3. Ibíd ., p. 289.

Aparte de la persecución de sus opositores, los obstáculos a la libertad de expresión y su íntima asociación con el comandante Remón después de que había sido su carcelero, varias medidas impopulares provocaron la caída del poder de Arnulfo Arias, como el reiterado respaldo al Banco Fiduciario a pesar del pánico y la falta de confianza de los cuentahabientes por su deteriorada situación financiera; el alza de los artículos de primera necesidad y la policía secreta como instrumento de represión (justificándola como protección contra el comunismo). Pero lo que prendió la mecha fue el Decreto de gabinete del 7 de mayo de 1951 el cual pretendía poner en vigencia arbitrariamente la Constitución de 1941 de carácter fascistoide, decapitando la Constitución de 1946, disolver la Asamblea Nacional y los concejos municipales y alcaldes que habían sido elegidos democráticamente, colocar en interinidad a los funcionarios del Órgano Judicial y miembros del Ministerio Público, la eliminación de los derechos individuales al suspender el recurso de habeas corpus y su desmedida pretensión de prorrogarse en el poder seis años más.

Todo era una palpable demostración de que Arnulfo Arias atentaba contra las más caras instituciones democráticas y constitucionales, traicionando a la patria.(4)

4. Ibid ., pp. 341-342.

Desde su lecho en el hospital Gorgas, donde se recuperaba de su herida de bala, Illueca declaró: “Invito a todos los buenos panameños a que en esta hora trágica de la República se unan en un movimiento de resistencia civil contra los actos desorbitados de Arnulfo Arias”. Y así sucedió. A pesar de que muy pronto Arnulfo Arias dio marcha atrás tratando de rectificar su error de decapitar la Constitución de 1946, al medio día del 9 de mayo de 1951 hubo cierre total de todos los establecimientos de la ciudad capital, la Contraloría General de la República, todas las oficinas públicas, el Banco Nacional y los bancos extranjeros. La Corte Suprema de Justicia decidió suspender los términos judiciales y mantuvo cerradas todas las oficinas judiciales del país. Entre las muchas resoluciones, comunicados y documentos de rechazo al decreto de marras, cabe destacar la protesta del clero católico y un comunicado histórico de las mujeres panameñas.

La Asamblea Nacional dirigió una nota a la Corte Suprema de Justicia expresando que Arias había violado la Constitución, que solicitaba su detención inmediata y que el primer vicepresidente, Alcibíades Arosemena, debía asumir la Presidencia de la República. Alcibíades Arosemena llegó a la cabeza de una gran manifestación, pero el pueblo tuvo que retirarse porque Arnulfo Arias y miembros del Partido Revolucionario Auténtico (PARA) presentaron una tenaz y desesperada resistencia en el palacio presidencial el 10 de mayo de 1951. Se libró una lucha encarnizada entre la Guardia Presidencial y los seguidores de Arnulfo. El enfrentamiento duró tres horas y el palacio temblaba con el rugir de las ametralladoras de la Guardia Presidencial, que dirigió el fuego hacia el piso del Salón Amarillo. El saldo fue más de cien heridos y varios muertos, entre ellos el mayor Alfredo Lezcano Gómez y el teniente Juan Flores. Finalmente, Arias decidió entregarse y fue objeto de un juicio el 25 de mayo de 1951.

Mostrando un desprecio olímpico por sus inquisidores, Arias se puso a leer Kon-Tiki, un libro de aventuras de Thor Heyerdahl. La Asamblea Nacional lo destituyó del cargo de presidente de la república y lo condenó “a la pena de inhabilitación perpetua para ejercer cargo público, por considerarlo culpable del delito de extralimitación de funciones constitucionales”. Alcibíades Arosemena, el primer vicepresidente constitucional, se encargaría de la presidencia hasta el 1º de octubre de 1952. El Frente Patriótico colaboró con el presidente Alcibíades Arosemena, quien nombró un gabinete de “concordia nacional”, formado por miembros de distintos partidos políticos. Illueca, como líder del Frente Patriótico, fue nombrado en el cargo de delegado de la República de Panamá como embajador a la vi Reunión de la Conferencia General de la Unesco en París, del 18 de junio al 11 de julio.

