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    Guillermo Medina Matos y Daniel A González Carrasco

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Laffit Pincay Jr.

by: Guillermo Medina Matos y Daniel A González Carrasco

Laffit Pincay Jr. 1946 El triunfo del sacrificio y la tenacidad Por Guillermo Medina Matos y Daniel A. González Carrasco (Foto portadilla: Hipódromo Presidente Remón, Departamento de Relaciones Públicas.) Con una disciplina rígida que observó en todo momento para mantener sus condiciones físicas y un peso mínimo de 117 libras que merecía la atención de […]

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El inicio de ambos en la comunicación social sobrevino en la década de los 50 en el prestigioso diario La Nación gracias a Arturo L. Chelo González Carrasco, jefe de las planas deportivas y excelso maestro en el sentido amplio y generoso del término en el periodismo deportivo, y en transmisiones radiales de carreras de caballos, baloncesto y boxeo. Los hipódromos de Juan Franco y Presidente Remón han sido teatro de sus actividades y colaboraciones fecundas en los intrincados problemas de la hípica panameña. Siempre al servicio de medios de comunicación —radio, televisión y páginas deportivas de periódicos y revistas especializadas en la hípica nacional e internacional— sus atinados comentarios se caracterizan por un alto sentido de responsabilidad, un vehemente propósito de servir a la comunidad y demuestran conocimiento a fondo de los temas tratados. En Medina Matos y González Carrasco hay un palpitar entrañable y un sentimiento exultante por la patria y la hípica. Gallardos, como muy pocos, han dado el impulso debido a esta actividad y un estímulo sincero a comunicadores noveles, sin exclusiones ni cicaterías; alejados de la soberbia de quienes, pretendiendo saberlo todo, se colocan en un plano de superioridad.
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Laffit Pincay Jr.
1946
El triunfo del sacrificio y la tenacidad
Por Guillermo Medina Matos y Daniel A. González Carrasco
(Foto portadilla: Hipódromo Presidente Remón, Departamento de Relaciones Públicas.)
Con una disciplina rígida que observó en todo momento para mantener sus condiciones físicas y un peso mínimo de 117 libras que merecía la atención de los mejores propietarios y preparadores de caballos, Laffit Alejandro Pincay Fernández se estableció como el mejor en la fructífera pero difícil y sacrificada profesión de jinete de caballos de carrera. Nada hacía presagiar en su niñez, que transcurrió al lado de sus parientes como la de cualquier niño que estudia primaria y secundaria en la ciudad de Panamá, que entre las figuras sobresalientes del deporte panameño, Pincay obtendría el mayor número de reconocimientos al traspasar los confines de nuestro país para colocarse como figura cimera en los anales de la hípica mundial. A pesar de que en su inicio tropezó con serias dificultades, del peligroso régimen alimenticio que seguía para mantener el peso ideal, y a pesar de los accidentes que sufrió en su vertiginosa carrera como as del sillín, superó los obstáculos que se le presentaron y a los 28 años ingresó al Salón de la Fama del hipismo estadounidense. Fue gracias a la fuerza de voluntad que siempre lo acompañó que pudo registrar su nombre como el jinete más joven en alcanzar ese honor. Su nacimiento el 29 de diciembre de 1946 llenó de alegría su hogar en el popular barrio de Santa Ana. El profundo sentido humano que lo caracteriza tuvo sus raíces en los principios fomentados por sus padres, Laffit Pincay, jinete exitoso en Panamá y Ve
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nezuela, y Rosario Fernández de Pincay, poseedora de arraigadas virtudes cristianas. Durante su adolescencia fue deportista entusiasta, pero el béisbol, era de su preferencia. Su desempeño en las ligas infantiles como segunda base fue excelente. Llegó a formar parte de la selección de Panamá que participó exitosamente en el Primer Campeonato Centroamericano de Béisbol Infantil, celebrado en la ciudad de Managua, Nicaragua. Su amigo de infancia, Emilio Papito Arosemena1, lo ubica con exactitud respecto a su inclinación hacia este deporte:
Laffit soñaba y aspiraba ser un jugador sobresaliente en el béisbol, y participar, además, en la Serie Mundial o Clásico de Otoño de las Grandes Ligas. Nuestro instructor, Carlos “Mr. Charles” Benítez, al observar el interés y entusiasmo de Laffit por el béisbol, le decía: “jovencito Pincay, escúcheme: su desempeño es bueno, muy bueno, pero usted es hijo de un hombre que fue un gran jinete en el hipódromo de Juan Franco, al igual que su tío Ángel Fernández, olvídese del béisbol, hijo mío, su futuro está en la hípica y no en el béisbol, hágame caso, con sinceridad y mucho cariño se lo digo. Créame, yo lo estimo mucho”. Un día, antes de empezar los entrenamientos, cuando Laffit vio venir hacia nosotros a “Mr. Charles”, no obstante reconocer la nobleza de los consejos que le daba, me dijo: “Papito te apuesto lo que tú quieras que antes de empezar, algo me dice de mi papá. Que yo debo ser jinete. Que juego bien béisbol. Que mi futuro está en la hípica. Cuando lo veo que viene hacia nosotros, quisiera esconderme para que no me diga lo mismo […] No me atrevo a decirle que yo quiero ser beisbolista y no jinete”… (Arosemena, entrevista personal).
