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    César Del Vasto

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José Renán Esquivel

by: César Del Vasto

Perteneció a once sociedades profesionales nacionales e internacionales, participó en más de 70 eventos internacionales, escribió y publicó cerca de 60 ensayos y monografías relacionadas con su experiencia profesional, incluida la serie Salud Integral. Ese legado presente y futuro es guía de nuestro pueblo, una fuente inagotable que marca el camino para nuevas batallas.

Meet the Author
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Licenciado en Historia por la Universidad de Panamá. Ganador de premios en concursos nacionales de poesía, ensayo y monografías. Autor de los siguientes libros: Breve historia del cine panameño (con Edgar Soberón Torchía), Breve historia del movimiento de liberación nacional; Roberto Durán Samaniego, hombre y mito; Diógenes De la Rosa, un hombre de ideas; Historia del Partido del Pueblo. Historia del Partido Comunista de Panamá; Historia de la Fotografía panameña; La televisión panameña; Universidad de Panamá, orígenes y evolución; Rogelio Sinán, e pur si muove. También ha publicado algunos ensayos en Cuba y España. Actualmente colabora con el diario La Estrella de Panamá, y desarrolla algunos proyectos en materia cinematográfica y nuevos estudios de historia panameña, y latinoamericana.  
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Overview

A principios del siglo xx, las familias eran patriarcales en la mayor parte del mundo, y varias generaciones, junto a sus vástagos, convivían bajo el mismo paraguas. Con el pasar de los años, la llegada de migrantes, el éxodo del campo a la ciudad, y la expansión educativa entre el sexo femenino fueron creando las condiciones a un cambio de valores que se refleja en la organización familiar. Se va pasando de la familia nuclear al madresolterismo, donde el número de miembros promedio aumenta guiados por un adulto, inclusive crece el número de familias sin hijos, es el cambio de época, los valores y las familias se transforman en aspectos más negativos que positivos, y cuyo eje regulador es la crisis de un sistema que degrada la condición humana.

En el conglomerado social panameño no existe un ideal o un tipo de familia, sino más bien varios tipos que, posiblemente, comparten algunos rasgos. Su tamaño promedio es de casi cinco personas. La familia conyugal (matrimonio sin hijos) representa 8% de las empadronadas —según informe de la Comisión Nacional para la Familia—. La familia nuclear (ambos padres o uno de ellos, y los hijos solteros), el 55%. La familia extensa (padres, hijos y otros parientes) el 37%, La mujer es la “jefa” en 21% de los hogares, de ellas, 10.4% casadas, 13.6% unidas, 34.6% solteras, y 3.9% divorciadas. 71.6% de los niños nace de padres no casados, y de ellos, aproximadamente el 50% tiene estable solo a uno de sus padres, y estas son cifras de 1982, en la actualidad el deterioro se profundiza tres veces las cifras señaladas.

Durante ese pasado cercano, hace su aparición el imperio de las mercancías desechables, las ideas psicoanalíticas de Sigmund Freud, donde se enfrentan la vida y la muerte, y los avances de la bioquímica han dado fuerza a tratamientos sustentados en medicamentos. Sobre este último aspecto, muy actual en nuestro deficiente sistema de salud, tenemos:

La industria farmacéutica es una de las más lucrativas del mundo; desde el punto de vista de su redituabilidad suele ocupar el primero o segundo lugar mundial desde mediados del decenio de los cincuenta. A fines de los años sesenta, en Estados Unidos, y en Gran Bretaña el sector en su conjunto ganó respectivamente 21 y 26% sobre el capital empleado, frente a 13% que lograron en ambos países todas las actividades manufactureras. Las empresas mayores (Pfizer, Hoechst, Sandoz, Wander, Ciba, etc.) generan más ganancias que lo indicado por estos promedios. En 1972, por ejemplo, las dos principales empresas inglesas, Boots y Beecham, obtuvieron respectivamente 45 y 41% sobre el capital. En el mismo año, sólo una de las cien mayores empresas inglesas, Rank Xerox, resultó más lucrativa que esas dos. En los sesenta y setenta, las empresas farmacéuticas estadounidenses obtuvieron con frecuencia utilidades superiores a 40% (y aun de 50%) del capital neto. Las tasas de ganancias de las empresas transnacionales farmacéuticas en el tercer mundo son a menudo superiores a las que obtienen en los países desarrollados. 

Eso explica que anualmente millones de niños, sin mencionar adultos, mueran de enfermedades curables, a falta de algún medicamento. ¿No será acaso real que muchos médicos cobran aparte de las recetas que firman? ¿No será la salud un negocio lucrativo para unos cuantos?

Todas las constituciones latinoamericanas proclaman el derecho a la salud para todos. Parece casi innecesario argumentar, nos dice Bernardo Kliksberg (2006), que esta es una meta central para cualquier sociedad democrática. Al mismo tiempo, la salud de la población de un país es un pilar de la productividad, la competitividad y el desarrollo. ¿Quién puede oponerse a ello? Existen graves problemas de inequidad en este aspecto. A pesar de los avances, aún persisten graves brechas en aspectos básicos como la mortalidad infantil, materna, y esperanza de vida, entre países y dentro de ellos.

Estas desigualdades tienen que ver con el acceso a servicios de salud (el 46% de la población no tiene cobertura de seguridad social en salud, y el 17% de los partos no son atendidos por personal capacitado), pero también con factores externos a los sistemas de salud, como la disponibilidad de agua potable (152 millones de latinoamericanos carecen de ella), grandes déficits de instalaciones sanitarias y de electricidad, y con las insuficiencias en educación (la tasa de escolaridad general en nuestro continente es solo de 5,2 años). La salud depende de condiciones económicas básicas, igualdad de oportunidades, brindar servicios fundamentales, fortalecer el capital humano y social, entre otros aspectos.

Amartya Sen se preguntaba, ¿Por qué países muy modestos, con un reducido producto bruto per cápita, tienen una mayor esperanza de vida, muy superior a otros donde aquel es mucho mayor? Su respuesta es que son menos desiguales; en ellos la salud y la educación son prioridades reales, hay políticas públicas activas y la sociedad las apoya. Al hablar hoy de la significación de un médico en el cuarto mundo del presente siglo, habría que decir que es aún más relevante, cuanto que es el representante del pensamiento renovador de un sector importante de nuestra sociedad, y más aún cuando este asume posiciones a favor de lo social, del ser humano, o de una revolución sanitaria, es decir una visión integradora del conjunto de problemas con el fin de buscarle soluciones.

Necesidad de cambios

Estados Unidos había hecho de nuestro país un paraíso gringo del ron, el juego, la droga y la prostitución, con la llegada de miles de soldados embrutecidos, verdadera carne de cañón, que usaban sus encorbatados en Wall Street para abrir mercados a sus mercancías a costa de la vida de estos miserables. La población panameña aún no llegaba al millón, y en sus calles la población trabajadora sufría de la depresión económica provocada por la culminación de los trabajos del Canal (1904-1920), casatenientes, comerciantes y gamonales en el gobierno reprimen cualquier protesta, o petición de justicia salarial. Se constituye el Sindicato General de Trabajadores, que convoca en octubre de 1925 a una huelga contra el alza de alquileres. La asistencia es masiva y rebasa la capacidad de respuesta del gobierno y sus “pueblerinas fuerzas policiales”, por lo que solicitan la intervención estadounidense.