Después del gobierno de transición de Arosemena, para las elecciones de 1952 salió vencedora la candidatura presidencial del excomandante José A. Remón Cantera. Aunque durante su gobierno se institucionalizó en Panamá el poder policíaco a cambio del sacrificio de las libertades individuales, Remón le imprimió orden y estabilidad al país y la economía repuntó después de muchos años de estancamiento. Como Remón era enemigo acérrimo de los comunistas, los Estados Unidos le tendieron la mano. Remón logró que la Asamblea aprobara la ley de los 45 000 adherentes, que establecía que no se reconocería ningún partido o grupo político que no hubiese tenido como mínimo esa cantidad de votos en las pasadas elecciones y con esto aseguró la unidad de la Coalición Patriótica Nacional que lo había llevado al poder y eliminó los partidos de tendencia izquierdista.

Mediante otra ley transformó a la Policía en Guardia Nacional, aumentó sus unidades y entrenamiento; además obtuvo créditos blandos otorgados por Estados Unidos para equiparla de armamento y pertrechos. El mayor logro de Remón, sin embargo, fue negociar el tratado de Mutuo Entendimiento y Cooperación con el documento adicional denominado Memorándum de Entendimientos Acordados, mejor conocido como tratado Remón-Eisenhower, firmado veintitrés días después de su asesinato por el presidente Ricardo Manuel Arias Espinosa. En marzo de 1953 Remón le había hecho saber al presidente Eisenhower su interés por efectuar una nueva revisión del tratado canalero.

Fundamentalmente, se buscaban reivindicaciones económico-fiscales, aunque también se insistía en las desventajosas condiciones que mantenían los trabajadores panameños respecto a los norteamericanos en la Zona del Canal. Pero no vivió ni siquiera para firmarlo, pues el 2 de enero de 1955 fue asesinado en el hipódromo de Juan Franco, mientras departía con algunos amigos una vez finalizadas las carreras dominicales. Nexos profundos y prolongados unieron al doctor. Jorge Illueca con la Universidad de Panamá, y con su fundador, Octavio Méndez Pereira. Siendo diputado tuvo participación activa en la creación de las escuelas de medicina y odontología; gestionó para que se dotara a la Universidad de Panamá de los recursos necesarios y suficientes para su funcionamiento.

El diplomático

La República de Panamá ha sido miembro electo del Consejo de Seguridad en cinco periodos diferentes, así como también del Comité Económico y Social en varios periodos. Parte importante de la discusión internacional que contribuyó a la soberanía panameña sobre el Canal ocurrió dentro de esta Organización, escenario principal de la carrera diplomática de Illueca, quien también participó en sus organismos especializados y en la conducción de la política internacional del Estado cuando fue canciller, vicepresidente y presidente de la República. Los aportes de Illueca a la Comisión de Derecho Internacional de la ONU fueron innumerables; en los debates no perdió nunca de vista la cultura del diálogo y la negociación, dando lecciones importantes que serán estudiadas y consultadas en las universidades por estudiantes de relaciones internacionales.

Como su mentor Méndez Pereira, fue maestro de varias generaciones de diplomáticos panameños en la labor de defender los intereses de Panamá en todos los foros y en las situaciones delicadas en las cuales ha sido necesario defender la soberanía nacional y la personalidad internacional de nuestro Estado. Tenía muy claro el ideal bolivariano y era un acérrimo latinoamericanista. Siempre vigilante, dedicó su vida a la crítica vehemente con espíritu terco, luchando siempre para que no se jugara con nuestro futuro ni se hipotecara la soberanía nacional. Cuando Ernesto de la Guardia fue elegido presidente en 1956, nombró a Illueca representante permanente adjunto de Panamá ante la ONU; luego, en 1957, lo nombró delegado al XI Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea General. Illueca representó al Estado cuando Panamá fue escogida para formar parte del Consejo de Seguridad en 1958. Durante este tiempo, apoyó la candidatura de Ricardo J. Alfaro a magistrado de la Corte Internacional de Justicia de La Haya y fue mediador en el conflicto de Oriente Medio; respaldó las reclamaciones nacionales a raíz de la “Operación Soberanía” y reclamó ante la OEA la injerencia cubana en Panamá; apoyó las demandas nacionales en la XV Asamblea General de la ONU, el 28 de septiembre de 1960, y fue electo presidente del Grupo Latinoamericano y vicepresidente de la Asamblea General(5).

