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    Salvador Sánchez González

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Víctor Florencio Goytía

by: Salvador Sánchez González

Durante sus ochenta años de vida, la figura de Víctor Florencio Goytía presentó múltiples y complejas facetas. Tuvo un desempeño destacado en el Panamá del siglo xx como jurista, servidor público en diversas e importantes funciones, y político.

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Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Santa María la Antigua. Especialista en Derecho Constitucional y Ciencia Política, por el Centro de Estudios Constitucionales de Madrid, España. Profesor universitario de Derecho Constitucional, Ciencia Política y Derechos Humanos. Ha publicado artículos en revistas especializadas de América y Europa. Entre sus principales obras se encuentran La desobediencia civil en Panamá (1995), El financiamiento de los partidos políticos en Panamá (1997), Introducción a la Defensoría del Pueblo (2001, con Gisela de León), Crítica a la Doctrina del Bloque de la Constitucionalidad (2da. ed., 2010), Los primeros diputados panameños: Ortiz y Cabarcas en las Cortes Españolas (2012) y, en conjunto con Jorge Giannareas y Rigoberto González Montenegro, La Sala de la Discordia. Estudios de Justicia Constitucional actual (2012). Fue fundador del Centro de Iniciativas Democráticas. Actualmente es presidente de la sección panameña del Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional.  
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Durante sus ochenta años de vida, la figura de Víctor Florencio Goytía presentó múltiples y complejas facetas. Tuvo un desempeño destacado en el Panamá del siglo xx como jurista, servidor público en diversas e importantes funciones, y político.

Un bosquejo

Víctor Florencio Goytía nació el 6 de enero de 1899. Su padre, Florencio Goytía, falleció cinco meses después, así que su madre, Eva Alvarado, educadora que fundó la primera escuela privada de Chiriquí, llevó sobre sus hombros la tarea de criar en solitario a su hijo (López de Vallarino, 1971). Siempre mostrará curiosidad por su origen, investigará y encontrará motivo de orgullo en sus apellidos, llevado en el pasado por otros hombres ilustres. Ya adulto, Goytía se enlazó por matrimonio a otra de las familias históricas panameñas. Se casó el 5 de marzo de 1927 con Angélica Fábrega Fábrega. Aunque la pareja no tuvo hijos propios, adoptó a Manuel, un sobrino de la esposa. Un rasgo central de la personalidad de Goytía era la búsqueda constante de conocimiento y su valoración de todos los aspectos de la cultura. Tuvo una vasta producción escrita.

Contribuyó intelectualmente en los campos del derecho, las relaciones internacionales, la política y la historia. Aunque cultivó esos temas a través del ensayo, también prestó su pluma y sus opiniones a los periódicos, donde llegó a ser columnista regular, tanto en Panamá como en Estados Unidos.(1)

 

  1. Son destacables sus publicaciones en El Diario de las Américas , de Miami, Florida, donde tuvo una columna permanente desde 1953.

También dedicó parte de su tiempo a la pintura. Entre sus obras escritas más conocidas está La función geográfica del Istmo (Goytía, 1947). En ella, expone la sucesión de instrumentos jurídicos internacionales que pretendieron regular el derecho a explotar la zona de tránsito y la construcción de un canal por Panamá. Probablemente, el impacto más duradero de ese texto es la carga ideológica de su título, que invita a imaginar un “destino manifiesto” de la República de Panamá; otro eslabón de la cadena de reflexiones iniciada por Mariano Arosemena a principios del siglo xix y que edifica la identidad panameña sobre su papel en el tránsito de mercancías, servicios y personas. La preocupación de Víctor Florencio Goytía por la historia no es marginal.

En todo lo que escribe parece inevitable trazar el vínculo con el pasado. Se valoran especialmente sus escritos sobre historia política panameña. En 1971 fue invitado por la Academia Panameña de la Lengua a ejercer como miembro de número, en reconocimiento a sus contribuciones en el campo de las letras. Su discurso de ingreso se tituló “Las aventuras de la lengua en América”. También fue miembro de las Academias de la Historia y de Jurisprudencia (Méndez Pereira, 1980), fundador de la Sociedad Bolivariana (1928) y miembro de numerosos organismos internacionales. Estos apuntes iniciales sobre la biografía de Goytía hacen entender por qué es frecuente encontrar en los testimonios de quienes lo conocieron la descripción de un hombre de reputada erudición. Son igualmente frecuentes los testimonios que lo caracterizan como una persona íntegra. Culto y honrado, puede decirse que consiguió en la vida casi todo aquello para lo que parecía destinado desde joven.

La muerte le llega a Goytía súbitamente, luego de una enfermedad incapacitante. Relata Alberto Méndez Pereira que sus dolencias se acentuaron repentinamente, y falleció la noche del 12 de marzo de 1979.

Sus ancestros

El propio Víctor Florencio advertía del origen español de su apellido paterno, que además consideraba prestigioso, y lo rastreó hasta Lezama-Meñaca. Se cree que este apellido es originario de la villa de Lezama, en Amurrio, y la anteiglesia de Meñaca, en Guernica, ambas en Vizcaya. Goytía resaltaba que no había entre sus ascendientes conocidos personajes de conducta reprobable, lo que habla de su preocupación por mantener el buen nombre y por llevar una vida que pudiera calificarse como honorable:

Ni aventureros ni condenados a galeras hubo en ella. Dos veces probaron los Goytía la limpieza de su nombre por la Orden de Santiago, en 1695 y 1700, antes de venir a América. Aquí, en América, tampoco hubo Goytías malandrines ni follones (Goytía, 1975).

