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    Carlos Alberto Mendoza

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Ricardo Arias Espinosa

by: Carlos Alberto Mendoza

Es claro, pues, que Arias Espinosa estaba en un plano muy superior al de sus detractores. La presidencia de Ricardo Manuel Arias Espinosa forma ya un honroso capítulo de la historia panameña. La república conoció su talla y su patriotismo, y sus energías y su talento estuvieron siempre al servicio del enaltecimiento de los cuadros y las estrellas de la patria.

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Es abogado e historiador panameño. Después de la restauración democrática en Panamá ejerció el periodismo, desempeñándose como director del diario El Panamá América, y director editorial de Crítica Libre. Fue el primer presidente de la Autoridad de la Región Interoceánica, que se encargó de la administración de los bienes que fueron revirtiendo a Panamá, de acuerdo con lo pactado en los Tratados Torrijos-Carter. Con posterioridad, y por casi cinco años, desempeñó el cargo de embajador de Panamá ante la República de China, con sede en Taipéi, Taiwán. Como historiador ha publicado libros sobre historia del Istmo, durante los siglos XIX y XX. Su ejercicio profesional como abogado ha girado siempre alrededor del Derecho Laboral.
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Ricardo Arias Espinosa: Político y presidente

El comienzo del año marca en Panamá el principio del verano. Las lluvias se hacen escasas, para luego dejar de caer por completo. Una especie de sopor se apodera del país durante los meses de estío, y aún la vida pública misma, salvo en año de elecciones, asume un nuevo ritmo caracterizado por el reposo y la lentitud. Nadie se hubiera imaginado el 1° de enero de 1955 que la República muy pronto habría de verse envuelta en una de las más serias crisis políticas de su historia. Había paz, tranquilidad y progreso. Para sorpresa, aún de los que mejor le conocían, José Antonio Remón resultó ser un gobernante de extraordinario sentido común. En su administración predominaban la honestidad y la moderación.

Sin embargo, llega el 2 de enero, y entre el fuego de ametralladora y el correr de sangre inocente, el primer mandatario desaparece y, de paso, se mancilla, acaso para siempre, el honor de la nación. El pueblo se mantiene en calma, pero es más bien la del tipo que precede a la tempestad. No acaba Panamá de reponerse del primer golpe, cuando un abogado local, después de confesar haber sido el promotor de la muerte del coronel Remón, en forma enfática declara que el primer vicepresidente de la república sabía lo que iba a ocurrir. La atmósfera se llena de pánico y horror. No obstante, de tal confusión e incertidumbre surge Ricardo Manuel Arias Espinosa, un hombre de nervios y voluntad de acero quien, con paciencia y habilidad, salva a Panamá de las garras del caos. Capaz y dedicado, en él se enlazaban y complementaban armónicamente la vida familiar y la política. En realidad, parte de su éxito en la última hay que encontrarlo en la solidez de la primera. Si en la vida pública Ricardo Arias había llegado a ocupar merecidamente altos cargos, en lo privado, en lo íntimo del hogar podía también ser presentado como modelo.

Don Ricardo tenía una preparación intelectual adquirida sobre todo en la brega de la vida pública. Poseía, además, una notable capacidad para el trabajo. Era hombre de acción más que filósofo o pensador sistemático. A pesar de su juventud, al llegar a la presidencia, Arias Espinosa conocía la realidad panameña como pocos. Le apasionaba la historia política de la república, aquella que por lo general elude las meras cronologías que pasan por libros de historia patria. Conversando con él se descubría la extensión y solidez de sus conocimientos, lo mismo que la madurez cerebral del estadista.

Honroso capítulo de la historia nacional

El 15 de enero de 1955 se posesionó de la Presidencia de la República un nieto de Ricardo Arias Feraud y Manuel Espinosa Batista; y el custodio de la honra y fama de su padre Francisco Arias Paredes. Ricardo Arias Espinosa llega a la presidencia con 42 años de edad; sin embargo, desde mucho antes había venido desempeñando un papel de primera línea en la vida política panameña. En efecto, en las elecciones de 1948 los partidos Renovador y Nacional Revolucionario se unieron para lanzar la candidatura presidencial del licenciado José Isaac Fábrega. Y a ese candidato, que era hombre sobresaliente en las letras nacionales y destacado jurista, lo acompañó Ricardo Arias Espinosa en su condición de aspirante a la primera vicepresidencia. Esa campaña permitió a éste último un conocimiento directo de la realidad y los problemas nacionales. Los resultados electorales no les beneficiaron, pero en cambio Arias Espinosa hizo, a través de los recorridos efectuados, un aprendizaje útil y valioso que habría de beneficiarlo grandemente en su carrera política.