1. (*) En la elaboración de esta biografía estuvieron involucrados varios cronistas y periodistas, esfuerzo que fue coordinado desde el principio por Emilio Papito Arosemena Paredes.
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Su iniciación en la hípica sobrevino a los quince años, cuando aceptó trabajar sin remuneración como ayudante de establo, trabajo que realizó con responsabilidad y constancia. Durante ese tiempo, aprovechó la oportunidad que le brindaron algunos preparadores para caminar caballos. En ese ambiente se mantuvo por varios meses en compañía de Chati, mozo de corral a quien recuerda con mucho cariño. Después de largas reflexiones sobre su futuro, decidió mantenerse como ayudante de establo y se matriculó en la escuela de jinetes, sin abandonar sus estudios secundarios. Para poder cumplir con el horario de trabajo, tenía que levantarse a las 4:30 de la mañana; sus deberes escolares los realizaba de 12:30 a 6:00 de la tarde mientras cursaba el primer ciclo del bachillerato. A su hogar llegaba a comer, hacer sus tareas y dormir. Laffit había iniciado sus estudios secundarios en el Instituto Nacional de donde se retiró para poder seguir su sueño de ser jinete, retomando su formación académica en cumplimiento de un compromiso hecho con su madre, doña Rosario, para seguir estudiando en horario nocturno en la Escuela Práctica de Comercio, donde se graduó como Perito Mercantil. La yegua Sheba fue el primer ejemplar de carrera que montó con indicaciones de caminarla en el área de los establos. Dicha oportunidad se la brindó Reginald Douglas, quien lo trataba como un hijo, con mucho cariño y aprecio. Comenta Pincay que tuvo su primer gran susto como jinete con el caballo Batistín cuando al ejercitarlo sin silla (“a pelo”), apenas entró a la pista el caballo “arrancó” y no se detenía. “Al cabo de varios minutos se cansó y se detuvo. Entonces, muy asustado pude controlarlo”. Luego de este incidente continuó ejercitando caballos y desempeñándose como ayudante de establo. A comienzos de 1964, apenas cumplidos diecisiete años, Laffit recibió la licencia que lo acreditaba como jinete aprendiz. Bolívar Moreno, profesor de la escuela de jinetes, lo reconoció como uno de los mejores de esa promoción.
