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    Ricardo J. Bermúdez

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José Antonio Remón Cantera

by: Ricardo J. Bermúdez

“Estos no son cohetes”, alcanzó a decir el presidente José Antonio Remón Cantera ante los disparos que, en la noche del sábado 2 de enero de 1955, segaron su vida a los 46 años de edad. Tras su muerte, Panamá conoció una conmoción que recorrió principalmente las altas cúpulas de los factores de poder, pero no produjo protestas, ni condujo a reacciones violentas por parte de la población.

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Nació el 23 de octubre de 1950 en la ciudad de Panamá. Estudió Arquitectura en la Universidad de Panamá y luego obtuvo una maestría en Arquitectura de la Universidad de Pensilvania en 1978. Ha presentado trabajos de análisis en la Conferencia Anual de Ejecutivos de Empresa (CADE), el Instituto Latinoamericano de Estudios Avanzados, el vii Congreso Nacional de Arquitectura, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, y la Universidad de Panamá. Adicionalmente fue miembro del consejo editorial del diario El Universal, y columnista semanal del diario La Prensa (1996-1999) y El Panamá América (2000-2002).
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José Antonio Remón Cantera: Precursor y víctima del militarismo en Panamá

[…] es comprensible que cuando un individuo logra una cifra de poder personal tan inmenso como el que pudo conjugar José A. Remón, su influencia determinante en la política del país sólo puede cancelarla su muerte.
Humberto Ricord

“Estos no son cohetes”, alcanzó a decir el presidente José Antonio Remón Cantera ante los disparos que, en la noche del sábado 2 de enero de 1955, segaron su vida a los 46 años de edad. Tras su muerte, Panamá conoció una conmoción que recorrió principalmente las altas cúpulas de los factores de poder, pero no produjo protestas, ni condujo a reacciones violentas por parte de la población. Arropado prontamente el crimen en las marañas judiciales de la investigación, la corrupción política no tardó en asegurarse su sobrevivencia. Las balas de la metralla magnicida que acabaron con el militar —que convertido en presidente de la república, mandaba más que gobernaba en Panamá—, no sólo horadaron el acontecer nacional, sino que también abrieron interminables páginas de sucesos, conflictos, interrogantes y alteraciones de todo tipo en nuestro devenir cotidiano, que aún después de más de medio siglo del crimen de Juan Franco, continúan planeando como una sombra sobre un sistema político que continúa huérfano de legitimidad.

 

Fui testigo, el 2 de enero de 1955, desde el lugar donde vivía, en el edificio La Marina, contiguo al Palacio de las Garzas, de los interminables ladridos de sus mascotas, el ulular de las patrullas y ambulancias y el rostro de desesperación de la Guardia Presidencial, que aquella noche confirmaban que Chichi, como era conocido José Antonio Remón Cantera (mucho antes de ser el primer panameño en graduarse, como oficial de caballería con el grado de teniente, en 1931, en la Academia Militar de México), había sido asesinado en el Hipódromo Juan Franco, de la ciudad capital. Aquella aciaga noche la Guardia Presidencial, al mando del mayor Huff y de los capitanes Salazar y Metzner, convirtió el Palacio Presidencial y las calles aledañas, en una vorágine de nerviosismo, zozobra y desesperación, donde no faltaron las órdenes a gritos y los rostros compungidos y atónitos de los policías que, por decenas, no conseguían asimilar la situación. Panamá se debatía, dentro de su condicionada evolución como vía marítima y semiprotectorado estadounidense, en la limitada búsqueda de su personalidad y de su identidad nacional.

El “Cincuentenario de la república” había sido conmemorado escasos quince meses antes, bajo una innegable dependencia de Washington y lo que los historiadores Araúz y Pizzurno (2000) han denominado “El entronizamiento del poder policíaco”. Diversos autores nacionales coinciden en señalar que Panamá no siguió el camino que fuese trillado para “los procesos de profesionalización y politización de los cuerpos armados en América Latina”. Ello se explica, entre otras varias razones, por la presencia física en una franja del territorio nacional, de importantes infraestructuras, bases militares y contingentes armados del ejército de Estados Unidos de América que, bajo el mandato de “mantener, proteger, defender” el canal de Panamá, eran en cierta forma una camisa de fuerza que alcanzaba la escasa profesionalización de la Policía Nacional. Los sucesos que se producen en Panamá, desde los primeros albores de la década de los treinta, habían encontrado en el instituto armado “el instrumento válido para resolver atolladeros políticos” que, como cascada, se daban en el Istmo que albergaba más que una vía marítima internacional, las ambiciones desmedidas de una plutocracia criolla inclinada al personalismo, al nepotismo, al autoritarismo y a la corrupción. Remón Cantera, quien se convertiría en pieza clave de la estrategia de “los guardianes de la dinastía”, fue catapultado al restringido escenario donde se desenvolvía la cúpula del poder, gracias al golpe con el que fue depuesto el presidente Arias en octubre de 1941.