Mediante la Constitución de 1904 y los tratados colonialistas de 1903. Estados Unidos “garantiza la independencia” y “vela por la seguridad”; respaldados en esas cláusulas, el ejército estadounidense acantonado en la colonia interviene en el protectorado que lleva el rótulo de “República”, reprime a los trabajadores y desocupados, y asesina a varios panameños. Meses antes el estadounidense Richard O. Marsh había apoyado un levantamiento indígena en la reserva de San Blas, que dejó su secuela de caídos en combate y asesinados. Ese era el panorama nacional el 21 de noviembre de ese año, cuando nació José Renán Esquivel Oses, nombre con el cual fue bautizado el hijo de Ricardo Esquivel y Adriana Oses, en la orgullosa y oriental ciudad de David, en la provincia de Chiriquí. Era el mayor de cuatro hermanos. Esquivel recordaba siempre su infancia, sus orígenes y la profunda influencia ejercida por su madre, de origen alemán.

[…] fue mi madre quien influyó definitivamente en mi formación. Decía ella que había que trabajar con la gente, los campesinos, con la gente más humilde. Y había que estar cerca y ayudarles a que pudieran mejorar […] mi madre nos leía; también en alemán; ella era de Bremen. Siempre nos estimuló. Nos animaba a sembrar la tierra, a desarrollar la agricultura, que era una debilidad de ella. Ella decía que ahí era donde se producía el alimento, que no viene de otro lugar. No viene del aire, nos decía.

En ocasiones, ante la mirada siempre atenta de sus invitados, se detenía ante su retrato que estaba colocado en un sitio especial de la sala y como una forma de venerar su recuerdo decía: “Mi madre me insistió siempre que estudiara las lecciones gratuitas de la naturaleza. Y además me decía que todas aquellas personas que tuvimos la oportunidad de estudiar debemos compartir nuestros conocimientos, sobre todo con quienes menos tienen materialmente”.

El joven José Renán estudió la primaria en su provincia, para luego proseguir sus estudios secundarios en el Instituto Nacional, de donde se graduó con notas sobresalientes a principios de los años cuarenta. Según relató a Ileana Gólcher, sus padres decidieron trasladarlo a la ciudad de Panamá; en el colegio se destacó siempre por su disciplina y pasión ante los misterios y posibilidades de la ciencia. Obtuvo una beca del Estado, con la cual viajó a estudiar en la Universidad de São Paulo. Permaneció en Brasil cinco años, sin regresar a su país hasta el momento de su graduación como donde se graduó de licenciado en Medicina, en 1950. En entrevista con Kurt Dillon y Jorge Ventocilla (2008), explica así su inclinación por la medicina: “Mi interés en la medicina empezó desde muy chiquillo. Tenía esa influencia de mi mamá que decía que había que ayudar a la gente que no tiene a nadie: toda la vida escuché esto de ella”. Durante esos años de formación en Brasil, se suscribió a los planteamientos revolucionarios de Paulo Freire y a la acción político-social de los socialistas suramericanos. Mantuvo una visión crítica de la realidad económica y política; asumiendo su profesión como un apostolado, esa fue su manera de mostrar ese nuevo compromiso. Reconoce de forma profunda lo que Celso Furtado argumentó sobre la cultura de ese país suramericano:

Así, despreciado por las élites, el pueblo continúa su proceso formativo con autonomía considerable, lo que permitirá que las raíces no europeas de su cultura se consoliden, y que su fuerza creadora se expanda sin inhibiciones, en un proceso desigual al de la cultura de la clase dominante. La diferenciación regional de Brasil se debe, esencialmente, a la autonomía creativa de la cultura de raíces populares.

Esto se reflejaba principalmente en el desprecio a los pobres. Durante esos años Esquivel observó:

El nordeste de Brasil es, en la actualidad, la región más subdesarrollada del hemisferio occidental. Gigantesco campo de concentración para treinta millones de personas, padece hoy la herencia del monocultivo del azúcar. De sus tierras brotó el negocio más lucrativo de la economía agrícola colonial en América Latina. El latifundio azucarero, estructura del desperdicio, continúa obligando a traer alimentos desde otras zonas […] a precios crecientes. El costo de la vida en Recife es el más alto de Brasil, por encima del índice de Río de Janeiro […] más de la mitad de los niños que nacen muere antes de llegar al año. La prostitución infantil, niñas de diez o doce años vendidas por sus padres, es frecuente en las ciudades del nordeste. La jornada de trabajo en algunas plantaciones se paga por debajo de los jornales bajos de la India.

Esto lo impactó dramáticamente. Por aquellos años dominaba la escena nacional brasileña el caudillismo populista del cuatro veces presidente Getulio Vargas, quien en una segunda etapa de gobierno se enfrentó a los grandes intereses transnacionales. Para ese entonces, Panamá pertenecía a la Zona III de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), junto a Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, con sede en Guatemala. Este organismo desempeñó un papel de primer orden en la lucha contra el Aedes aegypti, transmisor de la fiebre amarilla, cuando la misma reapareció con cierta gravedad en nuestro país (1948) y se extendió a los demás países centroamericanos. El joven Esquivel analizó y participó en las acciones, sensibilizándose con la niñez, que era la más sufrida por la falta de atenciones básicas. Ello lo motivó a especializarse en Pediatría, en el hospital Infantil de México, donde obtuvo su grado en 1956.

En una de sus vacaciones, de regreso al suelo patrio, prestó sus servicios en el cuerpo médico del hospital del Niño, y el 18 de enero de 1954, fundó junto a otros siete destacados pediatras la Sociedad Panameña de Pediatría. Conoció de primera mano las recomendaciones del doctor Isidore S. Falk, mediante su estudio “La salud en Panamá, un Estudio y un Programa”, realizado en 1956, donde señalaba la necesidad de la centralización normativa y la descentralización ejecutiva del sistema de salud, y la creación de las direcciones regionales de salud pública (coordinaciones), es decir, de colocar todos los recursos en una sola administración estatal, producto de encontrar cuatro deficiencias graves en el sistema: duplicación de servicios, personal e instalaciones físicas, así como derroche de presupuesto. Este era el reflejo de un Estado débil, donde la empresa privada, corriente de transmisión de las transnacionales estadouniden ses, medraba el erario beneficiando a millonarios extranjeros y sus aliados oligárquicos enquistados en el Gobierno.

