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    Porfirio Sánchez Fuentes

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Rogelio Sinán

by: Porfirio Sánchez Fuentes

Su aporte a la cultura enriquece la vida sociocultural de Panamá por el camino marcado para las letras panameñas y por la asimilación de nuevas técnicas en sus creaciones. Sus críticos coinciden en que en su vida y obra encontramos cultura, riqueza intelectual, disciplina literaria, espiritualidad a flor de piel e ideas novedosas, ya sea como educador, cónsul, periodista o, sobre todo, escritor.

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Doctor en filología hispánica con especialización en Literatura Hispanoamericana. Es docente en la Universidad de Panamá en cursos de la Escuela de Español y tutor en el doctorado en Humanidades y Ciencias Sociales. Es ganador del Premio de Literatura Ricardo Miró, con el ensayo Presencia africana en el habla del panameño. Ha sido docente en programas de maestrías en la Universidad de Panamá y en la Universidad Autónoma de Chiriquí. Maestro por excelencia en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá. Delegado por Panamá en las Jornadas en Rosario (Argentina), para la Certificación del Español como lengua extranjera, con el patrocinio del Instituto Cervantes.
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Overview

 

Yo era un ave sin alas
y tú fuiste mis alas.
Entonces yo alcé el vuelo
contigo, al infinito,
en busca de verdad
y en busca de la esencia de las cosas.
[…]
Mis versos tienen mucho
de nuestro loco vuelo.

Rogelio Sinán buscó y descubrió su camino. Para lograrlo viajó, seleccionó lecturas y lugares de arribo, y encontró estímulos en destacados escritores de su época. La veta literaria, la temática la encontramos en el medio marino de su isla natal, Taboga, y en la realidad inmediata que lo rodeó. Los recursos artísticos y literarios presentes en su obra son el resultado de un trabajo riguroso; de ello dan fe sus palabras al citar a grandes figuras de la literatura y el arte que influyeron en él con sus concepciones artísticas, como: Miguel Ángel, Pablo Neruda o Luigi Pirandello, para citar solo algunos. Sinán sabía que hacía falta estudiar, trabajar y dominar la materia, y en ello puso su empeño. Su compromiso con la literatura fue un acto de responsabilidad. Así lo expresó en cierta ocasión:

El arte es magia; la vida, no. Si lo que quieres es referirte al hecho creador en sí, puedo decirte que, según mi criterio, la idea inicial surge en la mente. A veces basta sólo un chispazo, un recuerdo, un perfume, una frase, un dibujo. Supongo que la imaginación es la encargada de elaborar, amasar, estructurar, dar forma al magma. Todo ello es parte del proceso creador, durante el cual la masa se transforma en expresión, en lenguaje.

Hemos visto fotos, bocetos, caricaturas de Rogelio Sinán; pero a la manera de Cervantes, no logramos su autorretrato, sino algunas pinceladas logradas por destacados escritores que nos permiten percibirlo de esta manera:

Con su aire de faquir, morenísimo; más bien enjuto; de cabeza grande; ojos penetrantes y vivos; suave sonrisa quieta en el rostro sereno; por lo general, cruzado de brazos; en gesto de espera; incapaz de romper a hablar sin motivo; buen bebedor sin estridencias; pausada la parla; amigo del silencio y de oír a los otros; —éste nació poeta,…

y a ello añadamos “… [de] propósitos inalcanzables y modestia de médium…”, conversador ameno, de habla pausada y profundos conceptos, dueño de una memoria privilegiada y de un riquísimo bagaje de experiencias y conocimientos, es un hombre que respira una singular mezcla: sostenida autoestima y humildad por todos los poros.

Cuando tengamos una de sus obras en nuestras manos, hagamos el ejercicio mental y evoquemos con esta descripción al escritor que nos disponemos a leer. Como muchos de los escritores del boom latinoamericano, don Rogelio recibió honores y reconocimientos en vida por sus aportes a la literatura, a la educación y a la cultura. Y como expresó la poetisa Ana María Rabatté: “En vida, hermano… No esperes a que se muera la gente para quererla”. Con estos homenajes se le hacía justicia al escritor, por ser no únicamente el más completo, sino el que revolucionó todos los géneros, el más imaginativo.

Comentarios como estos se reiteraron en varias ocasiones. Destacables recopilaciones de material sobre el polifacético escritor recogen un conjunto de reflexiones críticas en torno a su obra, que sirven de fuentes principales para futuros estudios de su producción literaria. En vida, Rogelio Sinán experimentó la satisfacción del reconocimiento a su obra literaria y a sus aportes a la educación y a la cultura. Son muchas las distinciones nacionales e internacionales que recibió. Rogelio Sinán, la magia del seudónimo con que Bernardo Domínguez Alba conquistó lectores, ganó críticos y alcanzó notoriedad —y que lo acompañó hasta el fin de su vida— permite concebir la cantidad de apodos, epítetos que lo caracterizan y desfiguran de diversas formas, cuando su fecha de nacimiento se altera y las denominaciones nos lo presentan como: Sinán genial, el demiurgo, el baquiano, el descifrador, el maestro, abanderado, señor de las letras, un panameño de excepción, un hombre de talla superior, un monstruo de la literatura, abanderado de la literatura nueva, alta cifra de la literatura y la cultura panameñas, padre de la literatura panameña, el maestro de grandes literatos, un hombre de talla superior, el gran poeta, el capitanazgo de la literatura panameña, el mayor poeta panameño, el brujo, maestro de maestros y artista, creador en todos los géneros, padre de la literatura panameña, el poeta mayor, amigo de la cultura, el Mefistófeles de sonrisa constante y humor a flor de ola, a flor de piel, a flor de alma.

Estas denominaciones, adjetivaciones y epítetos son el reflejo de las apreciaciones de quienes lo conocieron y lo identificaron como un renovador y activista incansable, que dinamizó el quehacer patrio con sus distintas propuestas y aportes en los diversos contextos en donde tuvo oportunidad de participar. Hay quienes afirman que, a pesar de las prendas intelectuales que ostentaba, siempre estuvo alejado de los devaneos jactanciosos. Siempre fue muy humilde. Muchos consideran que el epíteto de “maestro” le quedaba a la medida, pues siempre tuvo una actitud abierta para la gente joven, a la que acogía con generosidad. ¿Cómo fue el proceso vivido por Sinán para llegar a ser escritor? Empezó a destacarse, a abrirse camino él y a sus seguidores, vivió el momento que le tocó, e inició una avanzada hacia el futuro con su cosmovisión y sus concepciones de la vida, del arte y de la literatura. Pero no descuidó su formación cultural y una conciencia del ejercicio del escritor, además de la creatividad mostrada de manera polifacética en función de ruptura. Lo que sí es cierto es que no se forjó desde las savias poéticas de una generación de vanguardia en Panamá. No obstante, al leer los textos de Sinán, se concluye que no se definen exclusivamente por la influencia europea; también hay una importante contribución de su idiosincrasia de panameño.

Infancia de Sinán

¿Qué sabemos de su infancia? En 1902, el año de su nacimiento, finaliza la guerra de los Mil Días, con la firma del tratado de Wisconsin. Estos tres años de guerra tuvieron un alto costo económico para Panamá y favorecieron las negociaciones con Estados Unidos para la construcción del canal de Panamá. Ese año estuvo marcado por un conjunto de circunstancias que determinaron acontecimientos históricos para el país, consolidado solamente un año después con el acto de separación de Colombia. Las principales fuerzas políticas colombianas se debatían en un cruento conflicto, después de casi un siglo de accidentada anexión del istmo de Panamá a la nación bolivariana, cuya lejanía y centralismo fueron, a juicio de algunos historiadores, las causas visibles de la separación definitiva. Este es el marco histórico que dio inicio a la vida del escritor. Pero para algunos estudiosos también, estos eventos dejaron otros saldos que crearon condiciones materiales para el establecimiento de una cultura muy específica en Panamá.