5. http://www.critica.com.pa/archivo/historia/f11-41.html

No obstante, en las elecciones de 1960 fue elegido presidente Roberto F. Chiari, quien reemplazó a Jorge Illueca como jefe de la delegación panameña ante la ONU en marzo de 1961. En enero de 1963, el presidente John F. Kennedy de los Estados Unidos y el presidente Chiari de Panamá alcanzaron un acuerdo mediante el cual, a partir del mes de enero de 1964, la bandera panameña debía ondear en todos los sitios públicos de la Zona del Canal al lado de la bandera estadounidense. Los zoneítas se opusieron furiosamente a esta medida y no lo permitieron. Ya desde el 3 de enero de 1964 un policía zoneíta, Carlton Bell había izado la bandera estadounidense sin la bandera panameña frente al monumento de los Héroes de la Guerra en Gamboa, en abierta violación a la orden del entonces gobernador de la Zona, Robert J. Fleming.

El 9 de enero de 1964 un grupo de estudiantes del “Nido de Águilas” se encaminó a la escuela secundaria de Balboa con la bandera panameña, con el propósito de hacer cumplir el acuerdo y cantar el himno nacional, pero encontraron que los estudiantes gringos de la escuela, con el apoyo de sus padres, montaban guardia para impedir que los estudiantes del Instituto izaran la bandera panameña. Al principio la policía zoneíta permitió que cinco estudiantes llegaran a izar la bandera nacional, pero fueron agredidos y un policía estadounidense rasgó y pisoteó la bandera panameña. Los estudiantes institutores fueron obligados a replegarse hacia la ciudad de Panamá, donde centenares de otros estudiantes y particulares acudieron a rescatarlos y a defenderse con piedras de los policías. Se corrió la voz y acudieron miles de panameños desde diferentes puntos de la ciudad a defender el honor patrio, por lo que la policía zoneíta tuvo que pedir ayuda al ejército de los Estados Unidos, que atacó con tanques, ametralladoras y fusiles a los panameños armados con piedras.

El resultado: 21 muertos y 300 heridos, la mayor parte de ellos estudiantes de colegios secundarios. Después de su reemplazo como representante de Panamá ante la ONU, Illueca había regresado al país para reincorporarse a las luchas políticas desde la prensa y la radio. En agosto de 1963 fue elegido presidente del Colegio Nacional de Abogados; fue designado director del diario El Panamá América, desde el cual se dedicó a criticar al gobierno de Chiari y sus negociaciones con Washington. Indignado ante el atropello del ejército de los Estados Unidos ese 9 de enero y como presidente del Comité de Rescate y Defensa de la Soberanía Nacional constituido el 10 de enero, Illueca le gritó al presidente Chiari por radio: “¡Señor presidente, o se está con el pueblo o se está contra el pueblo!”. Roberto F. Chiari pasaría a la historia como el único presidente latinoamericano en romper relaciones con los Estados Unidos. Lo hizo mediante una escueta nota:

Cumplo con informar a vuestra excelencia, que debido a los sucesos a que antes me he referido, el Gobierno de Panamá considera rotas sus relaciones diplomáticas con su ilustrado gobierno, y en consecuencia, ha impartido instrucciones a su excelencia, el embajador Augusto G. Arango, para que regrese cuanto antes a la Patria.

Ese día se rompió el mito de que era imposible negociar un nuevo tratado sobre el canal de Panamá; la agresión fue el detonante de las negociaciones que culminaron en la soberanía total sobre todo nuestro territorio.

Illueca gestionó la participación de una Comisión Internacional de Juristas de la Corte de La Haya, que investigó los sucesos de enero y condenó la agresión. Poco después del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre los dos países, las dos naciones designaron sendos embajadores especiales para que se iniciaran las conversaciones sobre un nuevo tratado del Canal. Por cuenta de la participación de Illueca en los sucesos del 9 de enero y de su bien ganada reputación como estadista, experto diplomático y negociador, el presidente Chiari lo nombró embajador especial de Panamá con poderes para las negociaciones con Washington, aun cuando se oponía en muchos temas a su gobierno.

