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    Nubia Aparicio Saucedo

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Roberto F. Chiari

by: Nubia Aparicio Saucedo

El presidente Chiari ejerció la Presidencia de la República desde el 1 de octubre de 1960 al 30 de septiembre de 1964. Se le recuerda como el “Presidente de la Dignidad” pues Panamá ha sido el único país del hemisferio en romper relaciones diplomáticas con Estados Unidos.

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Inició su carrera profesional en la Autoridad del Canal de Panamá en el año 2007 y desde entonces funge como gerente de Comunicación. La Universidad de Panamá le otorgó las licenciaturas en Periodismo y en Derecho y Ciencias Políticas, así como los títulos de posgrado en Alta Gerencia y maestría en Administración de Empresas con énfasis en Recursos Humanos. Laboró como periodista y editora en el diario La Prensa durante casi 25 años, donde se hizo acreedora a una veintena de premios de prensa en los ámbitos nacional e internacional. Ha completado sus estudios con seminarios y cursos profesionales en diferentes campos del área gerencial, periodística y legal, recibidos en Panamá y en Estados Unidos.
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Roberto F. Chiari: El presidente de la dignidad

En los albores del siglo xx, la ambición, positiva o negativa, penetraba el sentir de los hombres que habían heredado América Latina, tras los cruentos procesos de independencia. La ambición de unos por el poder, las riquezas derivadas del latifundismo y el comercio, rivalizaban con aquella ambición idealista, romántica, de querer impulsar el desarrollo de los empobrecidos países que habían sido saqueados por los colonizadores durante casi cuatro siglos, proveerlos de libertad social y económica para que pudieran ser dueños de sus destinos (Alcántara, 2012). Este parece haber sido el signo de Roberto Francisco Chiari Remón, de quien examinaremos, en primer lugar, sus antecedentes personales, para luego ir tras sus huellas como personaje social, político y servidor público.

 

Genealogía de los Chiari

De acuerdo con las investigaciones del historiador Juan Antonio Susto, los antecedentes familiares registrados de Roberto F. Chiari datan del siglo xViii, cuando a las costas del istmo de Panamá llegaron los primeros individuos de apellido Chiari. Susto da fe del único que conoce, al cual identifica como Ángel Chiari, alférez de granadero de la compañía de Carlos de Fábrega, y quien procedía de Florencia, Italia. Radicado en la ciudad de Panamá, el alférez Chiari se casa con Josefa de Ávila, natural de esta misma ciudad, en 1773.

 

De esta unión nacieron el que sería más tarde coronel José María Chiari (1774) y Pedro Crisólogo Chiari (1778), quienes sirvieron en su juventud en el batallón Fixo de Panamá. En lo que concierne a nuestro personaje, el bachiller Susto nos informa que Pedro Crisólogo Chiari se casó con Josefa Arrue, con quien procreó doce hijos. Uno de ellos, Francisco Solano Chiari (nacido en la Villa de Los Santos, en 1839), es el origen de la línea inmediata de Roberto Francisco Chiari. Francisco Solano Chiari se casa en Aguadulce con María de la Luz Robles, en 1867. De este matrimonio surgen cuatro hermanos: Rodolfo, Alfredo, Aurelio y Eduardo Chiari Robles. Explica el historiador que Rodolfo Chiari Robles nace en Aguadulce, en 1869. Posteriormente forma un hogar con Ofelina Remón, matrimonio del cual nacerán Luz Graciela, Rodolfo Ernesto, Roberto Francisco, Berta y Ricardo Chiari Remón.

 

Escenario del Panamá republicano

Tras la separación de Panamá de Colombia, en 1903 —nuestra real independencia—, el Partido Liberal se constituyó en el eje de las luchas políticas istmeñas. Desde el amanecer republicano reflejó los intereses comerciales de las clases dirigentes, tanto en la ciudad de Panamá como en Colón, así como de los pequeños y grandes hacendados de provincia. Si bien al comienzo de la república los liberales resolvieron con los conservadores las pugnas políticas iniciales, dirigentes como Carlos A. Mendoza, Belisario Porras y Eusebio A. Morales alimentaron al partido rojo de la doctrina y dogma institucionales para asumir los retos de organizar y sacar del estancamiento a la naciente república. Fueron los liberales los dirigentes y actores de las luchas políticas del Panamá republicano. Su capacidad de maniobra les permitió identificarse con los grupos populares de la ciudad y del campo y crearon una especie de “populismo”, que predominó en la política nacional, durante los primeros veinte años de la república. Los liberales pudieron mantener el control absoluto del panorama político hasta la década de los 30. Con la llegada de la gran depresión en 1929, se agravan los conflictos sociales y la situación se hace insostenible para los gobiernos liberales, agudizada por las contradicciones entre los partidarios de Belisario Porras y Rodolfo Chiari. Como un cambio necesario de modelo político surgen otros grupos que exigirán reformas para el desarrollo del país (Ricord, 2005). Es en este ámbito que empieza a moverse Roberto Francisco Chiari Remón, quien treinta años más tarde alcanzaría la presidencia de la república.

 

Biografía de un político sincero

Roberto Francisco Chiari nació en la ciudad de Panamá el 2 de marzo de 1905; llevó a cabo estudios en el Colegio La Salle de esta ciudad, donde se graduó de perito mercantil y bachiller. Continuó estudios superiores en Estados Unidos. Sus primeras experiencias laborales las tiene como escribiente en un juzgado municipal entre 1924 y 1928. Durante la presidencia de su padre, don Rodolfo Chiari, ejerce como su edecán. Movido por sus inquietudes, en 1936 funda el Club Liberal.

Los pasos del padre

Rodolfo Chiari, su padre, trazó las andaduras del joven Roberto Francisco y dio un ejemplo de experiencia política que le permitió emularlo cuarenta años después. Por ironías del destino, mientras su padre pidió en 1925 la intervención militar estadounidense para sofocar un justificado estallido social, lo que tuvo un cruento saldo para el pueblo, su hijo rechazaría 39 años después, la represión del ejército norteamericano en contra del pueblo panameño que solo exigía soberanía. Según los cronistas de la época, don Rodolfo fue un hombre disciplinado y trabajador a carta cabal. Sencillo de modales, no era ostentoso ni le agradaba el derroche, y quizá por ello consiguió ahorrar un buen caudal. Fue un hábil político, parco en el hablar, pero de gran popularidad. Desde muy joven se trasladó desde Aguadulce, su tierra natal, a la ciudad capital para laborar en el comercio. Luego vio futuro en el campo dedicándose a la ganadería en su finca La Estrella, en Natá. Fue allí donde fundó el ingenio azucarero Ofelina. Sin embargo, la política era su pasión. Fue miembro de la Asamblea Constituyente, en 1904, tesorero municipal del distrito capital, gerente del Banco Nacional, designado a la presidencia de la república y encargado del poder Ejecutivo en 1912. Sirvió dos veces como vicepresidente de la república en el gabinete del presidente Belisario Porras, de 1912 a 1916 y de 1920 a 1924.