Es evidente que estas condiciones sociales y la profunda inequidad política y económica del país afectaron su cultura y el pensamiento de sus hombres de letras. Un ejemplo en cuanto a la narrativa es el cuento, que surge como un “brote tardío”, según Franz García de Paredes, en el prólogo a la edición conmemorativa de El cuento en Panamá. Es muy poco lo que se conoce de la vida de Sinán; al contrario de lo que escuchamos de otros escritores, no empezó su formación literaria desde niño. Así nos confiesa:

Yo no puedo decirte que desde niño leía porque nunca fui un niño lector y mucho menos un lector entusiasta […] Mi papá, recuerdo, me compró un libro de narraciones y me lo hizo leer a la fuerza. Él sabía que era la única manera de que leyera porque para mí era más importante irme a bañar al mar o ir a robar mangos. Fuera de ese libro, que no recuerdo, el primer libro que leí dándome cuenta de que lo hacía fue Sangre y Arena, de Vicente Blasco Ibáñez. Y lo hice porque estaba enfermo y me lo regaló una amiga y tuve que concentrarme porque no podía hacer otras cosas.

Para él era más importante vivir intensamente que leer sobre la vida. Consideraba esenciales las cosas que le habían sucedido y de las cuales había sido testigo. Según su propio testimonio, para él escribir es hablar de la vida y no de lo que ha leído. En Los pájaros del sueño (Sinán, 1957) narró la salida en cayucos y el juego con los lagartos en los esteros: “A los niños nos tenían prohibido montarnos solos en cayucos por el peligro de caer en boca de los lagartos”. Hizo sus estudios primarios en la isla de Taboga, rodeado de pescadores y de mar, de cielo y de verdor. En la secundaria, primero fue lasallista y después institutor, para satisfacer una esperanza y ambición propias de la época: se era normalista o institutor. En esos años todavía no era Sinán, era Bernardo y no publicaba nada aún. Se graduó de bachiller en Humanidades, en el Instituto Nacional, y ese año inició labores en el National City Bank, trabajo que abandonó al poco tiempo.

Desde sus años estudiantiles como institutor, revelaba ya de alguna manera su talento genial. Algunos recuerdan que mostró gran vocación y una capacidad especial para las letras, que fue desarrollándose a un ritmo acorde con la lectura y el ejercicio intelectual. Sinán recordaba: “Mi vocación literaria se había manifestado desde la época en que hacía el bachillerato, pues había editado y dirigido revistas y obtenido premios”. El mismo Sinán califica estos escritos como sus primeras expresiones literarias, que datan de su época como institutor. “El mago de la isla”, como lo llamó el poeta Ricardo J. Bermúdez, recuerda que en el liceo dirigió una revista llamada Excelsior, de la cual salieron tres números. En esta y en Preludios publicó trabajos en prosa. Cuando estaba a punto de graduarse, se convocó un concurso literario, algo novedoso para aquel entonces. Sinán, que tenía 19 años, ganó el concurso patrocinado por la Federación de Estudiantes de Panamá, y así se hizo acreedor a una medalla de oro y un diploma por su participación en el género cuento. Este cuento fue publicado en Juventud (revista de la Federación) y años después reproducido por la Revista Lotería. Sinán recordaba su primer poema, escrito durante los años del Instituto Nacional, que abordaba el tema de Taboga.

Sin embargo, el recuerdo era impreciso. Rogelio Sinán era Bernardo Domínguez Alba. Sinán evocaba otro texto que escribió cuando estaba en Chile y envió a Panamá. Era un soneto invertido en el que estaban los tercetos arriba y los cuartetos abajo. Era de carácter teatral y se publicó. Sinán no recordaba muy bien el título: “Soneto invertido” o “Soneto al revés”.

Sinán en Chile

Corría el año 1924, cuando llegó a Valparaíso, el 17 de septiembre. El mismo día siguió para Santiago. De su experiencia en las universidades de Chile y en el Instituto Pedagógico en Santiago de Chile (veinte meses) para ampliar sus conocimientos —reflejo de su acuciosidad e espíritu inquieto—, se conserva alguna información epistolar de sus condiscípulos y el autor mencionó nombres de poetas de la nueva generación e intelectuales chilenos, como el poeta Rubén Azócar, quien vivió en Panamá y con quien lo unía una buena amistad. Fue él quien lo puso en contacto con Pablo Neruda. Conoció a otros poetas y escritores, como Tomás Lago Pinto, José Santos González Vera, Gerardo Seguel, algunos del grupo de amigos de Neruda, y a Gabriela Mistral. Sinán comentaba que Santiago de Chile “fue el horno” en que su “vocación logró dorarse a fuego lento”.

Todo y sobre todo, su vida literaria […] todo ello me hizo sentir con verdadero furor la sed de ser y de saber. Me di a leer a los poetas chilenos, a Gabriela Mistral, a Neruda, a Huidobro y a quienes fueron mis buenos profesores como Carlos Mondaca, Samuel Lillo, Julio Vicuña Cifuentes y no sé cuántos más.
[…]
Noticias de la azogada vida literaria de Buenos Aires nos llegaban a través de revistas como: Proa y Martín Fierro, con producciones de Jorge Luis Borges, Brandán Caraffa, Ricardo Güiraldes, Pablo Rojas Paz, Raúl González Tuñón, Norah Lange, Evar Méndez, Oliverio Girondo, y noticias sobre lo que en materia de vanguardia se fraguaba y cocía en otras ciudades.

El pan literario empezaba a moldearse. Muchos años más tarde, retornó a Chile por gentiles gestiones de la poetisa Teresa López de Vallarino, y compartió la amistad de Eduardo Barrios, Mariano Latorre, Augusto D’Halmar, Juvencio Valle, Tomás Lago Pinto, Jorge Hübner, Ricardo Latcham, Nicomedes Guzmán, José Santos González Vera, Alberto Romero, Daniel Belmar, Francisco Coloane y Juan Marín, entre otros.

Nace el vanguardismo en Europa

La Europa que le tocó vivir a Sinán —a juicio de algunos—, con una escala de valores concebidos como entes ideales, eternos e inmutables, no resistió la acometida de la Primera Guerra Mundial, y los pueblos que la sufrieron, sobre todo los agredidos, cayeron en el consiguiente escepticismo, que fue el caldo de cultivo para toda la dislocación que prohijó la nueva estética. Las teorías freudianas desplazaron las viejas concepciones. Además, el avance de la locomoción —que conquistó el agua, la tierra y el aire— suplantó el simbolismo de la rueda por el de las alas, impuso un nuevo sentido del tiempo a la vida social, que determinó el pulso acelerado de la poesía que el lenguaje expresa con los factores constituyentes del ritmo. Algo de todo esto fue asimilado por la personalidad del poeta panameño.

Sinán en Italia

Después de Chile, el 10 de mayo de 1926, se embarcó en el Bologna rumbo a Génova, adonde llegó el 2 de junio. A los pocos días se instaló en Roma, en la plaza de San Juan de Letrán. En “la ciudad eterna” se sentía la influencia de dos corrientes paralelas: el fascismo y el futurismo. Sus adeptos luchaban a brazo partido por plazas y corrillos. Al respecto, Sinán recordaba:

Me atraía sobre todo la efervescencia literaria que se traducía en una especie de afán de novedades. Todas las últimas palpitaciones del arte y la poesía adquirían carta de naturalización en Roma, que por esa razón produjo en mí como una especie de hechizo, como un deslumbramiento. […] frecuentaba los círculos artísticos y la Casa de España, en cuyas salas conocí a diferentes poetas jóvenes españoles e hispanoamericanos. También hice amistad con gente de arte. Fui buen amigo del pintor español Gregorio Prieto, que más tarde enriqueció mi libro Onda con un magnífico dibujo mío.