Por los Estados Unidos fue nombrado Robert Anderson. Marco Aurelio Robles sucedió en la Presidencia a Roberto F. Chiari. Fernando Eleta, el nuevo canciller, junto con Galileo Solís y Jorge Illueca, comenzaron a negociar con Estados Unidos la eliminación de las causas de conflicto y la abrogación del tratado de 1903. No obstante, dadas las discrepancias sostenidas con Fernando Eleta, Illueca presentó su renuncia y regresó a encabezar la oposición a los tratados que se estaban negociando. Fiel a su espíritu crítico y a su inquebrantable defensa de la soberanía, Illueca acusó al gobierno de Marco Robles de ser entreguista y fue duro crítico de la Declaración Robles-Johnson de 1965 y del canje de notas Eleta-Adair de 1966. Participó en la creación del Frente Unido contra los tratados “Tres en uno” —firmados en 1967—, llamados así porque comprendían tres acuerdos, a saber: el tratado sobre el Canal de Panamá, el concerniente a la defensa del Canal y su neutralidad y el relativo a un canal a nivel del mar.

Posteriormente Arnulfo Arias se adhirió hábilmente al Frente y supo sacarle provecho político. Illueca opinaba que Panamá había bajado la guardia, después de tanta sangre derramada y de tantos sacrificios de varias generaciones por expulsar al ejército estadounidense del suelo patrio. El Frente Unido fue respaldado por varios grupos de la sociedad civil, entre ellos estudiantes, profesionales, campesinos y otros sectores populares. Illueca consideraba que el Gobierno panameño retrasaba las negociaciones y las mantenía cubiertas con un manto de secretismo; que en realidad eran una revisión del Tratado Hay–BunauVarilla de 1903, el cual no se había abrogado integralmente; se había echado al olvido la memoria de los mártires del 9 de enero porque no se gestionaban las indemnizaciones a sus familiares; no se contemplaba el régimen de neutralización ni la desnuclearización como resultado de la excavación de un canal a nivel por métodos nucleares; el tratado no tenía fecha de cumpleaños; que era un enfoque pro mundi beneficio que había relegado la nacionalidad panameña para darle prioridad a los intereses de otras nacionalidades; y más importante, que no habían sido sometidos a la aprobación de la Asamblea, por lo que eran inconstitucionales. Esto último es, quizás, una de las razones históricas por las que surgió el mandato constitucional de que todo acuerdo sobre el Canal, la Zona, o la construcción de otro canal o un tercer juego de esclusas debía someterse a referéndum nacional.

Sus discrepancias con el canciller Eleta por los tratados “Tres en uno” motivaron a Illueca a respaldar la candidatura de Arnulfo Arias en 1968, ya que el candidato David Samudio era del mismo partido que Robles y había prometido continuar con su política exterior. Jorge Illueca se dejó llevar por la esperanza de que Arias cumpliera su palabra y empezara “una página limpia para escribir en ella la historia verdadera de la Nueva Era”, al decir del propio Arnulfo Arias (Araúz, 2010, p. 830). Una década después de haber sido proscrito, y por iniciativa del diputado Jorge Rubén Rosas, la Asamblea le había restituido los derechos políticos a Arnulfo Arias. En mayo de 1968 se celebraron unas elecciones sangrientas y bochornosas, a causa del fraude cometido por ambos bandos. Arnulfo Arias Madrid resultó electo en medio de una profunda crisis política precipitada por el fracaso de las negociaciones de 1967. Era la cuarta vez que Arias se postulaba y la tercera vez que llegaba a la presidencia, aunque nunca pudo terminar su periodo. Todas las administraciones del doctor Arias como presidente duraron un total de dos años, seis meses y cuatro días. Esta que sería su última administración fue la más corta dado que a los once días de estar en la presidencia, exactamente el 11 de octubre de 1968, fue derrocado por un golpe militar liderado por Boris Martínez y Omar Torrijos Herrera.