Rodolfo Chiari fue una figura prominente del Partido Liberal y miembro del Directorio Nacional entre 1912 y 1925, que incluso, llegó a presidir. Al culminar la gestión de Porras, en 1924, fue electo candidato a la presidencia por una convención de su partido con el apoyo del mismo Porras. Tras ganar la primera magistratura del país, gobernaría la nación entre el 1 de octubre de 1924 al 7 de septiembre de 1928 y del 25 al 30 de septiembre de ese año. No todo fue fácil para el presidente Rodolfo Chiari. Durante su gestión enfrentó la rebelión de los indígenas gunas en las islas de San Blas, en febrero de 1925, lo que se conoció como la Revolución Tule, que dejó un saldo de 22 policías muertos, y cuya causa fue la airada y cruenta reacción de los indígenas al propósito del gobierno de modernizar sus costumbres, cambiar su cultura autóctona por las occidentales. Otro de los incidentes que generaron violencia fue el llamado “Movimiento Inquilinario” promovido por los casatenientes que protestaban contra el aumento de los alquileres, en octubre de ese año 1925, el cual también produjo un trágico saldo. A raíz de ello, el presidente Chiari pide la intervención militar de Estados Unidos para controlar la situación, hecho que también cobró la vida de media docena de manifestantes. En 1926, su gobierno firmó el tratado Kellogg-Alfaro con Estados Unidos, el cual fue repudiado por el pueblo. Este pacto no ofrecía mayores ventajas que las ya concedidas por el convenio Taft de 1904, pero sí comprometía aún más la soberanía nacional y la seguridad del país, por lo cual fue rechazado por el pueblo y luego por la Asamblea Nacional.

El intrincado camino de la política

Nino Chiari, como se le llamó desde niño, fue adentrándose en las lides políticas de forma ascendente. En 1940 logró ser electo diputado a la Asamblea Nacional, por la provincia de Coclé. Al iniciarse el nuevo gobierno de Ricardo Adolfo de la Guardia, Chiari fue nombrado en diciembre de 1944 al frente de la cartera de Salubridad y Obras Públicas (1944-45). Sin embargo, la situación era incierta y el presidente debió convocar a la Segunda Asamblea Constituyente (1945) para elaborar una nueva Carta Fundamental en reemplazo de la polémica Constitución de 1941. El 1 de marzo de 1946 fue promulgada la nueva Constitución Política y cesó la actividad de la Asamblea Constituyente. El mandato del presidente Enrique Jiménez se prolongó hasta septiembre de 1948. Luego, durante las elecciones de 1948, vemos al diputado Chiari actuando como segundo vicepresidente del Partido Liberal Nacional. En las nuevas elecciones resulta elegido segundo vicepresidente de la república, en la administración de don Domingo Díaz Arosemena, quien renuncia por razones de salud apenas nueve meses después de iniciar su periodo. Le sucedió el primer vicepresidente Daniel Chanis, y cuando éste renunció le tocó a Roberto F. Chiari ejercer la presidencia, pero sólo entre el 20 y el 24 de noviembre de 1949, pues hubo de renunciar al cargo por un fallo de la Corte Suprema de Justicia. Un recuento que hace la Biblioteca Nacional de los acontecimientos de la época señala que el candidato panameñista, Arnulfo Arias Madrid, enfrentó la alianza liberal de Domingo Díaz Arosemena, Daniel Chanis Pinzón y Roberto Chiari Remón. Fue una contienda difícil y llena de actos violentos.

El poder que acechaba en el cuartel de la avenida A, bajo el mando del coronel José Antonio Remón Cantera, primo de don Roberto Chiari, como jefe de la Policía Nacional, presiona para que los resultados beneficien a la facción gobernante y se proclama al candidato Domingo Díaz Arosemena como ganador. Sin embargo, como ya se anotó, el presidente Díaz renuncia por enfermedad y su primer vicepresidente, el médico Daniel Chanis Pinzón, lo reemplaza. El 19 de noviembre de 1949 el presidente Chanis cita al coronel Remón y le exige que renuncie. Fue entonces cuando el segundo comandante Bolívar Vallarino amenaza al presidente Chanis con asaltar el palacio y tomarse la presidencia por la fuerza si insistía en ello. Chanis, quien se atrevió a retar el poder de los fusiles, sería conminado por el coronel Remón a renunciar a la silla presidencial, dejando a don Roberto Chiari, segundo vicepresidente, como el indicado para asumir el cargo. No obstante Chanis se juega su última carta y revela a la faz del país que su obligada renuncia se debía al poder de los fusiles.

La Corte Suprema de Justicia dicta un fallo y resuelve que Chanis debe retornar al Palacio de las Garzas por ser el presidente legítimo. Sin embargo, el coronel Remón, autoproclamado árbitro de la política nacional, rechaza la sentencia de la Corte y don Roberto Chiari, a tan solo cuatro días de asumir el cargo, deja la presidencia en acatamiento del fallo del máximo tribunal. El dirigente político Lisímaco Jacinto López reseña en un artícu- lo publicado en La Prensa, que don Nino, para despejar las dudas sobre su situación constitucional ante el vacío de poder dejado por el presidente Chanis, pregunta a la Corte Suprema sobre la validez de dicha renuncia. Cuatro días después la Corte le aclara que no hubo tal renuncia y que el presidente constitucional era Chanis Pinzón. En ese momento don Nino toma su sombrero y abandona el Palacio de las Garzas exclamando: “Esto es lo único que yo he traído aquí… ¡me voy!” (López, 2013). López puntualiza que Chiari pudo haberse “sentado en las bayonetas” que comandaba su primo hermano José Antonio Remón Cantera, pero prefirió ser digno y respetar la institucionalidad democrática, cumpliendo los mandatos constitucionales.