Nunca dejó de participar junto a sus colegas en la toma de decisiones a favor de un sistema acorde a los tiempos, que humanizara la profesión, la cual ha perdido su sentido ante el avance del mercantilismo y de la denominada “mafia blanca”. Le impactó un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), del año 1957, según el cual en Vitoria, comunidad brasileña cerca de Recife, la deficiencia de proteínas en la población infantil “provoca en los niños una pérdida de peso de un 40% más grave de lo que se observa generalmente en África”. Esta realidad de una nación donde estudió, la comparó con la de su nación y llegó a la conclusión de que no existían grandes diferencias. La salud aún no llegaba a vastas regiones, donde morían niños por falta de medicamentos que acaparaban minorías selectas y a costos inalcanzables, producto de la pobreza en un protectorado de Estados Unidos, verdaderos cómplices de tanta injusticia contra un pueblo indefenso. En 1959 tomó cursos internacionales en su especialidad en Suiza y Alemania. Durante su estadía allí escribió uno de sus primeros estudios, publicado en la revista Tierra y Dos Mares, titulado “Problemas médicos”, donde sostiene:

El niño panameño además de sufrir los padecimientos de cualquier parte, es un niño del trópico, y con los problemas de él mismo, para lo cual no se le han dado todos los recursos para protegerse. Para tratar a nuestros niños vivimos pensando y copiando planes de otras regiones sin fijarnos frecuentemente en la realidad nuestra. Según el último informe para el año 1958, del Departamento de Estadística de la Contraloría General de la República, tenemos que la causa más alta de mortalidad en niños corresponde a ‘Gastroenteritis, Lesiones de Pulmonía, Sarampión, y Tuberculosis’. Para nosotros que trabajamos en hospitales, tenemos a la desnutrición, la pobreza y la falta de educación sanitaria, como la causa principal de esas muertes… de cada 1000 niños, que nacen vivos en el país mueren 58 y eso que tenemos escasamente un millón de habitantes…

Sobre la crisis de la familia argumentó:

…de 37 485 niños nacidos vivos sólo 9 768 eran de matrimonios constituidos, y 26 020 eran hijos de padres sin que mediase ese recurso moral. Hay muchos hogares transformados en casinos, dedicándosele más preocupación a esa actividad que a la guía del niño […] la crítica y reproche no se le deben hacer a los que viven en casas brujas o en condiciones inadecuadas, sino a los que con recursos para ayudarlos no lo hacen.

En pocas palabras, el Estado y la empresa privada tienen abandonado al niño panameño en general, a las familias en particular y a la madre en lo individual, y solamente egresaron de las aulas universitarias 5 médicos en 1961 (Ávila, 1998). Para 1965, la Caja de Seguro Social contaba con 300 médicos a nivel nacional, distribuidos así: 164 con carácter de funcionarios, 226 laborando en la capital y 74 prestando servicios en los hospitales del interior. En cuanto a servicios médicos a la niñez, existían once clínicas pediátricas, que funcionaban 10 horas diarias, con un personal de 25 médicos especialistas, cuatro enfermeras graduadas y 17 auxiliares.

Yo tenía interés en participar con la gente, por algo había ido a estudiar. Vi posibilidades. Conocí a Torrijos en reuniones médicas. Cuando me oyó hablar en una de ellas se interesó en lo que decía. Hablaba de los comités de salud, de lo que necesitaban las comunidades: educación, agua, alimento, trabajo, organización… Unimos intereses. El acepta inmediatamente la propuesta de los comités de salud. (Dillon, Ventocilla, 2008).

Esquivel también combatió arduamente la fuga de talentos, la emigración de personal de salud hacia los países desarrollados, en especial a los Estados Unidos. Según un informe de la OPS, entre 1960 y 1965, cerca de 565 médicos latinoamericanos emigraron anualmente a esa nación, es decir el 8% de quienes se graduaban cada año en las escuelas de América Latina.

Director médico del hospital del Niño (1963-1968)

 “El hombre no nace para ser niño, ni para ser adulto ni para ser viejo. El hombre nace para vivir a plenitud cada momento de su vida”

Desde su inauguración, el 1° de septiembre de 1924, la atención hospitalaria se brindaba en dos salas de cuarenta camas para niños en la planta baja del hospital Santo Tomás. El doctor Rodolfo Arce fungía como pediatra y algunos años más tarde se incorporaron los pediatras Edgardo Burgos y Pedro Vasco Núñez. En 1939, el doctor Arce presentó al Club de Leones de Panamá la propuesta de construir un hospital enteramente dedicado a los niños. En febrero de 1947, el presidente del Club de Leones, don Pablo Durán, nombró un Comité Ejecutivo y una Comisión Especial de Colectas para iniciar la campaña en pro del hospital del Niño de Panamá. El propósito era obtener doscientos cincuenta mil balboas para entregar un edificio equipado y en condiciones de ser puesto de inmediato al servicio de los niños. La construcción del hospital del Niño se inició el 14 de mayo de 1948 y se entregó al Club de Leones el 31 de enero de 1950. A la entrada del vestíbulo de esta primera construcción todavía se aprecia en la pared: un medallón de terracota en donde está grabada la efigie de un infante vendado de la cintura hacia abajo y con los brazos entreabiertos, como símbolo de nuestra misión de atender a los pequeños más necesitados.

El primer director médico del hospital fue el doctor Leopoldo Benedetti, nombrado por el patronato en 1959, quien continúo las construcciones hospitalarias. En 1962, el patronato eligió al doctor José Renán Esquivel como director médico y al doctor Pedro Vasco Núñez como subdirector, luego de la renuncia del doctor Benedetti. Esquivel dio un giro revolucionario que empezó a forjar lo que es hoy el hospital del Niño. Ese mismo año se inició la formación de pediatras y los seminarios médicos, así como las residencias pediátricas, que unidas a las de neurocirugía son consideradas las primeras residencias formales en la nación. También sostiene Ileana Gólcher:

Con gran orgullo, Esquivel recordó siempre su ingreso como director médico del hospital del Niño con base a [sic] un concurso ganado por sus créditos profesionales. Fue así que progresivamente se produjo en la institución una serie de innovaciones en la atención infantil; una de las más importantes fue la de incorporar a la familia, principalmente a la madre y al padre al cuidado y atención del paciente. Internacionalmente significó toda una revolución médica, ya que el enfoque tradicional era que las enfermedades fueran atendidas exclusivamente por el médico y su equipo profesional. La enfermedad está escrita en los libros, señalaba el galeno, pero es decisivo valorar a quienes cuidan a los enfermos. Si existe cariño y se permiten los espacios para que se manifieste, las posibilidades de recuperación son más rápidas y efectivas. El principal centro de salud es la propia vivienda en que convive la familia. Los hospitales son el fracaso de la salud; no es que no se necesiten, sino que estos deben poseer una orientación muy humana, recordaba siempre el distinguido pediatra.

Otro de sus rasgos más sobresalientes como director del hospital del Niño fue crear un estilo de administración participativa. Pasaba visita a los pacientes desde las horas más tempranas y acostumbraba supervisar, sin excepción todas las dependencias del hospital. Le preguntaba a cada empleado, sus opiniones, problemas y sugerencias; además probaba la comida para los pacientes, sembró árboles frutales en el patio del hospital que luego servían de alimento para los pacientes. Además, producto de su entusiasmo, logró el apoyo de médicos voluntarios que participaban gratuitamente en los programas. Los días martes eran de estudio e investigación de casos. Se analizaban las enfermedades con base a los diagnósticos de todo un equipo interdisciplinario de salud e hizo siempre énfasis en la visión preventiva que significó varias salas de atención vacías por varios meses. Las estadísticas negativas comenzaron a disminuir y a demostrar que la participación de la familia y la sectorización de los servicios de salud eran piezas claves en la recuperación del paciente.