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El 16 de mayo obtuvo su primer triunfo en el hipódromo Presidente Remón con el ejemplar Huelen, el mismo que guio el día de su estreno. Con una experiencia de cuatro meses, dejó atónitos a los entendidos por la conducción serena que le dispensó al caballo Alucinado II, en el Clásico Independencia de los Estados Unidos de América. Fue esta su primera victoria en un evento de importancia. En su primer año de competencia participó en 362 carreras: 64 victorias, 76 segundos, 64 terceros, 63 cuartos puestos y fuera del marcador en 95 ocasiones. Empezaba a destacarse dentro de la profesión como uno de los valores de la juventud panameña de su época. Un año después, en 1965, ganó los clásicos Guardia Nacional, Junta de Control de Juegos, Eduardo Chiari y Carolina Méndez de Chiari, Ernesto Neco de la Guardia y Ernesto de la Guardia hijo, Cuerpo Diplomático y Raúl Espinosa. De 1964 a 1966, en Panamá, participó en 1,385 eventos y obtuvo 445 victorias y acumuló jugosos premios. En 1966, antes de partir hacia Estados Unidos se adjudicó otros clásicos: Año Nuevo, Francisco Arias Paredes, también conocido como clásico velocidad, Presidente de la República, Heraclio Barletta Bustamante y Ernesto Navarro. El eco de su fama de buen jinete crecía y despertó interés en Estados Unidos. El magnate hípico Fred W. Hooper, propietario de numerosas cuadras en la hípica de su país y conocedor del desenvolvimiento de la hípica en Panamá, se interesó sobremanera en adquirir los servicios de Laffit. Por sugerencia de su padrastro, Juan Aguirre, y a pesar de la renuencia de su madre Rosario, el jinete viajó hacia Miami con el propósito de reunirse con Hooper. Hooper le propuso un pacto de tres años de duración durante los cuales Laffit tenía la obligación de montar y ejercitar los caballos de su propiedad o bajo su preparación, por la suma de 500 dólares al mes; derecho a montar caballos de otro propietario o preparador cuando ninguno de sus ejemplares estuviera en competencia; si ga
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naba alguna carrera, tenía derecho a un 10% del premio neto, pagar los impuestos establecidos por el gobierno y un 20% de su ganancia para su agente de montas. Este contrato no ofrecía un gran salario para Pincay porque en Panamá durante ese tiempo, sus honorarios semanales eran mayores. Sin embargo, esta realidad no impidió la firma del convenio. El jinete estaba plenamente convencido de que después de tres años de actuación, estaría ganando grandes sumas de dinero. Finalmente acordaron que los documentos de su residencia serían enviados al cónsul de los Estados Unidos en Panamá, tan pronto recibieran la aprobación de las autoridades correspondientes. Antes de que llegara la autorización, aprovechó para comprarle una casa a su madre. Al cabo de siete meses de comunicación con los funcionarios del Consulado de Estados Unidos en Panamá y al no recibir información acerca de su permiso de residencia, comenzó a inquietarse y decidió viajar a Puerto Rico. Poco después de su llegada a la isla caribeña, la buena fortuna puso en su camino al hípico panameño Roberto de la Guardia, quien a través de sus vínculos en el mundo hípico estadounidense, lo pondría en contacto con Camilo Marín, agente de montas del jinete panameño Braulio Baeza. Laffit escuchó con interés las recomendaciones que le hizo De la Guardia. Confiado, emprendió viaje hacia Nueva York, donde tuvo oportunidad de conocer y tratar por vez primera a destacadas figuras de la hípica angloamericana, un mundo en donde no siempre encuentran acceso los jinetes noveles, y mucho menos los procedentes de Hispanoamérica. En el hipódromo de Aqueduct conoció a Camilo Marín, quien a través de Roberto de la Guardia había recibido una información completa de Pincay como jinete y como persona. Luego de conocerlo, Marín se interesó en conseguirle un contrato para que pudiera quedarse en los Estados Unidos. Llamó a un propietario que podría estar interesado en los servicios de Pin
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cay como jinete que, para sorpresa de Laffit, resultó ser Fred W. Hooper. En este nuevo encuentro, aclarada la demora con relación al envío de los documentos de residencia, Hooper le propuso viajar a Chicago para que montara algunos caballos en Arlington Park durante los cincuenta y cuatro días que le quedaban de su visita. Laffit aceptó la propuesta y se trasladó a la ciudad de Chicago. Laffit Pincay Jr. inició su actividad como jinete de las pistas estadounidenses el 1 de julio de 1966 en el Hipódromo de Arlington Park. Su estreno, del cual salió victorioso, resultó sorprendente por la conducción impecable que le dispensó al ejemplar Teacher´s Art, propiedad de Fred Hooper y preparado por J. E. Tinsley Jr. En las siguientes dos semanas ganó siete carreras de once que le asignaron. De estas victorias una fue con el ejemplar Olympia Site en el Hyde Park Stakes, la primera carrera de jerarquía que ganó y cuyo premio fue de 30 000 dólares. Este inicio del joven jinete panameño anticipaba la que sería su extraordinaria carrera. Dos semanas después, Hooper le comunicó telefónicamente que en