“Ya habría una oportunidad futura de disputar la presidencia”, sentenció (Ibíd.). Desconcertado por la salida de Chiari, Remón ordena a la Junta Electoral hacer un “recuento de actas”. El resultado es sorprendente: encuentran que hubo un error en el escrutinio inicial y deciden que el candidato perdedor de los comicios, Arnulfo Arias, y no el finado presidente Domingo Díaz, había sido el vencedor en los comicios de 1948. Es entonces que la Junta Electoral proclama presidente al líder del panameñismo, Arnulfo Arias Madrid, con el espaldarazo del coronel Remón. Roberto Chiari ahora quería presidir la república en unas elecciones democráticas y en los nuevos comicios de 1952 estaba su oportunidad. Sin embargo, su ambición chocaría con las intenciones de su primo, el coronel José Antonio Remón Cantera, quien dejaba las botas y el sable por el traje y la corbata. La sociedad panameña tenía claro que desde la década de 1940 el coronel Remón era el poder tras el trono y que ponía y quitaba mandatarios según sus intereses. El control que ejercía en la Policía Nacional era total, al grado que la había convertido en una institución a su servicio, legal y obediente. Además de ello, Washington lo miraba con buenos ojos porque convenía a sus intereses ante el comienzo de la Guerra Fría. La crisis social y económica seguía azotando al país; campeaba el desempleo, y la desmoralización era caldo de cultivo para huelgas, marchas y concentraciones en demanda de mejores días. El gobierno no acertaba en implementar políticas agresivas para sacar al país del marasmo y, a todo esto, los Estados Unidos le habían retirado su apoyo a Panamá como represalia por el rechazo del tratado Filós-Hines, en diciembre de 1947.

En las elecciones presidenciales de 1952 se presenta como candidato el coronel José Antonio Remón Cantera con el respaldo de cinco partidos que después conformaron la Coalición Patriótica Nacional (CPN); estos eran el Renovador, el Revolucionario Auténtico, el Nacional Revolucionario, el Liberal Doctrinario y Unión Popular. Roberto F. Chiari encabeza una “alianza civilista”, en lo fundamental apoyado por su Partido Liberal Nacional, que había heredado de su padre, Rodolfo Chiari. De la campaña de Rodolfo Chiari, en esta ocasión, quedan pocos recuerdos, en cuanto organización y programas. La victoria de Remón Cantera fue aplastante, y no sorprendió a nadie.

La presidencia de Remón

Nino Chiari retornó al campo a trabajar en el ingenio Ofelina, en Natá, provincia de Coclé, junto con sus padre y hermanos. Fue gerente de la compañía azucarera La Estrella S.A. Dirigió la Cámara de Comercio pero no olvidó su pasión por la política. La nación cobró orden y estabilidad y bajo Remón fue palpable el mejoramiento de la economía tras años de depresión. Estados Unidos le volvió a tender la mano a su aliado y la deuda pública se redujo a la mitad, se incrementaron los impuestos, y el tesoro se fortaleció gracias a que se implantó el certificado de paz y salvo para frenar a los evasores de impuestos. Opuesto a los comunistas, Remón logró que la Asamblea aprobara una ley que restringía los partidos que no lograran un mínimo de 45 mil adherentes, lo que permitiría dejar fuera del afán electoral al Partido del Pueblo (comunista) y a cualquier otro partido de izquierda.

 

Remón transformó la que era, hasta ese momento, una sencilla Policía Nacional en la nueva Guardia Nacional, de espíritu militarista, cuyo pie de fuerza fue aumentado. Se profesionalizó mediante una adecuada capacitación y recibió apoyo financiero para equiparla. El presidente Remón también se interesó en la revisión del pacto canalero, lo que le hizo saber a su homólogo estadounidense Dwight Eisenhower en 1953, aunque los cambios perseguían en esencia mejoras económicas y mejor tratamiento para los trabajadores panameños en la Zona del Canal. Estos esfuerzos lograron materializarse en el tratado Remón-Eisenhower, el 25 de enero de 1955.

La anualidad del Canal se aumentó de ochocientos mil dólares a un millón novecientos treinta mil y se reglamentó el comercio de los comisariatos zoneítas, así como la venta de vituallas a las naves en tránsito por el Canal. Se consiguieron beneficios fiscales y se mejoraron las relaciones laborales en la zona canalera, Panamá cedió a Estados Unidos terrenos en Río Hato para realizar maniobras militares. Faltando casi año y medio para concluir su gestión, el presidente Remón fue asesinado el 2 de enero de 1955 y correspondió al segundo vicepresidente, Ricardo Arias Espinosa, terminar el período, dado que el primer vicepresidente, José Ramón Guizado, fue detenido como sospechoso del magnicidio.

El difícil cuatrienio de Ernesto de la Guardia Jr.

Roberto F. Chiari no participa en los comicios de 1956. Dentro de la Coalición Patriótica Nacional surgió la candidatura del economista Ernesto de la Guardia Navarro, quien enfrentó al liberal Víctor Florencio Goytía, a quien venció con facilidad. A pesar de su preparación profesional (economista), ser un humanista reconocido y de conducta sin tacha, le correspondió a De la Guardia la tarea de enfrentar una situación social con penuria fiscal que no permitía invertir lo necesario en su desarrollo, y en el que los problemas educativos primaron.

 

Fue así que el presidente De la Guardia se enfrentó a luctuosos acontecimientos en mayo de 1958. También hubo de lidiar con una invasión de cubanos revolucionarios que desembarcaron en Playa Colorada, Santa Isabel, provincia de Colón, en abril de 1959, y el alzamiento de cerro Tute, en Veraguas, que dejó cuatro estudiantes muertos. A ello se sumó el “cabildazo” que encabezó el radiodifusor Ramón Pereira P., en febrero de 1958, y que se tomó el Concejo Municipal de Panamá para denunciar la corrupción.