Convencido de la estrecha vinculación entre la dieta sana y el trabajo productivo inició un intenso programa nacional de huertos comunitarios. Convocó a las comunidades a sustituir las cercas de púas y preferir sembrar árboles frutales en medio de sus cultivos. No conforme con estas directrices, creó una biblioteca especializada en el hospital para que así, cada padre y madre de familia estudiaran las causas y formas de tratamiento de las enfermedades. Simultáneamente, organizó una sala de juegos para incorporar la imaginación infantil a la fase de tratamiento. “Los niños están hospitalizados, explicaba, pero no dejan de ser niños y pueden jugar”. Así el proceso resultaba menos traumático. Logró entusiasmar al equipo médico y paramédico del hospital y los fines de semana eran aprovechados para viajar al interior de la república, sobre todo a las zonas indígenas y de mayor pobreza, para desarrollar así acciones de vacunación y de atención médica integral.

 

Otra realidad era el panorama nacional, que reflejaba el hospital de una manera directa o indirecta, en materia de desnutrición, y que era reflejo a su vez del fracaso de una clase dominante con recursos para dar respuesta a su población. Según datos de encuestas realizadas desde la OPS, en 1967 la desnutrición infantil en Panamá afectaba al 61% de los niños menores de 5 años, con 12% en forma moderada o grave.

Ministro de Salud del proceso revolucionario

Luego de la descomposición política generada a raíz de las elecciones celebradas en mayo de 1968, que polarizó, dividió a la sociedad panameña, se produjo un golpe de Estado ejecutado desde los mandos medios de la Guardia Nacional, el 11 de octubre de ese año. Era la respuesta lógica a la violación de un pacto entre el entonces comandante Bolívar Vallarino, y el presidente electo, el díscolo Arnulfo Arias Madrid, declarado enemigo de la institución armada. Al intentar este último desorganizar a los mandos medios, estos deciden llevar adelante un golpe de Estado con base en un plan de acción elaborado previamente. Surgen dos líderes de este movimiento de autodefensa institucional: el teniente coronel Omar Torrijos Herrera y el mayor Boris Martínez Salazar, se forma una Junta de Gobierno Provisional compuesta de civiles y militares que promete normalizar la situación, mientras que va saneando la administración pública y tomando medidas correctivas.

Se constituye un nuevo gabinete gubernamental presidido por los coroneles José M. Pinilla F. y Bolívar Urrutia P., como vicepresidente. En octubre de 1968, los coroneles Pinilla y Urrutia designaron al doctor José Renán Esquivel ministro de Trabajo, Previsión Social y Salud Pública. Al tener conocimiento de su designación, Esquivel expresó su “satisfacción por participar activamente en la campaña de adecentamiento de la Nación, que se han propuesto los miembros del Gobierno Provisional”. En noviembre del mismo año es distinguido con la medalla de oro Federico Gómez, de México, por su destacada labor en beneficio de la niñez de ese país, y en 1971 recibe el Premio Rómulo Roux. En enero de 1969 se dividieron las áreas del Ministerio de Trabajo y se creó el Ministerio de Salud, autoridad sanitaria que destacaba el desarrollo de los programas de salud con base comunitaria, la participación social, la epidemiología, el control de enfermedades transmisibles y la salud mental. El doctor Esquivel asumió el recién creado ministerio.

En 1968, el grupo de militares dirigentes y responsables de los cambios de gobierno en esa época —testimonia Esquivel—, solicitó al equipo técnico que trabajaba en el hospital del Niño de Panamá, que nos encargáramos del Ministerio de Trabajo, Previsión Social y Salud Pública. Al tomar posesión del cargo, propusimos la creación del Ministerio de Salud, y del Ministerio de Trabajo y Bienestar Social, procurando trabajar con los conocimientos técnicos-científicos en el campo de la salud para lo cual estábamos capacitados, apartándonos del plan político tradicional como se venía viviendo. Desde el momento en que el general Torrijos, junto con el grupo de militares al cual pertenecía, firmó aprobatoriamente el proyecto de creación del primer Ministerio de Salud de Panamá; proyecto conocido posteriormente como el Decreto de Gabinete No 1 del 15 de enero de 1969, se comenzó la revolución en salud en nuestro país. El general Torrijos firmó como comandante en jefe expresándose del documento como excelente en su contenido. Documento que permitiría una nueva modalidad de trabajo y alcanzar una “SALUD IGUAL PARA TODOS LOS PANAMEÑOS”.

 

Posteriormente se ratificó el estatuto orgánico que reglamentaba este decreto (no. 75 del 27 de febrero de 1969), que permitiría un ordenamiento con definición de funciones, tanto a nivel político administrativo superior, como a los niveles técnicos normativos de supervisión y administración y a los niveles ejecutivos operaciones. En nuestro país, los servicios de salud del Estado se habían desarrollado bajo las condiciones sociohistóricas de la población. Se partió de un periodo inmediato a la construcción del Canal con una atención de lo más elevada, donde los consultorios, los equipos y las técnicas no solo eran las mejores, sino las únicas y donde el Estado organizaba y financiaba debidamente estos servicios. En un análisis del sistema de salud, hasta la creación de la nueva estructura que busca unificar para elevar la calidad de los mismos, afirma el doctor Esquivel:

Los hospitales eran únicamente del Estado y para toda la población por igual (administración Porras). Posteriormente, a medida que crecen diferencias sociales, como consecuencia de una creciente desigualdad en las relaciones que algunos sectores establecen con el exterior, los servicios se encarecen y son monopolizados por un sector particular, aunque el Estado continúa subvencionando los gastos de salud del sector privado; pero además un sector importante hace uso de los servicios de salud en el extranjero. Se observaba un deterioro en los servicios estatales constituyéndose en servicios supuestamente de “beneficencia” o de caridad humillantes. La verdad era que los servicios de salud estatales nunca fueron de beneficencia, pero se trataba “políticamente” de identificar como caridad a los servicios que se ofrecían a la mayor cantidad de la población, y que no pertenecían a los sectores dominantes. Se procuraba que un mal servicio hospitalario o una atención inadecuada en una unidad sanitaria no debía provocar alarma ni protesta, logrando cubrir con una etiqueta, el uso del recurso del Estado hacia fines que beneficiaban sólo a un pequeño sector a través de la compra de equipos y de distribución de becas, viajes, pago de sueldos, etc., perjudicándose a la totalidad de la población.