Más allá de esos antecedentes, entre los ascendientes conocidos de Víctor Florencio Goytía hay algunos de notable activismo liberal. En 1818 don José María Goytía, masón del grado 33, anticlerical y liberal, fue comisionado por varias logias para adquirir en Nueva York una imprenta. Se trató de la primera de Panamá, en la que se imprimió la famosa Miscelánea del Istmo, hecho de gran importancia en la historia panameña de principios del siglo xix. Los hijos de este Goytía, Pedro y Juan, también fueron figuras destacadas.

Aparecen en la historia panameña como protagonistas en las revueltas por la tierra en Azuero. En los conflictos de 1854 y 1856, los tres participaron como líderes de los pequeños propietarios de lo que hoy es Herrera, enfrentados a grupos económicos de Veraguas, liderados por la familia Fábrega. En algunas ocasiones se ha observado el predominio del latifundio y el conservadurismo en el primer grupo, y el minifundio y el liberalismo en el segundo (Muñoz Pinzón, 1980). Estos antecedentes fueron conocidos por Víctor Florencio, quien los investigó y divulgó. Su trayectoria política fue, en parte, fruto de su identificación con el legado de sus ancestros. Así, en Goytía se encuentra una explícita adopción del ideario liberal, aunque también asumió posiciones nacionalistas.

El jurista

En cuanto a su formación, es relevante señalar que Goytía alcanza su licenciatura y doctorado en la primera Escuela de Derecho y Ciencias Políticas de Panamá. La Escuela, creada en enero de 1918, era una institución oficial que ofrecía los diplomas de licenciado (tras dos años de estudios) y de doctor (con un año de estudio adicional). Los temas de sus tesinas fueron Los registros del Estado (la de licenciatura) y Anotaciones jurídicas sobre el Canal (la de doctorado). Aunque la educación jurídica de Goytía fue básicamente local, complementó su formación en diversos centros universitarios extranjeros, donde adelantó, entre otros, estudios en Medicina Legal, Psiquiatría Forense y Tanatología en México (1924) y otros estudios en los Estados Unidos (California, 1950). Su labor como jurista se enfocó en la investigación académica y el servicio público. Como servidor público estuvo a cargo de la Secretaría General de la Presidencia (1931), de la asesoría jurídica de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y llegó a ser ministro de Educación (1941) y magistrado de la Corte Suprema de Justicia (1946). También llegó a tener actividad como abogado.(2) Pero es como investigador donde tiene un papel destacado.

  1. Tempranamente integra una firma de abogados en 1923, junto a José Isaac Fábrega. Fábrega abrió otra firma con Eduardo Chiari en 1933, cuando Goytía ejercía de diputado.

Goytía demuestra ser un hombre acomodado a las tradiciones jurídicas de la época. Se dedicó al derecho público, con énfasis en derecho constitucional e internacional. En lo constitucional su obra más conocida es Las constituciones de Panamá (1956), que reúne sus reflexiones sobre los textos de las constituciones panameñas desde 1841, con un prólogo de Manuel Fraga Iribarne.

El libro fue publicado en 1954 por el Instituto de Cultura Hispánica de España, como parte de una colección sobre las constituciones hispanoamericanas. Otras publicaciones de Goytía que revisten interés para el derecho constitucional son El Liberalismo y la Constitución (1945), Bases y doctrinas de derecho público (1948), y 1903: Biografía de una república (1953). En una investigación anterior observé que las particularidades de la obra de Goytía no facilitan la aprehensión de su pensamiento constitucional (Sánchez, 2005). Sus ideas centrales están plasmadas fragmentariamente en varias de sus obras y dentro de ellas.

Sin embargo, es posible intentar reconstruir su pensamiento constitucional identificando los temas que aborda reiteradamente, para luego hacer un bosquejo de lo que se podría considerar el eje de su reflexión doctrinal. Hay que partir del hecho de que Goytía es crítico con las constituciones de 1941 y de 1946. Esa crítica es radical, porque se dirige al procedimiento de producción de esos textos. A este respecto, desarrolló una concepción propia del poder constituyente del pueblo panameño, estrechamente vinculada a la teoría clásica. Sobre esos fundamentos, sin embargo, resulta más sólida su impugnación del cambio constitucional de 1941, que va de la mano con su actuación política durante la época. Caracteriza al pueblo titular de ese poder a partir de unos rasgos culturales particulares. Distingue entre “panameños” y “nacidos en Panamá”. Se trata de una caracterización nacionalista, frecuente en la época, a la que él ciertamente adscribía vigorosamente:

[…] hay que considerar que al lado de los “criollos” que se panameñizan existen otros a quienes no interesa poseer los elementos de la nacionalidad, sino los derechos políticos inherentes a la ciudadanía, cuyo disfrute no sólo reclaman para sí, sino para el conjunto inasimilado, con el condenable propósito de ofrecerlo al mejor postor o de utilizarlo más tarde por su propia cuenta en los debates electorales, desviación del sentido ético que no es posible consentir sin comprometer seriamente la seguridad nacional y el crédito de las instituciones. (Goytía, 1956, p. 416).

La resistencia a reconocer derechos políticos a los hijos de extranjeros nacidos en Panamá, si no asimilaban los rasgos de una nacionalidad panameña —que incluirían, entre otros, el uso del idioma castellano— tendrá complemento en el apoyo en 1932 a propuestas constitucionales que facultaban al legislador a tomar medidas restrictivas de la actividad económica de los extranjeros.

Sin embargo, Goytía también se manifestará en sentido adverso a las normas de la Constitución de 1941 que restringían la nacionalidad y la inmigración (dada la escasa población del Istmo), así como con las que limitaban la competencia económica (en una temprana recepción de Hayek). Se observa, por supuesto, una tensión entre las convicciones nacionalistas y liberales de Goytía. Persuadido de la importancia de la afirmación nacional frente a Estados Unidos (por el conflicto por la Zona del Canal) y la guerra de Coto (1921), integra Acción Comunal (1923). Frente a una numerosa población extranjera y a la crisis económica que siguió a la crisis financiera de 1929, esas tendencias nacionalistas parecen acentuarse.