Un nuevo intento electoral, exitoso

Los eventos relatados fueron los duros antecedentes de la campaña política que dio inicio a la década de los años sesenta. En medio de este clima conspirativo, y afectados por las presiones y situaciones delicadas a las que se vio sometido el presidente Ernesto de la Guardia, la campaña de 1960 se desarrolló con el protagonismo de Roberto F. Chiari y del Partido Liberal Nacional. La campaña política de 1960 fue agitada. Por la corriente de la gobernante Coalición Patriótica Nacional, fue postulado a la presidencia Ricardo Arias Espinosa. Mientras que una alianza de oposición, compuesta por los partidos Liberal Nacional, Tercer Partido Nacionalista, Republicano y el Movimiento de Liberación Nacional, postuló a Roberto F. Chiari. Otro candidato fue el abogado Víctor Florencio Goytía, quien se lanzó por segunda vez a la contienda apoyado por los partidos Resistencia Civil Liberal, Progresista, Dipal y Renovador. El triunfo lo obtuvo esta vez Roberto F. Chiari, con 85 603 votos. En segundo lugar, Arias Espinosa, con 73 309 y en tercer lugar, Goytía con 48 432 votos. Cuando el primero de octubre de 1960 don Nino fue juramentado por la Asamblea Nacional, una crisis fiscal y económica abatía a la república. En su discurso a la nación, Chiari reveló que el déficit alcanzaba 5,6 millones de dólares al 31 de agosto, más arrastres anteriores lo elevaban a nueve millones.

La deuda pública rozaba los 83 millones, de los cuales treinta millones correspondían a deuda externa. Anunció una reorganización administrativa, la semana de cuarenta horas y doble jornada para los servidores públicos, períodos de cuatro años para gerentes y juntas directivas de instituciones autónomas, revisión de los métodos de enseñanza y, sobre todo, respeto y estabilidad para el educador panameño. Poco pudo hacer en su primer año de gestión. Por lo pronto, solicitó cinco millones para atender el pago de la deuda externa. Sus dotes de hábil administrador en la empresa privada le permitieron sortear los escollos presupuestarios y logró, en su cuatrienio, materializar obras importantes. Fue así que le dio continuidad al plan vial programado por su antecesor, el cual incluyó, no solo las calles de la capital, sino las de las cabeceras del interior del país, caminos comunitarios y puentes importantes. Se pavimentaron con asfalto trescientos kilómetros de carreteras y se impulsó la construcción de otros doscientos kilómetros. A ello se sumó la pavimentación del noventa por ciento de la vía Interamericana (147 kilómetros), los acondicionamientos de los aeropuertos de Tocumen, Enrique Malek de David, y el de Bocas del Toro.

Realizaciones y discordias

Mucho se ha hablado del antecedente oligárquico de Roberto F. Chiari y de los intereses económico-comerciales de su familia. No obstante, su visión gubernamental fue la de hacer justicia muy moderadamente la masa campesina. Prueba de ello fue la emisión del Decreto-ley no. 6 de 1961 que creó la Reforma Agraria. Frente a las necesidades de atención médica, Chiari promovió la integración de los servicios médico-sanitarios en hospitales y centros de salud. Además, se incrementó la consulta externa para los sectores campesinos y se erigieron centros de atención médica. Uno de sus éxitos en materia de salud pública fueron las campañas de vacunación contra la poliomielitis y la tuberculosis, con apoyo internacional. Punto clave en la salud pública rural era el suministro de agua potable, el cual atendió al girar instrucciones de perforar casi novecientos pozos para surtir las comunidades del interior. Una realización de su gobierno fue la apertura del hospital general de la Caja de Seguro Social, iniciado por Ernesto de la Guardia Jr., en tanto que el gobierno de Estados Unidos inauguraba el puente de las Américas, en 1962. En el campo energético creó el Instituto de Recursos Hidráulicos y Electrificación, en 1961, para ir planificando el desarrollo eléctrico y las necesidades futuras del país. Igualmente funda el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales para administrar la distribución de agua potable en todo el país y organizar el manejo de las aguas servidas. Uno de los sectores más sensitivos que afectaron la administración De la Guardia, el educativo, fue atendido en la medida de las posibilidades. Chiari dotó de aulas escolares hasta campos remotos, lo que se denominó “Siembra de escuelas”. En su período se construyeron 1300 aulas en cuatro años, pero admitió que el déficit se mantenía en tres mil salones adicionales. Otro logro fue la creación del Instituto Panameño de Rehabilitación Especial para los niños con discapacidad, y el Centro Femenino de Rehabilitación, un reclusorio para las mujeres infractoras. En el aspecto laboral, Chiari normó lo relativo al salario base. Así, dispuso que la Comisión de Salario Mínimo investigara a fondo lo relativo al pago justo de la jornada de los trabajadores. Un hecho histórico en las relaciones laborales lo constituyó en 1961, la huelga bananera de la Chiriquí Land Company, División Bocas del Toro. Miles de trabajadores se rebelaron ante las condiciones deprimentes en que vivían y trabajaban, así como por el salario que recibían. Tras interesarse en esta queja e investigar el problema, Chiari sentó a la empresa frutera para resolver el problema. De solo veinte centavos de dólar por hora que cobraban y el no pago de las horas extraordinarias, el Gobierno logró elevar el salario a treinta y cinco centavos de dólar por hora, garantizar prestaciones médicas, vivienda, luz y agua gratuitas para los trabajadores y diez por ciento de descuento en víveres. La culminación de estas negociaciones entre Gobierno y Chiriquí Land Company se alcanzó en diciembre de 1961, con la firma de una convención colectiva. Luego de este acuerdo, los trabajadores bananeros de la División Puerto Armuelles, en Chiriquí, también se alzaron en huelga por aspiraciones salariales. Contrario a las negociaciones sostenidas en Changuinola, Bocas del Toro, donde la solución llegó a través del diálogo, en Puerto Armuelles la lucha cobró la vida de un trabajador y lesiones en otros, luego de choques con la Guardia Nacional. Finalmente se logró un aumento de 0,01 centavo de dólar, con otras conquistas laborales. Pero ello no fue suficiente para calmar las tensiones, toda vez que a comienzos de 1962, unos diez mil obreros bananeros protestaban por una mejor paga. Resuelto esto, en marzo de 1964 volvieron a encenderse las tensiones en la zona bananera porteña, las cuales finalizaron con un acuerdo que mejoraba la paga por corte de racimo de 0,07 a 0,085 centavos de dólar y la promesa de iniciar negociaciones de un nuevo convenio colectivo. Pero al mandatario no le faltaron otras confrontaciones sociales que resolver.