Los políticos trataban de dominar las instituciones estatales más importantes de donde aseguraban la subvención a través de compras y “negocios” ganando comisiones especiales. Además se observaba concentración de horas de especialistas en los hospitales centrales, a pesar de que las necesidades no estaban en las instituciones sino en los lugares donde vivía la gente. Al público para recibir una atención médica idónea le era indispensable recurrir a la gran institución. Naturalmente de esta demanda, se excluían los grupos del sector que usaban los servicios de la práctica privada subvencionadas por el mismo Estado. En esta evolución se introdujo un nuevo e importante elemento que altera la distribución de la oferta de servicios, la Caja de Seguro Social, que integra una política de prestaciones de servicios directos. Hecho motivado por el estrangulamiento que habían sufrido los servicios ofrecidos por las instituciones de la salud pública; pero el Seguro Social fue sometido también al proceso de concentración de recursos humanos y de equipos como habían sido sometidas las instituciones del Estado. A pesar de la posibilidad de crear un servicios de salud único que coordinara e integrara los servicios del Estado, y de la Caja de Seguro Social, para que verdaderamente se beneficiaria al pueblo panameño, esto no fue realizado.

La Constitución nueva, aprobada en 1972, mantuvo y amplió los servicios de salud como responsabilidad estatal, ordenando la integración de estos servicios y asumiendo sus costos. Al año siguiente se inició dicho proceso de integración a nivel nacional, primero la Caja de Seguro Social (CSS) y el Ministerio de Salud (MINSA), luego se hizo en las provincias. Se nombró a un director que coordinara las estructuras y funciones de estas instituciones, en materias de atención médica, salud pública, autoridad sanitaria y prestaciones económicas. “En la ley de creación del Ministerio de Salud de Panamá se tomaron en cuenta las recomendaciones técnicas que permitían desarrollar los programas de salud integrales para todas las comunidades panameñas”, sostiene el médico socialista. En el Decreto de Gabinete No. 401 del 29 de diciembre de 1970, por el cual se constituyen los Comités de Salud de las comunidades, se definen sus objetivos y se coordina e integra su labor con las del Ministerio de Salud.

Cuando creamos los comités de salud —manifiesta Esquivel—, la reacción de la gente en las comunidades fue muy buena: comenzaron a entenderlos como instrumentos necesarios para mejorar. Inicialmente se vieron, desde arriba, con cierta indiferencia; luego ya cambian. Venía gente de fuera, de otros países, a ver esta experiencia, para informarse, con miras al desarrollo en sus comunidades. De El Salvador, Colombia, Venezuela… la gente comenzó a participar buscando mejorar sus condiciones de vida. Y no eran productos mágicos lo que se conseguía: se podía hacer algo, trabajar y tener agua potable, obtener cosas necesarias […] Aprobado este documento por el equipo del general Torrijos. Documento mediante el cual se afianzan las acciones de trabajo de un equipo técnico con el pueblo. Significa la incorporación de la población organizada en las tareas de transformación que son necesarias para producir la salud. La salud comunitaria se convierte en una tarea de organización y producción definida a nivel de la población. El elemento principal se ubica en la organización de la comunidad como los Comités de Salud, y no en el grupo técnico. Lo más importante pasa a ser la gente y su organización.

 

Como se lee, Esquivel lleva adelante junto a un equipo humano cien por ciento panameño, un proceso revolucionario en la salud bajo el lema internacional Salud igual para todos. Siguió de forma sistemática los lineamientos del primer Plan Nacional de Desarrollo (1970-1980), del gobierno cívico-militar, el cual definía políticas públicas a desarrollar por cada sector estatal, imbricándose con las demás fuerzas vivas, inclusive la empresa privada y primordialmente la empresa estatal. Ello permitió adelantar una gestión con la población para que se organizara y participara en mejorar su salud. Con base en un Plan Nacional de Salud se crearon los Comités de Salud en cada comunidad, con el fin de prestar la atención básica en salud. Para hacer efectivos los servicios sanitarios, era preciso “crear las condiciones” con tal fin; así, se construyeron centros y subcentros de salud, acueductos rurales para el acceso al agua potable, se profundizó el saneamiento ambiental, se levantaron huertos comunitarios y escolares, se promovió la lactancia materna, se impulsó el programa materno-infantil y de salud de adultos, se promovió una nutrición de calidad, así como un programa de vacunación, y otro de atención del embarazo y el parto, entre otras acciones.

La forma de trabajar de los centros de salud cambió y ese personal ya no esperaba a los pacientes en su recinto sino que salía a buscarlos de casa en casa apoyándose en los comités de salud y sus líderes comunitarios para llevar salud a la población. Crea en el hospital la enfermera Asistente Técnica Pediátrica que formaba estos profesionales, las capacitaba y las envía en vehículos de la institución a ver los pacientes en su comunidad…

Partiendo de sus reflexiones en materia de medicina social, y de la premisa “Todos nos educamos en comunidad”, llevó a la práctica los convenios de la OMS y la OPS, consistentes en renovar la formación médica tradicional, impulsar la medicina comunitaria y enlazar los sistemas de salud, previa integración, con el desarrollo nacional, local y social, enfocándolos a la atención primaria de salud. Nacía de esta forma la medicina comunitaria. Al respecto, afirma Esquivel:

La promulgación de la Ley 401, por medio de la cual se organizan  las comunidades, es uno de los instrumentos más valiosos que ha creado la revolución y que ha permitido la colocación de los servicios de salud en un nivel comunitario.

Las concepciones revolucionarias en que se basaba el sistema consideran la salud como el resultado de cuatro factores: la biología, el medio ambiente (que incluía a la sociedad), los servicios de salud, y los modos de vida. El lema central para llevar esa atención primaria, casi preventiva, a todos los seres humanos fue: Salud para todos. El Ministerio de Salud lo difundió a nivel nacional, en cada una de sus acciones modernizadoras tanto del Estado, como en la búsqueda de participación organizada de la comunidad. Esta política respondía a una concepción integral de la salud para la cual el ser humano desde su nacimiento hasta su muerte modifica el medio ambiente para un desarrollo óptimo del individuo y de la sociedad.

Para lograr ese estado óptimo de salud es necesario poner a su alcance todos los recursos de salud y control de las enfermedades existentes en el país y trabajar con la comunidad. Claude Vergés (1990), especialista en temas de salud, sostuvo que en la década de 1970 la modernización del Estado y de la sociedad, necesaria en esta nueva etapa del modelo transicional, permitió el desarrollo de los programas de atención primaria, con el aumento y la descentralización de los centros de salud, la construcción de acueductos y letrinas, la campaña de huertos comunitarios y escolares, campañas sistemáticas de vacunación, giras médicas, educación constante del personal sanitario, sistemas de agua potable, comités de salud escolar, elaboración de programas básicos de trabajo (en áreas como salud materno infantil, medicina de adulto, saneamiento ambiental, administración, y organización y educación en salud de la comunidad) y, no menos importante, la creación de los comités de salud, pieza clave de participación activa en la ejecución de los programas.