En el segundo gobierno de Arnulfo Arias Madrid, Ricardo Manuel Arias desempeñó el Ministerio de Agricultura, Comercio e Industrias; pero renunció altivamente a este cargo cuando el mandatario le invitó a secundarlo en su decisión, inconsulta y peligrosa, de derogar sorpresivamente y por decreto la Constitución de 1946. Ricardo Arias salió entonces en defensa de la Carta, porque siempre había sido un convencido —y cito palabras suyas pronunciadas el 16 de marzo de 1955— de que esa Constitución establecía un “ejemplar sistema de frenos y equilibrios… que es lo único que permite el efectivo ejercicio del poder público sin que la acción autoritaria rebase los límites de la justa atribución delegada y se desborde por los campos tenebrosos de la arbitrariedad y el despotismo”. A lo largo de una prolongada vida pública, Arias Espinosa había mantenido siempre, como línea de conducta, la de actuar en concordancia plena con el respeto al constitucionalismo democrático. En las elecciones que se celebraron el 11 de mayo de 1952, una coalición de cinco agrupaciones políticas, encabezada por el Partido Renovador, llevó a Ricardo Manuel Arias Espinosa a la Segunda Vicepresidencia de la República. Y al encargarse el coronel Remón de la primera magistratura, lo nombró ministro de Trabajo, Previsión Social y Salud Pública.

Habilidad y lealtad a sus principios

Quien observa y analiza imparcial y detenidamente la personalidad política de Arias Espinosa descubre en ella dos características principales: la habilidad y la lealtad. Demostró ser uno de los políticos más hábiles que conociera Panamá en los últimos tiempos. Su habilidad fue, sin embargo, tan solo un medio, sujeto al control de principios ideológicos que no le permitieron el uso de capacidades innatas para beneficio personal o para promover fines inconfesables. Ricardo Arias se encargó de la Presidencia comprendiendo claramente, como dijera en su discurso de toma de posesión, que no era su futuro político lo que estaba en juego, sino el futuro mismo de la patria. Y en marzo de 1955 expresó: “El asesinato del presidente Remón ha sido un ataque a todas las instituciones del Estado”. Como consecuencia, debilitada quedó la nación en su pujanza moral y cívica, “con una latente amenaza pesando de modo constante y ominoso sobre todos los representantes del poder público”.

Fue, por tanto, deber primordial de la administración Arias Espinosa restablecer la paz y la tranquilidad; y restaurar el prestigio que las instituciones gubernamentales habían perdido, con motivo de las acusaciones contra el primer vicepresidente de la república. Los enemigos políticos de Arias Espinosa hicieron lo posible por provocar el caos. Muy pocas veces en la historia de la república se profirieron desde la plaza pública insultos tan torpes y vulgares como los que la oposición usara contra el presidente. Por fortuna para la patria, estos ataques contra el presidente Arias carecieron, en todo momento, de base popular. Y es que su administración, como él mismo lo había prometido, se caracterizó por un “leal desvelo por el bienestar del pueblo, el amor por la justicia y el respeto más profundo por la Constitución y las leyes de la República”. Más aun, durante el período de gobierno de Arias Espinosa se robusteció, como nunca antes, la conciencia internacionalista en Panamá. Fue él la fuerza motriz de la histórica conferencia de los jefes de Estado de las repúblicas americanas en el Claustro Secular de la primera reunión de Panamá. Con visión y energía Ricardo Arias hizo aprobar por la Asamblea Nacional una reforma constitucional que creó, por primera vez, un organismo independiente en materia electoral. Durante el bienio gubernamental de Ricardo Arias Espinosa continuó manejándose con pulcritud la hacienda pública.