Desde la sublevación del mayor Alfredo Hurtado, en agosto de 1962, motivada por su destitución y desigualdades que supuestamente se daban en el cuerpo armado, la cual concluyó de forma incruenta, hasta los choques con los indígenas gunas de San Blas por motivos del contrabando con las naves colombianas, en diciembre de 1962. Otra disconformidad surgió en agosto de 1962, en la Universidad de Panamá, cuando los estudiantes se abocaron a una huelga que duró 22 días, que incluyó violentos choques internos. Una amplia facción estudiantil pedía la renuncia del rector Narciso Garay y se oponía a que se normalizara el período de clases. Las confrontaciones acabaron cuando se lograron reformas al Estatuto Universitario y mejoras al presupuesto de la casa de Méndez Pereira.

El problema con Estados Unidos

En el último año de su gobierno, el presidente Chiari enfrentó un escollo, quizá el más grave y de repercusiones no solo nacionales sino internacionales. Las relaciones de Panamá con los Estados Unidos no marchaban por buen camino. Las aspiraciones del pueblo panameño de mayor soberanía sobre el Canal y un mejor trato para sus trabajadores en la franja acuática, se mantenían vivas. Ya en 1958 se habían suscitado acciones nacionalistas de compatriotas de izar la bandera panameña al lado de la estadounidense, como un ejercicio de soberanía nacional. Pese a que el presidente Dwight Eisenhower había dispuesto que el pabellón panameño ondeara al lado del de Estados Unidos, las autoridades de la ex Zona del Canal dilataron la implementación de la medida. Los acontecimientos del 3 de noviembre de 1959 fueron un campanazo de lo que vendría en el futuro. En aquella ocasión la refriega entre panameños y estadounidenses fue de 36 heridos por los primeros y cuarenta por los segundos. En 1960, a poco de haberse instalado como presidente, Roberto F. Chiari, preocupado por esa situación, designa una Comisión de Política Internacional para tratar el tema con sus pares de Estados Unidos. La instrucción de Chiari era la de mantener las aspiraciones panameñas en lo relativo a la soberanía y revisar el tema de las reivindicaciones económicas. Las dos recomendaciones presentadas por este equipo de trabajo fueron: lograr la izada de la bandera panameña en todos los edificios públicos de la Zona del Canal y naves en tránsito por el Canal; y priorizar el cese de la perpetuidad en la letra de los tratados vigentes.

 

La entrevista con Kennedy

Haciéndose eco de estas aspiraciones, el presidente Chiari envía una carta, fechada el 8 de septiembre de 1961, al recién instalado presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, de la cual es portador su hermano, Ricardo Chiari. En ella el mandatario panameño le solicita reunirse con él para tratar el espinoso tema de la perpetuidad del tratado del Canal, la soberanía y la explotación del canal de Panamá. Hombre cortés y respetuoso, pero de firmes convicciones, en esa misiva Chiari le hace ver a Kennedy que si echan a un lado las interminables e infructuosas discusiones sobre la correcta interpretación de los tratados vigentes, y se disponen a abordar el análisis de las relaciones actuales a la luz de las normas del derecho internacional, se encontrarán las fórmulas para obtener, de una vez por todas, una convivencia estable y duradera.

La visita del presidente panameño a Washington se materializa el 12 de junio de 1962. Chiari va acompañado de su canciller, Galileo Solís, y de otros funcionarios. Durante el encuentro, el mandatario panameño expone las causas de insatisfacción y confrontaciones entre los dos países, resumidas en nueve puntos: 1. Restricción de los derechos otorgados a Estados Unidos en la Zona del Canal, a los fines estipulados de mantenimiento, funcionamiento, saneamiento y protección del Canal. 2. Respeto de la soberanía panameña en la Zona del Canal y su reconocimiento enarbolando la bandera panameña en todas partes, uso del español como idioma oficial y de estampillas postales panameñas, reconocimiento de exequatur panameño a cónsules extranjeros, juzgamientos de panameños por tribunales de Panamá. 3. Devolución a Panamá de todas las tierras y aguas no necesarias para fines específicos definidos en los tratados. 4. Eliminación de la cláusula de perpetuidad. 5. Aumento substancial de los beneficios pecuniarios por la concesión del Canal. 6.Terminación de actividades comerciales e industriales del gobierno estadounidense en la Zona del Canal. 7. Freno a la discriminación laboral a panameños; igualdad de salarios e igualdad de prestaciones de seguridad social. 8. Restablecimiento de la jurisdicción panameña de facilidades portuarias en Panamá y Colón. 9. El cobro, en la fuente, del impuesto sobre la renta a panameños empleados en la Zona del Canal. Durante la visita se llevaron a cabo dos rondas de conversaciones. En ninguna de las dos estuvo presente la representación del Departamento de Defensa, signo que indicaba que las reuniones serían meramente protocolares. El miércoles 13 de junio, el presidente Chiari visitó la sede de la Organización de Estados Americanos, donde denuncia que el principio interamericano de la no intervención ha sido tergiversado y convertido en “ojos cerrados y manos afuera” que no era precisamente su significado original, en clara referencia a la actitud de algunos miembros del sistema hemisférico ante la opresión que infligía el régimen totalitario de La Habana al pueblo cubano. Ese miércoles, al realizarse una rueda de prensa luego de visitar la Casa Blanca les hizo saber a los periodistas que en sus reuniones con el presidente Kennedy había hecho énfasis en cuatro aspectos: la soberanía panameña en la Zona del Canal; la cláusula de perpetuidad de Estados Unidos sobre la Zona del Canal; una mejor participación en los beneficios derivados del Canal y de la Zona del Canal; así como mejores condiciones para los trabajadores panameños para los que se pedía igualdad de trato con los trabajadores estadounidenses. Ante la insistencia del presidente Chiari, Kennedy tomó el camino de la franqueza, y expresó su deseo de negociar un nuevo tratado que abrogara el de 1903. Para que el presidente Chiari no volviese a Panamá con las manos vacías, surgió la idea de crear una Comisión de Alto Nivel, que continuara trabajando sobre algunas reivindicaciones.