Las medidas políticas y jurídicas que desde el nacionalismo político se promueven e implantan, sin embargo, son frecuentemente antiliberales. Al igual que la titularidad del poder constituyente, resulta clásica la caracterización que hace de él como poder prácticamente ilimitado, expresado a través de un órgano, que podría ser una asamblea constituyente (órgano del pueblo y no del Estado, facultado para la revisión integral del texto constitucional) o una asamblea nacional ordinaria (órgano del Estado, facultado para una reforma parcial del texto constitucional), que actuaría dentro del marco de las normas constitucionales. La vía de cambio constitucional por medio de la asamblea nacional ordinaria, ejerciendo lo que se conoce comúnmente como poder constituyente derivado, estaría cerrada en el supuesto de actuar sin la participación de una segunda asamblea nacional ordinaria (el procedimiento de reforma constitucional más tradicional en Panamá, establecido en nuestra vida independiente desde la Constitución de 1904).

En este punto, la elección de una segunda asamblea que ratificara la reforma constitucional equivalía para Goytía a una ratificación popular indirecta, mientras que la expedición de un texto constitucional por una única asamblea sería un exceso equivalente a una imposición política. La crítica rotunda de la forma de adopción de la Constitución de 1941 es explícita. La teoría del poder constituyente aplicada a Panamá llevó a Goytía a adoptar una posición doctrinal particular: la hipervigencia de las garantías constitucionales de la Constitución de 1904. Se refiere esta doctrina, entre otros aspectos, a la ininterrumpida exigibilidad de las garantías constitucionales de 1904, a pesar de la adopción de la Constitución de 1941 y de la posterior suspensión de la aplicación de sus disposiciones. Para valorar actos supuestamente violatorios de derechos fundamentales, en aparente ausencia de normas constitucionales aplicables, Goytía propuso la aplicación de las normas de la Constitución de 1904.

En un sentido más extremo, la inaplicabilidad de las normas de la Constitución de 1941 no se derivaría de la suspensión o derogación de sus disposiciones, sino de su adopción al margen de la cláusula de reforma de la Constitución de 1904. Así, las alegadas violaciones a los derechos fundamentales no tendrían que contrastarse con otras normas constitucionales que las de la primera Constitución panameña del siglo xx. Goytía engarza aquí —aunque no de forma explícita— con una parte de la obra de Kelsen, que remite la legitimidad del ordenamiento jurídico de un Estado a su primera Constitución, estableciendo como parte del evento constituyente no solo algunos rasgos paradigmáticos de la fórmula política, como el republicanismo o la democracia, sino la adopción de un régimen de garantía de los derechos fundamentales (Sánchez, 2005). Los aportes de Goytía como jurista no se reducen al derecho constitucional.

En cuanto al derecho internacional, su preocupación principal fue sin duda la recuperación de la Zona del Canal de Panamá de manos estadounidenses. En esta línea, destacan trabajos suyos como El Canal de Panamá según la diplomacia americana en el siglo xix (1962) o Cómo negocia Panamá su Canal (1970). De los múltiples textos que dedicó a las relaciones de Panamá con Estados Unidos, este último es seguramente el más exhaustivo, y su contribución más completa al derecho internacional y a las relaciones internacionales.(3)

 

  1. Como diplomático panameño, Goytía integró la Comisión Redactora de la Carta Constitutiva de los Estados Americanos (1964).

El político

Desde el punto de vista de sus convicciones políticas, Goytía fue un destacado nacionalista y liberal. Su nacionalismo estuvo edificado sobre la base de una identidad panameña en la que se recuperaba la idea de hispanidad. A este respecto, en su obra se refuerza esa imagen central de Panamá como parte de la comunidad hispanoamericana, rescatando los vínculos con el pasado español —etnicidad blanca, religión católica, idioma castellano— como elementos de la identidad presente (una modalidad de nacionalismo típica de la primera mitad del siglo xx en Panamá). Sobresale en su quehacer político su participación

como fundador de Acción Comunal y su ininterrumpido activismo en ese grupo durante la década siguiente. Sin embargo, la expresión nacionalista tiene en Goytía cierta complejidad. Adoptó una posición claramente contraria a Estados Unidos a partir de la intervención de 1921 durante la guerra de Coto, y en las sucesivas campañas para la recuperación de la Zona del Canal, pero alineada con los intereses del país del norte en los conflictos contra los totalitarismos, por ejemplo contra la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial o contra la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas durante la Guerra Fría. Su liberalismo lo enmarca tanto en su legado familiar, como en la evolución propia de esa doctrina a lo largo del siglo xx: del liberalismo clásico al liberalismo social, hasta el libertarianismo.

Aunque su militancia en Acción Comunal suponía enfrentarse a la práctica política de los liberales panameños de la época, después del golpe de Acción Comunal debió incorporarse a una normalizada actividad política y electoral, en la que formó parte del Partido Liberal Renovador (PLR), el Partido Liberal Nacional, o Resistencia Civil, todos partidos liberales. También existe en la actividad intelectual de Goytía una constante preocupación por el tema de la libertad y la democracia. Sin embargo, su participación en la política nacional en periodos de evidente falta de institucionalidad democrática —incluyendo su intervención en el golpe de Acción Comunal a Florencio Arosemena en 1931, o en el golpe contra el presidente Arnulfo Arias en 1941— podría resultar contradictoria. No debe olvidarse, sin embargo, en qué contexto llegaron al poder ambos presidentes derrocados.(4) La vida política de Goytía estuvo marcada por varios eventos significativos: su participación en el golpe de Estado de Acción Comunal, en la huelga inquilinaria de 1932, como diputado (19321936), ministro de Educación (1941) y como candidato presidencial en varias ocasiones.