el Consulado de Estados Unidos en Panamá ya estaban los documentos que le permitirían desempeñarse legalmente como jinete. Luego de recibirlos, comenzó a prepararse con el fin de enfrentar la decisión que había tomado y que determinaría el resto de su vida. Al despedirse de su madre, hermanos, padrastro, familiares y amigos, abordó el avión conmovido hasta las lágrimas. En el aeropuerto de Chicago lo esperaban Fred W. Hooper y su preparador J. E. Cotton Tinsley y Camilo Marín, su agente de montas, quienes le habían preparado un apartamento de dos habitaciones, una cocina, una sala grande amueblada con un televisor a colores. A pesar de que Marjorie Everett, dueña del hipódromo de Arlington, hacía todo lo posible para que la nueva vida de Laffit fuera confortable, los primeros meses le resultaron muy difíciles. Alejado de sus familiares y amigos, y sin saber hablar inglés, se sentía aislado. Al finalizar la temporada en el hipódromo de Arlington, Laffit y su agente de montas consideraron propicio el momento para
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trasladarse al hipódromo de Hawthorne en Illinois. En ese nuevo escenario sus triunfos no se detuvieron y su actuación resultó satisfactoria. Cumplida esa etapa, viajó a Nueva York con el propósito de actuar en el famoso hipódromo de Aqueduct. El reconocimiento como jinete de primer orden en los hipódromos donde se desempeñó con lujo de eficiencia y elevada categoría profesional, fue aún mayor en el hipódromo de Aqueduct al ocupar el segundo lugar en la estadística de jinetes al final de la temporada, acontecimiento que en la historia de esta pista jamás se había dado con un jinete recién llegado. Durante la primera etapa de su permanencia en la ciudad de Nueva York, la mayoría de sus amigos era de habla hispana: Ángel Cordero, Eddie Belmonte y el panameño Manuel Ycaza quien le mostró gran afecto y lo invitaba a bailar en los centros nocturnos de Manhattan. Después de sus actuaciones en los hipódromos de Arlington, Hawthorne y Aqueduct, los periódicos en sus páginas deportivas y las revistas especializadas en hípica lo señalaban en sus comentarios, con talla de gran jinete. Acompañado por su agente Marín, llegó al hipódromo de Santa Anita, en Arcadia, California, con entusiasmo y empeño capaces de conducirlo a los más altos logros. A pocos días de presentarse en ese prestigioso hipódromo, con una monta excelente, venció en gran forma a Walter Blum, uno de los mejores jinetes del circuito de California. Este hecho tuvo lugar el día de su cumpleaños y Laffit con el fin de celebrar ambos acontecimientos, invitó a Camilo Marín a una gran cena. Mientras esperaban que les sirvieran, Millie, hija de Bill Radkovich, constructor de la pista del hipódromo de Hollywood Park, llegó al restaurante. Al advertir la presencia de Laffit y Camilo, Millie se acercó a su mesa con el propósito de elogiar a Laffit por su gran triunfo sobre Blum. Al enterarse de que cumplía años, los invitó a que compartieran con ella y sus amigos la mesa que había reserva
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do. Millie les presentó a su hermana Linda y a su grupo de amigos, entre ellos el jinete Walter Blum. Linda y Laffit iniciaron esa noche una amistad sincera y, a los pocos meses, se hicieron novios. El 16 de diciembre de 1967, cuando ambos apenas tenían veintiún años, se casaron. Linda, alejada por completo de todo comportamiento de vanagloria a pesar de haber nacido con lujos y comodidades, resultó una excelente ama de casa que dio bases firmes a su hogar, en el que rindió culto al amor, al deber de esposa, a la fidelidad y a la mutua colaboración. La agudeza de su visión en materia hípica fue palpable al sostener, objetivamente, en una entrevista, que Laffit Pincay era el mejor jinete que había conocido y por ello en su calidad de esposa estaba interesada en crearle un mundo en el que se dedicara únicamente a montar”. Linda contaba que Laffit era muy olvidadizo (un día encontró un cheque por diez mil dólares que alguien le había entregado semanas atrás), pero de principios éticos y morales bien definidos, incapaz de sacrificar sus principios y su propio respeto, como lo demostró en el otoño de 1988. Laffit había sido designado como jinete de Forty Niner, uno de los favoritos, en la Prueba Breeders’ Cup, cuyo premio era de quinientos mil dólares. El día señalado para la celebración de la prueba, los jinetes del circuito de Nueva York se declararon en huelga. Exigían mejoras en el pago por montas y atención médica adecuada. El contrato que regía para esa época ofrecía cuidados mínimos. Cualquier lesión tenía que ser pagada en su mayor parte por cada jinete y cuando este no podía cubrir los gastos (que la mayoría no podía), los demás jinetes colaboraban. Cuando Laffit entró al cuarto de jinetes de Aqueduct para prepararse para la gran prueba, se encontró con un grupo de jinetes que lo esperaba con el propósito de que escuchara sus quejas y les dijera si debían ir a la huelga. Después de escucharlos, Laffit decidió unirse a la huelga. Forty Niner corrió y ganó con otro jinete, y Laffit perdió el jugoso premio, pero se granjeó para siempre el respeto de sus colegas.