Como resultado final de la visita ambos mandatarios emitieron una Declaración Conjunta el 13 de junio de 1962. En esta, lo más importante fue la designación de una comisión bipartita de alto nivel. Con ello se plasmaba la intención de resolver mediante discusiones los puntos de insatisfacción relativos a los tratados. Sin embargo, la realidad fue que, excepto el asunto de las banderas panameñas y un par de puntos secundarios, las aspiraciones de Panamá quedaron sin respuesta. Dos años después el presidente Kennedy daría instrucciones de que no se hiciera nada que afectara los tratados vigentes. El 15 de junio de 1962 el presidente Kennedy aprueba otro Memorando de Acción de Seguridad Nacional. En este memorando nombra a los funcionarios que laborarán en la nueva comisión: Joseph Farland y el mayor general Robert Fleming. Como contraparte, el presidente panameño nombró a Galileo Solís y a Octavio Fábrega. Si bien las dos representaciones diplomáticas empezaron a trabajar en la búsqueda de soluciones a los conflictos con Panamá, lo cierto es que no había intención de parte del gobierno de Washington de acceder a la revisión de los tratados existentes. Desde la primera reunión los representantes panameños presentaron a consideración ocho puntos: 1. Enarbolamiento de la bandera en la Zona del Canal. 2. Uso de sellos postales en la Zona del Canal. 3. Reconocimiento de la Zona del Canal de los exequatur expedidos por el Gobierno de Panamá a cónsules extranjeros. 4. Corredores bajo plena jurisdicción panameña, a través de la Zona del Canal. 5. Trato justo a los trabajadores panameños en la Zona del Canal. 6. Apertura del mercado de la Zona del Canal al comercio panameño. 7. Deducción en la fuente del impuesto sobre la renta a los trabajadores panameños que laboran en la Zona del Canal. 8. Facilidades portuarias en las ciudades de Panamá y Colón.

 

Se agrava el conflicto

Hay que dejar constancia de que su desenlace no fue inmediato. Fue una cadena de hechos que colmaron la paciencia de la población panameña tratada con discriminación durante décadas y abusada en sus derechos soberanos por los Estados Unidos. Luego de la designación de la Comisión de Alto Nivel que fracasó en sus intenciones de resolver las causas de confrontación entre Panamá y Estados Unidos, derivadas de la existencia de la Zona del Canal, el presidente Roberto F. Chiari, en su mensaje a la nación, el 1 octubre de 1963, señaló: “Creo que hemos llegado al punto y a la hora en que nuestros dos países no pueden demorar la solución de sus diferencias, sin el riesgo de caer en situaciones sensibles”. Con dicho mensaje, el mandatario panameño se anticipaba a lo que ocurriría en los aciagos sucesos del 9 de enero de 1964. Ya en septiembre de 1960, luego de los incidentes del 3 de noviembre de 1959, el presidente estadounidense, Dwight Eisenhower, había girado instrucciones de izar la bandera panameña a lado de la estadounidense en el Triángulo Shaler, un trígono que se ubicaba en el patio trasero de la Asamblea Nacional y que miraba a la entonces terminal de autobuses de la Zona del Canal.

El 7 de enero de 1963, la Comisión Negociadora Binacional anuncia la firma de un acuerdo por el cual la bandera de Panamá se izaría junto a la de Estados Unidos en todos los sitios civiles de la Zona del Canal, con excepción de los barcos que transitaran el Canal. No obstante, existía entre los llamados “zonians”, como se les denominaba a los estadounidenses residentes en la franja canalera, un sentimiento de posesión soberana de este territorio, y rechazaban toda intención de ver ondear la bandera panameña en el área, de lo cual participaban silenciosamente las autoridades. El conflicto reventó el 3 de enero de 1964, cuando el policía Carlton Bell, sin autorización para ello, enarboló la bandera estadounidense frente al monumento de los héroes de guerra localizado en Gamboa, sin acompañarla del pabellón panameño, pese a que el gobernador de la Zona, Robert Fleming, había ordenado que no se izara bandera alguna en ese lugar. El hecho también se repitió en varias escuelas y, sobre todo, en la Balboa High School, donde estudiantes, padres de familia y vecinos se negaron a izar la bandera panameña pese a que el gobernador Fleming había ordenado que se procediera a izar ambos pendones. Al conocerse estas acciones en la ciudad de Panamá, doscientos estudiantes del Instituto Nacional deciden caminar hasta la Escuela Secundaria de Balboa para izar su bandera, tal como lo había ordenado el gobierno de Estados Unidos y la Comisión Negociadora Binacional.

El ultraje y la agresión

La intimidación y agresión a los institutores por parte de estudiantes y policías zoneítas en el patio de Balboa High School, la ruptura violenta del pabellón nacional por parte de los mismos actores, el retiro apresurado de los institutores hacia el Nido de Águilas, la difusión de la noticia de lo que había ocurrido esa tarde y la consecuente reacción de repudio del pueblo panameño, tras conocerse el irrespeto cometido al pabellón nacional precipitaron lo que pasó después. Las confrontaciones entre la población civil panameña y la policía zoneíta apoyada por los civiles zonians, fue desigual. Los estudiantes institutores son humillados y perseguidos por estudiantes, acudientes y la policía zonian. Ello enardece a otros estudiantes y al público en general, que se acercan a la avenida 4 de julio, y responden con piedras y otros objetos. En ese momento comienzan a caer los primeros heridos. Un joven de veinte años, estudiante de la Escuela Profesional Isabel Herrera Obaldía, Ascanio Arosemena, que ayudaba a retirar a los heridos, se convertiría en el primer mártir de la gesta del 9 de enero de 1964 tras ser alcanzado por una bala estadounidense. A eso de las ocho de la noche, la policía zoneíta pidió ayuda al ejército para contener a la muchedumbre que exigía justicia, el cual hace presencia con un poderoso armamento, tanquetas y otros equipos. Se producen más de cien heridos y seis muertos en la ciudad capital, en su mayoría adolescentes que intentaban sembrar banderas panameñas.

En la ciudad de Colón se producen 141 heridos y tres muertos: la niña guna Maritza Alabarca, de seis meses de edad, el estudiante Carlos Renato Lara, de 18 años y Celestino Villarreta, sargento de la Guardia Nacional, de 43 años. El 10 de enero el gobierno de la Zona del Canal recurre a la Fuerza Aérea, sobrevolando el espacio aéreo panameño. Los soldados estadounidenses abren fuego a discreción en la avenida 4 de julio. Igual ocurre en la ciudad de Colón. Para el 11 de enero, el ejército estadounidense refuerza la seguridad en el Puente de las Américas, impidiendo el acceso de la población del campo hacia la ciudad. Otras acciones militares ejecutadas por el ejército de Estados Unidos: • Toma de la ciudad de Colón para impedir manifestaciones nacionalistas y ocupación del corredor de esa ciudad, lo que cortó el acceso y aisló a la ciudad atlántica. • Reforzamiento del límite de la Zona para aislar a la capital, impidiendo el paso de y hacia la avenida 4 de julio, hoy denominada avenida de los Mártires. • Los soldados apostados en las zonas adyacentes al área del límite disparaban desde posiciones elevadas con armas de largo alcance contra la población panameña. Estas acciones dejarían un saldo de 22 muertos y más de 400 heridos panameños.