  1. En las elecciones de 1928 debió retirarse de la campaña el candidato de la Coalición Nacional Porrista, Jorge Boyd, de forma que Florencio Arosemena ganó en solitario. En las elecciones de 1940, Ricardo J. Alfaro debió retirarse de la campaña, y Arnulfo Arias Madrid ganó el torneo sin competencia. Ambos retiros se produjeron ante la represión que desde el Estado se hacía contra la oposición política.

Acción Comunal

Acción Comunal fue una organización nacionalista panameña fundada el 19 de agosto de 1923. Entre sus asociados se destacaron, además de Goytía, Ramón E. Mora, Germán Gil Guardia, Rubén D. Conte, Harmodio Arias, José Pezet y José Manuel Quirós. El ideario de Acción Comunal suponía una crítica radical a la gestión del Partido Liberal, que había ejercido el poder de forma ininterrumpida desde que adquirió predominio en el gobierno del nominalmente conservador presidente De Obaldía (1910-1914).

La crisis de 1929 permitió al movimiento ganar mayor popularidad, y organizar y ejecutar un golpe de Estado contra el presidente Florencio Harmodio Arosemena el 2 de enero de 1931. El papel que desempeñó Goytía en esos acontecimientos ha estado rodeado de polémica desde entonces, pues en la víspera de la acción armada, y siendo presidente de Acción Comunal, renunció al cargo y no participó en los hechos. Está documentado que en los últimos días de 1930 Acción Comunal se debatía sobre cómo proceder, habiendo tomado ya la decisión de dar el golpe. El artículo Vii del Tratado Hay–Bunau-Varilla y la Constitución de 1904 permitían la intervención de Estados Unidos para mantener el orden público.

Algunos de los integrantes de Acción Comunal, entre ellos Goytía, esperaban poder confirmar que esa facultad no sería utilizada por el gobierno estadounidense para mantener en la presidencia a Florencio Harmodio Arosemena. Sin embargo, esa confirmación no pudo obtenerse, y por ello un sector del movimiento se abstuvo de participar en el golpe. Goytía, concretamente, opinaba que se necesitaba información para saber si Estados Unidos intervendría o no a favor del presidente Arosemena. Además, las armas que se habían encargado para ejecutar el golpe aún no habían llegado a Panamá, y Goytía proponía postergarlo hasta que arribaran. Arnulfo Arias, por el contrario, pensaba que había que adelantarlo. Según Goytía, la derrota de su posición lo llevó a renunciar a la presidencia de Acción Comunal la noche del 1 de enero de 1931; siendo reemplazado por José Manuel Quirós y Quirós. El golpe se realizó con éxito, pese a que cobró la vida de once personas y otras cinco resultaron heridas.

La destacada participación de Arnulfo Arias marcó el inicio de su liderazgo político, y dio lugar al enfrentamiento frecuente entre él y Goytía. Al parecer, Estados Unidos solo exigió que la sustitución del presidente Florencio Harmodio Arosemena adoptara apariencia de constitucionalidad.(5)

  1. A través de su representante en Panamá, Roy Tasco Davis, Estados Unidos influyó para que la Corte Suprema de Justicia de Panamá ofreciera una solución constitucional a la crisis política. Esto incluía que el presidente Arosemena, antes de renunciar formalmente, nombrara secretario de Gobierno a Harmodio Arias (para que le sucediera interinamente luego de la renuncia) y descalificara a los designados para suceder en propiedad al presidente (los del bienio 1930-1932), de manera que pudiera relevarlo Ricardo J. Alfaro (primer designado del primer bienio 1928-1930). Esta serie de artilugios desembocaron a mediano plazo en el resultado inicialmente deseado por Acción Comunal: el desplazamiento de los liberales chiaristas del poder y la presidencia de Harmodio Arias (1932-1936).

El testimonio de Goytía, sin embargo, establece que las formalidades utilizadas para desplazar a Arosemena se adoptaron espontáneamente:

Don Florencio Harmodio Arosemena nombró secretario de Gobierno al doctor Harmodio Arias, el hombre escogido por Acción Comunal, luego renunció el Presidente Arosemena y su propio gabinete escogió al doctor Arias para ejercer el Poder Ejecutivo en defecto de los Designados para ejercerlo. Inmediatamente el doctor Arias llamó al primer designado, el doctor Ricardo J. Alfaro, ministro en Washington, para que así se cumpliera el orden de sucesión. Contra lo que pueda suponerse, esta urdimbre complicada se tejió espontáneamente, sin conocimiento ni intervención de los Estados Unidos ni de los propios conjurados, como algunos presumen. Las medidas fueron adoptándose a la marcha de los acontecimientos (Goytía, 2006, p. 194).

La decisión de no participar en el golpe trazó una línea divisoria entre Goytía y sus antiguos compañeros de Acción Comunal. Además, dio pie a otra interpretación, que ponía en duda su valentía (Pérez & Sánchez, 2011). Sin embargo, aunque Goytía no participó de este hecho de armas, en varias ocasiones estuvo involucrado en la preparación de acciones armadas. Por ejemplo, como ministro de Educación en el gabinete del presidente Ricardo Adolfo de la Guardia, Goytía:

[…] organizó el Batallón Primero del Istmo, integrado por mil alumnos voluntarios del Instituto Nacional, Artes y Oficios, Instituto Panamericano, Colegio La Salle e Instituto Don Bosco. Organizó también un cuerpo de milicianos entre voluntarios adultos, integrado por miembros del Club de Leones, Club Rotario y la Cámara Junior. Este grupo se llamó Milicias Nacionales, con ingenieros y artilleros (Patterson, 2008).(6)

 

  1. Patterson informa igualmente que al final del entrenamiento, Goytía encabezó una caminata por la costa desde La Chorrera hasta la capital. Las responsabilidades asumidas y el involucramiento personal con la tarea resultan llamativos.