Desde los años 40, es indiscutible que Remón era la figura más poderosa del país. Instalaba y removía presidentes según su conveniencia y nada escapaba a su control. Había asumido la Comandancia de la Policía Nacional después de la salida de Rogelio Fábrega y había creado un cuerpo homogéneo, con una unidad monolítica, cuyos efectivos hacían gala de una lealtad absoluta hacia sus jefes. Se trataba también de un cuerpo todopoderoso, por encima del poder civil. Pero había más aún. Remón era el hombre que Washington necesitaba en Panamá para llevar adelante, con mano firme, los lineamientos de la Doctrina Truman. Era el hombre ideal para gobernar en el contexto de la Guerra Fría en América Latina y los Estados Unidos no lo iba a desaprovechar. (Araúz y Pizzurno, 2000).

José Antonio Remón Cantera, militar de carrera, “Presidente mártir… y uno de los hombres públicos más duramente combatidos”, al decir de Thelma King (1964) fue, a su vez, el primer presidente nacido bajo la Panamá Republicana, y el primer (y único hasta ahora) presidente panameño asesinado. En José Antonio Remón Cantera, el militar y el político estarán indisolublemente ligados. Durante su breve ejercicio como presidente de la república: “llevó adelante un gobierno fuerte y personalista. Sometió a los poderes del Estado, restringió las libertades individuales, amordazó a la prensa, desbarató a los grupos de oposición, se deshizo de los comunistas y transformó a la Policía en Guardia Nacional […]”. (ibíd.) Sexto hijo de Alejandro Remón y María Cantera de Remón, José Antonio Chichi Remón Cantera, nacido el 1 de junio de 1908, compartió infancia en avenida Ecuador, con sus hermanas María Luisa, Carmen Hortensia (Chencha), Julieta, Catalina y Graciela (Gracias), así como con su hermano mayor, Alejandro (Toto). Efectuó sus estudios primarios en la antigua Escuela de Varones de Santa Ana, más tarde escuela Manuel José Hurtado de esta ciudad. Continuó su preparación en el Instituto Nacional, destacada institución de educación pública de cuyas aulas egresaron hombres y mujeres que, durante las últimas décadas del siglo xx fueron protagonistas del acontecer nacional y que instruidos educadores del Glorioso Nido de Águilas, forjaron su saber. Egresó del Instituto Nacional con el grado de bachiller en Humanidades en febrero de 1927. Ese mismo año, ocupan puesto de honor como bachilleres en Humanidades sus compañeros Gonzalo Brenes Candanedo, Juan A. Morales y César Sibauste. Rector del Instituto Nacional lo era José Dolores Moscote, quien inició en 1925 lo que se conoció como “el período de oro del Instituto”. Durante su rectoría (1925-1935), “la enseñanza se tornó más metódica y científica”.

En las aulas de estos colegios (entre ellos sobresalía el Instituto Nacional) se debatían las nuevas ideas de la Revolución rusa, el significado de la Revolución mexicana y los principios de la Reforma Universitaria de Córdoba. Con los intentos de educación superior —representados, por ejemplo, en la Escuela Libre de Derecho y otros cursos superiores— se incentivó de forma aún más profunda a estas primeras generaciones de panameños nacidos y educados en un Panamá libre e independiente a examinar críticamente la historia y el destino nacional. Pronto, muchos de ellos nutrirían con su acción y pensamiento, los grupos políticos liberales de la época, pero también a organizaciones sociales propias de los sectores medios —como la Federación de Estudiantes de Panamá, las asociaciones de maestros y profesores y Acción Comunal— y de los sectores populares —como la Federación Obrera de la República de Panamá, la Liga Inquilinaria y el Sindicato General de Trabajadores— alterando significativamente el panorama político istmeño. (Pearcy, 2004, p. 47).