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Laffit en todo momento de su vida profesional mostró una conducta firmemente asentada en los principios de lealtad, honestidad, respeto y responsabilidad. Esto explica claramente por qué, a pesar de su espíritu generoso, decidió sustituir a su agente de monta Camilo Marín por Vince DeGregory, a quien conoció en el hipódromo de Aqueduct en Nueva York; relatado en detalle por Madelyn Cain en su biografía Laffit: Anatomy of a winner:
En esa época DeGregory era agente de Ángel Cordero y Laffit era representado por Camilo Marín de cuyo comportamiento ya dueños y entrenadores se habían quejado: montas que había cancelado a última hora y llamadas que no había regresado para confirmar otras. Decisiones que afectaban la percepción sobre Laffit, un jinete que quería que su reputación fuese ejemplar. DeGregory era famoso por su meticuloso registro de records: nunca andaba sin su librito negro de estadísticas. Sabía qué caballo había ganado, por cuántos cuerpos, quién era el jinete y su entrenador y la clase de pista en la que corría un caballo. Lo que fuera DeGregory lo sabía. Laffit se enteró que Cordero decidió quedarse en Florida y que DeGregory se mudaba de vuelta a California y programó una cena a la que asistió su esposa Linda y Vince y los panameños, Dr. Rubén Marchosky y su esposa, Teresa. Cuando terminó la cena, DeGregory preguntó si Laffit quería ganarle a Shoemaker como líder en victorias. Como se rieron del comentario de que alguien pudiera romper el record de The Shoe, DeGregory se molestó y dijo que tenía que ir a Florida por unos días, pero que cuando volviera Laffit debía decirle si quería o no ser el mejor jinete de todos los tiempos. A pesar de que muchos prospectos lo habían buscado y que el propio Cordero le ofrecía una mayor comisión si regresaba con él a Florida, DeGregory amaba el sur de California y algo indefinible sobre Pincay
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le atraía. Solamente Laffit tenía que convencerse y comprometerse a tener aún mayores éxitos, porque DeGregory ya creía que podía hacerlo: podía ser el mayor ganador de montas, incluyendo a Shoemaker, por arrogante que esto sonara. Al principio y para probar, el agente comprometió algunas montas para Laffit mientras iba de viaje, pero lo llamaba a diario para preguntar cómo había sido su día de monta comparado con el de Shoemaker. DeGregory programaba las montas correctas y Laffit las corría espléndidamente. Ambos respetaban mutuamente sus talentos y ninguno cuestionaba al otro. DeGregory insistió en que Laffit aprendiera nuevas habilidades, como manejar la fusta con ambas manos para mayor flexibilidad y cambiar sus gafas protectoras a gran velocidad (tanto como siete pares) para que una pista lodosa no impidiera su victoria. Cuando éstas se llenaban de lodo, se jalaban hacia abajo de su cuello mientras se acomodaban las nuevas, todo al mismo tiempo que controlaba un caballo mientras corría a cincuenta millas por hora. Con estas nuevas habilidades y el nuevo empeño de Laffit, sumado al conocimiento de DeGregory, el panameño simplemente ganaba más seguido.