El hecho de que Arias no luchara en las calles sino que prefiriera refugiarse en la Zona del Canal —pese a que proclamaba estar en contra del imperialismo yanqui—, contribuyó notablemente al éxito de los golpistas. En su desesperación por recuperar el poder, de la Zona del Canal viajó a Washington y se dedicó a desacreditar a los militares, tildándolos de corruptos y acusándolos ante la Junta Interamericana de Defensa de ser comunistas y “una amenaza para el Canal y un peligro para la paz y la libertad del hemisferio”. Illueca no se refugió en ninguna parte. Permaneció en su residencia, reanudó sus labores de abogado en su modesta oficina frente al parque Porras y opinó que la posición adoptada por Arias, buscando que Estados Unidos lo apoyara, era lamentable. Cuando Arnulfo Arias fue consciente de que necesitaba apoyo internacional, trató de utilizar a Illueca y le ofreció el cargo de embajador de su gobierno [ya inexistente] ante las Naciones Unidas. Debido a la insistencia de Arias, Illueca se trasladó a una casa en la Zona del Canal. Pero el gobernador de la Zona del Canal le solicitó a través de uno de sus funcionarios que consignara una solicitud para que se le concediera asilo político en la jurisdicción de la Zona del Canal. Illueca se opuso, al decir que “no firmaría ningún documento que significara que yo pedía asilo político en mi propia patria, ya que la Zona del Canal era territorio panameño”. (ibíd., p. 887).

La reacción del gobernador fue que de no firmar el documento, tenía que abandonar el área de la Zona del Canal. El doctor Arias trató de convencerlo pero Illueca regresó a su residencia. Al día siguiente de su salida de la Zona del Canal, cuando se dirigía a un juzgado a realizar sus habituales labores de abogado, fue detenido y conducido al cuartel general. Allí lo detuvieron por unas tres horas y luego fue puesto en libertad. Illueca se opuso en un principio a los designios de los militares que dieron el golpe. Estados Unidos anunció la suspensión de las relaciones diplomáticas con Panamá el 16 de octubre y la sociedad panameña quedó polarizada entre los que rechazaban el golpe militar y los que abrigaban grandes expectativas por el rumbo político que tomaría Omar Torrijos Herrera, que en poco tiempo quedaría como único líder del Gobierno militar. No obstante, los militares golpistas controlaron la situación y los llamados de Arnulfo Arias a la resistencia cayeron en saco roto, principalmente porque no se involucró de manera personal.

El 13 de noviembre de 1968 Estados Unidos reanudó las relaciones diplomáticas con Panamá, reconociendo al régimen militar. Este fue el golpe de gracia para las pretensiones de Arias, quien nunca más retornó al poder. Una vez que se consolidó el golpe, Torrijos y otros militares empezaron a invitar a políticos y profesionales a formar parte del Gobierno. Se instaló una Junta de Gobierno provisional, que designó a Jorge Illueca como embajador ante las Naciones Unidas. A pesar de ser un acérrimo antimilitarista, Illueca llegó a reconocer los logros del general Torrijos, a quien llamó el “arquitecto del moderno Estado panameño”.

Como embajador ante las Naciones Unidas, Jorge Illueca logró poner en evidencia su carácter y espíritu bolivariano, defendiendo una vez más los derechos panameños y el reinicio de negociaciones de un nuevo tratado del Canal, inspirado en el ideario del Libertador Simón Bolívar. Defendió a Panamá hasta su último aliento de la geofagia de Estados Unidos. Como muestra de continuidad y consecuencia con sus principios, puso al servicio de la causa nacional toda su experiencia negociadora y su prestigio como internacionalista. Los años 1969 y 1970 sirvieron para consolidar la posición de Panamá, tanto en cuanto a la democracia interna como en sus lineamientos de política exterior, el futuro del Canal y las relaciones  con los Estados Unidos.

A pesar de su génesis golpista, se fue generando un apoyo social al nuevo régimen encabezado por el general Torrijos, quien denunció como inaceptables los proyectos de tratado de 1967, incluso como base de negociación. Se le dio una nueva impronta a nuestras relaciones con los Estados Unidos cuando el equipo negociador designado por el general Torrijos, formado por asesores internacionalistas de amplia trayectoria patriótica como Jorge Illueca, Alfredo López Guevara, Nander Pitty, Miguel A. Moreno y la asesoría de Ricardo J. Alfaro, bajo la dirección del canciller Juan Antonio Tack, partió de los puntos demandados por los panameños en enero de 1964. La nueva forma de negociar con los Estados Unidos se basó en la internacionalización de la lucha de los panameños, concentrándose en ganar el apoyo de todas las naciones (especialmente de los países de la región) a la causa nacional, en vez de una “negociación bilateral entre el tiburón y la sardina”. (Candanedo, 2012). Del 15 al 21 de marzo de 1973 se llevó a cabo la reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas —al que Panamá había sido electo nuevamente— en la ciudad de Panamá, uno de los eventos patrióticos y nacionalistas de mayor trascendencia en la vida diplomática de nuestra historia republicana. Era la segunda vez que el Consejo de Seguridad sesionaba fuera de la sede (la primera vez fue en Etiopía), lo que nunca más volvería a ocurrir.