Las cartas que intercambió con sus amigos durante su estadía en Italia revelan su interés de estudiar italiano por recomendación de Gabriela Mistral, para leer los originales de Dante. También dejan ver su acercamiento a Pirandello y las interpretaciones de la literatura sometida a mil disecciones. Estas fueron sus motivaciones para ir a Europa. En la Universidad de Roma, La Sapienza, inició sus estudios de letras de nivel superior.

En el marco histórico y sociocultural, los conflictos bélicos mundiales se reflejaban en las formas expresivas del hombre y dieron lugar a doctrinas socioeconómicas y conceptos como “el hombre-masa” y “el maquinismo”. Así mismo, surgieron nuevas concepciones psicológicas, que también influyeron en la poesía del Abanderado. Pero Sinán no dejó de recorrer la Roma inspiradora, de impresionarse con sus monumentos históricos y de asombrarse por la cultura italiana, y recogió suficiente información de las corrientes de creación. Allí, en Italia, escribió Onda, su libro de versos, sin desconocer los nuevos aportes de las corrientes renovadoras, y nació el seudónimo Rogelio Sinán (1929). El escritor confiesa que, desde el punto de vista literario, su formación casi completa se la debe a Italia. Sus lecturas de Boccaccio, Petrarca, D’Annunzio, Sacchetti y Bandello fueron una verdadera veta literaria. También conoció el Teatro Futurista de Marinetti, el Teatro Experimental de Bragaglia y el Teatro de Arte de Pirandello. Interactuó con Rossi, Gentile, Ventur y Spirito. En Italia, a los 24 años, se casó con una concertista romana, con quien vivió en Panamá por poco tiempo, pues ella prefirió retornar a Roma.

En las mejores librerías romanas se surtía de revistas y libros españoles. La Gaceta Literaria, que dirigía en Madrid Ernesto Jiménez Caballero, llegaba asiduamente y era su plato favorito. A través de sus páginas se puso al día en lo referente al ultraísmo de Guillermo de Torre, cuyo libro Literaturas europeas de vanguardia fue su mejor poética; por supuesto, devoraba los libros de Rafael Alberti, Federico García Lorca, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Emilio Prados, Luis Cernuda, José Hernández y muchos más.

Sinán no perdía tiempo y aprovechaba para enriquecer su formación literaria. El poeta mexicano Enrique González Rojo —que fungía como secretario de la embajada de su país en Roma, y que, a su vez, era hijo del poeta mexicano Enrique González Martínez— lo familiarizó con la poesía mexicana, sobre todo con el famoso grupo de “Los Contemporáneos”, que encabezaban Carlos Pellicer, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, Gilberto Owen y otros, que figuraban en la famosa Antología de Jorge Cuesta, obsequio de González Rojo. También el poeta le informó del belicoso movimiento “estridentista” capitaneado por Manuel Maples Arce y Germán List Arzubide.

Onda

Al segundo año de residir en Roma había escrito poemas, que ocultaba con riguroso celo, y en los últimos meses de 1928, ya Onda estaba listo. Sinán no contaba con los recursos para publicarlo. “En mi familia nadie se había enterado de mi eclosión poética”. Sus poemas continuaban inéditos, solo uno que otro amigo de Roma los conocía. Eran poemas de vanguardia, novedad literaria que aún no había penetrado en Panamá y muy pocos conocían las peripecias dadaístas, creacionistas, ultraístas o de los otros “ismos”.

No estaba seguro del respaldo económico de su padre para editar el libro, pero a un costo de cuarenta y cinco balboas publicó cien ejemplares. Sinán recordaba: “Los poetas aún tenían cierta fama de negligentes y bohemios, y agravaba las cosas mi afán de usar seudónimo. Resolví cobijarme bajo la buena sombra de un padrino”. Y aunque al comienzo no fue fácil seleccionarlo —de conducta intachable, de muy buenas costumbres, de honestidad probada, que fuera educador y un buen amigo de las letras—, finalmente no le resultó difícil el escogimiento: Manuel Roy. Todo fue como un milagro: “A vuelta de correo llegaba el giro y el libro entró a las prensas”. Don Manuel, además, mostró sus versos al crítico Enrique Ruiz Vernacci y este incluyó una nota sobre Sinán en un artículo que vio la luz en Gráfico, en noviembre de 1928, con el título “Veinticinco años de literatura istmeña”, donde “… al referirse a los últimos hallazgos de nuestra lírica, lamentaba la ausencia de la más leve muestra de poesía.

Mencionaba mi nombre de familia y mi ‘Balada del seno desnudo’”. El apoyo a Sinán continuó. Vernacci publicó dos artículos más en la revista Estudios, dirigida por Manuel Roy, y el periódico El Banquete, respaldado por el doctor José Dolores Moscote. Cuando Onda empezó a circular, recibió el espaldarazo de los académicos Octavio Méndez Pereira y Demetrio Fábrega. Méndez Pereira era ministro en Londres, y allí recibió por correo, desde Italia, un ejemplar de Onda; “Entonces se produjo el verdadero alumbramiento”, en palabras de Sinán. Méndez Pereira publicó un ensayo en La Estrella de Panamá, en el que presentaba el primer libro del joven y extraordinario poeta Rogelio Sinán, y ofrecía algunas apreciaciones sobre su vanguardismo:

La poesía llamada de vanguardia, que tomó la forma en el cubismo francés, en el expresionismo alemán y en el futurismo italiano, es hoy un hervor complejo de inquietudes, de ansiedades, de reformas, que han dado al traste con la poesía clásica, el lirismo romántico y las formas tradicionales de la versificación. Pareciera que el alma nueva, surgida en el mundo después de la Gran Guerra, encontrara una gran desproporción entre lo que siente, lo que sufre, lo que la inquieta y las formas mesuradas de expresarlo…el alma nueva, que vive en medio de las incoherencias, […] la crisis más grande de la civilización, le son bien familiares la inestabilidad, […] la duda compleja, el choque de todas las filosofías y el ímpetu de todas las audacias y peligros. (Méndez, 1929).

Sus viajes

Durante su permanencia en Italia, decidió visitar París, la Ciudad Luz, en donde tuvo contacto personal con los colaboradores de las nuevas corrientes. En malas condiciones económicas, escribió entonces su cuento “A la orilla de las estatuas maduras” (1932), traducido al inglés y aplaudido por la crítica. Fue incluido en la Antología del cuento latinoamericano, editada en Londres al año siguiente. En París, conoció a Alejo Carpentier. Terminado su curso de Filosofía y Letras, y después de enviar Onda a Panamá, regresó al país a luchar por la introducción de la nueva poesía.

El vanguardismo de Sinán: sus dudas

Sinán tenía un objetivo consciente, rebelarse contra las formas tradicionales de la poesía existentes aún. Temía que su propuesta no fuera aprobada: “Algunos versos míos parecerán ingenuos, demasiado sencillos; otros, algo confusos; pero así estaban ellos en mi alma y los he expresado sinceramente…”. Como ocurre con todo, las innovaciones, al principio chocan, pero acaban por imponerse… El vanguardismo al principio pareció alambicado y falto de sinceridad, pero poco a poco fue asimilado. Algunos recibieron la influencia de las descripciones maravillosas de los versos, muy diferentes a las propuestas de la lírica tradicional, por ejemplo del romanticismo: “En el árbol de la noche cuelgan todas” (las estrellas). Pero Sinán era muy respetuoso de las manifestaciones de la belleza por medio de la poesía. La poesía se acepta o no. No obstante, según Elsie Alvarado de Ricord, Sinán estaba consciente de representar en Panamá las nuevas corrientes que todavía no se habían manifestado en el medio. El poeta no tenía idea de los efectos que todo esto produciría.