Instructores del ejército estadounidense y panameños, varios de ellos graduados en West Point, participaron en esta experiencia.

Goytía en la huelga inquilinaria de 1932

Como consecuencia de la Gran Depresión (iniciada en 1929), Panamá tuvo que enfrentar problemas económicos serios, que dificultaron el pago de los alquileres en las ciudades terminales del canal de Panamá:

La capacidad de los asalariados para cubrir sus compromisos con los caseros era mínima. Entonces, desesperados, reorganizaron la Liga de Inquilinos y Subsistencias, con comité en cada barrio de la capital. El 2 de julio de 1932 se dirigieron a la Asociación de Propietarios y pidieron una rebaja del canon de arrendamiento de las viviendas en un 50% y la suspensión de los lanzamientos y desahucios en contra de los enfermos y desocupados, fijando un plazo para que se accediera a sus peticiones. Al no aceptarse sus solicitudes, el 30 de agosto declararon la “huelga de no pago”. Juntas, reuniones conciliatorias presididas por el gobierno, etc. Finalmente el gobierno acordó suspender las garantías individuales para quebrar la huelga al tiempo que prohibió lanzar a los enfermos y desocupados hasta que se reuniera la Asamblea Nacional en septiembre y pudiera legislar al respecto. Ante la represión, los huelguistas pusieron en práctica la resistencia pasiva, pero durante las reuniones de la Asamblea Nacional hubo grandes manifestaciones. Los diputados progresistas elaboraron algunos proyectos de ley favorables a los inquilinos, mas el saldo fue a favor de los casatenientes (Turner, 1982).

La participación de Goytía en estos eventos críticos implicó una función de liderazgo cívico, junto a dirigentes como Demetrio Porras, Cristóbal L. Segundo y Clara González de Beringher, así como una importante participación parlamentaria, al obtener escaño en la Asamblea Nacional 1932-1936.

Diputado por Veraguas (1932-1936)

Goytía fue elegido diputado por la provincia de Veraguas, para el periodo 1932-1936. Había sido postulado por el Partido Liberal Renovador (PLR). Estudios publicados indican que Goytía integró durante su vida parlamentaria la Comisión de Legislación, junto a otras personalidades de la época, como Ricardo A. Morales y José Isaac Fábrega Igualmente integró la Comisión de Elecciones. Por último, se indica que formó parte de una Comisión de Estudio de las Reformas a la Constitución.(7) (Ford & Ortega, 2009).

 

  1. 7. También formaban parte de esa comisión Ricardo A. Morales, Alfonso Correa García y Rosendo Jurado V.

De su experiencia parlamentaria destaca la propuesta, presentada conjuntamente por los diputados Crespo, Goytía y Herrera, a favor de poner “en libertad incondicional los ciudadanos detenidos con motivo del problema inquilinario”.

El decreto 139 del 15 de agosto de 1932, que había suspendido las garantías individuales, incluía tanto disposiciones sobre libertad personal como sobre el derecho a la propiedad privada.(8)  En los días posteriores, el debate giró sobre una propuesta de Goytía para que recuperaran vigencia solo los derechos relacionados con la libertad personal, y la propuesta del diputado Ortega Vieto, que buscaba que recuperaran plena vigencia todos los derechos suspendidos. La propuesta de Goytía, apoyada por Demetrio Porras, diputado y líder del Partido Socialista, pretendía una decisión que liberara a los privados de libertad, básicamente inquilinos, e hiciera imperiosa la regulación de sus derechos frente a los casatenientes.

8. Decreto 139 de 15 de agosto de 1932, transmitido a la Asamblea Nacional el 3 de septiembre de ese año.

La colaboración entre Goytía y los sectores políticos y sociales más avanzados de la época parece haber preparado el terreno para la posterior colaboración electoral en el marco de los Frentes Populares de 1936 y 1940. Durante su ejercicio como parlamentario aconteció uno de los sucesos llamativos de su biografía. Los ataques a la administración de Harmodio Arias se fueron haciendo generalizados a medida que se acercaba el torneo electoral de 1936 y el presidente Arias tenía dificultades incluso para mantener integradas a las fuerzas que lo habían llevado al poder. Destaca en ese sentido la ruptura con Acción Comunal y las disputas entre los políticos que se suponía estaban destinados a recibir su apoyo político.

El candidato oficialista en las elecciones de 1936 terminó siendo Juan Demóstenes Arosemena. Pero la radicalidad de la oposición al gobierno de Harmodio Arias se manifestó por medio de varios intentos por derrocarlo o presionarlo con la fuerza, todos ellos frustrados (Pizzurno & Araúz, 1996). Aunque algunos de esos ataques provenían simplemente de criminales, o de copartidarios; la oposición anticipó que sería acusada de participar en ellos, para justificar la represión contra la disidencia. En efecto, en uno de los complots denunciados se afirmaba que Goytía había participado en el robo de armas del ejército de Estados Unidos atrincherado en la Zona del Canal, para utilizarlas en el derrocamiento de Harmodio Arias:

[…] el 1º de septiembre, se anunció por los diarios, que se habían extraviado del cuartel de Corozal, en la Zona del Canal, cuatro ametralladoras y varios rifles con sus respectivas municiones. Al día siguiente, fue apresado el norteamericano Ellis M. Stevens, ex oficial de la Guardia de Nicaragua, quien manifestó que había un plan de la oposición para comprar armas en este país a fin de promover un movimiento subversivo. Por su parte, el Sargento de la Policía de la Zona del Canal, Samuel Roe declaró que había visto penetrar en el depósito de armas a Víctor F. Goytía, a la sazón diputado de la Asamblea Nacional, a Francisco Arias Paredes y a Homero Ayala, ex comandante de la Policía Nacional (Pizzurno & Araúz, 1996, p. 241).