Durante 1966, 1967 y 1968, Laffit se mantuvo trabajando en Florida, Chicago y Nueva York. En 1968, específicamente el 10 de abril, en Hollywood Park, Pincay ganó de punta a punta en su estreno en este hipódromo al montar a Greek Static, propiedad de Hooper, y diecisiete días después empató la marca de Willie Shoemaker de 1953, al ganar seis carreras de nueve montas, ante una afición de 50 mil personas y por casualidad cuando ese 27 de abril se celebraba el “Día de Bill Shoemaker” en aquel hipódromo, fue la primera de otras cinco veces que registró tan especial actuación. En 1970 y para su sorpresa, Laffit terminó superando una marca de Shoemaker. Ese año, la Asociación de Redactores Hípicos Angloamericana le otorgó el George Woolf Memorial Jockey Award
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por su excepcional comportamiento dentro y fuera de su carrera profesional, que sin duda alguna ejemplificaba lo mejor de las carreras de caballos. Laffit había estado en Estados Unidos solamente cuatro años y ya había alcanzado una de las más altas cimas en su profesión. Ansioso de competir en la temporada de Aqueduct con los grandes nombres, Laffit presionaba a DeGregory para que fueran a Nueva York. La razón de la demora era que Laffit pesaba más que esos jinetes y DeGregory no estaba seguro de que pudiera lograr el peso. Después de ver lo poco que comía no sabía cómo Laffit tenía fuerzas para montar todos los días. Cuando llegaron a Saratoga, ciudad natal de DeGregory, este se mudó a la casa de su padre y alquiló la casa contigua para Laffit y su familia. En la sala instaló un baño de vapor, de manera que mientras Laffit lo usaba pudiera ver cualquier programa deportivo, documental, película o noticiero por televisión. De 1970 a 1975 el dúo Pincay-DeGregory ganó cinco veces seguidas campeonatos monetarios y 18 millones de dólares en premios. Para lograr tantos laureles, Laffit A. Pincay Fernández se autoimpuso lo que bien podemos llamar un régimen de castigo. Para él no había días libres por cumpleaños, Navidad, Año Nuevo, aniversario de bodas, etc. Se ejercitaba más allá de lo normal. Antes de iniciar la carrera se le veía en la pista, trotando o caminando y tomaba diuréticos y pastillas para adelgazar con el fin de mantener el peso adecuado. Por muchos años decía a todos que se limitaba a 850 calorías al día, pero por vergüenza no decía la verdad. En realidad consumía solo 350 calorías. Su desayuno consistía en una taza de café y una tostada. A la hora del almuerzo no comía nada. Su cena era una onza de arroz y dos onzas de pollo o carne. Si su peso estaba dentro de lo normal, subía el pollo o la carne a tres onzas. Cuando se sentía un poco débil a la hora del desayuno, tomaba una taza de café, dos
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tostadas y un huevo. A su cena regular le agregaba una ensalada de lechuga, pepinos, hongos con limón y vinagre, o espinaca fresca con limón y vinagre. El deseo de mantenerse victorioso lo llevó a una práctica sumamente peligrosa que consistía en vomitar para mantener el peso ideal. Esta costumbre la acompañaba con un baño de vapor. La falta de nutrición resultó perjudicial para su salud. Tomar pastillas para perder peso fue otro hábito peligroso. En una ocasión, Pincay fue obligado a suspender sus compromisos por un desmayo que sufrió en el baño de vapor. La prensa comentó que su ausencia ese día de carreras se debió a la reacción a un medicamento, pero su agente de montas Vince DeGregory y Linda, su esposa, sabían que estaba forzándose demasiado. Laffit en vez de bajar la velocidad después de su desmayo, siguió montando. Una semana después se sintió mareado y débil. Fue llevado de urgencia al hospital. Los médicos diagnosticaron que estaba deshidratado, casi no tenía potasio en su sistema y estaba a punto de sufrir un síncope cardíaco. Fueron enfáticos en advertirle que necesitaba un descanso. Y por primera vez, asustado, Laffit decidió descansar. Llegó el momento de hacer un alto en su vida profesional y reflexionar seriamente sobre su salud. Con el propósito de cumplir las recomendaciones médicas inició, junto a su esposa, los preparativos para viajar a Aruba e invitó a acompañarlo a su amigo Álvaro Pineda y su esposa; y a su agente de montas, Vince DeGregory y su esposa. Al retorno del viaje, Laffit consultó a un médico especialista en dietética, quien gracias a exámenes de laboratorio que le ordenó, determinó que estababa anémico y le recomendó una dieta alta en proteínas. En marzo de ese año se fracturó la clavícula, y desde que llegó al hospital fue objeto de una evaluación completa. Los exámenes de sangre revelaron la existencia de un parásito que afectaba su energía
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y que suele encontrarse en personas con sistemas inmunológicos extremadamente débiles. De allí que los médicos le recomendaron reposo absoluto. La fecha de su ingreso al Salón de la Fama se aproximaba y designó a DeGregory para que lo representara y transmitiera sus excusas a los directivos. A pesar de su ingreso al Salón de la Fama, una revista publicó que “la era Pincay” podía finalizar pronto debido a que sus problemas con el peso lo perseguían a diario y que él estaba cansado de eso. A pesar de que se esforzaba y ganaba, los problemas eran evidentes.