Sus años de juventud muestran la influencia del entorno hogareño necesitado de salir de las derrotas económicas y sociales de muchas familias medias de la época. Al final de su bachillerato Remón Cantera laboró en una farmacia y en una finca azucarera, y gracias a los esfuerzos, humillaciones y dolores de su madre, obtiene una beca que le permite, en 1928, viajar a la capital mexicana e ingresar en la academia militar mexicana fundada en 1823: Heroico Colegio Militar de México. Bajo la dirección de los generales de división Gilberto R. Limón y Joaquín Amaro, realiza sus estudios militares y culmina de tercero en su clase, con el grado de teniente de caballería. Al regresar a Panamá, la formación militar adquirida lo lleva sin vacilaciones a ingresar al cuerpo de la Policía Nacional de Panamá, con 23 años de edad, el 17 de diciembre de 1931.

Una resolución: triunfar a toda costa, no servir a nada ni a nadie; eso sí: lograr que la Policía le sirviera a él. Panamá estaba entonces gobernada por Ricardo J. Alfaro, luego del triunfo de lo que se conoce como “la revolución de 1931”, que el 2 de enero de ese año había adelantado la agrupación civil, Acción Comunal, al derrocar al presidente Florencio Harmodio Arosemena en “un exitoso operativo ejecutado por civiles armados que no generó ningún tipo de reacciones adversas”. Víctor Florencio Goytía, miembro prominente de Acción Comunal, aclara:

[…] contra lo que pueda suponerse, esta urdimbre complicada se tejió espontáneamente, sin conocimiento ni intervención de los Estados Unidos ni de los propios conjurados, como algunos presumen. Las medidas fueron adoptándose a la marcha de los acontecimientos. La mejor prueba de ello es la anticipación de los hechos para el 2 de enero, cuando no estaban completos los planes ni se habían conseguido las armas para el tipo de operaciones a realizar… La toma de los cuarteles se hizo con veinte revólveres y doce escopetas de diferentes calibres y muy pocas municiones, en tanto la Policía contaba con pistolas, fusiles y armas automáticas para dos millares de hombres.

Para el profesor Alberto McKay (2004):

Las transformaciones que de 1931 a 1941 experimentó Panamá después de los hechos violentos del 2 de enero de 1931 arribaron en forma lenta, pero constante. Fueron profundas y en muchos casos irreversibles, pese al hecho de desafiar fuerzas poderosas. Las dirigieron las administraciones de Harmodio Arias Madrid, Juan Demóstenes Arosemena, Augusto Samuel Boyd y Arnulfo Arias Madrid.

Durante todas esas administraciones, a la sombra de su formación militar y de sus inclinaciones políticas, la figura de Remón, ya en la arena pública, con sus altas y bajas, va forjándose y progresando, por sus vínculos políticos, como pieza clave, unas veces a la luz y otras a la sombra, de la llamada “profesionalización” de la Policía Nacional, pero eso sí, bajo un clara dependencia de los vaivenes de los políticos locales:

Los políticos panameños perciben que necesitan una Policía fuerte y efectiva para impedir que el mandatario de turno pierda el poder. Se inicia, entonces, el esfuerzo por dar garantía al Estado de un organismo de seguridad eficiente. La profesionalización de la policía se constituye en una tarea ineludible para las clases dominantes. Su brazo armado lo será una policía con algún nivel de profesionalismo, pero igualmente, con un aceptable nivel de beligerancia en la arena política nacional. (Ricord, I., s.f.).

 

En julio de 1935, aun cuando algunos afirman que Remón Cantera renunció a la entidad policial, en realidad, según Carlos Alberto Mendoza, “fue despedido, por ser partidario de la candidatura presidencial de don Domingo Díaz Arosemena, a quien el doctor Harmodio Arias quería impedir por todos los medios que fuera elegido”. Las disputas de las candidaturas presidenciales alcanzan rápidamente a la Policía y produce el relevo del comandante Aurelio Guardia, cuñado del presidente. Los capitanes, Nicolás Ardito Barletta, Abel Quintero y José Antonio Remón Cantera, fueron dados de baja.

Bajo la Presidencia de Harmodio Arias, la Policía Nacional comenzó a aparecer como una alternativa a la Presidencia en la búsqueda de dinero y poder en el Istmo, un proceso que llega a su punto culminante a finales de los cuarenta, cuando el primer comandante Remón quitaba y ponía presidentes en la República de Panamá. (ibíd.).