Illueca consideraba que la elección de Panamá al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en tres ocasiones era el resultado de la imagen que Torrijos le había dado a Panamá en los ámbitos regional y mundial en sus años de peregrinaje en busca de apoyo para la causa panameña. A la muerte de Torrijos en un accidente aéreo el 31 de julio de 1981, como ministro de Relaciones Exteriores de Panamá Illueca manifestó, en el homenaje de cuerpo presente tributado a Torrijos en la cima del cerro Ancón el 3 de agosto del mismo año:

Con la abrogación del Tratado Hay–Bunau-Varilla de 1903, mediante la aprobación de los Tratados del Canal de 1977, y un programa de realizaciones sin precedentes, Torrijos le imprimió al país una fisonomía moderna y una nueva dinámica de desarrollo, que le han ganado a Panamá un puesto de avanzada en el cuadro de las relaciones internacionales. La muerte de Torrijos deja un gran vacío en el alma nacional. Honda es la huella que sus hechos inscribieron indeleblemente en el corazón de sus compañeros de armas, en las colectividades campesinas, en las comunidades indígenas, en los núcleos de trabajadores, en la juventud, en la niñez panameña, y en los muchos hombres y mujeres que tuvieron ocasión de laborar junto con él en empresas comunes para el fortalecimiento de la nacionalidad. Desde este santuario del nacionalismo panameño, presentamos al general Omar Torrijos Herrera la gratitud de la patria conmovida que encontrará en sus enseñanzas los estímulos que guíen al país hacia la concreción de una genuina solidaridad nacional. (Illueca, 2008, pp. 733 y 734).

En abril y mayo de 1982, como ministro de Relaciones Exteriores de Panamá, Jorge Illueca tuvo una vez más una memorable actuación en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en defensa de los derechos soberanos de la Argentina sobre las Islas Malvinas. Criticó el hecho de que el Canal fuese usado como instrumento de guerra en contra de Argentina, con la complacencia de los Estados Unidos y en violación del tratado de neutralidad. Al día siguiente de la ocupación de la armada argentina de las Islas Malvinas, el 3 de abril de 1982, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 502 exigiendo el retiro inmediato de todas las fuerzas argentinas, ante lo que el Consejo catalogó de invasión. El único voto en contra fue el de Panamá, que respaldó gallardamente a Argentina por boca de su canciller, Jorge Illueca. El apoyo provenía del legendario sueño al que había convocado Bolívar en 1826 para fundar entre todos una Nación de Repúblicas.

Aunque prácticamente toda América Latina y muchos países del Tercer Mundo apoyaban a Argentina en su guerra contra el Reino Unido por la posesión de las Islas Malvinas, sólo un país latinoaméricano pertenecía en esos momentos al Consejo: la República de Panamá (el otro representante de América Latina y el Caribe era Guyana). Hubo diez votos a favor, cuatro abstenciones y el voto de Panamá en contra de la Resolución. Illueca fue el tercer presidente de Panamá después de la muerte del general Omar Torrijos. Como presidente de la república de febrero a octubre de 1984, en sólo nueve meses logró dejar su impronta en nuestra nacionalidad. Ocupó la Presidencia constitucionalmente, tras la renuncia de Ricardo de la Espriella, quien había reemplazado a Aristides Royo, ambos obligados a dimitir por los militares. Igual suerte hubiera corrido Jorge Illueca, sobre todo debido a su indoblegable carácter y apego a sus principios, si no hubiera sido porque se aproximaban las elecciones y a los militares no les convenía políticamente enseñar otra vez las garras. En seis años, mientras Manuel Antonio Noriega estuvo al mando de las Fuerzas de Defensa, cinco presidentes ocuparon el Palacio de las Garzas por decisión del cuartel central. En 1984 estaba interesado en que ganara su candidato, Nicolás Ardito Barletta, quien a la postre resultaría electo en una controvertida elección frente a Arnulfo Arias. Casi al final de su mandato, una vez más Illueca tuvo la oportunidad de demostrar sus quilates nacionalistas. Se aproximaba, de acuerdo con los tratados Torrijos-Carter, la fecha del cierre de la Escuela de las Américas, que había graduado más de 60 000 militares y policías de 23 países de América Latina. El propio Noriega era egresado de dicha escuela, que estaba situada en el entonces Fuerte Gulick (ahora Fuerte Espinar), en el lado atlántico del Istmo, de 1946 a 1984, cuando fue reubicada en Fort Benning, Georgia, porque el presidente Jorge Illueca la desalojó del país. En las propias palabras de Illueca:

El 31 de julio de 1984 en el Mausoleo de Omar Torrijos, ante una nutrida concurrencia congregada para conmemorar el tercer aniversario de su muerte, en mi condición de Jefe del Ejecutivo y a sabiendas de que actuaba en pugna con el criterio del general Manuel Antonio Noriega, a la sazón Jefe de las Fuerzas de Defensa, declaré que “las áreas e instalaciones de la Escuela de las Américas y el Fuerte Gulick a partir del 1º de octubre de 1984 quedarán bajo exclusiva soberanía y jurisdicción de la República de Panamá… y en ellas ondeará en forma única y absoluta la bandera de Panamá”. Mis palabras fueron reproducidas profusamente por la prensa y los medios de comunicación internacionales. En síntesis, se trasmitió, entre otros conceptos, “que el Presidente de Panamá, Jorge Illueca, describió a la Escuela de las Américas como la base más grande para la desestabilización en América Latina”. (Illueca, 2004).

Tales eran las circunstancias geopolíticas del momento, cuando Noriega ordenó a una delegación militar integrada por los coroneles Roberto Díaz Herrera, Marco Justine y Bernardo Barrera visitar en su casa a Illueca para decirle de parte de su comandante que “necesitaban una prórroga de un par de años para la reversión de Gulick a Panamá”. (ibíd.). Illueca contestó, con voz alterada: “Dígale a su comandante que de ningún modo cuente conmigo para eso. La fecha tope de Gulick se cumplirá o yo no soy más presidente”. Además les pidió a los coroneles que le dijeran al general Noriega: “en el asunto de la Escuela de las Américas estamos en el kilómetro cero”. Según el coronel Roberto Díaz Herrera, “… muestra que don Jorge no acepta pasos atrás en materia de entregar conquistas nacionales”. Y agregó que cuando le informó al general Noriega, éste reaccionó con: “¡Qué vaina se ha creído éste! Pero deja eso en mis manos. Yo le voy a hablar personalmente”. O nunca se atrevió a hacerlo, o Illueca no cedió, pues en todo caso once días después entregó el mando al presidente electo.

El periodista

Illueca fue director del periódico El Panamá América del 16 de diciembre de 1963 al 31 de mayo de 1964 y del 27 de noviembre de 1967 al 11 de octubre de 1968 y escribió los editoriales y la columna El Pulso de Panamá. Durante el primer periodo aludido, al tiempo que presidió el Colegio Nacional de Abogados de Panamá, abordó diversos temas nacionales e internacionales. En la columna El Pulso de Panamá se ocupó diariamente de temas sustanciales sobre la realidad política, económica, social, cultural, educativa, religiosa y la vida cotidiana, tanto en el ámbito nacional como internacional. De enero a mayo de 1964 se ocupó particularmente del tema nacionalista, centrado en las reivindicaciones ante los Estados Unidos.