Y si durante el gobierno del coronel Remón se creó el paz y salvo nacional para estimular el pago puntual del impuesto sobre la renta, a los personajes del régimen siguiente les cabe la satisfacción de haber hecho aprobar por la Asamblea Nacional un nuevo Código Fiscal, que reemplazó al ya obsoleto de entonces. La aprobación, por la legislatura de 1956 del decreto-ley sobre la carrera administrativa, plantea todavía un tema de superlativo interés. Por cierto que la estabilidad de los empleados públicos ha sido motivo de estudios y polémicas desde los primeros años de la república. Que la administración de Arias Espinosa fue fructífera en otros aspectos, lo muestra el que durante ella se terminaron los edificios de la Asamblea Nacional, del Ministerio de Hacienda y Tesoro y del Ministerio de Salud; se tomaron medidas relacionadas con el acueducto y alcantarillado de las áreas suburbanas de la capital; se creó el Departamento de Estudios Hidráulicos; se desarrollaron algunas disposiciones del Código Sanitario; y se creó el Departamento de Sanidad Animal. Cuando don Ricardo Arias entregó el mando el primero de octubre de 1956, Panamá estaba encauzada, nuevamente y con firmeza, por las sendas de la paz, el progreso y la justicia social. La confianza popular en la administración pública había sido reafirmada. La república, bajo la dirección del presidente Arias, había luchado contra las fuerzas de la desintegración y del caos; y resurgido revitalizada y victoriosa.

El fundamento del cariño que por Ricardo Arias sentían sus amigos y el respeto que le tenían, hay que admitirlo, aún sus enemigos, es preciso buscarlo en la más preciada de sus virtudes: la lealtad. Arias Espinosa poseía en grado eminente aquella cualidad que Eusebio Morales otrora describiera como “lealtad absoluta para con sus amigos; lealtad para con su partido; lealtad para con la patria”. En efecto, uno encontraba en Arias Espinosa una jerarquía de valores que comenzaba en el culto de la amistad hasta remontarse al culto de la patria. Dicha jerarquía descansa en una concepción individualista del mérito de cada cual sin distinción de sexo, raza, condición social o religión. La única aristocracia que conoce y protege es la que Pablo Arosemena apellidara “aristocracia del talento”. La vigencia de este punto de vista le viene sobre todo de su concepción dinámica del papel del Estado, convertido en poderoso instrumento de justicia social, ya por medio del planeamiento económico, ya por los impuestos progresivos sobre la renta, ya por otros instrumentos al servicio de la justicia social. El Estado se echa encima la responsabilidad de combatir el desempleo y distribuir más equitativamente la riqueza, consciente de que solo un nivel de vida en armonía con la dignidad humana, para todos y cada uno de los ciudadanos garantiza la vigencia de la estructura constitucional-democrática y la realización de los ideales de 1789, tan mancillados en las sociedades burguesas occidentales de fines del siglo XiX. Su bagaje ideológico hizo de Arias Espinosa un hombre de combate.

La arrogancia, sin embargo, jamás encontró cabida en su espíritu, porque respetaba la opinión ajena y sabía revestirse de santa paciencia. Pero, ¿qué dirían sus detractores ante el espectáculo de Arias Espinosa, casi solo, consolidando en el país, en período de grave crisis, la ley, el orden y la libertad? ¿Osarían abrir siquiera los labios cuando Arias Espinosa sin rencor pero con firmeza y energía, se dirigió a la nación más poderosa de la tierra en estos términos?: “Parece ser verdad dolorosa para Panamá que la tarea de velar por el fiel cumplimiento de lo pactado a favor de nuestra República resulta en algunas ocasiones más difícil y más ardua que la tarea de lograr la concertación de tales pactos”. Los ejemplos podrían multiplicarse casi ad infinitum. Es claro, pues, que Arias Espinosa estaba en un plano muy superior al de sus detractores. La presidencia de Ricardo Manuel Arias Espinosa forma ya un honroso capítulo de la historia panameña. La república conoció su talla y su patriotismo, y sus energías y su talento estuvieron siempre al servicio del enaltecimiento de los cuadros y las estrellas de la patria.

Referencias bibliográficas

Libros

El elegante discurrir oratorio del presidente Ricardo Arias Espinosa (2006).

Carlos Alberto Mendoza (comp.). Bogotá: Stamato Editores.

Salamín Cárdenas, Marcel (2005). Pancho Arias y su época, ensayo crítico para una biografía patria, Caracas Epsilon