Con la firma en 1936, por parte de Estados Unidos y de Panamá del tratado General de Amistad y Cooperación, más conocido como el tratado Arias-Roosevelt, se abrogan los “derechos estadounidenses” de garantizar la independencia de Panamá, y la autoridad para intervenir y mantener el orden público, que les habían sido otorgados en el tratado Hay–Bunau-Varilla de 1903. Ello es interpretado por Iván Ricord como:

[…] la oportunidad para el cuerpo armado de recuperar su función de único garante de la soberanía de la República, de allí el impulso para profesionalizar la Policía. Las bases estructuradas por Remón, antes de su salida del cuerpo, ahora se vislumbran como elementos de desarrollo institucional. Con una visión más amplia sobre el Estado Nacional; entendiendo la necesidad de reivindicaciones nacionales para lograr la total independencia del país, Remón, en principio, y quizás imbuido por las inquietudes juveniles, pretendió implantar un matiz nacionalista en un cuerpo, constantemente humillado y dependiente del control colonial norteamericano. El capitán Remón, como oficial de mayor rango militar en el cuerpo, libre de las presiones políticas a que estaban sometidos los jefes no militares, se entrega a la tarea de reestructurarlo. (ibíd.).

Remón Cantera retornó a la Policía Nacional, con el grado de capitán, durante el gobierno interino de Augusto Samuel Boyd, quien había asumido la Presidencia a raíz de la muerte del titular Juan Demóstenes Arosemena, en diciembre de 1939. Remón participa de lleno durante el periodo electoral en la represión que ejerce la policía, muy especialmente contra el candidato opositor, Ricardo J. Alfaro. Al asumir como presidente de la república en octubre de 1940, Arnulfo Arias Madrid designó como jefe de la Policía Nacional al oficial guatemalteco Fernando Gómez Ayau y Remón Cantera fue enviado a participar en un curso de caballería en Estados Unidos, a Fort Riley, instituto militar establecido en 1853, en el estado de Kansas.

Al ser derrocado Arias Madrid en octubre de 1941, Ricardo Adolfo de la Guardia, designa al hermano de Remón Cantera, Alejandro, como su edecán y nombra a Rogelio Fábrega como comandante de la Policía Nacional. José Antonio Remón es ascendido a coronel y nombrado segundo comandante el 16 de octubre de 1941. Edwin Wilson, para entonces, embajador de Estados Unidos de América en Panamá, señalaba a sus superiores en Washington:

La estabilidad del gobierno de Panamá, depende de la lealtad de la fuerza policial y sobre todo, de los tres o dos oficiales que la comandan. El actual jefe de la Policía (Fábrega), no está considerado como un hombre particularmente fuerte. El segundo comandante de la Policía es el coronel Remón, que recientemente regresó de una visita a Estados Unidos donde fue huésped del Departamento de Guerra… Se oye decir frecuentemente que Panamá está gobernada por los De la Guardia y los Fábrega.

 

José Antonio Remón Cantera, fue ascendido al grado de teniente coronel y primer comandante jefe de la Policía Nacional, en 1947. Para esa fecha, el instituto armado contaba con poco más de dos mil unidades, siendo el pie de fuerza fijado por la Asamblea Nacional en ejercicio de la facultad que le señalaba el artículo 118 de la Constitución de 1946.

Los amigos y partidarios de los gobernantes dirigían nominalmente al cuerpo armado, pero era Remón quien dictaba las pautas en cuanto a disciplina militar, sentido de identidad y espíritu corporativo. Intervenía directamente en la formación de oficiales, a la consecución de armamentos, equipos modernos y el entrenamiento adecuado para la tropa […] Para entender con claridad cómo se refleja en el organismo estatal nacional este proceso de militarización policial, observamos la evolución del presupuesto del Estado durante el periodo señalado. Así, el presupuesto de la institución armada aumentó significativamente de 537 678 balboas al finalizar el último semestre de 1940 a 2 687 737 balboas durante el periodo fiscal 1941-1942 y 3 066 040 al inicio del periodo 1943-1944. Se incrementó ligeramente el salario de los agentes y se organizó un cuerpo de antimotines, se forman pelotones de infantería, se artilla el Cuartel Central. Aún sin ser Comandante Primer Jefe, Remón adquiere un gran poder que lo conducirá a estar siempre detrás de todo accionar de la política panameña. Su tarea dentro de la Policía, siempre, estará dirigida a militarizar el cuerpo armado”. (ibíd.)

Consecuentemente, como jefe de la Policía, Remón propiciaba el que los panameños obtuvieran entrenamiento militar en el extranjero, reconociendo el papel del instituto armado como medio de ascenso social para muchos individuos de las masas —y buscando asimilar a estos elementos— Remón cultivó a los oficiales que surgían de las filas.