Vergés, analista de nuestro sistema de salud, sostuvo que cuando en Europa se discutían los beneficios de la presencia familiar en los hospitales, ya el doctor Esquivel había abierto las puertas de los mismos dentro de una concepción amplia, democrática y revolucionaria, integral, donde la enfermedad es el último eslabón y no el primero de una cadena preventiva, y cuyo eje es el ser humano. Cumplida la fase fundacional, y en medio de la esperada crisis del petróleo, el doctor Esquivel renunció al Ministerio de Salud,  por razones personales. A su salida del cargo, retornó con ahínco a sus clases como profesor de Medicina Preventiva y Clínico Especial de Pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Laboró como profesor universitario de 1974 a 1987. En el hospital del Niño, del cual fue director 27 años, impulsó la protección de esta población con un enfoque comunitario, basado en la premisa: “Las enfermedades no están en los hospitales, están en la comunidad”. Para el doctor Alberto Bissot, hijo, Esquivel fue el creador, desde el ministerio, de la sectorización (los niños se hospitalizaban según su área de procedencia y el pediatra que los veía en el centro los seguía viendo en el hospital). Hizo un cambio de enorme repercusión al permitir que los padres acompañaran a sus hijos en el hospital y participaran en el manejo de su enfermedad. Esta acción fue luego imitada por los demás hospitales de América Latina. Fruto del dinamismo de la dirección se obtuvo una visión integradora de los problemas de salud, se aceleraron procesos de gestión y servicios.

Dentro de las acciones de salud propiamente tales, este gobierno (cívicomilitar) dio la mayor prioridad —enfatiza Esquivel—, a aquellas que pagan mayores dividendos a la población a un menor costo para la acción pueblo-gobierno. Ello quiere decir que estamos dando mayor prioridad a las actividades preventivas que buscan la solución de los problemas en sus núcleos de origen, en lugar de las curativas tradicionales, que nos llevan a tratar al individuo en estado avanzado de enfermedad, con grandes limitaciones en sus capacidades físicas e intelectuales, y cuya recuperación y rehabilitación muchas veces parcial, sólo se consigue a altos costos para el Estado y el pueblo.

Mientras laboraba en el hospital de Niño, no dejó de aconsejar al nuevo ministro de Salud. En repetidas ocasiones viajó a las regiones más apartadas a verificar que algunos procesos emanados desde la capital, con recursos y técnicos, se ejecutaran, principalmente en el combate a la desnutrición infantil y la creación de los huertos escolares, coordinando acciones con los asentamientos campesinos, los comités de salud en cada conglomerado humano, y la labor organizada de técnicos de salud. En su momento comentó:

De allí el interés de crear conciencia en las comunidades para que en forma organizada se dediquen al trabajo de la tierra, de modo que el proceso de producción agropecuaria, al proporcionar a la comunidad y a la familia los alimentos que requieren para mantener un adecuado estado nutricional, tienda a borrar progresivamente el diagnóstico de la desnutrición que gravita en forma considerable sobre nuestra gente y que es además el punto de desencadenamiento de otras enfermedades que afectan al ser humano…

En 1978 participó como invitado en la Primera Asamblea Nacional de la Asociación Mexicana de Pediatría. Su claro compromiso se evidencia en estas afirmaciones:

En los países subdesarrollados vemos una parte poderosa y rica de la sociedad que por apropiarse excesivamente de los escasos recursos totales existentes, sacrifican a la otra parte, habitualmente, la más numerosa, a la fatalidad de una mortalidad precoz. En nuestros países la mortalidad infantil está representada en su mayor parte por la muerte de los hijos de los pobres. No podemos como pediatras, continuar con enumeraciones anónimas de los que mueren, pues detrás de cada fallecimiento está un ser humano. Necesitamos saber a qué edad fue su muerte y el porqué de ella. El hombre normal no nace para morir en la niñez. Los índices más altos de mortalidad no afectan a las clases altas. Las tasas globales de muerte que supuestamente pertenecen a todos, realmente pertenecen a la clase más pobre y más numerosa, y no es allí donde las élites médicas concentran sus acciones de ciencia y de trabajo.

Ese mismo año, OMS y Unicef celebraron en Kazajstán, Unión Soviética, la Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud (APS). Contó con la participación de 134 países, 67 organismos de Naciones Unidas y varias instituciones especializadas estatales, que renovaron sus planes nacionales de salud, profundizaron los alcances universales de la seguridad social, y se concretó el lanzamiento de programas orientados a la salud rural, la vacunación infantil preventiva de enfermedades. En esta conferencia se aprobaron medidas contra el uso de “tecnologías apropiadas” (tecnología médica orientada a la enfermedad, tecnología sofisticada o costosa para países pobres que tenía problemas de salud urgentes y básicos como las enfermedades diarreicas, que tenían otras soluciones), la oposición al elitismo médico, y finalmente se favoreció la concepción de la salud como parte y a la vez estímulo del desarrollo socioeconómico. La atención primaria pasó a formar parte integral del sistema nacional de salud; es función central y núcleo principal, domo del desarrollo social y económico global de la comunidad.

Se pasó de un modelo mecanicista a un modelo integralista de salud, que propuso como metas para el año 2000: una educación concerniente a los problemas de salud prevalentes y los métodos para prevenirlos y controlarlos; una promoción del abastecimiento de alimentos y de una adecuada nutrición; un adecuado suministro de agua potable y de servicios sanitarios básicos; atención de la salud materna e infantil que incluya la planificación familiar; inmunización contra las principales enfermedades infecciosas; prevención y control de las enfermedades endémicas locales; tratamiento apropiado de las enfermedades y lesiones comunes; y la provisión de los medicamentos esenciales. Estas rindieron sus frutos: se disminuyó la mortalidad en general y la infantil con una cobertura sanitaria de 75% a pesar de todas las dificultades. Fueron años de intensas luchas y transformaciones. El 7 de septiembre de 1977, Panamá y Estados Unidos firmaron los tratados Torrijos-Carter, los cuales revertían en 23 años el Canal de Panamá, desmontan la colonia-enclave de la Zona del canal, y retiran las bases militares. En 1979, también triunfan los procesos revolucionarios en Nicaragua, Grenada e Irán.

El doctor Esquivel asistió desde los primeros días como conferencista, y se transformó rápidamente en asesor destacado del gobierno revolucionario de Nicaragua, en septiembre. El gobierno del presidente Aristides Royo no podía quedarse atrás en destacar la valía de este médico socialista, y lo condecoró con la Orden Vasco Núñez de Balboa, en Grado de Gran Oficial, en diciembre de ese año. Alberto Bissot (hijo), quien trabajo bajo sus enseñanzas, y quien luego sería director del hospital del Niño, comenta:

Hace unos días me hicieron la pregunta: ¿Por qué cree usted que el hospital del Niño es diferente a los demás? Mi respuesta fue automática: por la gente que aquí trabaja. Sobre todo por los que hemos sido tocados por José Renán Esquivel. El hospital del Niño es lo que es […] gracias a él. El supo inculcarnos una forma de ser siempre dirigidas al niño y a su familia. Pero esa enseñanza no iba solo al médico […] tocaba a todos […] profesionales, trabajadores manuales, equipo de mantenimiento, trabajadores domésticos, en fin a todos los que en un momento éramos parte de la familia del hospital del Niño. Los pediatras formados bajo su influencia estamos marcados para siempre. Pensando en el niño y en su familia. Un consejo sabio que siempre nos dio fue “Doctor, escuche a la madre, hágale caso que ella le va a dar el diagnóstico de lo que tiene su niño”. Qué gran verdad.