De los supuestos implicados, Ayala pasó dos meses detenido en la Zona del Canal, hasta que finalmente fue liberado por falta de pruebas. Francisco Arias Paredes fue arrestado en Panamá, pero fue liberado luego de pagar una fianza:

Contra Goytía también se giró orden de arresto y extradición, pero él mismo se encerró en su residencia e indicó que resistiría hasta el fin.

En consecuencia se le inició un proceso por atentar contra los poderes públicos legalmente constituidos (íbid., p. 241).

En ese marco Harmodio Arias hizo unas desafortunadas declaraciones, muy contestadas, respecto a la actitud de colaboración que se esperaba de las autoridades panameñas con Estados Unidos, dando por sentada la posibilidad de entregar a panameños a la justicia de la Zona del Canal.

El candidato presidencial

Víctor Florencio Goytía fue candidato presidencial en tres ocasiones diferentes: 1936, 1956 y 1960. Para entender la candidatura de Goytía en 1936, a la que finalmente renunció, es necesario tomar nota de los acontecimientos derivados del golpe de Acción Comunal de 1931 y la campaña electoral de 1932. Mientras que el Partido Liberal Nacional tuvo continuidad bajo el liderazgo del expresidente Chiari, los integrantes de Acción Comunal se dispersaron. Con miras a las elecciones de 1932 el sector que apoyaba a Harmodio Arias Madrid fundó el Partido Liberal Doctrinario, y otro sector se mantuvo inicialmente independiente, bajo el liderazgo de Goytía. Francisco Arias Paredes abandonó la formación de Harmodio Arias, fundó el Partido Liberal Renovador (PLR) apelando a la continuidad del mejor legado de Acción Comunal.

La muestra del cambio de época en la política nacional fue que las dos candidaturas principales de 1932 las avalaron sectores diferentes de Acción Comunal. El sector que lideraba Goytía apoyó la candidatura de Francisco Arias Paredes, que fue elegido diputado por el PLR. Luego del triunfo de Harmodio Arias Madrid en las elecciones de 1932 y la derrota de Francisco Arias Paredes, candidato este último al que Goytía apoyaba, la división entre los antiguos integrantes de Acción Comunal continuó profundizándose. Como se ha relatado, incluso los sectores de Acción Comunal(9) que habían apoyado a Harmodio Arias en 1932, y el Partido Liberal Doctrinario, que lo había postulado, se sumaron a sus adversarios. En ese contexto se hizo propicia la postulación de Goytía a la Presidencia de la República en las elecciones de 1936, por el PLR.

 

  1. El regreso de Arnulfo Arias Madrid al país dio pie a la formación de la Concentración Nacional Revolucionaria, primero, con la intención fallida de reunir a todas las líneas del movimiento de 1931, y finalmente al Partido Nacional Revolucionario, PNR, a través del cual se postularía el candidato oficialista en 1936.

Sin embargo, esa candidatura debió retirarse para que el partido integrara un bloque con mayores posibilidades de éxito. Nació así el denominado Frente Popular —conformado además del PLR, por el Partido Socialista, el Partido Liberal Demócrata, el Partido Liberal Doctrinario y Acción Comunal—, que postuló a Domingo Díaz. En las elecciones celebradas el 7 de junio de 1936 resultó vencedor Juan Demóstenes Arosemena, abanderado del Partido Nacional Revolucionario (fundado por Arnulfo Arias) y candidato oficialista. Sin embargo, el contexto era de gran inestabilidad. Hubo proclamaciones oficiales de ambos candidatos principales por la Junta Nacional de Escrutinio, y la derrota final de Domingo Díaz, formalmente por solo 1765 votos, se produjo mientras se reprimía a sus seguidores. La represión contra los integrantes del Frente Popular continuó incluso hasta la campaña electoral de 1940. Fue tan intensa, que finalmente condujo al retiro de la candidatura de Ricardo J. Alfaro y la victoria en solitario de Arnulfo Arias Madrid, su contrincante. Este periodo de enfrentamientos podría explicar, mejor que el conflicto en la víspera del golpe de Acción Comunal en 1931, los continuos choques entre Arias Madrid y Goytía.

Las elecciones de 1956 y 1960

En 1956 las elecciones se realizaron el 13 de mayo. Víctor Florencio Goytía fue el candidato del Partido Liberal y Ernesto de la Guardia Jr. del PLR, con el respaldo de la Coalición Patriótica Nacional.

Goytía reclamó durante el proceso la no injerencia del presidente Ricardo Arias Espinosa en la campaña electoral:

[…] a pesar de sus frecuentes declaraciones de neutralidad, su militancia abierta es incongruente con el artículo 102 de la Constitución de la República que prohíbe “todo apoyo oficial a candidatos de elección popular, aun cuando sean velados los medios empleados para tal fin”. (Goytía ,1956)

Al final el torneo se saldó con la victoria de Ernesto de la Guardia Jr. El 8 de mayo de 1960 se realizó la elección para presidente de la República para el periodo 1960-1964. Participaron la Unión Nacional de Oposición (UNO),(10) que postuló a Roberto F. Chiari; la Coalición Patriótica Nacional (CPN), que postuló a Ricardo Arias Espinosa y la Alianza Popular (AP) que postuló a Goytía. El candidato vencedor fue don Roberto F. Chiari.