 

El Comandante inundó sus superiores civiles con solicitudes de barracas adicionales, instructores, campos de entrenamiento, armamento y vehículos. Un gimnasio, vivienda de bajo costo para miembros de la institución, mejoras al sistema de radiocomunicación, planes especiales de salud y el incremento de la autonomía administrativa del instituto armado, también fueron requeridos para satisfacer las necesidades de una organización que, de acuerdo con los deseos más vehementes de Remón, se convertiría en un futuro próximo, en el ejército nacional de Panamá. (Guevara, 1994).

Larry LaRae Pippin describe al comandante José Antonio Remón Cantera, en los siguientes términos:

El poder le produjo a Remón riquezas y rango social. El jefe de la Policía acumuló una fortuna multimillonaria. Algunas operaciones se conocían, otras no. Remón era propietario de una bomba de gasolina, de donde el equipo rodante de la Policía se abastecía de combustible […] Ejercía control sobre el sacrificio del ganado… Era el jefe de la Policía quien autorizaba la concesión de rutas urbanas de transporte público —una actividad particularmente corrupta. Se decía que era socio de al menos el principal burdel de la capital […] Su haber incluía edificios de departamentos, fincas y caballos de carrera. Remón era uno de los accionistas del diario La Nación, de tendencia liberal. Estaba involucrado, hasta un punto desconocido para la mayoría de los panameños, en el trasiego de narcóticos a través del Istmo, de Bolivia a los Estados Unidos. (Pippin, 1964).

Según Thomas Pearcy:

Hacia 1946, el presidente Enrique A. Jiménez y el Comandante de la Policía Nacional, José Antonio Remón Cantera, tenían intereses financieros considerables en la industria de la carne en el país. El enorme tamaño de la fuerza de ocupación norteamericana les proporcionó un mercado garantizado y bien pagado. Ambos obtuvieron enormes beneficios de la presencia de las tropas de Estados Unidos y tal como lo hicieron los gobiernos anteriores en Panamá, el presidente Jiménez y el comandante Remón intentaron capitalizar en su provecho la presencia de los soldados norteamericanos, para enriquecerse tanto ellos como sus familias. (Pearcy, 2004).

Por su parte, Iván Ricord destaca que:

Con Remón al mando, la Policía Nacional comenzó a definir su lealtad a las fuerzas extranjeras que dominan el escenario militarista de la década de 1940, pero también su lealtad e influencia en los poderes locales de la oligarquía. Se produce un proceso de “remonización” de la Policía Nacional que se va extendiendo a todo el país mediante la manipulación del poder político por el comandante. Las clases hegemónicas ponen “a disposición del César, el aparato del Estado”. Todos están cómodos con el advenimiento de Remón. Sin embargo, el acaparamiento por el comandante de casi todos los “resortes” del poder en Panamá, generó un progresivo malestar entre las clases hegemónicas, hecho que se pone en evidencia en 1955, cuando es asesinado […] (Ricord, I., s.f.).

Entre 1948 y 1952, Panamá vio desfilar por el Palacio de las Garzas, en su calidad de presidentes, a Domingo Díaz Arosemena (1 de octubre de 1948 a 28 de julio de 1949); Daniel Chanis (28 de julio a 20 de noviembre de 1949); Roberto Francisco Chiari (20 de noviembre al 24 de noviembre de 1949); Arnulfo Arias Madrid (25 de noviembre de 1949 a 10 de mayo de 1951); Alcibiades Arosemena (10 de mayo de 1951 a 30 de septiembre de 1952). Y, un solo comandante en jefe de la Policía Nacional: coronel José Antonio Remón Cantera. Al separarse de la comandancia el 30 de octubre de 1951 para presentarse como candidato presidencial, Remón Cantera supo maniobrar para dejar en los cuarteles una oficialidad que manifestaba “lealtad hacia su jefe supremo”, y que supo y pudo inclinar el proceso electoral para garantizar de antemano, con “seguridad y orden”, la elección de su comandante en jefe.