El regreso

“Al regresar a Panamá, en el año treinta, uní enseguida mis esfuerzos proselitistas al grupo que formaban Vernacci, Manuel Roy, Roque Javier Laurenza, Demetrio Herrera Sevillano, Diógenes De la Rosa, Rodrigo Miró, Lola Collante, Ofelia Hooper, Otilia Arosemena, María Olimpia de Obaldía y Eda Nela, al cual se unieron más adelante Demetrio Herrera Sevillano y Ricardo J. Bermúdez”. En el grupo destacó Laurenza con una conferencia de respaldo y acogida a la propuesta vanguardista. A su debido tiempo, este grupo se enriqueció con la eclosión de nuevos valores jóvenes, entre los que campeaban Ricardo J. Bermúdez y Stella Sierra. El vanguardismo había acunado en Panamá. Todo ese florecer literario fue siempre respaldado por José D. Moscote, Octavio Méndez Pereira y Guillermo Andreve, quienes, debido a la llamada revolución del 2 de enero de 1931, habían quedado exentos de obligaciones oficiales y hallaron un refugio acogedor en las letras; los dos primeros editaron La Antena, el periódico literario del grupo. “Después, a mi regreso a Panamá, seguí escribiendo poesía de vanguardia y poco a poco fui entrando en un tipo o estilo de poesía diferente”, expresa Sinán.

Un grupo de jóvenes bachilleres y normalistas se refieren a esta poesía de vanguardia. Estaban bajo la influencia de una migración de chilenos y peruanos, entre los cuales figuraban: Rubén Azócar, Jacobo Hurwitz, Carlos Vicuña Fuentes y otros. Con todos ellos se relacionó Sinán. Atrás quedó el sentimentalismo de los románticos, aunque no se cortaron todos los nexos con los recursos formales de la tradición, como la métrica, y algunos temas recurrentes.

El vanguardismo de Sinán en Panamá

Con respecto al cambio propuesto por Sinán, éste decía:

Si el estancamiento es la muerte y si hay que renovarse para vivir, está bien la inquietud humana, el ansia de superar a los otros y de superarse a sí mismo, el impulso combativo y hasta la vanidad de creerse los mejores. Y aunque no es actitud recomendable, sí es humano y excusable el ataque violento a los viejos métodos, el deseo de destruir los antiguos moldes, puesto que ello obra como acicate intelectual que aguza la comprensión y afina la sensibilidad. Así, han procedido todas las escuelas, combatiendo las nuevas a las viejas: […] Ya los románticos a los parnasianos; ya los simbolistas a los románticos; los modernistas a los románticos, y ahora los vanguardistas a sus hermanos mayores. Esa labor tiene mucho de depuración y es como un crisol en que se funden los hombres y las ideas. Los que no resisten los golpes demoledores perecen, que tal cosa es caer en olvido. Los que resisten la prueba salen de ellas más fuertes…

Para justificar su aporte Sinán comentaba:

Y lo que ocurrió ayer ocurre hoy, ocurrirá mañana. Legiones de poetas cantando la vida a su manera, en su propio instrumento; y en sus versos se remozarán el amor eterno y el eterno dolor. Y luego que hayan cantado su canción, cederán el puesto a nuevas legiones; y sólo algunos vivirán en el recuerdo de las futuras multitudes, mientras la mayoría se hundirá en las sombras del olvido.

La postura frente a la novedad planteada por Sinán fue:

[…] mi predilección está por los poetas que cantaron en un lenguaje suave a mi oído y grato a mi corazón. Pero mi eclecticismo literario me lleva a ser comprensible y a explicarme la inquietud de los nuevos porque también tuve mi inquietud en los viejos días de mi primera juventud, hace cerca de cuarenta años.

El vanguardismo fue bien recibido en Panamá, aunque tuvo sus detractores. Un hecho significativo fue el acto fomentado por Manuel Roy: la conferencia en el Instituto Nacional a cargo de Roque Javier Laurenza, que luego fue publicada con el título “Los poetas de la generación republicana”. Hay quienes afirman que después de esta convocatoria no hubo ningún tipo de polémica. Sobre esta conferencia, Sinán dice:

Ante sus planteamientos sobre la poesía panameña la reacción más frecuente era la de incredulidad. Se conversaba en los cafés y en las tertulias con cierto escepticismo, eso sí, como si se pensara que todo iba a ser una flor de un día. A nivel personal, recuerdo que publiqué un poema, “Los ojos en la calle bajo la lluvia” y que eso sí fue algo así como la locura. Supe, por cartas que me enviaron, que hubo una discusión en un café y bien acalorada. Pero nada más. En nuestro medio como que siempre se da mucho ruido pero ese ruido es con pocas nueces y a las finales como que no pasa nada. […] que se considerara a la Vanguardia como una locura era natural. Al propio Marinetti, en Roma, lo consideraban loco y al Futurismo como la máxima expresión de ese estado de desajuste. En Panamá, pues sucedió lo mismo.

Sinán y los escritores de Panamá

El Maestro, en alusión a los poetas coetáneos y los círculos de intelectuales que se formaron en Panamá, comentaba: “… los jóvenes intelectuales, […] ya gozaban de prestigio en los círculos literarios panameños, eran Méndez Pereira, Moscote, Roy, Vernacci, Fábrega. Sin embargo, quienes formaban grupos eran otros, como Rodrigo Miró, Roque Javier Laurenza, Ramón Arosemena y que comenzaban a surgir”. Las reuniones se realizaban en el café Astoria y no contaban con muchos asistentes: “Este país siempre ha sido pequeño y han sido también pequeños sus grupos de intelectuales que lo discuten y se preocupan por él. Igual pasó con los contemporáneos de Miró y quizá por ello siempre lo tildaron como un poeta solitario”. Después de Onda, Méndez Pereira y Moscote publicaron una revista —Sinán no recordaba con exactitud el nombre: La Antorcha o La Antena—, en la cual hablaban abiertamente de la vanguardia. Para Sinán lo que hicieron fue muy importante, dada la respetabilidad de que gozaban en Panamá; esta fue la causa de que los posibles detractores del movimiento prefirieran guardar silencio ante la actitud de estos dos grandes intelectuales.

Sinán y el respaldo de algunos intelectuales en Panamá

En diciembre de 1929, en La Estrella de Panamá, Octavio Méndez Pereira comentó sobre Onda:

En Rogelio Sinán se da el caso, siempre interesante, de esa sublime inquietud interior de un alma que desea, ante todo, y por todo, ser hija de su propia esencia. Y con original temperamento y sensibilidad artística va buscando su estilo… Amanerado unas veces, oscuro otras, ingenioso y sencillo. (Méndez, 1929).

Toda esta información fue favorable a Sinán. Octavio Méndez Pereira anota: “Y […] nació la onda de sus versos”. Confiesa que los versos de Sinán no hubieran podido escribirse diez años atrás, y menos en Panamá: “La forma, los ritmos, el sistema de imágenes y sugerencias habrían parecido perfectamente inusitados a los oídos y cerebros acostumbrados a la poesía de Rubén Darío, Chocano o de Silva. Sus versos demuestran que ha seguido la evolución del verso moderno”.