 

  1. Integrada por el Tercer Partido Nacional, el Partido Liberal Nacional, el Partido Republicano y el Movimiento de Liberación Nacional.

Ministro de Educación

A consecuencia del golpe de Estado contra Arnulfo Arias Madrid, el 9 de octubre de 1941, y del encarcelamiento del primer designado (José Pezet), tomó posesión de la Presidencia por escasas horas el segundo designado, el ingeniero Ernesto Jaén Guardia. En ese breve intervalo designó nuevo gabinete, incluidos el ministro de Gobierno, Ricardo Adolfo de la Guardia, quien tras la renuncia de Jaén Guardia asumió la Presidencia como ministro encargado (1941-1945) y Goytía, quien ejerció de ministro de Educación. Los años cuarenta del siglo xx fueron especialmente convulsos también para el sector educativo panameño.

En 1942 se iniciaron las tensiones en la Universidad de Panamá, donde los estudiantes cuestionaban el diseño de los planes de estudio. A partir de ahí el número y la gravedad de los conflictos se hicieron mayores. A fines de 1942 el rector, Jeptha B. Duncan, destituyó a la profesora de Sociología Georgina Jiménez, por redactar un folleto que promovía la reforma de la universidad. Entonces se pretendió sofocar disciplinariamente la protesta de estudiantes y profesores. “En esos días, cumpliendo instrucciones del titular de la cartera de educación, Víctor Goytía, el comandante Remón visitó la entrada de la casa universitaria (que funcionaba en el mismo edificio del Instituto Nacional de Panamá)…” (Conte Porras, 1978, p. 37).

La huelga de los profesores de la universidad generó algunas reacciones de las autoridades, incluyendo la discusión de los problemas de la entidad y el reemplazo del rector Duncan por Octavio Méndez Pereira, buscando escenarios de conciliación. A fines de 1943, sin embargo, las tensiones volvieron a aflorar, cuando el ministro Goytía destituyó al profesor Felipe Juan Escobar, catedrático de la Universidad. La reacción de profesores y estudiantes fue unánime en protestar contra la medida, de forma que se abstuvieron de ir a clases desde el 27 de octubre de 1943. Pese a que el afectado y los huelguistas exigían explicaciones sobre la destitución del profesor Escobar, estas nunca se dieron, lo que agudizó el enfrentamiento (Conte Porras, 1978, p. 40).(11)

11  Conte Porras recoge en su obra dos versiones que circularon en la época para explicar la destitución: la supuesta incapacidad del profesor Escobar —argumento esgrimido informalmente por Goytía, y que no tendría fundamento— y “ el hecho de que el profesor Escobar no había contestado un saludo que le había hecho en la calle el presidente De la Guardia .”. Conte Porras (1978, p. 40, n. 11).

Aunque las exigencias de los universitarios remitían a la restitución del profesor, apuntaban también al reconocimiento del principio de estabilidad del profesorado, la libertad de actuación para los estudiantes y el respeto a la autonomía de la Universidad. Las declaraciones de Goytía dejaron ver una actitud represiva: los universitarios que son empleados públicos que no asistan esta tarde a clases, pueden considerarse destituidos” [Goytía, citado en Conte Porras, 1978, p. 39 (énfasis en el original)].

Pese a esto, Goytía debió ceder nuevamente ante el vigor del movimiento de protesta, y convocó un Comité de Conciliación, el 9 de noviembre de 1943, que sin embargo no llegó a constituirse por el veto de los manifestantes a los nombres sugeridos por el ministro. La posterior intervención de Diógenes De la Rosa como mediador permitió que el 16 de noviembre el Ejecutivo aceptara los términos de los huelguistas, y se diera inicio a un proyecto de nuevo reglamento para la Universidad. Así se logró el regreso de profesores y estudiantes a las aulas.

Ese triunfo del movimiento universitario hizo surgir la idea de una organización permanente de las fuerzas estudiantiles, de forma que el 29 de noviembre de 1943 Ernesto Castillero Pimentel fue escogido como presidente del Comité de Organización de la Federación de Estudiantes de Panamá. La vitalidad del movimiento estudiantil creció sostenidamente desde entonces. Así las cosas, el 11 de marzo de 1944:

[…] motivado en un grave conflicto entre el ministro de Educación y los estudiantes universitarios y de los planteles secundarios, el Lic. Víctor Florencio Goytía renunció al cargo y para reemplazarlo, el Excmo. señor Presidente nombró al Lic. José Isaac Fábrega. (Castillero y Susto, 1944, pp. 6-8).

Cabe anotar que la actitud de Goytía hacia los educadores y su estabilidad en los cargos había sido puesta en evidencia desde muy temprano. En no poca medida parece afectada por las contradicciones entre los grupos desplazados del poder por el golpe de 1941, como se observa más adelante. Pese a lo reseñado, es importante rescatar los aspectos positivos que se reconocen a la gestión de Goytía en el Ministerio de Educación, entre ellos, la fundación de la Biblioteca Nacional y la organización de treinta y cinco bibliotecas en toda la República. Impulsó además la aprobación de la ley 122 de 1943, que autorizaba al Ejecutivo a tomar las medidas para hacer realidad la Universidad Interamericana, partiendo de la Universidad Nacional —un proyecto decidido por los ministros de educación del continente.

La relación con Arnulfo Arias Madrid

La crítica de Víctor Florencio Goytía a la conducta política de Arnulfo Arias Madrid fue constante. Mientras fue ministro de Educación señaló, en entrevista concedida a con respecto a las acciones tomadas para asegurar la estabilidad de los docentes:

El primer paso efectivo lo dio don Ricardo Adolfo de la Guardia, al mantener intactas las organizaciones escolares de toda la República, a pesar de que el régimen anterior había convertido los centros docentes en agencias de proselitismo y al magisterio en instrumento de propaganda y agitación sectaria (Mundo Gráfico, 1942, p. 7).