La evolución de los partidos políticos en Panamá, justo es subrayarlo, los ha llevado a estar guiados más que todo por intereses o pasiones. En palabras de Eduardo Santos en el prólogo del libro Rafael Núñez del diplomático colombiano Indalecio Liévano Aguirre, “el interés o la pasión de los partidos políticos, guiados en ocasiones tan sólo por las apariencias, han dado a muchos de los hechos y de los hombres de nuestra vida pública una ubicación distinta de la que en realidad debe corresponderles”. Y Remón Cantera no fue la excepción. Postulado en la provincia de Los Santos el 28 de octubre de 1951 como candidato y con el apoyo de una coalición de cinco partidos políticos: Nacional Revolucionario, Revolucionario Auténtico, Renovador, Liberal del “Matadero” y Unión Popular a la cual se le llamó Coalición Patriótica Nacional (CPN), Chichi Remón gana por votación la Presidencia de la República en las elecciones del 11 mayo de 1952, en las que obtuvo una aplastante victoria electoral junto a sus vicepresidentes, José Ramón Guizado y Ricardo Arias Espinosa: 133 208 votos contra 78 094 de su primo y principal contendor Roberto Francisco Chiari Remón, quien encabezó la Alianza Civilista, apoyada por los partidos Liberal, Frente Patriótico, Revolucionario Independiente y Socialista. Los candidatos a vicepresidentes fueron Norberto Navarro y César A. Quintero Correa. Panamá vivía años difíciles por la depresión, la disminución de circulante y el estancamiento económico de la posguerra, además del alto índice de desem- pleo, lo que una creciente intranquilidad social y agitación política, que provocaban continuas huelgas y manifestaciones. La banda presidencial le fue colocada por su hermano Alejandro el 1 de octubre de 1952, ante millares de asistentes en el estadio nacional Juan Demóstenes Arosemena.

Ese día, José Antonio Remón Cantera, ciudadano de 44 años de edad, casado con Cecilia Pinel, juró “a Dios y a la Patria cumplir fielmente la Constitución y la leyes de la república”, tal como rezaba el artículo 141 de la Constitución de 1946. Oficialmente, Remón Cantera fungió como presidente desde el 1 de octubre de 1952 hasta el 26 de septiembre de 1953; del 8 de octubre de 1953 al 3 de septiembre de 1954 y desde el 9 de septiembre de 1954 al 2 de enero de 1955 (la razón por la cual se separa así es que, en aquel entonces, cuando un presidente viajaba, uno de los vicepresidentes —o ministros— se convertía en presidente, con banda presidencial, posesión ante la Asamblea y óleo en la galería de presidentes incluidos).

Dueño de una posición política sólida en la Presidencia de la República y, rodeado por la consideración y adulación de sus muchos amigos, así como por el temor de sus numerosos adversarios, la torturante tensión de los cuarteles, es remplazada por la sensación de mayor tranquilidad que Remón consideró le brindaba el Palacio de las Garzas. Así, fue labrando un camino caracterizado por actuaciones a través de las cuales se deshizo de algunos y satisfizo a otros, valiéndose para ello de las concesiones y privilegios que el control del único instituto armado del país, no dejaría de brindarle. Para tal propósito, sus años en y al frente de la Policía, luego Guardia Nacional (1953), estuvieron acompañados de una decidida política guiada por el objetivo de contar con un cuerpo castrense que le permitiese tener los mecanismos necesarios para beneficiarse de la estabilidad y la seguridad necesarias en sus aspiraciones y fines presidenciales.

Además, su posición en la jerarquía castrense influyó y determinó muchas situaciones. Con motivo de la convención constitutiva del nuevo Partido Coalición Patriótica Nacional celebrada el domingo 15 de marzo de 1953, en el Teatro Ancón, Remón Cantera lanza su consigna: “Ni millones ni limosnas, queremos justicia”, con la cual da los primeros pasos en sus gestiones para lograr una apertura de conversaciones sobre el canal de Panamá con el gobierno de Estados Unidos de América. Remón Cantera, afirman decenas de artículos periodísticos y discursos pronunciados en diversos aniversarios de su muerte, contaba con numerosas amistades y compadres, pertenecientes a las diversas capas del Panamá de entonces. Prueba de lo anterior es que, al cabo de su primer año de gobierno, el partido de Remón Cantera tenía a destacadas figuras y fervientes aduladores y seguidores de él como miembros del Directorio Nacional de la Coalición Patriótica Nacional.

El remonismo, desde la presidencia del país convoca a la realización de un gobierno de “redención nacional”, para “acabar la inestabilidad imperante” y con “el caos político que reinaba en Panamá”, según la concepción de Remón Cantera. Procede prontamente a reducir el número de partidos políticos, para lo cual se vale de una norma redactada a la medida de la concepción de Remón: la Ley 6 de 6 de febrero de 1953. Rápidamente aprobada por la Asamblea Nacional, de mayoría remonista y presidida por su hermano Alejandro, esta nueva norma —conocida de inmediato como la Ley de los 45 000— establecía que para poder subsistir los partidos políticos deberían obtener el 20 % de los votos emitidos (45 000) en las elecciones celebradas un año antes. La ley recogía así sus aspiraciones de limitar la existencia de partidos políticos en Panamá y “restarle posibilidades de organización e influencia a los sectores medios e intelectuales del país con ideas democráticas y progresistas, a los cuales el presidente Remón siempre identificó como comunistas”. (ibíd.) Como presidente de la república, Remón Cantera impulsa también la Ley 44 de 28 de diciembre de 1953 que crea la Guardia Nacional, la cual tendrá como función actuar como “guardián de la dinastía” y protector de los intereses de los factores reales del poder.