Sinán y los aportes críticos a Onda y al vanguardismo

Al rebelarse contra las formas tradicionales de la poesía, Méndez Pereira se expresa de Sinán así:

[…] el autor de Onda tiene cosas muy siglo xx como el Teorema de la Imagen y el de la Curva en Movimiento y cosas tradicionales, muy antiguas y muy modernas, como sus hermosos versos a la Inercia y su Mancha de Sol, poemita descriptivo que revela un delicado vate bucólico en plena avanzada de Modernismo. Si leemos y analizamos el libro Onda, llaman la atención la novedad y osadía de sus metáforas y nuevos hallazgos que enriquecen el lenguaje poético, pero todavía hay muestras del clásico soneto, la décima, la endecha y el romance. La semántica adquiere nuevas dimensiones y no puede negarse una postura revolucionaria, y para algunos el comienzo de la poesía panameña actual.

El vanguardismo en Panamá

Roque Javier Laurenza ofreció una conferencia que luego se publicó como Los poetas de la generación republicana (Laurenza, 1933). Para varios intelectuales constituyó un hecho polémico, pero Sinán consideró que la reacción de los poetas panameños fue de incredulidad y escepticismo. Y agregó que todo lo que se dio en el momento fue un “ruido” y al final no pasó nada. Lo que para algunos resultaba una locura —para la Vanguardia no era más que eso— para Sinán era una reacción natural ante lo novedoso por parte de intelectuales y los grupos literarios, integrados estos últimos por Rodrigo Miró, Roque Javier Laurenza y Ramón Arosemena.

Hubo entre los poetas del momento seguidores que acogieron el vanguardismo propuesto por Sinán con Onda. La conferencia de Laurenza de respaldo y acogida a la propuesta del nuevo movimiento literario fue determinante. Luego la lista de poetas se amplió. El vanguardismo había acunado en Panamá; asimiló las técnicas de los “ismos” que surgieron en el periodo de entreguerras (dadaísmo, surrealismo, creacionismo, ultraísmo, etc.) que se conocen con el nombre genérico de vanguardismo, pero no las calcó de una manera mecánica, sino que las recreó con giros originales y un contenido nuevo, de “savia panameña”.

El educador

Hay imprecisiones en las fechas que aportan sus biógrafos, por ejemplo, el lapso que laboró Sinán en Panamá y ocupó su antigua cátedra. Durante su permanencia en Panamá, creó y dirigió el Departamento de Bellas Artes. Con pocos recursos financieros se lanzó a presenciar obras de tipo experimental y folclórico en el teatro La Barraca, en honor de Federico García Lorca. Dirigió la Revista de Agricultura. En 1944, publicó dos títulos: Todo un conflicto de sangre y Dos aventuras en el Lejano Oriente. Ambos figuran entre los veinte tomos de la Biblioteca Selecta —también fundada por él—, una especie de antología del cuento panameño. Rogelio Sinán regresó en varias ocasiones a su tierra, todas ellas propicias a su espíritu humanista; ora como creador, ora como docente de Literatura en el propio Instituto Nacional, donde como maestro, despertó en sus discípulos el interés por las nuevas preceptivas literarias y por todo cuanto significase estar al día con respecto a los movimientos estéticos de la contemporaneidad. En 1937 creó el teatro panameño al presentar su obra de carácter infantil: La cucarachita mandinga. También fue profesor de Literatura y Estética en la Universidad de Panamá.

Filiación ideológica

En el ámbito del periodismo local, con su pluma se muestra como batallador y agresivo por la causa de la soberanía nacional a través de un periodismo viril y combativo. Este es un renglón que poco se ha estudiado de Sinán, según lo expresan quienes siguieron de cerca sus contribuciones a la prensa escrita. Sinán fecundó su obra con la mira puesta en una justicia social y en una liberación que le pedía el entorno de vasallajes indignantes y los maltratos de un imperialismo en expansión rampante, en íntimo enlace con una oligarquía mendaz. Son palabras más, palabras menos que escuchamos de su aporte periodístico y de su concepción ideológica en franca contradicción con otras consideraciones. Para algunos es inquietante la escasa atención directa de Sinán hacia la lucha nacionalista a raíz de la presencia de un enclave en territorio panameño. La psicología de tránsito afectó y ha marcado al hombre panameño y la pluma de numerosos escritores.

Otros lo ven como un hombre progresista, por su destacado papel en el plano de la solidaridad internacional y por presidir el Instituto de Amistad con Nicaragua. Algunos lo identifican como admirador de Torrijos por reconocer las cualidades de estadista del general, y su compromiso político al aceptar con honestidad que con los tratados de 1977, Panamá quedaba bajo el paraguas del Pentágono.

Sinán en el extranjero

Los estudios que Sinán inició en Roma los concluyó en México, donde desempeñó funciones diplomáticas. Estando allí ganó el Premio Interamericano de Cuento, en el concurso literario convocado por El Nacional, con su relato “La boina roja”, incluido en la Antología del cuento hispanoamericano por Seymour Menton. En 1938, el Mago fue nombrado cónsul general de Panamá en Calcuta, India, y aprovechó la oportunidad para ampliar sus conocimientos sobre este país “[…] le impresiona la personalidad de Gandhi, le interesan, también Tagore, con sus ballets ejercitados por los alumnos de su escuela, donde la enseñanza tenía base sólida en la apreciación estética, y Nerhu, que —nos confiesa—, me deslumbra cuando lo oigo dirigirse al Partido del Congreso en un discurso que pronunció en cinco idiomas”. Sinán estuvo en Calcuta hasta el año 39. (De la Selva, 1957). Sinán también fungió como cónsul o con misiones especiales que le fueron confiadas, en otros países como Chile, Italia y Francia. Hay que destacar el gran espíritu de viajero de Rogelio Sinán.

Apenas regresó de Roma fue a París, y al poco tiempo de haber arribado a Panamá, fue nombrado cónsul general en Calcuta (la India). Tras esa estancia breve, hizo un viaje detenido por el subcontinente y diversos países del Pacífico. Conoció Alemania, China, Japón, Australia, Hawai y la India, su destino. Su permanencia en Calcuta y en otros lugares de Asia inspiraron Dos aventuras en el Lejano Oriente, cuento de espléndida fantasía. Sinán narra que fue una experiencia inolvidable, sobre todo porque le dio la vuelta al mundo en seis meses, conociendo por agua, tierra y aire sitios, panoramas y gente de la más pintoresca y variada identidad.

El periplo completo incluyó las siguientes ciudades: Cartagena, Santa Marta, La Guaira, Hamburgo, Berlín, París, Milán, Venecia, Port Said, Suez, Bombay, Calcuta, Madrás, Colombo, Manila, Hong Kong, Shangai, Kobe, Yokohama, Tokio, Honolulú, San Francisco, Los Ángeles y San Salvador. El último tramo, de allí a Panamá, lo hizo en avión debido a que el barco alemán, Tocoma, que abordó en San Francisco, se vio obligado a abandonarlo en El Salvador para emprender la fuga hacia el sur, pues Hitler, al atacar Polonia (1939) había iniciado la Segunda Guerra Mundial. Es oportuno mencionar circunstancias de ese curioso recorrido.

Pasó en Berlín el domingo en que Hitler impuso el plebiscito de Viena. En París frecuentó a los refugiados españoles que escapaban de la barbarie falangista. En la frontera franco-italiana fue minuciosamente registrado por las milicias fascistas pues ese día llegaba Hitler a visitar a Mussolini. En Masaua (Etiopía) pudo atestiguar el maltrato que los fascistas italianos daban a los obreros abisinios. En Shangai, los japoneses invadían China. El barco en que él viajaba iba repleto de judíos expulsados por Hitler. Los soldados del celeste imperio los trataron violentamente. En la ciudad, de noche, se oía el trueno de las bombas japonesas y, de día, el tránsito era casi imposible, debido a la abundancia de refugiados chinos. Estos son algunos recuerdos de su experiencia como viajero.