Director de la Caja de Seguro Social

La salud entra en la categoría de los derechos humanos básicos. Negarla por varias vías es atentar contra el derecho a la vida; por ello es necesaria la inversión permanente, desarrollando políticas públicas agresivas en amplias trochas y caminos. En general el sistema de salud es deficiente en grado peligroso; sus servicios se limitan a atender la enfermedad, existen recursos humanos y materiales (se dice que por el pago de la deuda eterna), ya inicia el proceso de escasez de especialistas, surgen voces atrasadas en contra de la integración, guardando sus privilegios y canonjías, principalmente en el gremio de los médicos. En 1981, el presidente Aristides Royo, lo nombra director general de la Caja de Seguro Social. En una corta gestión genera una serie de medidas que dejan marca permanente en dicha entidad y a pocos meses de culminar su gestión, denuncia un faltante millonario en las arcas de la Caja de Seguro Social, durante la gestión de Abraham Saied. Esquivel, el médico comprometido, seguía marcando la diferencia:

La situación encontrada por el Gobierno revolucionario de Panamá, fue la de la concentración de los recursos y los servicios en las manos de una minoría mejor organizada, más rica, más protegida por empleos y más beneficiada por el progreso y el desarrollo del país. En cambio a la mayoría de la población, la que habitaban los poblados pequeños y en el campo, correspondía a pesar de la magnitud y naturaleza de sus problemas, recursos insuficientes e incapaces de interrumpir el círculo vicioso de desorganización, enfermedad y miseria.

Durante su estadía al frente de la CSS, coordinó el fortalecimiento de la integración de los servicios de salud, elevando la calidad de los servicios, y verificando el cumplimiento estricto de las normas y procesos en todos los niveles, y procurando la búsqueda constante de soluciones frente a los problemas. En junio de 1982, en una entrevista realizada por Raúl Leis, director de la revista Diálogo Social, señaló:

El hombre por ser más sano debe organizarse contra todo lo que le agrede, incluso el mismo hombre. Si miramos esto en el contexto de una población, esta vinculado con la forma que el pueblo se organiza que es la única que dentro de sus metas tiene el conservarse, en esa producción-reproducción que necesita una población para vivir. Los pueblos que no se reproducen, desaparecen. Los pueblos que no producen lo que necesitan sus hijos, también desaparecen […] salud es lucha […] ¿El Seguro Social da la impresión de un gran aparato que se mueve en muchos terrenos con grandes sumas de dinero, pero falta claridad al respecto? Tengo veinte días de estar aquí y estamos haciendo un diagnóstico. Hemos cambiado el organigrama y tenemos en esta institución a 96 auditores responsables de una serie de controles. También tenemos auditoria jurídica. Hemos visto la necesidad de descentralizar para acercarnos un poco más a muchas verdades. De cuatro direcciones que encontramos ascendemos a nueve direcciones en el nuevo organigrama. Esto estaba demasiado concentrado. Hemos volcado todas las auditorías a nivel de Dirección General y además contamos con auditores de la Contraloría General de la República. Es una Dirección nueva con ganas de hacer, no tanto mirando para atrás, sino para adelante que es nuestra responsabilidad. Nuestra lucha siempre ha sido buscar mejoras a la población, que es a la que nos debemos. No he venido aquí con un cariz político sino técnico. Es la forma como siempre hemos trabajado y así venimos a trabajar.

Candidato de los pobres

Consciente de que su papel era luchar por la felicidad de todos en este valle de lágrimas, y de que los malos son muy poderosos, aceptó ser candidato de los pobres en las elecciones programadas para mayo de 1984. El panorama no podía ser menos halagador en materia de salud. A partir de la década del ochenta, se frenó la integración producto de atender el mejoramiento de los controles de la información, contabilidad, costos y compensaciones. El esfuerzo se concentró en el desarrollo local, partiendo desde la base, desde abajo. Esquivel, al igual que el resto de la izquierda comprometida con el país, también observaba las posibilidades concretas de acumular fuerzas a favor de un poder popular, crear un poder dual, que contrabalanceara lo que venía en contra de los menos favorecidos. Para ello, sostiene conversaciones con otras fuerzas de izquierda: los comunistas del Partido del Pueblo, la corriente troskista del Partido Socialista de los Trabajadores, y finalmente con los ultrarrevolucionarios del Partido Revolucionario de los Trabajadores. Con estos últimos construye una propuesta de país, y con ellos adelanta una de las campañas más arduas de su vida política.

El Frente Pueblo Unido ha señalado cuatro banderas fundamentales: la bandera de la lucha por la democracia del pueblo, la bandera por la soberanía nacional, la bandera por la independencia económica, la bandera de lucha por la justicia social. […] Ahora, el Frente del Pueblo Unido ha dado un nuevo paso en su camino de lucha; […] ha elaborado un Programa de Gobierno del Pueblo, que todo el pueblo debe llegar a conocer. En ese programa, el Frente del Pueblo Unido ha señalado con detalle no sólo los problemas del pueblo y las medidas que deben tomarse para empezar a resolver los problemas del pueblo. En ese programa, sobre todo, el Frente del Pueblo Unido, ha señalado una y otra vez que sólo el pueblo organizado, sólo el pueblo convertido en gobierno puede resolver los problemas del pueblo… (Esquivel, 1984, discurso pronunciado en La Chorrera).

Estas palabras fueron pronunciadas como candidato presidencial del Partido Revolucionario de los Trabajadores, junto a la especialista en censos y población, la doctora Carmen Miró, y el exsacerdote Carlos Pérez Herrera, como sus primer y segundo vicepresidentes. Las elecciones se efectuaron el 6 de mayo de ese año. La situación se polarizó —según las encuestas, que por primera vez intervenían en los torneos nacionales—, entre Arnulfo Arias Madrid (candidato del Partido Panameñista) y Nicolás Ardito Barletta (del PRD). Tomaron parte en estas elecciones, otros aspirantes, como Rubén D. Paredes, por el Partido Nacionalista Popular (PNP), que se autodenominó “la tercera fuerza” y el resto son los partidos de izquierda, que no logran unificar su participación. El Partido del Pueblo llevó al abogado Carlos del Cid; el Partido Socialista, al cooperativista Ricardo Barría; el Partido Alternativa Popular, al abogado Carlos Iván Zúñiga, y el PRT, al médico socialista José Renán Esquivel.

Me motivó [a participar] el sufrimiento de la gente, la falta de salud, la falta de organización, de organización también en el Estado. ¿Qué planteaba nuestra plataforma presidencial? Buscar el mejoramiento colectivo, igual para todos. Y todavía ese es el camino, no ha cambiado. Y se puede. Lo importante es que se puede hacer: cambiar el mundo hacia el mejoramiento colectivo. Con principios… No he variado en mis pensamientos. Podemos y debemos cambiar. Con esperanza. Con la esperanza de transformar el ambiente inadecuado en el que estamos, por uno mejor.