Dicha Ley 44 incorpora la división en zonas de la Guardia Nacional. Los jefes de Zonas Militares se constituyen a partir de ahora en “ojos y oídos” del comandante en cualquier sitio de la república. Se crean cinco zonas: Zona Atlántica (Colón y San Blas), Zona Central (Coclé y Veraguas), Zona Norte (Chiriquí y Bocas del Toro), Zona de Azuero (Herrera y Los Santos) y Panamá y Darién. Gracias a Remón Cantera, la profesionalización de la Policía Nacional iba de la mano de su politización y de su creciente y permanente intervención en los asuntos civiles del país. La misma estuvo, tempranamente, arropada por el decidido apoyo que le brindaba la política militar y estadounidense y el permanente respaldo logístico que significó, en todo momento, la presencia de los soldados norteamericanos acantonados en las bases militares instaladas en la llamada Zona del Canal.

Para la mayoría de los estudios consultados sobre Remón Cantera, su rol al frente de la Policía Nacional y luego del papel acordado para la Guardia Nacional fue, fundamentalmente, el de reprimir y perseguir los movimientos sociales que venían surgiendo desde el 2 de enero de 1931, y las expresiones organizadas, como el profesor Alberto McKay nos subraya:

En el transcurso del año 1944, se organizaron poderosos gremios entre los diferentes sectores de la comunidad educativa. La Federación de Estudiantes de Panamá aglutinó a todos los alumnos secundarios y universitarios; el Magisterio Panameño Unido, a los maestros de nivel primario, y la Asociación de Profesores de la República de Panamá, a los docentes de enseñanza secundaria. Entre otros grupos de presión que aparecieron en la época estuvieron la Unión Nacional de Mujeres, la [Asociación] Joven Veraguas, la Juventud Independiente y la Unión Nacional Constitucionalista […] (McKay, 2004).

Las diversas expresiones de nacionalismo que se dieron fueron, a partir de Remón Cantera, consideradas como peligrosas para la “democracia y la libertad”. A finales de diciembre de 1953 Remón Cantera logra, sin mayores problemas, que la Asamblea apruebe una ley mediante la cual “se declaran ilícitas las actividades totalitarias”, tales como el comunismo, en el territorio de la República de Panamá. De acuerdo con dicha ley, ninguna persona a quien se le compruebe que está en actividades comunistas podrá ser empleada en organismos del Estado o de los municipios, ni se podrá contratar con estos. Estudiosos ya citados —Araúz, Gandásegui, Gasteazoro, Pearcy, Ricord, González Henríquez, Pippin y Zúñiga— y otros, confirman cómo bajo la llamada “era de Remón”, fueron prohibidas las organizaciones de izquierda; además de perseguidos y expulsados de Panamá diversos dirigentes e intelectuales cuyo pensamiento y acción se identificaba con las luchas sociales y movimientos populares.

El rediseñado “ejército panameño”, ya no constituiría un símbolo de la soberanía nacional ni formaría parte de un proceso de modernización del Estado Nacional, como quizás Remón algún día lo había soñado. Vendría a ser en cierta medida, un apéndice del poder estratégico definido por los Estados Unidos, para salvaguardar sus intereses y bloquear cualquier tentativa de cambio social en Panamá. En el frente interno, en la misma forma que el remonismo trata de apaciguar todo conato de protesta social y de debate ideológico, el antimilitarismo, que ya había aflorado durante la década anterior, se fortalece y radicaliza significativamente a partir de la creación formal de la Guardia Nacional. Remón encarnaba la represión y la negación de las libertades “democráticas” en Panamá. Con él se pone en evidencia el autoritarismo oligárquico militar que se venía gestando desde la década anterior. Quizás, el temor y la suspicacia de un sector de esa aparente unidad —el oligárquico— termina con el proyecto remonista y con la vida de su progenitor”. (Ricord, s.f.).