Sinán y su generación

Según Luis Alberto Sánchez, Rogelio Sinán pertenece a la generación posnovecentista. Guillermo Andreve lo identifica como abanderado y maestro entre los nuevos incorporados a las recientes ideas estéticas que propugna la escuela vanguardista, cuyos representantes en Panamá se congregaron alrededor de Sinán en el grupo de avanzada que identificaron como “Pasaje”. Sinán, como figura representativa, lideró un grupo y encaminó sus esfuerzos para compartir y divulgar las nuevas modalidades.

Había un deseo de renovación, de superar lo que hasta el momento representaba lo tradicional; el afán de ir en contravía, como se dio muchas veces (con los románticos, los parnasianos, los simbolistas, lo modernistas, y ahora los vanguardistas).

Temática de su obra

Como dijo Pablo Neruda acerca de sí mismo, que en cada libro asumía un nuevo estilo, cada obra de Sinán es distinta de la anterior, desde cualquiera de sus ángulos. Si en su primer libro la influencia de Dante es apenas perceptible; en Incendio, los epígrafes de la Divina comedia apuntan al sentido de cada uno de los tres tiempos que componen el poema: Infierno, Purgatorio y Paraíso. Al leer la producción literaria del Brujo, compartimos con Elsie Alvarado de Ricord la suma de sustantivos esenciales como tiempo, vida, naturaleza, evolución, libertad, justicia, pasión, dolor, placer y felicidad, para citar solo algunos. Para ella, todo se resume a vida y muerte. Si leemos Onda, esta voz no es mero índice indiferente de la realidad, sino que posee su valor propio. Y en el lenguaje de Sinán, la “poeticidad” se basa en la negación de ciertas leyes lógicas presente en el lenguaje no literario. El habla de Sinán requiere disposición, actitud y formación para encontrar el sentido y la motivación de los significantes. Su obra está enriquecida por la función poética evidente en los contenidos y en la forma de expresarlos, pero también nos remite a otras funcionalidades de los textos.

Todo ello va conformando un planteamiento psicológico, sociológico y estético que le imprime su sello al conjunto de la obra, y la voz del poeta cobra actualidad y permanencia. Cuando esto se logra, confirmamos las aproximaciones de la escritora Alvarado de Ricord. Pero hay un procedimiento mimético, cuando Sinán identifica que Panamá y los pueblos del Caribe están cargados de tradición africana. Identifica la “tía patria” con marcas en el folclor y en sus diversas manifestaciones, y reconoce que el ambiente de magia no solo obedece a la influencia negra, sino también a la auténticamente indígena. La otra patria, nos dice, también ejerce su aporte por la línea del árabe y la presencia de la India. Hay magia, pero es real. La mirada ya no se dirige a Europa, y lo increíble se da en Taboga, cuando cayeron peces del cielo, y todos pensaron que era por los rezos por la gran carestía del aquel entonces.

Su cosecha: Onda

Onda fue una propuesta estética, un desplazar la vieja poética e introducir una técnica y suplantar los cánones establecidos con nuevas concepciones en los contenidos y en el lenguaje. No obstante, no implicaba una ruptura radical con los recursos formales de la tradición. Fue un cambio radical en la visión del mundo y en las formas expresivas, con originalidad y creatividad en persistente búsqueda. Según Sinán, en Onda hay variedad de temas y de métrica, por ejemplo, los hexasílabos de gran agilidad de “La balada del seno desnudo”. Ante la ausencia de unidad temática en los libros de versos, para Sinán en Onda hay unidad de tono, ligero, en momentos lúdico, con un estilo cortado, siempre con un ritmo.

Las valoraciones críticas de Onda destacan osadía y novedad en la metáfora que contribuye a enriquecer el lenguaje poético, con una gama de procedimientos estilísticos. Buscaba renovar, pero no menospreciar a la generación de poetas del momento. Onda sirvió de bandera al movimiento de vanguardia en Panamá. Obedecía a las inquietudes de la época, aunque Sinán ya había comenzado a escribir en Chile, en el año 1925. Sinán afirma:

La poesía de vanguardia y todas las nuevas escuelas estaban en boga; se advertía, a través de la prensa romana y europea, esa gran inquietud que fueron las escuelas de vanguardia. Después Guillermo de Torre publicó un volumen que realmente es el único libro que presenta la historia de los movimientos de vanguardia en Europa. Entre paréntesis, en México había aparecido el estridentismo, el único auténtico movimiento vanguardista en este país, con el poeta Maples. […] en Chile ya había recibido el primer impacto de la poesía nueva. Recibía las revistas Proa y Martín Fierro, que recogían todas las expresiones del movimiento de vanguardia de Buenos Aires. En ellas leía poemas de quienes después han sido ilustres hombres de letras, como Borges y otros. En Roma, el movimiento de vanguardia me hizo entrar en contacto con mucha gente conocida y con escritores jóvenes de la época, sobre todo los que se movían alrededor de la revista La Fiera literaria, cuyo nombre quería decir la feria literaria.

Según palabras de Sinán: “Por esos días [de estadía en Chile] volvió a Santiago, después de un viaje por Italia, la poetisa Gabriela Mistral. Total, que el 10 de mayo de 1926 me embarqué en el Bologna rumbo a Génova”.

En los distintos géneros cultivados por el poeta, sus obras tienen ese tema central, que en ocasiones oscila hasta el horror de la muerte y otras veces se resuelve en la nostalgia, nos dice la ensayista Elsie Alvarado de Ricord. Y agrega: “No es fácil la originalidad en los temas eternos. Pero el poeta lo logra, porque la poesía es como los ríos heraclitanos: a quien se sumerge en ella le sobrevienen siempre nuevas y nuevas aguas”.

Incendio

“Este poema es el resultado de una vivencia personal, un pavoroso incendio ocurrido el jueves 10 de febrero de 1944”. Así lo manifestó el poeta en el Instituto Nacional en un programa cultural para hablar sobre cómo nació Incendio. Después de disfrutar de una tertulia en el Café Astoria, se retiró a su casa antes de las doce. Estaba en desarrollo la guerra contra el nazismo, y se temía la llegada de los aviones japoneses que habían amenazado destruir el Canal y las ciudades de Panamá y Colón; aunque existía zozobra, dijo Sinán, la vida continuaba con bastante normalidad.

Ese año se dio el “bombardeo alemán a Londres. Los aliados avanzan en Italia, en los Balcanes y en el Pacífico”, tuvo lugar “la victoria electoral de Perón en Argentina, el Tribunal Militar Internacional, formados por representantes de Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Rusia hace público el veredicto del proceso contra dirigentes nazis acusados de ‘crímenes de guerra’; días después se ejecutan las penas de muerte”. El poeta en las noches estaba a la expectativa como un vigía. Pero aquella noche despertó con un cielo cargado de luz “como si una invisible mano de luz pintara el éter; mejor aún, como si el sol, mordiendo la oscuridad la hubiese roto, causándole arreboles”. Se trataba de un incendio próximo. Cerca de la calle Estudiante, junto al Instituto Nacional, vio la magnitud del incendio, y en su mente empezaron a surgir las imágenes: “mil potros degollados trotando cielo arriba con las crines al viento enrojecidas”. Según el testimonio de Sinán, aquello lo hacía pensar en el Infierno de Dante.