Últimas batallas

El doctor Esquivel decidió acogerse a una jubilación definitiva en 1990, en medio del colapso de un régimen al cual no deseaba servir. Se retiró a la comunidad de Bajo Mono Arriba, en el distrito de Boquete, a la finca La Abundancia, donde había sembrado semillas de distintas partes del mundo, disfrutando lo que siempre fue su gran pasión: la naturaleza, la tierra. En su cabeza anidaban ideas sobre el eco socialismo: “Soy buen campesino —afirmaba— y ahora he vuelto a ser lo que somos: trabajadores de la naturaleza”. Junto a su esposa Vilma García, sus hijos Sandra, José Renán, Celisa, María Inés, Juan Ramón, Jaime y Jorge y sus nietos, desde ese rincón del mundo observó los cambios radicales ocurridos con el desplome del campo socialista en Europa oriental. Ernesto Pérez Balladares (1994-1998) heredó la nefasta política posterior a la invasión. Trató de cambiar el rumbo de sus antecesores, envió emisarios a consultar al doctor Esquivel sobre las políticas en materia de salud, y atendió sus recomendaciones. Durante esos años se construyeron nuevos hospitales en Santiago, Aguadulce, San Miguelito, La Chorrera, Las Tablas, y se mejoraron el hospital Santo Tomás y el hospital del Niño. En 1996, la OPS le otorgó el Premio Abraham Horwitz, quien fuera uno de sus destacados directores, y quien sostenía que la salud es un derecho, no un privilegio.

 

No ceja en su empeño de ayudar desde la distancia, y en más de una ocasión varios exalumnos, ministros y personalidades políticas fueron a su finca a pedirle consejo o invitarlo a formar parte de algunos gobiernos posteriores a la invasión. Sin embargo, él no dejó que utilizaran su prestigio, su vínculo con los pobres, su opción preferencial con los trabajadores. Conoció de los informes de la OMS, en 1998, la cual describe:

Los pobres soportan una parte desproporcionadamente grande de la carga mundial de morbilidad y sufrimiento. Suelen habitar en viviendas insalubres y haciendas, en zonas rurales o tugurios periurbanos poco atendidos. Están más expuestos que los ricos a la contaminación y otros riesgos en el hogar, en el trabajo y en sus comunidades. Asimismo, es más probable que su alimentación sea insuficiente y de mala calidad, que consuman tabaco y que estén expuestos a otros daños para su salud. En general, esta situación reduce su capacidad de llevar una vida social y económicamente productiva y se traduce en una distribución diferente de las causas de mortalidad. Las desigualdades y la creciente diferencia entre ricos y pobres en muchos países y comunidades, aún cuando haya un crecimiento económico continuo, amenazan la cohesión social y en varios países contribuyen a la violencia y a la tensión psicosocial.

Ileana Gólcher, quien lo visitaba en su retiro, recuerda:

Para José Renán Esquivel las tareas médicas nunca finalizaron, incluso luego de su jubilación. Siempre comentaba que su horario de trabajo se iniciaba invariablemente desde las primeras horas de la madrugada y acudía a los Centros de Salud de Potrerillos Abajo, Los Anastacios y Boquete, entre otros. “La calidad humana de esas personas es excelente; son en gran medida víctimas de la soledad de la montaña. No hay supervisión, ni nadie que venga a visitarlos”, advertía con signos de evidente tristeza. “La soledad es la peor compañera de los seres humanos y es por eso que seguiré mi tarea hasta el final de mis días”, me dijo en una de las tantas ocasiones que le visité en su querida finca. […] Al preguntarle sobre la vigencia de su postulado preferido, Salud igual para todos su mirada azul se tornaba más serena que de costumbre e insistió siempre en la importancia de sensibilizar a cada persona para conservar la salud como un medio infalible para adquirir bienestar y calidad de vida. “Ese derecho no cambiará nunca, explicaba, por eso tiene que ser una salud igual para todos”. No puede haber distingos, ni hospitales de primera o segunda categoría, agregaba. Todos tenemos derecho a luchar por disfrutar lo mejor de esta época. La primera causa de muerte en la gran mayoría de los hospitales de América Latina sigue siendo la diarrea, subrayaba el infatigable pediatra. De ahí que como Ministro de Salud priorizó el derecho al agua potable y la construcción de acueductos rurales […] la alimentación lo más sana posible sin la presencia de tóxicos lo convirtió en un entusiasta defensor de la agricultura orgánica y la Unesco (1998) con el apoyo técnico de Canal Once, grabó para la posteridad sus reflexiones sobre los peligros de los químicos que envenenan la tierra y que afectan el organismo. “Ya no hay nada que caiga del cielo. Todo hay que producirlo con el trabajo digno de cada día y sin martirizar la tierra”. Además, según él, era necesario agregar otra palabra: libertad. “¿De qué nos sirve tener un hijo saludable, bien vacunado… para que sea esclavo?”. […] Cuando le interrogábamos acerca de las responsabilidades de los servicios de salud no vacilaba en responder: “Atender rápidamente los problemas básicos de cada comunidad, enseñar a investigar la enfermedad y su contexto social, humano. Las universidades generalmente enseñan a atender la enfermedad y no a comprender y educar a los enfermos, afirmaba”.

Iniciando el año 2000 el hospital del Niño le rinde homenaje especial, y en el año 2003 la Sociedad Panameña de Pediatría lo distingue al darle su nombre al XIII Congreso Latinoamericano de Pediatría celebrado por primera vez en Panamá en noviembre de ese año. Allí se entregó el Premio José Renán Esquivel al mejor trabajo de Clínica Pediátrica, y el Gobierno Nacional le otorgó la condecoración Orden General Omar Torrijos, en la categoría de Gran Maestro (2007). Esos eran cariños a una larga vida comprometida, donde visitó varias organizaciones para intercambiar conciencia de las necesidades de los pueblos, entre ellas el Unicef, la OPS, a los pediatras y a la Organización Mundial de la Salud. Algunas de ellas lo eligieron como consultor en sus reuniones sobre la asistencia a la infancia y los programas de salud pública, tanto en áreas rurales como urbanas. Brasil le llamó en varias ocasiones para consultarle sobre sus programas de medicina comunitaria.

Finalmente, en enero de 2009, el Ministerio de Salud creó la Medalla José Renán Esquivel para reconocer el trabajo de personas destacadas en el campo de la salud. El doctor Esquivel fue el primero en recibir este galardón. Aquejado por una afección pulmonar, y próximo a cumplir los 85 años, el maestro José Renán Esquivel falleció el 2 de noviembre de 2010. En reconocimiento a su meritoria labor, el Centro de Salud de Los Anastacios, distrito de Dolega, fue bautizado con su nombre. Legó a la nación panameña varios libros y documentos, entre ellos: Anatomía del poder político y Consejos de Salud, Envejecimiento normal del hombre, entre otros, que aún esperan ser editados.

Perteneció a once sociedades profesionales nacionales e internacionales, participó en más de 70 eventos internacionales, escribió y publicó cerca de 60 ensayos y monografías relacionadas con su experiencia profesional, incluida la serie Salud Integral. Ese legado presente y futuro es guía de nuestro pueblo, una fuente inagotable que marca el camino para nuevas batallas.

 

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