Más adelante, en la misma entrevista, reitera la denuncia sobre la participación de los docentes en política partidaria:

No deseo significar que a los educadores se les restringirá la libertad de opinar. Ellos conservan intacta su esfera de derechos civiles y políticos mediante el amparo del gobierno. Lo que al maestro le está vedado es servir de vehículo a propagandas eleccionarias o a intereses de banderías… Esta actitud la respaldan también los hechos, puesto que no han ocurrido cambios en el magisterio a pesar de que la mayoría de sus unidades prestaron apoyo a las prácticas tiránicas que motivaron la caída del régimen anterior. (ibíd.)

Por un lado, se cuestiona que se le ofrezca la Presidencia de la República en 1949:

La proclamación de Arnulfo Arias Madrid como Presidente Electo de la República, en noviembre de 1949 es nula, porque el Jurado Nacional de Elecciones sólo tiene capacidad para hacer esa proclamación una vez cada cuatro años a partir de 1948, antes del primero de octubre, fecha en que se inicia el período presidencial. (Revista Épocas, 1950, p. 20).(12)

 

  1. En esa misma ocasión Goytía se pronuncia señalando que el remedio para las proclamaciones indebidas —por ejemplo, la de Domingo Díaz, de Daniel Chanis o de Roberto F. Chiari— era la impugnación de su validez ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo (hoy Sala Tercera de la Corte Suprema de Justicia).

Posteriormente, y en atención a los acontecimientos de 1949, Goytía tiene ocasión de criticar con dureza la política de Arias Madrid en el poder:

Ahora sólo nos resta insistir en que el señor Arias no puede declarar insubsistentes los principios básicos de la nación, entre los cuales figura el régimen de garantías individuales y sociales, ni destruir o debilitar los órganos del Poder Público, ni llamar a un grupo de individuos para que le hagan un estatuto político a la medida de sus actuales caprichos, sin repudiar antes el acervo democrático, ennoblecido por la civilización cristiana en el decurso de muchas centurias y retrogradar a la tiranía absoluta que es el sistema de gobierno exclusivo de las dictaduras totalitarias y del deformante caudillaje de los sátrapas americanos. (Goytía, 1950, p. 4).(13)

13. En ese texto, “La Liquidación de la República I”, publicado en medio de la crisis generada por el intento de Arias Madrid de restablecer la vigencia de la Constitución de 1941, también se recuerda lo actuado por Arias Madrid al pretender prorrogar su mandato de 1940 mediante la Constitución de 1941.

Sin embargo, con el paso del tiempo y el cambio de las circunstancias hubo espacio para el reencuentro de estos dos notables panameños. Hay quien ha encontrado la coincidencia de Arnulfo Arias Madrid y Víctor Florencio Goytía en los ideales y luchas nacionalistas a lo largo de varias décadas. Carmelo Lombardo Conte (1979,A-9) relató el reencuentro de ambos políticos, en vísperas del fallecimiento de Goytía. Menciona, por ejemplo, que Goytía convocó a sus seguidores a dar la bienvenida a Arnulfo Arias Madrid cuando volvió del exilio, en 1978. Poco después recibió la visita de éste en su hogar, y con ella se cerró un largo capítulo de conflictos. Coincidieron en la coyuntura, en que los adversarios del régimen militar debían unirse en un frente liderado por el Partido Panameñista. Poco después falleció don Víctor Florencio Goytía.

Reflexión final

El más desprevenido de los lectores podrá percatarse de que la vida de Goytía es rica en acontecimientos, así como su producción intelectual es nutrida y vigorosa. Igualmente entenderá que en las escasas páginas de un capítulo como el presente es poco menos que imposible reunir una acabada síntesis de la personalidad de este panameño ilustre. Se trata de un protagonista: de una persona que desde joven se vio no como objeto de la política, sino como un sujeto pensante y actuante. Tampoco fue un intelectual aislado en una torre de marfil, sino un individuo gregario, consciente de que los más acabados productos de la política se hacen participando con otros en organizaciones de todo tipo, y que en democracia hay que enfrentarse regularmente al juicio y la opinión de los electores.

Pero, más allá de ese liderazgo natural, se le observa como auténtico hombre de acción, que hizo frente a las pruebas más difíciles. Armado como estaba de un conocimiento jurídico y político que lo distinguía entre sus contemporáneos, tampoco rehuyó asumir retos más mundanos que los que ofrece la academia. Por el contrario, además de ofrecerse a los ciudadanos como candidato en varias ocasiones, también participó activamente en varios de los sucesos más dramáticos en el siglo xx panameño. Es un hecho, sin embargo, que aún queda mucho por investigar acerca de este hombre completo y complejo.

Es innegable que se trata de un gran panameño. Su ubicación política es de alguna forma sincrética: suma nacionalismo y liberalismo como fundamentos, y aunque propone alternativas democráticas para Panamá, se enfrenta siempre con un contexto hostil. Lejos de sustraerse de la política nacional, participa en ella bajo los parámetros de lo realmente existente, tratando siempre de elevar el listón hacia la corrección ética. Sin embargo, el liberalismo parece en él contenido. No solo madura bajo una concepción de liberalismo social, sino que encuentra un modelo lamentable de práctica “democrática”, caracterizado por el fraude electoral, los candidatos oficiales que abusaban de los recursos estatales y la persecución de los adversarios políticos. En estas circunstancias, Goytía se suma a los gobiernos golpistas de 1932 y 1941.

Referencias bibliográficas

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