Para Araúz y Pizzurno:

El extraordinario poder cimentado por Remón le había granjeado enemistades también poderosas a lo interno del territorio nacional […] Con mano férrea, amordazando la prensa, sacrificando las libertades individuales, acallando a la oposición y subyugando a los poderes del Estado, Remón Cantera le imprimió orden y estabilidad a la nación. Rápidamente, se percibieron los resultados, cuando la economía mostró un comportamiento positivo después de muchos años de estancamiento. Ello, claro está, sin olvidar que los Estados Unidos le tendió la mano. Mientras, en 1952, la deuda flotante se elevaba a once millones de dólares, para junio del año siguiente se había reducido a cinco. Se aumentaron los impuestos, principalmente el de la renta, se reformó el sistema tributario, se eliminaron los favoritismos y los sobornos y, como es natural, la hacienda pública mostró signos de mejoría. También se creó el Paz y Salvo Nacional con el fin de detectar a los evasores fiscales. (2000).

En medio de los preparativos para la celebración del Cincuentenario de la fundación de la república, para el cual el gobernante había programado un sinnúmero de festejos, Remón Cantera fue invitado por el general Dwight D. Eisenhower, presidente de Estados Unidos, para viajar a Washington en visita oficial, el 27 de septiembre de 1953. La prensa de la época destacó que: “La despedida, al igual que su regreso el 8 de octubre, en el aeropuerto de Tocumen, estuvo acompañada de una gran movilización de apoyo”. Ambas fueron consideradas por los medios locales como “una de las más impresionantes que se le hayan tributado a mandatario alguno”. (La Nación, junio de 1954).

Desde marzo de 1953, Remón Cantera había hecho saber al presidente Eisenhower, su interés por efectuar una nueva revisión del tratado canalero. Existía un manifiesto interés de parte del gobierno remonista de alcanzar algunas reivindicaciones económico-fiscales. Remón Cantera anunció que Octavio Fábrega y Carlos Sucre Calvo actuarían como negociadores y Harmodio Arias Madrid y Ricardo J. Alfaro como asesores. Cabe anotar que en algún momento también se insistió en “las desventajosas condiciones que mantenían los trabajadores panameños respecto a los norteamericanos en la Zona del Canal”. El 25 de enero de 1955, poco más de veinte días después del asesinato de Remón Cantera, ambas naciones firmaron el tratado de Mutuo Entendimiento y Cooperación con el documento adicional denominado “Memorándum de Entendimientos Acordados”, mejor conocido como tratado Remón-Eisenhower, el cual determinaba “el aumento de la anualidad del Canal a 1 930 000 dólares; se estableció que los comisariatos ya no abastecerían a las naves en tránsito; que sólo los norteamericanos residentes en la Zona del Canal podrían comprar en dichos establecimientos comerciales; los ciudadanos panameños que residieran en la Zona del Canal debían pagar impuesto sobre la renta a la República de Panamá; se le devolverían terrenos y edificios a Panamá, así como las tierras de Paitilla y la estación del ferrocarril. En el aspecto social se asumía el compromiso de establecer condiciones laborales igualitarias en la Zona del Canal.

A cambio, los Estados Unidos de América recibían autorización para realizar maniobras militares en Río Hato durante quince años, lo que encajaba perfectamente con la política de la Guerra Fría, sin olvidar que el control de este sitio había sido una vieja aspiración de Washington. Asimismo estipuló la reducción del 75% del derecho de importación de licores que se compraban en Panamá con destino a la Zona del Canal. Pero Panamá también había cursado otras solicitudes que Washington no aceptó, entre ellas que la bandera panameña ondeara junto a la norteamericana en la Zona del Canal; que se establecieran tribunales de justicia mixtos; la utilización de sellos postales panameños; el reconocimiento de los exequatur otorgados por Panamá a los cónsules extranjeros; el cese de la concesión a perpetuidad de la Zona del Canal; el fin de una anualidad fija.

Algunas de estas demandas adquirieron fuerza en los años subsiguientes y dieron origen a movimientos nacionalistas y estudiantiles que desembocarían en el 9 de enero de 1964. A sesenta años del asesinato de José Antonio Remón Cantera, poderoso político y principal promotor y protector del militarismo en Panamá, desde los cuarteles primero y luego durante su paso por la Presidencia de la República, éste sigue cubierto con el manto de la impunidad con la que se perpetró. Persiste el rastro que no ha cesado de levantar las tempestades propias que despierta, en una sociedad como la nuestra, la admiración y el odio de una figura que, aunque carente de simpatías, fue verdugo y víctima de la adulación a las ideas políticas dominantes de un país como el nuestro, que no termina de ser, ante todo, una expresión geográfica, hasta tanto no logremos ser capaces de acumular las fuerzas sociales necesarias para encaminarnos hacia un mismo fin.

 

 

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