Kentucky Derby y Belmont Stakes En su undécimo intento de ganar el Kentucky Derby en 1984, por primera vez, viajó solo porque a Linda se le había complicado una apendicectomía. Tony Matos, su nuevo agente, lo llevó al aeropuerto y al despedirse Laffit le dijo: “Voy a ganar. Estoy cansado de leer en los periódicos que nunca he ganado un Kentucky Derby”. Su actitud positiva era grande. Estaba preparado para ganar. Él quería ganar no solo para agregar a la lista de sus grandes triunfos la clásica Carrera de las Rosas, sino por Seth Hancock el gran propietario de Claiborne Farms, y por el entrenador Woody Stephens, quien había salido del hospital apenas media hora antes de la carrera. Woody había perdido mucho peso y lucía muy frágil debido a un enfisema, pero quería estar allí y Laffit deseaba que este derbi fuera especial tanto para él, su viejo amigo, como para su esposa enferma. Finalmente, después de diez intentos, Laffit escapó de la mala suerte al ganar por tres cuerpos y un cuarto el Kentucky Derby con el ejemplar Swale. Como importa, ante todo, conocer, con toda exactitud, el pensamiento de Laffit sobre este gran triunfo en particular, he aquí sus palabras:
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He sido muy afortunado. He montado a muchos grandes caballos como Affirmed [caballo de la Finca Harbor View que bajo su monta y con una victoria en el Hollywood Gold Cup de 1979 se convirtió en el primer caballo ganador de 2 millones de dólares], Swale, Sham, Landaluce, Avatar, John Henry, Zabaleta, Alley Fighter, Solar Salute, Bayakoa, Madison Palace, Fluorescent Light, Belle Marie, Althea… pero si se trata de escoger la mejor carrera, me tengo que decidir por el Kentucky Derby de 1984 que gané con Swale. Mi agente Tony Matos me consiguió la monta de Swale para el Florida Derbi de 1984. Después de esa carrera que gané, el potro me gustó de verdad. Era un buen caballo. En el Kentucky Derby las apuestas indicaban la yunta de D. Wayne Lukas, Althea y Life’s Magic, como los favoritos. El día de la carrera me desperté a las 11:30 a. m. y me desayuné. Recé por mi esposa y pedí a Dios una ayudita en el Derby y que de ganar le estaría muy agradecido. En el paseo protocolar, en medio de una gran multitud, yo avanzaba con gran serenidad hacia el punto de partida. Swale entró tranquilo al partidor. Después de un tiempo breve se abrieron las portezuelas, Swale partió bien y nos colocamos en el cuarto lugar y al llegar a la primera curva avanzamos hacia el tercer lugar. En la recta frente a las tribunas nos colocamos segundo detrás de Althea. Al entrar a la recta final tenía buena ventaja. Lo toqué dos veces con la guasca, en la mano izquierda, y lo descansé un poco antes de llegar a la meta. Lo que sentí cuando iba camino al círculo de ganadores con tanta gente alrededor no lo puedo describir. Pensaba muchas cosas. Recuerdo haber deseado que mi madre y mi esposa e hijos hubieran estado ahí. Ha sido esta victoria la emoción más grande que he sentido en mi vida, igual a la que sentí cuando nacieron mis hijos. (Entrevista personal).