El hecho real, un incendio en el depósito de la Radio Pictures —una casa de inquilinato cercana a su residencia—, que ocasionó muchas muertes: unas personas quemadas, otras asfixiadas y otras ahogadas, lo llevó a producir brillantes alegorías en el círculo dantesco: “Sirenas sin gemidos ni palabras / —mudo canto que sólo oyó la muerte— / clavaron agonías en la noche”. Sinán expresó: “escribí el poema de un solo golpe”. Al día siguiente —16/10, Sinán dice 10 de febrero de 1944—, el crítico Enrique Ruiz Vernacci, Jefe de Redacción del Panamá América, recibió el poema y lo publicó por la tarde (al lado del editorial). Unos días después estuvo disponible la primera edición, con el respaldo de don Mario Preciado, en Cuadernos de Poesía Mar del Sur. La voz poética expresiva, narrativa más que descriptiva, informativa y descriptiva desplegada en La voz del pánico, La voz de la agonía y La voz de la plegaria fue la voz periodística de aquel día: “Mi palabra se vuelve tos quemada”. Y nuevamente la voz del Maestro no nos sorprende: perfección armoniosa, sensibilidad frente a los desposeídos, polifonía coral, audacia de las figuras (enloquecidos quedaron los relojes), poesía pura, encuentro con un lirismo patético, valores poéticos con endecasílabos combinados con heptasílabos en estructuras libres.

Semana Santa en la niebla

Semana Santa en la niebla es su tercer poemario. Le mereció el premio en el Concurso Nacional de Literatura Ricardo Miró, con una muestra vanguardista de poesía cifrada de más de veinte poemas y presencia de alejandrinos con mucho virtuosismo literario. Se reitera el talento expresivo, la cultura artística y el ejercicio disciplinado en metáforas audaces en donde la presencia del paisaje de Taboga nos da una cosmovisión tropical y motivos bíblicos superpuestos en proyección alegórica y simbólica. Son veinticinco octavas con algunas licencias propias del estilo de Sinán. El estilo del poema es diferente a lo escrito en Roma, según lo expresa Sinán: “… a mi regreso a Panamá, seguí escribiendo poesía de vanguardia y poco a poco fui entrando en un tipo o estilo de poesía diferente”. Nos sirve de ejemplo uno de los veinticinco títulos: El hijo pródigo: “Lamiendo tierra, arena, raíces y bazofias… / Los oros del poniente despilfarró en cabriolas… / Vuelve enjuto, lodoso, pordiosero de estío, y, añorando caricias de paternales olas,…”. La misma técnica se despliega en los demás poemas del libro. Según expresa Sinán, este libro recoge recuerdos de Taboga, es completamente Taboga, evocada en la infancia y vista a través del sueño. Su título hace alusión a la pasión de Cristo y a realidades; es un día en la isla, desde que sale el sol hasta cuando se pone y está inspirado en el transcurrir de los efectos del astro sobre la tierra. Esta colección formada de peculiar modo es para otros críticos de índole mística y con reminiscencias de textos hebreos. Presenta una temática alejada del mundo tropical.

Saloma sin salomar

En 1931, nostálgico de Europa, como él mismo lo reconoció, embarcó hacia París, donde escribió Saloma sin salomar, conjunto de versos de “color trino” considerados por el poeta como su poesía definitiva. Es su cuarto y último poemario. Para Sinán, el título responde a una denominación subjetiva. Para los panameños es una voz con connotaciones muy particulares, como lo es para el poeta. Para el campesino panameño tiene muchas implicaciones. Para algunos críticos es un poemario de gran variedad temática y estilos dispuesto en cuatro cantos, con una postura ecléctica resultado del proceso evolutivo de la técnica y cosmovisión del autor y recopilación de diversas fuentes. Para otros, es una muestra de auténtica sensibilidad expresada en pluralidad de estilos de alta calidad y con fidelidad a la estética vanguardista sin amarras formales, con características propias de su estilo posterior a Onda y anterior a Semana Santa en la niebla.

Sinán y el teatro

La contribución de Sinán al arte escénico fue corta pero significativa, en especial para el teatro infantil, género y temática poco tratada dentro de la dramaturgia nacional. El mismo año en que fue nombrado en Calcuta, publicó la farsa de teatro infantil La cucarachita mandinga. El mundo se veía sacudido por hechos externos, como el bombardeo de la aviación alemana a Guernica y la declaración de guerra de Japón a China, mediante un ataque sorpresivo. Sinán nos habla sobre el origen africano de la cucarachita mandinga y aclara el origen de la voz que es parte del título de una de las piezas teatrales más conocidas en Panamá. Tiene su origen en una fábula que, según Sinán, solo se conoce en los países del Caribe, donde hubo la mayor afluencia de esclavos africanos. Los mandingas eran una casta africana de la región del alto Senegal y del alto Níger, de donde procedía el mayor porcentaje de negros sometidos a la esclavitud.

Para ilustrarnos sobre la fábula que motiva su obra teatral, Sinán nos remite al célebre geógrafo Ibn Battuta, quien emprendió un viaje a Mandinga y permaneció varias semanas en Miani, donde fue recibido por el emperador Solimán. Este investigador proporciona datos interesantísimos sobre la corte mandinga en el siglo xiV, y las costumbres de los negros del Sudán en la misma época, así como sobre la administración del imperio de Mali. Aún está por establecer si la fábula La cucarachita mandinga es creación de la imaginación de algún diali de la corte mandinga. Las referencias a la caracterización de la etnia sudanesa la identifican como gente perezosa y dada al lujo y a la fiesta, y por consiguiente más preocupada del vestido que de otras necesidades. Si repasamos el contenido anecdótico de la farsa y al personaje principal, confirmaremos que la cucarachita prefería engalanarse y hacerse bella para buscar marido. La palabra “mandinga” también tiene otras acepciones. Todos estos aportes permiten al dialectólogo generar hipótesis. Para los estudiosos de la obra teatral de Sinán, en sus tres obras de teatro para niños (La cucarachita mandinga, Chiquilinga y Lobo Go Home) el autor presenta una visión de la nación. La simbología es el recurso empleado por Rogelio Sinán con animales, espacio y elementos del folclor panameño.

El nuevo realismo

Los que han realizado aproximación al realismo en la narrativa de Sinán han interrogado al Brujo para que proporcione pistas a las características del planteamiento de la realidad desde la perspectiva de la nueva visión de la literatura hispanoamericana, alejada del realismo fotográfico o del naturalismo. Sinán reconoce que algunos de sus cuentos eran sencillamente ensayos, y destaca “A la orilla de las estatuas maduras”, que ha merecido el honor de figurar en cuatro antologías en lengua española así como en antologías estadounidenses y alemanas.

Ese cuento lo escribí en París, en 1932. Yo era compañero de Alejo Carpentier. Nos reuníamos todos en el famoso café La Coupole y en una ocasión, mientras conversaba con el poeta colombiano Octavio Amórtegui, que ahora vive en México, le conté el tema de este cuento y él insistía en que lo escribiera. Y, desde luego, yo trabajo más cuando alguien me pide y me insiste; es decir, cuando hay algún estímulo que me obliga a escribir, porque tengo un espíritu creador perezoso o posiblemente bisiesto.

Obra narrativa: el cuento

La obra narrativa de Sinán —que bebió de un vanguardismo puro en sus primeros relatos— abarca un sinnúmero de repertorios de técnica narrativa, escenarios literarios y una forma de escribir que se nutre de las corrientes literarias predominantes en los grandes centros culturales de la época a los que este autor tuvo acceso. En su proceso de crecimiento literario, sus obras permiten evidenciar distintas etapas. Hay quienes identifican en ellas características de un vanguardismo ortodoxo, hasta subgéneros como el dadaísmo, el surrealismo, el creacionismo y tendencias que fueron surgiendo hacia la mitad del siglo xx. Esta renovación es materia de análisis de críticos y estudiosos de Sinán. La representación de la realidad toma en cuenta varios planos. El protagonista está inmerso en un viaje que se produce, pero que abre espacio a otro nivel de una realidad no lógica, generada en su mente y que se desdobla entre sueño y fantasía: “[…] y amanecí del agua hecho cristal como si en cada vena se me hubieran metido cien estrellas”. De su producción cuentística, es explicable la preferencia del público por A la orilla de las estatuas maduras, pues es un relato muy accesible por su sencillez. Fue escrito durante su estancia en la capital francesa. Fue traducido al inglés e incluido en la Antología del cuento latinoamericano editada en Londres.