 

La intervención del presidente Chiari  y una histórica ruptura

Luego de los sucesos en la Escuela de Balboa, una delegación de estudiantes del Instituto Nacional, acompañados de su rector, el profesor Dídimo Ríos, se dirige al Palacio de las Garzas para informar al presidente Chiari de lo acontecido, y del ultraje al pendón patrio de parte de la policía y los estudiantes zoneítas. Los estudiantes entregan al mandatario el pabellón desgarrado. Era el mismo pabellón que habían enarbolado los estudiantes en diciembre de 1947, cuando se opusieron a la ratificación del tratado Filós-Hines, que prorrogaba la permanencia de bases militares estadounidenses en el territorio nacional. El presidente Chiari intenta persuadir a las autoridades zoneítas para que cesen el fuego contra la población panameña, pero su petición no fue escuchada. Mientras tanto, el ejército de los Estados Unidos, que había tomado la plaza del Palacio Legislativo, el cruce del Tívoli, el área del Instituto Nacional y otros sectores limítrofes, disparaba contra los indefensos estudiantes y civiles. Informado de la grave situación que acontecía en las ciudades de Panamá y Colón, la cual ya dejaba una decena de muertos y cientos de heridos, el presidente Lyndon B. Johnson se enfrentaba a su primera crisis internacional, tras haber reemplazado al presidente John F. Kennedy, asesinado en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963. A las 11:40 a.m. del martes 10 de enero de 1964, a través de un intérprete, llamó al presidente Chiari para iniciar una conversación de reconciliación. Johnson intentó hacer ver que la crisis la habían originado enemigos de Panamá y de Estados Unidos, en una alusión velada a los comunistas, y le anunció que enviaría a Panamá a la mayor brevedad posible a su secretario privado, Thomas Mann, y a otros asesores de su equipo para que investigaran lo que había pasado y pudieran cooperar con el presidente Chiari en lo necesario.

 

No obstante, el tono de voz del presidente panameño no era tan amigable como cuando conversó con el desparecido presidente Kennedy. Chiari le interrumpió para dejar claro, en inglés, lo que pensaba decirle al secretario Mann: “Lo que necesitamos es una revisión completa de todos los tratados que afectan las relaciones entre Panamá y Estados Unidos”. Johnson trató de ser diplomático y de convencerle de que era necesario investigar el origen de los hechos de violencia, lo que era importante para que él, Johnson, pudiera formularle sus recomendaciones. Sin embargo, Chiari no estaba de humor para escuchar consejos, luego de la masacre perpetrada por el ejército y la policía zoneítas. Entonces le cortó y en tono de reproche le recordó que en 1961 había visitado Washington para conversar con el presidente Kennedy y desde entonces no se había hecho nada para tratar de resolver la situación que se había ido deteriorando, al grado de contarse ahora con muertos y heridos. Frente a tan duros y francos argumentos, Johnson le reiteró que por ello enviaría al secretario Mann para que se continuaran las conversaciones iniciadas con el presidente Eisenhower en 1960 y continuadas con el presidente Kennedy en 1961, y buscar soluciones a la crisis, insistiendo en que la violencia nunca era la forma de solución a los problemas. Pero Chiari volvió a ripostar con temple diciéndole que coincidía con él en que la violencia no era buena consejera, pero que tampoco lo era la intransigencia para atender estos problemas. “Llevamos más de dos años y no se ha logrado nada… Es lo que ha motivado más o menos una situación como ésta”, precisó el presidente panameño. Horas después, y con una avalancha de panameños rodeando la Presidencia de la República, el presidente Chiari, asesorado por Galileo Solís y Eloy Benedetti, asume una histórica decisión: la ruptura de relaciones diplomáticas con Estados Unidos.

Instruye al canciller, Galileo Solís, para que le transmita al secretario de Estado norteamericano, Dean Rusk lo siguiente:

 

En nombre del Gobierno y Pueblo de Panamá presento a Vuestra Excelencia formal protesta por los actos de despiadada agresión llevados a cabo por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos de América acantonadas en la Zona del Canal, contra la integridad territorial de la República y su población civil indefensa durante la noche del día de ayer y la mañana de hoy. […] La forma inhumana como la policía de la Zona del Canal y luego como las Fuerzas Armadas norteamericanas agredieron a una romería de no más de cincuenta jóvenes estudiantes de ambos sexos de escuela secundaria, que pretendía desplegar en forma pacífica la enseña nacional en esa faja de territorio panameño, carece de toda justificación. El incalificable incidente ha revivido episodios del pasado que creíamos no volverían a ocurrir en tierras de América. Los condenables actos de violencia que motivan esta nota no pueden ser disimulados y menos tolerados por Panamá. […] cumplo con informar a Vuestra Excelencia, que debido a los sucesos a que antes me he referido, el Gobierno de Panamá considera rotas sus relaciones diplomáticas con su Ilustrado Gobierno, y en consecuencia, ha impartido instrucciones a Su Excelencia el Embajador Augusto G. Arango, para que regrese cuanto antes a la Patria.

Chiari además echó mano a todos los recursos que la diplomacia internacional le permitía para hacer valer las reclamaciones panameñas y llamar la atención mundial sobre la imperiosa necesidad de revisar el tratado canalero. Pese a que el presidente Chiari y Miguel J. Moreno eran adversarios políticos, el mandatario convocó al célebre jurista, dada la gravedad del momento y la naturaleza de la causa. Moreno, un maestro en diplomacia, no dudó en ponerse al servicio del país. El 20 de enero de 1964 parte hacia Washington con el cargo de embajador de Panamá ante la Organización de Estados Americanos (OEA), organismo ante el cual el país recurrió para exponer la crisis surgida en las relaciones con Estados Unidos. A través del embajador Moreno, se informó a la presidencia del Consejo de la OEA sobre la agresión no provocada contra su territorio y población civil por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos, lo cual señala, que crea una situación que pone en peligro la paz en América. Acto seguido, solicita que se reúna el órgano de consulta para que asuma las medidas necesarias para frenar la agresión y mantener la paz. Adicionalmente, la presidencia haría otra urgente petición. Ese mismo 10 de enero, el embajador panameño ante la Organización de Naciones Unidas, Aquilino Boyd, solicita al Consejo de Seguridad una reunión urgente para que evaluara la grave situación que se estaba registrando entre Panamá y Estados Unidos.