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Antes de su triunfo con Swale, Pincay ya había tenido otras figuraciones en el Kentucky Derby. En 1973, año en que logró sobrepasar los cuatro millones de dólares en premios, ocupó la segunda posición con el ejemplar Sham. La versión de este Kentucky Derby fue ganada por Secretariat, el extraordinario hijo de Bold Ruler, reconocido mundialmente como el mejor caballo de carreras de todos los tiempos. Cabe señalar que antes de esa versión del derbi, Sham había vencido a Secretariat en el Wood Memorial. Esta derrota sorprendente causó gran preocupación a Penny Chenery, propietaria de Secretariat, porque ni el jinete, ni el preparador, ni el cuidador le daban una explicación lógica. Ante esta situación decidió someter a su caballo a un examen veterinario minucioso que determinó que un absceso en una muela había afectado el desempeño del animal en la competencia. En 1980 llegó segundo con Rumbo, mientras que Genuine Risk resultaba ganador con el panameño Jacinto Vásquez. Ese año, en diciembre, en el hipódromo La Rinconada de Caracas, Laffit ganó con el caballo mexicano Pikotazo el XIII Clásico Internacional del Caribe venciendo a la potranca panameña Neblina. En 1983 ocupó la tercera posición con Caveat. Después de finalizado el evento, Laffit, con la honestidad que siempre lo ha caracterizado, declaró que la derrota de Caveat se debió a un error que cometió durante el desarrollo de la prueba. El ganador del derbi fue Sunny’s Halo con la conducción de Eddie Delahoussaye y el segundo lugar lo ocupó Desert Wine. Ese mismo año, Laffit mantuvo el récord en el hipódromo de Santa Anita con 19 clásicos ganados. En 1985 arribó en segundo lugar con Stephan’s Odyssey y la victoria fue para Spend A Buck con la monta del jinete boricua Ángel Cordero. Ese mismo año, el 14 de diciembre, Pincay fue exaltado al Salón de la Fama de Hollywood Park. A diferencia del Kentucky Derby, Laffit ganó consecutivamente tres veces el Belmont Stakes, tercera prueba de la Triple Corona. En 1982 con Conquistador Cielo, en 1983 con Caveat y en 1984 con
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Protagonistas del siglo xx panameño
Swale, con el que también ganó ese mismo año su único Kentucky Derby. El fallecimiento de Linda, su esposa, a inicios de 1985, fue para Laffit Pincay uno de los acontecimientos más oscuros de su vida. Él trataba de ocultar sus momentos de lágrimas, dolor y nostalgia, que fueron largos, pero el recuerdo de la mujer que le brindó amor, seguridad y apoyo, lo hundía en un abismal estado depresivo. Por momentos llegó a pensar que el final de su carrera había llegado. Este doloroso acontecimiento generó profundas manifestaciones de pesar en los círculos sociales de California. Las autoridades de la hípica estadounidense, en especial las de los hipódromos de Santa Anita, Hollywood y Del Mar, deploraron sinceramente el fallecimiento de Linda Radkovich, mujer extraordinaria que ostentó en su hogar singulares virtudes y fue para su esposo e hijos el modelo ideal. Tiempo después y superada esta crisis, conoció a Phyllis Davis y se mudaron juntos. Al principio los hijos de Laffit estuvieron contentos, pero a los pocos meses surgieron problemas con ella. Entre otras cosas, Phyllis despidió a Luz María, el ama de llaves, y contribuyó a que Lisa y Laffit III se alejaran de su padre, Lisa yéndose a vivir con su abuela y Laffit III a la escuela militar. Por insistencia de Phyllis, Laffit consultó con Marje Everett sobre su contador de veinte años, Vincent Andrews Jr. Al revisar su lista de inversiones, se dieron cuenta de que, si bien su carrera era extraordinaria, su estado financiero no era cónsono. Había perdido alrededor de cinco millones de dólares en ganancias y dejado de lado otras inversiones, entre ellas una casa en Del Mar que quería Laffit, pero que Andrews había rechazado. El contador había cometido errores serios en sus declaraciones de impuestos y Laffit debía 300 mil dólares por impuestos atrasados. Al demandar a Andrews, este se declaró en bancarrota. Laffit sabía que separarse de Phyllis iba a ser difícil y vaciló aún más porque necesitaba su testimonio en la demanda. Desde un inicio ella había insistido en un arreglo de ayuda económica en caso de
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Laffit Pincay Jr.
separación. No estaba en los planes de Phyllis separarse sino casarse, lo que Laffit nunca había contemplado por los problemas que ella tenía con sus hijos. Con el propósito de promover la reconciliación familiar, Laffit organizó una cena con Phyllis, su hermana Margie y su esp