A este cuento se suman Todo un conflicto de sangre, Dos aventuras en el Lejano Oriente, La boina roja y otros cuentos, Los pájaros del sueño, Cuna común y El candelabro de los malos ofidios y otros cuentos. Este último describe un mundo que serpentea, una simbiosis del ambiente rural panameño y de las tierras que visitó en el extranjero, de acuerdo con sus seguidores. También escribió Hechizo, que fue escogido por el escritor argentino Eduardo Mallea para una similar crestomatía, publicada en Buenos Aires. En el momento literario que vivió Sinán, había una nueva concepción del cuento y otras técnicas para narrar, y la sencillez de antes del Brujo ahora no le funcionaba: “Hasta los cuentos para niños traen ecuaciones, fórmulas…”, comentaba. Al respecto dice Rodrigo Miró: “nada era invento suyo, pero todo resultaba novedad aquí” al referirse al primer cuento, “El sueño de Serafín del Carmen”. La propuesta de Sinán en el cuento deja atrás las características del relato tradicional. En la realidad mostrada está Panamá con su versión tropical, el entorno que lo rodeó y del que formó parte: Taboga, y ese fijar los ojos en esos escenarios le permitieron convertir esas experiencias en un repertorio literario del que somos custodios.

Novelística

En 1947, editó su novela Plenilunio, que anteriormente había ganado el Premio Nacional de Literatura en Panamá (1943). El mismo año, emprendió una gira por países de Suramérica y dictó conferencias en Perú, Chile, Argentina y Uruguay. Al año siguiente, Sinán llegó al Distrito Federal, huyendo de algunas molestias de tipo político (remonismo). En cuanto a los referentes históricos al momento de la publicación de La isla mágica (1977) vinculados con Panamá, se reconoce la soberanía nacional sobre el canal de Panamá. Otros hechos importantes se dan en Israel, con la búsqueda de la paz en Oriente Medio, y las primeras elecciones libres en cuarenta años en España. Se podrían buscar referentes históricos del país, pero no de manera directa: la construcción del canal interoceánico, la inmigración, el mestizaje, la dominación política estadounidense y la presencia de una oligarquía dependiente o burguesía intermediaria según asedios sociológicos. Algunos consideran que esta novela es la más emblemática y controversial por el nivel de lo trágico y burlesco; según Sinán, había sido concebida cuarenta años atrás. Muchos críticos han valorado la riqueza de contenido y forma, comentan sobre el ritmo acelerado que fascina, un lenguaje caracterizador y el desborde de episodios de surrealismo mágico en sus seiscientas páginas de desborde estructural y estilístico.

A ello se añaden dosis de humor e ironía desplegada en diez catálogos. Todo esto la presenta como diferente y única en una simbiosis entre cuento y novela, y con apoyo en el teatro, según las apreciaciones de algunos expertos. Estas valoraciones posteriores dan fe del resultado dado por el jurado del Concurso Ricardo Miró al premiar la obra. Diversas lecturas apuntan a una lectura erótica, con cascadas paganas e irreverente, pero para Sinán no es acertada tal calificación, que él consideraba como simplista.

Este texto quedó guardado treinta años, en 1943 quiso enviarlo al Concurso Miró, pero no pudo concluir el ejercicio narrativo de la colección de narraciones desde la perspectiva de los múltiples ojos de sus pobladores. En un principio el título seleccionado fue Semana Santa Pagana con escenario en una isla. Para algunos es su obra más ambiciosa y más completa, con trasfondo de la historia de Panamá y con características formales de El decamerón y protagonismo de donjuanismo tropical. Sinán adelantó con su producción una versión novedosa y particular en concepciones y formas expresivas, en diversos géneros literarios. Todavía se realizan valoraciones y estudios a una obra que resiste aproximaciones de todo tipo. Aún quedan pendientes muchas tareas por realizar para mostrar otros aspectos de su vida: como periodista, su labor en la Academia Panameña de la Lengua, en el Ministerio de Educación y en el Instituto Nacional de Cultura.

El último capítulo

El Mago de la isla murió en el mes de octubre de 1994, a los 92 años, un acontecimiento más, pero de gran importancia para la cultura y la literatura. Murió en paz, reconocido, homenajeado, laureado en vida con la corona de laurel como panameño egregio. Tras su muerte, se registraron muchísimas manifestaciones de reconocimiento a su legado, su dedicación completa a las letras, y su labor como promotor cultural, periodista, educador y diplomático. En cuanto a su legado, en el plano literario, nos dejó con La isla mágica (1979), con su poesía extraña y exquisita, con su prosa sugerente, su Boina roja y su Onda (1929), importantes novedades literarias incorporadas a partir de la década de 1930. Su aporte a la cultura enriquece la vida sociocultural de Panamá por el camino marcado para las letras panameñas y por la asimilación de nuevas técnicas en sus creaciones.

Sus críticos coinciden en que en su vida y obra encontramos cultura, riqueza intelectual, disciplina literaria, espiritualidad a flor de piel e ideas novedosas, ya sea como educador, cónsul, periodista o, sobre todo, escritor. Su simiente encontró asidero con la renovación lírica, cosechamos sus frutos e incluso nos proyectamos fuera del país en antologías de renombre. Todo ello fruto de sus indagaciones, de su lenguaje, de su variedad temática y de técnica, del afán de identificarse con el momento que le tocó vivir en el siglo xx, la era tecnológica y científica. Buscó y encontró, y compartió su experiencia y su visión particular de la vida. Leer a los grandes de la literatura deja huellas, y Sinán nos dejó magia, mar y cielo del trópico, energía vital e imaginación desbordante con su talento expresivo en la realidad autónoma de sus textos. Es preciso revalorar y hacer vivo su aporte sembrando en las nuevas generaciones la admiración por los cinco géneros literarios. Pero también reconocen en él su defensa de la soberanía y la dignidad nacionales. Todo ello es su mérito histórico en el siglo xx.

El poeta Sinán partió al encuentro con las oceánidas, quienes hoy como ayer lloran en torno al peñón en que estaba encadenado Prometeo, pero su cuerpo ha viajado incólume en el carro de Neptuno, custodiado —a través de las alas juguetonas— por las cincuenta princesas mediterráneas, las Nereidas. Y a lo lejos, la Aurora que asoma sus dedos de rosa por la inmensa rendija entre el cielo y el mar a la hora tibia del mediodía que adormece las aguas, bajo un manto de oros inquietos, allá a lo lejos antes de bajar al abismo, nos anuncia que Sinán va con ella, dándole el peso piadoso que adormece al ahogado. Don Rogelio nos dio la ambrosía de su poesía, su palabra ha permanecido inmortal, partió el poeta… (Sánchez, 2002).

Referencias bibliográficas

De la Selva, M. (1957, enero). Rogelio Sinán. En Revista Tareas (marzo-abril 1961), año 1. pp. 122-125.

Laurenza, Roque Javier (1933). Los poetas de la generación republicana, Panamá: Editorial La Moderna, S. A.

Méndez Pereira, Octavio (1929, 6 de dic.). “El poeta Rogelio Sinán, La Estrella de Panamá.

Revista Lotería no. 370, enero-febrero 1988.

Sánchez Fuentes, Porfirio (2002). Rogelio Sinán. Onda y el Vanguardismo, Panamá: Editorial La Antigua.

Sinán, R. (1957). Los pájaros del sueño, Panamá: Taller Arana Hnos.

Sinán, R. (1929). Onda, Roma: Casa Editrice Italia.