La agresión de las autoridades zoneítas contra la población y el territorio nacional produjo la condena colectiva de parte de la comunidad mundial. La opinión pública extranjera se solidariza con la causa panameña, y envía mensajes de adhesión y de repudio a la barbarie estadounidense. Una comisión general, integrada por los miembros del Consejo Permanente de la OEA, voló a Panamá el 9 de febrero para investigar los hechos y rendir informe al órgano de consulta de la OEA, así como éste lo haría oportunamente al Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas. Dado que la comisión no logró resultados positivos de parte de los personeros de Estados Unidos, la comisión se trasladó a Washington a seguir sus gestiones. El 12 de marzo de 1964, finalmente, los representantes de Estados Unidos y Panamá aceptaron firmar una declaración conjunta en la que convenían en el pronto restablecimiento de relaciones diplomáticas para eliminar las causas del conflicto derivadas del Canal, y procurar hallar soluciones a otros problemas existentes.

 

El sacrificio de los mártires de enero de 1964 no fue en vano. Su ofrenda permitió fortalecer la lucha del país para exigir una nueva negociación del tratado Hay–Bunau-Varilla, de 1903. Luego de una reunión del Consejo de la OEA, el 15 de marzo de 1964, se emite un comunicado que anuncia que ambos gobiernos restablecerían relaciones diplomáticas en un tiempo perentorio, lo cual tiene lugar el 3 de abril de 1964, mediante la firma de una declaración conjunta de ambos gobiernos.

Como antecedentes de este restablecimiento figuran la declaración Johnson-Chiari, del 12 de marzo de 1964, que establecía que Panamá tenía derecho a un trato justo por parte de los Estados Unidos. Así mismo, la declaración conjunta Moreno-Bunker, de 3 de abril de 1964, que abría la posibilidad de una nueva negociación entre ambos gobiernos de un convenio justo y equitativo. Si bien para el gobierno y pueblo panameños la agresión sufrida de parte de la población civil, de la policía y del ejército estadounidense fue una afrenta para su soberanía y una discriminación en su propio suelo, para el gobierno de Estados Unidos estos sucesos fueron vistos como “una agresión” de la población panameña al territorio de la Zona del Canal, ya que ellos eran “soberanos” en dicho territorio y, por tanto, habían procedido en su defensa. Johnson y Chiari volvieron a conversar vía telefónica. Eso ocurrió el 3 de abril, justo cuando se anunciaba la reanudación de las relaciones diplomáticas entre ambos países, casi tres meses después de la agresión militar. Un Johnson amigable saludó al presidente Chiari y le expresó su satisfacción por el acuerdo alcanzado, lo cual agradeció el mandatario panameño expresando su complacencia porque se iniciarían gestiones para eliminar las causas del conflicto entre ambas naciones.

El jefe de Estado estadounidense le informó que había designado al exsecretario de Hacienda, Robert Anderson, como embajador especial para las negociaciones, a quien ponderó como un excelente negociador, cuya misión sería llegar a acuerdo justo para ambos países. Chiari a su vez expresó su convicción de que si existiera suficiente voluntad entre los dos países, la solución podría encontrarse. Tras meses de conversaciones entre ambos gobiernos, incluyendo gestiones y sesiones de la OEA y negociaciones para la solución “de las causas del conflicto”, el 1 de octubre de 1964 Chiari traspasa la banda presidencial a su copartidario y exministro de Gobierno y Justicia, Marco A. Robles. El 24 de septiembre de 1965 se firma la Declaración Conjunta Robles-Johnson, que acordaba que el tratado de 1903 sería abrogado y que el nuevo pacto reconocería de forma efectiva la soberanía de Panamá sobre el territorio de la Zona del Canal.

Las negociaciones concluyeron en lo que se denominaría el tratado “3 en 1”, que finalmente la Asamblea Nacional no ratificó. Sin embargo, las bases de una nueva negociación las había sentado el gobierno del presidente Chiari. Posterior al golpe de Estado que sufriera el presidente Arnulfo Arias Madrid, en 1968, con base en este mismo tratado, se reanudó la negociación que desembocó en la firma de los tratados TorrijosCarter, en 1977, y que puso como fecha tope el 31 de diciembre de 1999, a la presencia de Estados Unidos en la Zona del Canal.

 

De vuelta a la vida privada

El presidente Chiari ejerció la Presidencia de la República desde el 1 de octubre de 1960 al 30 de septiembre de 1964. Se le recuerda como el “Presidente de la Dignidad” pues Panamá ha sido el único país del hemisferio en romper relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Cuando Chiari dejó el Palacio de las Garzas se dedicó a atender los negocios familiares, asumiendo entonces la gerencia de Azucarera La Estrella, S.A. En enero de 1945, y siendo diputado de la Asamblea Nacional, había también presidido la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá. Luego, con los años, presidiría otros gremios empresariales como el Sindicato de Industriales de Panamá y el Consejo Nacional de la Empresa Privada. En junio de 1979, año en que entraron en vigencia los nuevos tratados del Canal, mejor conocidos como Torrijos-Carter, la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (APEDE) aprobó rendir un homenaje al “Presidente de la Dignidad”, y conferirle a don Roberto F. Chiari el Premio APEDE 1979. Luego de recibir una placa de reconocimiento del presidente de la APEDE, don Nino Chiari se refirió brevemente a los sucesos de enero de 1964:

Para mí, los sucesos de enero de 1964 constituyen el galardón más extraordinario que la Divina Providencia pudo otorgarme, porque me permitió cumplir el juramento que hice al asumir el mando en octubre de 1960: servir a la República, servir a la Nación, cumplir con mi deber.

Hondamente conmovido, sostuvo que en aquellos aciagos días los panameños habían llegado al convencimiento, a la conclusión, de que el tratado del Canal de 1903 había muerto. “Panamá no reanudaría relaciones con los Estados Unidos hasta que no aceptaran sentarse a la mesa de negociaciones, sin precondiciones, para lograr un tratado justo y equitativo que erradicara las causas de conflicto que emanaban, precisamente, del tratado de 1903”. La muerte alcanzó a Roberto Francisco Chiari el 1 de marzo de 1981, deceso que consternó al pueblo panameño que en gran concurrencia le acompañó en su último adiós.

 

 

Referencias bibliográficas

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