Como presidente del Comité de Rescate y Defensa de la Soberanía Nacional, escribió sobre el trabajo fundamental desempeñado por dicho Comité y el Congreso de la Soberanía que organizó en esos momentos cruciales de nuestra vida republicana, que contribuyeron a consolidar la identidad nacional. El segundo periodo como director de este prestigioso diario, uno de los más convulsionados de nuestra historia política republicana, lo dedicó principalmente a describir su posición crítica y la del Colegio Nacional de Abogados en torno a los tratados “Tres en uno”. Su obra periodística de 1963 a 1968 está recogida en el tomo iv de la extensa investigación realizada por el doctor Celestino Andrés Araúz y titulada Jorge E. Illueca y el acontecer republicano. No obstante, Illueca siguió escribiendo incansablemente durante toda su vida, como una forma de participar en el quehacer ciudadano, estuviera donde estuviera. La mayoría de sus artículos fueron publicados en El Panamá América todos los lunes, y la totalidad de los escritos que publicó desde el año 2000 al 2008 están recogidos en su obra Al Socaire, donde pone énfasis en ciertos temas “que en ocasiones pudo parecerle obsesivo a algunos” (Illueca, 2008, p. XI), según sus propias palabras y reproduce la semblanza de ilustres panameños que considera paradigmas para las presentes y futuras generaciones: Harmodio Arias Madrid, Octavio Méndez Pereira (su mentor y maestro), Ricardo J. Alfaro, Ramón H. Jurado, Domingo H. Turner y Omar Torrijos Herrera.

El tema más frecuente en este periodo se refiere a los asuntos del Canal: el paso de buques con carga radioactiva, a lo que siempre se opuso; lo que él consideró siempre “la cultura de excepción” en la administración de la vía interoceánica; y el proyecto de su ampliación mediante un tercer juego de esclusas. Siempre luchó en contra de la firma de acuerdos con los Estados Unidos sin que la Asamblea Nacional tuviera intervención, porque consideraba que era “inadmisible —e incomprensible— en un país que tiene frente a los acuerdos con la potencia del norte, los reflejos del gato escaldado” (ibíd. p. xiii). En varias ocasiones se refirió al tema de la corrupción, llamando la atención acerca de sus peligros para el desarrollo, la institucionalidad y la convivencia pacífica, ya que consideraba que todos los panameños compartimos un mismo barco con un mismo horizonte, en el que no debe haber “ni piratas ni pirateados, ni supervivientes ni náufragos”. Opinaba que siempre debe existir en los niveles dirigentes espíritus capaces de un correcto discernimiento, de un juicio recto acerca de los males que causa la corrupción en el manejo de la cosa pública. Sus últimos esfuerzos los dedicó a liderar el NO a la ampliación del canal de Panamá, junto a su hijo Enrique Illueca, Fernando Manfredo, y otros panameños. La ampliación del Canal fue sometida a un amplio debate y finalmente a un referéndum el domingo 22 de octubre de 2006, donde ganó el SÍ. La tendencia indica que la ampliación sí era necesaria para que el Canal mantuviera su competitividad. Lamentablemente, a Illueca se le acabó la vida antes de que pudiera comprobarlo.

El 3 de mayo de 2012 a las tres de la tarde, a los 94 años, la nación perdió a uno de sus más distinguidos ciudadanos. Su funeral de Estado fue como su vida, que transcurrió y concluyó con honores solemnes bien merecidos. A sus honras fúnebres asistieron el presidente, sus ministros de Estado, casi todos los expresidentes de la república, dirigentes políticos y sindicales, amigos de la familia y su familia en pleno. A pesar de la lluvia, el pueblo se volcó, con orgullo y agradecimiento, a despedir a un latinoamericanista, un patriota y un hombre valiente, que siempre dijo sin miedo lo que pensaba y sentía. Ese patriota que, con toda seguridad, “ahora le toca estar ceñudo y avizor en el cerro Ancón de Amelia Denis de Icaza” (Spence Herrera, 2012).

Referencias bibliográficas

Araúz, Celestino (2010). Jorge Illueca y el acontecer republicano, t. I y ii, Panamá: Bufete Illueca.

Candanedo, Miguel A. (2012, 8 de mayo). Discurso en ocasión del homenaje póstumo al doctor Jorge Enrique Illueca Sibauste, recuperado de http://www.up.ac.pa/ftp/2010/or_graduado/egresado/restropectiva-drjorgeillueca.pdf.

Illueca, Jorge (2008). Al socaire: obra periodística. 2000-2008, Panamá: Editorial Sibauste.

___________(2004, 9 de febrero). “La Escuela de las Américas”, El Panamá América.

Spence Herrera, Édgar (2012, 17 de mayo). “Jorge Illueca: defensor de la soberanía nacional, diplomático sin dobleces”, La Estrella de Panamá.